viernes, 18 de diciembre de 2020

Adios, aciago año 2020. Que sea el 21 de esperanza


Este año 2020 no ha sido un año a celebrar. Nos lo ha hecho pasar muy mal; se ha llevado vidas de seres queridos de muchos de nosotros y nos manda, en oleadas, a la Parca para cobrar sus presas. Esta ha contado con la inestimable colaboración de los inconscientes, negacionistas e insolidarios, que ha reclamado su libertad para no someterse al confinamiento, sin comprender que la libertad cobra su sentido en la racionalidad y en el compromiso con los demás, respetando y guardando los intereses propios y ajemos en mutua concordancia; por tanto, no es hacer lo que uno quiere sino lo que se decide hacer cuando se valoran, razonable y solidariamente, los problemas propios y del entorno, de uno y de la comunidad o sociedad donde se habita, para ser un agente de solución y no un potenciador del  problema. 


Otra incongruencia irresponsable, de efecto pernicioso en momentos como este, ha sido la confrontación política irracional y, yo me atrevería a decir, canallesca; donde en lugar de coordinar esfuerzos y establecer sinergias, hemos vuelto a ver el uso irracional del problema en la lucha partidista… España no se merece eso y menos aún con las consecuencias que conlleva, o sea la potenciación de la debacle. Aquella idea de “mientras peor mejor” para la oposición es una deslealtad irresponsable que muestra la verdadera catadura de quien la defiende.

 

Los gobiernos estaban condenados a “cagarla” ante un enemigo ignoto, cuyo malévolo potencial y verdadera forma de actuación se desconocía en gran medida. Sin embargo, en lugar de remar y bogar con un mismo rumbo y reconocer, todos, su limitada competencia para resolver el asunto, se montó un verdadero guirigáis tendente a una rebelión a bordo, creando un conflicto de contenido político y no sanitario, sobre la legitimidad del gobierno y otras lindezas, tal vez con la intención de hacerlo caer en el peor de los momentos…

 

En otra esfera diferente se ubica el mundo sanitario, que ha sido sometido a una prueba de resistencia nunca vista. Pero, otra vez más,   nuestro sistema sanitario público, a pesar de la falta de inversión y de la torpeza política, ha afrontado con heroicidad el reto y, dejándose la piel y la vida en el intento, han ido afrontando el problema con valor y profesionalidad. Tal vez, este año, podamos decir que ha sido el año en que se libró la primera batalla contra la pandémica muerte, donde nuestros sanitarios confrontaron hasta neutralizar su virulencia, dejando el campo en condiciones de derrotarla con la nueva arma de la vacuna. Ellos son, como digo, los verdaderos héroes de esta guerra vírica, a quienes hemos de estar agradecidos en sentido general.

 

Todo lo ocurrido merece una profunda reflexión, una catarsis, donde la autocrítica y el pensamiento racional y razonable no sea mediatizado por los hooligans que todo lo enmierdan, máximo cuando el más inepto e irracional se atreve a emitir juicios de valor sobre temas científicos al amparo de bulos y manipulación en las redes sociales. Habrá que analizar los errores cometidos por el gobierno central y por los gobiernos autonómicos, incluso, los de más baja representación, para valorar sus actuaciones y su competencia en el ejercicio de la gobernanza.

 

En todo caso, tras pasar y superar este aciago año, nos queda la esperanza de que en el próximo podamos iniciar el proceso de resolución de la pandemia. Ese es mi deseo para todo el mundo y, en especial, para los conciudadanos con los que compartimos el hábitat. Mesura, pues, en las fiestas y salud solidaria para el 2021.

 

Mis deseos quedan transcritos en el canto que conforma el árbol de Navidad que acompaño.



 

jueves, 26 de noviembre de 2020

MACHISMO RESIDUAL

 

El 25 de noviembre de 2020. Día Internacional contra la Violencia de Género, es un excelente momento para reflexionar sobre el tema, pero como debe haber grandes expertos expresando con mayor profundidad y conocimiento sus argumentaciones y consideraciones sobre el asunto, yo me limitaré a plasmar otra visión desde la perspectiva de un machista residual.

Pero ¿qué es un machista residual? os preguntaréis. Pues veréis; yo acuño este término para aquellos que fuimos educados en el más puro machismo del franquismo; los que fuimos sometidos y formados en un endiosamiento del hombre como ser superior a la mujer, relegándole a ella a tareas de orden y responsabilidad inferior en relación al matrimonio, aunque se venerara a la solícita madre que ejerciendo esa sumisión nos colmaba de atenciones. Por tanto, se elevaba a la mujer a instrumento o complementariedad al hombre, dado que ejercía de mujer objeto de deseo y satisfacción sexual, criada, cuidadora de los hijos, transmisora de virtud y de ejemplaridad en sus conductas domésticas, sociales, religiosas y morales que, indudablemente, no  es poco, si no fuera porque era una exigencia e imposición social y moral de un mundo machista.

El machismo viene marcando al mundo desde tiempo inmemorial, dado que el hombre ocupó casi siempre los lugares de poder (lo de Cleopatra y otros casos fueron excepcionales). La mujer fue un elemento secundario en la vida y en el ejercicio de ese poder. Las religiones ya la enmarcan y marcan como de segundo orden. El propio Génesis le otorga un tratamiento… confuso e impreciso se podría decir; veamos lo que dice el Génesis:

  • 1:27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer”. Podríamos deducir que la primera alusión al hombre lo hace en sentido genérico y que los crea al unísono, varón y mujer, pero luego dice:
  • “2:18 Después dijo el Señor Dios: No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. Hay aquí, desde mi condición de inexperto en estudios bíblicos, una contradicción o, tal vez, una aclaración del procedimiento cronológico de esa creación… es decir, que primero crea al hombre y luego a la mujer para que este no esté solo.
  • Los siguientes versículos, siempre transcritos desde la Biblia Católica, nos indican el procedimiento seguido: “2:21 Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío”; “2:22 Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre”; 2:23 El hombre exclamó: "¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".

Es esta última interpretación la que yo siempre oí en mi infancia y formación religiosa, por lo que se deducía que, de algún modo, la mujer era del hombre pues había salido de él y fue creada para que no estuviera solo, o sea como un complemente al hombre para su felicidad o compañía. Curiosamente el cura, cuando celebraba el matrimonio, decía: “Esposa te doy y no esclava...” era una aclaración necesaria para que el marido no la sometiera a abusos y la tratara bien. En aquellos tiempos de los años 50 y 60, recuerdo la canción del preso número 9, que era una exaltación del varón que mataba a su mujer por haberla encontrado en la cama con otro hombre… porque era suya y no del otro.

Hecho este paréntesis de alusión bíblica, que creo de especial importancia por la influencia que ha tenido en el mundo judeocristiano, volvemos al tema del análisis del rol de la mujer en aquella época del nacional catolicismo.  La esposa estaba sometida a ese halo que enmarcaba a la mujer ejemplar donde se incluía, de forma muy especial, la fidelidad, hasta el punto de que una mujer adúltera perdía toda consideración y era desposeída del hogar y de la patria potestad de los hijos. Sin embargo, el hombre escapa a ello y se podía permitir ir de putas, tener amantes, presumir de ello públicamente y se le consideraba un macho ibérico, un hombre envidiado y presumido. La mujer llegaba a tal estado de sumisión que, por ejemplo, no podía abrir cuentas bancarias por sí misma. Para que tengáis una idea de la filosofía del rol de la mujer en el matrimonio solo tenéis que ver el adoctrinamiento a que eran sometidas mediante las ideas que se difundían desde la Sección Femenina dirigida por la hermana de José Antonio, Pilar Primo de Rivera.

Begoña Barrera realiza un exhaustivo estudio sobre la Sección Femenina, que publica Bajo el título: La Sección Femenina (1934-1977). Historia de una tutela emocional; un libro para entender cómo se adoctrinó a las mujeres durante el franquismo, donde Begoña sustenta que: “Las identidades que fabricaba la Sección Femenina eran sumisas y dóciles. “Respecto al régimen, por supuesto. Y, también, respecto a la masculinidad”. El propósito de la sección femenina era “devolver a las mujeres al hogar”. También, desmontar la cultura política republicana que había permitido el reconocimiento de sus derechos”. Begoña, resume todo este proceso de adoctrinamiento en el concepto: Tutelar… de eso se trataba, de tutelar a la mujer en el proceso de adoctrinamiento orientado a la sumisión al régimen, a la iglesia y al marido.

Se cuenta la anécdota de un sujeto que teniendo una mujer de considerable belleza, visitaba burdeles; un amigo le preguntó cómo teniendo una mujer tan bella acudía a casas de lenocinio, y este le respondió: “Porque respeto a mi mujer y yo no voy a pedirle ni permitirle hacer lo que yo hago con esas perdidas”.

Por tanto teníamos dos tipologías bien diferenciadas, que se podrían resumir en: el hombre dominante y la mujer sumisa. Luego en la intimidad, las cosas podían cambiar, pero en las conductas sociales estaba mal visto que este orden se alterara, degenerando en el concepto de machorras y calzonazos. Es más, se educaba a la mujer para que fuera transmisora de esa cultura de sumisión y servilismo a la familia, para formar en ello a sus hijas.

En este contexto, los varones también éramos educados en esta forma de pensar desde niño. O sea, ya nos instalaba, metafóricamente, un software o programa con el machismo incorporado. Luego, la evolución social, cultural y educativa nos acercó, a muchos de nosotros, al concepto de igualdad de género, por tanto al de feminismo. Para quien no lo sepa y ande con dudas e interpretaciones del significado de feminismo, les diré que la RAE, nuestra Real Academia de la Lengua, define el feminismo con dos acepciones: “1) Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre y 2) Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”. Por tanto, feminismo no es el polo opuesto del machismo, ni es comparable en los términos de objetivo contrapuesto, como se nos quiere hacer creer por algunas ideologías de corte machista, sino el derecho de la mujer a ser tratada como igual al hombre en todos los sentidos y el movimiento social que lo reivindica, sean mujeres u hombres quienes lo integren.

El feminismo militante fue la reacción natural para la exigencia de esa igualdad que describe la RAE referida al concepto. Lo que implicó cambiar, en muchos aspectos, el chip que se nos había introducido con la educación infantil. El feminismo, pues, no ha de ser una lucha o posicionamiento solo de las mujeres sino de todos aquellos que busquen la cumplimentación de la idea de igualdad real entre hombre y mujeres.

Pero centremos el tema en el constructo machista residual, como ya mencioné. Cuando a uno le introducen en el coco programas o formación circunscritos a un pensamiento machista, y luego aparece la razón crítica y el discernimiento personal, integrado en un proceso evolutivo donde el concepto de igualdad de género prevalece como justo objetivo a conseguir, nos sometemos a un hándicap importante, como es la ruptura con los esquemas del pasado, que subyacen en el subconsciente, instalados por la educación recibida en la infancia, y puede aparecer un conflicto interno entre estos y lo deseado racionalmente para ajustarnos a los nuevos tiempos y a la lógicas de la razón justa.

La cuestión es que, en la mayoría de los casos, hemos tenido que ir modificando nuestras conductas y actitudes anacrónicas para adaptarnos a esa igualdad que se manifiesta como justa. El proceso ha pasado en muchos casos, por acoplamientos a lo largo de la relación matrimonial y la redefinición de roles intrafamiliares.  Por tanto, persiste un machismo residual, en tanto subyace en nuestro subconsciente los esquemas del pasado, aunque estén escondidos en las abisales profundidades de nuestra memoria, tapados con la pesada losa de la razón que los descalifica y rechaza… eso explica que a veces surja el ramalazo de la estructura machista en muchos de nuestra generación, tanto en hombres como en mujeres, puesto que persisten una subliminal aceptación de los viejos roles de género, al menos de los menos conflictivos con el compromiso de tareas y su distribución. En cada matrimonio se ha producido un proceso de adaptación, mediante un acuerdo tácito y/o verbal, que ha llevado a consolidar la convivencia en este nuevo orden relacional. Luego, según cada caso y la disposición crítica de cada sujeto, los cambios habidos serán variables, dependiendo da la capacidad de cada cual para adaptarse o no a esa demanda de igualdad de género, en la línea que ya estableció la propia ley, aunque no se haya conseguido en su integridad.

Machistas residuales, en mayor o menor grado, somos los hombres de mi generación (incluso las mujeres que asumieron sus roles del pasado). Prefiero pensar así porque me facilita la autocrítica y el análisis con mayor profundidad de mis propias actitudes y conductas. El feedback es una buena herramienta para tomar conciencia de las realidades ocultas que siguen persistiendo al analizar nuestras conductas. Esperemos que con nuestra partida al otro barrio se acabe el machismo residual, pero me temo que se sigue sembrando en la juventud actual y que va a costar algo más erradicarlo. Solo la constancia y perseverancia en la consecución del objetivo permitirá alcanzarlo... 

domingo, 22 de noviembre de 2020

YO TAMBIÉN ME MANIFIESTO

 

Mesa que utilizó D. Antonio Machado en su clase,
expuesta en Baeza

YO TAMBIÉN ME MANIFIESTO, pero por este medio...

Hoy se vuelve al espectáculo. Otra manifestación contra una ley de educación; como debe ser en el uso del derecho a manifestarse, faltaría más. Pero es que a estas alturas aún no han llegado estos políticos (me refiero a estos y a los otros) a enterarse de que la educación es una necesidad social de primer orden para conformar ciudadanos de pensamiento crítico y racional, de fraguar seres humanos activos y constructivos en la búsqueda del bien común desde la libertad de pensamiento, todo ello ejercido bajo el paraguas de la convivencia y la concordia.

No se educa para pensar ni, al parecer, interesa, sino para someter y socializar al niño según el modelo de sociedad que se pretende. Lamentablemente aún no se ha conseguido, en este país, consensuar ese modelo, lo que conlleva mantener en el tiempo la confrontación social que tanto daño nos ha hecho desde el pasado.

Posiblemente no se han enterado o no se quieren enterar. Tal vez porque no creen en esa libertad de pensamiento o porque, esa libertad, podría cuestionar el sistema, tanto de credo como de organización y estructuración del mismo, revirtiendo el ejercicio del poder y las prebendas que conlleva para determinada clase dominante política, social y, sobre todo, económica.

¿Estamos, pues, condenados a no entendernos? Con esta actitud sin duda. En mi generación fueron los curas, básicamente, y la política educativa tan afín al clero, la que nos marcó. Alguna gente alude a aquellos tiempos con algo de nostalgia, pero esa nostalgia no deben ser, en todo caso, por la sistemática educativa, que pretendía la sumisión y lealtad a un régimen político de idea única, castrador del pensamiento libre y del uso de la razón crítica, sino por el hecho de que la nostalgia aflora por tiempos pasados, donde éramos más jóvenes y de los que solemos hacer un recordatorio selectivo gratificante.

Los modelos educativos deben ser más universales, más completos y abiertos, más formativos respecto al desarrollo personal y a la implicación responsable del niño en el devenir de la sociedad a la que pertenece. O sea, deben estar más enfocados a desenvolver la espiral de potencialidades del individuo y no a someterlo y coartar su creatividad y evolución individual.

El ser humano tiene dos vertientes de desarrollo: uno social y otro individual; la cuestión está en articular estas dos variables para que el desarrollo del individuo y la sociedad sean compatibles. Eso solo se consigue definiendo, en ese justo equilibrio entre esa dualidad social e individual, el perfil de ciudadano que se pretende educar. No es fácil, no. En primer lugar porque se ha de ver de dónde venimos y cuantos intereses hay creados desde el pasado; en segundo lugar porque políticamente estamos en la lucha y la lógica confrontación por imponer un modelo u otro según el caso al no haberse hecho la transición educativa con éxito; en tercer lugar por la incapacidad de llegar a un acuerdo en el contenido curricular que determine el perfil educativo que se pretende… hay otros muchos elementos que condicionan y bloquean el acurdo: cuestiones de fe, económicas, de clase, valores y principios según el caso, ideologías, etc. Ahí puede estar el hándicap para el consenso, en la incapacidad de establecer un modelo que nos actualice en el desarrollo curricular en el entorno del siglo XXI con todos sus retos.

Es evidente que en nuestro país, al igual que en otros y especialmente el mundo musulmán, la religión tiene un gran peso específico en la educación, que siempre conllevó, además de enseñar la ciencia y conocimiento curricular, un adoctrinamiento en su fe. Lo curioso es que no reconozcan que ellos lo hacen y acusen a los otros de ejercer ese adoctrinamiento ideológico. Entiendo que tras tantos años, yo diría que siglos, de ser dueños y señores de la educación en España, con algunas excepciones que llevaron al conflicto, se resistan a los cambios y pretendan influir de forma determinante en la educación, aunque estemos ya en un país aconfesional, por no decir laico.

Respecto a la religión a nadie se le escapa la importancia que tiene y ha tenido en la historia de los pueblos. Pero en un país libre y aconfesional, la religión forma parte del credo personal, de la espiritualidad del individuo si se quiere, y es un elemento más de singularidad de la sociedad, como pueden ser las ideologías, las tendencias y cualquier otro que aglutine a grupos de intereses o pensamientos comunes. El Estado no está obligado, no debe estarlo nunca, a educar o implicarse en adoctrinamientos en cualquiera de esos grupos; pero sí lo está en formar al niño en el conocimiento de su existencia y su propia historia; es decir que debería enseñar historia de las religiones desde la asepsia del historiador, al igual que debería hacerlo con los movimientos sociales. El problema es que el aspecto emocional que generan las ideas y credos bloquea esa actitud aséptica pretendiendo contaminarla.

La cuestión, ahora, radica en el mundo político. Mas los políticos se ubican también en posicionamientos ideológicos y religiosos que condicionan su disposición al diálogo, por lo que antes de sentarse deberían desintoxicarse de ellos, abrir su mente y entrar en disposición de escuchar al otro en lugar de ir a convencerlo y someterlo; deben considerar que al otro lado de la mesa tiene a parte de la ciudadanía y no a unos indeseables que quieren someterlos. Esto vale para todas las partes implicadas.

Lo que está claro, al menos a mi modo de entender, es que el gran perjudicado será siempre el niño o la niña. Esta situación me recuerda el sufrimiento de los hijos cuando los padres entran en conflicto y los usan como arma arrojadiza. No importa el perjuicio que se les cause, lo que importa es el beneficio que cada uno pueda sacar de la confrontación ante el divorcio.

El sistema educativo necesita una continuidad, un plan estratégico a largo plazo donde se perfile la misión del educador, en forma y fondo, y los objetivos claros que se persiguen en el proceso. Es cierto que el pasado reciente nos condiciona y que seguimos con grandes carencias en el sistema, no solo de orden material sino pedagógico; pero si hemos salido o estamos saliendo y superando ciertas nostálgicas influencias del nacionalcatolicismo, deberíamos mirar a los países de nuestro entorno europeo, y ver los resultados de sus sistemas educativos, para tomar buena nota y poder adaptarlos a nuestra idiosincrasia, sin que esta idiosincrasia se imponga y condicione la efectividad de los cambios necesarios.

A ver, señores políticos y demás interesados en el sistema educativo, les sugiero:

En primer lugar, hagan una autocrítica para percatarse del mal que hacen a la educación con el intento de imponer su propio sistema, que será modificado en cuanto lleguen los contrincantes al poder.

En segundo lugar, consensue con mente abierta:

a) El perfil de ciudadano que pretenden desarrollar y los valores que lo sustentan.

b) Determinen el curriculum docente necesario para conseguirlo.

c) Eliminen los adoctrinamientos del sistema.

d) Doten al sistema del profesorado motivado y suficiente, cuantitativa y cualitativamente, para obtener ese fin.

e) Consigan la implicación y colaboración de los padres en ese mismo objetivo formativo.

f) No olviden que los valores de respeto, paz, solidaridad, equidad, igualdad, fraternidad, libertad, etc. son los garantes de la convivencia.

g) Comprendan que el proceso de socialización debe conducir a la convivencia y a la concordia dentro de una sociedad en paz y feliz, siempre que esos valores sean incluido en el contenido curricular.

h) y sobre todo, PIENSEN, pero piensen en el bien común y no en los intereses partidistas o de grupos afines.

Pero no soy yo quien para exigir nada, mas sí lo soy para pensar y exponer ese pensamiento, por tanto, este texto no es una exigencia, solo pretende expresar y compartir mis ideas por si alguien estimas que puedan ser interesantes.


miércoles, 11 de noviembre de 2020

TRUMP, EL TRANSGRESOR.

 


La primera y, hasta ahora, “ejemplar democracia del mundo”, o sea los EE. UU. de América, cabalga galopante al mayor de los ridículos, hacia el funcionamiento de república bananera. Cuando un presidente no es capaz de aceptar la derrota, con casi 5 millones de votos de diferencia, y pone en cuestión el funcionamiento de la democracia de su país, lo está elevando a esa categoría de bananera. ¿Cómo es posible que, a estas alturas, tras el contaje de votos con las garantías que ofrece el sistema americano, el señor Trump pida que solo se contabilicen los votos legales, acusando al sistema de estar contando votos ilegales. No sé a qué se refiere con lo de legales e ilegales, será que solo valen los que le votan a él de forma presencial…

Creo, tras lo visto en los últimos tiempos, que su ética política, de la de su vida privada no hablo aunque no me parezca en absoluto modélica, deja mucho que desear. Sus conductas fanfarronas y soberbias, déspotas e irrespetuosas, histriónicas y falaces… entre otras muchas cosas, dejan en un muy mal lugar a su país. Nunca un presidente saliente de los EE´UU., derrotado en las urnas por casi 5 millones de votos, había cuestionado la integridad del sistema electoral de los EE. UU., que automáticamente recuenta los votos cuando la diferencia es de 0,5% entre ambos candidatos, y al que siempre se ha considerado riguroso en la aplicación del recuento electoral, aunque a estas alturas y con la tecnología y experiencias habidas, se pueda considerar obsoleto e, incluso, con ciertos desajustes en la representatividad real de los votantes al adjudicarse el total de compromisarios al partido más votado en cada Estado, dejando sin representación a los otros votantes. El señor Trump, bajo mi humilde opinión, ha hecho una manifestación de irresponsabilidad, ya que niega la mayor y sigue empeñada en descalificar al sistema electoral que le dio la victoria a él mismo hace 4 años, aunque su contrincante hubiera obtenido más votos (Hillary Clinton sacó en 2016 casi tres millones de votos más que Trump). Me parece bien que se pidan todas las garantías en los recuentos, que se pretenda aclarar cualquier duda, porque eso va incluido en el garante ejercicio de la democracia, pero que se cuestionen y se pretenda etiquetar, por parte de un candidato, votos legales e ilegales según un extraño criterio, que choca frontalmente que la propia ley electoral, me parece una pasada incalificable.

Su endiosamiento personal le lleva a un nivel de intolerancia a la frustración impresionante que incluye la propia negación de la evidencia, queriendo cambiar las reglas a mitad del partido. Su discurso negacionista y descalificador de sus adversarios lo lleva a considerar al próximo presidente ilegal o ilegítimo, al estilo de VOX, por los ilegales votos que, según él, lo aúpan al poder, nos muestra dos cosas: o es un supremacista que niega el voto de los que no piensan como él o anda con un pensamiento irracional resistente a cualquier argumentación lógica. Su concepción de la justicia y la legalidad es ilógica y voluble, con una labilidad propia de quien solo acepta aquello que le beneficia a él.

Quiere llevar el caso al Tribunal Supremo, dado que ha colocado allí a sus partidarios, y debe suponer que estarán en disposición de prevaricar con tal de apoyarle a él. Esa concepción del pago de favores es propia de mentes poco ajustadas a derecho y sí al negocio del trueque o cambio de favores. Eso podrá valer en las negociaciones o pactos entre empresas, cuyos dueños juegan con el futuro de ellas en sus negocios, pero en una democracia, en un Estado de pueblo soberano, eso no cabe o, al menos, no debería de caber nunca y, además, es reprobable…

Hay algo que, tal vez, sea clarificador y pueda justificar su apego al poder y su negativa a aceptar la derrota y abandonar la Casa Blanca; aunque el factor más significativo pueda ser su soberbia, cabe la posibilidad, como muchos andan diciendo, que le tema a lo que viene después. Siendo presidente, el muro de la Casa Blanca le protege del acoso judicial y, al parecer, hay demasiados asuntos turbios, con presuntos delitos económicos, fiscales y demás, pendientes de procesamiento. Tal vez tenga miedo a lo que le pueda caer encima, o pudiera estar posicionándose para negociar su salida con garantías de impunidad. En fin, el tiempo lo dirá….

Lo que sí es sorprendente para el observador no implicado en el voto, y emocionalmente distante, es la reacción de un presidente saliente en la denominada primera democracia del mundo actual; si bien, a lo largo de su mandato, ya mostró su alta capacidad de sorprender a la ciudadanía y, por ello, nos podíamos esperar esta reacción infantiloide, aunque, ¡cuidadin! que increíbles “cosas veredes…” hasta en los lugares más insospechados. Puede que, desde un punto de vista social, los EE. UU. de América sean un gigante con pies de barro, una democracia “intrainsolidaria”, o sea poco solidaria entre sus ciudadanos de las clases dominantes y el pueblo llano, cuya argamasa es el poder que ejerce sobre el resto del mundo, como primera potencia. Eso deja la preocupación sobre qué pasara cuando esa argamasa se diluya y tome otra potencia el relevo… Posiblemente, a la vista de la posición de Trump, antes de dar el relevo nos lleve a la hecatombe, si el espíritu de este señor persiste. 

Por otro lado, el sentimiento que pudiera justificar la existencia de más de 400 millones de armas en manos privadas, viene a demostrar la gran desconfianza que existe dentro de esa sociedad, que se fue conformando en la lucha, en muchos casos a tiro limpio, por las riquezas de un país invadido y conquistado desde una Europa expansionista que colonizó medio mundo y esclavizó al otro medio. Allí, en los EE. UU. se encuentran los descendientes de esos dos mundos, tal vez con demasiadas cuentas por arreglar… el colono conquistador, el esclavo negro arrancado de su tierra y, no olvidemos, el diezmado pueblo nativo que no deja de ser una muestra folclórica en las reservas… En todo caso, sabiendo la idiosincrasia americana, su historia, conflictos raciales, diversidad étnica y cultural, etc. me parece una irresponsabilidad absoluta echar leña al fuego de la división. En un Estado tan heterogéneo no se puede jugar con fuego, son demasiados los riesgos que se corren y muy desestabilizadores de la propia democracia con la que se identifica.

Concluyendo:

·        Mal asunto esa falta de elegancia a la hora de entregar los trastos.

·        Mal asunto el cuestionamiento del sistema que le dio el poder en las otras elecciones.

·        Mal asunto esa actitud que siembra la desconfianza y la paranoia entre la gente.

·        Mal asunto que esa postura haya calado en el pueblo americano armado hasta los dientes.

·        Buen asunto que vuelva a los EE. UU. un gobierno que genere confianza y concordia entre sus aliados y lo pretenda en el mundo.

·        Buen asunto que se vaya este hombre que tanto mal ha hecho al buen entendimiento con Europa.

·        Buen asunto que desaparezca del poder la idea instigadora de las ultraderechas europeas.

·        Buen asunto que quede en orfandad esa ultraderecha nacionalista y supremacista.


viernes, 25 de septiembre de 2020

LOS PELIGROS QUE NOS ACECHAN

 

Hoy vuelven a asomar la cabeza los seguidores de aquellos dictadores que asolaron el mundo en las décadas de los 30 y los 40 del pasado siglo. Piden mirar hacia adelante, intentando pasar página y olvidar lo sucedido, trivializando los hechos, mientras intenta sembrar y cultivar la semilla de aquellas ideas que nos llevaron a la hecatombe; mas es bueno pararse a recordar para tomar conciencia del peligro, para evitar que vuelva a suceder aquel desastre, o algo parecido, que costó al mundo 60 millones de jóvenes vidas, y no tan jóvenes, para que tomen conciencia las nuevas generaciones que son el relevo social y la previsible carne de cañón, si dan pie a ello. Por tanto, hemos de estar alerta para evitar la confrontación cainita e irracional entre los hombres y mujeres de este mundo, para reivindicar el uso de la palabra en democracia con actitud constructiva, para la libertad responsable de todos y cada uno de los ciudadanos de todos los países, para apagar el odio, para andar nuestro camino cogidos de la mano a caballo del verbo y la esperanza, porque ante otro conflicto de aquellas dimensiones se eliminará al ser humano de la faz de la Tierra.

Hace casi un siglo, en determinadas zonas de este mundo, se creó un monstruo social que se fue imponiendo con malas artes. Era intolerante, de ideas fijas, donde el dogma elimina el pensamiento ajeno; prepotente y supremacista, se sentía con el poder de someter a los otros pueblos de inferior raza, según ellos, que incluía a los desarrapados y miserables marginados por la historia y el sistema. Rechazó, siguiendo la tradición más antisemita, a los judíos y los criminalizó, hasta señalarlos como culpables de todos los males, haciéndolos, ante sus seguidores, dignos de exterminio.

Poco a poco fue “comiendo el coco” a los inocentes ciudadanos, sembrando entre ellos sentimientos e ilusiones irracionales, de un nacionalsocialismo egocéntrico, alimentado por el odio y estructurado en torno a la figura de un Mesías, un líder todopoderoso al que había que obedecer sobre todas las cosas, jurando cumplir sus órdenes hasta la muerte, sin rechistar ni cuestionarlas.

El pueblo cayó en la trampa, como había caído en otros momentos de la historia, y los integrantes de la sociedad, por convicción, miedo, dejación o seguir el camino de Vicente, que va donde va la gente, renunciaron al propio e independiente pensamiento para seguir el sendero marcado por su líder. Dejaron, en parte, de ser seres pensantes para convertirse en seres obedientes, sumisos y gregarios como borregos de un rebaño. 

Su inteligencia la pusieron al servicio del falaz supremacismo de su raza, hasta convencerse de que había que conquistar el mundo e imponer el dominio de esa raza superior, que ejercería el mando supremo desde su sistema de poder despectivo y endiosado. Ellos serían el padre protector y, a la vez, crítico con las inferiores razas, arrogándose el derecho a reprimirlas para educarlas en el marco de la nueva era, donde ellos decidirían todo, incluso quién y cómo vive en función de su pureza de raza y su obediencia. Gestionarían el futuro en nombre de la nueva civilización. Tal vez habría que destruir la existente para facilitar la construcción de la otra desde la nada. A ello se pusieron. Fueron alienando al pueblo, como lo hicieran antes otras ideas, credos o religiones, hasta convertirlo en un mero instrumento de obediencia fiel y leal al servicio de la causa, bien por convicción, bien por temor. 

Señalaron claramente al enemigo, a quienes había que eliminar, destruir o vencer. Todos estaban equivocados menos ellos, todos eran traidores a la patria menos ellos, todos iban en contradirección menos ellos, que, en el fondo, eran realmente los que transitaban en la dirección equivocada respecto al interés de su pueblo. Sembraron la semilla de su pensamiento único en otras naciones y la regaron y apoyaron para que brotara y creciera, con objeto de tener luego aliados para la conquista. Tras desarrollar un inmenso poderío militar orientado a sus fines, el 1 de septiembre de 1939, ahora ha hecho 81 años, traspasaron la línea roja de la frontera polaca con la pretensión de derrotar y eliminar al potencial enemigo, con la benevolencia del otro gran dictador ruso, con quien firmó un acuerdo de no agresión por 10 años, en el pacto Ribbentrop-Molotov; anteriormente Alemania ya se había anexionado otros territorios europeos sin provocar un casus belli con las potencias occidentales, cosa que no sucedió en este caso. Desde este momento empezaron a extenderse ejerciendo la rapiña de las tierras conquistadas, a la par que eliminaban sin piedad a quienes eran la escoria para ellos. La gente enardecida de pasión y de gloria brincaba de alegría ante las conquistas, que reafirmaban su supremacía, y se lanzaron locamente, gritando y saludando con ardor guerrero al incuestionable líder que los llevaría a la gloriosa victoria final, sin pensar en la sangre derramada por su pérfido propósito. La nación, que diera a la ciencia grandes cerebros, científicos, filósofos y pensadores de trascendencia universal, acabó sometida a un demagogo cabo frustrado de la primera guerra mundial, con la mayoría de ciudadanos renunciando a su singularidad, a su libertad de pensamiento, para pasar de sujetos pensantes a sujetos obedientes. 

Dejaron de ser ellos, renunciando al desarrollo de su espiral de potencialidades, para ser parte de un aparato donde ejercían de eslabón de la cadena que amarraba la libertad de los demás y de ellos mismos. Aquel hermanamiento de un grupo egoísta, con su entrega a la causa, convirtió al ser humano en inhumano perdiendo los valores que determinan esa humanidad.

Durante cinco años se sembró de sangre y muerte, de destrucción y terror, los campos de la tierra. Poco a poco, con los años y el transcurrir de la guerra, algunos, se fueron percatando del error; la gloria y el entusiasmo inicial se convirtió en sufrimiento y miseria, en muerte y desolación propia. Decenas de millones de muertos alimentaban, con su vida, la máquina imparable de la guerra. Mayores, mujeres y niños sucumbían amargamente ante los avatares que la confrontación les traía; los soberbios jóvenes, cargados de vitalidad, que otrora saludaran con su brazo en alto en acto de obediencia al líder hasta la muerte, fueron cayendo de forma pavorosa y con ellos, murió su soberbia y el orgullo del supremacismo. El juramento de “obediencia debida” al líder los amarraba mientras, este, encerrado en su bunker, se entregaba a su locura, a su paranoia y su megalomanía, negando la evidencia al seguir anclado a la fantasía de una realidad imaginaria, negando la derrota y permitiendo que, desde el Este, avanzaran hordas clamando venganza por el sufrimiento que se les infligiera a ellos previamente, ojo por ojo y diente por diente… destrucción, muerte, violación, rapiña y humillación eran las divisas aprendidas y ejercidas. Por el Oeste asomaban bombarderos que asolaban las ciudades, destruyéndolas y causando daños irreparables y miles de muertes inocentes. La pinza se cerraba y aquella nación orgullosa de su supremacismo era aniquilada junto a sus aliados, humillada por segunda vez en ese siglo y enfrentada a una realidad que destrozaba su idea de raza superior.

Pero ahora, visto lo visto, después de todo ello, con los testimonios históricos que lo avalan, uno se pregunta si la sociedad tiene memoria. Si el sufrimiento y el drama vividos por esa generación pueden inmunizar a las generaciones venideras (en el caso de España ese sufrimiento se infringió antes, con la guerra civil, y se mantuvo a lo largo de la contienda y en la posguerra). Lamentablemente, me da la sensación, que no. Cada generación tiene una débil memoria remota, a largo plazo, donde se diluyen los recuerdos de la dramática historia vivida por la generación anterior. Tal vez esta civilización, donde la realidad y la fantasía han tergiversado todo, dándole el carácter de banal a lo ocurrido, mediante los medios de comunicación, la filmografía y los juegos infantiles, hace que la generación que crece confunda la realidad con la ficción hasta no otorgarle el valor real de lo ocurrido. Lo malo es que, en ese caso, serán presa fácil para volver a caer en los mismos errores. Sería bueno que a todos aquellos héroes militares, y no solo a los vencidos, se les convirtiera en villanos, desvistiendo de heroicidad a sus actos

¿Habremos perdido la conciencia? Nuestra frialdad ante el sufrimiento ajeno, nuestra indolencia para la gestión pacífica de los conflictos, nuestra continua negativa a resecar viejas heridas para curarlas, nuestra receptividad ante sembradores del odio y la confrontación, nuestra falta de sensibilidad para valorar el drama de la destrucción y muerte que conlleva el conflicto… en suma, nuestra carencia de espíritu crítico para valorar la historia, sus dramas y consecuencias, nos deja en disposición, por falta de conciencia, para volver a tropezar con la misma piedra. Nuestro sistema educativo sigue siendo ineficaz para formar a los ciudadanos en la convivencia. 

No me dejaré, pues, arrastrar por cantos de sirena, salvo que sea para limar las aristas de la concordia y facilitar la convivencia humana en armonía con el entorno desde el respeto a la diversidad, porque si me dejo arrastrar, posiblemente caiga en servir a los intereses de otro, amarrado como eslabón a la cadena… 

Mi reflexión, por tanto, va contra toda imposición de la idea única, contra quien pretenda someter al ser humano para sus propios fines, arrebatándole el derecho a ejercer su responsable libertad. Va contra los pájaros de mal agüero, los falsos profetas, los intoxicadores mentales, los ideólogos de tres al cuarto, los pseudointelectuales que, a caballo de las redes, confunden y manipulan a la gente, tendenciosamente y manipulando la realidad, ofreciendo nuevas eras diluidas en la falaz penumbra de la nada o, en todo caso, que es aún peor, en el dogma político y religioso del pasado; en suma, contra el adoctrinamiento para la sumisión y el acatamiento irracional, y contra todos aquellos que anteponen los intereses de grupo a los intereses generales de la ciudadanía, y en lugar de potenciar el desarrollo, el bienestar y la felicidad de la gente, pretenden amarrarlos al mercado en una alienación carente de principios y valores, en el que prima el egoísmo, donde siempre gana el que más tiene… y pierde, como estamos viendo, el que tiene menos.

jueves, 25 de junio de 2020

Es como un río nuestra vida



En estos días la realidad nos ha enfrentado a un espejo al que le solemos dar la espalda. Es el espejo de la vida y de la muerte; ese tránsito ignoto que se inicia al nacer y concluye en la irremisible partida. Nacemos sin pedirlo, por deseo, o no, de los progenitores y somos arrojados, según algunos credos, desde otra dimensión, mediante un lento proceso biológico, a un mundo desconocido en el que, día a día, tenemos que aprender qué somos y para qué estamos aquí. 

La suerte, desde un punto de vistas biológico y ambiental, será decisoria para trazar el camino, aunque, en el fondo, sean las circunstancias que fueren, el tránsito se ha de hacer contra viento y marea. No es lo mismo circular por la ruta en un buen vehículo y una excelente autopista, que hacerlo por caminos de montaña, cargados de retos y peligros, en una bicicleta.

Pero, al final, el abismo o precipicio, llegará. Allá no cabrán autos de primera y de segunda o tercera, sino que, cada cual, con su bagaje interior, caerá al abismo concluyendo su misterioso viaje. Ya lo decía, tiempo ha, Jorge Manrique, ante el dolor por la muerte de su padre, en sus versos de pie quebrado, que componen la copla III de su poema:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Cierto, me diréis, pero el tránsito es distinto del que vive por sus manos, que el del rico.  Hace unos años, visitando el norte de Palencia, tocando ya Cantabria y a un tiro de piedra de la provincia de Burgos, descubrí el Pico Tres Mares; es un lugar singular, pues según de donde surja el agua o caiga por la lluvia, su destino será un mar u otro, pudiendo desembocar en el Mediterráneo a través del Ebro, en el Atlántico por el Duero, o en el Cantábrico con el río Nansa, si no recuerdo mal. La dispar suerte del agua, según cayera o naciera en uno u otro lado, me llevó a escribir una fábula, que se publicó en el diario Sur el 17 de septiembre de 1988, titulada Fábula de los ríos, que posteriormente divulgué en mi blog y, más tarde, incluí en mi libro Relatos y remembranzas (Amazon, 2018).

Tal vez, al estar por las tierras familiares de Jorge Manrique, el recuerdo de sus versos a la muerte de su padre, asumiendo la simbología metafórica del río con la vida, hizo fluir aquella fábula, que se puede leer en este enlace.

Ciertamente, la nube suelta el agua sin saber a dónde cae, quedando al azar el nacimiento del río. Una vez en contacto con la tierra, cuando ha tomado vida y fluye por su cauce, van apareciendo los hitos y avatares, que condicionarán el tránsito que ha de recorrer por la cuenca que en suerte le cayó. Pero, indudablemente, más tarde o más temprano, el río está predestinado a desembocar en la mar, que es su morir. Podrá llegar caudaloso, cargado de poder, pero al entrar en la mar se diluirá en el agua salada, perderá su esencia singular y quedará confundido, entre un todo inmenso, constatando su insignificancia por mucho orgullo y poderío que pensara poseer; o, tal vez, al transitar por espacios de secano, entre páramos y eriales, secarrales y baldíos, su tránsito penoso, acabará en la mar, librado del castigo al que fue sometido al caminar.

En estos días aciagos, donde el virus nos enfrentó al espejo, parece que ha quedado impresa en nuestra mente la insoportable levedad del ser, a la que aludía Milan Kundera. El latigazo de la muerte, el miedo a contraer el virus, la paranoia de su contacto entre la gente, no solo modificará nuestra costumbres, sino que marcará nuestra propia percepción del ser superior que parecíamos. Seguimos engañados por la vida, nos falta la humildad de lo fungible, de lo perecedero, y, al pensar que somos casi inmortales, salvo a un largo plazo, nos seguimos anclando a lo presente, como si la vida durara eternamente y el presente no cambiara con el paso de los días, como si el mañana fuera una utopía y no llegara nunca a acorralarnos con la muerte.

Mas ¿para qué tiene sentido sentirse prepotente? Tal vez para olvidarse de la gente, para sentirse como un dios menor que juega en esta vida al egocéntrico placer de agarrarse al poder en el presente. Ahora, cuando ves que se marchan los amigos y otra gente, la vida se siente sacudida por la muerte y, tú, la percibes limitada y efímera sintiéndote impotente. Mas, ¿qué hacer, si al cabo de la esquina, la muerte se aproxima amenazante queriendo llevarte por delante? Tal vez, mirando en tu interior, en ese intenso espejo que olvidaste, podrás empezar a comprender que todo es un dislate, sin sentirse capaz de analizar el tránsito o camino existencial.

¿A qué vine yo aquí? te podrás preguntar; mientras al final se oculta una verdad que, lejos de tu conocimiento, te otorgará el aliento para seguir el caminar. Mas a esta edad, cuando la vida transitó tantos caminos, forjando, etapa tras etapa, el último destino, solo cabe aceptar, que el tiempo transcurrido, fue una escuela de vida y libertad para darle sentido a tu conciencia, para fraguarte en la justicia, la bonhomía y la bondad. Lo que haya más allá pierde interés, pues solo se queda tu saber y entrega a los demás, sembrando la paz en tu interior, sabiendo que, al pasar, cultivaste un mundo mejor, dejado a los demás.

Si te vas, vete en paz, pues no ha de haber mayor placer que, al acabar, te dejes por detrás un mundo superior, sin odio y sin maldad. Entonces hallarás la respuesta a tu pregunta de qué viniste a hacer. No te empeñes en seguir otras diatribas de credos y de gente poderosa, que solo buscan una cosa, alienar tu pensamiento para que no puedas buscar lo se esconde en tus adentros. La coherencia verdadera, se encuentra en tu interior, no estará fuera…

En el confinamiento, que en estos días hemos vivido, tiempo hemos tenido para reflexionar, para pensar, qué pintamos aquí y qué hemos de pintar. Durante la desconexión de los hábitos normales de la sociedad donde vivimos, estando en casa y aislamiento, le dimos protagonismo al pensamiento y, al final, cada cual podrá sacar sus consecuencias, buscando la verdad en su experiencia; y esa verdad pasa, en esencia, en sembrar en la conciencia otra forma de actuar.

Nosotros, aquellos que ya estamos transitando la etapa final de nuestro sino, debemos de usar, el poco tiempo del camino, para alcanzar nuestro destino sin miedo ni maldad, sino entendiendo que al nacer se empieza a fenecer, y que el progreso de la vía te da la garantía de morir en paz y en armonía, si supiste hacer la travesía, cargando tu mochila de saber.

domingo, 14 de junio de 2020

El supremacismo racial



En las décadas de los años 30 y 40 del siglo pasado, la raza aria se sintió supremacista. Los arios eran una raza superior elegida por Dios para liberar al mundo. Eran, por tanto, los elegidos, los seres humanos perfectos, los que tenían que mandar, por derecho genético, en el globo. Por ello se dedicaron a conquistarlo, a masacrar al enemigo para someterlo, para mostrar su superioridad e instalar una era de dominio y supremacía de la raza aria. Ellos eran los garantes de la evolución de la especie y los demás eran seres inferiores que solo valían para servirles en sus megalómanos proyectos. Recurrieron a perfeccionar la raza, a delimitar las características que debían definirla, y fueron buscando al ser humano perfecto en su aspecto y morfología: rubio, alto, físicamente bien proporcionado y sin defecto alguno… hasta en laboratorios de procreación.

La vida de los seres inferiores no valía nada, incluso, se deberían tomar medidas para eliminarlos, bien asesinándolos o bien evitando se reprodujeran, o sea esterilizándolos. En todo caso, el poder y dominio de la sociedad, su gobierno y la gestión política, era de su incumbencia exclusiva. El partido nazi aglutinaba a esa raza superior, mientras todos ellos, en un acto de obediencia debida, perfectamente jerarquizada, asumían el honroso papel de soldados de la causa, ejerciendo la beligerancia necesaria para imponer las ideas, principios y estructura organizacional de esa causa. El ser humano, en su singularidad, carecía de importancia y solo la adquiría en el marco de un todo al que debía someterse. No estaba para mandar sino para obedecer al líder, al Führern como encarnación del poder. Misticismo, credo religioso que casi divinizaba a Hitler, con el mismo método que divinizaron a los emperadores romanos, a los faraones, a los reyes a quienes Dios les otorgó su gracia para gobernar.

El nacismo, ese delirio megalómano que llevó al mundo al mayor desastre habido jamás, dejó claro lo calamitoso que era. El mundo lo anatemizó, lo repudió como idea supremacista y tomó medidas para que no volviera. Pero, hete aquí, esas ideas siguen anidando en determinados sujetos, que continúan defendiendo la genética racial como determinante de la inteligencia y de la superioridad de unos sobre otros. Ese absurdo planteamiento, que la evidencia científica deshace, niega la posibilidad de la influencia del proceso formativo en el desarrollo del individuo, en tanto la genética lo condicionará, por lo que el ser inferior a la raza supremacista, que es la blanca, ha de asumir su limitación y ejercer funciones secundarias.

He de reconocer que el supremacismo me repugna en tanto soy de los que piensan que la genética tiene su valor, pero es un valor variable, porque no ha de salir un genio de otro genio, aunque tenga bastantes posibilidades. He conocido grandes lumbreras, médicos de renombre y prestigio y el hijo era una calamidad. También he conocido personas brillantísimas procedentes de clases bajas. Tenemos cantidad ingente de ejemplos en nuestra propia sociedad.

El blanco se sobrepone al negro cuando es más rico, cuando tiene más recursos para invertir en su formación y cuando los hábitos de estudio y el entorno socio familiar facilita su desarrollo, a veces, fraudulento, pues los idiotas, si son hijos de lumbreras o clase alta, parecen menos idiotas, pero no dejan de serlo, y asumen el poder que le otorga una sociedad clasista.

 Nosotros, en nuestra historia, arrastramos el fatalismo de esa incongruencia. Nuestros reyes, con serias patologías mentales o alteraciones conductuales, cuanto menos, trastornadas, causaron más males a la patria que los propios enemigos internacionales. Sujetos depresivos, con trastornos severos de conducta, felones y déspotas, fraguaron la desgracia del país, al ser reyes por la gracia de Dios y no por designios de la real inteligencia.  Carlos II es el más claro ejemplo, pero no queda atrás su propio padre Felipe IV el disoluto, después, en los borbones, Felipe V el ciclotímico, Carlos IV el inseguro, Fernando VII el felón, su hija Isabel II la… entre otros. España ha sido siempre un país de río revuelto con infinidad de pescadores a la orilla para conseguir su pez, bien ejerciendo de rey, de valido real, bien ubicándose donde hubiera pesca. En todo caso el río de plata nacía en América y desembocaba en Sevilla (qué bien lo definió Quevedo con su poema Poderoso caballero es don dinero). Que inventen ellos, se decía, nosotros tenemos para pagar; hasta que los ellos fueron ricos y nosotros pobres. Pero ese es otro tema, vuelvo al que nos ocupa.

No negaré que la filogénesis y la epigenética influyen en el desarrollo de las especies y, por ende, de los seres humanos. Pero, no mayoritariamente por factores estimulares intrínsecos o internos, sino extrínsecos o externos, que a su vez elicitan su interior. Son las demandas ambientales, básicamente, las que fueron determinando la evolución de la especie en una sabia estrategia de adaptación al medio. Por tanto, en un acto de justicia social, solo cabe procurar el desarrollo de esos ambientes para que influyan, en igual medida, en todos los seres humanos, dando así la posibilidad de que cada cual dé salida a la espiral de sus potencialidades de desarrollo personal como forma de aporte social.

Me cisco, pues, en los supremacistas que, el azar y, tal vez, la necesidad, como decía el biólogo francés Jacques Monod, le encumbró al vértice superior de la pirámide social, pisoteando a las bases y concentrando en su poder recursos para su mejor desarrollo, dejando a los demás sin acceso o posibilidad de evolución. No es, por tanto, el supremacismo de una raza sobre otra lo que se manifiesta, sino el desequilibrio económico, de recursos, hábitos y posibilidades de desarrollo, lo que determina que cada uno esté donde está y no donde podría estar.

La semilla es, prácticamente, la misma, lo único que cambia es la tierra de cultivo. Si un blanco tienes recursos, o sea buena y rica tierra para su cultivo, llegará más lejos que un negro, aunque, a veces, surjan idiotas y haya que esconderlos. Por tanto, en la educación y formación del niño, en el cultivo del brote que surge de la tierra, está el éxito o fracaso de la cosecha. Otra cosa es que la buena tierra, o sea la riqueza y el poder acceder a los recursos y nutrientes del sistema, estén a disposición de todos o solo de unos pocos, los que dominan y se definen por eso supremacistas. Claro, no querrán compartir los nutrientes, el abono y minerales, que hacen crecer su planta, para eso reclaman el poder, para seguir nutriéndose ellos y dejar a los otros en las tierras secas del desierto, escasas en agua y en posibilidades de crecimiento.

Este, en el fondo, es el dilema de una sociedad en desarrollo, que no sabe muy bien a donde va, o que sí lo sabe, pero solo unos pocos, los que defienden el nuevo orden mundial, donde ellos serán, como pretendían los nazis, la especie del futuro, y los demás esclavos o servidores de la misma.

Creedme, y lo digo desde la experiencia de un hijo del campesinado andaluz, esa losa, a veces sutil y otras descaradas, sigue existiendo sobre quien tiene recursos limitados para poder desarrollar sus potencialidades intelectuales. Aunque nuestra generación haya luchado por cambiar el sistema, está el contrapeso de las clases dominantes, en lo político y económico, intentando neutralizar ese esfuerzo y, extrañamente, en ocasiones, los mejores defensores de esa idea son los hijos de la nada que se van sometiendo al poder sugestivo del líder y la idea que defiende, sin ni siquiera pararse a pensar más allá de los valores supremacistas que le plantean como dogmas o verdades. El sumiso alienado es el mejor servidor del supremacismo; tal vez porque, en su complejo de inferioridad, necesita un grupo de pertenencia que lo ampare y encumbre a los más alto como colectivo, si bien como individualidad sea solo un mero instrumento manipulable al servicio del omnímodo poder supremacista.

No quiero terminar sin traer a colación una anécdota que se cuenta sobre Marilyn Monroe y Albert Einstein, de la que no tengo certeza pero sí referencias en el mundo de internet, y que, en todo caso, me parece ilustrativa. Esta anécdota surgió del encuentro entre Monroe y Einstein en 1949. Ella preguntó: "¿Qué dice, profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebe con mi belleza y su inteligencia?" Se dice que Einstein, con una sonrisa, respondió: "Desafortunadamente, me temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y con su inteligencia". He de decir que, según parece y por ahí anda escrito, la Monroe tenía un altísimo cociente de inteligencia. En todo caso, hoy por hoy, salvo que más adelante se utilicen técnicas de ingeniería genética, el resultado en la fecundación es incontrolable si es producto de una relación sexual normal. El espermatozoide que llega y perfora primero al óvulo no tiene por qué ser el más inteligente, aunque esté sometido a un ejercicio de selección a lo largo del camino hacia su objetivo.

No obstante, si el supremacismo ganara la batalla ideológica y se impusiera, se podría acabar, con los conocimientos de ingeniería biogenética, creando seres anormales, superiores en según qué y para qué cosa, más cerca de la robótica que de la naturaleza del ser humano. Tal vez se vaya por ahí, incluso sin que sea el supremacismo su instigador, sino en el deseo de mejorar la especie desde la vertiente exclusiva de mejor calidad de vida y eliminación de trabas, malformaciones y enfermedades a través de la manipulación genética. Al tiempo…

En todo caso, y refiriéndome al supremacismo, mal vamos si no aislamos esas ideas y las dejamos diluirse en su absurdidad, en lugar de dar crédito o divulgarlas sin someterlas a debate y crítica racional. El futuro, que no será el mío, está en juego.

lunes, 8 de junio de 2020

Reflexiones al final del confinamiento


Este encierro ha pasado por diferentes fases y no me refiero al desconfinamiento, sino al propio confinamiento.

  1. En un principio lo aceptamos con resignación e interés por ver como evolucionaba la cosa, pensado, tal vez, que haríamos una compacta piña para luchar contra el virus.
  2. Una segunda fase fue el ver como los partidos políticos, en lugar de acoplarse, se tiraban los trastos, lo que llevó al desconcierto personal. En este apartado incluyo los debates de televisión entre periodistas o tertulianos que, más que honrados y éticos periodistas amantes de la verdad y la información, resultaron venales, o sea que se venden y no trabajan para la verdad sino para un partido o ideología en concreto con la que están comprometidos. En algunas ocasiones me ha parecido ver más una pelea de perros que un debate humano. Si sumamos a esta fase la creación de bulos y la utilización de internet como herramienta de confusión para crear el río revuelto, acaba uno sometido a una presión que se pretende evitar.
  3. La tercera fase, bajo mi opinión, fue el debate parlamentario, la pérdida de la compostura política, aflorando la maledicencia, el insulto y la descalificación irracional, en lugar de establecer sinergias. Es curioso como en esta fase, yo diría que es una conducta habitual en el mundo de la política, aparece la estrategia de la externalidad defensiva, adjudicando todo el mal al contrario, mientras como estrategia de reafirmación, se presume y asume todo lo bueno como propio. El problema está en el nivel de idiocia del espectador, o sea en su capacidad crítica y en saber discernir cuando le engañan y cuando le dicen la verdad, aunque haya, siempre, una tendencia a aceptar la verdad de los propios, de los que se es hooligan, y a rechazar y criticar la de los otros. 
  4. Yo metería en la cuarta el desencanto con los políticos en general o, al menos, con una parte importante de ellos, tal vez de aquellos a los que se les debería pedir más visión estadista para resolver la crisis de la forma más justa posible, buscando el encuentro y la sinergia a la que ya me he referido, con objeto de consensuar medidas y acciones enfocadas a salir airosos, todos, con el menor quebranto posible de la ciudadanía y de las estructuras económicas y productivas del país.
  5. Metería una quinta, que no es una fase en sentido cronológico, sino una situación ambiental, un estado de opinión, donde se van diluyendo  determinadas expectativas orientadas a cambiar el sistema hacia otro mejor, donde prime el desarrollo de las energías limpias, la justicia social, la potenciación de la investigación, la creación de nuevos hábitos, la concepción integral de la vida, de una nueva situación (creo que ahora le laman nueva normalidad) donde la sensatez y el sentido común se impongan a los intereses desordenados y egoístas de grupos de poder tanto políticos, empresariales, económicos, religiosos e ideológicos totalitarios. Ahora es el momento, como dije en otra ocasión, de hacer una catarsis; es decir, de mirar lo que tenemos e ir tirando por la borda aquellos lastres que nos pueden hundir el barco y evitar seguir navegando por la vida.


¿Pero qué mes estás diciendo? ¿a qué viene este discurso? dirás, querido amigo lector, llegado este punto. Pues viene, amigo, amiga, a que al estar harto de ese mundo discursivo de la política y sabedor de lo que pienso, prefiero ver la 2, o sea el canal 2 de TVE para observar lo que nos enseña la vida en la naturaleza; una naturaleza integrada, en equilibrio, en la que el hombre persiste en alterar desordenadamente. Es decir sobre explotarla sin pensar más allá de su propia generación, posiblemente influido por el proceso económico (fíjense que no voy a decir capitalista, para que a determinados colectivos no le salten las alarmas instauradas por el sistema, que les lleva, automáticamente, a descalificar a quien lo dice). El sistema económico es depredador, irracional e insostenible a medio plazo si se quiere mantener la interacción con el medio de forma natural. Otra cosa sería si lo que se pretende es destruir para construir, sobre las ruinas, otro mundo alternativo donde el mercado nos ofrezca aquello que la naturaleza ya nos negó. ¿Se imaginan, que no es difícil hacerlo, en unos años, circulando con botellas de oxígeno de la marca “patatum”, o la creación de sensaciones vivenciales como la brisa, la lluvia, el olor primaveral, o el de la era trillándose la mies, o el trino de las aves porque la naturaleza exterior a nuestros dominios o ciudades encapsuladas, ya no los puede proporcionar desde su muerte?

No se preocupen amigos, el sistema neoliberal, el mercado y la competencia, será capaz de producir alternativas a aquellos elementos que la propia naturaleza deje de ofrecernos cuando muera… solo habrá que pagar para obtenerlos enlatados.

Hoy, dejé de ver la machacona tele con sus elucubraciones políticas intencionadas. Me pasé a la 2 y sus documentales (qué haríamos sin las 2 los que huimos de la tele) y viajé por el mundo de la naturaleza. África con la consabida pugna entre víctimas y depredadores de la selva y la sabana; el mundo de las aves con sus sistemas de vida tan diferentes y ricos a la vez, el secretario, ave muy original, pateando a la víctima antes de deglutirla, o el curioso loro llamado kakapo (en maorí loro nocturno), considerado el loro más raro del mundo, incapaz de volar porque ha degenerado al no tener depredadores de los que huir, o el colibrí suspendido en el aire mientras succiona el néctar de las flores… una maravilla de espectáculo en la naturaleza.

Luego, como por encanto, me vino a la memoria el creacionismo. Imaginé a Dios diciéndole al hombre, tras concluir la creación de todo, incluso de haberle sacado la costilla para hacer a Eva, que reinaría sobre toda la creación, sobre todas las especies. Pues ahora que caigo, yo creo que el hombre no debió entenderlo bien o, al menos, lo interpretó mal. Veamos: hay dos formas extremas de reinar o gobernar sobre algo; una es administrar y proteger a ese algo para que persista a lo largo del tiempo, o sea facilitar “amorosamente” el desarrollo de la vida en ese contexto; otro es el autoritario, el impositivo, el sacar provecho máximo a lo regentado sin implicarse en garantizar su regeneración sino someterlo al egoísmo del rey. El primero es una relación de amor en sentido aristotélico, el segundo es un egoísmo puro e irracional que solo busca la inmediatez del beneficio.

Si lo que prima es el amor tenemos tierra para rato, porque entenderemos que nuestro desarrollo y mantenimiento va ligado al de la propia tierra y los seres que la pueblan; mas si lo que prima es el egoísmo la extinción se dará en las próximas generaciones, porque usaremos desmedidamente sus recursos en una miopía que destrozará el futuro, aunque sostengamos la filosofía de que el mercado lo puede producir todo y la ciencia lo inventará.

Estando en esta tesitura reflexiva me asaltó otro pensamiento. Esta maravilla que estaba viendo en la 2, en plena naturaleza, ¿existía en realidad? Supongo, lógicamente, que sí, pero de hecho aquello no era la vivencia real, la situación que se me presentaba estaba manipulada; le habían puesto música de fondo, incluso, acompasada a las imágenes y acciones que se presentaban, repetían escenas de interés especial a cámara lenta, se fijaban en pequeños detalles que escapan a la normal atención, etc. Se había mejorado, o desvirtuado según se mire, mediante manipulación, la percepción de una realidad. Me faltaba, eso sí, el uso de algunos sentidos, pues solo sentía los estímulos visuales y alguno auditivo, pero ¿y los olfativos, y el táctil? No sentí la brisa en mi cara, ni el perfume de las flores silvestres o el olor de los excrementos animales, ni la hierba acariciando mis pies al caminar, de hecho no caminaba, ni tocaba los árboles, sus ramas o las hojas. No escuchaba el trino de los pájaros salvo en momentos puntuales a gusto del realizador, el rugido del león o el bramido de los búfalos… aquello era bastante artificial, aunque precioso.

Tal vez estaba ya en el futuro. Me habían enlatado bonitamente una realidad supuesta, que no había vivido ni vivía, para transportarme a otro lugar existente, pero imaginario para mí, haciéndome ver y conocer otros entornos del planeta. ¿Qué diferencia hay a efectos de mi percepción si es o no real ese escenario? me pregunté. La única es mi convencimiento de que existen en la actualidad esos entornos. Pero, tal vez, ya no sean como yo los veo.

En un futuro, cuando todo ese ecosistema desaparezca o se merme, nos ofrecerán la experiencia virtual, como ya se está haciendo, pero con mayor realismo. Podrán acompañarlo de las otras sensaciones que ya dije no haber sentido, del olor, la brisa, el tacto, los ruidos ambientales, etc. O sea, que puede que no haya naturaleza pero la tendremos enlatada. Tal vez esto sea como Marte, un desierto, pero con habitantes viviendo en ciudades subterráneas o construidas en superficie, aisladas y artificiales donde la ciencia haya conseguido reproducir todo aquello necesario para la subsistencia de la especie.

¿Te imaginas que cuando llegué el hombre a Marte descubra que hay habitantes y viven en el subsuelo aislados de las inclemencias de la superficie del planeta, gente como nosotros, nuestros antepasados germinantes, que decidieron colonizar la tierra hace cientos de miles de años, para reproducir semillas o mutar genéticamente especies animales con sus genes de potencial evolutivo y de ahí surgió el hombre?

Pensar por pensar se puede pensar lo que se quiera, pero alguien dijo, tal vez fuera yo mismo, que todo aquello que el ser humano es capaz de pensar podría existir, solo hace falta tener el conocimiento científico necesario para realizarlo. De momento, conjugar las nuevas tecnologías con el sistema de vida humano y los principios humanistas es una asignatura que se ha de desarrollar en el futuro. Según se lleve a cabo ese reto, así evolucionará nuestra existencia. ¿Seremos un matrix, una virtualidad vital, o formaremos con la naturaleza una comunión o intercambio en un ecosistema equilibrado? Esperemos que nuestra vida no se convierta emocional y existencialmente en una película de interacción con un medio inexistente. Tú eliges, o tal vez no, lo eligen otros, de momento depende en parte de ti. Prefiero seguir viendo los documentales sabiendo que son reflejo de una realidad a verlos perfeccionados virtualmente, formando parte de un pasado existencial.

Eso sí, en el mundo de la política me da la sensación de que están ganando los otros, los de Matrix. Cada vez se parece esto más a la caverna de Platón, sombras proyectadas desde un exterior desconocido, realidades deformadas, interpretaciones manipuladas, sueños versus realidad, mente o inteligencia como contenido, cuerpo como continente. ¿Disociamos nuestras mentes de los cuerpos? ¿Extraemos nuestra mente, nuestra inteligencia, del mundo material que la contiene y que requiere nutrientes y condicionantes del contexto natural o la implantamos en otro continente, en otro soporte, donde no sea necesario alimentarlo? El ser humano dual, siempre lo ha sido… mente y cuerpo; mente es la inteligencia, el misterio del saber, la capacidad de discernir, de pensar y razonar, de analizar y tomar decisiones contingenciales, es decir en función de las contingencias o circunstancias que se presentan. El ser humano, siendo, tal vez, el ser más indefenso físicamente, sin recursos corporales para vencer a los depredadores, ha sido el ser vencedor de la contienda, del proceso de selección de las especies.  Su mente es el poder, su inteligencia el instrumento para ejercerlo. Pero, entonces ¿qué es el cuerpo? El cuerpo es el continente, el soporte de la mente. Sin él no se puede sobrevivir. En el orden de prioridades, ya decía Maslow que, primero están las necesidades básicas que permiten la subsistencia del cuerpo, del vehículo que transporta la mente.

Pero… ¿y si colocamos a la mente en otro soporte? Es decir ¿y si creamos otro artificio menos delicado, más consistente, donde la inteligencia se desarrolle sin la necesidad de someterse a priorizar la cobertura de las necesidades del continente?  En todo caso ¿Cuál es la función del ser humano en este mundo? Puede que sea el uso y desarrollo de su inteligencia, para devolverla al cosmos una vez evolucionada a lo largo de la vida. Si eso es así cabe cuestionarse la necesidad de cambiar de continente para garantizar mejor el éxito de ese esfuerzo para desarrollar la inteligencia. ¿Abandonamos el cuerpo, este cuerpo biológico frágil, que muere prontamente sin haber conseguido el desarrollo ideal y la evolución de nuestra psique, este cuerpo que sucumbe ante un microscópico virus, y buscamos otro, no biológico, que nos garantice mejor subsistencia y resistencia a los agentes agresores, junto a un menor desvío de energía para sostenerlo, y dedicamos esa energía ganada al mayor desarrollo de la inteligencia?

No debe ser tal fácil y menos para el propio ser humano tan sometido a variables ignotas, desconocidas, que conforman el todo de su sistema funcional. La complejidad del sistema interactivo entre todos y cada uno de los elementos que conforma la estructura vital y su sistema relacional es, hoy por hoy, desconocida. Cualquier intento o ensayo tiene demasiados riesgos, al menos según el conocimiento limitado que hoy se tiene sobre el tema, salvo que nosotros, los seres normales, el ciudadano de a pie, no sepamos de la misa la mitad y existan conocimientos tan elevados en determinadas esferas que no los imaginamos.  Tal vez del “solo sé que no sé nada” hayamos pasado a que hay gente que sí sabe algo que los demás ni imaginamos.

Cierro esta reflexión, que se fue más lejos que los cerros de Úbeda, con el convencimiento de que estos políticos que andan jugando a malos malosos, que se pegan puñaladas, que hablan de democracia cuando la desprecian en el propio ejercicio de la política, estos políticos, digo, son tan mediocres que serán incapaces de planificar el afrontamiento de los retos del futuro, mientras andan en menudencias porque su miopía no les deja ir más lejos de los que siempre ha sido.

Si has llegado hasta aquí, querido amigo o amiga, te felicito y, con ello, me felicito yo como autor de la reflexión que te ha atrapado, pero has de saber que esto empezó con la sencilla idea de contar como, escapando de la virulencia y hartazgo de la dinámica política, acabé viendo un documental de la 2. Lo demás es pura especulación o reflexión encadenada de un pensamiento desbocado que libremente se fraguó, por inercia mental de quien lo escribe.

No quiero terminar si reafirmar la idea que ya apunte respecto a la gobernanza: una es administrar y proteger “amorosamente” y la otra autoritaria e impositiva. El primero es una relación de amor en sentido aristotélico, el segundo es un egoísmo puro e irracional que solo busca la inmediatez del beneficio. Tú aún eliges, amigo, a quien gobierna. Buen ejercicio de reflexión ante el voto.