sábado, 10 de enero de 2026

El moderno caballo de Troya

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 10 ENE 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/10/moderno-caballo-troya-125532264.html

Las Redes Sociales han resultado un excelente medio de influencia, sobre todo por la simpleza del mensaje elaborado casi a modo de consigna y su capacidad para despertar emociones

Caballo de Troya. / l.o.
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La trampa se tendió hace tiempo. Desde que el ser humano se dio cuenta del poder de la palabra. Mediante ella se abduce, se persuade, se convence y somete. La palabra es el bien más preciado del ser humano, pues permite canalizar el pensamiento, conformar los sistemas de comunicación y, con ello, consolidar estructuras organizativas y de relación entre los seres humanos mediante principios, ideas, dogmas y valores, a modo de argamasa que consolida las culturas sociales que enmarcan actitudes y conductas de los pueblos. En suma transmitir y compartir conocimientos, ideas y valores… o sea, comunicarse.

Esa argamasa tiene como especial referente histórico las religiones y sus dogmas. El castigo diferido del aterrador infierno permite domeñar voluntades y sembrar la sumisión. Desde tiempo inmemorial, el clero con sus homilías, con su palabra de Dios, anatemizó todo aquello que no se ajusta a los intereses de la sociedad y la fe que predica.

El Pepito Grillo y el superyo

Pero también el sistema educativo, al que tanto aportan las religiones a lo largo y ancho del mundo, fragua con el proceso formativo un sistema de socialización, de creación en nuestro interior de un Pepito Grillo que ocupa la conciencia. Es el superego (superyó) de la segunda tópica freudiana, que actúa como un «policía interno» que juzga, critica y castiga al yo (ego) cuando no se ajusta a las normas introyectadas, creando un conflicto que desestabiliza la paz interior del sujeto.

La introyección es un proceso psicológico inconsciente donde una persona incorpora y hace propios los valores, normas, ideas o características que conforman su cultura de inmersión. La asume como un mecanismo de defensa para protegerse emocionalmente bajo un sentimiento de integración en el grupo que le acoge si la respeta y obedece. Es fundamental en el desarrollo infantil para la socialización, que puede limitar su autonomía y su libre pensar si no es capaz de separar lo propio de lo introyectado.

Todo este proceso conforma un continuo a lo largo de la vida, si bien, según el momento del ciclo vital, es mayor o menor su influencia; o sea, el niños es muy permeable a las influencias, mientras el mayor lo es menos según su capacidad de razonar y discernir. Pero la persuasión y el convencimiento del adulto, siempre están sometidos a su criterio y su vinculación con los estados de opinión del grupo de referencia, modelado por su capacidad racional crítica y la fundamentación de un pensamiento propio y su sensibilidad a la sugestión.

Desde pequeños estamos expuestos al entorno y su influencia. Somos lo que somos por ese influjo y la forma de computar la información que se nos presentó. Históricamente nuestro sistema educativo no está enfocado nítidamente para la elaboración de un pensamiento propio, sino para hacernos receptivos al pensamiento ajeno, el de quienes ejercen el poder. Desde pequeños se nos enseña en la obediencia, pero escasamente en el razonamiento. Por tanto, de adultos, en una gran mayoría, estamos dispuestos a aceptar las ideas ajenas, que ya nos vienen estructuradas, para evitar su elaboración por nuestra parte, sin pasarlas suficientemente por el cedazo del buen criterio. Pensar conlleva el peligro de errar y ello implica asumir la responsabilidad de tal error, mientras asumir las ideas del otro nos libera de la conciencia del error propio.

El hombre idealista y el mediocre

José Ingenieros (1877-1925), el polifacético médico, filósofo, farmacéutico, masón, etc. italoargentino distinguía entre el hombre inferior, el mediocre y el idealista. El idealista es peligroso, pues es creativo y rompedor, es librepensador con capacidad crítica y cuestionará todo cuando busca la verdad. En realidad es un revolucionario del cambio social y defensor de los procesos de cambio y desarrollo de la sociedad. El mediocre, es sobradamente leal, carece de estímulos para elaborar pensamientos complejos y es acomodaticio, es gregario y se subyuga, desde su indolencia, a las normas sociales sin cuestionarlas o someterlas a crítica razonable. El inferior lo define como un bellaco, un inepto inadaptado social, en muchos casos fuera de la ley y la moralidad. En realidad nuestro sistema educativo potencia más el segundo (el mediocre) que los otros dos. Pero especialmente le teme al idealista, ya que tiene capacidad para cuestionar, criticar y liderar a los demás.

El sistema siempre procuró conformar sujetos adeptos, gregarios y leales a sus normas, fácilmente sometidos al poder. Para ellos sostuvo y mantuvo un modo de influencias que fuera más allá de la formación escolar. Procurando un continuo reciclaje a través de los estados de opinión de la propia sociedad. El problema se dispara cuando empieza a desaparecer el analfabetismo, el individuo lee y se informa libremente fuera de los cauces oficiales. Son los medios informativos, los periódicos, los libros, la radio y otros procedimientos que se van incorporando, los que inciden en esa formación y pueden abrir la ventana que da a la luz de la sabiduría. En esta circunstancia, el control de los medios es clave para seguir conformando sujetos mediocres mediante los estados de opinión del grupo de pertenencia.

El caballo de Troya de los medios

El gran caballo de Troya, bajo mi opinión, ha sido la televisión, sin obviar la radio. Es como abrir la puerta al enemigo dejarlo pasar y prestarle la atención requerida para que ejerza su influencia entremezclada con su agradable distracción. El sermón del cura se recibía en misa. Ahora el sermón político te lo sirven en casa, como un plato más cuando comes y ves la tele, cuando los tertulianos te someten a la balacera de sus ideas y argumentos, muchas veces claramente manipulativos y tendenciosos.

Recuerdo que el periodista Joaquín Arozamena, en un curso de comunicación que impartía en la Escuela Andaluza de Salud Pública, decía que todos los medios tienen su línea editorial, pero también tienen sus dueños o propietarios, que son determinantes para definir esa línea, y en función de su ética profesional y orientación ideológica, así actúan.

Pero ha surgido otro medio de comunicación que ha hecho saltar por los aires gran parte de los principios de la ética comunicacional. Me refiero a las Redes Sociales (RRSS). Lo que en principio parece un campo de libertad de expresión está siendo un campo de batalla, un ‘anarcomedio’ donde no se establecen límites éticos y morales adecuados a los principios de nuestra propia sociedad y cultura, ya que son medios privados con capacidad de censurar, o no, según lo estimen sus dueños. Esto puede llegar a convertirlos en una correa de transmisión de intereses espurios, volcados a través de militantes o activistas, tendenciosos y dogmáticos que se saltan a la torera las normas más elementales de tolerancia y respeto al divergente; incluso un medio de control del pensamiento ciudadano.

Las Redes Sociales como elemento de confrontación

Las RRSS han resultado un excelente medio de influencia, sobre todo por la simpleza del mensaje elaborado casi a modo de consigna y su capacidad para despertar emociones, o sea una adecuada herramienta para el uso de la manipuladora posverdad. Escasamente se ven sólidas argumentaciones que sostengan un planteamiento razonado y razonable. Es muy frecuente el insulto y la descalificación, por parte del aguerrido militante, que pretende la vehemente imposición de sus ideas más que el debate. Es el perfecto huerto para sembrar odio y confrontación. Nuestras costumbres han evolucionado a caballo de la salsa rosa televisiva y ha desembocado en formas poco académicas y ortodoxas de compartir ideas en leal conversación.

El despertar al conocimiento y, con ello, a la excelencia del ser humano, tiene riesgos para el poder, que se ha de someter a la crítica racional de una ciudadanía docta. Ese problema lo resuelven mediante la confrontación directa de las ideas en las RRSS, donde se puede otorgar el mismo valor a la opinión de un necio que a la de un genio, donde el primero se siente realizado, quedando relegado el mundo intelectual ante el necio, en muchos casos, más adepto a la barbaridad que a la razón.

Los caballos de Troya de los medios, sobre todo la manipulación de la televisión y ahora RRSS, pretenden colonizar el pensamiento para, desde la mediocridad, crear una ciudadanía dócil y maleable, hasta tal punto, que entren al combate y la confrontación desde su alienación… Es la conjura de los necios, que pueden llegar a defender al líder disruptivo, como sucede muchas veces, en contra de su propio interés.

 

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