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domingo, 16 de diciembre de 2018

Entre los olivos verdes (Poema a Federico)



Ayer se dieron cita grandes rapsodas y algún que otro poeta, a los que me uní por invitación de Ricardo. Francis Portillo, Ruiz de León, Pepi Zea y Ricardo del Pino mostraron sus excelentes dotes de rapsodas. Yo, entre otros, di lectura a mi poema sobre la muerte de Federico García Lorca. Gustó hasta interesarse Portillo en él y pedirme la copia en papel que llevaba. En Uruguay también gustó cuando lo leí en el Encuentro de poetas y narradores de Punta del Este y en el homenaje que le organizamos en ASPROJUMA a Federico por el 120 aniversario de su nacimiento. Hoy quiero exponerlo aquí para vosotros y espero que también os guste. En él intento hacer jugar a muchos de los personajes que integraron su obra, a los que Preciosa (Preciosa y el aire) convoca gritando entre los olivos verdes para que acudan al duelo en la casa de Bernarda (Bernarda Alba). Pero léelo a ver si te gusta con su matiz lorquiano para adaptarse mejor al poeta de Fuente Vaqueros.

ENTRE LOS OLIVOS VERDES
(A Federico García Lorca)

Entre los olivos verdes
marcha la negra guadaña,
buscando va a Federico
para abrirle las entrañas.

San Cristobalón desnudo
desde un caballo de plata
ve pasar la pena negra
acompañando a la parca.

Y hasta el viento que lo lleva
desolado por la  infamia
queda preso de su espanto
al presentir la desgracia.

Ya lo llevan a los campos
en una noche estrellada
con su conjura de muerte
al llegar la madrugada.

Y entre los olivos verdes
brotan golpes y amenazas
hasta escucharse a lo lejos
un disparo que lo mata.

La luna de pergamino
va derramando su alma
al ver a los asesinos
profanar la luz del alba.

Entre los olivos verdes
corre Preciosa espantada
mesándose lo cabellos
gritando desesperada.

Llama a Antoñito el Camborio,
busca por todas las plazas
a Ignacio Sánchez Mejías
y ve a Soledad Montoya
con la faz desencajada
semblando un cuadro de Goya.

Hasta Paquiro y su hermano
dejaron de discutir,
en este mundo gitano,
que es día de luto y sufrir.

Y Preciosa con sus gritos
va llamando en la alborada
para plañir en el duelo
en la casa de Bernarda.

Lloran estrellas fugaces
en lluvia desesperada.
La luna de los gitanos
va gimiendo la desgracia
asomándose al barranco
dejando enlutada el alba.

¡Ay! luna de pergamino,
luna de frígida plata,
escóndete entre las nubes
escóndete entre la jara,
no le des luz a los campos
en esta noche tan trágica.

Tragedia,
Bodas de sangre
en la tierra derramada
que ha dejado de ser Yerma
para preñarse en su savia,
para acoger la semilla
que dé su fruto mañana.

En tanto,
Mariana Pineda,
banderas de libertad
sigue bordando en su casa
sin enterarse siquiera
de tanta y tanta desgracia.

Mientras que en el viento bailan
canciones de amor y pena
suenan guitarras de plata
tocadas por los gitanos
entre zorongos y zambras.

Y entre los olivos verdes
sombras de sangre y de nácar
van jugando entre las ramas
como si fueran fantasmas.

La muerte se fue contenta
y a Federico llevaba,
se lo arrebató a la vida
la fuerza de su guadaña.

Desde entonces en el cielo
suena una zambra gitana,
y de pena y sufrimiento
quedó la tierra preñada.

Entre los olivos verdes
corre Preciosa espantada
mesándose los cabellos
gritando desesperada,
a casa de los ingleses
para ver sí ellos lo salvan…

Federico no se ha muerto
por mucho que lo mataran,
siguen danzando en el aire
sus versos y sus palabras
mecidos por esa luna
en una cuna de plata
mientras le canta una nana
herida de amor y magia.
Federico no está muerto…

Autor: Antonio Porras Cabrera

domingo, 28 de enero de 2018

Antipoema insultante


En la entrada anterior hable de la antipoesía. Hoy querría hacer un pequeño ensayo de “antipeosía” , más o menos rítmica ¿“anticultural”, debería decir? No sé… en todo caso es un cúmulo de insultos airados ante un sujeto pelmazo, del que no te atreves a decir lo que piensas para no infringir las normas sociales. Son cuarenta insultos en 38 versos. El poema rompe la hipocresía de ese sujeto que se guarda en su coco lo que piensa del pelmazo, mientras pone cara de aceptación y escucha paciente ante la idiotez del otro. Al mismo tiempo, para darle un valor añadido, se definen los insultos, pues conocer el significado de las palabras insultantes forma parta del bagaje cultural de la ciudadanía, por lo que al final se señala esos significados.

Antipoema insultante
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¡Ozú!, que me tienes harto
que no te puedo aguantar
que me vas dando la vara
sin poderlo remediar.

Vete a la mierda chiquillo
y déjate de chorrás
que eres más pesao que el hambre
sin un mendrugo de pan.

Tienes cara de chinchoso
pinta de malafollá
la risa es de chirimbaina
la mira de carajote
un razonamiento vaina
con la mente de alcornoque.

Eres tonto de remate
un cenutrio cebollino
que con tipo de charrán
no deja de ser cretino.

Y si después de lo dicho
no entiendes lo que has leído
serás bellaco y belloto
berzotas y lechugino
lameculos y tramposo
por no decirte gorrino.

Te quies ir ya, tío zopenco
gaznápiro y gorrumino
chupóptero, ejarramantas
energúmeno, pollino
mierdaseca, pagafantas
panoli, peinabombillas
mentecato, tuercebotas
zampabollos y capullo;
un mindundi piltrafilla
que como lerdo ha nacido.

Te quies ir ya
mameluco y botarate
un mastuerzo y malasangre
vaya a hacer yo un disparate.



1.         Alcornoque: Persona ignorante y zafia.
2.         Bellaco: Canalla, bribón.
3.         Belloto: Personal muy bruta de origen rural
4.         Berzotas: Ignorante o necio.
5.         Botarate: Persona atolondrada y poco sensata.
6.         Capullo: Persona que hace faenas. Ingenuo, torpe, de poca experiencia.
7.         Carajote: Tonto del culo. También engreido.
8.         Cebollino: Persona torpe e ignorante.
9.         Cenutrio: Persona poco hábil o de corta inteligencia.
10.       Cretino: Estúpido, necio.
11.       Charrán: Pillo, tunante.
12.       Chinchoso: Molesta y pesada.
13.       Chirimbaina: Tonto, subnormal.
14.       Chupóptero: Individuo abusivo, explotador.
15.       Ejarramantas: Dícese de la persona poco culta o poco hábil en un trabajo o actividad.
16.       Energúmeno: Persona furiosa, encolerizada.
17.       Gaznápiro: Palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa
18.       Gorrino: Sucio, desaseado, que produce asco.
19.       Gorrumino: Cobarde, pusilánime, enclenque.
20.       Lameculos: Persona aduladora y servil.
21.       Lechugino: Persona joven demasiado arreglada y presumida.
22.       Lerdo: Lento y torpe para comprender y hacer algo
23.       Malafollá: Una mezcla de apatía, desgana y lo contrario de simpatía.
24.       Malasangre: Personal despreciable por sus malas intenciones. Cruel, vil.
25.       Mameluco: Necio y bobo, simple, zoquete....
26.       Mastuerzo: Torpe, necio.
27.       Mentecato: Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón.
28.       Mierdaseca: Tipejo sin oficio ni beneficio. Apollardao. Que tiene poco nervio para hacer las cosas.
29.       Mindundi: Persona insignificante o de poca categoría.
30.       Pagafantas: El 'pringao' pegado a la chica guapa, que no tiene ninguna posibilidad de ligársela pero que está acechando.
31.       Panoli: Simple y fácil de engañar.
32.       Peinabombillas: Tonto.
33.       Piltrafilla: Persona o cosa en muy mal estado
34.       Pollino: Persona simple, ignorante o ruda
35.       Tonto: Falta o escasa de entendimiento o de razón
36.       Tramposo: Embustero, petardista, mal pagador.
37.       Tuercebotas: Vagabundo o pordiosero que anda con los pies medio desnudos.
38.       Vaina: Persona poco seria e irresponsable.
39.       Zampabollos: Que come con ansia y en exceso.
40.       Zopenco: Tonto y bruto.


jueves, 25 de enero de 2018

ANTIPOESÍA


Tras la muerte, a los 103 años, del poeta chileno Nicanor Parra, hermano de la cantante Violeta Parra, premio Cervantes y también Reina Sofía de poesía iberoamericana, además de otros  galardones y reconocimientos, he indagado algo sombre su trayectoria y sobre la “antipoesía” que él promovió.

El prefijo anti no es la primera vez que condiciona algo mi vida, pues en la etapa que me dediqué a la salud mental anduve en contacto con las teorías de la “antipsiquiatría”. Fueron momentos especiales, donde unas nuevas concepciones de la psiquiatría ponían en entredicho las teorías y tratamientos clásicos, al amparo de la movida de contenido social y político que se daba en la transición; con ello se identificaba, al denominado paciente, como un síntoma de la patología social que lo había generado y etiquetado como tal para hacer de él un chivo expiatorio de los males de una sociedad enferma. Por tanto se debía retornar a su lugar, integrarlo, con sus características singulares, en la sociedad que lo parió, sacándolo del manicomio. A partir de aquí venía un debate que confrontaba a la sociedad con su realidad generadora de las llamadas patologías clínicas y de los etiquetados que arrojaban al paciente a la marginación. En estas circunstancias y durante 10 años anduve implicado en una reforma que, con sus errores y aciertos, hicieron cambiar la dinámica de asistencia sanitaria en el mundo de la psiquiatría, integrando esta patología en el sistema nacional de salud como una enfermedad más a tratar. Si bien el camino es largo y no concluyó aún, al seguir existiendo cierta marginalidad de la locura, se consiguió un importante paso al despertar la conciencia profesional y social  y otorgar al “paciente psiquiátrico” otro rango en una sociedad más abierta y menos marginadora.

Esta breve descripción sobre otra teoría que se define con el prefijo “anti” puede que condicione mi visión de la “antipoesía”, pero creo que hay rasgos comunes entre ambas cuestiones desde su significancia refutadora y rompedora del sistema clásico en los dos mundos. Creo que ambas comparten esta intencionalidad rompedora, con su idea revolucionaria de cambio para establecer vías alternativas de expresión y/o análisis del problema.

La “antipoesía” trasgrede y rompe normas más allá del propio verso blanco o rima libre, aflorando sentires y emociones descritas, casi desde la vulgaridad, con esa concepción iconoclasta, entendiéndola como la negación y rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos. De aquí que Nicanor Parra, atacara o cuestionara a grandes poetas de trascendencia universal, ya que la “antipoesía” es más directa, coloquial y provista de dichos populares, y se opuso a la imperante en su país a mediados del siglo XX, encabezada fundamentalmente por Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha.​ Bajo mi opinión, esta tendencia no está exenta de rechazo y, en cierto sentido de mofa o ridiculización, hacia lo clásico, retomando formas expresivas rayanas en lo vulgar y cotidiano de la vida social.

Por tanto, al igual que la “antipsiquiatría”, es rompedora, innovadora, revolucionaria y cultiva la fluidez desde la expresión popular en su sentido más amplio. En todo caso, ¿es necesario romper y denostar la existente para cambiar? Como requisito de desarrollo y maduración, siempre es necesario competir con el poder de lo antiguo hasta relevarlo o conquistarle la parcela que se pretende, en función de la capacidad homeostática del sistema o de la apertura de mente y de la membrana protectora que envuelve al grupo en el poder. Es muy normal tener que competir y pelear con quien ocupa o define el poder y los espacios de modelos imperantes, para encontrar el propio.

¿Es poesía la “antipoesía”? Por definición no debería serlo ya que en el propio nombre lleva implícito el rechazo a ese concepto. Pero al tratarse de oposición o rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos que conforman la poesía en su sentido clásico y actual, cabe pensar que lo que pretende es buscar su lugar en el mundo poético como otra concepción expresiva de la lírica, rompiéndola y llevándola a la expresividad vulgar y popular, creando espacios asequibles al pueblo llano, y desprendiendo la poesía de la tutela exclusiva de las élites. En todo caso, el recurso a la ironía es, prácticamente, una constante y la necesidad de libertad absoluta para expresarse es incuestionable, sin ella no habría “antipoesía” dada su trasgresión de la norma como su esencia misma. Nicanor Parra defendió que la poesía estaba en las cosas inmediatas, en la tierra, en el aire, en la oralidad perdida. Sólo había que encontrarla y bajarla al suelo, donde despliega por sí misma sus muchas razones.

En este sentido, para un mejor contacto y conocimiento, transcribo unos ¿habría que decir “antiversos”? de su “antipoema”: Canción para pasar el sombrero, donde un mendigo canta sus males para pedir la limosna.
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Compadézcanse de este pobre cornudo
no dispongo de otra forma de ingresos.

Ahora que voy a decir una cosa por otra
sufro de una enfermedad incurable
contraída en la más tierna infancia:
tengo todo el lado derecho paralizado
me puedo morir en cualquier momento.

Mi enfermedad se llama encefalitis letárgica.

Para colmo de males
acaban de operarme de la vesícula
si les parece les muestro la cicatriz.

Ay!… No tengo paz en ninguna parte
para qué voy a decir una cosa por otra
los pelusas del barrio me persiguen tirándome piedras
hay que ser bien caído del catre
para reírse de un pobre viejo zarrapastroso
que no tiene ni donde caerse muerto.
Si mi querido abuelo estuviera vivo
yo no tendría que andar pidiendo limosna
¡otro gallo muy diferente me cantaría!

Dicho sea de paso tengo que juntar diecisiete dólares
antes que me venga el ataque
para pagar mi dosis de heroína
a buen entendedor pocas palabras
si no me dan por la buena
van a tener que darme por la mala
para qué vamos a decir una cosa por otra
yo soy bien hombrecito en mis cosas
arriba las manos maricones de mierda
vamos saltando o les saco la chucha!

(De su libro: El último apaga la luz. Obra Selecta)

Este poema o “antipoema” es de una contundencia tremenda. Refleja la situación de un mendigo que hace un repaso a los males que le han llevado a mendigar, y los va expresando de forma descarada, insolente y grosera. Es por tanto una de las realidades sociales que nos encontramos en esa sociedad cargada de injusticia y marginalidad y que vamos viendo en el día a día. He presenciado en más de una ocasión al pedigüeño que relata los males que arrastra y le llevan a pedir, mas cuando no se le da nada insulta, incluso, amenaza al que le negó la ayuda.

Concluyo que, para mí, los elementos identificadores de la “antipoesía” son: la ironía, innovación, ruptura, burla a los poderes políticos y religiosos, vulgaridad expresiva, disidencia social, trasgresión de la norma… siendo más directa y coloquial, exenta de rima y métrica aunque no de ritmo, además de otros que posiblemente le podamos adosar. 

Dejo este enlace a YouTube donde se recita el poema trascrito en parte, con un fondo de canto gregoriano: Canción para pasar el sombrero.


viernes, 13 de enero de 2017

Poema: Vengo del agua del mar



Vengo del agua del mar
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Vengo del agua del mar,
traigo su sal y su yodo
para poderte besar
con mis versos en tus labios
volando en la madrugá.

Te regalo mil auroras
plenas de brisa marina
que adornen tu despertar
con los colores azules
de un cielo crepuscular
que va bailando su danza
sobre las olas del mar.

Quiero mecer tus cabellos
besar tu piel y tus ojos
y tu cuerpo acariciar
llevado por el antojo
de fusionarnos unidos
en un nuevo despertar.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Málaga, 11 de enero de 2017




miércoles, 14 de diciembre de 2016

Poemas varios


En esta entrada cuelgo una serie de poemas que he escrito recientemente y he publicado en mi muro de facebook, pero que quiero transmitirlos por este otro medio, que tiene un mejor seguimiento y localización que la autopista de facebook.
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Y entonces llegaron ellos
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Y entonces llegaron ellos
quisieron robar mi voz
sometiéndome al silencio
y enterrar a mis ideas
aislando mi pensamiento.

Ellos no sabían hablar
hablaban por instrumentos
que disparaban las balas
matando los sentimientos.

Ellos no saben hablar
ni pretenden aprenderlo
solo quieren imponer
su mundo y sometimiento
segando la libertad
y doblegando a su pueblo.


Autor: Antonio Porras Cabrera
Cuevas de San Marcos, 10/12/16
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A mí me hipnotiza el fuego
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A mí me hipnotiza el fuego
con el bailar de su llama
queriendo llegar al cielo,
con el calor que desprende
matando el frío del invierno,
con el crujir de las ramas
que aprisionadas se abrasan.

A mí me hipnotiza el fuego
con su caprichosa danza
y con sus tonos rojizos
rayos de sol y esperanza,
con su reclamo ante el frío
para calentar las almas,
con su hechizo y brujería
que te transportan en sueños
a un mundo de fantasía.

A mí me hipnotiza el fuego
¿será que vivo su magia?

Autor: Antonio Porras Cabrera
Cuevas de San Marcos,
10 de diciembre de 2016
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Dedicado a todos los campesinos que en estas fechas luchan contra el frío, la lluvia y el barro para arrancarle a los campos el fruto del olivar.













Camino del campesino
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Caminito de otoño
de puro barro
que con paso inseguro
voy amasando.
Caminito que llevas
hasta los campos
entre cañaverales
jaras y cantos
mientras nubes burlonas
me van mojando,
sendero de mis luchas
y mis pesares
mendigando la vida
entre olivares.

Caminito de invierno
de puro frío
con sus bordes de escarcha
y de rocío.
Voy caminado
y helor de tus vientos
me va matando.
Rasga el ropaje
y entra en mis huesos
como un salvaje.

Caminito precioso
de primavera
con sus tonos de verdes
en la ladera.
El color verde y rojo
de tus trigales
es un lago de olas
como los mares,
que van jugando
entre el verde del trigo
y el olivar,
y el rojo de la amapola
espectacular,
mientras los jaramagos
con sus dorados
van vistiendo tus bordes
por ambos lados.

Camino de verano,
sudor y polvo
que voy surcando
con gavillas de trigo
para el trillado.
Un sol de justicia
perla la frente,
va quemando la cara
el aire caliente.

Esta es la dura vida
del campesino
un otoño de barro
forma su sino,
invierno helor y frío
primavera y promesas
y duro estío.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Málaga, 1 de diciembre de 2016
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En la peña Juan Casillas
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En la peña Juan Casillas
suena un cante en voz quebrada
que a los cuatro vientos lanza
cantares de Andalucía
al compás de la guitarra.

Es un canto de dolor
de un pueblo que se rebela
contra su sino y desgracia
condenado a labrar campos,
a vivir de la labranza
de esta tierra aceitunera
donde va dejando el alma.

En la peña Juan Casillas
mi pueblo que llora y canta
entona una soleá
por su tierra y por su casta
para sembrar esperanza.

Cuevas de San Marcos
10/12/2016
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La miseria del hombre
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La miseria del hombre
es la injusticia
que le lleva a ser pobre
por la malicia,
por la malicia, madre,
por la malicia
del rico avaricioso
con su codicia.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Punta Umbría, 4 de noviembre de 2016



lunes, 12 de septiembre de 2016

La Tormenta y la alianza con la luna


(Relato poético en remembranza)


Allá por 2009, en pleno invierno y estando en mi casa del pueblo, se desencadenó una tormenta con gran aparato eléctrico, viento y lluvia torrencial. Ello sirvió de inspiración para este poema descriptivo de esa vivencia, al que titulé La Tormenta. Después escribí un pequeño relato en prosa poética aludiendo a la alianza con la luna, aquella que me permitió derrotar a la tormenta y volver a gozar de la plácida lectura y el sosiego de la chimenea.


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El gélido viento en la calle,
ruge una amenaza,
cabalga incesante sobre los tejados
y araña las tejas con su desvergüenza.

Tocando en la puerta, de forma insistente,
pretende que caiga en su trampa,
mientras yo, plácidamente, me doy a la lectura,
al amparo del cálido fuego de mi chimenea,
y al ver su bravata,
busco refugio en mi bodeguilla,
esperando, a ver lo que pasa.

Se siente burlado y apremia,
se busca aliados y ataca con fuerza,
la lluvia torrencial le apoya
golpeando insidiosa sobre la ventana.

Por unos momentos
la estancia cae presa de un rayo de fuego,
que ilumina la suave penumbra,
en una promesa de luz engañosa
que lleva a la farsa.

El viento y la lluvia se escudan en ella,
para espiarme desde la ventana.
el trueno arrogante ruge con firmeza
pidiendo que le abra la puerta.

¡Qué extraña alianza!
¡El viento, la lluvia,
el rayo y el trueno en una partida
me buscan la cara,
queriendo pasar dentro de mi casa!

Más yo, precavido, atranco la puerta,
cierro la ventana, corro las cortinas
y pido resguardo al ardiente fuego;
y para matarles y ahogar sus gritos,
su insidiosa ira y colérica rabia
busco otra alianza,
elijo la suave ternura y melódica savia
que cure mi miedo desde una guitarra,
al final conformo una colosal fuerza
que atruena en el aire a lomos de un aria.

La plácida mano,
dada por la voz de soprano,
de la Sarah Brigthman,
me empieza a dar alas,
retomo la fuerza y le planto cara,
a ritmo de “Winter in July”
me enfrento de nuevo a tanta amenaza.

En último esfuerzo reclamo a la luna,
que está en las montañas,
dominando el cielo,
sobre la tormenta,
para que destruya y espante su saña.

La luna,
escuchando a Sarah en “figlio perduto”,
se siente sensible y apoya la causa;
con un soplo inmenso le rompe las alas al viento,
que herido de muerte, dando un alarido,
vuelve a la montaña.
Y todos cansados de no lograr nada,
se rinden a esa extraña danza que vuela en el aire,
que les amenaza.

El viento se ha ido,
el trueno no clama,
la luz cegadora del rayo se apaga
y el agua se alía y empieza una danza
llevada por las suaves notas que salen del aria.

La paz vuelve luego y reina el sosiego
sembrándose una dulce calma.
Mientras Sarah canta,
la lluvia le crea una melodía de música sacra,
el fuego palpita en una extraña danza
elevando al cielo su cálida llama,
como si quisiera llegar a la luna a darles las gracias,
y la hija del viento,
en brisa montada,
roza suavemente sobre la ventana
queriendo pasar a compartir cama.

En la bodeguilla entra la bonanza,
la rítmica lluvia me canta,
la brisa acompaña,
el fuego me arropa y Sarah,
con voz de soprano, me da su compaña
y calma mis miedos
haciendo de madre benigna y afable.
Y vuelvo a mis sueños montado en mi libro,
volando de nuevo hacia la utopía
mediante las alas de mi fantasía.

Para celebrarlo me sirvo una copa
y, en brindis al aire, voy dando las gracias
por haber vivido en estos momentos,
por sentirme libre,
por haber logrado imponer la calma ante la amenaza.

¡Ay! si la luna, con Sarah y mi libro, me dieran la fuerza
para darle fin a tanta bravata,
a tanta patraña,
a tanta injusticia que hoy nos espanta
y nos arrebata la esencia del ser,
de su fina alma,
que amenaza al mundo y la convivencia
desde la avaricia junto a la jactancia.

Cuevas de San Marcos, 1 de febrero de 2009



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Mi alianza con la luna

Te preguntarás cómo conseguí el apoyo de la luna para vencer a la tormenta del poema. Veras, estaba, en mi bodeguilla, leyendo un libro de Eduardo Punset, titulado “El alma está en el cerebro”. Con fondo musical de Sarah Brightman interpretando “Hijo de la Luna”, merodeaba alrededor de una frase: “Puede que a usted le resulte doloroso, pero debemos darle una mala noticia: está usted lleno de prejuicios”, pensando hasta qué punto esos prejuicios condicionaban mi visión de la vida, mis reflexiones y conclusiones sobre cualquier materia, evitando mi asepsia analítica. En esto estalló la tormenta.

La luna dormitaba plácidamente sobre esponjosas nubes, escrutando las estrellas, mientras escuchaba a la Brightman. Todo era paz y armonía y el flujo de la melodía la transportaba a sus fantasías en un vuelo imaginario sobre la voz suave que surgía de la bodeguilla. Ya sabéis lo sensible y sentimentaloide que es la luna. Ella protege y ampara a los enamorados, respeta su amor en la sombra, se amaga entre los árboles y juega, vergonzosamente, al escondite dando una suave luz que hace todo más bello y excitante. Desde su soledad, siempre soñó con ser madre, por lo que ampara el amor en una proyección armoniosa de sus deseos más frustrados.

Aquella vieja historia sobre la infidelidad de Zeus con Alcmena, con la que se identificó (sabéis que Alcmena significa “poder de la luna” en griego antiguo), engañando a Hera, de la que nació Heracles, le había traumatizado. Hermes se lo había arrebatado violentamente a Alcmena de su regazo y anduvo buscando a Hera para que le amamantara, pero la leche de esta se derramó y formó la Vía Láctea. Desde entonces, la luna, andaba triste y afligida buscando a Heracles en los lugares más recónditos del universo para alimentarlo como si fuera su hijo. Por ello estaba tocada. La Brightman, con “Hijo de la Luna”, le estaba llegando al alma y la tormenta torpemente interfería el flujo de la melodía. Su resignación era evidente, y comprendía que era una circunstancia normal en pleno invierno.

Y yo, ahí, fui más listo. Le puse “Winter in July” (Invierno en Julio) y quedó descentrada. Sin darse cuenta cayó en el engaño y pensó que no era febrero, que era julio, que estaba siendo usurpada la noche veraniega y que la tormenta había roto el pacto rasgando la plácida noche con su exabrupto estruendoso de locura.

No se percató de que tras ella no vigilaba la Vía Láctea con sus millones de ojos nocturnos, con su polvo de estrellas, con su maternal disposición a orientar y dirigir al caminante en las cálidas noches veraniegas, esperando paciente a que Heracles pudiera nutrirse. Incluso llegó a pensar que Heracles, el hijo ilegítimo de Zeus, llevado por Hermes, había succionado la leche esparcida de Hera desvaneciéndola, lo cual le agradaba pensando que al fin se nutría.

Entonces empezó a enfadarse con la perturbada tormenta y, poco a poco, hinchó su pecho de cólera y le gritó que se fuera, que no era su tiempo y que ahora tocaban las plácidas noches, que guardara su energía para el crudo invierno. Al sentir el grito imperativo de la luna entendí su disposición a prestarme su ayuda. Esta alianza sería definitiva para derrotar a la tormenta, para ahuyentarla junto al viento, la lluvia y el trueno, para conseguir la calma y el sosiego que le diera serenidad a mi íntima noche y poder seguir mi lectura y reflexión con el Punset.

Entonces, en un momento de inspiración, le puse “Figlio perduto”. Su reacción fue inmediata. Estando tocada por “Hijo de la Luna” y engañada por “Winter in July”, este último impacto le fue irresistible. Su enojo subió de tono considerablemente y en un arrebato de ira, rayando en la locura, arremetió contra el viento quebrándole las alas. El viento ofuscado y confuso, pensando que no era respetado su tiempo, nada pudo hacer contra ella y le abrió camino hasta mi ventana. Luego se marchó esperando aflorar en otra ocasión, clamando venganza. Lo demás ya lo sabes, ya te lo he contado, te lo dije antes.

Desde entonces, al mirar la luna, me siento su cómplice en un tácito acuerdo, en el que le pongo música y ella fantasía cuando me la encuentro. Ahora, en las noches claras, me voy de paseo y por el camino nos lanzamos guiños por entre las nubes, nos tiramos besos en plena armonía, como enamorados esperando que no llegue el día. Y te juro que, si yo pudiera, la acompañaría durante la noche, a buscar a Heracles, pensando que posiblemente se encuentre en Tartessos, abriendo el camino a las naves, que permita el paso a esa extraña tierra que mentaran tanto Timeo y Critias, esa tierra ignota, la de los atlantes.