lunes, 15 de noviembre de 2021

Crítica de mi publicación Relatos y remembranzas

 

Por Carlos Guillermo Navarro.

Miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios (AAEC) y de la Asociación Colegia de Escritores (ACE).

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   La exposición tiene un eje conductor por el que el narrador-autor nos lleva a la infancia, a su lejano terruño infantil y de juventud. La fecha que aparece en cada uno de los capítulos acentúa la capacidad como relato de lo que se cuenta, porque fueron escritos en momentos diferentes aunque con un eje central común, evocar su pasado. Pero el autor también ahonda en determinados capítulos, en el relato en su más natural acepción, de estilo viejo, como él lo llama, donde surge una mera narración, algo distante de su personalidad, entre las diferentes personas que desarrollan la historia.

El mismo Antonio define en su prólogo, la razón de ser de su narrativa, y nos dice:

    “se incluye un amplio abanico de relatos con temática diversa; cosas de la infancia, fantasías amorosas, crisis relacionales, recuerdo del ayer y alguna fábula al viejo estilo”.

   Esta mezcolanza nos hace que centremos la mayoría de los apartados en esa remembranza, recuerdos y acercamiento al narrador-autor del que he hablado.

    De lo expuesto se deduce una escritura que acoge el mundo de la evocación de sus tiernos tiempos infantiles, pero que a veces se le escapa hacia una fantasía que fragua su propia mente. Así es significativo su relato inicial, La semilla, donde mezcla el recuerdo infantil de la espera de su padre y madre que lleguen de la labranza, y la concienciación que surge de escuchar la Radio España Independiente “La Pirenaica”, que por aquel entonces era muy conocida. Las dos historias son evocaciones, las dos forman parte del recuerdo, pero son puntos distintos de un pasaje histórico de su vida: la emotividad y añoranza del recuerdo de su familia, y la conciencia social que va abriendo su mente a cuestiones políticas como consecuencia de los acontecimientos históricos que se dieron en aquel tiempo, y donde se nos enfocan ideas muy diferente a la mentalidad que tenía una gran parte de la sociedad española victoriosa en la guerra. No obstante, esta visión está más cerca de un libro de memoria que de relatos.

 Sin embargo, el segundo capítulo, se nos muestra también desde el punto de vista del narrador. Pero si el primero es un recuerdo fruto de la experiencia personal y evocadora del autor; el segundo, es una visión que se recoge como una historia inventada, no calcada de su vida, y que se descarga del peso  de sus recuerdos personales para convertirse en una ficción, muy similar “al sueño de Julia”, aunque no haya ninguna narración que se desprenda del todo de lo que le ha tocado vivir.

De ahí el concepto del título de Relatos y remembranzas. En sus historias, no existe forma más clara para definir donde empieza la realidad y termina la ficción. En el relato titulado, el amor está en el aire, nos muestra lo que el autor desea dar a conocer, donde se nos detalla lo vivido por el protagonista de la historia que se cuenta, y la separación que existe entre los recuerdos y el mundo creativo. Pocas veces se ha fundido esa dualidad, con sus problemas matrimoniales y de relación que deshacen el amor entre dos personas, el ambiente hostil de la pareja vivido por los hijos, y ese pasaje final hermosamente poético que parece entonar las expresiones finales de esa naturaleza que los envuelve y nos retrotrae a aquellos momentos de amor verdadero que en un principio caló entre ellos, en una especie de círculo donde el entendimiento de la pareja se rompe al principio, pero donde ese cántico poemático que se nos muestra en la escritura, acaba por unirlos de nuevo. Se empieza con una separación dura y se acaba con un amor exaltado.

Hay una frase que se recoge en este relato, que como digo nos muestra la razón de lo que autor intenta a través de sus historias, cuando afirma.

    “donde todo lo exterior (referido a la naturaleza) no tenía el sentido dramático que le habíamos dado a nuestras vidas”,

    Atendiendo al choque vital entre la forma del ser del personaje y el entorno natural que le rodea.

    La exposición que se hace en su conjunto, en referencia a las historias, nos transporta a un mundo poético, a un canto sobre la existencia, que incluso en las rupturas, los celos, y las relaciones personales con quienes existen desconfianzas, lleva a que los interesados se reencuentren con aquellos pasajes hermosos que existieron en momentos anteriores. Las numerosas  reflexiones y evocaciones nos traen esos alegres instantes. 

    Las frases se condensan en unos contenidos donde el elevado y expresivo tono del lenguaje surge por doquier. Decía Don Pío Baroja en el prólogo elaborado por el mismo en la leyenda de Jaun de Alzate que “soy un poeta aldeano, de un humilde país y del país del Bidasoa. El objeto principal de mi leyenda es cantar esta tierra y este río. Nuestra comarca es pequeña y sin grandes horizontes, mi canto será también pequeño y sin grandes horizontes”. Antonio Porras ha sabido meterse dentro de su comarca y sacar los detalles que definen su tierra y la de aquellas otras que se le quedaron grabadas en la retina, canta por ello a la tierra, a los frutos que salen de ella, a las personas en sus relaciones y al paisaje que le arropó de pequeño. Alcanza en su exposición una poesía natural, y funde lo bello que la naturaleza encierra con las historias personales, hasta lograr provocar evocaciones y retomar los inicios de su exaltación juvenil, como cuando todo era de color de rosa.

Como punto que recoge los elementos que son constantes en este libro de vivencias y recuerdos, nos lo muestra la tercera historia, Remembranza, como ejemplo simplificador. Nos encontramos con una evocación del ayer, cuando nos dice:

    “donde el sosiego, la templanza y la mesura se buscan a esa edad (Avanzada). Recuerda como fluye las emociones desde el recuerdo y reaviva la memoria de aquella juventud perdida”.

    Me atrevería a decir que lo tratado en este libro está recogido en las tres palabras que a continuación contiene este texto, pero que puede aplicarse a cualquiera de los otros. Y así expone:

    “Hoy al amparo del hogar, de la chimenea con su cálido fuego crepitante de mágica visión hipnótica… me doy a la lectura del libro de mi vida a través de los recuerdos.

    Se trata, pues, de que las palabras del libro están metidas en un cajón de sorpresa que ameniza la lectura por la capacidad del autor para evocar su vida en los términos más apropiados.

    Antonio es poeta, y como fuente de su delicada visualización está más por lo positivo que por el pesimismo, y nos introduce en la poesía que en bastantes momentos contiene estas narraciones. Su prosa se convierte en una memoria de recuerdos para darnos un aliento de emotividad a través de los ríos, los campos, el valle, la floración, el mar, las relaciones juveniles, y que ni siquiera desde el punto de vista de las relaciones humanas o historias inventadas, que pierden alguna vez su encanto poético, o el transcurso del tiempo, pueden desligarse de la esperanza de ese mundo mágico.

    Y referido a este mundo y a su poética, nos narra en el comienzo de su historia, “Música celestial”,

“Un manto negro y tenebroso oculta las titilantes estrellas. El cielo, encapotado, transmite el agobio de la oscura noche, mientras un viento estridente y rabioso lame los aleros y la intensa lluvia cabalga galopante en su montura. Las calles han dejado su ser y se han convertido en ríos caudalosos. El ritmo trepidante de los canalones desagua, desesperadamente, el cúmulo de líquido que escupe el cielo de forma torrencial en los tejados”

   Y como colofón de todo el estudio que se contiene en este hermoso libro, prefiero que sea el propio Antonio quien cierre las últimas palabras, porque en ellas se contiene todo el poemario narrativo que se recoge en sus relatos y remembranzas, donde nos dice,

    “Así he llegado a estos 93 años de vivencias y experiencias. Ya pasaron, pero, inmerso en este viejo cuerpo cargado de achaques y sufrimientos, gusta recordar, porque recordar es volver a vivir. La vida no es lo que uno quiere, sino lo que uno hace al enfrentarse con la realidad del día a día. Esto ha sido mi vida. Crear el pasado, viviendo el presente, sin poder controlar el futuro”

Hermosos relatos, hermosos recuerdos y hermosos cánticos poéticos. Lirismo, emotividad, belleza, armonía y equilibrio, todo un hacer de un poeta convertido en un estupendo narrador.

 

 




sábado, 17 de julio de 2021

COLONIZAR EL PENSAMIENTO

  

Sé que hay gente empeñada en colonizar mi pensamiento… y el de todo el mundo. Son aquellos que, con su altruista vocación, pretende hacerme comprender que lo que ellos ven es la verdad y lo que yo veo está apartado de ella, por lo que deberíamos (ya generalizo) reconocer nuestros errores e incorporarnos al redil. En su afán caritativo y bondadoso, pretenden salvar e iluminar mi pensamiento con su sabiduría superior, su gran capacidad intelectual y su certera sapiencia… son sabios e iluminados, carentes de argumentos lógicos, pero cargados de principios adquiridos a lo largo de su existencia, comprados en iglesias, partidos políticos, escuelas, grupos o sectas varias de poder o de credo.

No suelen usar argumentos que consoliden sus ideas, pues eso ya lo hace el dogmatismo que las conforman, estructurando un pensamiento enquistado resistente a la argumentación lógica, o sea un integrismo que acaba descalificándolos a ellos. Pero lo peor de todo, muchas veces, es que, cuando no les haces casos y, argumentalmente, les rechazas sus planteamientos aflora la vehemencia en lugar de la razón. Un ejemplo: cuando se ven acorralados por la razón acaban espetando: “Tú no me vas a convencer”, y desconectan acaloradamente del discurso argumental que les planteas para no caer en el debate.

Esa falta de versatilidad en el ser humano es generadora de rechazo y odio al diferente, hasta tal punto que inocula la semilla de la confrontación cainita. En lugar de utilizar su tiempo para pensar en cómo establecer sinergias, cómo acercarnos a través de los acuerdos, que los puede haber en común interés, se aferran a lo discordante y obvian lo concordante; es decir, prevalece la visión de lo negativo sobre lo positivo hasta romper la posibilidad de consensuar esa parte positiva para lograr algo en común que nos acerque como primer paso a dar en un largo camino de mejora de nuestra sociedad. Pero, tal vez, no tengan conciencia, o no quieran tenerla, de que todos formamos parte de un todo convivencial imposible de soslayar, o sea de esquivar o evadir.

Tenemos un defecto, y sálvese el que pueda: "la incapacidad de escuchar al otro antes de debatir", parece que lo importante es que, al final, el otro se quede con nuestro pensamiento en lugar del propio, colonizando el suyo con nuestras ideas.

Yo sigo siendo un mar de dudas en muchas cosas, sobre todo en aquellas que tengo un menor conocimiento, y he de decir, con absoluta convicción, que me gustaría poder resolver esas dudas con solvencia, a través de fuentes fidedignas y de mi propio razonamiento para introyectarlas como verdades “relativas”, sin embargo los voluntarios caritativos, que pretenden colonizarme con paparruchas, manda sus mensajes por todos los medios para convencerme de que su insolvente ocurrencia o tontería es la verdad y la mejor de las visiones de la realidad. Televisión con tertulianos, medios de comunicación con sus noticias, argumentos políticos infantiloides, desubicados, irracionales y tendenciosos, cuando no señuelos para evadir la realidad que se ha de ocultar para que no caiga sobre ellos la aplastante evidencia de su corrupción, su malicia y la certera expresión de su perverso pensar.

En todo caso, y volviendo al inicio del texto, esa colonización del pensamiento ha sido el garante del dominio sobre la sociedad y se consigue mediante el adoctrinamiento y la creación de actitudes de sumisión al poderoso, al considerado dueño, incluso, del conocimiento. No nos damos cuenta, pero el propio mecanismo de razonamiento se sustentas sobre premisas que conforma la base de la inferencia, o sea de la conclusión a la que llegamos mediatizada por los sesgos, que no dejan de tener, en muchos casos un componente emocional manipulable, como es un claro ejemplo el asumir la posverdad tan usada en estos tiempos como forma de engatusar al ciudadano a través de sus emociones, disposiciones y sesgo confirmatorio...

El ejemplo más claro de colonización del pensamiento es el religioso. De todos es conocido que en el mundo hay infinidad de religiones con diferentes formas de dar una explicación existencial al presente desde la concepción mágica de la vida. Digo mágica porque escapa al razonamiento, al conocimiento humano y se sustenta en bases hipotéticas que, en sus diferentes formas, pretenden explicar la espiritualidad del ser humano y sus principios existenciales a través de la fe en un ser superior que toma diversas formas según el credo. En todo caso, cada vez más, la ciencia asume el protagonismo explicativo de la realidad que vivimos, dejando en evidencia a las religiones que, casi siempre, pretenden ir adecuándose a los principios explicativos de la ciencia dejando los dogmas cuestionados como formas de expresión adecuadas al tiempo y no como la realidad defendida otrora a capa y espada. Al pueblo que no piensa o no tiene capacidad para hacerlo, se le adoctrina mejor en la sumisión para colonizar el pensamiento, hasta tal punto que se le inocula la idea de que su misión es ser sumiso.

A veces es bueno huir de la “verdad supuesta” de estas personas o medios, tan seguros de lo que dicen que evitan la autocrítica, y seguir con la duda razonable que te lleva al conocimiento, porque ya lo decía Bertrand Russell: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”.

¡Buenas tardes y que usted lo piense bien!, pero antes de dar crédito a alguien, le aconsejo se siente tranquilamente, se desvista de prejuicios, mire quién, cómo, dónde y para qué lo dice, o al menos intente vislumbrarlo, y luego piense las razones,y argumentes y objetivos que presenta...



lunes, 10 de mayo de 2021

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD.

 

Imagen de Wikipedia


Al recién fallecido escrito Caballero Bonald, le preguntó Juan Cruz en una entrevista publicada en El País, el 11 de abril de 2011: ¿Contra qué escribe? La pregunta se las trae. Yo hubiera preguntado ¿por qué escribe?, lo que implica una motivación intrínseca, un móvil cuasi subconsciente que te instiga a escribir. No es lo mismo escribir a favor o en contra de algo, dependiendo de qué aceptación social tenga ese algo. Escribir a favor es aceptar, escribir en contra es rechazar, pero, si esta escritura se realiza desde una concepción intelectual, implica compromiso y contribución de ideas para clarificar principios y valores culturales y sociales, ya que, al fin y al cabo, ha de ser uno de los compromisos esenciales de todo intelectual, aportando claridad, ética e ideas constructivas desde su privilegiada inteligencia. 

Me dejó intrigado la preguntita y como esta fuera su respuesta: “…mis últimos libros de poesía van contra los sumisos, los obedientes, los gregarios, los hipócritas…”, me pareció un canto a la libertad y autenticidad. Me interesé aún más por su biografía, porque solo con una rica experiencia y cognición puede sostener esa actitud.

Encontré otra pregunta cuya respuesta también me resultó interesante: ¿Para qué le ha servido escribir?, le pregunta Juan Cruz; él responde: “En primer lugar, para justificarme a mí mismo. Escribir me ha recompensado de todo mi pasado, incluso de mi presente”. Aquí hay un importante componente para los que escribimos, que se muestra a través de la trascendencia que pretendemos con nuestros escritos y el autoconocimiento, surgido del histórico análisis de nuestra conciencia y el conflicto interno, que se da entre la propia concepción de la realidad y las vivencias que la conforman en el proceso de socialización.

Siempre pensé que, intelectualmente, puede ser más rico aquel que más vive, pero no por lo que vive sino por cómo soluciona los conflictos y los aprovecha en el entorno que le tocó existir.

Tuvo Caballero Bonald una existencia cargada de vivencias variadas, su relación con Cela y su señora con la consiguiente ruptura final, su experiencia en Colombia, Paris, Madrid, Mallorca, etc., incluida la depresión, su actitud ante el franquismo y su vínculo a su Jerez Natal, aunque sus padres fueran nacidos fuera (su padre era de nacimiento cubano y su madre era francesa), en sus obras persiste el clima y el magnetismo de la marisma que tan bien describe en su novela Ágata ojos de gato.

Es aconsejable, al menos cuando se van los grandes, acercarse y reflexionar sobre su obra para mejor conocer al que nos deja, potenciando la trascendencia de su legado.

D. E. P. Juan Manuel Caballero Bonald

domingo, 2 de mayo de 2021

HOY TAMBIÉN DEBERÍA SER EL DÍA DE LA MADRE TIERRA.

 


Nuestra civilización se adueñó de gran parte del mundo desde la prepotencia y el dogmatismo religioso y cultural. Se les despojó a los pueblos conquistados de sus credos y culturas sin ni siquiera pararse a pensar o conocerlos. Nosotros, la “Civilización occidental”, al amparo de la cultura judeocristiana, rechazamos cualquier otra fe o credo al que identificamos como falso y, a quienes lo practican, como infieles. De ahí nuestra insistencia en llevar la verdad a los “pueblos equivocados” para salvarlos.

Nos desligamos de la filosofía politeísta de los romanos, en la que incorporaban o toleraban la mitología de los pueblos conquistados como forma de integración de la cultura del vencido, por lo que no imponían sus dioses sino que los incluían en un “Olimpo abierto” junto a los otros, aunque prevalecieran, en la escala de poder, los dioses romanos sobre los conquistados; Júpiter sería el número uno. 

Esto nos privó de conocer y valorar otras culturas, sobre todo en lo referente a la vinculación del ser humano con la propia naturaleza. En el caso de los territorios conquistados en América, se obvió la filosofía, podríamos decir ecológica, de los pueblos nativos. Por tanto no tenemos interiorizado el respeto y amor hacia la Tierra en un sentido amplio, como lo tienen los indígenas mapuches, incas, etc. habitantes del cono sur y centro de Sudamérica. Para ellos, el endiosamiento de la tierra significó respeto y amor, consolidó vínculos emocionales, afectos y de atenciones con ella.

El mundo occidental, claramente en expansión, colonizó las tierras para explotarlas, para sacarles la máxima rentabilidad sin pararse demasiado a pensar en los efectos de la desforestación y la sobreexplotación de sus recursos. Bajo mi punto de vista existe una diferente forma de entender esa relación hombre-naturaleza, mientras que los indígenas la ven como una aliada que nos nutre y alimenta, un ente superior que otorga los nutrientes de la vida a todos los seres de la creación, a la que hay que amar y proteger, ya que no es nuestra sino, más bien, nosotros somos de ella; los occidentales la consideran propia desde las palabras bíblicas del Génesis:

1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”.

“1:30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así”.

Este mítico planteamiento tiene dos visiones, que se han venido manifestando a lo largo de los tiempos, según la interpretación que se haga del mensaje: Una es “esto es para comer, cuídalo o te quedarás sin nada”; otra es “todo es para comer cómetelo”. La irracionalidad miope del ser humano le ha llevado a creer que su dominio sobre todo le permitía hasta el exterminio, pues no vio la vinculación interactiva, y sostenida en el tiempo, que debe garantizar la perpetuación de la vida en la naturaleza. Nuestro sistema económico y consumista pasa por encima de esa lógica y arrasa con todo en base a esa miopía egoísta y egocéntrica a que me refería. Lo curioso es que, como estamos “hechos a imagen y semejanza de Dios”, pensamos que somos un dios menor y, en nuestra soberbia y prepotencia desmedida, en lugar de crear vamos destruyendo en el beneficio inmediato; o sea, somos como un Demiurgo en negativo.

Desde hace mucho tiempo, en una concepción de panteísmo, reenfoqué mi visión sobre la naturaleza desde otra perspectiva basada en el posicionamiento de los pueblos primitivos aludidos, con su actitud de respeto y consideración hacia la madre tierra: La Pachamama de la mitología inca, o al todavía más profundo concepto de Ñuke Mapu (Madre Tierra) del pueblo mapuche.

No se piense que esa filosofía era exclusiva del sur, pues, en Norteamérica, los indios también mantenían una relación parecida con la tierra. Es famosa, aunque haya creado cierta controversia, la carta, o discurso, del Gran Jefe Seattle, de la tribu de los Swamish, a Franklin Pierce presidente de los Estados Unidos de América, cuando le ofertó comprar la tierra; de ella extraigo estas dos preguntas que el Jefe le plantea al Presidente:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esta idea nos parece extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del brillo del agua, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos?

Esta es otra interesante observación que alude a la Tierra: Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los prados húmedos, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre..., todos pertenecen a la misma familia.

Tras un extenso discurso, concluye así: ¿Dónde está el bosque espeso?: Desapareció. ¿Qué ha sido del águila?: Desapareció. Así se acaba la vida y solo nos queda el recurso de intentar sobrevivir.

Jefe Seattle (1855)

Todo esto lo expongo como forma de despertar la necesidad de reflexionar sobre ello para evitar el colapso definitivo de nuestra casa, parta llamar a nuestra conciencia a respetar el ecosistema, para comprender que no podemos montar en el carro de ese progreso egoísta de un neoliberalismo que sobreexplota los recursos para sacar beneficio inmediato, sino que hemos de velar por el desarrollo sustentado en un sistema abierto e interactivo sostenible. En este debate existen dos puntos de interés muy significados: Por un lado está cómo, en qué condiciones, dejamos la Tierra en herencia a nuestro hijos; por otro con qué cultura y actitudes dejamos a nuestros hijos en esa Tierra que los ha de alimentar. Traigo a colación un texto publicado el 29 de abril de 2010, en este mismo blog, cuyo enlace es:

https://antoniopc.blogspot.com/2010/04/que-mundo-les-dejaremos-nuestros-hijos.html

 

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE… TIERRA!

jueves, 29 de abril de 2021

A LA LUNA EN SU ESPLENDOR (Soneto)




La Luna en su esplendor sigue su ruta
rielando su bogar sobre la mar
alumbrando en los cielos al pasar
la mirada en la noche que la escruta.
 
Aflora su indulgencia disoluta
conjugando en penumbra el verbo amar
con los tiernos placeres al besar
sus rojos labios de madura fruta.
 
No te marches llevándote la miel
del placer que encontré con tu mirada
y mis besos libaron de tu piel,
 
no me dejes vacío en la alborada
navegando sin rumbo en mi bajel
y esperando otra noche iluminada.
 
© Antonio Porras Cabrera
Málaga, 28 de abril de 2021.

No me mates el amor (Rima Jotabé)



 
Alguna gente, erróneamente, piensa que yo soy poeta; más no me siento digno, o merecedor, de entrar en el Parnaso. Yo, con cierta sorna, digo que soy un ensayista, no de los que escriben ensayos literarios, que también, sino de los que practican un arte ensayando hasta conseguir dominarlo, entonces, cuando su obra se acerque a la excelencia, podrá ser considerado integrante de ese Parnaso, que ahora me niego.
 
Dentro de esa actitud ensayista quiero hoy presentaros un tipo de composición denominada Jotabé, en honor al poeta que la creó y estructuró, llamado Juan Benito Rodríguez Manzanares (JB).
 
Son poemas estróficos compuestos por 11 versos endecasílabos que utilizan rima consonante, divididos en cuatro estrofas. La estructura de estos poemas es la siguiente: A; A / B; B; B; B / C; C / A; B; C. Por tanto, la primera estrofa es un pareado, la segunda un cuerpo monorrimo de cuatro versos, la tercera otro pareado y la cuarta está compuesta por tres versos que riman con la primera, segunda y tercera estrofa respectivamente, como ya he reflejado.
 
Este es uno de los ensayos que he elaborado y que quiero compartir con vosotros, pero me he permitido una licencia especial consistente en usar versos dodecasílabos en lugar de endecasílabos, o sea de 12 sílabas en lugar de 11, ambos de arte mayor,como ya sabéis.
 
NO ME MATES EL AMOR
(Rima Jotabé, dodecasílaba)
 
No me mates el amor de esa manera
apagando mi pasión de primavera.
 
No me prives de gozar de tu hermosura
y del sueño con tus besos de dulzura
que me lleva por caminos de locura
sometido sin valor a tu conjura.
 
Solo quiero que te apiades de este preso
liberando sus cadenas con tu beso,
 
y le otorgues una vida placentera
con abrazos y arrebatos de ternura
atrapándole en amores de embeleso.
 
© Antonio Porras Cabrera
Málaga, 12 de abril de 2021
 
Espero que os haya gustado. Lo compuse el pasado día 12, en plena primavera.

martes, 27 de abril de 2021

Un debate de verdad es un coloquio sosegado

 


He de reconocer que me gustó el debate de anoche. No suelo verlos, por lo general me parecen aburridos, repetitivos, poco constructivos hasta crearme ansiedad y con argumentaciones de confrontación, que poco me aportan, dado que mi visión de la realidad no me la cambia un debate sino la observación personal a lo largo de los días y mi propia capacidad de razonar y analizar los hechos que observo, en función de mis principios, valores e ideas, si bien me ayuda a reflexionar, como es lógico, sobre el tema propuesto.

Pero anoche fue diferente, lo debatientes, ¿o debería decir “coloquiantes”?... bueno, dejémoslo en participantes en el coloquio, se mostraron comedidos, ilustrados, respetuosos con las exposiciones de los otros y fueron desgranando, educadamente, su pensamiento de forma razonada y entendible al auditorio. Entre ellos había un gran respeto y consideración, por lo que no se pisaban el discurso, ni se descalificaban y, por supuesto, nada de insultos, yo diría, incluso, que se admiraban. El sosiego e interés que despertaban sus argumentos, sus exposiciones avaladas por su experiencia como personas doctas en su materia, como intelectuales de reconocido prestigio, potenciaban la atención… yo, al menos, así lo viví.

Los participantes, bajo la moderación, cuasi innecesaria, de Ana Pastor, fueron analizando los problemas de esta España nuestra, de la cosa pública, de los intereses que mueven a los políticos y a los ciudadanos, así como los hechos y circunstancias que se han ido sucediendo a lo largo de nuestra historia reciente. Me sentí identificado con muchas de las cosas que allá se dijeron, comparto y he compartido a lo largo de mis reflexiones muchos de sus planteamientos, y me satisfizo pensar que este tipo de debates o coloquios son los que necesitamos para construir un país y un orden democrático de convivencia.

Solo las formas ya denotan el fondo, es decir que cuando ellos intervenían buscaban el entendimiento, la solución a los problemas tras identificarlos como tales, de forma desinteresada e intentando aporta su propia visión sin imponerla, sino para que se considerara y valorara su propuesta como parte de la solución del problema. Me quedó la evidencia de que el mundo de la política, del que formamos parte nosotros con nuestros posicionamientos, ideologías y votos, en lugar de enfocar el esfuerzo a solucionar el problema lo enfocamos, y sálvese el que pueda, al interés del partido o grupo de referencia que lo sustenta. Nuestra razón ha quedado presa del maniqueísmo partidista y perdemos el norte al apoyar, cual hooligan inglés, al partido con el que nos identificamos, o sea: “Viva el Betis manque pierda”, con lo que perdemos toda credibilidad como entes orientados a la convivencia.

Una de los aspectos que se expusieron, y que yo sostengo desde hace tiempo, es la incapacidad de este país para formar a los ciudadanos en el espíritu democrático, en los principios y valores que define y defiende la democracia. Cuarenta años tras la muerte del dictador no se ha llegado a un acuerdo, a una entente, entre los partidos, para definir el perfil del ciudadano libre, que se pretende formar y socializar como ejemplar, y eso se ve en la imposibilidad de consensuar una ley de educación aceptable y aceptada por todos como cuestión de Estado. Claro que, si consideramos la cantidad de intereses, incluso de componente histórico, que existen en determinados círculos docentes y adoctrinadores de tipo religioso y político, así como el interés en conseguir sujetos maleables y poco críticos, es fácil explicar por qué no se llega a un acuerdo.

El hándicap, para conseguir una sociedad democrática, puede chocar con un subconsciente donde pesa el influjo del modelo de la dictadura como padre protector, al que se ha de obedecer, en contraposición al modelo de sujeto libre y consecuente, que se implica en la gestión de la administración pública mediante el voto responsable y el propio ejercicio de su rol social. Papá Estado decide, papá Estado protege, al papá Estado se critica dado que aún no somos mayores y hemos de confrontar con el padre, pero solo es un paripé, porque al final permitimos y aceptamos la corrupción de los nuestros y criticamos la de los otros. Por tanto, sociedad democráticamente inmadura, que se plasma en las expectativas, de las que el politólogo Víctor Lapuente dijo: "El 'problema' de los españoles es que esperamos mucho de la democracia", aludiendo luego a la frase de John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

Hubo otros planteamientos interesantes, como por ejemplo la incapacidad de identificar el verdadero problema y actuar sobre él; o sea, confrontar conflicto y problema siendo el problema el conflicto y no el problema real. Por ejemplo, ahora el asunto es resolver la pandemia; pues nuestros políticos se dedican a confrontar y pelear entre ellos, en lugar de establecer sinergias para resolverla, ergo lo importante para ellos no es la solución de la pandemia sino acceder al poder o ganar votos, convirtiéndose ellos, con esta actitud, en el verdadero problema.

También apareció una sugerencia interesante respecto al debate político y la forma de ganar votos, por la que Arsuaga propuso implantar una de las leyes existentes en el marketing, que consiste en que tu campaña de venta nunca implique ir contra la competencia y desacreditar el producto de la misma, sino que se fundamente en el valor del producto que tú vendes. En el mundo de la política es complicado hacer eso porque estamos en otra dimensión a nivel mundial, pero sí cabe que el ciudadano rechace, en su ética, estos comportamientos y valore como negativo a aquel que se pase denostando al contrario sin ofrecer su alternativa como elemento de peso y compromiso. Eso también implica educación democrática. Ellos procurarán, si así les interesa, distraer la atención a otros problemas para evitar tratar aquellos que pueden dañarles. Lo estamos viendo en el caso de la campaña electoral de Madrid donde escasamente se habla de los verdaderos problemas de los madrileños.

He hablado del debate, de lo que excepcionalmente me ha gustado este, pero no lo he identificado. Pues bien, se trata del que se ofreció anoche en la Sexta tras anularse el de los políticos. En este coloquio intervinieron cuatro intelectuales de prestigio como son: Victor Lapuente, politólogo y profesor en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo; Adela Cortina, filósofa, escritora y profesora emérita de la Universidad de Valencia; José Antonio Marina, filósofo, pedagogo y escritor y Juan Luis Arsuaga, paleontólogo, investigador en los yacimientos de la sierra de Atapuerca, Director científico del Museo de la Evolución Humana de la Universidad Complutense de Madrid.

Viendo sus curriculum, a ninguno parece que le haya regalado el título en la Universidad Rey Juan Carlos, y su solvencia la demuestran sus obras y escritos, sus investigaciones y conocimientos. No obstante me gustaría saber cuantos españoles, y españolas, vieron el programa en contraposición a los/as que vieron Telecinco, donde creo que daban Supervivientes: Última hora. He dicho en otras ocasiones que, ante la falta de sentido común de los políticos, se ha de imponer el de los ciudadanos, pero viendo lo que hay, tal vez, deberíamos escuchar más a los intelectuales y aprender a razonar con ellos.

En todo caso, para mí, siempre, en la política, se ha de pensar en el beneficio del conjunto de la ciudadanía, antes que en grupos específicos, para procurar una mayor justicia social, cultivando la igualdad, fraternidad y libertad, objetivos que marcaron la edad contemporánea, desde la Ilustración y la Revolución francesa. Hago mías las palabras de José Luis Sampedro: "Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres" y cambio la palabra economista por la de político, esperando que exista el que quiere hacer menos pobres a los pobres…

En Madrid, de cara a las elecciones próximas, hay dos ofertas encabezadas por Ayuso y Gabilondo. Considerando a la señora Ayuso como un animal político (entiéndase animal como una especie, metafóricamente hablando) y a Gabilondo como un intelectual reconocido, yo votaría, indudablemente, por el segundo, por el intelectual. Necesitamos mentes pensantes, incluso metafísicos, que elaboren análisis racionales de la situación y de los problemas que nos afectan para su mejor solución; en este caso, además, con una base de humanismo de principios y valores democráticos, de tolerancia y poco crispantes, para un mejor entendimiento.

La crisis de Ceuta

  Opinión | Tribuna Por: Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 22 AGO 2026 7:01 Enlace: https://ww...