domingo, 28 de enero de 2018

Antipoema insultante


En la entrada anterior hable de la antipoesía. Hoy querría hacer un pequeño ensayo de “antipeosía” , más o menos rítmica ¿“anticultural”, debería decir? No sé… en todo caso es un cúmulo de insultos airados ante un sujeto pelmazo, del que no te atreves a decir lo que piensas para no infringir las normas sociales. Son cuarenta insultos en 38 versos. El poema rompe la hipocresía de ese sujeto que se guarda en su coco lo que piensa del pelmazo, mientras pone cara de aceptación y escucha paciente ante la idiotez del otro. Al mismo tiempo, para darle un valor añadido, se definen los insultos, pues conocer el significado de las palabras insultantes forma parta del bagaje cultural de la ciudadanía, por lo que al final se señala esos significados.

Antipoema insultante
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¡Ozú!, que me tienes harto
que no te puedo aguantar
que me vas dando la vara
sin poderlo remediar.

Vete a la mierda chiquillo
y déjate de chorrás
que eres más pesao que el hambre
sin un mendrugo de pan.

Tienes cara de chinchoso
pinta de malafollá
la risa es de chirimbaina
la mira de carajote
un razonamiento vaina
con la mente de alcornoque.

Eres tonto de remate
un cenutrio cebollino
que con tipo de charrán
no deja de ser cretino.

Y si después de lo dicho
no entiendes lo que has leído
serás bellaco y belloto
berzotas y lechugino
lameculos y tramposo
por no decirte gorrino.

Te quies ir ya, tío zopenco
gaznápiro y gorrumino
chupóptero, ejarramantas
energúmeno, pollino
mierdaseca, pagafantas
panoli, peinabombillas
mentecato, tuercebotas
zampabollos y capullo;
un mindundi piltrafilla
que como lerdo ha nacido.

Te quies ir ya
mameluco y botarate
un mastuerzo y malasangre
vaya a hacer yo un disparate.



1.         Alcornoque: Persona ignorante y zafia.
2.         Bellaco: Canalla, bribón.
3.         Belloto: Personal muy bruta de origen rural
4.         Berzotas: Ignorante o necio.
5.         Botarate: Persona atolondrada y poco sensata.
6.         Capullo: Persona que hace faenas. Ingenuo, torpe, de poca experiencia.
7.         Carajote: Tonto del culo. También engreido.
8.         Cebollino: Persona torpe e ignorante.
9.         Cenutrio: Persona poco hábil o de corta inteligencia.
10.       Cretino: Estúpido, necio.
11.       Charrán: Pillo, tunante.
12.       Chinchoso: Molesta y pesada.
13.       Chirimbaina: Tonto, subnormal.
14.       Chupóptero: Individuo abusivo, explotador.
15.       Ejarramantas: Dícese de la persona poco culta o poco hábil en un trabajo o actividad.
16.       Energúmeno: Persona furiosa, encolerizada.
17.       Gaznápiro: Palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa
18.       Gorrino: Sucio, desaseado, que produce asco.
19.       Gorrumino: Cobarde, pusilánime, enclenque.
20.       Lameculos: Persona aduladora y servil.
21.       Lechugino: Persona joven demasiado arreglada y presumida.
22.       Lerdo: Lento y torpe para comprender y hacer algo
23.       Malafollá: Una mezcla de apatía, desgana y lo contrario de simpatía.
24.       Malasangre: Personal despreciable por sus malas intenciones. Cruel, vil.
25.       Mameluco: Necio y bobo, simple, zoquete....
26.       Mastuerzo: Torpe, necio.
27.       Mentecato: Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón.
28.       Mierdaseca: Tipejo sin oficio ni beneficio. Apollardao. Que tiene poco nervio para hacer las cosas.
29.       Mindundi: Persona insignificante o de poca categoría.
30.       Pagafantas: El 'pringao' pegado a la chica guapa, que no tiene ninguna posibilidad de ligársela pero que está acechando.
31.       Panoli: Simple y fácil de engañar.
32.       Peinabombillas: Tonto.
33.       Piltrafilla: Persona o cosa en muy mal estado
34.       Pollino: Persona simple, ignorante o ruda
35.       Tonto: Falta o escasa de entendimiento o de razón
36.       Tramposo: Embustero, petardista, mal pagador.
37.       Tuercebotas: Vagabundo o pordiosero que anda con los pies medio desnudos.
38.       Vaina: Persona poco seria e irresponsable.
39.       Zampabollos: Que come con ansia y en exceso.
40.       Zopenco: Tonto y bruto.


jueves, 25 de enero de 2018

ANTIPOESÍA


Tras la muerte, a los 103 años, del poeta chileno Nicanor Parra, hermano de la cantante Violeta Parra, premio Cervantes y también Reina Sofía de poesía iberoamericana, además de otros  galardones y reconocimientos, he indagado algo sombre su trayectoria y sobre la “antipoesía” que él promovió.

El prefijo anti no es la primera vez que condiciona algo mi vida, pues en la etapa que me dediqué a la salud mental anduve en contacto con las teorías de la “antipsiquiatría”. Fueron momentos especiales, donde unas nuevas concepciones de la psiquiatría ponían en entredicho las teorías y tratamientos clásicos, al amparo de la movida de contenido social y político que se daba en la transición; con ello se identificaba, al denominado paciente, como un síntoma de la patología social que lo había generado y etiquetado como tal para hacer de él un chivo expiatorio de los males de una sociedad enferma. Por tanto se debía retornar a su lugar, integrarlo, con sus características singulares, en la sociedad que lo parió, sacándolo del manicomio. A partir de aquí venía un debate que confrontaba a la sociedad con su realidad generadora de las llamadas patologías clínicas y de los etiquetados que arrojaban al paciente a la marginación. En estas circunstancias y durante 10 años anduve implicado en una reforma que, con sus errores y aciertos, hicieron cambiar la dinámica de asistencia sanitaria en el mundo de la psiquiatría, integrando esta patología en el sistema nacional de salud como una enfermedad más a tratar. Si bien el camino es largo y no concluyó aún, al seguir existiendo cierta marginalidad de la locura, se consiguió un importante paso al despertar la conciencia profesional y social  y otorgar al “paciente psiquiátrico” otro rango en una sociedad más abierta y menos marginadora.

Esta breve descripción sobre otra teoría que se define con el prefijo “anti” puede que condicione mi visión de la “antipoesía”, pero creo que hay rasgos comunes entre ambas cuestiones desde su significancia refutadora y rompedora del sistema clásico en los dos mundos. Creo que ambas comparten esta intencionalidad rompedora, con su idea revolucionaria de cambio para establecer vías alternativas de expresión y/o análisis del problema.

La “antipoesía” trasgrede y rompe normas más allá del propio verso blanco o rima libre, aflorando sentires y emociones descritas, casi desde la vulgaridad, con esa concepción iconoclasta, entendiéndola como la negación y rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos. De aquí que Nicanor Parra, atacara o cuestionara a grandes poetas de trascendencia universal, ya que la “antipoesía” es más directa, coloquial y provista de dichos populares, y se opuso a la imperante en su país a mediados del siglo XX, encabezada fundamentalmente por Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha.​ Bajo mi opinión, esta tendencia no está exenta de rechazo y, en cierto sentido de mofa o ridiculización, hacia lo clásico, retomando formas expresivas rayanas en lo vulgar y cotidiano de la vida social.

Por tanto, al igual que la “antipsiquiatría”, es rompedora, innovadora, revolucionaria y cultiva la fluidez desde la expresión popular en su sentido más amplio. En todo caso, ¿es necesario romper y denostar la existente para cambiar? Como requisito de desarrollo y maduración, siempre es necesario competir con el poder de lo antiguo hasta relevarlo o conquistarle la parcela que se pretende, en función de la capacidad homeostática del sistema o de la apertura de mente y de la membrana protectora que envuelve al grupo en el poder. Es muy normal tener que competir y pelear con quien ocupa o define el poder y los espacios de modelos imperantes, para encontrar el propio.

¿Es poesía la “antipoesía”? Por definición no debería serlo ya que en el propio nombre lleva implícito el rechazo a ese concepto. Pero al tratarse de oposición o rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos que conforman la poesía en su sentido clásico y actual, cabe pensar que lo que pretende es buscar su lugar en el mundo poético como otra concepción expresiva de la lírica, rompiéndola y llevándola a la expresividad vulgar y popular, creando espacios asequibles al pueblo llano, y desprendiendo la poesía de la tutela exclusiva de las élites. En todo caso, el recurso a la ironía es, prácticamente, una constante y la necesidad de libertad absoluta para expresarse es incuestionable, sin ella no habría “antipoesía” dada su trasgresión de la norma como su esencia misma. Nicanor Parra defendió que la poesía estaba en las cosas inmediatas, en la tierra, en el aire, en la oralidad perdida. Sólo había que encontrarla y bajarla al suelo, donde despliega por sí misma sus muchas razones.

En este sentido, para un mejor contacto y conocimiento, transcribo unos ¿habría que decir “antiversos”? de su “antipoema”: Canción para pasar el sombrero, donde un mendigo canta sus males para pedir la limosna.
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Compadézcanse de este pobre cornudo
no dispongo de otra forma de ingresos.

Ahora que voy a decir una cosa por otra
sufro de una enfermedad incurable
contraída en la más tierna infancia:
tengo todo el lado derecho paralizado
me puedo morir en cualquier momento.

Mi enfermedad se llama encefalitis letárgica.

Para colmo de males
acaban de operarme de la vesícula
si les parece les muestro la cicatriz.

Ay!… No tengo paz en ninguna parte
para qué voy a decir una cosa por otra
los pelusas del barrio me persiguen tirándome piedras
hay que ser bien caído del catre
para reírse de un pobre viejo zarrapastroso
que no tiene ni donde caerse muerto.
Si mi querido abuelo estuviera vivo
yo no tendría que andar pidiendo limosna
¡otro gallo muy diferente me cantaría!

Dicho sea de paso tengo que juntar diecisiete dólares
antes que me venga el ataque
para pagar mi dosis de heroína
a buen entendedor pocas palabras
si no me dan por la buena
van a tener que darme por la mala
para qué vamos a decir una cosa por otra
yo soy bien hombrecito en mis cosas
arriba las manos maricones de mierda
vamos saltando o les saco la chucha!

(De su libro: El último apaga la luz. Obra Selecta)

Este poema o “antipoema” es de una contundencia tremenda. Refleja la situación de un mendigo que hace un repaso a los males que le han llevado a mendigar, y los va expresando de forma descarada, insolente y grosera. Es por tanto una de las realidades sociales que nos encontramos en esa sociedad cargada de injusticia y marginalidad y que vamos viendo en el día a día. He presenciado en más de una ocasión al pedigüeño que relata los males que arrastra y le llevan a pedir, mas cuando no se le da nada insulta, incluso, amenaza al que le negó la ayuda.

Concluyo que, para mí, los elementos identificadores de la “antipoesía” son: la ironía, innovación, ruptura, burla a los poderes políticos y religiosos, vulgaridad expresiva, disidencia social, trasgresión de la norma… siendo más directa y coloquial, exenta de rima y métrica aunque no de ritmo, además de otros que posiblemente le podamos adosar. 

Dejo este enlace a YouTube donde se recita el poema trascrito en parte, con un fondo de canto gregoriano: Canción para pasar el sombrero.


martes, 16 de enero de 2018

La obligación de pensar.


Entiendo que cada uno tiene sus habilidades. Yo escribo. Y escribo para mí, básicamente para mí. Pero publico lo que escribo porque puede haber gente que comparta gustos conmigo, porque mi forma de escribir le permita sentir cosas, porque mi expresión la pueda hacer suya y, no teniendo habilidad para expresarlo, se sientan identificados con mi texto.

Escribir es pensar. Y pensar es crecer, porque el que piensa deduce y saca conclusiones y al hacerlo aprende y crece. El ser humano ha venido al mundo para crecer, para pensar, por eso se diferencia de los otros animales. Cada uno tiene una obligación consigo mismo y con la sociedad. Esa obligación es el ejercer de ser humano, de pensar y aportar su pensamiento al conjunto de la ciudadanía… pero sin estridencias, sin querer que el pensamiento propio sea el definitivo, el único válido, el que se ha de imponer, sino entenderlo como un pensamiento complementario a los demás, como otra visión del mundo, de la verdad cósmica, que suma desde otra perspectiva, desde otro lugar donde solo está ubicado el pensador.

No obstante, eso no quiere decir que uno no defienda como verdad su pensamiento por encima de los otros, sino que, estando seguro de que su idea es la verdadera, está dispuesto a modificarla si se le demuestra que está equivocado, y eso requiere una mente abierta. En todo caso, hablamos de una actitud asertiva, en la defensa de los principios, derechos o ideas propios (La asertividad implica una estrategia y estilo de comunicación que la sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestros derechos; y por otro lado tenemos la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás).

Para pensar libremente, sin estar sometido al pensamiento impositivo ajeno y su dominio manipulador, se ha de apartar uno del mundanal ruido, de las influencias interesadas de los grupos y sus líderes, de la imposición del pensamiento de sujetos ijnmaduros que no comprenden que el pensamiento del otro es el fruto de otro huerto que ha hecho crecer la perspectiva del mundo, la realidad existente aunque no nos guste. El librepensador, a veces, se siente solo, porque es lógico que así sea, porque no se somete al grupo que le pueda acompañar con su alabanza, utilizada a modo conductista de su propia actitud, conducta y razón.

El poder o el dominio y adaptación al entorno, intrínsecamente reside en el pensar, en la capacidad de razonar, de concluir, de tener clara conciencia de la realidad y de las variables que la condicionan. La evolución del ser humano como tal se da por el pensamiento, por la comprensión del entorno, de sus leyes y de la interacción de la propia naturaleza. El ser humano tiene su hándicap en comprender su mundo, porque todo está en el mundo, solo ha de descubrir lo que ya existe para desarrollarlo, conseguir la técnica para sacar a flote lo existente. ¿Cómo iban a imaginar los filósofos griegos los vuelos de aviones, los teléfonos móviles, la tele, la robótica y mil cosas que hoy parecen juegos de niños? Sin embargo orientaron el pensamiento filosófico, el desarrollo de la capacidad de pensar racionalmente, sin dejarse llevar por las apariencias, sino por el profundo conocimiento desde la competencia en la materia del razonamiento.

Pero no quiero perderme en disquisiciones filosóficas, que no es mi tema, sino centrarme en que, con mayor o menor competencia o capacidad para razonar según los conocimientos, todos estamos obligados a pensar para realizarnos como seres humanos libres. Pero pensar sin ataduras, sin subordinaciones, sin sumisiones, sino desde el propio e independiente criterio. Con creatividad e imaginación, viendo más allá de la realidad visible. Luego lo contrastaremos, lo validaremos, si ello es posible, en relación al pensamiento ajeno y sus aportaciones que clarifiquen el nuestro.

Yo he pensado desde tiempo lejano, que el ser humano tiene dos referentes de desarrollo personal, dos parámetros para medir y comparar la evolución de su propio desarrollo. Hay una valoración intrapersonal, donde se analiza los cambios que se van desarrollan con respecto a uno mismo, a los estadios anteriores, a lo que éramos antes y somos ahora. Antes no sabía esto, pero ahora lo sé; antes no conocía aquello, pero ahora sí…  me he superado, he crecido respecto a lo que era. Eso es la evaluación intrasujeto, comparándose con uno mismo. Puede ser muy gratificante en función de los objetivos que nos vayamos poniendo, porque nunca debemos ponernos objetivos inalcanzables para no frustrarnos. Los objetivos de desarrollo personal deben ser asequibles y realizables, escalonados, para subir seguro la escalera que nos lleva a la cima. 

Luego está la evaluación intersujetos. Eso quiere decir que nos comparamos con los demás. De aquí puede surgir lo verdaderamente frustrante, la que nos lleva, por lo general, a sentirnos más o menos que los otros. Cuando somos vencidos, es posible que huyamos del combate, que nos apartemos de la lucha y que renunciemos a crecer en ese terreno donde los demás son superiores (yo no sirvo para ello, nos diremos). En esta actitud de competencia se nos suele educar. Competimos, confrontamos, porque lo importante es ganar, es quedar por encima del otro, para elevar la autoestima y adquirir poder y dominio. Es la filosofía de que la vida es una lucha con los otros, lucha por el dominio y el poder, por ser más, por ubicarnos en la clase social que deseamos. En el fondo, este pensamiento, no se sustentaría sobre la propia evolución (eso de valoración intrasujeto), sino sobre la comparativa con el otro, porque lo importante no es que yo alcanza los mejores niveles que pueda alcanzar, sino que supere al otro… soy más alto porque el otro es más bajo; soy más guapo por que el otro es más feo; si le rompo la cara no seré más guapo de lo que era, pero seré más guapo que él y le ganaré en el mercado de la belleza. Error, craso error, casi siempre del entorno, de los propios padres, que nos quieren líderes y los mejores del mundo.

Pero si antes vemos y analizamos nuestras posibilidades y establecemos un diagnóstico preciso con relación a los otros, sabremos donde no podemos competir en la comparación intersujetos, pero sí mejorar en la comparación intrasujeto. Pensar por mí mismo y mejorar mi pensamiento. Conocer el de los demás pero para conseguir llegar a su nivel de entendimiento si es posible, aceptando donde estoy, mis limitaciones y mi necesidad de seguir creciendo.

Cada ser humano tiene un camino distinto, su propio camino, su karma, que lo ha de recorrer solo, aceptando ayuda para orientarse pero nunca para evitar hacerlo, ni que se lo hagan otros o hacer el camino que marque el otro, ese será el de ellos, pero no el tuyo.  No envidies el camino ajeno, que no lo conoces. No renuncias al tuyo que es el que tienes la obligación de recorrer. Pero el tuyo no es un sino, es el camino que se hace al andar, como decía el poeta, es el que te es permitido recorrer en función de tu propio aprendizaje, de tu capacidad para verlo y transitarlo.

Por eso, amigo, yo puedo ser catedrático, médico, ingeniero, arquitecto u obispo… y tú campesino, carpintero o albañil, pero entre ambos no hay mucha diferencia, solo está el lugar y el camino a recorrer. En cada uno de ellos seguiremos caminando hasta llegar al final, que, al fin y al cabo, será el mismo, la muerte. Y en la muerte, un buen carpintero o campesino, es igual de importante que un buen ingeniero o catedrático… cada cual dejó su impronta en el mundo, si supo hacer bien su trabajo, si supo recorrer el camino que le fue dado hasta el final… y para conseguirlo ambos debieron utilizar su pensamiento, su creatividad, su razonamiento para hacer bien su cometido, que siempre implica la motivación para crecer, estés donde estés. El que no piensa, el que se entrega al pensamiento de otro, por ideología o religión, quien renuncia al intento de comprender, incluso, lo incomprensible, está renunciando y esquivando su camino evolutivo. 

Duda, piensa, analiza, razona, comprende y crece… porque si tú creces crecen los demás contigo, porque tu crecimiento se queda aquí como la herencia mayor del ser pensante para sus hijos y semejantes, para la sociedad madura en proceso evolutivo.

Cuando naces se te regala un capital. Ese capital es tu inteligencia. Durante la vida, haciendo el camino, lo has de gestionar. Cuando mueres deberías dar cuenta de lo que has hecho con ella. Si tenías para dar 100 y diste 60 mereces menos reconocimiento que el que tenía 10 y dio 9. Dio menos que tú, pero tú diste un 60% y él un 90%. Todo es relativo en ese sentido, en función de donde partas.


Piensa amigo, piensa… y si te he hecho pensar con mi propio pensamiento, me sentiré contento porque ejercerás la suma libertad de la persona, que está en su pensamiento. El que piensa ha de ser libre y cultiva el camino de la libertad, y sobre todo el de la creatividad, que no es otra cosa que el descubrir potenciales ocultos y realidades ignotas que estando ahí no sabemos llegar a ellas. 

lunes, 1 de enero de 2018

MIS DESEOS PARA 2018



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Parece que, como siempre, el fin de año nos lleva a pensar, a meditar sobre lo que hemos hecho y no hecho y, sobre ello, sembrar nuevos deseos para el futuro a modo de objetivos. Pero lo cierto es que, a lo largo de la vida y la existencia del ser humano, es una constante la búsqueda de la razón de esa propia existencia y del marco en que se desarrolla. Filosofamos sobre ello, racionalizamos lo conocido e inventamos o hipotetizamos lo desconocido, pero siempre con esa necesidad inexorable de saber y justificar el gran objeto de la vida. Cada civilización se sintió en poder de la verdad y acabó imponiéndose sobre otras con esa pseudoverdad; pero la verdad es algo más grande, algo que se escapa a nuestro conocimiento, que se persigue a lo largo de la vida sin encontrarla, como dos líneas asintóticas que se acercan pero no se encuentran. La verdad está en el cosmos, en sus leyes y esencias, y nosotros somos una proyección del cosmos, por lo que la verdad puede que esté en nuestro propio interior. Mantenemos su precario, y a la vez dinámico, equilibrio energético y estamos sujetos a impulsos y avatares incontrolables desde nuestra nimiedad. Podemos creer en dioses creadores, protectores y tutelares, podemos rebelarnos contra el orden del poder humano y buscar la verdad a través de la ciencia y el conocimiento derivado de la razón, o ahondar cada cual en su interior para encontrase con uno mismo desde la libertad personal y ofrecer sus hallazgos a los demás por si les son de utilidad. Pero danzando desde lo unitario a lo colectivo, desde el ser individual al ser social, iremos descubriendo que la unidad forma parte del todo y el todo puede vivir sin la unidad, pero la unidad es imposible que sobreviva sin el todo… el cosmos sin ti, existe, pero tú sin el cosmos no, puesto que este es la base de tu sustento y existencia.

En ese equilibrio y relación con el cosmos se da la trascendencia, a la que muchos buscaron la viabilidad a través de las religiones o de la proyección cósmica del hombre. Siempre anduvimos buscando esa razón, esa ley cargada de misterio y misticismo que lo explicara todo, siempre buscamos soluciones, más o menos sencillas, a la eterna pregunta existencial.

Este año, en estas fechas, yo quiero romper una lanza por esa otra visión que permita armonizar al ser humano con el universo que nos soporta, con el mundo y su gente, con la convivencia como elemento de sostenibilidad de la vida en común, entre lo unitario y lo colectivo. Por eso recurro al antropocosmos de René Schwaller, al hombre de Vitruvio y al dibujo de Leonardo da Vinci como soporte del deseo de equilibrio entre la gente, entre el hombre y el cosmos. Mis deseos los fundamento en principios, actitudes y conductas que faciliten esa convivencia en paz para que el ser humano pueda dedicarse a su propio desarrollo, a su autorrealzación, sin sumisión a poderes interesados y encorsetadores que lo esclavicen y enfrente a los demás. La suma libre y comprometida de los seres humanos es la garantía de la evolución de la especie.

René Schwaller de Lubicz en su obra maestra El Templo del Hombre, fruto de una larga investigación del Egipto faraónico, encontró en el templo de Luxor la representación de un hombre, el Antropocosmos, el hombre universal o arquetípico, cuya figura fue completada de manera idealizada en las diversas construcciones del templo, donde también encontró iterado la proporción áurea, phi, φ. De aquí bebió el arquitecto Vitruvio (que le da nombre al dibujo de da Vinci) para establecer las proporciones de la figura humana bien formada, entendiendo que el hombre es la medida de todas las cosas… el Antropocosmos representado en Luxor.

La privilegiada inteligencia de Leonardo da Vinci plasmó en estas medidas la cuadratura del círculo, consiguiendo representar en una misma figura humana, sometida a esas proporciones, un círculo y un cuadrado de la misma superficie, un equilibrio entre lo imposible como algo posible, tal como puede verse en el dibujo “davinciano”. Por ello, el hombre de Vitruvio de Da Vinci, es tan significativo, un verdadero emblema de una forma de pensamiento que conjuga ideas filosóficas, matemáticas y alquímicas y se inscribe dentro de una mentalidad analógica. Como expresó John Mitchell: "Hombre, templo y cosmos eran vistos idénticos, y bajo este entendimiento se erigió toda la filosofía y la ciencia del mundo antiguo".

Como ya he dicho, este año quiero tomarlo como soporte de mis pretensiones, para desear a mis amigos ese equilibrio, no solo físico, sino mental, que permita sentirse una proyección del universo que habitamos, armonía del cosmos interior y astral, que proyecte la paz y los sentimientos que expongo. Tal vez, como vengo insistiendo, el hombre encuentre la verdad a través de su nimiedad cósmica, siendo una representación, en sí mismo, del cosmos y las leyes que lo rigen.

En torno a la figura plasmo mis deseos. En el centro identifico el año, pero coloco dos estrellas que determinan la vida y el progreso de la persona y la sociedad: Una en la frente, a modo de tercer ojo asociado al despertar de la conciencia, vinculado al conocimiento profundo de uno mismo, a lo intrínsecamente espiritual, a la esencia inefable de cada ser humano. También lo vinculo al cerebro, donde habita la razón que nos lleva al conocimiento de la ciencia, junto a la fantasía intuitiva, que nos hace utópicos, aflorando la creatividad, donde se ubica la racionalidad del ser humano y su discernimiento, pero también las emociones y sentires que soportan nuestros impulsos y voluntades. Otra estrella en el sexo, que mueve la creación de la vida para perpetuar la especie, que transmite los mensajes genéticos que van consolidando el desarrollo del ser humano, que condiciona y enmarca la relaciones de la necesidad, el deseo y el amor para llevarnos a la trascendencia. En el centro, dejo al descubierto el ombligo del hombre, que es el ombligo del mundo, por donde se va introduciendo el nutriente que permite al feto su alimento hasta formar al ser humano, la conexión entre la nada cósmica y lo material que soporta la vida.

Finalmente, cada deseo tiene su explicación conformando un todo que, bajo mi modesta opinión, enmarca las esencias de las relaciones humanas y su crecimiento solidario. Por tanto, amigos y amigas, estos son mis deseos para todos vosotros…

1.       PAZ: Para  poder  dedicarte  a  crecer  sin  tener  que  emplear tu tiempo en defenderte de las agresiones.
2.       SALUD: Que te otorgue la energía necesaria para afrontar los retos de la vida.
3.       ALEGRÍA: Para compartir con tus amigos la sonrisa que da inicio a la felicidad.
4.       FELICIDAD: Para que sientas la plenitud y la esencia de las pequeñas cosas.
5.       EMPATÍA: Para comprender a los demás sin juzgarlos.
6.       IGUALDAD: Para que sientas a los seres humanos desde el respeto a la diversidad.
7.       CREATIVIDAD:  Para  que  desarrolles  la  espiral  de  tus  potencialidades y la ofrezcas a los demás.
8.       SOLIDARIDAD: Para  que  no  te  olvides  de  los  que sufren la injusticia, la explotación y la miseria.
9.       INOCENCIA: Para fundamentar la afabilidad y sencillez que te lleve a la bonhomía.
10.   SERENIDAD: Para reflexionar y elaborar el juicio de la sabiduría.
11.   RESPETO: Para saber dónde poner los límites de los propio y lo ajeno.
12.   DIÁLOGO: Para que transmitas tus ideas y te nutras de las de los demás.
13.   AMISTAD Y AMOR: Para que sientas la hermosura de amar y ser amado.
14.   ILUMINACIÓN: Para que tu mente razone sabiamente y comprenda la esencia de la vida.
15.   LIBERTAD RESPONSABLE: Para que tengas la tuya y respetes la de los demás.
16.   JUSTICIA DISTRIBUTIVA:  Para  que  los  recursos  de la madre tierra garanticen la vida digna de cada ser humano.
17.   PROGRESO Y DESARROLLO PERSONAL: Para cumplir todos tus buenos objetivos.
18.   FORTALEZA: Para que puedas conseguir tus propósitos con constancia y asertividad.
19.   SENTIDO COMÚN, porque otro mundo es posible y podemos conseguirlo.