Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 10 ENE 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/01/10/moderno-caballo-troya-125532264.html
Las Redes Sociales han resultado un excelente medio de influencia, sobre todo por la simpleza del
mensaje elaborado casi a modo de consigna y su capacidad para despertar
emociones
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| Caballo de Troya. / l.o. |
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La trampa se tendió hace tiempo.
Desde que el ser humano se dio cuenta del poder de la palabra.
Mediante ella se abduce, se persuade, se convence y somete. La palabra es el
bien más preciado del ser humano, pues permite canalizar el pensamiento,
conformar los sistemas de comunicación y, con ello, consolidar estructuras
organizativas y de relación entre los seres humanos mediante principios, ideas,
dogmas y valores, a modo de argamasa que consolida las culturas
sociales que enmarcan actitudes y conductas de los pueblos. En suma
transmitir y compartir conocimientos, ideas y valores… o sea, comunicarse.
Esa argamasa tiene como especial
referente histórico las religiones y sus dogmas. El castigo diferido del aterrador
infierno permite domeñar voluntades y sembrar la sumisión. Desde
tiempo inmemorial, el clero con sus homilías, con su palabra de Dios, anatemizó
todo aquello que no se ajusta a los intereses de la sociedad y la fe que
predica.
El Pepito Grillo y el superyo
Pero también el sistema educativo,
al que tanto aportan las religiones a lo largo y ancho del mundo,
fragua con el proceso formativo un sistema de socialización, de creación en
nuestro interior de un Pepito Grillo que ocupa la conciencia. Es el superego
(superyó) de la segunda tópica freudiana, que actúa como un «policía interno»
que juzga, critica y castiga al yo (ego) cuando no se ajusta a
las normas introyectadas, creando un conflicto que desestabiliza la paz
interior del sujeto.
La introyección es un proceso
psicológico inconsciente donde una persona incorpora y hace propios los
valores, normas, ideas o características que conforman su cultura de inmersión.
La asume como un mecanismo de defensa para protegerse emocionalmente bajo un
sentimiento de integración en el grupo que le acoge si la respeta y obedece. Es
fundamental en el desarrollo infantil para la socialización, que puede limitar
su autonomía y su libre pensar si no es capaz de separar lo propio de lo
introyectado.
Todo este proceso conforma un
continuo a lo largo de la vida, si bien, según el momento del ciclo vital, es
mayor o menor su influencia; o sea, el niños es muy permeable a las
influencias, mientras el mayor lo es menos según su capacidad de razonar y
discernir. Pero la persuasión y el convencimiento del adulto,
siempre están sometidos a su criterio y su vinculación con los estados de
opinión del grupo de referencia, modelado por su capacidad racional crítica y
la fundamentación de un pensamiento propio y su sensibilidad a la sugestión.
Desde pequeños estamos expuestos al
entorno y su influencia. Somos lo que somos por ese influjo y la forma de
computar la información que se nos presentó. Históricamente nuestro sistema
educativo no está enfocado nítidamente para la elaboración de un pensamiento
propio, sino para hacernos receptivos al pensamiento ajeno, el de quienes
ejercen el poder. Desde pequeños se nos enseña en la obediencia, pero
escasamente en el razonamiento. Por tanto, de adultos, en una gran mayoría,
estamos dispuestos a aceptar las ideas ajenas, que ya nos vienen estructuradas,
para evitar su elaboración por nuestra parte, sin pasarlas suficientemente por
el cedazo del buen criterio. Pensar conlleva el peligro de errar y ello implica
asumir la responsabilidad de tal error, mientras asumir las ideas del otro nos
libera de la conciencia del error propio.
El hombre idealista y el mediocre
José Ingenieros (1877-1925), el
polifacético médico, filósofo, farmacéutico, masón, etc. italoargentino
distinguía entre el hombre inferior, el mediocre y el idealista. El idealista
es peligroso, pues es creativo y rompedor, es librepensador con capacidad
crítica y cuestionará todo cuando busca la verdad. En realidad es un
revolucionario del cambio social y defensor de los procesos de cambio y
desarrollo de la sociedad. El mediocre, es sobradamente leal, carece de
estímulos para elaborar pensamientos complejos y es acomodaticio, es
gregario y se subyuga, desde su indolencia, a las normas sociales sin
cuestionarlas o someterlas a crítica razonable. El inferior lo define como un
bellaco, un inepto inadaptado social, en muchos casos fuera de la ley y la
moralidad. En realidad nuestro sistema educativo potencia más el segundo (el
mediocre) que los otros dos. Pero especialmente le teme al idealista,
ya que tiene capacidad para cuestionar, criticar y liderar a los demás.
El sistema siempre procuró
conformar sujetos adeptos, gregarios y leales a sus normas, fácilmente
sometidos al poder. Para ellos sostuvo y mantuvo un modo de influencias que
fuera más allá de la formación escolar. Procurando un continuo reciclaje a
través de los estados de opinión de la propia sociedad. El problema se dispara
cuando empieza a desaparecer el analfabetismo, el individuo lee y
se informa libremente fuera de los cauces oficiales. Son los medios informativos,
los periódicos, los libros, la radio y otros procedimientos que se van
incorporando, los que inciden en esa formación y pueden abrir la ventana que da
a la luz de la sabiduría. En esta circunstancia, el control de los medios es
clave para seguir conformando sujetos mediocres mediante los
estados de opinión del grupo de pertenencia.
El caballo de Troya de los medios
El gran caballo de Troya, bajo mi
opinión, ha sido la televisión, sin obviar la radio. Es como abrir la puerta
al enemigo dejarlo pasar y prestarle la atención requerida para que
ejerza su influencia entremezclada con su agradable distracción. El sermón del
cura se recibía en misa. Ahora el sermón político te lo sirven en casa, como un
plato más cuando comes y ves la tele, cuando los tertulianos te
someten a la balacera de sus ideas y argumentos, muchas veces claramente
manipulativos y tendenciosos.
Recuerdo que el periodista Joaquín
Arozamena, en un curso de comunicación que impartía en la Escuela Andaluza de
Salud Pública, decía que todos los medios tienen su línea editorial, pero
también tienen sus dueños o propietarios, que son determinantes para definir
esa línea, y en función de su ética profesional y orientación ideológica, así
actúan.
Pero ha surgido otro medio de
comunicación que ha hecho saltar por los aires gran parte de los principios de
la ética comunicacional. Me refiero a las Redes Sociales (RRSS). Lo que en
principio parece un campo de libertad de expresión está siendo un campo de
batalla, un ‘anarcomedio’ donde no se establecen límites éticos y
morales adecuados a los principios de nuestra propia sociedad y
cultura, ya que son medios privados con capacidad de censurar, o no, según lo
estimen sus dueños. Esto puede llegar a convertirlos en una correa de
transmisión de intereses espurios, volcados a través de militantes o
activistas, tendenciosos y dogmáticos que se saltan a la torera las normas más
elementales de tolerancia y respeto al divergente; incluso un medio
de control del pensamiento ciudadano.
Las Redes Sociales como elemento de
confrontación
Las RRSS han resultado un excelente
medio de influencia, sobre todo por la simpleza del mensaje elaborado casi a
modo de consigna y su capacidad para despertar emociones, o sea una adecuada
herramienta para el uso de la manipuladora posverdad. Escasamente se ven
sólidas argumentaciones que sostengan un planteamiento razonado y razonable. Es
muy frecuente el insulto y la descalificación, por parte del aguerrido
militante, que pretende la vehemente imposición de sus ideas
más que el debate. Es el perfecto huerto para sembrar odio y confrontación.
Nuestras costumbres han evolucionado a caballo de la salsa rosa televisiva y ha
desembocado en formas poco académicas y ortodoxas de compartir ideas en leal
conversación.
El despertar al conocimiento y, con
ello, a la excelencia del ser humano, tiene riesgos para el poder, que se ha de
someter a la crítica racional de una ciudadanía docta. Ese problema lo
resuelven mediante la confrontación directa de las ideas en las RRSS, donde se
puede otorgar el mismo valor a la opinión de un necio que a la de un
genio, donde el primero se siente realizado, quedando relegado el mundo
intelectual ante el necio, en muchos casos, más adepto a la barbaridad que a la
razón.
Los caballos de Troya de los
medios, sobre todo la manipulación de la televisión y ahora RRSS,
pretenden colonizar el pensamiento para, desde la mediocridad,
crear una ciudadanía dócil y maleable, hasta tal punto, que entren al combate y
la confrontación desde su alienación… Es la conjura de los necios, que pueden
llegar a defender al líder disruptivo, como sucede muchas veces, en
contra de su propio interés.

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