Dentro
de los temas que vengo tratando, desde la perspectiva psicológica, hemos comentado
algunos bastante interesantes, pero este del histrionismo, al que ya hace
tiempo me quiero referir, tiene una especial relevancia, por el hecho de
existir en casi todos en cierto sentido. Pero, primero, entremos un poco en
definir lo que es este concepto psicológico, que alude a unas determinadas
pautas de conducta, sobre todo social, como veremos.
El trastorno
histriónico de la personalidad es un trastorno de la personalidad del
grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos). Los individuos que
lo padecen siguen un patrón general de excesiva emotividad y búsqueda de
atención.
Las
personas con trastorno de personalidad histriónica suelen expresar sus
emociones de manera exagerada. Suelen ser vanidosas y egocéntricas, y se
sienten incómodas cuando no son el centro de atención. A menudo son seductoras
en apariencia y comportamiento, ya que les preocupa mucho no serlo. Buscan
continuamente a alguien que les tranquilice, que apruebe lo que hacen, y pueden
enfadarse cuando alguien no les atiende o halaga. Suelen ser impulsivos y poco
tolerantes a la frustración. Su estilo cognitivo es extremista, tienden a ver
todo en términos de blanco o negro. Su discurso a menudo carece de detalles y
es exagerado.
Parece
ser que las causas hay que buscarlas en la combinación de varios factores;
puede haber una cierta predisposición genética, así como también, los
acontecimientos vividos en la infancia, pueden tener una determinada influencia
en el desarrollo de este trastorno. Entre ellos cabría destacar una falta de
atención de los padres, el maltrato psicológico de los padres o
educadores o bien modelos paternos inadecuados, entre otros.
La
mayor tasa de personas que sufren este trastorno son mujeres, lo cual hace
pensar que la naturaleza del mismo y algunas características que lo definen son
estereotipos de la mujer de la sociedad occidental, según algunos autores. No
voy a contradecir esta afirmación tajantemente, pero no podemos olvidar a
grandes histriónicos que han influido en la historia. Una gran parte de
gobernantes, sobre todo de especial relevancia histórica, han tenido o
manifestado conductas con alto componente histriónico. Sin ir más lejos, y
desde mi perspectiva personal, desde los grandes reyes, Napoleón y más recientemente
el propio Hitler, Musolini y, mire por donde, a mí me da la espina de que, hasta
el mismísimo Sarkozy. A todos ellos es común las importantes dosis de
teatralidad en sus actos, el regodeo del discurso, su vanidad, egocentrismo,
intolerancia a la frustración, etc. Por desgracia la escenificación forma parte
de la seducción y ellos usaron esa teatralidad para seducir a sus pueblos, pero
se da, en menor escala, en gran parte de los que asumen o buscan liderazgos de
grupos. Eso sí, el histriónico de libro, que acude a la consulta es el
identificado como sujeto con trastornos de la personalidad que encaja en la
patología. Los grandes están exentos de esta catalogación y acaban liderando a
grupos que se dejan llevar por esa parafernalia de actos y expresiones que cautivan
a su gente.
Mas
pocos serán los que puedan evadirse de esta catalogación, si bien es la propia
sociedad y sus márgenes de tolerancia en las conductas sociales, la que define
el límite admisible en estas manifestaciones. Es lo que los sistémicos llaman plataforma
homeostática, o lo que es lo mismo, los límites que definen cuando un sujeto se
escapa de la tolerancia social a ese tipo de conductas, siendo entonces
considerado elemento patógeno o trastornado mental.
Pero
¿qué persigue un sujeto histriónico, aunque sea de forma inconsciente, con
estas conductas? Veamos algunos a modo de ejemplo:
Reafirmación
social. En esta sociedad de la apariencia, donde es más importante el parecer
que el ser, tendemos, por lo general, a ofrecer una imagen idílica de cómo nos
gustaría ser, más que la propia realidad de nuestra personalidad. En este caso,
al igual que en otros, se suele dar en personalidad con cierto grado de
inmadurez.
Llamada
de atención del desvalido. Hay ciertas conductas infantiles que trascienden
netamente al adulto cuando la infancia no ha sido especialmente agradable y
cargada de afecto parental. Para llamar la atención de la madre o el padre se
emplean técnicas teatrales relacionadas, muchas veces, con los temas de salud física
(de ahí, en parte, las personalidades hipocondriacas) o bien conductas llamativas
que reclaman la atención, sea manifestaciones de alta genialidad o comportamiento
extravagantes que nos hagan presentes, o sea, que nos reivindiquen ante los
padres o mayores.
Acto
de seducción. La seducción también requiere cierta teatralidad para mostrar los
valores deseados y, presumiblemente, deseables por las personas a las que queremos
seducir. Pero esa teatralidad tienes sus límites y cuando se sobrepasan podemos
entrar en esa actuación histriónica. La interacción del histriónico con los
demás suele estar caracterizada por un comportamiento sexualmente seductor o
provocador.
Inseguridad.
La inseguridad puede tener un efecto rebote, es decir manifestarse con tal
nivel de seguridad que raye en la prepotencia para evitar el más mínimo atisbo de
discusión, mediante una asertividad simulada. Estas conductas compensatorias de
la incertidumbre interior, que tiene mucho que ver con el posible rechazo de los
demás, pueden colindar también en el histrionismo, cuando no ser identificadas
como tal.
Necesidad
de engatusar. Me viene a la memoria a los grandes dictadores, tipo Hitler,
Musolini, Estalin, etc. a la par que el mundo político, donde hay sujetos que
teatralizan para engatusar al electorado. En todo caso, no olvidemos que en ese
mundo hay mucho gregario infantiloide que se arropa en el líder y lo defiende a
capa y espada, al amparo de su arbitrariedad y condescendencia con los sujetos
de su grupo, en base a unas pautas dogmáticas establecidas por su partido, a lo
que llaman estrategias de persuasión.
Pero
no sería mal ejercicio personal reflexionar para ir creciendo, para darse
cuenta de cual es nuestro grado de comportamiento histriónico y poder ir
madurando psicológicamente, porque, como decía antes, ¿quién escapa a estas
conductas en mayor o menor medida? De todas formas para identificar el propio
histrionismo y el de los anexos podemos centrarnos en ver algunas expresiones:
·
Vanidoso
·
Egocéntrico
·
Soberbio
·
Impulsivos
·
Dicotómicos (blanco
o negro)
·
Poco tolerantes a
la frustración
·
Dramatismo
teatral
·
Expresión
emocional exagerada
·
Interiormente
inseguro
·
Inmaduro
psicológicamente
·
Resistente a la
argumentación lógica ante el conflicto, pero sugestionable en la conversación normal.
Según
criterios más científicos orientados a precisar el trastorno histriónico de
la personalidad de forma clínica, podemos referirnos al DSM IV, donde lo
caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad y una búsqueda de
atención, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos
contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:
·
no se siente
cómodo en las situaciones en las que no es el centro de la atención.
·
la interacción
con los demás suele estar caracterizada por un comportamiento sexualmente
seductor o provocador.
·
muestra una
expresión emocional superficial y rápidamente cambiante.
·
utiliza
permanentemente el aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.
·
tiene una forma
de hablar excesivamente subjetiva y carente de matices.
·
muestra
autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.
·
es sugestionable,
por ejemplo, fácilmente influenciable por los demás o por las circunstancias.
·
considera sus
relaciones más íntimas de lo que son en realidad.
En
resumen, que podemos tener conductas histriónicas sin tener un trastorno histriónico
de la personalidad, con un histrionismo a baja dosis, tolerado por la sociedad…