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martes, 8 de octubre de 2019

En qué deberían pensar nuestros políticos de cara al futuro.



Tal vez estemos a tiempo de redirigir el futuro, de reorientar las políticas de gestión de las tecnologías, para hacerlas compatibles con los valores humanos. Es el momento de pensar y exigir al mundo de la política acciones encaminadas para orientar el desarrollo tecnológico al servicio de la humanidad, para evitar que seamos dominados por el uso de esa tecnología en beneficio de intereses espurios de grupos de poder de orientación similar a la neonazi, mediante estructuras verticales. Tecnología y humanismo han de ser compatibles porque, de lo contrario, acabará sucumbiendo el ser humano a la tecnología mediante una extraña e imprevisible relación de poder–sumisión.

Conocimiento y progreso van de la mano, pero siempre el conocimiento, como elemento de poder, ha sido controlado y reconducido por intereses económicos, políticos y de credo o, al menos, se ha intentado controlar al máximo. Las culturas sociales, son marcos que definen el uso y dominio de ese conocimiento y de los sistemas económicos y productivos.

Por otro lado el conocimiento es poder, la información es poder y la tecnología, por consiguiente, es poder. La lucha por el poder conlleva el intento de dominar y dirigir el conocimiento. Los grandes cambios del mundo moderno se han producido por la inclusión de invenciones o descubrimientos aplicables a la producción y la industria.

El fondo de la cuestión no está en el conocimiento, en la tecnología, sino en cómo se gestiona y cuáles son los objetivos para que se usa. Y aquí subyace un planteamiento político y económico. Político por el dominio y el ejercicio del poder; económico por el control y gestión del negocio, de la industria y del mercado, considerando, además, que ambos suelen ir de la mano. Cada vez es más patente en esta dinámica en que estamos, encontrarnos gobiernos subordinados al poder económico, que prometen una cosa y luego hacen otra.

En todo caso, yo me pregunto:

ü ¿Se usará la tecnología para mayor enriquecimiento y gloria de las corporaciones y magnates que dominan el comercio y las finanzas a nivel internacional?

ü O, acaso, ¿se considerará como un elemento de desarrollo que beneficia al ser humano, dándole mayor libertad y tiempo de ocio y creatividad, desenvolviendo la espiral de su sus potencialidades?  

ü ¿Se someterá al ser humano a un sistema de GRAN HERMANO, donde estará ideológicamente alienado y sometido a un poder impositivo, que conforme la estructura de gobierno en un Estado vertical, donde seremos hormiguitas de obediencia debida, en una nueva ideología de corte nazi, clasista y selectiva, en función de las capacidades productivas y de consumo, lealtad y sumisión al sistema, que cada individuo presente?

ü O, acaso, ¿se democratizará la información y el conocimiento entendido como un bien común, controlado por los Estados democráticos, para que sea usado por la sociedad mejorando sus valores y principios, y resolver los problemas que se vayan presentando, con la intención de mejorare la calidad de vida y potenciar el humanismo y la solidaridad desde la justicia en un nuevo contrato social?

Estas son algunas de las preguntas que yo me hago. A mí me hace pensar sobre cómo se han gestionado las otras revoluciones industriales a lo largo de los tiempos no muy lejanos y, por tanto, ponerme alerta sabiendo por donde van los tiros. Os recuerdo las cuatro revoluciones industriales que se han dado según algunos estudiosos del tema:

1.     Primera revolución industrial, con la invención de la máquina de vapor.

2.     Segunda, apoyada en el uso de la electricidad y las energías.

3.     Tercera, con la informática y dispositivos electrónicos y mecánicos analógicos.

4.     Cuarta, según plantea Klaus Schwab, está marcada por los avances tecnológicos emergentes en varios campos, que incluyen:
·        Robótica.
·        Inteligencia artificial.
·        Nanotecnología. 
·        Computación cuántica. Se basa en el uso de cúbits en lugar de bits, y da lugar a nuevas puertas lógicas que hacen posibles nuevos algoritmos.
·        Biotecnología.
·        Internet de las cosas (IOT).
·        Impresión 3D.
·        Vehículos autónomos.

Ante esta oferta tecnológica, cabe plantearse para qué, con qué objetivos se trabaja en ello y con ello.

Ø La robótica puede librar a los seres humanos de trabajos penosos, pero también los puede dejar en el paro, a la par que los deshumaniza, incluso los despersonifica. El uso de la robótica puede automatizar y abaratar los costes de producción pero a un alto precio social con el desempleo. Tal vez, si destruye u ocupa un puesto de trabajo, habría que exigirle unos impuestos reparadores que sirvieran para cubrir servicios básicos al ciudadano.

Ø La inteligencia artificial no sabemos hasta dónde puede llegar y supone peligros hipotéticos que podrían confirmarse. Si esa inteligencia artificial piensa con mejor resultado que la humana, con un pragmatismo al estilo americano, donde lo importante es el resultado, acabaremos alienados y sometidos al gran cerebro que piensa por nosotros y al que le puedes consultar todo para actuar con la eficacia que requiere cada caso. Tremendo, pero posible.

Ø La nanotecnología tiene grandes ventajas, incluso desde el punto de vista médico, con acceso a lugares del organismo insospechados para resolver problemas in situ, pero puede ser un arma de control y violación de la privacidad, junto a la inteligencia artificial y el conjunto de la tecnología.

Ø La computación cuántica nos ubica en otra dimensión de la gestión de datos, con el Big data, y en la resolución de problemas lógicos desde el esquema de redes a través de los cúbits. El control del Big Data será un arma de poder incalculable, pudiendo tutorizar el conocimiento, controlar las previsiones y conductas del ser humano, redirigiendo las opiniones, conociendo sus deseos y voluntad para absorberlo e integrarlo en el mundo del consumo y la estructura social de corte neonazi. Pero también, si fuera usada con criterio social, dinamizaría el conocimiento y podría potenciar la creatividad y el desarrollo del pensamiento libre de los individuos dándole importantes datos para elaborarlo.

Ø La biotecnología abre campos de desarrollo de microorganismos y, también, de injerencia en el genoma humano y animal. Riesgos y ventajas. ¿Acabaremos pariendo en incubadoras a seres ya elegidos antes de la fecundación, con características específicas para el fin que se ha pensado crearlos? ¿Tendremos a nuestro alcance la posibilidad de determinar el perfil de nuestros hijos a voluntad mediante la manipulación del genoma, como ya parece ser? En todo caso, tendremos que adaptar nuestros principios y valores a la nueva situación para evitar disonancias congnitivas. La ética y la moral son maleables, y puede que manipulables, para enfocarlas al beneficio del poder en una sociedad alienada.

Ø El internet de las cosas, ya los estamos viviendo con controles remotos, la robótica doméstica, la automatización, las redes sociales; o la impresión de 3D que está llamando a la puerta.; los vehículos automáticos, drones, tecnología de conducción, etc.

En suma un reto impresionante, donde, al final aparecerá una clase específicamente integrada en el uso y conocimiento de esas tecnologías, dejando fuera, como analfabetos funcionales, a quienes no la conozcan y utilicen. El mundo se desarrollará bajo premisas diferentes a las actuales.

La cuestión, bajo mi modesto punto de vista, está en qué sistema, o formato, trabajamos para evitar las perversiones del uso de las tecnologías. En cómo desarrollamos leyes y normas que preserven la ética y vayan facilitando los cambios necesarios desde el sosiego, bajo criterios formativos que garanticen la libertad y el desarrollo de los valores humanos. Y ahí, tendremos delante a los intereses de las grandes corporaciones, del sistema neoliberal, que busca un nuevo orden mundial controlado por el mercado y, con un espíritu darwinista, convertir el mundo en un campo de batalla de intereses comerciales y financieros.

He ahí mi preocupación, a la que debemos dar respuesta sin dilación, exigiendo a los gobiernos su implicación y la oferta de programas que nos faciliten el tránsito por esa nueva dimensión, por esa nueva era, preservando los derechos y libertades del ser humano y potenciando su capacidad de discernimiento y los valores humanos.

Creo que merece la pena pararse a pensar en cuales son los peligros reales que nos acechan con los Big Data, con el manejo de la información que se hace. Estamos siendo controlados, cada vez más, con la excusa de los peligros terroristas, y otras cuestiones que permiten, a través del miedo, que no pongamos resistencia a entregar nuestra privacidad por un bien mayor, que es la seguridad percibida.

Las redes sociales nos dan libertad, nos facilitan la comunicación y muestran el mundo y ponen a nuestra disposición muchos conocimientos, pero también nos exponen a un mayor control sobre nuestras debilidades y capacidad de respuesta a los avatares de la vida, mostrando nuestra tendencia en el consumo y orientaciones de cualquier tipo.  Estamos entregando libremente, sin pensar siquiera en ello, muchos datos de nuestra vida, que pueden servir para esclavizarnos, para que, mediante el procesamiento de ellos, las grandes corporaciones puedan conocer datos muy personales y nuestras preferencias, además de negociar con ellos en el mercado de la información y del marketing. Las redes sociales, Facebook, Twiter, Instagran, las nubes como almacén de datos, facilitan demasiados detalles sobre nuestro perfil personal. Si se me despierta la paranoia acabaré pensando que conocen mis ideas y mañana pueden venir por mí.

Es más. No dudemos, de que dentro de pocos años, el sistema de control de DNI será un chip incorporado que irá chivando todas nuestras actividades, a cambio de facilitarnos la interacción con los demás, con las compras, pagos y disposición de productos del mercado, como ya hacen las tarjetas de crédito.

v Por otro lado, ¿alguien duda de que tenemos más conocimiento a nuestra disposición y manejamos más datos de forma inmediata, pero que somos más idiotas?

v ¿No existe el riesgo de que estemos en el futuro conectado a un sistema de información central que nos facilitará los datos requeridos para cualquier actividad, toma de decisión o vivencia, sin que tengamos que hacer el esfuerzo de estudiar?

v ¿No será posible, mediante un proceso de sensibilización neuronal, aplicar o trasladar el conocimiento desde una máquina a nuestra propia memoria e inteligencia?

v Y, ¿por qué no, hacer viajes virtuales, o en holograma, a cualquier lugar o época provocando sensaciones, emociones y estímulos de todo tipo que nos permitan vivir una realidad virtual como autentica vivencia?

v Y eso, ¿cómo se regula, cómo se establece la norma que garantice la ética, la moral y los valores humanos, sabiendo que la evolución social cambiará los propios valores, la ética y la moral actuales?

v De cambiar esas cuestiones ¿hasta dónde se han de cambiar y cuáles son los principios que debemos mantener como base del cambio para que esa mudanza no sea una perversión del propio ser humano?

Muchas preguntas para una mente que, puede, no llegue a conocer ese futuro. Estas preguntas se las dejaremos a los jóvenes, pues tal vez sean más permisivos a la hora de aceptar los cambios, incluso la imposición de la tecnología, con quien han convivido desde su nacimiento. El futuro es de ello, y nosotros seremos el pasado en ese futuro.

sábado, 9 de marzo de 2019

9 de marzo. El día después



Transcurrido el día 8 y viendo las movidas que se han producido, mezclando conceptos y manipulando la opinión pública, creo que es conveniente centrar el tema sin partidismo pero con el reclamo del ejercicio de una política adecuada para enfrentar los problemas que denuncia el feminismo.

Se ha intentado demonizar el feminismo por parte de los defensores del machismo equiparándolo a su contrario. Mas no debemos comulgar con esa burda interpretación porque no son polos opuestos, salvo en que el feminismo reclama un derecho constitucional que el machismo le niega. Pero vayamos a los conceptos y a las ideas que soportan esos planteamientos.

El diccionario de la RAE define feminismo con estas dos acepciones: 1º “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y 2º “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”. Podemos decir, pues, que conjuga la idea y la acción, resultando una doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. Por tanto, no pretende suplantar o imponerse sobre el hombre, sino igualarlo en capacidades y derechos.

Sin embargo, al machismo lo define en otro término, con estas otras dos: 1ª “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” y 2ª “Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón”. Aquí sí hay una agresión supremacista al querer imponer la idea de superioridad del hombre.

No son, pues, como ya he referido, antagónicos, o dos extremos de una misma línea, ya que uno procura la igualdad entre géneros como un derecho constitucional (feminismo) y el otro defiende la desigualdad (machismo) que es atentatorio de ese derecho, por tanto el machismo es inconstitucional, situado en la alegalidad por no decir ilegalidad, y el feminismo todo lo contrario. Es decir, el feminismo desarrolla una lucha justa, a diferencia del machismo al que combate.

La Constitución, en su artículo nº 14, refleja: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” y es aquí, en la implementación de este artículo, donde se consolida y fundamenta la legalidad de la reivindicación feminista, desarrollo que también tiene soporte en el artículo 35ª referente a  los deberes y derechos que asisten a los ciudadanos “sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Si no existiera ese articulado habría que crearlo para hacer la ley justa, tal como se determina en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” a lo largo de sus 23 artículos sobre igualdad.

El asunto, como todos sabemos, viene de lejos, de muy lejos en la historia. Estamos en una cultura machista por definición en tanto prevalece el patriarcado que, de alguna forma, es la semilla del machismo o, si acaso, su sinónimo, que degenera en la llamada falocracia (Predominio del hombre sobre la mujer en la vida social).

Aquí sí habría una contraposición conceptual entre patriarcado y matriarcado. La inmensa mayoría de las culturas primitivas eran patriarcales y, si acaso, escasamente algunas matriarcales (los antropólogos son reacios a aceptar la existencia de estas últimas), situación que se ha mantenido a lo largo de los tiempos, lo que no quita que en el ejercicio del poder, dentro de determinadas microculturas familiares, puedan darse situaciones de matriarcalismo (diferente concepto que el matriarcado), en culturas patriarcales, como resultado de una imposición de la mujer sobre el marido por la aceptación cultural de una estructura psicosocial intersubjetiva centrada o focalizada en el símbolo de la Madre/Mujer.

Ante esta situación caben diferentes posturas políticas, porque solo desde la política social se puede enfocar y resolver el problema, tomando medidas que equiparen ambos géneros desde la escuela y redirigiendo toda la política educativa hacia ese objetivo, que, indudablemente, chocará con los hábitos y costumbres arraigados en nuestra cultura social y religiosa. Digo religiosa porque si la Iglesia tuviera el valor de reconocer esa igualdad, y ejercerla, desmontaría muchos discursos machistas y modificaría la actitud de sus fieles, pero el anacronismo de su estructura organizativa y posición respecto al tema no promete demasiado.

En todo caso, el feminismo, bajo mi humilde opinión, nos es de izquierdas o derechas, sino de una justicia social transversal. Lo que ocurre es que la tendencia de los partidos conservadores, por definición, no está en implicarse activamente en cambiar la situación con celeridad (por eso se les identifica como conservadores), sino en ir modificando las cosas arrastrados por la demanda. Hay otros casos, como es Vox, del que no se puede esperar mucho, dada su política de denostación del movimiento, difamándolo y denigrándolo a través de su confusión argumental, calificándolo de “feminazi” y otras lindezas carentes de sentido, que solo muestran la ideología que subyace bajo esas siglas y su desconocimiento del tema y los conceptos que lo definen. El feminismo no va contra los hombres, sino contra las ideas y actuaciones de aquellos que bloquean el derecho de la mujer a ser iguales al hombre y sostienen la ideología supremacista del machismo.

Las revoluciones sociales vinieron siempre de la izquierda en esa dicotomía (conservadores versus progresistas), por tanto es más lógico que sea la izquierda quien tome la bandera de la igualdad con más encono, la derecha, más conservadora, se resistirá al cambio por lógica de ideología.

Pero, si todos los partidos políticos reconocen el problema, y entienden que hay que poner como objetivo esa igualdad que contempla la Constitución, cada cual debería apoyar el movimiento feminista y ofrecerle sus soluciones para el caso, cuestión que luego, visto su programa y actuaciones, podrá ser validada o no por la mayoría de votantes. Lo que, bajo mi opinión y a la vista de los expuesto, no puede hacer ningún partido es descalificar el movimiento y situarlo en el tejado de otro, porque está renunciando a dar una solución al problema y eso, como gestor de conflictos sociales, lo descalifica a él mismo, dejando la defensa del derecho de las mujeres en manos del adversario político con todas sus consecuencias. Claro que cuando se ve que al diálogo se le llama traición solo cabe pensar que algunos partidos funcionan con piñón fijo, sosteniendo el anacronismo de sus ideas.

Concluyo que, bajo mi punto de vista, hay que apoyar al movimiento feminista en su sentido transversal, ya que la mujer está solicitando políticas de ajuste para conseguir esa igualdad, a las que ningún partido debe retraerse, al ser un derecho constitucional, y ha de dar, en sus programas, las soluciones que se les demanda en función de su ideología, para que se acepten o rechacen con los votos. Otra cosa es que ante la incapacidad de un partido de dar esas soluciones reclamadas, este acabe tildando al movimiento de partidista, o pregone y advierta que se está utilizando a las mujeres con fines políticos, como si el problema no fuera enmarcable en la política, cuando lo que están intentando las mujeres y hombres del movimiento feminista es utilizar a los políticos para resolver la anomalía, como es su obligación. El partido que esconda la cabeza como el avestruz, o dé la espalda al feminismo, y por ende al problema que denuncia, está cometiendo un grave error por incompetente.

jueves, 7 de marzo de 2019

La lucha de la mujer en el mundo de las letras.




Con motivo del 8 de marzo no está de más dedicar una pequeña reflexión al papel de la mujer en el mundo de las letras (especialmente la lírica poética)  y cómo ha ido evolucionando. Es indudable que las cosas han cambiado considerablemente y para mejor, pero no podemos olvidar que el camino se sigue transitando sin llegar a la meta final, que debe ser la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer. No voy a entrar en un análisis pormenorizado del porqué y cómo se ha ido dando el machismo como elemento dominador de género, o sea sobre la mujer. En todo caso consideraremos que el papel de la mujer, otorgado por el mundo dominante del hombre, se ha relacionado más con su utilización objetal, mientras el hombre ejerció el poder y dominio social, cultural y económico. Obviaré, pues, la humillación de la mujer cuando tuvo que recurrir al nombre del marido para publicar su obra, quedando ella entre bastidores.

Habría mucho que hablar sobre el tema, pero me referiré a un aspecto del influjo social y cultural, donde el hombre dominó descaradamente hasta hace bien poco, en que la mujer ha entrada en la batalla de la cultura y sus derechos; por tanto aludiré a ese papel en la lírica, en el mundo de la poesía y la literatura en general, donde aflora tanta belleza expresiva y sensibilidad.

El sumun de la exaltación lírica de la mujer lo podemos encontrar en los versos de Gustavo Adolfo Becker cuando define la poesía y la asocia a la mujer:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Esta forma sublime de expresar la importancia de la mujer en el mundo del poeta, es falaz o responde a una visión direccionalmente errónea. Claro que se enaltece la vanidad de una mujer elevándola al rango de poesía, de inspiradora o musa del poeta, en quien genera el sentir enamorado que la revaloriza hasta elevar su potencial a objeto elicitador de la lírica del cantor. Pero ella no es poesía, ella es el objeto que genera la poesía en el poeta, un objeto precioso, deseado para satisfacer el amor del enamorado, cuestión, indudablemente, halagadora para la dama enamorada. Pero la composición poética no es de ella (por tanto ella no es poesía), sino que es de su autor, de quien es capaz de sentirla y escribirla, de quien la hace brotar de su interior líricamente emocionado, del poeta, de Gustavo Adolfo Becker. La mujer es la musa, el instrumento u “objeto” que la despierta.

La mujer es poesía cuando la escribe ella, cuando es capaz de crearla a través de la expresión de su sentir, con su propio estilo, su palabra y verso, cuando anida en su interior el arte de la inspiración y la capacidad de su expresión. La mujer objeto genera la poesía en el amante, pero la mujer poeta la genera desde su interior, la crea ella y la transmite a través de sus versos… aquí es cuando la mujer es verdaderamente poesía.

Basta solo mirar hacia el pasado, no muy lejano, y veremos las dificultades de la mujer para entrar y ser reconocida en el mundo de la literatura. Traigo a colación, como ejemplo, a la gran escritora y poeta hispanocubana  Gertrudis Gómez de Avellaneda (Tula), de la que José Zorrilla dijo, en 1841: “…la mujer era hermosa, de grande estatura, de esculturales contornos, de bien moldeados brazos, de cabeza coronada de abundantes rizos y gallardamente colocada sobre los hombros. Su voz era dulce, femenil; sus movimientos lánguidos y mesurados y la acción de sus manos delicada y flexible; pero la mirada firme de sus serenos ojos azules, su escritura briosamente tendida sobre el papel, y los pensamientos varoniles de los vigorosos versos con que se reveló su ingenio, revelaban algo viril y fuerte en el espíritu encerrado dentro de aquella voluptuosa encarnación mujeril. Nada había de áspero, de anguloso, de masculino, en fin, en aquel cuerpo de mujer, y de mujer atractiva, ni coloración subida en la piel, ni espesura excesiva en las cejas, ni bozo que sombreara su fresca boca, ni brusquedad de maneras; era una mujer. Pero lo era, sin duda, por error de la naturaleza, que había metido por distracción un alma de hombre en aquella envoltura femenina”. A Bretón de los Herreros también se le adjudica esta frase referida a Tula Avellaneda: ¡Es mucho hombre esta mujer! O bien, ¡No es una poetisa, es un poeta!

Mientras tanto, Zorrilla plantea la existencia de una mujer poeta y escritora, de esa altura, como un error de la naturaleza, que metió un alma de hombre en una envoltura de mujer. El mundo de la lírica le estaba, pues, restringido, cuando no vedado o condicionado. Lo que no impidió que Gertrudis, en los años 40 y 50 del siglo XIX, fuera toda una figura en los corrillos de la literatura de la capital, dada su enorme y excelente producción literaria (teatro, novela, poesía) y su capacidad seductora con su fuerte personalidad asertiva, codeándose con personajes de principal relieve en la corte, incluido Narvaez y los propios reyes, que apadrinaron su boda con el coronel Domingo Verdugo. Una excepción rompedora que desborda los límites que enmarcan el momento histórico respecto al tema

Lo que no es óbice para que estas tremendas aseveraciones nos muestren cómo el machismo imperante otorgaba el grado de excelso poeta al espíritu masculino y se toleraba la incursión de la mujer, en este campo, bajo un cariz de curiosidad y paternalismo; considerando, incluso, que estaban en una etapa en la que la influencia exterior se hacía notar con el espíritu liberal, a caballo del romanticismo, que se importaba desde el extranjero, en los años aciagos y convulsos de la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, esposa del extinto Fernando VII.

A pesar de todo ello, del liberalismo y la ideas progresistas del momento, a Gertrudis se le cerraron las puertas de la Real Academia Española de la Legua tras la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, que ocupaba el sillón de la letra Q mayúscula, otorgando este privilegio a un hombre, para mí, con una obra de inferior calidad literaria, Antonio Ferrer del Río, sin menospreciar su valor, claro está. Por tanto, la primera mujer que optaba a un sillón de la RAE, fue apartada para dar paso a un hombre. Hoy, tras más de siglo y medio, solo hay 8 mujeres en la Real Academia de 44 miembros que conforman la misma, si no me fallan los cálculos, o sea un 18%.

No obstante, volviendo al tema, en este caso singular de rebeldía que se manifiesta en el espíritu poético y lírico de Gertrudis, aparece el incansable brío de una mujer excepcional y reivindicadora de su derecho a “estar” desde su inteligencia creativa. Anduvo despertando admiración y miedo, aceptación como poeta y rechazo por su atrevimiento; un reto seductor para el ego del poeta Gabriel García Tassara, que le causó tanto mal con sus amores.

Se dice que Ignacio de Cepeda y Alcalde, su gran amor platónico y amigo, estando enamorado de ella como mujer y escritora, “la temía tanto como la amaba” y por eso no llegaron a desposarse aun existiendo entre ambos esa química que lo hubiera permitido. El prototipo de mujer de la época era la esposa sumisa y devota que cumplía con sus deberes maritales y maternales sin hacer sombra al esposo, modelo que Gertrudis rechazaba con vehemencia. La Avellaneda, en una de sus cartas a Cepeda, establece la diferencia entre lo que es ella y lo que le aportará la otra; ella es la intelectual, pensadora y crítica, la otra la sumisa, buena esposa y madre según los cánones… en estas circunstancias Cepeda optó por su sobrina María del Rosario. Tula ya había tenido otro desengaño en su estancia en Galicia bajo las pretensiones del joven Ricafort, hijo del Capitán General de Galicia Mariano Ricafort, pues aun reconociendo su valía y superioridad intelectual, le pedía que asumiera su papel de esposa, con arreglo a las exigencias sociales del momento, y abandonara el mundo de las letras.

Esta mujer, rompedora de esquemas, nos mostró, al igual que algunas otras, lo que las mujeres guardaban en su interior, por imperativo de la ley social, obligadas a renunciar a sus potencialidades. Sin embargo, rotas esas cadenas, afloraron, en los últimos 50 años,  multitud de escritoras y poetas que, irrumpiendo con fuerza inusitada, escalaron la igualdad de condiciones con el hombre, cuando no superándolo. En los diversos encuentros de poetas que se desarrollan a lo largo del país, en que yo he participado, he constatado un mayor número de mujeres que de hombres. Es aquí, en sus textos y publicaciones en general, donde se ve la calidad lírica de la mujer. Es aquí donde se demuestra que la poesía expresada es ella en esencia, donde tiene sentido la frase: “Poesía… eres tú” y no la musa inspiradora aludida por Becker.

Concluyo pues, que reconociendo la asimetría existente en esta cultura ancestralmente machista, la sociedad puede y debe exigir que esa igualdad se dé, que el equilibrio rompa la asimetría para enriquecerse con la aportación de hombres y mujeres en igualdad de condiciones, dado el potencial creador de la mujer en todos los campos y, especialmente, en el mundo de la letras del que he tratado en este artículo. La mujer, al igual que el hombre, es poesía cuando la crea, porque se fragua y aflora de su interior de poeta.


viernes, 18 de enero de 2019

La fiesta de los toros es un anacronismo



Hay discursos demagógicos o irracionales que inducen, o pretenden hacerlo, a una interpretación errónea de un asunto, problema o tema. En todo caso se trata de una visión sesgada e interpretada desde una premisa falsa. Me estoy refiriendo a la interpretación que se suele hacer por parte de los defensores de las corridas de toros. Hablan de la libertad de cada cual para acudir o no a esos actos o ceremonias de burla y algarabía que se fraguan en la suerte del toreo, donde la sangre aflora hasta llevar, finalmente, al toro a su propia muerte entre el jolgorio y alegría de un público que no llega a analizar en profundidad las causas de su jubiloso gozo. Cabe preguntarse cómo y dónde radica la motivación de ese gozo y si entra en contradicción con los principios y valores del ser humano, que en ningún caso deben fundamentarse en la violencia y muerte de ningún animal. Bajo mi opinión, el valor, la habilidad y destreza en burlar las acometidas del toro sí tienen sentido y pueden ser motivo de algarabía, pero sin infringir castigo físico, sufrimiento y muerte al animal. Los forcados portugueses, el toreo sin sangre y muerte, el juego del requiebro en cortes, recortes y recortes con anillas son alternativas no sangrientas.

Ciertamente, si miramos el problema desde el derecho que cada cual tiene para acudir a estos actos, estaremos centrando el asunto en la libertad individual para tomar sus propias decisiones. Visto desde esa perspectiva el dilema se centra, erróneamente, en un valor social, el de la libertad en la toma de decisiones, mientras se obvia el núcleo principal de la cuestión, que debe centrarse en si el acto, en sí mismo, es o no asumible en una sociedad de valores evolucionados, como veremos. Por otro lado, ese núcleo principal de la argumentación se suele plantear, por parte de los que la llaman “fiesta nacional”, como una tradición sustentada en la cultura popular. Pero los pueblos evolucionan, la gente cambia y se sensibiliza con otros principios y valores más racionales, más humanos, al producirse la evolución de las sociedades y de las propias culturas que rompen con las tradiciones que no encajan con los nuevos valores. De ahí mi apotegma “El anacronismo, en la cultura de los pueblos, lastra su evolución”.

En lo referente a catalogar las corridas de toros como un anacronismo, habría que aclarar previamente este concepto para ver si encaja en el mismo. La RAE define anacronismo como: “Que no es propio de la época de la que se trata”. Veamos, pues, como razonar su inclusión en el calificativo de anacrónico: Esta sociedad moderna rechaza el maltrato animal, la sádica diversión por la sangre y el dolor, la falta de respeto a la vida sea de la especie que sea, la guerra, la violencia y todo aquello que pueda producir dolor y sufrimiento gratuito a los seres vivientes. La sensibilidad del ser humano aflora para racionalizar las cosas desde la percepción de la vida en un sentido más integral, más universal. No es nada nuevo, siempre hubo quien proclamó a los cuatro vientos el amor y respeto a los animales; desde los pueblos más primitivos, casi siempre en culturas ajenas a la nuestra, a determinadas actitudes vitales de nuestra propia cultura y religión (el propio San Francisco de Asís llamaba hermanos a los animales). Hasta el mismo boxeo se cuestiona como deporte cuando no se ajusta a determinadas normas de funcionamiento que implican protección del sujeto que lo practica y se prohíbe, en determinado momento, el ser transmitido en televisiones públicas por su violencia y crueldad.

Pero, sin salirnos de la sensibilidad hacia los animales que se nos ha enseñado o cultivado en los últimos tiempos, cabe señalar que, en nuestra infancia, era normal apedrear a los perros y gatos que encontrábamos por la calle y no estaba mal visto, solo se catalogaba como una travesura de niños, sin pensar en el pobre animal. En la actualidad existe una ley de protección animal que lo condena, ya no es socialmente tolerable esa actuación. La prohibición del uso del tabaco, en su momento, tuvo detractores que lo consideraban un atentado a la libertad del fumador como ciudadano; luego se entendió, mayoritariamente, que era invasivo del espacio público, como es el aire que respiramos. En siglos pasados hay casos claros y evidentes de conductas toleradas culturalmente, violentas o impositivas, que han sido superadas y rechazadas por la sociedad. Hasta el siglo XIX la esclavitud estaba bien vista, y en el XVIII aún se usaba como un negocio que enriqueció a muchos que, incluso, hoy son considerados grandes negociantes.  Quiero decir con esto, salvando todas las diferencias, que las sociedades cambian, evolucionan, y se van desprendiendo de actuaciones o conductas anacrónicas en beneficio de otras enmarcadas en los principios y valores que se cultivan en ese momento histórico.

Por tanto, no se trata de coartar libertades, sino de adaptar esa cultura a los valores que se pretenden cultivar en una sociedad moderna y concienciada con ellos. Ya se sabe que la prohibición genera deseo, en términos freudianos, y la educación crea valores sólidos. Por ello, la prohibición, siendo importante, no tendrá efectos si no va acompañada de un proceso de concienciación en el que aquellos que disfrutan con ese espectáculo sean capaces de reconducir la motivación esencial de su gozo. Mientras tanto, ninguna sociedad, que se defina como evolucionada, puede o debe adoptar posturas que potencien o cultiven valores anacrónicos, es decir proteger o subvencionar actos impropios de esa evolución.

De momento, yo al menos, me conformaría con nombrar al toreo, en los términos en que se da, como contrario a la tendencia cultural de la sociedad futura y retirarles subvenciones y ayudas que lo potencien o divulguen… eso coste que lo sostengan los que lo defienden, pero considerando que en frente van a tener a un importante colectivo que sostendrá que nunca el ser humano, mentalmente sano, puede o debe disfrutar con un espectáculo de sufrimiento, violencia y/o sangre de ningún ser vivo. Su libertad acaba cuando traspasa estos límites de respeto a la vida animal.

Concluyo: Una tradición que vaya contra los principios y valores de una sociedad que evoluciona, será un anacronismo que hay que erradicar de la cultura social. El proceso solo se consigue mediante la educación y sólida formación en los nuevos valores. Se ha de excluir, por definición del concepto valores humanos, a toda acción violenta, sanguinaria o de sádico disfrute con sangre, maltrato y muerte de otros seres vivos.



jueves, 10 de enero de 2019

El pensamiento racional contra las Fake News



Piensa

Hace algún tiempo que decidí convertirme en un mero observador. Es decir, verlas venir e intentar conseguir una explicación a lo que pasa, al porqué de las cosas, a cuales pueden ser las causas por las que la gente se deje atrapar en pensamientos ajenos sin antes elaborar los suyos en función de sus propios principios.

La conceptualización de la posverdad, es decir su definición como una manipulación o falsa verdad creíble desde la emoción y la pertenencia al grupo que la elabora, nos deja en mala posición como seres pensantes. El pensante es un ser racional que no asume ideas ajenas si antes no las ha digerido racionalmente, si no las ha elaborado con arreglo a sus propias convicciones, valores y principios.

Que no te engañen
Desde la irrupción de la técnica manipulativa de Trump y su gente, usando bulos o medias verdades (por ejemplo generalizando particularidades) como elementos de influencia en la opinión de la gente, el mundo se ha visto sometido a una presión desequilibrante e irracional que ha atrapado a muchas personas con escasa capacidad para analizar los estímulos o informaciones que reciben y discernir racionalmente sobre ellos.

Es cierto, bajo mi opinión y sin animo discriminatorio sino puramente descriptivo, que los seres humanos no estamos todos en el mismo punto del camino de la vida, por tanto no podemos, ni siquiera debemos, tener la misma visión de la realidad que nos envuelve. Nuestra opinión siempre está mediatizada por nuestras experiencias, nuestro conocimiento, la capacidad y hábito de razonar, los principios y valores que se nos inculcó y, sobre todo debería ser, que fuimos elaborando nosotros mismos mediante una socialización crítica. Por tanto, no todos estamos en un mismo sitio, pero sí, como seres pensantes, nos revestimos de valores humanos si entendemos que en el hombre, en sentido genérico, se ha de dar el valor del respeto y la empatía para mejor convivir. Cualquier confrontación irracional o guerra es peor que la más mala de las paces. Por tanto, debemos estar en la disposición de contrastar opiniones sin acritud y con mente abierta, completar la nuestra con la de los otros si son coherente y nos enriquecen.

Llegado a este punto, es importante, establecer el escalonamiento de los valores humanos. Por encima de cualquier cosa, en un mundo dicotómico de maldad y bondad, debería prevalecer la bondad. La bondad es compartir, empatizar, cooperar desde la concepción y percepción del amor.

Pero el amor es una palabra extensa, en cierto sentido polisémica, de variada aplicación según su objeto, ya que, por ejemplo, el egoísmo es un amor propio en contraposición al amor universal. Sin embargo, considerando los 6 tipos de amor que se describe el psicólogo canadiense John Alan Leen (Eros, Storge, Ludus, Pragma, Manía y Ágape… hay otras categorizaciones, pero usaré esta) deberíamos enfocar este hacia el amor a la verdad compartida, sostenido en los derecho humanos, en la igualdad de oportunidades y en la no discriminación por diferencia alguna; en la potenciación del sentido evolutivo de la sociedad en su conjunto poniendo al ser humano como eje fundamental del desarrollo hacia una humanidad en justa convivencia.

Tal vez, al menos para mí, el amor ágape sea el que deberíamos cultivar, por ser el más necesario, para una mejor convivencia. "Agápē es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Algunos filósofos griegos del tiempo de Platón emplearon el término para designar, por contraposición al amor personal, el amor universal, entendido como amor a la verdad o a la humanidad". Me quedo con eso, con el amor a la verdad o a la humanidad, a los otros con los que formamos un todo en nuestra existencia inherente a la verdad cósmica.

Sin embargo, si ubicamos ese amor a la verdad y, por ende, la humanidad, no podemos olvidar que en el otro lado de la balanza, en el polo opuesto, está el odio. El odio lo define la RAE como el “sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia”. En el psicoanálisis, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad.

Esto nos viene a mostrar que, si en lugar de existir amor ágape por el "pobre negro" africana que viene buscando una vida digna y huye de la injusticia, la guerra o la propia muerte, arriesgando la vida en una patera, sentimos odio porque él nos va a traer la infelicidad al quitarnos el trabajo (falsedad), o poner en peligro el dominio de la cultura imperante (falsedad), estaremos renunciando al valor positivo del amor para centrarnos en el valor negativo que es el odio.

En este sentido, antes de seguir el camino que nos marca el odio y el rechazo, es bueno pensar, desde los valores que nos definen como humanos, si hemos de manifestar amor u odio, según nuestros principios internos, sabiendo que la vida es un espejo donde recibes aquello que emites; si emites odio recibirás odio, porque es lo que cultivas.

En estos tiempos nos inundan de propaganda y falsedad, que generalizan la anécdota elevándola a categoría, que crean fake news al estilo americano (es muy interesante el libro “Fake News. La verdad de las noticias falsas” del periodista Marc Amorós). Una fake new es una noticia falsa que se difunde con una voluntad deliberada de engañar y que tiene dos características fundamentales: tener un objetivo claro y adquirir una apariencia de noticia real, precisamente para conseguir engañarnos. En todo caso se topa con los principios y la credulidad del receptor, además de su capacidad de pensar por sí mismo y de analizar coherentemente la falsa noticia hasta descubrir el engaño y el interés que lo provoca. Eso sí, como es determinante su percepción y valoración emocional, en función de la procedencia y la consonancia con su credo ideológico o de valores sociales, el sujeto no solo puede ser un buen receptor, sino ejercer de eco de la misma en una cadena propagandística aliado con el objetivo de crear desencuentro y confrontación por puro convencimiento de alienado.

Concluyo que el primer y principal objetivo del ser humano es convivir en paz para crecer saludablemente en su triple dimensión biopsicosocial. Si pierde de vista ese objetivo o misión principal y se deja llevar por cuestiones secundarias o contrarias al propio principio esencial, andará cavando su tumba y la de su propia sociedad a medio o largo plazo. Y es aquí donde se ha de dar la alarma ante el uso desmedido e intencionado de los medios de comunicación y las redes sociales que, con engañifa, falsas noticias, sin fundamentos estadísticos ni consistencia ideológica de contenido humanista, nos agobian con discursos que hablan de reconquistar el pasado. Por desgracia, en un proceso anterior y reciente (no sé si meditado y orquestado) han ido perdiendo los políticos la credibilidad y no han sido capaces de reafirmar una ideología social de valores humanos dedicándose a la confusión y corrupción y venta de sus servicios.

Por otro lado, cada día recibimos whatshapp o noticias en Facebook o Twiter con noticias alarmantes que pretenden encogernos el corazón y llevarnos al lado de los mesías que las denuncian pero que no dicen cómo las solucionarían o, en todo caso, plantean soluciones ya vistas en el pasado de resultado catastrófico. Lean con criterio, desconfianza y cuestionamiento ese tsunami de noticias, de medias verdades, de bulos interesados, de fake news, de mentiras repetidas para hacerlas ver como verdad (para Göbbels, «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad», aunque hay quien también le atribuye la frase a Vladimir Lenin), que pretende el desencanto y la confusión, la sensación de indefensión e injusticia, la desconfianza con el sistema democrático cuando lo que fallan son los políticos y quienes los elegimos gracias a ese sistema. En todo caso, hay que mantener la mente clara para no dejarse llevar por falsedades y soluciones que coarten los derechos que, como ciudadanos libres, hemos ido ganando desde la transición. 

Cuidadín con la brillantina a caballo de la reconquista, pues, si se ha de conquistar algo, es la igualdad entre los seres humanos, los derechos humanos universalizados, la protección y amparo de los estados a sus ciudadanos, el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la asistencia sanitaria, a la ayuda solidaria a los dependientes, etc. pero, sobre todo, el derecho a un trabajo digno que nos comprometa a todos para mejorar la sociedad desde un desarrollo sostenido.



viernes, 23 de noviembre de 2018

SOLO LA CULTURA SALVARÁ EL MUNDO



Hay que pensar
Estamos en un verdadero momento de crisis humanitaria. No me refiero a la falta de respuesta a los problemas sociales únicamente, o al abandono de los necesitados, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno o al cultivo y desarrollo del egoísmo más sectario, no. Me refiero a la siembra del “deshumanismo”, si se puede decir así, como causa de todos esos males.

Si seguimos siendo sectarios, si no empatizamos con los demás, si nuestro egoísmo nos lleva a despreciar la muerte ajena, ya sea en el Mediterráneo o en los conflictos que se alimentan desde los despachos, para vivir mejor nosotros, si seguimos insensibles ante el sufrir, ante la injusticia, la agresión a la vida, la desigualdad y el desequilibrio económico y cultural de los pueblos; si nos miramos solo el ombligo y no aflora el sentido universal de la humanidad donde el ser humano es la clave de todo desarrollo rompiendo barreras; si nos engañamos pensando que somos los mejores y que debemos aislarnos de los demás tras nuestras fronteras, para seguir creciendo a costa de los otros, nos estaremos deshumanizando en un mundo global que nos pasará factura, porque el mundo será de los poderosos, de los intereses económicos, de las multinacionales que son números y gente esclavizada a su servicio, sin importarles el más allá de la cuenta de resultados.

Se ha dicho que “solo la belleza salvará el mundo” (Fiador Dostoievski, en su novela El Idiota), pero esa belleza se ha de entender dentro de la filosofía de la tradición platónica, donde sugiere que belleza, verdad y bien son palabras intercambiables. Por tanto, al mundo lo salvará la verdad, cuando rompamos esta postverdad o mentira aceptada como verdad desde la emoción y no desde la razón; lo salvará el bien hacer de la gente desde la bondad y la justicia.

¿Pero cuál es la verdad? La verdad es que todos somos seres humanos, que debemos ser tratados y sometidos a los mismos derechos y deberes, que en nuestras vidas debemos tener las mismas oportunidades de desarrollo personal e intelectual, que las estructuras sociales y de gobierno están sometidas a los intereses de unos pocos pasando por encima de los derechos de los otros mediante la mentira y la manipulación alienante que ejercen los medios. La verdad es que este mundo se construyó, desde tiempo inmemorial, a través de la guerra y la imposición, desde el sometimiento y la esclavitud, desde la explotación del débil por el fuerte, desde la sumisión al poder establecido por esta violencia dictada por las armas y los credos.

¿Dónde está la solución? SOLO LA CULTURA SALVARÁ EL MUNDO.

Cultura no es solo conocimiento. Existe una cultura, llamada social, cuyo sentido es la convivencia entre la gente, las formas y el respeto a los demás, la justicia solidaria y el justo reparto de los bienes. Esta cultura es ACTITUD, es saber pensar desde la bondad solidaria que nos lleva a compartir ese conocimiento; cultura es empatizar con los demás, es sentirse solidario en una comunión donde, al compartir, crezcamos todos. Cultura es saber diferenciar los intereses de unos pocos de los intereses colectivos de la sociedad; es tener la responsabilidad de exigir a quienes mandan que cumplan con su cometido a la par que nosotros cumplimos con el nuestro desde la implicación. Cultura es tener el sosiego y la capacidad de ver las cosas desde la sensatez y el equilibrio racional y emocional para no dejarse arrastrar por el ímpetu alienante de los otros, sino asumir las argumentaciones sólidas, respetuosas y razonadas de aquellos que piensan diferente y que encajan en nuestros valores sociales de humanismo solidario.

Estamos sometidos a una lamentable “externalidad defensiva”: “la culpa siempre es de los otros”, de los políticos, sin embargo no aceptamos que los ponemos nosotros con el voto. Los culpables somos nosotros, los que votamos al malhechor, al pícaro, al sinvergüenza, al ladrón y, tras pasar la legislatura, los volvemos a votar, cuando no los defendemos a capa y espada porque son de los “nuestros”. Somos incapaces de ver como se nos marea con discusiones estúpidas, con “escupitajos” en el congreso o con payasos que en lugar de hablar de las cosas serias solo manifiestan su histrionismo buscando la trascendencia personal del político irrespetuoso y, por consiguiente, antidemocrático (el principal valor de la democracia es el respeto a las opiniones diferentes para debatirlas con sensatez argumental).

El mundo, si se deshumaniza, se romperá. Se ha intentado romper muchas veces, muchas guerras cada vez más terribles y mortíferas, basadas en esa deshumanización, lo han intentado, pero las armas utilizadas no eran lo suficientemente poderosas… Ahora lo son. Si el odio, el desencuentro, la arrogancia y prepotencia, la avaricia y el uso del poder desde la imbecilidad del gobernante que no es capaz de analizar la realidad desde una perspectiva trascendente a largo plazo, y el encerrarse en localismos y patrias que te exigen la vida y la sangre para mantener las fronteras que otros ya crearon o que quieren crear estos, la cosa irá al desastre.

“SOLO LA CULTURA DEL SABER, DE LA SABIDURÍA DEL "SABIO" INDIVIDUAL INTEGRADA EN EL COLECTIVO SOCIAL, SALVARÁ EL MUNDO”. Hagamos un mundo con un entorno más bello (belleza); más realista, respetuoso y razonable (verdad); y más solidario y justo para todos (bien). Consigamos el equilibrio que requiere el sostén de la vida con un crecimiento sostenido y sostenible... solo eso salvará el mundo.

jueves, 2 de agosto de 2018

Pensando sobre migración.


La deuda Europea

1913 distribución de las colonias europeas en África.
Qué curiosa es esta Europa nuestra, este grupo de europeos xenófobos y egoístas que vieron con buenos ojos ampliar nuestras fronteras, colonizar al mundo, extraerle sus riquezas para engordar nuestra economía y desarrollo hasta hacernos imperios dominantes del orbe conocido. Esos sujetos de corazón frío, populistas de corte fascistoide, cuyo credo es la mentira emocionalmente manipuladora, no van más allá de su puro egoísmo ya que son incapaces de empatizar con otra gente.

La historia es cruel, como las hemerotecas. Si miras hacia atrás verás como los blancos europeos, adueñándose del mundo, iban a buscar esclavos a África. Eran ganado, mulos de carga, gente a la que la propia religión las definía sin alma para que la conciencia del esclavista no quedara atrapada por el credo religioso. El negro era una mercancía animal. Quedan importantes testimonios de aquellas barbaridades de los llamados negreros, que han dejado testigos arquitectónicos de su poder y su riqueza. Algunos, como los casos del famoso Marqués de Comillas (Antonio López y López), el Marqués de Manzanedo (Juan Manuel Manzanedo, también cántabro), o nuestro malagueño Pedro Blanco Fernández de Trava, que al igual que el famoso Antonio López y López, debió huir de España a las Américas por asuntos escabrosos.

Esa actividad era un negocio redondo. El tráfico con carne humana, con esclavos, se extendía por doquier, incluso después de prohibirse el mismo en 1817, aunque se siguiera permitiendo la esclavitud. En el libro ‘Negreros y esclavos, Barcelona y la esclavitud atlántica’ (Icaria, 2017) se hace un relato pormenorizado del inmenso negocio que había alrededor del tráfico ilegal de personas esclavizadas por parte de empresarios, navegantes y aventureros catalanes.

Pero fíjense, el número de personas esclavizadas procedentes de África varía, según distintas estimaciones, entre los 10 y los 60 millones de personas entre los siglos XV y XIX. Hablamos, en todo caso, de millones de seres esclavizados, de un mínimo de 10 millones. Inglaterra, Francia, Holanda y los EE. UU. fortalecieron su economía con esta trata… y cómo no, también España. Por eso sentenció Honoré de Balzac: “Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen.”

Casa de los esclavos en Isla Gorea
La historia, como decía, lo deja claro; si no vete a visitar la famosa isla de Gorea en Senegal y la casa de esclavos con su museo, aunque no se quedan atrás otros lugares de trata en Ghana, Costa de Marfil, Benín o Guinea… mas, si no puedes acudir, puedes ver en internet la información. Yo te sugiero que visites esta página para documentarte mejor si ello es de tu interés, sin entrar en que puedan haber mejores fuentes parea ello, pero que escapan a mi conocimiento: https://es.wikipedia.org/wiki/Comercio_de_esclavos_africanos

Atroz fue la actitud de Europa con el mundo africano negro. Pero no menos fue su intento posterior de colonizarlo e incorporarlo a su imperio, de evangelizarlo y acercarlo a esa cultura que ahora les llama. Siempre tuvo el objetivo de captar riquezas desde su mayor capacidad intelectual y de poder militar. Europa quiso llevar su cultura, religión y estructura organizativa al resto del mundo, pero a su antojo, sin respetar los límites que la historia del lugar había establecido. Metieron en el mismo saco, o Estado, a diferentes tribus, irreconciliables entre sí, como el caso de los hutus y los tutsis en Ruanda cuya confrontación llevo a la muerte a más de 800.000 personas. ¿Había de trasfondo el negocio de la guerra, la venta de armas, la inestabilidad para mejor controlar la zona, o era solo una consecuencia lógica de la delimitación irracional de las fronteras? La dejo a tu interpretación, amigo lector.

Ahora, en pleno siglo XXI, marcado por los hechos de la historia, estamos viviendo las consecuencias racionales de aquello. Sembramos nuestra cultura en África, salimos de ella de una u otra forma tras las guerras de independencia del siglo XX, seguimos con nuestro desarrollo desde el control político y económico a través de muchos gobiernos locales corruptos. Sus recursos siguen estando controlados por las multinacionales y las mafias locales, como es el caso del coltán, ese producto llamado el mineral de la sangre por la cantidad de muertes que conlleva su explotación en la República del Congo, material imprescindible para los móviles de última generación y otros mecanismo de alta tecnología.


Pero la deslumbrante Europa, el primer mundo, atrae a la gente, la antigua metrópolis sigue teniendo imán. Cuando alguien vive en la miseria, rodeado de violencia o de guerra, sometida su libertad a otros mediante dictados religiosos o políticos, cuando la supervivencia resulta altamente dificultosa, aparecen los sueños, los paraísos imaginarios para alcanzarlos. Los descubren las televisiones, las películas, los paisanos que viven allá… y la gente se lanza a la aventura. Son los más fuertes, los más arriesgados, los más temerarios o los más desesperados los que se lanzan a la aventura jugándose la vida. El recorrido es largo, selvas y desiertos, agresiones, violaciones, riesgo de detención, incluso esclavitud, para, al final, enfrentarse a un mar que se ha de atravesar sabiendo que es una gran tumba de decenas de miles de otros que ya lo intentaron. La vida pende de un hilo, se arriesga en el día a día, la ruta es peligrosa, las mafias engañan y prometen hipotecándote la vida, la vuelta atrás inviable, pues es el deshonor y el fracaso.

Es curioso. ¡Cuánto ha cambiado la vida! Antes, los negreros los buscaban en las selvas para esclavizarlos, para someterlos al trabajo forzado. Ahora vienen solos, a trabajar por cuatro ochavos. La peor vida aquí es mucho mejor que la vida de allá. Vienen buscando la tierra prometida, aquella que sus colonizadores le mostraron mientras los iban “civilizando”.

Nuestra sociedad, que está muriendo de egoísmo, se debilita, se extingue, no procrea, envejece y no tiene conciencia de que una nación que no procrea tiene que importar nuevos ciudadanos para que suplen a los que se marchan al otro barrio, que mantengan la actividad productiva, que sostengan la economía y el sistema de servicios públicos, incluyendo las pensiones, que prosigan y hereden el sistema.

¿De dónde podrán salir esos nuevos ciudadanos, esos trabajadores que garanticen el sistema? Está claro que si no los creamos, si no nos reproducimos, habrá que importarlos. Pero si somos inteligentes no habrá que ir de nuevo a buscarlos y forzarlos a venir creando nuevas islas de Gorea, sino que solo habrá que abrir la puerta e ir acomodándolos para que se incorporen al sistema, para que trabajen y consuman, para que creen riqueza y garanticen el funcionamiento de las cosas, de los servicios, las pensiones, las ayudas sociales, etc. ¿No puede hacer Europa una profunda y seria reflexión sobre el mundo del futuro, sobre las consecuencias de la globalización y los necesarios cambios y adaptaciones que comporta? Tal vez la solución esté en acoger esa mano de obra que viene y adaptarla, reconvertirla y ordenarla para que cubran la necesidad de población que se presenta de cara al futuro.


Mientras tanto, hay algunos descerebrados xenófobos que se dedican a crear bulos, a desacreditar a los migrantes creando paranoias contra ellos, a ir sembrando el racismo y el rechazo a quienes, presumiblemente, deberán sostener el sistema cuando nosotros seamos viejos, jubilados o nos vayamos definitivamente.

Si hemos globalizado el mundo de la economía, el mercado, el comercio de materiales, de donde sacan una impresionante tajada las corporaciones internacionales, por qué no incluimos en la globalización los derechos humanos, el trato racional a los demás, el cultivo de una sociedad inclusiva y no xenófoba. 

Según algunos estudios España necesita 7 millones de inmigrantes antes del año 2030 para garantizar el sistema, el Estado del Bienestar y las pensiones, (ver artículo) No estaría mal que fuéramos integrándolos, reciclándolos y adaptándolos a nuestra cultura desde una política racional y transparente. Pero, tal vez eso, sea pedir demasiado. El mundo del futuro se nos escapa de las manos.