lunes, 9 de marzo de 2009

Mi corazón se ancla en el ayer


Mi corazón se ancla en el ayer
y confunde el pasado y el futuro.
Se aferra a la nostalgia,
y piensa que todo es como antes,
negando el vuelo de la vida
se resiste a perderte por el horizonte.

Pobre y torpe se cree tu dueño
amparado en la escritura de promesas
de delirios amorosos juveniles.

Se olvidó de cultivar el huerto del amor
y dejo que los hierbajos lo arrasaran en el tiempo,
que otros plantaran su semilla furtiva
recogiendo el fruto clandestino.

Ahora, en la vejez,
no tengo fuerza para repoblarlo,
y los nobles y maduros frutos que requiero
no los dan los árboles sembrados.

Me siento solo, pues no supe cuidar
con arte de hortelano
el árbol de la savia fresca
que me diera la vida al final del camino.
Perdí la sombra refrescante y protectora,
espacio bucólico de encuentro,
que viera cumplidos mis proyectos
llevándome a un final sosegado
cobijado por el fruto de ese huerto


A modo de sentencia
me viene a la memoria los versos,
en vida retirada, de Fray Luis de León:


Del monte en la ladera,

por mi mano plantado, tengo un huerto,

que con la primavera

de bella flor cubierto

ya muestra en esperanza el fruto cierto.


Más yo, ya perdí mi primavera,
y la esperanza de la flor y el fruto cierto
que a la sombra ahora me nutriera.

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