jueves, 2 de agosto de 2018

Pensando sobre migración.


La deuda Europea

1913 distribución de las colonias europeas en África.
Qué curiosa es esta Europa nuestra, este grupo de europeos xenófobos y egoístas que vieron con buenos ojos ampliar nuestras fronteras, colonizar al mundo, extraerle sus riquezas para engordar nuestra economía y desarrollo hasta hacernos imperios dominantes del orbe conocido. Esos sujetos de corazón frío, populistas de corte fascistoide, cuyo credo es la mentira emocionalmente manipuladora, no van más allá de su puro egoísmo ya que son incapaces de empatizar con otra gente.

La historia es cruel, como las hemerotecas. Si miras hacia atrás verás como los blancos europeos, adueñándose del mundo, iban a buscar esclavos a África. Eran ganado, mulos de carga, gente a la que la propia religión las definía sin alma para que la conciencia del esclavista no quedara atrapada por el credo religioso. El negro era una mercancía animal. Quedan importantes testimonios de aquellas barbaridades de los llamados negreros, que han dejado testigos arquitectónicos de su poder y su riqueza. Algunos, como los casos del famoso Marqués de Comillas (Antonio López y López), el Marqués de Manzanedo (Juan Manuel Manzanedo, también cántabro), o nuestro malagueño Pedro Blanco Fernández de Trava, que al igual que el famoso Antonio López y López, debió huir de España a las Américas por asuntos escabrosos.

Esa actividad era un negocio redondo. El tráfico con carne humana, con esclavos, se extendía por doquier, incluso después de prohibirse el mismo en 1817, aunque se siguiera permitiendo la esclavitud. En el libro ‘Negreros y esclavos, Barcelona y la esclavitud atlántica’ (Icaria, 2017) se hace un relato pormenorizado del inmenso negocio que había alrededor del tráfico ilegal de personas esclavizadas por parte de empresarios, navegantes y aventureros catalanes.

Pero fíjense, el número de personas esclavizadas procedentes de África varía, según distintas estimaciones, entre los 10 y los 60 millones de personas entre los siglos XV y XIX. Hablamos, en todo caso, de millones de seres esclavizados, de un mínimo de 10 millones. Inglaterra, Francia, Holanda y los EE. UU. fortalecieron su economía con esta trata… y cómo no, también España. Por eso sentenció Honoré de Balzac: “Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen.”

Casa de los esclavos en Isla Gorea
La historia, como decía, lo deja claro; si no vete a visitar la famosa isla de Gorea en Senegal y la casa de esclavos con su museo, aunque no se quedan atrás otros lugares de trata en Ghana, Costa de Marfil, Benín o Guinea… mas, si no puedes acudir, puedes ver en internet la información. Yo te sugiero que visites esta página para documentarte mejor si ello es de tu interés, sin entrar en que puedan haber mejores fuentes parea ello, pero que escapan a mi conocimiento: https://es.wikipedia.org/wiki/Comercio_de_esclavos_africanos

Atroz fue la actitud de Europa con el mundo africano negro. Pero no menos fue su intento posterior de colonizarlo e incorporarlo a su imperio, de evangelizarlo y acercarlo a esa cultura que ahora les llama. Siempre tuvo el objetivo de captar riquezas desde su mayor capacidad intelectual y de poder militar. Europa quiso llevar su cultura, religión y estructura organizativa al resto del mundo, pero a su antojo, sin respetar los límites que la historia del lugar había establecido. Metieron en el mismo saco, o Estado, a diferentes tribus, irreconciliables entre sí, como el caso de los hutus y los tutsis en Ruanda cuya confrontación llevo a la muerte a más de 800.000 personas. ¿Había de trasfondo el negocio de la guerra, la venta de armas, la inestabilidad para mejor controlar la zona, o era solo una consecuencia lógica de la delimitación irracional de las fronteras? La dejo a tu interpretación, amigo lector.

Ahora, en pleno siglo XXI, marcado por los hechos de la historia, estamos viviendo las consecuencias racionales de aquello. Sembramos nuestra cultura en África, salimos de ella de una u otra forma tras las guerras de independencia del siglo XX, seguimos con nuestro desarrollo desde el control político y económico a través de muchos gobiernos locales corruptos. Sus recursos siguen estando controlados por las multinacionales y las mafias locales, como es el caso del coltán, ese producto llamado el mineral de la sangre por la cantidad de muertes que conlleva su explotación en la República del Congo, material imprescindible para los móviles de última generación y otros mecanismo de alta tecnología.


Pero la deslumbrante Europa, el primer mundo, atrae a la gente, la antigua metrópolis sigue teniendo imán. Cuando alguien vive en la miseria, rodeado de violencia o de guerra, sometida su libertad a otros mediante dictados religiosos o políticos, cuando la supervivencia resulta altamente dificultosa, aparecen los sueños, los paraísos imaginarios para alcanzarlos. Los descubren las televisiones, las películas, los paisanos que viven allá… y la gente se lanza a la aventura. Son los más fuertes, los más arriesgados, los más temerarios o los más desesperados los que se lanzan a la aventura jugándose la vida. El recorrido es largo, selvas y desiertos, agresiones, violaciones, riesgo de detención, incluso esclavitud, para, al final, enfrentarse a un mar que se ha de atravesar sabiendo que es una gran tumba de decenas de miles de otros que ya lo intentaron. La vida pende de un hilo, se arriesga en el día a día, la ruta es peligrosa, las mafias engañan y prometen hipotecándote la vida, la vuelta atrás inviable, pues es el deshonor y el fracaso.

Es curioso. ¡Cuánto ha cambiado la vida! Antes, los negreros los buscaban en las selvas para esclavizarlos, para someterlos al trabajo forzado. Ahora vienen solos, a trabajar por cuatro ochavos. La peor vida aquí es mucho mejor que la vida de allá. Vienen buscando la tierra prometida, aquella que sus colonizadores le mostraron mientras los iban “civilizando”.

Nuestra sociedad, que está muriendo de egoísmo, se debilita, se extingue, no procrea, envejece y no tiene conciencia de que una nación que no procrea tiene que importar nuevos ciudadanos para que suplen a los que se marchan al otro barrio, que mantengan la actividad productiva, que sostengan la economía y el sistema de servicios públicos, incluyendo las pensiones, que prosigan y hereden el sistema.

¿De dónde podrán salir esos nuevos ciudadanos, esos trabajadores que garanticen el sistema? Está claro que si no los creamos, si no nos reproducimos, habrá que importarlos. Pero si somos inteligentes no habrá que ir de nuevo a buscarlos y forzarlos a venir creando nuevas islas de Gorea, sino que solo habrá que abrir la puerta e ir acomodándolos para que se incorporen al sistema, para que trabajen y consuman, para que creen riqueza y garanticen el funcionamiento de las cosas, de los servicios, las pensiones, las ayudas sociales, etc. ¿No puede hacer Europa una profunda y seria reflexión sobre el mundo del futuro, sobre las consecuencias de la globalización y los necesarios cambios y adaptaciones que comporta? Tal vez la solución esté en acoger esa mano de obra que viene y adaptarla, reconvertirla y ordenarla para que cubran la necesidad de población que se presenta de cara al futuro.


Mientras tanto, hay algunos descerebrados xenófobos que se dedican a crear bulos, a desacreditar a los migrantes creando paranoias contra ellos, a ir sembrando el racismo y el rechazo a quienes, presumiblemente, deberán sostener el sistema cuando nosotros seamos viejos, jubilados o nos vayamos definitivamente.

Si hemos globalizado el mundo de la economía, el mercado, el comercio de materiales, de donde sacan una impresionante tajada las corporaciones internacionales, por qué no incluimos en la globalización los derechos humanos, el trato racional a los demás, el cultivo de una sociedad inclusiva y no xenófoba. 

Según algunos estudios España necesita 7 millones de inmigrantes antes del año 2030 para garantizar el sistema, el Estado del Bienestar y las pensiones, (ver artículo) No estaría mal que fuéramos integrándolos, reciclándolos y adaptándolos a nuestra cultura desde una política racional y transparente. Pero, tal vez eso, sea pedir demasiado. El mundo del futuro se nos escapa de las manos.


viernes, 22 de junio de 2018

Comprender a la gente



A veces cuesta comprender como piensa la gente, pero no es tan difícil. Hay una regla elemental, cada cual piensa como lo que es. No nos puede extrañar que un físico piense como tal, desde la lógica arropada por las leyes de la física; que un filósofo razone y argumente desde el uso de la razón y la lógica reflexión; que un teólogo lo haga desde sus convicciones de credo; que un psicópata piense desde la frialdad que le otorga la carencia de emociones y sentimientos, etc… un imbécil siempre pensara como un imbécil; un ser mediocre tendrá un mediocre pensamiento; en un sádico insolidario no busques la bondad; un borrego siempre pensara como lo hace la manada y el líder que la dirige y domina.

No nos podemos escandalizar, pues, de lo que piensa cada cual cuando somos maduros psicológicamente. Eso sí, la comprensión de su pensamiento ha de pasar por el análisis de cómo y por qué se fraguó esa personalidad, para identificar su propia estructura mental, su nivel intelectual y sus valores y principios, así como la forma en que gestiona sus emociones. Tendría que aflorar un mínimo nivel de empatía para comprender ese pensar y su génesis, para entender como ese pobre hombre, o mujer, acaba diciendo lo que, para uno, son barrabasadas que escapan del sentido común o del pensamiento ideológico imperante, que se sustenta en un nivel adecuado del intelecto.

Tal vez habría que empezar desde el principio, desde el proceso educativo, desde la propia microcultura familiar, los credos que le influyeron, las ideologías que le arroparon, la forma en que fueron modelando y conformando su personalidad en función de su inteligencia y la represión o estimulación que hicieron con ella. Decía José Ingenieros, un pensador argentino de primeros del siglo pasado, que hay hombres mediocres y hombres idealistas (él hablaba también del hombre inferior, pero no me referiré a este), los primeros conforman la mayoría de la sociedad, son borregos adaptados al sistema, nada críticos, miedosos y defensores de su escasos recursos para subsistir, se conforman con pan y circo y son un freno a la evolución de la sociedad, siendo de fácil manipulación; los otros, los idealistas, son arriesgados, pensantes y creativos, persiguen su desarrollo personal, su autorrealización, defiende su libertad y no se someten fácilmente desde la imposición… Para mí, estos dos modelos, lógicamente, no son estancos, sino que se mueven en un continuo entre los dos extremos, acercándose cada cual más o menos a uno de los lados, predominando un tendencia sobre la otra.

Si pensamos que el resultado de la formación del ser humano se conjuga entre la calidad genética, o sea su inteligencia y salud mental, y la influencia del entorno educacional y social con su proceso de socialización, encontraremos una aproximación a las causas que lo llevaron a ser lo que es, porque somos lo que somos por lo que fuimos.

Por eso quiero recalcar que cada cual ha de hacer su propio camino al andar, como decía el poeta, pero partiendo siempre de donde está. La singularidad del ser humano hace que ningún camino sea idéntico, presentando matices más o menos importantes que lo diferencian de los demás. Eso sí, nuestra obligación de sujetos maduros psicológicamente ha de ser facilitar el tránsito constructivo de cada uno para alcanzar el mayor nivel de maduración y desarrollo personal e intelectual, sin zancadillear ni encorsetar a nadie, salvo que su evolución sea manifiestamente contraria a los principios del respeto y al derecho y desarrollo humano.

En este sentido se ha de educar en valores positivos y no en negativos. La bondad tiene siempre el oponente de la maldad, necesaria, imprescindiblemente, para diferenciarla y conceptuarla. La bondad es indefinible si no hay frente a ella un contrapeso que la identifique, como es la maldad. Y eso ocurre con todas las cosas en este mundo dicotómico, bipolar, donde la diferencia de potencial entre el positivo y el negativo sigue moviendo al mundo. Es como la fábula de los dos lobos que tenemos en el interior, el del amor y el del odio, y si nos preguntamos cual vencerá deberemos responder que aquel que alimentemos.

Otro error que cometemos muy habitualmente es exigir que los demás acepten nuestra forma de ver las cosas, como si la verdad absoluta estuviera siempre de nuestra parte. Sin comprender que el punto del camino donde tú te encuentras es exclusivamente tuyo y que los demás pueden no haber llegado aún a esa convicción a la que llegarán en su momento si es que llegan. Es, pues, muy recomendable no descalificar sino, desde el más absoluto respeto, resaltar la ruta que te ha llevado a ti a ese punto o planteamiento argumental, de tal forma que quede comprensible tu camino y no genere rechazo en los otros, sino aceptación constructiva de la que puedan sacar conclusiones provechosas para su propia ruta personal… y eso, muchas veces, es imposible en una conversación normal.

La paciencia que requiere argumentar con determinadas personas, de las que te separan grandes distancias en el camino, te lleva a considerar que es mejor no entrar al debate infructuoso, bien por su incapacidad de comprender tu discurso, por tu imposibilidad de transmitirlo o por su propia tozudez o intransigencia. En estos casos, es aconsejable no perder el tiempo que puedes emplear en mejores cosas, y evadir el debate sin molestar al contertulio. Hay una frase de Mark Twain, que ocasionalmente es conveniente recordarla: “Nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia.”

En resumen, en esta diversidad interpretativa de la realidad cósmica, donde estamos inmersos, es conveniente aprender, incluso, más que enseñar para poder formarse mejor para la enseñanza (es una pescadilla que se muerde la cola, un círculo que se cierra: más aprendo, más enseño). La sabiduría se cultiva en el sosiego y la reflexión pausada donde se constata la multicausalidad de las cosas que componen este mundo y nos rodean.

Refiriéndose a la poesía, decía Rabindranath Tagore: “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”. ¡Bonita frase! Y yo sostengo que la melodía del universo es la misma para todos, pero cada cual, en función de las características de su propio corazón, emite un eco diferente. En el diálogo y la comunicación está el vehículo para afinar los ecos que componen la melodía y hacer que suene como una orquesta perfecta. La partitura la da el cosmos, los instrumentos para tocarla los ponemos nosotros y de la habilidad del músico dependerá el resultado final, o sea que suene de maravilla o que sea una birria estridente de sonidos inconexos. Tal vez lo que nos esté fallando sea la formación de los músicos para afinar los corazones, haciendo que emitan un eco melodioso, conforme al mensaje que nos irradia el universo.

Otra vez estamos con el problema de la educación y el modelo de persona que queremos para hacer de este mundo un lugar mejor, que nos permita vivir en positivo. Para eso es preciso educar a los niños, a los mayores, a los dirigentes y a toda la sociedad. Difícil me lo fías, diréis, pero solo desde la reflexión personal, desde el uso del razonamiento y la disposición a digerir los pensamientos de otros, asimilando los nutrientes y defecando los excrementos, podremos concienciarnos de esa realidad. Y cómo no, descubriendo y evitando los intereses de los grupos de poder que obtienen sus beneficios en la sumisión ideológica y religiosa para preservar sus prebendas.

El mundo está en una encrucijada. La tecnología en un sentido amplio, puede ser el instrumento de poder que decante la dinámica de esta sociedad de cara al futuro: El hombre intelectualmente desarrollado o el sujeto servil que necesita la clase dominante para seguir en el vértice de la pirámide del poder. Deberíamos empezar a pensar sobre ello como primer ejercicio, pero la actuación inicial debería ser cambiar las actitudes vitales para estar en mejor disposición a la hora de ejecutar el proceso evolutivo, el cambio…

viernes, 27 de abril de 2018

La manada y otros animales



Hoy, como es natural, internet es un hervidero donde afloran los cabreos y el rechazo a la sentencia del juicio de la manada. Hay repulsa, enfado, rabia, enojo, cólera, repugnancia e, incluso, amargura ante la sentencia. La justicia, para un importante grupo de españoles y españolas, ha quedado en entredicho y ha dejado de tener el prestigio y la solvencia que debería suponérsele. Tal vez el recurso que, según parece, se va a presentar puede desfacer tal entuerto, pero lo hecho, hecho está. Yo quiero ir algo más lejos, porque lo que está ocurriendo en este país ya pasa de castaño oscuro…

Hay cosas en esta sociedad que chirrían… que chirrían cada vez más, porque siguen siendo anacrónicas, ancladas a ideologías del pasado, incapaces de acoplarse a la evolución social y al desarrollo intelectual de los pueblos. La democracia está obligada a abrirse a las nuevas ideas, a diferentes actitudes, a la evolución de las sociedades, al tránsito sistemático hacia la justicia y la igualdad… La democracia ha de ser dinámica, un sistema articulador de las diferentes sensibilidades, para hacerlas confluir en un mismo sentido, orientado al bien común, no al de unos pocos que ejercitan el poder desde la imposición, el miedo, el chantaje o la coacción; parece que estamos ante una democracia secuestrada y en manos de una mafia política que la laminará.

La ley, aquella que emana del ejercicio de la verdadera democracia, ha ser justa, responder al bien y al sentido común. Las leyes, por desgracia, no son signo inequívoco de justicia, sino el producto de legislar desde la injusticia que conlleva el poder, cuando este no se ejerce como respuesta a la voluntad popular y su mandato.

En estos días estamos asistiendo a los más esperpénticos actos de nuestras clases dirigentes, dentro de los tres poderes que conforman el Estado, el poder legislativo, el judicial y el ejecutivo. Empecemos por el último:
·        El poder ejecutivo tiene un tufo a podrido, a corrupción, a mafia y especulación, que tumba al más pintado. ¿Cómo confiar en políticos que mientes, que trafican con sus influencias, que roban hasta cremas, que esconden los delitos de sus propios compañeros como armas arrojadizas para cuando surja el conflicto, o que usan la hacienda pública para comprar voluntades desde el nepotismo? ¿Qué vileza identifica a un sujeto que se pasa por el forro cualquier acto delictivo, si lo comete alguien de los suyos, pero lo guarda para amarrar a su propio compañero y extorsionarlo, si, dado el caso, fuera necesario?

·        Pero… ¿Dónde está el legislativo? ¿Cómo se entiende que aquellos elegidos democráticamente para representar al pueblo tengan conductas tan antidemocráticas e irrespetuosas con sus rivales, a los que en lugar de verlos como oponentes a los que hay que respetar, los tratan como a enemigos a los que hay que eliminar? ¿Cómo es posible que tantos electos, supuestamente de alta competencia, no legislen de acuerdo a la realidad social y cultural del momento, y debamos someternos a leyes trasnochadas que acaban avalando la conducta criminal de violadores por estar tipificada como abusos, según ellos? ¿Es que una mujer tiene que ser reducida por la fuerza, dejarse pegar, maltratar violentamente e, incluso, asesinar para dejar patente que ha sido violada, forzada al sexo…? ¿No vale, acaso, para evidenciar la violación, que ha habido coacción, o la intimidación de cinco energúmenos, la paralización por el miedo, incluso la reflexión de que es mejor no oponerse para no sufrir más aún y evitar pagar con su vida o el sufrimiento físico si no se deja? ¿No es más lícito pensar que la lógica le ha llevado, racionalmente, a ceder el objeto del deseo del agresor, aunque le esté matando el alma, traumatizando su mente, y violando su mayor intimidad y libertad en el derecho sobre su cuerpo, sus deseos y voluntades, antes que poner en riesgo su propia integridad?
¿A qué esperan esos ineptos legisladores para dejar meridianamente claro, mediante leyes explícitas y rotundas, que es violación sin paliativos cuando una muchacha, en el estado en que se encuentre (esas es su voluntad) es introducida en un portal, penetrada y usada como mero objeto de placer sexual por sujetos que, previamente, han dejado de manifiesto que van de caza y luego se vanaglorien de su proeza? El legislador, que está obligado a legislar justamente, puede cometer injusticia con sus leyes, como puede ser el caso. Entonces son culpables subsidiarios por no haber legislado correctamente para evitar el crimen. Esto se puede dar por omisión, incompetencia o posicionamiento ideológico y a ellos les ha de pedir el pueblo cuentas, puesto que el pueblo es quien los ha puesto ahí.
Y cómo no, cabe preguntarse también: ¿Qué energúmenos hemos formado que en lugar de respetar y proteger a una chica indefensa, aunque pudiera estar o no bebida, cosa que desconozco, la usen como objeto y la dejen abandonada, tirada y sin móvil para denunciar o pedir ayuda tras los hechos, y, además, alguno de los componentes, sean servidor pública encargado, precisamente, de poner ante la ley a los sujetos que comenten esos mismos actos?

·        Y en estas circunstancias viene la aplicación de esta legislación torticera, con unos jueces que deberían ser ejemplares a la hora de interpretar el texto y el espíritu de la ley desde la protección a las víctimas, a los indefensos, a los sometidos por acciones de violencia real o potencial según su percepción, neutralizando el abuso de poder. ¿Cómo es posible que, tras debatir y analizar los hechos entre los jueces, haya tal disparidad de criterios por parte de uno de ellos, que ya no ve ni abuso, sino el goce compartido entre cinco energúmenos de 30 años y una chica de 18 cuyo cuerpo es sometido? ¿Dónde está la empatía que debe ejercitar todo juez para comprender la situación de las víctimas? ¿Tanto le cuesta ponerse él, o a alguna conocida de su entorno, en tal situación para comprenderla? Entiendan todos que la manada no respeta, la manada busca la presa, acecha y ataca cuando la ve vulnerable, por supuesto, sin ser condescendiente, sino que va a lo suyo a cazarla y devorarla, salvo que alguien la descubra y ahuyente a base de violencia o amenaza; si la presa se queda paralizada por el miedo, mejor para el depredador. El propio apelativo “Manada” implica connotaciones de agresividad, de grupo cerrado, de identificación con los instintos animales que hacen funcionar la manada, como es la propia satisfacción de sus impulsos más primarios, entre ellos, y en el caso del hombre, el sexual. Cada vez hay más gente que no cree en la justicia, bien porque entiende que no se legisla adecuadamente y la ley es injusta, desequilibrada y sectaria; bien porque su aplicación es de dudosa equidad con interpretaciones tan divergentes que sonrojan, o porque el cumplimiento de las penas es bastante arbitrario.  A veces da la sensación que no se te juzga por lo que has hecho, sino por lo que eres… si eres un “Tuu” cualquiera vas dado, pero si eres un “Noos” la cosa cambia.

Nuestro país está en un momento crucial: con gobernantes bajo sospecha, con un legislativo incompetente por su incapacidad de entender y obrar de acuerdo a la dinámica democrática y con una justicia muy criticable. En este contexto afloran los desencuentros, la disgregación y la entropía social que nos hace perder la fe en nuestros gobernantes y en todo el sistema político, social y económico que nos rige. En estas circunstancias es dificultoso establecer sinergias que nos hagan converger en un proyecto común, tal vez porque, durante estos cuarenta años, que deberían haber sido de educación política y social para tomar conciencia de una sociedad democrática, su estructura y funcionamiento, no se han educado sujetos involucrados, críticos, pensantes y libres, sino hooligans que aplauden a su equipo “manque pierda” y defienden a los “suyos” aunque sean corruptos.

Mi fe en el futuro pasa por un mal momento, a no ser que seamos capaces, desde el sentido común, de poner en marcha una catarsis social para encontrar y articular el sistema que permita convivir con garantía de justicia, equidad, solidaridad y todos los valores democráticos que ha de defender un Estado de derecho.



miércoles, 18 de abril de 2018

Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873)



Abriendo puertas en el XIX

Hoy quiero compartir en mi blog la presentación que el pasado martes hice de la figura de la escritora y poeta, representante del romanticismo del siglo XIX, Gertrudis Gómez de Avellaneda, dentro del programa que organizan María Isabel Castro y Roberto J. Martín, y que tiene lugar en el salón de actos del Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MUPAM). Lo hago como forma de reivindicar la figura de las mujeres del siglo XIX que lucharon y triunfaron a pesar de las limitaciones que encontraron en el mundo machista y misógino de la época. El siglo XIX, por sus peculiaridades y avatares históricos, fue un campo interesante de desarrollo y debate de la sociedad entre las rompedoras ideas liberales y el anacronismo absolutista.


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Buenas tardes, permitidme que en primer lugar dé las gracias a Maribel y Roberto por haberme invitado a participar en este ciclo dedicado a las voces olvidadas de mujer. Y también, cómo no, a vosotras y vosotros, presentes en este acto.

No conocía yo en profundidad la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda y esta circunstancia, teniendo que preparar su presentación, me ha permitido acercarme a ella y a su biografía. He de reconocer que me ha sorprendido su personalidad, su sensibilidad poética y literaria, su intensidad vital, su pasión y rebeldía ante una estructura social que condicionaba el desarrollo personal de las mujeres del siglo XIX.

María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga, ese era su nombre completo, nació el 23 de marzo de 1814 en Santa María de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en la entonces provincia española de Cuba. Fue la hija mayor del matrimonio formado por Don Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada, un oficial naval español de Constantina de la Sierra, Provincia de Sevilla, y Francisca María del Rosario de Arteaga y Betancourt, una criolla cuyos antepasados provenían del País Vasco y las Islas Canarias. Su padre había llegado a Cuba en 1809 y tenía dos hijos anteriores al matrimonio, y en común tuvieron cinco hijos, pero sólo ella y su hermano Manuel sobrevivieron a la infancia.

Dicho esto y para contextualizar la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda en la España del siglo XIX, me voy a parar unos momentos en aquella realidad social, política y económica, que, en cierto sentido, deriva del llamado Siglo de las Luces, de la Ilustración y el Enciclopedismo, con un lema de este tiempo, según sugería Kant: “Atreverse a conocer”. Y Tula es atrevida, y se atreve a conocer y a vivir.

El siglo XIX es, tal vez, el más convulso de nuestra historia reciente.
  • Una guerra de la Independencia, que pierde España. Ese año (1814) nace Gertrudis en Cuba.
  • El rey Fernando VII el deseado que acaba siendo el rey Felón.
  • Una Constitución de Cádiz, liberal y moderna que sirve de ejemplo en otros lugares, que al final es aparcada
  • Una confrontación entre liberales y absolutistas que convulsiona España, y que queda claramente patente en las expresiones: Viva la Pepa Vs Vivan las caenas.
  • Un trienio liberal (1820-23) y después la década ominosa (1823-33), guerras carlistas fratricidas (1833-40) (aquí llega ella a España), convulsión social, golpes de mano, nepotismo sistematizado, etc. etc.
  • Independencia de las colonias americanas, salvo Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.…

En estas circunstancias de confrontación entre lo nuevo y lo viejo, ¿dónde se ubica la mujer?

La mujer sigue siendo marginada y sometida al rol clásico que tiene asignado, aunque hay indicios que permiten ser algo optimistas. Corren nuevas ideas: La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana es un texto redactado en 1791, texto fundamental de la revolución francesa, que sostiene que “La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Pero no se olvide que Francia perdió la guerra y quien sostenía estas ideas eran los afrancesados, a los que había que ejecutar como traidores a la patria, en un país regresivo y absolutista como era el nuestro.

En este contexto se da un importante movimiento literario, donde la mujer toma más protagonismo. Para confirmarlo nos iremos a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde relacionan a los autores fundamentales de la Literatura castellana, a su criterio. En base a ello, donde he extraído estos datos, os diré que:

Siglo
Hombres
Mujeres
%
Nombres de mujeres
XI-XV
12
0
0

XVI
17
1
5%
Santa Teresa de Jesús
XVII
21
0
0

XVIII
13
1
7%
María Rosa de Gálvez
XIX
20
5
20%
Tula Avellaneda, Concepción Arenal, Rosalía de Castro, Rosario de Acuña y Emilia Pardo Bazán.
XX
26
4
13%
Carmen Conde, la primera mujer en la RAE, Carmen Laforet, Soledad Carrasco y Ana María Matute


En fin, no me quiero ir por los cerros de Úbeda, vamos a centrarnos en nuestra Gertrudis. Pero para hablar de ella y de su obra me voy a remitir, en una primera fase, a un video de la UNED que nos da una visión bastante amplia y más autorizada que la que yo os pudiera ofrecer. En él, la catedrática de Historia de la Literatura, Ana María Freire nos presenta una amplia visión de su vida y obra, que espero sea de vuestro agrado.




Bien, ahora me gustaría hacer alguna reseña sobre lo que ya se ha comentado:

Empecemos por decir que Tula, tal como se le conoce en el Madrid de su época, es el hipocorístico habitual de las mujeres que se llaman Gertrudis. Se usa como diminutivo eufemístico o familiar y parece ser que proviene del alemán. Hay otra Tula famosa, personaje de ficción, la Tía Tula de Unamuno que también se llamaba Gertrudis.

Pero hablemos de ella aunque, en algunos casos, reitere parte de lo que ya se ha comentado en el video.

Su infancia

Su padre, que es oficial naval, muere cuando ella tiene 9 años, no sé si habría superado el complejo de Electra dada su edad, pero debió ser un gran golpe, porque lo cierto es que cuando su madre se vuelve a casar a los 10 meses con otro militar español, ella no lo ve con buenos ojos, y no tiene buena relación con el padrastro, que la llega a calificar de atea.

Ya se nos ha dicho que creció pensando en el teatro, interpretando con sus amiguitas, leyendo obras dramáticas como si fuera una adicción. Al prohibirle su madre que siguiera leyendo… y, al no leer, las escribió.

De pequeña debió ser una niña difícil, segura de sí misma, con un indudable talento y ella lo sabía. Por tanto debió plantear problemas de discusión con los padres.

Su abuelo materno, quizá para meterla por vereda, a los 13 años le arregla un compromiso de matrimonio que ella rompe a los 15 años y el abuelo la excluye del testamento.

Y debió conocer el mundo de la esclavitud bastante bien, tal como se desprende de su obra SAB, de la que hablaremos más adelante.

Cuando tiene 22 años, viene con su familia a España.

Viaje y llegada a España

El viaje a España, en 1836, lo hacen en un velero durante algunas semanas. Y es ahí donde escribe su poema, tal vez el más significativo, titulado Al partir. Es un soneto marcado por el desgarro existencial y que encabezará su producción en el futuro.

Llegan a Burdeos, pasan allí 18 días visitando algunos lugares de su interés y, finalmente, en España se establecen durante dos años, aproximadamente, en La Coruña, donde viven los familiares del padrastro, Gaspar Isidoro de Escalada. Allí escribe seis composiciones: A la poesía, A las estrellas, La serenata, A mi jilguero, etc. Y aquí tiene una relación amorosa con el hijo del Capitán General de Galicia, Mariano Ricafort Palacín, (algunos sostienen que lo conoció en Burdeos) pero el noviazgo se rompe porque el joven no quiere que su novia se dedique a la poesía. Primer novio, primer problema. ¿Poesía o yo? Pues… ¡POESÍA!

Estancia en Sevilla

Posteriormente, dado que Sevilla era la tierra de su padre, que nació en Constantina de la Sierra como ya hemos dicho, allá se fue a vivir en torno a 1838-9 con su hermano Manuel. Allí se integra muy bien de la mano de Alberto Lista y Manuel Cañete, y publica en periódicos de Cádiz y Sevilla bajo el seudónimo de La Peregrina.

Conoce a su primer gran amor, Ignacio de Cepeda y Alcalde, que, tal como se nos ha dicho, estudia humanidades. (Una relación amorosa de la que hablaremos). Para él escribe una autobiografía, que, junto a la gran cantidad de cartas que le remite, nos facilita un amplio estudio de la personalidad de Tula Avellaneda.

Estancia en Madrid

Su llegada a Madrid en 1840 le permite establecer amistad con literatos y escritores. Allí empieza a publicar con gran éxito su obra, tanto poesía, como teatro y novela. Por entonces conoce al poeta Gabriel Garcia Tassara con el que mantiene una relación amorosa complicada, como se ha comentado. En 1847 se encuentra embarazada y soltera, abandonada por este en un Madrid del siglo XIX. En su soledad, amargura y pesimismo escribe “Adiós a la lira” a modo de despedida de la poesía, pero al final no es así, porque vuelve a escribir.

Tiene una hija, María, que fallece a los pocos meses sin conocer a su padre, a pesar de las cartas escalofriantes con los ruegos de ella para que viniera a conocerla y darle su calor.

Por este tiempo, sigue siendo Cepeda su paño de lágrimas, y seguirá siéndolo hasta que éste contraiga matrimonio en 1854. Le escribe: “Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.” Y debía de estar fastidiada, porque ese mensaje de “si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo” cabría hasta especular que deseaba la muerte… ¿Yo me pregunto, si no habría pensado, incluso, en el suicidio?

En 1846 se casa con Pedro Sabater, gobernador civil de Madrid, aficionado a la literatura y adinerado, pero padece una grave enfermedad y fallece al poco tiempo en un viaje, por Burdeos. En su desespero se retira a un centro espiritual y allí escribe el Manual del Cristiano y posteriormente compuso dos elegías que son de lo más destacado de su obra poética.

Elegía I
(Después de la muerte de mi marido)

   Otra vez llanto, soledad, tinieblas...            
¡Huyó cual humo la ilusión querida!              
¡La luz amada que alumbró mi vida               
      Un relámpago fue!                

   Brilló para probar sombra pasada;           
Brilló para anunciar sombra futura;              
Brilló para morir... y en noche oscura           
      Para siempre quedé...            

En 1853, a la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, y movida por el éxito de sus producciones, presenta su candidatura a la RAE, pero el sillón Q mayúscula fue ocupado por un hombre, rechazando su candidatura los misóginos académicos de entonces, que se lo otorgaron a Antonio Ferrer del Río. Si dice que Juan Valera, nacido en Cabra, que fue seminarista en nuestra ciudad, y que sería académico en 1862, puso como excusa que “su enorme culo gordo no cabría en ninguna de las sillas”, curiosa misoginia para un sujeto que vivía con su madre. Incluso, al escritor José Zorrilla, se le adjudica una frase más contundente donde dice que la mujer que escribe era “un error de la naturaleza”. Y no fue hasta 1979 que una mujer pudiera entrar en la RAE, Carmen Conde. Antes había quedado también desechada Emilia Pardo Bazán. Y María Molinier, lexicógrafa y autora de su diccionario, tampoco lo fue, pues optando a la letra B mayúscula, se la otorgaron a Emilio Alarcos en 1973. En la actualidad son 8 las mujeres de 44 miembros (18%)

Curiosamente, Tula, escribe con posterioridad en Cuba (Revista El Álbum Cubano, que ella dirige) en una serie de artículos englobados en “La mujer” (1860), en los que se plantea la igualdad intelectual entre el hombre y la mujer, e incluso la superioridad intelectual de las mujeres: “No ya la igualdad de los sexos, sino la superioridad del nuestro”. 

La marcha a Cuba

En 1856 se casa con un político influyente, el coronel Domingo Verdugo. En 1858 se estrena en el teatro “Los tres amores”, otros dicen que fue Baltasar. Alguien tira un gato negro al escenario, se lo achacan a un tal Antonio Riber, y su marido se enfrenta con él en la calle y es herido de gravedad. Para curar las heridas marchan a Cuba, en 1859, donde es acogida con todos los honores y en el Liceo de la Habana es nombrada poetisa nacional. Su marido muere 1863 y se acentúa su espiritualidad y entrega mística a una severa y espartana devoción religiosa.

Regreso y muerte

En 1864 vuelve a Madrid, tras pasar por Nueva York, Londres, París y Sevilla. Muere en 1873, a los 58 años, enferma y sola, ordenando en su testamente sea enterrada en el panteón familiar de Sevilla, y que sean traídos los restos de su esposo desde Cuba para que reposen con ella.

Su personalidad

Creo que es importante destacar algunas características de su personalidad:

Fue una de las mejores expresiones del movimiento del romanticismo. Pero se le identifica también como precursora del feminismo, abolicionista y rebelde, crítica con la sociedad imperante. 

Es de temperamento vehemente, arrolladora, apasionada, entusiasta y tal vez invasiva. Inteligente, segura, asertiva y en muchos aspectos transgresora. Dado su carisma, su personalidad, su belleza física y su pasión desbordante, provocó tal fascinación entre hombres y mujeres que no necesitó más que ser ella misma para lograr el éxito. Sufrió y gozó mucho porque tenía una sensibilidad acusadísima, unida a un carácter dominante y egocéntrico (necesitaba atenciones y ser el centro), tal como se nos ha indicado en el video. Logró el éxito empleando buenas armas: tesón, creatividad, audacia...

En todo caso, ese carácter y temperamento le ocasionó muchos problemas en un mundo machista y misógino.

Sus amores

Respecto a sus amores hay cuatro hombres importantes en su vida, de los que ya hemos hablado, obviando otros de menor trascendencia como Antonio Romero Ortiz, por ejemplo, y son:

Ignacio de Cepeda. Un amor frustrado, entre el Si y el No, que no llegó a cuajar en matrimonio porque Cepeda “la quería tanto como la temía”. Pero viven una atormentada relación amorosa, nunca respondida de la manera apasionada que ella le exige, pero que le dejará indeleble huella. Aunque sí cuajó en una gran amistad y afinidad que permitió que Cepeda fuera su paño de lágrimas, su confidente y soporte en los malos momentos, incluso estando casada, véanse las cartas que se intercambian. Curiosamente esto se acaba cuando él se casa.

Gabriel García Tassara. Poeta, del que deduzco un ego superior. Tassara desea conquistarla para ser más que toda la corte de hombres que la asedian, pero tampoco quiere casarse con ella, solo quiere cobrar la pieza deseada para enaltecer su ego. Está enfadado por la arrogancia y la coquetería de Tula, escribe versos que nos hacen ver que le reprocha su egolatría, ligereza y frivolidad. Pero la Avellaneda se rinde a ese hombre y poco después casi la destroza. Lo curioso es que tras su marcha y abandono de ella y de la hija, a los 7 años aparece y se constata una relación como si no hubiera pasado nada. Se intercambias libros, etc.  Yo me pregunto: ¿Es el orgullo de ambos el que entierra el pasado?

Pedro Sabater. Gobernador civil de Madrid, que se convierte en su primer esposo en 1846. Era un hombre con aficiones literarias, adinerado y algo más joven que ella. Sin embargo, éste padece una grave enfermedad, y los recién casados viajaron a París en el intento por buscar una cura a la dolencia del enfermo, pero el 1 de agosto, regresando, don Pedro Sabater muere en Burdeos en brazos de su esposa.

Domingo Verdugo, su segundo esposo (se casa en 1856), que muere en Cuba en 1863, como ya hemos referido, dejándola sumida en una crisis existencial  

Sus obras

En Madrid se codeó con escritores como José Zorrilla, Fernán Caballero, José Espronceda y Alberto Lista; pero también sufrió las críticas de intelectuales como Marcelino Menéndez y Pelayo, uno de los que influyó para impedir su ingreso a la RAE. Conoció también, en sus viajes por Europa, a Víctor Hugo, Chateaubriand y Lord Byron.

Su poesía manifiesta su análisis de los estados emocionales derivados de la experiencia amorosa. Fue tratando cada vez más asuntos religiosos, especialmente a raíz de la muerte de Pedro Sabater y su enclaustramiento en Burdeos. Esta temática procuraba dar respuesta al vacío espiritual, a la inquietud y el anhelo insatisfecho, ya expresado en un poema anterior a su boda con Pedro Sabater:

Yo como vos para admirar nacida,
yo como vos para el amor creada,
por admirar y amar diera mi vida,
para admirar y amar no encuentro nada.

En este sentido destacan los poemas:
·        «Dedicación de la lira de Dios»,
·        «Soledad del alma» o
·        «La cruz», cuya métrica incluye un acertado cambio del endecasílabo al eneasílabo.

En cuanto a la métrica, en la obra de Avellaneda se encuentran versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta; de quince y de dieciséis sílabas, poco frecuentes en la poesía en español. También utilizó un verso alejandrino (de catorce sílabas) cuyo primer hemistiquio es octosílabo y el segundo hexasílabo, o donde el primero es pentasílabo y el segundo eneasílabo.

También cultivó los géneros narrativo y especialmente el dramático. En España escribió una serie de novelas, la más famosa, Sab (1841) que trata la temática esclavista y de amores no correspondidos, considerándose la primera novela antiesclavista de la historia. “Dos mujeres” que supone una invectiva contra el matrimonio y la defensa del divorcio ante una unión no deseada. Su cuarta novela, Guatimozín, reúne una gran cantidad de erudición histórica y se sitúa en el México de la etapa de la conquista. En sus restantes obras narrativas, si bien carecen del vigor de las tres primeras, sigue presente la decidida crítica a la sociedad convencional.

En cuanto al teatro, su obra ocupa un lugar importante en la escena española del periodo 1845-1855, cuando el drama romántico había decaído y aún no había surgido la alta comedia. Leoncia fue estrenada en Sevilla en 1840, tuvo una buena acogida y poseía cierta originalidad. Su primera obra estrenada en Madrid, en 1844, fue Munio Alfonso, ambientada en la corte de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona, con una producción de dramas históricos de los que son muestras representativas El príncipe de Viana (1844) y Egilona (1846).

Pero sus mayores éxitos en el teatro los obtuvo con dos dramas bíblicos: Saúl (1849) y, sobre todo, Baltasar (1858), considerada su obra cumbre en el ámbito dramático. Los dos muestran aspectos distintos del Romanticismo. Saúl representa la rebeldía, mientras que Baltasar escenifica el hastío vital, la melancolía del «mal del siglo» que será sentida en la segunda mitad del siglo por los poetas simbolistas franceses (Paul Verlaine) y en el modernismo hispánico (Ruben Dario).

Entre sus comedias, cabe destacar La hija de las flores (1852). En 1860 escribe La mujer (conjunto de artículos), a la que ya creo que hemos aludido, donde plantea la igualdad intelectual entre hombres y mujeres.

Y ya se han mencionado en el viedo sus leyendas, de las que destacan: El aura blanca, La dama de Amboto y El Cacique de Turmequé…

Para finalizar, es de justicia acabar esta exposición con una lectura de sus poemas. Por tanto, por mi parte, muchas gracias por vuestra atención y damos paso a esa lectura.