miércoles, 13 de mayo de 2020

La renta básica




El ingreso mínimo vital o renta básica está provocando movimiento en determinadas esferas políticas de corte neoliberal. Rechazo incomprensible para mí, por parte de quienes defendieron y dieron a la banca una inmensa fortuna para rescatarla de la crisis, dinero de las arcas del Estado (no debemos olvidar que Hacienda somos todos según aquel viejo aforismo que nos exhortaba a cumplir con los deberes tributarios). Pero hay algunos, herederos del Rey Sol, que se creen que el Estado son ellos, por lo que nadie más que ellos han de gestionar la situación para salir de la crisis.

Volviendo a la renta básica, algunos círculos políticos mantienen que al pobre no se ha de dar nada, que se hace holgazán y, luego, lo convierte en un derecho. Al pobre se le ha de hacer caridad, darle limosna, cumpliendo con el mandato de los Santos Evangelios. Al Cesar lo que es del Cesar, o sea al rico, y a Dios lo que es de Dios… y al pobre la limosna que Dios dice. Siempre ha sido así, manteniendo al pobre agradecido a su amo por haber sido bendecido con esa caridad divina que le mantiene en la fe y en la obediencia.

La caridad genera agradecimiento y sumisión, como debe ser para seguir el orden establecido. Pero la renta básica se convierte en un derecho y crea exigencia. El pobre es “bienaveturado” porque tiene la suerte del premio, a su sufrimiento terrenal, en el reino de los cielos. El pobre rico sufrirá en desconsuelo, pues antes que él entre el ese reino, pasaría un camello por el ojo de una aguja. Pero si el rico ejerce la caridad, tal vez, pueda abrirse la puerta del paraíso.

¿Qué será de nosotros si no se nos permite ejercer esa virtud teologal, que es la llave que nos abre las puertas de los cielos? dirán los ricos. Hemos de sembrar la fe en sus espíritus, para que tengan la esperanza de recibir nuestra caridad. Si no ejercemos la caridad con el pobre, si el Estado cubre las necesidades básicas en los momentos de crisis, no tendrán estímulo y se harán parásitos, mientras nosotros, los elegidos por el sistema, no podremos lavar nuestras conciencias ejerciendo esa gran virtud de la caridad.

Déjenlo como está, porque el rico sin el pobre no podrá superar su conflicto de conciencia, no podrá lavarla con la caridad para seguir viviendo en paz consigo mismo.

Ahora sin sarcasmo: Estos absurdos argumentos que he descrito, y otros muchos, son, en gran medida, los que sostienen los defensores del desequilibrio social, los que gestionan la abundancia y dejan caer de sus mesas las migajas para que se alimenten sus servidores, los que ante cualquier cambio de orden estructural, que lleve a una justicia distributiva, lo llaman revolución bolivariana… y, aunque lo pida el Papa, incluso el mismo de Guindos y otra mucha gente de bien, serán acusados de perversos seguidores de esos planteamientos. Yo creo que hay una premisa humanitaria de orden social, que ya soltó el lastre del pasado, para dar paso a la concepción de pueblo soberano, tal como se recoge en la Constitución, potenciando la idea del Estado moderno que conjuga los intereses comunes y estructura el sistema con objeto de velar por el bienestar de los ciudadanos.

Una de las características esenciales de un sistema democrático, al menos bajo mi punto de vista, es la solidaridad entre la ciudadanía, la justa distribución del desarrollo económico y la búsqueda sistemática de la evolución de todos y cada uno de los miembros de la sociedad. En ese sentido, para que un ser humano pueda desarrollar su capacidad intelectiva y evolucionar para servir a esa sociedad ha de tener cubiertas determinadas necesidades básicas que le permitan reorientar su esfuerzo más hacia el desarrollo personal que ha esclavizarse para cubrir las necesidades básicas de su fisiología, sin olvidar su acceso el sistema educativo y de formación para hacerlo partícipe activo y responsable de ese desarrollo social.

Por tanto, en un momento como este, creo y apoyo esa renta básica como una salida digna y solidaria para los más necesitados, y no entiendo que haya alguien que la niegue. Es cierto que en el mundo capitalista y neoliberal, defiende el mercado en plan darwiniano y no quieren someterse a controles gubernamentales que les obligue, mediante normas y leyes, a criterios de distribución equitativa de las rentas o ganancias producidas.


Hay debate intenso sobre el tema de la Renta Básica Universal, pero, según muchos politólogos y economistas, sería una buena respuesta a la lucha contra la pobreza en el mundo, toda vez que, como dice el sociólogo y politólogo Christopher Zahonero Ballesteros: “(…) la desigualdad, la exclusión, la pobreza y otras problemáticas sociales no sólo son causadas por el sistema capitalista, sino que son su condición intrínseca de existencia”. Cuando la robótica viene a suplantar al ser humano en el trabajo, con el riesgo de excluirlo del flujo económico que le facilite el acceso a los productos que requiere para subsistir, se ha de plantear este dilema y dar solución a la situación desde los propios Estados.

El problema para mí, en estos momentos y en nuestro país, está en que según quien gobierne la salida de la crisis será una u otra. En un lado está el capital, sus sociedades económicas y el mundo macro empresarial; por otro la ciudadanía de a pie. Tesitura: ¿Volvemos a centrarnos en salvar a la banco y a las corporaciones económicas y financieras dejando en la cuneta, como ya se hizo, a la clase trabajadora y media empobrecida, o salvamos a los ciudadanos reconvirtiendo la industria y el sistema económico para hacerlo más afín a un futuro que se ha de diseñar? Entiendo que el poder económico use su fuerza y su capacidad de crear empleo como elemento negociador, pero no para chantajear y poner contra las cuerdas al Estado, obligándole a obviar la cobertura elemental de las necesidades básicas de la ciudadanía. Al fin y al cabo no debe ser excesivamente complicado, pues se acaba de llegar a un acuerdo sobre la ampliación de los ERTEs entre la patronal y los sindicatos de la mano del Gobierno.

En esta tesitura lo más conveniente, dado que ya somos todos mayorcitos, lo lógico, es que el mundo de la política asuma de una puñetera vez su papel negociador, se sienten a hablar y hagan compatibles los intereses de todos, consiguiendo acuerdos donde todos ganemos perdiendo lo menos posible.  Pero en lugar de eso, se ponen palos en las ruedas, quieren eliminar al contrincante para ponerse ellos y dirigir a su antojo el camino para salir de la crisis por la ruta que pasa por su casa. No hay nada más que ver como se dinamita al contrario sin darse cuenta que eso lleva al caos y a tensar una sociedad alienada que se deja llevar por discursos emocionalmente incendiarios. En realidad, lo que nos interesa al pueblo llano, es que no se nos distraiga con banalidades interesadas para, tras la cortina de humo, seguir haciendo de las suyas mediante la teatralidad histriónica de dolorosas de papel cuché.

Uno no sabe si seguir intentando poner un poco de cordura o acabar diciendo como indica uno de los sabios refranes: “Para lo que me queda en el convento me cisco dentro”. Tal vez sea lo más balsámico para tanta vehemencia y acritud. “Yo ya hice mi trabajo, el que venga detrás que arree y se atenga a las consecuencias”.  El tiempo del jubilado está más para establecer el equilibrio y la paz interior que para entrar en combates de un futuro en el que estará ausente, eso sí, por qué he de renunciar a plasmar lo que pienso y si le sirve a alguien que lo coja y si no le sirve que lo obvie. Yal vez falte, en esta política, la brillante y tribal sensatez del anciano, y sobre la testosterona impaciente de los jóvenes, que pretenden llegar al poder para realizarse como seres mayores y megalómanos, partiendo, en muchos casos, de su inmadurez psicológica.


domingo, 10 de mayo de 2020

El futuro incierto, ¿una fantasía de pesadilla?



Estamos viviendo momentos extraños, inauditos. Tal vez eso nos aboque a supuestos fantasiosos y “teorías conspiranoicas”.  De todas formas, a lo largo de la historia, el ser humano ha mostrado, y sigue mostrando, esa dualidad dicotómica. Se mueve en un continuum entre dos extremos opuestos; bondad-maldad, altruismo-egoísmo, amor-odio, inteligencia-brutalidad, paz-guerra, tolerancia-intolerancia, abundancia-miseria, riqueza-pobreza, etc.  Depende de lo que cultives aflorará de tu interior. Todo ser humano se ubica, bien por principios, credo, ideología o conveniencia, en un punto determinado de la línea que une ambos extremos. Ese punto no es fijo, es dinámico y variable en función del balance personal que hace el propio sujeto, pudiendo ubicarse más cerca o lejos de un extremo según su puntual razonamiento. Incluso, en determinados momentos, el propio autoconcepto, permite al sujeto tener conciencia de una ubicación diferente a la que realmente ocupa. Por ejemplo: “Yo soy bueno porque doy limosna”, pero hay casos en que esa limosna solo sirve para lavar la conciencia y permitir el razonamiento que satisfaga al sujeto.

Existe otro elemento interesante relacionado con la pertenencia al grupo. El marco cultural, ético y moral de un grupo lo define la cultura social con principios y valores que la sustentan. Está muy vinculado con el espíritu de los tiempos, que viene a ser el motor, o el marco de referencia de la sociedad. Ese marco es dinámico y las opiniones emergentes lo reconducen, mediante un proceso de homogenización social, en otra nueva dimensión de principios y valores, al que podemos llamar proceso homeostático continuado.

En estos tiempos estamos viviendo una transformación interesante en esa vía. Se está pasando a manifestar, con claridad meridiana, un egoísmo social, de grupo o nación, que conduce a viejos postulados de corte totalitario y excluyente. El "America First" (América primero) de Trump es un claro ejemplo de pensar egoísta, ¿pero quién son los first, los primeros? La insensibilidad de gran parte del pueblo americano, con la miseria y el sufrimiento de países extranjeros, donde la guerra hace estragos, empobrece, mata y destruye patrimonio, muestra una frialdad aplastante, una introspección nacional egoísta. Esa verdad pragmática, donde solo vale lo que vale parta mí, acaba disgregando al ser humano, apartándolo del valor humanista y aflorando la absoluta indiferencia hacia los demás.

El peligro está en que empecemos a convencernos de que no podemos vivir en este mundo tantos millones de habitantes. Que debemos reducir la población de la Tierra y que, en nuestro interior, se vaya desarrollando un actitud permisiva que racionalice y acepte, como vía de supervivencia de la raza predomínate, la tolerancia a esa debacle apocalíptica que limpiará el mundo de parásitos indeseables para que sobrevivan los inteligentes y poderosos. Será una raza de gente fuerte, resistente a los virus y agresiones patológicas, pues ellos habrán sido mutados para no ser infectados. Hitler levantará la cabeza y no necesitará campos de exterminio, sino virus serviciales que le harán el trabajo sucio.

Parece fantasía, pero puede llegar el momento en que la gente acepte y potencie la idea de que sobran los indeseables, los insanos y miserables habitantes de la tierra que ocupan los espacios que la raza superior necesita para su expansión. Un nuevo nacismo racista y excluyente que, a través de la ciencia, de la microbiología y la genética, se permita cultivar y desarrollar a la especie superior, sumisa al sistema, irrelevante como individualidad, pero fuerte y resistente al servicio de la sociedad establecida, donde la creatividad, el conocimiento y la investigación científica estén dominados por el orden establecido, por el líder supremo. La creatividad, el pensamiento y la conducta del individuo deberán ajustarse a la norma y la ley que define el marco que garantiza su absoluta seguridad en el sistema, al que ha de someterse para neutralizar los sujetos tóxicos, rebeldes y que buscan la destrucción de esa seguridad que te otorga el Gran Hermano. Nos someteremos a todo tipo de controles de la mano del líder, para identificar al terrorista asesino que quiere dinamitar el sistema establecido, el que garantiza nuestra seguridad y vida alienada.

Tal vez este virus no, pero puede que el siguiente, natural o artificial, cuando el nuevo espíritu de los tiempos defienda, acepte y conciba la necesidad de disminuir, selectivamente, los habitantes de la Tierra, haga el trabajo sucio. Una pandemia asolará el planeta y solo se salvarán aquellos que tengan recursos para afrontar la crisis, recursos sanitarios y económicos. Solo será cuestión de saber gestionar la crisis, de preservar lo “preservable”, y dejar que se elimine lo innecesario para el nuevo orden.

Darwin, desde arriba, horrorizado, verá como el ser humano domina la evolución con la tecnología y la ciencia, el nuevo dios que suple al proceso evolutivo de la especies que, a lo largo de milenios, llevó a la preponderancia del hombre sobre todo lo creado. Entonces, el hombre, el ser humano, habrá dejado de ser humano y habrá reimplantado en su mente la nueva inteligencia, sumisa y absolutamente racional, carente de emociones que alteren los procesos evolutivos de la sociedad del futuro. Nacerá de forma diferente, comerá diferente, se relacionará diferente… todo será diferente para un ser diferente. Mientras tanto, puede que la Tierra haya sucumbido definitivamente, que se parezca más a Marte, desierta, tunelada y con espacios artificiales donde se ubiquen con absoluta seguridad las nuevas sociedades, sumisas e integradas en el sistema de los ciborgs. ¿El ser humano del futuro será un ciborg?

Cuando los sentidos se eliciten o estimulen artificialmente, cuando la realidad del entorno no sea la realidad sino aquello que percibes como real, cuando tu mente, en una pura abstracción viva una vida imaginaria, cuando el cuerpo que soporta la inteligencia no sea un cuerpo celular, bilógico natural, donde las emociones jueguen en la toma de decisiones y en la creación de opiniones y actitudes vitales, sino que sea un montaje artificial, entre biológico y mecánico tecnológico, un instrumento soporte de esa inteligencia, carente de emociones, fría y calculadora, manipulable mediante programación, entonces, viviremos en un Matrix. Pensaremos, programadamente, que somos sublimes, pero solo seremos una creación artificial, una nada engañada inmersa en un todo, como el grano de arena conforma la playa… más o menos como ahora, pero sin espíritu crítico para sentirte libre en tu pensamiento, en tu creatividad y en tus emociones… ¿o puede que hasta eso consigan?

Que Dios nos coja confesados, si es que Dios no está de su parte…

viernes, 8 de mayo de 2020

75 aniversario del fin de la II Guerra Mundial




La muela, Torre de la iglesia Kaiser Guillermo 
Hoy, 8 de mayo, se cumplen 75 años de la rendición incondicional de la Alemania Hitleriana. Durante más de 5 años el mundo fue sacudido por la más violenta guerra de toda la historia, donde murieron el mayor número de civiles jamás conocido en una contienda. La guerra seguía en oriente y aún quedaban muchos seres humanos por pasar a la tumba o la fosa común. Japón seguía resistiendo, con la heroicidad propia del tozudo irracional anclado a la idea única, como antes habían hecho sus aliados alemanes de ideología nazi. A Japón le quedaba la inmensa desgracia de Hiroshima y Nagasaki, donde con solo dos bombas mataron a decenas de miles de civiles inocentes a modo de escarmiento, para hacer sucumbir al gobierno del imperio del sol naciente.

Pero la Alemania donde Adolf Hitler, el cabo de la primera guerra mundial, había impuesto un régimen totalitario, racista, imperialista y especialmente hostil con judíos, gitanos y todo tipo de marginados “dignos de exterminio”, caía tras el suicidio cobarde de su jefe, el máximo responsable de la tragedia mundial (respecto al suicidio me llegó el otro día una foto de la portada del diario ABC del día 2 de mayo de 1945, donde se le adjudicaba una muerte honrosa con este texto: “ADOLFO HITLER MURIÓ AYER TARDE EN LA CANCILLERÍA DE BERLÍN, LUCHANDO HASTA EL ÚLTIMO MOMENTO CONTRA LAS FUERZAS COMUNISTAS. SU SUCESOR, EL GRAN ALMIRANTE DOENITZ, ANUNCIA QUE LA LUCHA CONTINÚA”.   

El ascenso al poder de Hitler no estuvo exento de manipulación, de falsedades y bulos, de desinformación y llamadas emocionales al sentido de patria, raza y prestigio del pueblo alemán, rubio, alto y ario, pues esa fue su divisa. En la primera guerra mundial habían sido derrotados, humillados y obligados a firmar el armisticio en la madrugada del 11 de noviembre de 1918, en un vagón de tren en el bosque de Compiègne. Allí, los representantes de las potencias aliadas firmaron el armisticio con Alemania. El líder guerrero y vengador de la afrenta supo envolver a un pueblo humillado y sumido en su baja autoestima por la pérdida de la contienda, en un halo de ilusión y de futura grandeza, un delirio megalómano del führer cultivando la fantasía liberadora de un Tercer Reich como imperio de Europa hasta llegar a los Urales. 


La exaltación de la gloria venidera, la venganza sobre los vencedores del pasado que les llevó a la humillación, la recuperación del honor y la honra perdida en la contienda, abrió la mágica puerta de un demencial hechizo hacia la gloria, que resultó el más terrible de los infiernos.  Hitler, un cabo que vivió en sus carnes la humillación de la primera guerra, definió el camino en su libro Mein Kampf (Mi lucha). Requirió identificar enemigos a batir, exaltando los valores guerreros y la creación de un ambiente de eufórica venganza contra aquellos que les humillaron en la primera gran guerra, que facilitó el enganche de fanáticos insensibles a la singularidad del ser humano libre, para integrarlo en un complejo organizativo donde debía servir a Reich, porque de lo contrario, serían eliminados con enemigos del mismo. 

Esa ideología nazi, junto al fascismo italiano y al nacionalismo japonés, germinado en el socialismo nacionalista de Ikki Kita en contraposición a socialismo marxista, fraguaron el eje imperialista que inició la guerra y que, al final, sucumbió ante los aliados y el comunismo estalinista.

Las consecuencias fueron desastrosas, traumáticas, horrorosas… Destrucción y muerte por doquier, cambios importantísimos a nivel económico, estratégico y geopolítico, miseria y pobreza, enfermedades y violencia… la ruina y pérdida definitiva de la supremacía europea en el mundo, con la consolidación de primera potencia de los EE. UU.

Vista aérea de Berlin
Según algunos cálculos murieron más de 19 millones de soldados (especialmente alemanes (3.3 millones) y rusos (9.3 millones)), además de 47 millones de civiles (14 millones en China, 3.6 en Alemania, 1.3 en Yugoslavia, 3.5 en Polonia, 23 en la URRS y, entre ellos, 6 millones de judíos, la mayoría en campos de concentración y exterminio). Sumemos a estos los mutilados, humillados, un millón de mujeres violadas por los rusos, según algunos cronistas… Una verdadera calamidad, un horror.

Puerta de Brandeburgo
Pero todo fue consecuencia de un delirio megalómano de un sujeto, que supo embaucar a un pueblo para llevarlo a la gloria de un poder omnímodo, por falaces caminos de promesas, que acabaron en desastre. Con bulos y mentiras, los de Goebbels, a fuer de repetirlas hiciéronlas verdades, para que el pueblo alemán, siempre pensante, científico y filósofo, cayera en la barbarie. Fanáticos sembraron el odio a judíos y a gitanos, a negros africanos, diciendo que su raza aria era la predestinada para reinar en la Tierra, sobre gente inferior que marginaron.

No estamos exentos de volver a tropezar de nuevo con la piedra, pues ello es muy humano… pero una piedra es una piedra que puede pasar inadvertida, y un muro de roca es un muro que acaba convirtiéndose en lamentaciones, en muros de Berlín, murallas chinas, en muros que separan a los pueblos, como pide Trump con México, Israel con Palestina, y tantos otros que forjan las fronteras a caballo de mucha paranoia, que te hace pensar que en poco tiempo, tu vecino o hermano será el odiado enemigo al que tirarás a muerte, como pasó en Yugoslavia, si cultivas el odio que siembran el megalómano líder en tu mente.

Hoy precisamente, cuando volvemos a confrontar, con tanta vehemencia, ideas y principios contra otros, cuando el debate ha perdido el sosiego requerido, cuando el político olvidó lo sucedido, cuando, incluso, pretenden levantar viejas ideologías, rompiendo la Europa de hoy día, para volver al desencuentro y al conflicto, pueden sembrar de nuevo la semilla del odio que siempre provocó la guerra. Con todo eso, volvemos a divisar en la contienda política una dura confrontación casi prebélica. Algunos reclaman que volvamos a dictados excluyente de otros tiempos, incluso, reclaman, como antaño, su rebelión militar de los años 30. Mas no hemos de caer en esa trampa sabiendo lo que desde aquella maldita guerra todos sabemos.

¿Será que el hombre no aprende de la historia? ¿O acaso será que no se asombra hasta que no la vive, pensando que en la guerra está la gloria? No es lo mismo, amigo mío, verla en la tele, jugar en la consola, ver la muerte de lejos, indiferente, con la frialdad que hoy se siembra entre la gente, sabiendo que hasta ti no ha de llegar, o vivir la gloria de la victoria en la pantalla, elegir hacerte parte del vencedor y no del vencido, no pasar miedo sentado en el sofá. Los héroes, asesinos de batallas, criminales de aureola, paranoicos con delirios de grandeza, sembradores de odio, tan valientes, nos llevan al desastre si no somos conscientes de defender lo que tenemos, de confraternizar con el vecino, de poner la amistad sobre el prejuicio, de comprender al divergente y verlo como un complemento que puede aportarte otra visión desde un punto diferente. ¿Es posible, pues, escarmentar en cabeza ajena, o se ha de vivir lo ya vivido por el otro, para descubrir el amargor de la violencia?

Hace unos años fui a Berlín, visité el muro, fui descubriendo lo que fue tras la contienda y tomé conciencia de lo que debió ser el destrozo de la guerra. Tal vez, haya dos testigos importantes, o al menos a mí me parecieron, uno es el Reichstag destrozado que lo fue, primero por el fuego en tiempos de Hitler, de sospechosa autoría, después por la guerra. Quedó en tierra de nadie y no se pudo rehacer hasta la unificación. Una cúpula de acero y cristal completa lo destrozado para dar testimonio de los hechos a la vez que, con luz y transparencia, se puede imaginar, sobre el Berlín actual, el otro del pasado. Norman Foster supo conjugar el maldito ayer con el presente, dando a la gente, una visión impresionante de lo que ahora es y lo de antes.

Reichstag
Hay otro lugar, dejado exprofeso como quedó en su momento, a modo de testigo. La torre de la iglesia neorrománica Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche (iglesia en recuerdo del emperador Guillermo). La iglesia no fue un edificio de especial importancia hasta que quedó destrozada por las bombas de los ataques aliados durante la II Guerra Mundial. En 1950 se hicieron planes para su demolición, pero los ciudadanos se negaron y se tomó la decisión de crear un monumento conmemorativo con los restos de la iglesia.

Berlín es una amalgama entre un pasado de guerra a olvidar, otro de división como vencidos y un presente de una Alemania unida, viviendo bajo la losa del ayer y temerosa de volver, de regresar, a cometer los errores que la destrozaron.  

Nosotros, que también sufrimos la contienda en nuestra casa, destrozando las ciudades, con cientos de miles de muertos, donde los vencedores fueron apoyados por aquellos megalómanos que usaron a este pobre país cono campo de prácticas, nosotros, digo, también deberíamos centrarnos un poco, racionalizar las situaciones, para comprender y procurar el cultivo de la convivencia mediante políticas racionales, leales al pueblo español, que busquen remar en el mismo sentido ante la adversidad y la tormenta. Para seguir navegando se ha de salvar, con todas las energías, el barco apoyando al capitán… cuando se llegue a la mar calma, con el barco a flote, hablaremos de cuál ha  de ser el mejor rumbo y quien ha de ejercer el mando para mejor bogar hacia el futuro.

 Fotos actuales.

Muro de Berlin: beso de Erich Honecker y Leonidas Breznev,

Restaurante en Berlin

Marx y Hengel

Lugar de ocio nocturno

Museo Puerta de Istar. Museo de Pérgamo, Berlin

Catedral

Puerta de Brandeburgo

Interior cúpula de Reichstag

Interior cúpula de Reichstag

Interior cúpula de Reichstag

Vista frontal del Reichstag







lunes, 4 de mayo de 2020

Los bulos y demás manipulaciones



Últimamente se habla mucho de bulos y de su uso para influir en la gente permeable a los mismos. Los bulos, bajo mi punto de vista, son creaciones o mentiras elaboradas con objeto de engañar o manipular al lector con algún objetivo concreto que beneficia al emisor. El diccionario de la RAE lo define como: “Noticia falsa propalada con algún fin”. Por tanto solo tendrá efecto en aquellos que no tengan conocimiento, criterio o voluntad para someterlo a crítica razonable, a quienes, por actitud o posicionamiento ideológico o de credo, estén en disponibilidad de darle crédito, sin pasarlo por el tamiz del razonamiento para verificar si es verdad, en tanto refuerza a su convicción o fe, cuestión que está, para ellos, por encima de cualquier otro planteamiento que la cuestione.

En más de una ocasión he hablado de la disonancia cognitiva como un elemento potenciador del conflicto interno. Es decir yo no puedo dar crédito a aquello que va en contra de mis principios e ideas, ya que eso me crearía una duda y cuestionamiento de mi “verdad” y me llevaría al conflicto, mi certeza se diluiría y volvería a sembrar la duda. La duda que, para las mentes científicas y racionales, para aquellos que buscan la verdad a sabiendas de que el conocimiento supremo o verdad absoluta es inalcanzable, (recuérdese lo que decía Sócrates: Solo sé que son sé nada), es la madre e impulsora del conocimiento y la evolución; a las mentes apáticas y sin aprendizaje y práctica en el uso del discernimiento, les resulta agresiva, desestabilizadora, emocionalmente complicada y difícilmente gestionable, dada la necesidad de moverse con certeza que tiene el ser humano. Estas actitudes buscan la certeza en un líder que piense por ellos, que les dé el razonamiento ya hecho y el diagnóstico preciso de la reflexión. Se mueven más por otra medida diferente al razonamiento, que es el juego de las emociones. No dudan porque, emocionalmente, son incapaces de tolerar la duda y prefieren seguir el dogma, el principio o axioma, que le dan ya elaborado. He aquí donde la semilla del bulo germina.

Pero no he de mostrarme tan drástico en el planteamiento, porque en todos los seres humanos juegan esos dos elementos, las emociones y la razón. Al conjugar los dos factores afloran los resultados que conformarán la actitud, la opinión y conducta del sujeto. Hace ya años, allá por 1950, Eric Berne, enunciador del análisis transaccional, defendió tres estados del yo: padre, adulto y niño. La técnica pretende explorar la personalidad de un individuo y cómo éste ha sido moldeado por la experiencia, en especial los derivados de la infancia. De ello dependerían sus conductas y actitudes respecto a su entorno y a los otros sujetos con los que se relaciona. El adulto, donde prima la racionalidad y el dominio de las emociones, el inmaduro niño adaptado o crítico y el padre crítico o nutriente donde se conjugan las dos variables según el caso. Tal vez podríamos establecer tres o más estados respecto a los bulos. El que fríamente los razona y califica llegando al rechazo, aquellos que les dan credibilidad infantil por otorgarle al emisor el prestigio de la autoridad y los que además los crean y emiten con el ánimo de influir en los demás desde su convicción de entendido. Todo eso va a depender de su proceso educativo, o formativo, respecto a su independencia personal para elaborar su juicio, de su vínculo con los demás, de su integración en los grupos y su aceptación del gregarismo, de su sentido de la libertad de pensamiento compartido con los demás desde la tolerancia, empatía y disposición a la comprensión de la divergencia sin imponer las propias ideas. Pero en todo caso, reitero que las emociones son difícilmente gestionables para la mayoría de nosotros debido a cómo se nos ha formado históricamente. Ciertamente, ha primado el “borreguismo” para formar parte del rebaño y así seguir los pasos, que nos indica el pastor, sin rechistar. El librepensamiento fue denostado por poner en cuestión las ideas y principios religiosos y políticos del momento, hasta que el siglo de las luces acabó creando otra realidad social e ideológica.   

Pero, volviendo al tema de los bulos y falsas verdades, hay mentiras, que aun no siendo verdad, pasan por el tamiz como posibles o verosímiles. Estos son los bulos más efectivos, pues hay disposición de aceptarlos como verídicos por parte de los adeptos al emisor, dentro de su disposición de “hooligan” acérrimo del grupo que la emite. En política serían los fanáticos de cada partido o ideología, pues ubican y rechazan cualquier cuestionamiento de su partido como una agresión y aceptan el vilipendio o denostación del contrincante sin poner el argumento difamador en cuestión. En esta guerra sucia, nada democrática, de la política, pues la democracia implica el reconocimiento de la diversidad de pensamiento y el respeto al mismo, se ha de combatir y derrotar al bulo mediante la contrastación argumental. Pero, cuando las emociones y actitudes crean un muro impenetrable la cosa se complica y el bulo prospera en los adeptos al “bulador” o creador del bulo.

Es evidente que, una vez que la política entra en lo canallesco, se rompe la lealtad democrática y aflora la confrontación traicionera y desleal que pone el interés, exclusivamente, en lo partidista y no en el mayor beneficio para el conjunto de la sociedad.  Eso ocurre, bajo mi parecer, por la escasa “formación democrática” de algunos políticos y del pueblo que los vota y por la actitud del sectarismo de los seguidores resistentes a cualquier argumentación lógica, manteniendo su posición enquistada, junto a una manipulación u orientación de la metodología del debate, donde los importante es convencer al otro de la diatriba que se le lanza, en lugar de enriquecerse mutuamente y llegar al encuentro entre las dos posiciones mediante la negociación o acuerdo, si no se consigue confluir en los planteamientos argumentales. 

Además de eso, si entendemos que el mundo de la política ha dejado de ser una confrontación de ideas y propuestas para ofrecer al elector la oportunidad, o posibilidad, de elegir a la mejor, sino que, mediante técnicas de mercado, pretende colocar su producto, como el mejor, de forma fraudulenta, y, en lugar de preocuparse, prioritariamente, de ofrecer la bondad de su mercancía (su propuesta de gobierno) se dedica a denostar al otro, sacar su trapos sucios (cosa loable), negando y ocultando los propios (cosa rechazable), se habrá logrado la perversión del sistema despojándolo de su filosofía y entrando en otro campo suicida de la propia democracia. De este campo se nutren los defensores, que se hacen llamar del orden, de dictadores e ideas únicas, de totalitarismos y absolutismo que le roban la soberanía popular al ciudadano para otorgársela a un dirigente totalitario que ejercerá el poder desde su liderazgo incuestionable, al amparo de ideas de corte hitleriano o estalinista, por poner dos ejemplos extremos, a través del uso de la demagogia, que despierta emociones irracionales, para llevar a la gregaria sumisión del pueblo, ya no soberano, al que no se le supone capacidad formal de decisión.

Quiero introducir en este punto una reflexión sobre el sentido de la competencia. La oferta competitiva conlleva una comparación entre los elementos ofertados. En nuestra cultura el nivel de excelencia de la comparación no siempre es determinante. Solemos elegir lo mejor, pero podemos competir por arriba y en positivo, el mejor de lo mejor, o por abajo, en negativo, donde se elige al menos malo, el mejor de lo peor. ¿Cuál es la diferencia? La maldad está en el ofertante, que antes de presentar y trabajar por su mejora, presenta y trabaja el empeoramiento del contrincante ocultando, de este modo, la propia incompetencia. Esa perversión se da en nuestros políticos, cuando acaban justificando su corrupción, o incapacidad, con la frase: “Y tú más”. Esta expresión trasciende al electorado y se traduce en la discusión: “Los tuyos son más corruptos que los míos, por tanto se ha de elegir a los míos que son menos corruptos”. Aquí aflora la perversión del votante, que acaba tolerando la corrupción de los suyos y ve con satisfacción que los contrincantes sean más corruptos para ganar ellos las elecciones y perpetuarse en el poder.

Pero, a caballo de lo anterior, volviendo al tema, el bulo es el juego de la deslealtad absoluta, del desprecio a la inteligencia del receptor, de la manipulación intencionada del sujeto, haciéndolo, a su vez, un eslabón de la correa de trasmisión al amparo, muchas veces, de su candidez y buena intención por creerlo cierto.

La función del bulo, aparte de la desinformación, descalificación del contrario y otros etcéteras, tiene el objetivo, como chisme, de desviar a la opinión pública de asuntos que no interesan poner sobre la mesa. Mientras estemos pendientes de bulos y chismes, a los que somos tan aficionados en este país, y de los que nuestras televisiones nos tienen tan acostumbrados, nos olvidaremos de cuestiones de mayor calado como la corrupción o los movimientos entre bastidores de la política con intereses de grupo y otras “menucias” de mayor trascendencia. Una persona de derechas podría plantearse que este gobierno está censurando la libertad de expresión al intentar controlar la emisión de bulos y calificarlo de censurador, sin darse por aludido cuando el PP promulgó al llamada Ley Mordaza, de mayor trascendencia en el tiempo, mientras una de izquierdas comprenderá y apoyará la lucha contra el bulo por su efecto desinformador y manipulador, entendiendo, no solo que no es censura, sino lucha por la libertad de expresión como justo derecho a acceder a la verdad y eliminar la manipulación y desinformación malintencionada. 

Curiosidades sobre el bulo y la leyenda.

Siempre hubo bulos a lo largo de la historia, tanto en el mundo político como en el religioso, sobre todo en este último y, a veces, con beneficio mutuo de esos dos mundos. Quiero concluir mostrando algunos de ellos y hasta qué nivel lo irracional cala en mentes sumisas y rendidas a la fe en sus líderes y adoctrinadores. Entre el bulo y la leyenda, para mí, hay una diferencia temporal, el bulo es lo actual con tendencia a diluirse, salvo que persista y cree una leyenda, mito o una heroicidad integrada en la cultura popular.

Introduzco aquí la leyenda de la Cueva Belda, de mi pueblo, que cuenta cómo un fraile, con sus jaculatorias y exorcismo, derrotó a un demonio que allá vivía (historia que nos creíamos a pies juntillas en mi niñez y que aún hay quien se la cree desde su adultez). Hay otras muchas que pueden extraerse hasta de la propia Biblia (cómo se desmoronaron las murallas de Jericó al toque de trompeta (Josué 6:1-25), o cómo el sol se paró para dar tiempo a Josué a vencer a sus enemigos (Josué 10:6-15)). Este asunto de la parada del sol le dio a Galileo muchos quebraderos de cabeza,  con ya sabéis: Su teoría sobre que la tierra giraba en torno al sol, chocó frontalmente con eso de parar al sol, o sea que el que se movía era el sol y no la tierra, según desprendió de la Biblia la Inquisición. Aceptemos esto como algo normal a través de la historia, aunque no verosímil, pero no caigamos en su creencia infantil, si bien cada cual es muy digno de otorgarle la credibilidad que estime oportuna, pues, a estas alturas, sigue habiendo gente, incluso, “terraplanista”.  

Hay otras historietas o leyendas, que debieron de ser bulos en su día, dado que el bulo es sinónimo de rumores, mentiras, engaños, cuentos, falsedades, etc. y, determinadas historietas o leyendas no pasan por el filtro de la verdad, aunque perduren como aseveración de una leyenda que ya, de por sí, es cuestionada y cuestionable.  En los viajes que he ido haciendo por España (dejo el extranjero donde también los hay a mansalva), me han sorprendido cosas irracionales que persisten sin la menor crítica y te sacan una sonrisa de sarcasmo e indiferencia.

Morella es una localidad de Castellón que tuvo en la primera guerra Carlista un protagonismo de primer orden, bajo el dominio de la zona por el general Ramón Cabrera (no era familiar mío). Está coronada por una impresionante fortaleza inexpugnable. Hace unos años la visité y, aparte de otras muchas cosas, encontré una imagen en una fachada de la calle con una lectura al pie que decía:

En esta casa obró San Vicente Ferrer el prodigioso milagro de la resurrección de un niño que su madre enajenada había descuartizado y guisado en obsequio al santo. (1414)” Estos es mucha más milagro que la gallina de Santo Domingo de la Calzada, que como bien sabréis, cantó después de asada…

Pero mirad que otro bulo trascendió a la “historia”, que al leerlo te sonroja: Diose una batalla llamada del rio Salado, en 1340 entre moros y cristianos. Los cristianos, con más suerte y más empuje, lograron una victoria espectacular contra los moros, que eran muy superiores en número. No está bien definida la cuantificación de las huestes del rey Alfonso XI de Castilla, con la ayuda de las de su suegro, el rey de Portugal, y, tal vez, esta información que transcribo sea más adecuada, es de National Geografic, y dice: “Una crónica castellana eleva los efectivos benimerines a 53.000 jinetes y 600.000 peones, divididos en tribus y linajes, según la costumbre bereber. Las cifras resultan muy exageradas para aquellos tiempos. Según estimaciones más ajustadas a la realidad, el ejército cristiano pudo reunir a 22.000 soldados, mientras que el musulmán triplicaría esa cifra”.

Sea como fuere, la victoria fue aplastante, lo que sometió a Granada a pagar tributos a Castilla hasta que los Reyes Católicos la conquistaron en 1492. Al parecer prefirieron los castellanos no seguir la guerra, tal como pasó 91 años después, tras la batalla de la Higueruela en 1431, para seguir cobrando tributo de un reino rico y laborioso. Por cierto, que la negativa a pagar tributo a Castilla, aprovechando que estaba envuelta en guerra civil entre los partidario de Isabel y Juana la Beltraneja, fue el detonante de la conquista definitiva con la astucia cristina y la manipulación de intereses de la familia real nazarí.

Pero volvamos a lo de la batalla del río Salado. No se ponen de acuerdo los diferentes autores sobre las bajas de ambos bandos, que en las tropas benimerines sería de unos 105.000 muertos y unos 8.000 cristianos. Eso es verosímil por lo que he investigado. No obstante en un cuadro expuesto en el llamado Claustro de los Milagros del monasterio de Guadalupe, aparece esta inscripción que transcribo textualmente y que se puede observar ampliando la visión del cuadro:


 Pasando a España por el estrecho de Gibraltar, el rey de Marruecos Albohacen con más de seiscientos mil moros y juntándose con el de Granada cercaron a Tarifa, salioles al encuentro el Rey D. Alfonso XI de Castilla con muy desigual ejército de castellanos y portugueses, hizoles levantar el cerco, dioles batalla junto a un rio que se llamaba el Salado y con el favor de Nuestra Señora a quien el rey se abía encomendado y prometido venir a visitarla en esta su casa los moros fueron vencidos y muertos más de doscientos mil y falleciendo de los cristianos solo veinte. Año de 1340.”

Como decía un buen amigo mío: “Ahora vas y lo cascas”. El milagro fue de tal magnitud que solo murieron 20 cristianos y 200.000 moros; un cristiano por cada 10.000 moros.


Existe otra “historia”, bulo o leyenda, que incluso fue estudiada como verdadera en las escuelas de mi infancia. Se trata de la famosa batalla de Clavijo (o de las cien doncellas) que Ramiro I libró contra los musulmanes en el año 884, donde aparece el apóstol Santiago matando moros, de ahí su apodo de Santiago Matamoros. Y digo: ¿Si Cristo le reprendió a Pedro por cortarle una oreja al centurión, qué le habría de decir al podre Santiago al verle acometer y matar a tantos moros como dice la leyenda? La batalla, según los historiadores, no tuvo lugar, aunque en esos sitios se produjo la batalla de Albelda que pudo servir como base justificativa a la “historia” que describe el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada a principio del siglo XIII, fundamentándose en leyendas o crónicas populares. Según el Diccionario de Historia de España, "la existencia de esta batalla ni siquiera se plantea a un historiador serio".


Bien. Pues hubo un tiempo, y puede que aún haya, que la gente se creía estas cosas, porque los milagros son milagros, a pesar de lo que diga la historia. La fe ciega puede más que la realidad contrastada. Un fanático no atenderá a argumentos que cuestionen su creencia, porque lo dejará sin nada a que agarrarse en esta vida y, el vértigo de la duda, lo lanzará al abismo de la sinrazón.

Pero, por Dios, nada más lejos de mi intención que influir para que cada cual no se crea lo que quiera, para eso son libres, pero por lo menos que no nos hagan comulgar con ruedas de molino a los demás.  El tema da para mucho más, pero ya me he explayado bastante.

martes, 28 de abril de 2020

¡Hacía dónde vas, mundo de Dios!



Cuando empezó la crisis le referí a algunos amigos: Esto me da mala espina, no solo por la incidencia del coronavirus, sino por a dónde pueda llevar, les dije. Basé mi miedo en que el presidente Trump, siguiendo su tendencia habitual para echar pelotas fuera y buscar culpables antes que asumir él su propia culpa, le endosara a China la total responsabilidad y exigiera reparación por haber sido causante de la pandemia. Es “casus belli”, antes que aceptar la derrota económica potenciada por las propias multinacionales del sistema que, en su búsqueda irracional de beneficios, se han instalado y han servido de motores industriales y tecnológicos a la China emergente, a la que habría que darle paso para situarse a la cabeza, quedando ellos de segundos. ¡Antes que eso sea la guerra y el caos!, pensarán algunos halcones del pentágono.

Desde hace tiempo, existe una lucha por el poder en el mundo, por el domino de la economía, que genera preocupación por el crecimiento económico, tecnológico y militar de la China. EE. UU. está marchando hacia la pérdida del liderato mundial. China incrementa su PIB constantemente, a ritmo mayor que cualquier otro país. Dentro de poco superará a los EE. UU. que es el patrón de nuestro mundo occidental.

El virus ha sido difundido desde China. Los países más afectados son las potencias económicas de occidente. En el momento que le afecte a los EE. UU. de forma rotunda, se producirá una recesión económica en la que la balanza se empezará a decantar a favor de China, ya que ésta, con sus 1400 millones de habitantes, el 18% del mundo, es capaz de producir y de aprovechar la crisis de forma más efectiva que occidente. China es una dictadura política y, en estos casos, tiene ventaja quien funciona a golpe de silbato.

En los últimos decenios, aprovechando la globalización, las multinacionales fueron allá a ganar dinero. Montaron fábricas, pagaron los bajos salarios de allá y vendieron, con precios de acá, sus productos enriqueciéndose de forma desorbitada… pero ese dinero no era de los pueblos de occidente, sino de sus sociedades anónimas o empresas multinacionales que, como su nombre indica, no son de una nación aunque estén radicadas en ella, sino que pueden cambiar, en cualquier momento, de dueño o país, según les interese ubicarse en uno u otro lugar. El dinero y el comercio, en teoría, no tienen fronteras en la globalización, tienen dueños y gestores del mercadeo. Lo que no se globaliza son los derechos humanos, pues si eso se hiciera no se podría usar mano de obra barata, y se encarecería el producto retrayendo las ganancias. Grandes fortunas se han hecho con ese juego perverso de producir a bajo precio y sin escrúpulos y vender a alto, con memos escrúpulos aún.

China vio bien que la subieran al tren del progreso, se abrió a las multinacionales, a los comerciantes occidentales y vendió sus productos baratos mientras iba desarrollando sus conocimientos e industria propia. Se convirtió en la fábrica del mundo, al que inundó de mercancía barata que, con el tiempo, fue ganando en calidad hasta se competitiva con las industrias nacionales de los países compradores. Los Estados occidentales vieron como, dentro de la libertad que daba esa globalización al tránsito de capitales, bajo el paraguas del neoliberalismo, se iban empobreciendo, o creciendo su PIB a bajo ritmo comparativamente. Subió el paro, bajó la inversión nacional, se cerraron fábricas por su poca competitividad con las exportaciones a bajo precio de los países emergentes. Eso era bueno, porque el tercer mundo por fin podría salir de su eterna condena a la miseria y pobreza, pero en lugar de salir a un ritmo decente, las ganancias se las llevaban los inversores y ellos solo podían tener acceso a una mínimo incremento en su calidad de vida, esperando con paciencia que sus salarios subieran y su país acabara montado en el tren del progreso, controlado y conducido por el mundo occidental con los EE. UU. a los mandos de la máquina.

El proceso de desarrollo de los países emergentes se ha controlado por el primer mundo, pero China es díscola. Proviene de otro mundo, del mundo comunista y no del capitalista, como puede ser India o Brasil, por poner un ejemplo. China era incontrolable. Es un pueblo paciente, que se sienta a ver pasar el cadáver de su enemigo, como refiere uno de sus dichos. 

En este tiempo, dado el poder del Estado comunista y su férrea centralización y mano dura, ha realizado y exhibido su capacidad para asombrar al mundo con obras faraónicas, que siembran la confianza y el sentido de nación poderosa entre su gente. Ha desarrollado su propia tecnología hasta hacer temblar a los EE. UU. en la crisis por el dominio del G5 y ya entrando China en el desarrollo del G6. Tiene una potencia armamentística considerable, una tecnología espacial competitiva, una potencialidad que puede hacer de paraguas ante cualquier amenaza bélica, sabedora de que sigue creciendo y que pronto será potencia dominante en muchas partes del mundo. Ha comprado deuda pública de occidente hasta casi absorberla

China invierte en bolsa, compra empresas y valores, deuda pública occidental, etc… hasta tener una de las economías más saneadas, a pesar de que su deuda sea considerable, pero menor que las de la mayoría de los países de occidente en función del PIB o de la renta per cápita. Para los chinos la palabra crisis significa oportunidad. En esta crisis pueden tener la oportunidad de crecer más que nadie. Sus empresas de material sanitario están haciendo su agosto y dominando el mercado, creando relaciones comerciales sólidas, a la vez que mantienen su tendencia en inversiones en bolsa.

Estamos en una encrucijada terrible, donde occidente puede perder en torno a un 10% de su PIB. Eso, en un sistema democrático, donde la oposición no es un aliado, sino un depredador del gobierno, donde se juega la elección de los gobernantes en función de un balanceo de resultados, muchos partidos se apuntan a sacar provecho del mal y piensan que mientras peor vaya con el gobierno, mejor para que ellos puedan asaltar el poder. La cooperación entre partidos rivales es compleja, porque subyace la idea de la deslealtad como forma o instrumento de gastar al otro. Aflora, pues, la manipulación del electorado, el proceso de “maximinización” como técnica de marketing (o sea, maximizo la importancia de lo que me interesa y minimizo la de aquello que me perjudica), procurando enfocar la atención de la ciudadanía sobre temas que me puedan beneficiar a mí. En estas fechas tenemos un claro ejemplo de esta técnica en la política española, sobre todo en el ejercicio de la oposición, si obviar al gobierno, claro.

En este caos, de amenaza económica para los EE.UU. y su esfera de poder, producido por un virus, al que el presidente Trump viene llamando virus chino por ser este el país responsable de emisión, donde se denota cierta intencionalidad de culpar al gobierno chino de la debacle, cabe que, al final, se plantee una confrontación de intereses en que se pretenda hacer pagar a China, como agente emisor y culpable de la crisis, pagar, digo, la factura de la catástrofe. Corren teorías conspirativas, o señuelos de opinión pública, para enfocar el asunto hacía esa posición.  

En este punto ¿qué puede pasar? Pues me preocupa, porque si los EE. UU. pretenden hacer pagar a China la factura de la crisis, ésta, lógicamente, no querrá y aflorará una situación de conflicto latente que, en función de la gestión del mismo, se puede llegar a una confrontación, incluso, bélica que neutralice el poderío militar chino, quedando América como líder indiscutible, sobre todo estando el imperio de occidente en manos de quien está, capaz de aconsejar inyectarse desinfectante en el cuerpo para matar el virus. La imprevisibilidad de Trump es de temer por las salidas que puede tomar ante esta situación. Mas, cuidado que Rusia sacaría tajada y eso sería otro frente de negociación. El mundo está en manos de grandes fanfarrones que se muestran seguros desde su ignorancia…

Miedo me da la situación si no reina el sentido común. Pero ¿hay sentido común en estos políticos, donde abunda la irresponsabilidad, que solo piensan en los intereses de los grupos que los aúpan al poder y en su interés partidista? Sobre todo en algunos países donde las empresas subvencionan las campañas electorales. Mi esperanza es que tomen conciencia de la magnitud del problema y sean capaces de llegar a acuerdos de consenso leales para buscar la mejor, o menos mala, salida a la crisis, sin ponernos en la tesitura de conflictos de mayor alcance. La política es el arte de conseguir consensos para dar solución a los problemas.

Ojalá todo quede en una pandemia y que se vaya resolviendo de forma concluyente.

domingo, 26 de abril de 2020

Dos crisis en una



Hoy me voy a permitir presentaros un análisis evolutivo de la incidencia del COVID-19 especialmente significativo, al menos bajo mi punto de vista, dado que no se trabaja con datos de momentos puntuales, sino con incidencia en franjas de tiempo, lo que permite amortiguar las variaciones para el dato resultante, dentro del espacio de tiempo definido. Es como aplicar la idea de un estudio longitudinal diferenciándolo de uno transversal. No es lo mismo un corte puntual aplicado a un día cualquiera en un espacio de tiempo, que un corte acumulado, referido a un segmento de ese tiempo que incluye varios días. Espero que la idea haya quedado clara. Luego iré algo más lejos en mi reflexión sobre el momento presente.

Tenemos un dato que se viene elaborando por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, denominado Incidencia acumulada (IA). Se refiere al número de casos que se han detectado durante los 14 días anteriores al de la fecha, por cada 100.000 habitantes, o pacientes potenciales, que son los expuestos a un posible contagio.

Yo me he tomado la molestia de recoger esos datos y representarlos en una gráfica de áreas (azul), donde incluyo la tendencia polinómica (línea rojo). Lo asimilo a una montaña, que estuvimos subiendo, en amplia pendiente, hasta el día 5 de abril, con el susto a cuestas, deseando llegar a la cúspide para iniciar el descenso por la otra cara hasta el nivel desde donde partimos. Desde entonces, tras permanecer allá arriba dos días, con el miedo vertiginoso de la altura, con el frío de la inseguridad, con la pena de ver los que se iban quedando en el intento, con el desconcierto que generaba el desconocimiento del agresor, la angustia y el desasosiego, iniciamos la bajada, ya más lentamente, en pendiente suave a pesar del deseo de escapar de ese monte maldito. Pero la esperanza se instalaba en nosotros, la paciencia tenía su fruto y se empezaban a ver los resultados del encierro.  En los días 5 y 6 se quebró la curva, ya medio doblegada, y una leve sonrisa apareció en nuestra cara, el esfuerzo esteba dando su fruto, un fruto pequeño al inicio, pero convencidos de que ese era el camino, quedarnos en casa y dejar la batalla a los paladines, a quienes, arriesgando su vida, neutralizaban al enemigo.

Hoy estamos convencidos de que la batalla de la pandemia se ganará, a pesar de los contraataques que realizará el enemigo. Pero se avecina otra guerra, dura y terrible.  La guerra de la crisis económica. En esa otra contienda hay temor por ver quién paga la crisis, los platos rotos, quienes son los más perjudicados, cómo se enfoca la solución de la misma para salir rápidamente de ella, con la solvencia necesaria. Sabemos, por la anterior, que se incrementó la pobreza a la par que la riqueza. De ella salieron más ricos unos y más pobres otros, con devaluación de los sueldos, hasta casi la miseria, aprovechando el ascenso del paro en un mundo neoliberal donde, el llamado libre mercado, impone el frío dictado de sus normas. Aquella pareció casi planificada para beneficio de determinados grupos de poder.

¿Qué pasará con esta? ¿El Estado será capaz de comprender que los ciudadanos son lo importante, a aquellos a los que ha de defender y proteger? Los últimos acontecimientos, los posicionamientos políticos, inducen a sospecha. La oposición quiere el poder para gestionar la crisis, el gobierno no quiere soltarlo porque a él le toca hacerlo. En medio nosotros, usted señor votante del PP y usted señor votante del PSOE y de otras y otros partidos e ideologías. No es lo mismo salir de la crisis como se salió de la otra, con ayudas a mansalva a la banca, con pérdida del poder adquisitivo de los salarios, con incremento de pobreza y riqueza, como ya he dicho, no es lo mismo, digo, que salir con un nuevo enfoque de la economía, de los intereses y la protección al ciudadano, con la creación de industria y economía productiva, dejando la especulativa. Todos, al menos la mayoría, entiendo que queremos que, para que la salida sea consistente, sólida, compartida en lo bueno y en lo malo, deben sentarse los políticos y poner los intereses de los ciudadanos por delante de los de grupo. Un gran pacto para que no sea cargada la cuenta del pago de la crisis al saldo del grupo más débil, beneficiando al más poderoso. Hombro con hombro, codo con codo, sinergia y consenso, que empujen en la misma dirección, desde ahora mismo que ya estamos saliendo de la pandemia, para alisar el camino de la otra contienda. Los políticos deben comprender que la patria somos todos, que la ciudadanía la conforma, que el progreso pasa por una buena solución a la crisis.

Los chinos, para los que crisis es sinónimo de oportunidad, ya saben lo que hacer para, incluso, sacar provecho. Nosotros, todavía, estamos en la tesitura de la idiotez, debatiendo si son galgos o podencos. Señores políticos, siéntense de una puñetera vez con el gobierno, las comunidades autonómicas, los partidos, los sindicatos, patronal y todo aquel que represente intereses de colectivos sociales; escúchense unos a otros, hablen con ánimo de acuerdo y no de poder, hagan posible lo imposible ya que dicen ese es el arte de la política y la base de la democracia. No nos mientan, ni en el poder ni en la oposición, no intente manipularnos como pueblo al que deben servir, no nos engañen con falsas promesas para ubicarse en lugares prominentes y arrimar el ascua a su sardina. Estamos escamados y temerosos por cómo quieren salir de la que se nos viene encima. Y no queremos, la gran mayoría, pagar el pato mientras otros se marchan de rositas. Señor Casado, señor Sánchez, céntrense y déjense de chorradas, de fruslerías y trivialidades, de infantilismos de “este me ha dicho o no me ha dicho”. Asuman cada uno su papel y colaboren en la solución mejor para el momento dramático de los pueblos de España. Y recuerden, y si no se lo recuerdo yo, el PP gobierna en unas comunidades, el PSOE en otras, y en el resto otros, que también tienen algo que decir.

No soporto, como ciudadano, que alguien ponga palos en las ruedas del carro; no soporto que alguien se sienta libre de errores y de culpa cuando se está gobernando, en el gobierno central o en las autonomías; no soporto a quien acusa sin aportar datos fiables ni soluciones viables. Tenemos una clase política inmadura, inconsistente, incapaz de ejercer el noble arte de la política, porque piensan más en los suyos que en el pueblo, porque en este quehacer cainita, están más pendientes de no caer herido por el hacha del contrincante que en el buen ejercicio del poder. Es terrible ver cómo lo que se nos ofrece es lo menos malo… lo primero que hacen algunos es mostrar la maldad e incompetencia ajena, para ofrecerse ello como solución menos mala.  La ética política brilla por su ausencia, sobre todo en la oposición que juega al acoso y derribo para volver al poder de donde salió por el ejercicio de la corrupción, sin haber pasado antes por un periodo de purgatorio que los purifique.

Todos están implicados y a todos los vota la ciudadanía. Al que tire balones fuera se le castigará en las urnas o al menos eso espero, el que dé el callo con lealtad al pueblo, dando soluciones equitativas y gestionando, con voluntad y acierto, en el puesto que le haya correspondido, recibirá la consideración y el voto de ese pueblo.

En la política no debe jugar la maledicencia, el histrionismo y la teatralidad como elementos de marketing. Pero estamos en la era de la manipulación a través de todos los medios, de la posverdad que mata la razón y mueve las emociones. Así llegaron al poder determinados gobernantes de países punteros del mundo, que hoy se permiten aconsejar inyectar detergentes para acabar con el virus desde su supina ignorancia, convencidos, además, de que digan lo que digan, sus seguidores siempre le dejarán a él la última palabra, palabra de su dios.
Mal vamos y mal terminaremos, si no se ejercita la política. Tal vez, a nuestros políticos, deberíamos exigirles un conocimiento previo, no solo sobre la ideología política, sino de ética, respeto a la diversidad, tolerancia, técnicas de la buena gobernanza sin dejarse comprar por grandes intereses, amplio concepto de la democracia y, sobre todo, cual es el eje principal sobre el que ha de pivotar el mundo; o sea, los seres humanos, los principios que siembran la paz y el entendimiento para hacer, de esta casa común, un buen lugar para vivir los hombres y mujeres que lo pueblan en equilibrio con la naturaleza.

Empecé por el COVID-19 y acabo por otro virus no menos maligno si no se sabe atajar a tiempo y coordinadamente. Ahora, sinceramente, no me preocupo por mí, sino por mis hijos y nietos. Yo soy, prácticamente, el pasado, mis hijos el presente y mis nietos el futuro. No sé si de estos planteamientos añejos, fundados en mi ideario y experiencias del ayer, ellos pueden sacar provecho para su futuro. Con todo mi respeto, son ellos, lo componentes de la generación actualmente en la adultez y la siguiente, los que deben posicionarse para estructurar y definir su futuro, ese mañana donde yo ya no estaré.

martes, 21 de abril de 2020

No tengo nada claro, eso es lo único claro que tengo.



Creo que tengo la cosa muy clara, porque no tengo nada claro. No es un trabalenguas, es una conclusión al estilo socrático. Ya se sabe: “Solo sé que no sé nada”, con lo que entramos en paradoja con la propia alusión que le hago a la frase, iniciada con ese “Ya se sabe”. O sea, "no tengo nada claro, eso es lo único claro que tengo".

Decía Bertrand Russell un aforismo clarificador: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”. Yo digo que “la duda es la madre del conocimiento”, y no meto mi frase porque yo me sienta inteligente, sino porque estoy convencido de que el que no duda no progresa. Traigo, también, a colación otra frase de Einstein: “La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre.” Curiosamente, la ingeniosa Mafalda, coincidiendo con el científico, decía en una de sus viñetas: “El problema de las mentes cerradas, es que siempre tienen la boca abierta”. Es más, no hay nada más peligroso que un idiota que se cree en posesión de la verdad; porque esa actitud, que encubre su ignorancia e incapacidad de razonar, puede llevar a la catástrofe, por aquello de que “cuando un tonto coge una vereda, ni la vereda deja al tonto ni el tonto deja la vereda”, como dice el refranero popular. El dogmatismo ideológico y religioso es claros ejemplo de la mente cerrada a la que alude Einstein, cuando aceptan el dogma sin someterlo a la razón. 

De dogmáticos políticos estamos hoy bien servidos. Puesto que nuestros políticos y ciudadanos beligerantes maestros frustrados aspirantes a tertulianos televisivos, afloran por doquier, no por defender con la lógica del argumento sus ideas, sino por haber aprendido las técnicas de confrontación de ideas que nos muestran los famosos tertulianos de los debates televisivos, donde parece más que un coloquio, o debate constructivo, una pelea de sordos que solo reciben el eco de propia voz. Se llaman periodistas defensores de la verdad y del buen ejercicio de su profesión para ilustrar e iluminar las mentes del pueblo con una información veraz. Pero, en el fondo, cuando los ves en el ejercicio de tertulianos, observas, o intuyes, en muchos de ellos, que son periodistas venales, defensores a ultranza de una posición política, lo que les descalifica como periodista libre y asumen el papel del político de turno. El domingo, creo que fue, vi una tertulia de expertos en epidemias y médicos de diferentes entidades y responsabilidad, y fue una tertulia constructiva, donde se respetaba el orden en el uso de la palabra, se asentía ante los argumentos ajenos y, si no se estaba de acuerdo, se decía con delicadeza y sin descalificar al adversario. Ejemplar actitud vi, también, en el ayuntamiento de Madrid con el apoyo de la concejala de Más Madrid expresándolo al alcalde públicamente y la respuesta de este coherente, resaltando sus diferencias políticas, pero dejando claro que eso ahora no podía interferir en un objetivo común, como era la lucha contra la pandemia. Pocos ejemplos como este se ven entre dos sujetos tan dispares y alejados, el PP de Casado y el Más Madrid de Errejón.

Cuarenta años de democracia y no se nos ha enseñado a debatir desde la idea para la que se crea el debate, o sea para intercambiar opiniones a fin de que todas las partes, una vez puestas las ideas sobre la mesa, puedan nutrirse de ellas según su propio aparato digestivo, seleccionando aquello que encaja en la posible verdad y dejando con respeto las divergentes, cuestión que es el nutriente de la inteligencia. No, en este país tomamos la vereda y, si se acaba, seguimos adelante.

Comento todo esto a modo introductorio, porque confieso mi sufrimiento psicológico, y no soy de confesión desde mi pubertad. Sí, psicológico. ¿Qué eso?, os preguntaréis. Pues es una extraña sensación de desagrado, de frustración, de apatía, de desasosiego y rechazo, producido por la situación actual. Es un desencanto por descubrir que el entorno no se ajusta a lo que te creías. Tal vez fuera una ilusión, un espejismo, una quimera, una utopía, cuando uno pensaba que esta sociedad es una sociedad madura, coherente, capaz y solidaria, teniendo conciencia de unidad, de grupo fraterno que rema en un mismo sentido, y más cuando hay tormenta. Pero parece que no. Lo digo por la incapacidad de establecer sinergias, concordancias, para dar solución a una crisis nunca vista, que nos coge a todos en fuera de juego y hemos de ir aprendiendo en el día a día. Cada día vamos descubriendo más gente tóxica a nuestro alrededor, a unos se les ve el plumero al defender claramente intereses partidistas, otros hacen de correa de trasmisión con más o menos conciencia de que lo están haciendo, y otros… en fin que anda uno reubicando a los conocidos en los lugares que le son propios, al igual que, supongo, hacen con uno mismo. Eso es bueno, aunque yo defino al amigo como aquel con el que puedes pensar en voz alta. Hay gente, amigos o conocidos, con la que da gusto hablar, intercambiar ideas desde el respeto, sin imposición ni petulancia (no confundir petulancia con asertividad, aunque esto mismo que estoy diciendo pueda parecer una petulancia), de ellos se aprende porque son nutrientes con su asertiva humildad y su posición argumentada. No quiero nombrara nadie, pero tengo bastantes con quienes es un placer hablar. Sin embargo, es bueno no entrar al trapo del provocador, muchas veces ignorante, que se cree en posesión de la verdad absoluta siguiendo consignas e ideas que no son propias, sino producto de un adoctrinamiento. Hay otra frase muy interesante que dice: “Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia”,  creo que el autor es Mark Twain.

En estos momentos, como en el futbol, existen muchos entrenadores de sofá. Y, como en el futbol, no es la razón la usada para emitir juicios, si no la emoción del hooligan, en muchos casos. Esas posiciones desde la visceralidad no son constructivas, sobre todo cuando rezuman planteamientos partidistas antes que patrióticos. Considerando que la patria la conforman las personas que viven en un territorio, antes que el propio territorio, según mi opinión, es patriota el que busca el bien de la ciudadanía y no el que pretende arrimar el ascua a su sardina o alcanzar el poder para imponer su modelo de patria sometiendo a los demás. Hacer patria es sembrar concordia, respetar las reglas del juego democrático, hacer prevalecer el interés común sobre el de grupos, unir fuerzas con aquellos que la integran para acometer, unidos y seguir el rumbo que marca el capitán del barco, para salvar la situación.  Pero, además, luchar en el día a día parta lograr que esa sociedad prospere desde la individualidad del ser humano, que es la base que sustenta toda cultura social, y de cuya interacción resulta el verdadero progreso integral, no me refiero al consumista y material en exclusividad.

Pero mala cuestión es si en plena tormenta provocamos un motín para cargarnos al capitán mientras vemos a los demás barcos que pasan por la misma tesitura, luchando también contra los elementos y con resultados similares. Nos tocó ser punta de lanza, sobre todo en algunas comunidades autonómicas, principalmente Madrid, mientras otras son menos afectadas, como la nuestra, Andalucía. Curiosamente las dos bajo el gobierno del mismo partido. Habrá que ver, cuando lleguemos a puerto, qué ha pasado, no solo para pedir responsabilidades políticas, o de cualquier otro orden, sino para aprender a resolver los problemas y no volver  a tropezar con la misma piedra, este o el otro partido.

Mientras tanto, reniego de aquellos que andan metiendo cizaña, me revelo contra los miopes que no ven más allá de lo que les presentan a primera vista, y siguen a Vicente, o sea, van donde va la gente, sin criterio propio. Rechazo a los carentes de empatía que no intentan acercarse a los demás para comprender el momento que pasan. Hoy, viendo un reportaje sobre las penurias que pasan los pobres inmigrantes que recogen la fresa en Huelva, dudé de la humanidad del ser humano, sobre todo de ciertas esferas ideológicas y políticas.


Os dejo una serie de aforismo para pensar: