martes, 21 de mayo de 2019

El futuro de Europa

Una vez más se nos reclama a las urnas. En este caso para determinar nuestros representantes en los ayuntamientos, algunas comunidades autónomas y el Parlamento Europeo. Nuestro sistema representativo, cuestionable en muchos aspectos, pero estructurado desde la territorialidad de menos a más, tiene, bajo mi opinión, niveles de descentralización que nos permiten acercar las decisiones a los afectados según las competencias y responsabilidades administrativas que tienen los organismos representativos y de gestión.
Hoy, cuando se está produciendo la III guerra mundial en campos de la economía, sin ejércitos, salvo en la periferia de los imperios, con una globalización económica, que no social, donde los grandes beneficiados son las multinacionales y la banca, que ejercen su poder en todo el mundo mediante el control del flujo económico, regulando el grifo por donde discurren los mercados, las divisas, los préstamos y el control de deudas públicas, el asunto se ha convertido en una confrontación de titanes para dominar el futuro de las tecnologías que cambiarán el mundo y la forma de vivir la ciudadanía, incluso sus derechos y deberes. Si nos relajamos y cedemos a los intereses de las grandes corporaciones, serán ellas las que manden y decidan la política económica y la forma de relación en el mundo laboral, o sea el contrato social que dio a Europa y al mundo un sistema de bienestar social
amparado por las constituciones donde se definen los derechos y deberes ciudadanos, como soberanos que delegan esa soberanía en los políticos, otorgándoles su voto mediante un contrato programático que ofrecen los partidos, lo cumplan o no lo cumplan, pero manteniendo esa dominio sobre el voto que les permite renovar o no su confianza según su propio criterio. 
Europa fue artífice de las dos grandes guerras hasta aniquilar su poder mundial. El viejo continente se suicidó a base de navajazos entre hermanos, destrozando vidas, haciendas, industrias e imperios, como si fuera un demiurgo maléfico que en lugar de crear destruye.  Fue un reflejo de los viejos imperios que, desde la Edad Moderna, pasando por la contemporánea, se dividieron el mundo a base de cañonazos y tratados, colonizando a otras culturas y esclavizando a los nativos africanos para su uso y disfrute. Esa Europa de naciones enfrentadas entre ellas, herida de muerte a lo largo del siglo XX, precisa un buen diagnóstico y una cura mediante sinergias que permitan afrontar el futuro con esperanza. El tratamiento iniciado a mediados del pasado siglo, tras la segunda gran guerra, puso la primera piedra de una nueva construcción. Mas todo lo que se estanca muere por senectud y atrofia. Solo persiste lo que crece, lo que activa las energías para seguir evolucionando hacia un mañana mejor a través de la fundada esperanza.
Europa se enfrenta a una crisis de identidad, estructural y, si me apuran, cultural. Se han de dejar los viejos prejuicios que sembraron el odio y el desencuentro, que llevó a la confrontación con las consecuencias que ya he referido. Creo que se ha de renunciar a más soberanía nacional para ganar en soberanía europea. Se ha de dar un paso más en la unión para conformar una Estado Plurinacional que entronque las naciones europeas, pero desde la potenciación de la cohesión social que otorgue beneficios a la ciudadanía en lugar de pensar, mayoritariamente, en las finanzas y el mercado, que, como debería ser lógico, ha de estar al servicio del ser humano y no al revés.
Ante esta situación vuelven a asomar los nacionalismos (en muchos casos de corte fascistoide), la segregación, la dispersión, la entropía que genera el desencuentro. Las viejas glorias de las viejas naciones europeas encuentran eco en grupos que reclaman el pasado y la acción del poder que se ejerció.  Eso, que disgrega la potencialidad europea, creo que se ha de neutralizar. Puede que la única forma de lograrlo sea hacer más Europa; dar otros pasos hacía una Unión Europea de futuro con potencial económico y tecnológico propio y defensa de sus valores culturales y sociales que devengan en una mejor calidad de vida y mayor dignidad de sus habitantes.
Los riesgos a que nos enfrentamos son variados. Por un lado está la codicia y la avariciosa política del mundo de las finanzas que pretenden prevalecer sobre los intereses de los propios ciudadanos. Un nuevo orden donde el ser humano esté al servicio del sistema capitalista en su manifestación más cruda y perversa, tal como  defiende el neoliberalismo, donde el mercado impone las leyes en función de la oferta y la demanda al amparo de un Estado laxo y nada interventor, siguiendo los pasos del modelo norteamericano. Por otro existe una tendencia Trúmpica (derivada de Trump) que se manifiesta en el llamado The Movement que defiende Steve Bannon, el exasesor de Trump, cuyo objetivo es que las extremas derechas ganen el parlamento europeo para ejercer una política en la línea del presidente americano. Sospechosa tendencia que quiere llevarnos a la dilución europea acusándola de estar en poder del mundo financiero, para entregarla a los intereses norteamericanos, más de lo que ya está.    
No dejan de tener razón, y en eso se basa para difundir su posverdad, que existen burócratas y especuladores aliados con el poder financiero y, por consiguiente, pueden imponer, mediante el uso del flujo económico, políticas de recortes irracionales en defensa del equilibrio presupuestario y el poder económico con sus élites financieras, dejando de lado al ciudadano. Pero no nos engañemos, la solución no está ahí, sino en establecer políticas de corte socialdemócrata, o como quieran llamarle, pero que establezca leyes y normas que lleven a un justo reparto  en el crecimiento económico, que dignifique la vida de la gente, que planifique a largo plazo para neutralizar el efecto pernicioso de la contaminación, que potencie el uso de energías limpias alternativas, que piense en el ciudadano y su crecimiento personal, que las cargas impositivas sean progresivas pagando más el que más gana y no dejando a las multinacionales, prácticamente, libres de impuestos mientras se enriquecen con el mercado europeo.
La Europa de los conservadores ha fracasado. Demos opción a otra alternativa. Elijamos a quienes puedan reconducir la situación hacia una Europa más social, menos restrictiva y más expansiva. Una Europa donde el ser humano sea el eje sobre el que pivoten las políticas económicas y sociales, la educación y evolución de la ciudadanía. Donde se garanticen derechos y libertades y una vida digna para sus habitantes. Donde la economía deje de ser un capitalismo salvaje para convertirse en economía humanista al servicio del ciudadano. Tal vez necesitemos una catarsis, pero… ¿cómo se hace esa catarsis en este mundo tan complejo?
En todo caso, una  Europa más potente y de mayor calidad no se hace sin el esfuerzo de todos, ajustando las sinergias para conseguir los grandes objetivos a través políticas y políticos razonables y competentes. ¿Queda esperanza, o seguimos sumidos en el entreguismo? ¿Podremos hacer una Europa competitiva con las otras dos potencias que nos amenazan económicamente, como son China y EE. UU.?

martes, 30 de abril de 2019

Una reflexión sobre las elecciones del 28A


Resultado del Parlamento en escaños
Mostraba el otro día, en mi muro de facebook, mi preocupación y deseo de que, en las votaciones del día 28, fuéramos capaces de discernir, adecuadamente, para no dejarnos llevar por propagandas, basadas en odios y las famosas fake news que inunda el “mercado de las ideas”, para nublar la razón y despertar la hilaridad de las emociones negativas que llevan a la confrontación y a la ruptura de la concordia. Reclamaba la capacidad de acercamiento para una mejor comprensión de la divergencia ideológica y argumental, evitando repetir la historia del pasado que sembró a esta nuestra España de sangre, destrucción, odio y pérdida de derechos y libertades democráticas, cayendo bajo el yugo totalitario y dictador de la idea única, arropada por el dogmatismo político y religioso. Reclamaba, y reclamo, el sentido común del pueblo para mostrar a los políticos irracionales, ególatras y ansiosos de poder, cual es el camino de la convivencia pacífica y respetuosa en una sociedad moderna, conformada por gente ilustrada y dueña de su propia opinión, producto de un análisis personal basado en la racionalidad y el referido sentido común en base a valores de convivencia y respeto. El pueblo maduro y soberano, dueño de su voto, tiene la responsabilidad de otorgarlo a quien sea capaz de gestionar la convivencia pacífica y constructiva y retirarlo a quienes, desde el dogma y el rechazo a principios democráticos, pretende confrontar, irresponsablemente, desde el odio, la insolencia y el insulto, ambicionando estados regresivos decimonónicos, cuando no “guerracivilistas”. 

Por tanto, muestro mi satisfacción por los resultados del día 28 y espero que se desmonte y diluya la tensión provocada por descalificaciones, cordones mal llamados sanitarios a partidos de solvencia y solera democrática por grupos recién llegados que no acaban de definir sus principios y valores en el mundo de la democracia. Espero que se entienda que si un partido se define constitucional no puede ir contra la propia Constitución y, aunque confronte con la mayor asertividad posible con partidos opositores, siempre ha de entender que si estos están en el Parlamento es porque la Constitución los ampara y les avala la representación legal de los ciudadanos que los votaron. La Constitución permite que se defiendan ideas, incluso contra la propia Constitución, a través de los cauces que establece para ello, pero desde el respeto a la Carta Magna, aunque parezca una contradicción.

Dicho lo anterior, reitero mi satisfacción y apunto algunas cuestiones que me parecen de vital importancia para comprender la realidad de España y clarificadoras para, bajo mi opinión, realizar un buen razonamiento y entendimiento del entramado político. Pero vayamos por partes:

La derecha española, como ya publiqué hace algún tiempo en mi blog, tiene matices diferenciadores de la del resto de Europa, que ahora han surgido con mayor claridad. En nuestra derecha, aglutinada en el PP, se daban cita la ultraderecha heredera del franquismo y que en la transición representó el propio Blas Piñar; la derecha democrática al estilo europea, (vencedora del nacismo y el fascismo en la II Guerra Mundial); la derecha conservadora; los monárquicos tradicionales que se opusieron al franquismo para defender a D. Juan, padre de Juan Carlos, y una importante representación del liberalismo y neoliberalismo. Difícil era, pues, sostener esa estructura tan diversa y, a veces, contradictoria, que solo podía aglutinarse desde el ejercicio del poder compartido y repartido. Una vez que el partido evidencia sus casos de corrupción y los juicios lo acorralan, empieza a corromperse, a pudrirse, y ante la debacle se van destruyendo los nexos, la argamasa que lo une, hasta diluirse al perderse el imán que otorga el dominio del poder.

Es aquí cuando, precisamente, se tambalea la estructura del partido y, tras los casos de corrupción, los roedores empiezan a abandonar el barco que se hunde (entiéndase la metáfora), o comienzan a cuestionar la competencia del capitán, que hastiado y cansado de puñaladas y deslealtades, acaba por  ceder la batuta al mejor postor, no oponiendo excesiva resistencia a una moción de censura que podía haber evitado y, sin embargo, prefirió dejar evolucionar desde una cafetería cercana al Parlamento, mientras se dilucidaba su deshonrosa destitución.

Después, una vez arrojado el PP del poder, inició una estrategia casi suicida, con las luchas de las diferentes facciones en las primarias. Se “navajean” y se neutralizan las dos herederas de Rajoy (Santamaría y Cospedal), facilitando la entrada al delfín de su rival en la sombra, el Sr. Aznar. Aznar ya está más que amortizado y ha dejado de ser agradable a la mayoría, incluso de su propio  partido, por su falta de respeto al mismísimo Rajoy (él lo puso con su dedo, tal vez por eso se sentía aún con poder de ningunearlo u obviarlo). Volviendo al pasado, Aznar, que prosigue con su estilo megalómano, orienta su dedo de nuevo hacia Casado, su delfín, y pone sobre él la losa de su peso anacrónico. Personaje de faz seria, inexpresiva y repelente para muchos, carente de empatía para con la mayoría del pueblo, que le retiró la confianza por la gestión de la crisis de Irak, rubricada en la foto de las Azores, y por la de los atentados del 11M faltando a la verdad e intentando manipularla, no acaba de ejercer de aglutinador del voto, aunque lo haga de algunas voluntades del propio partido.  

Para más INRI, tras las purgas de Casado, con extrañas incorporaciones al estilo Ciudadanos como el oportunista señor Cortés, algún torero y el hijo de Suarez aludiendo a los neandertal en un error de estrategia sobre un tema tan serio como el aborto, se inicia una fuga, bien por las puertas giratorias, al retiro, o a Ciudadanos y a otro partido, hijo del PP, que se emancipa, como es VOX, integrado por la gente añorante del franquismo y ultraliberales, carentes de empatía con la ciudadanía democrática, que alude al PP con la insultante expresión de “la derechita cobarde”.

VOX habla de espadas, pistolas, reconquista, agresividad, descalificaciones intempestivas y centralismos, bajo una visión peculiar de España, basada en los valores del viejo régimen, aglutina a gente descontenta con el mundo de la, que ellos llaman, “partitocracia”, y prietas las filas, banderas al viento y gritos de guerra simbolizada en el concepto extemporáneo de reconquista a lomos del caballo, pretenden arrasar con la democracia de partidos y resucitar la vieja democracia orgánica modulada por el espíritu del 12 de febrero, que sembrara Arias Navarro, allá por 1974 cuando el régimen de Franco agonizaba.

Ciudadanos, al que los de VOX le llaman la “Veleta naranja”, tiene una concepción liberal de la vida y sobre todo de los mercados, entendiendo la política, también, como una empresa, una acción mercantil para vender su producto desde esa concepción ideológica, por lo que sus valores y alianzas pueden ser mutantes en función del mercado y el producto que se demande, de ahí la orientación de esa veleta en función del momento y las circunstancias, que recuerda aquella frase atribuida a Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”, frase, por otro lado, aplicable a muchas otras actitudes políticas.

En todo caso, Ciudadanos surgió con vigor cuando Podemos tiró fuertemente hacía la izquierda, a lomos del descontento con el bipartidismo por la corrupción y la injusticia en la gestión de la crisis económica. Fue ganando terreno bajo el paraguas del IBEX 35 como ingenio para neutralizar a los “Podemitas”, ejerciendo de elemento aglutinador del descontento de los votantes de centro derecha. Fue definiendo su territorio dentro del espacio del centro-político, cosa que reafirma con su alianza con Susana en la gestión andaluza de la anterior legislatura. Pero hete aquí que el resultado de las elecciones de diciembre pasado le coloca en una buena posición para echar a Susana del bastión andaluz del PSOE, ostentado tantos años. El riesgo que ha de correr es grande y peligroso. Ha de aliarse, aunque lo disfrace como quiera, con el nuevo espacio político de ultraderecha, al que sus propios socios europeos rechazan y le oponen un cordón sanitario.

Ante este escenario de deterioro del PP, aparición de VOX, y sus buenos resultados en las elecciones andaluzas y las catalanas anteriores, Ciudadanos ve la posibilidad de dar el “sorpasso”  al PP y ganar el espacio del mal llamado centro-derecha, pues, bajo mi opinión, no deja de ser la derecha. Para ello ha de correrse a la diestra y competir por el voto del segmento más a la derecha, desplazando a Casado y dejando a VOX descomponer al PP para quedar en el extremo. Aquí toma la primera decisión arriesgada: para echar al socialismo se abraza al extremismo de derecha aunque sea por diferido: Sí, pero no… no, pero sí. El hecho es que sin VOX no podría gobernar en Andalucía y estaban dispuestos a gobernar España en las mismas condiciones. Su discurso fundamental se centra en el lema: “Hay que echar a Sánchez de la Moncloa”. Lo dicen hasta la saciedad y entienden como pactos y cesiones con los independentistas, los terroristas de Bildu (Bildu no es un partido terrorista, de lo contrario no estaría legalizado por la Constitución) y los nacionalistas que quieren romper España, el mero hecho de hablar con ellos. Es más, en este discurso que, en mayor o menor medida, abraza toda la derecha, se acusa a Sánchez de traidor y felón, de tener las manos manchadas de sangre, por ejercer una de las funciones básicas de la democracia, consistente en hablar con los diferentes, con quienes comparte espacio parlamentario y de gestión estatal en el área de una comunidad autónoma. Ese discurso virulento, por no decir canallesco, les pasa factura al final por sus modos falaces y sus formas.

Esa falacia, con su forma y con su fondo, no cala en la población y, dado que la mayoría de la gente está cansada de confrontación partidista, de manipulación para obtener rédito político, de falacias, posverdades y fake news, de la política canallesca que pretende despertar emociones de odio y rechazo al contrincante, y, a su vez, el viraje del PP hacia la extrema derecha arrastrando a Ciudadanos, deja un importante espacio del centro a merced del PSOE que, hábilmente, sabe ocupar desde un bajo perfil conflictivo y su campaña de mejora de la vida del ciudadano con los viernes de decretos sociales del gobierno.

No me olvido de otro de los conflictos que marcan la contienda electoral, como es el de Cataluña y el llamado “procés”. El caso de Cataluña y su actual situación es de una tremenda complejidad, pues conjuga viejos sentimientos independentistas, no muy extendidos hasta mediados de la pasada década, que han recibido un revulsivo a sus planteamientos con la actuación y respuesta, por parte del PP de Rajoy, que no supo calibrar el efecto de sus actos partidistas rechazando el nuevo Estatut que hubiera sellado un pacto de 40 años más.

Que la posición del PP respecto al caso catalán es un error lo muestra la evidencia de que hayan sacado un solo diputado en toda Cataluña (en el País Vasco, de momento, se quedaron en ninguno, esa es otra) con lo que esa situación, casi extraparlamentaria, los descalifica para valorar, empatizar e, incluso, comprender el problema catalán desde la óptica del entendimiento, al no tener base social que lo sustente. Es evidente, y eso lo han captado la mayoría de los españoles, que no se puede resolver el problema catalán desde el ejercicio de la fuerza, propio de los tiempos pretéritos, cuando Espartero pregonaba su uso para someter a los catalanes en el siglo XIX. La única salida razonable y consistente es el diálogo desde posiciones lógicas de respeto a la ley, desechando la unilateralidad que pregona Puigdemont y Torra junto a un significativo colectivo social, capaces de pagar el coste de una guerra tipo Eslovenia, pero que podría tener el dramatismo que se dio en Bosnia-Herzegovina.

Parece que ERC, sin renunciar a sus principios, estaría por la labor de seguir su reivindicación rechazando la vía unilateral de independencia, sabedores del conflicto que ello generaría y el consiguiente coste, pasando a una posición más sosegada y pensando en la mejora de la vida del ciudadano que es la primera obligación de todo político de izquierdas que se precie, sin, como ya he referido, renunciar a su objetivo democrático según su criterio.

Y del PSOE ¿qué decimos? Estaba, hace bien pocos años, al borde de la catástrofe. Tras Zapatero las cosas fueron a peor y la vieja guardia, tras elegirse a Sánchez en un congreso de transición, empezó a pensar en Susana para elevarla a los altares del poder como respuesta a un Sánchez insumiso y veleidoso. Fue una guerra interior que todos sabemos como acabó. Parece que tiene baraca el Pedro Sánchez. Le funcionó su denostado manual de resistencia y tras luchar a muerte contra Susana (políticamente se entiende) acabó en un sonoro triunfo que lo elevó al poder sin paliativos. De nuevo, en 2018, la suerte le sonrió y solo tuvo que coger la fruta madura que caía del árbol del PP, cuyas ramas se estaban pudriendo por la corrupción.

No necesitó grandes pactos, pues le entregaron en bandeja las llaves del poder sin excesivas concepciones, pues se trataba de un mal menor para echar al mal mayor que era el PP. Luego, no era su intención dejar el gobierno, sino aguantar la legislatura para que le diera tiempo a hacer algunas cosillas que sirvieran de testimonio de sus intenciones, pero los independentistas catalanes, al no ver satisfechas su exigencias, lo dejaron caer, cosa que no le fue mal, porque mostró que las concesiones al independentismo, de las que le acusaban, eran falsas o de orden menor. Cambió su discurso y mostró disposición a hablar, pero dentro de la Constitución, y ganó un importante sector del segmento del voto que apoyaba el diálogo desde los principios constitucionales.

A Unidas Podemos, que cambió de nombre genérico a caballo de la batalla feminista, no le iban bien las cosas. Conflictos internos, deslealtades, acuse de totalitario a Pablo Iglesias, etc. Pesaba en el ánimo de muchos votantes el error de no haber dado apoyo a Sánchez en la legislatura anterior y permitir que volviera Rajoy a ejercer de presidente.  Ahora las cosas eran diferentes y, además, el propio Sánchez había cambiado su actitud respecto a Podemos, siendo más receptivo para el pacto y encuentro de ambas formaciones.  Esto, bajo mi opinión, le ha permitido a Sánchez arrebatarle a Podemos algunos votos y escaños. No obstante, el discurso de Pablo Iglesias, suena bien pero… siguen existiendo algunas reticencias de las sembradas contra ellos por parte de sus oponentes. Su estilo y ánimo en el debate fue sosegado, moderado y constructivo, razonablemente estructurado para dar la imagen de hombre de Estado distendido y sólido, pero, aunque sacara a colación el espionaje y manipulación de las Cloacas del Estado, la suerte estaba echada…

Y en estas circunstancias, sumadas las fugas del PP a Ciudadanos de Garrido y algún otro,  se llega a las elecciones. VOX había tirado de la derecha (PP) y del propio centro derecha (Cs) hacia la extrema derecha, llevándolos a combatir en su campo, con sus ideas sobre España, los pactos, temas de aborto, inmigración, ultraliberalismo, etc. No sé si al enfrascarse en esa lucha de dominio del centro derecha, no se percataron que dejaban a Sánchez libre el centro que, inmediatamente, pasó a ocuparlo robando votos a Ciudadanos y por la otra banda a Podemos, lo que le ha dado tan buenos resultados. Entonces pasó lo que pasó:
  1. Las expectativas de VOX, que eran de triunfo total, bajaron a una representación modesta sin poder ser determinante, aunque no deja de ser significativa con sus 24 diputados. VOX, que parecía que iba a comerse el mundo con sus mensajes agresivos, “aforísmicos” y sentenciosos, aludiendo a la patria y el sentimiento de corazón pero olvidando el uso de la razón argumental, no caló lo esperado y, sin despreciar el buen resultado, quedó lejos de sus expectativas, pero con más de 2 millones y medio de votos.
  2. El PP se estrella y se produce la debacle. Cae 71 diputado y se queda en 66 de los 137 que tenía, perdiendo  más de 2 millones y medio de votos. La crisis está servida, pero, en lugar de hacer una autocrítica, echan la culpa a la dispersión del voto con VOX. Ahora se preguntarán qué hacer, si refundarse, cambiar de líder o esperar que pase la tormenta a ver si recuperan como hizo el PSOE de Sánchez. Tétrica estampa se dio en la puerta de Génova la noche electoral y, en estos días, tras el análisis de su ejecutiva, se ha apartado a un Teodoro García Egea, bravucón en la pelea y negociador con VOX en la conformación del gobierno andaluz, a la vez que se defenestra a Maroto, que se queda sin escaño, como responsables de la campaña y del consiguiente fracaso, salvando la cara de Casado. Ahora, tras la debacle y el tirón de orejas de los barones como Feijoo, se oye a Casado decir que VOX es la extrema derecha, reivindicando el centro-derecha para ellos.
  3. Ciudadanos está eufórico, porque no habiendo producido el sorpasso, está a menos de un punto porcentual del PP. Ha crecido de 32 a 57 escaños, con un millón más de votos. Eso sí, en la lucha por el liderazgo de la derecha ha dejado el centro libre y el PSOE se ha asentado en él, como ya he mencionado, que dependiendo de cómo gestione la formación de gobierno será efectivo o no ese posicionamiento. Yo sigo pensando que Cs prefiere luchar por el control del centro-derecha con el PP que hacer un pacto con el PSOE, por mucho que la señora Botín lo sugiera, pacto que lo convertiría en bisagra, cuando quiere ser puerta.
  4. Podemos, a pesar del bajón, perdiendo 29 escaños y 1.300.000 votos, se agarra al éxito tras impedir que la derecha sume y a la posibilidad de formar gobierno con Sánchez salvando las suspicacias y resistencia de este. Mas Sánchez no querrá abandonar el centro escorándose a la izquierda descaradamente y procurará apoyarse en sus 123 diputados para gobernar con acuerdos puntuales, como ya hacía con los 84 diputados que tenía antes.
  5. Pedro Sánchez es el gran triunfador de la noche. Ganó más de 2 millones de votos y 38 disputados más de los que tenía, quedando con 123. Para colmo, la desmembración de la derecha le facilitó el arrollador éxito en el Senado, donde consigue 121 senadores, con mayoría absoluta. Ahora bien, aunque haya ganado las elecciones, no lo tiene fácil. Ha de pactar para conseguir una mayoría holgada de gobierno. Si cede a la izquierda el centro se resiente, si marcha al centro Podemos le comerá terreno por la izquierda. He aquí el dilema, difícil tesitura la suya. Lo mejor para él será gobernar con sus fuerzas y acuerdos puntuales con los otros, a diestra y siniestra, mas no sabemos si le dejaran usar esa estrategia. De momento la gran diferencia de escaños es una garantía que ha de saber administrar.
  6. Y ¿qué decir de los soberanistas, independentistas y nacionalistas vascos y catalanes? Han tomado más fuerza y han crecido. Han arrojado del País Vasco al PP y a Cs y Vox no rascó bola allá. Solo Podemos (4) y el PSOE (4) tuvieron importante representación. En Cataluña se mantiene Ciudadanos (5), el PP casi desaparece equiparándose a VOX con un diputado cada uno, mientras Puigdemont pierde ante ERC, que obtiene 15, dejando a la vieja Convergencia (JxCat) en minoría (7). También da un importante salto el PSC con 12 diputados (antes tenía 7) y baja Podemos desde los 12 escaños a 7 en un claro trasvase de votos.

Ahora, despejado el horizonte de dudas electorales, cabe esperar hasta ver cómo evoluciona todo. Puigdemont se empieza a diluir, la ERC de Junqueras se refuerza y cambia su actitud hacia una posición más moderada y racional. El PP, tocado y casi hundido por las importantes vías de agua, debe acudir al astillero a reparar. Ciudadanos sueña con el “sorpasso” definitivo y ser un partido de gobierno, aunque aún no se ha estrenado gobernando en soledad en ningún lugar importante, lo que genera cierta desconfianza. Podemos se bate en la necesidad de sobreponerse a la gran pérdida de representatividad, renovando su discurso, adaptándolo y sosegándolo en la línea de Pablo Iglesias en el debate, defendiendo con contundencia sus planteamientos pero dulcificándolo. VOX ha debido tomar cuenta de que el discurso del pasado tiene pocos seguidores, por lo que los improperios, algazaras, ocurrencias y fake news no acaban de cuajar en un pueblo resabiado por la vieja guerra civil que sigue contaminando el ambiente. El PSOE, aun habiendo sacado una importante ventaja, tiene el difícil papel de gestionar un momento histórico complicado, sobre todo considerando que puede venir otra crisis económica internacional y que el asunto de Cataluña sigue pendiente y condicionado por un proceso judicial que puede hacer pupa, que habrá que afrontarlo desde la sensatez para enfriarlo. Se habló mucho de indulto de los procesados en caso de condena, pero  esa opción, que no se clarificó, puede ser una salida para sembrar la paz social en Cataluña; tal vez el mismo tribunal acabe aconsejándola en el supuesto de condena.

En todo caso, espero que la crispación dé paso al sentido común, que la palabra sea el arma del debate, que el consenso permita la convivencia en paz, que las diferencias se respeten y se establezcan sinergias en comunes objetivos, que la ciudadanía anteponga el sentido universal del ser humano como espíritu y actitud para resolver los problemas y, por último, que se comprenda que lo importante es la vida digna de la gente y que el dinero esté al servicio de los hombrees y mujeres de este mundo y no al revés.



sábado, 9 de marzo de 2019

9 de marzo. El día después



Transcurrido el día 8 y viendo las movidas que se han producido, mezclando conceptos y manipulando la opinión pública, creo que es conveniente centrar el tema sin partidismo pero con el reclamo del ejercicio de una política adecuada para enfrentar los problemas que denuncia el feminismo.

Se ha intentado demonizar el feminismo por parte de los defensores del machismo equiparándolo a su contrario. Mas no debemos comulgar con esa burda interpretación porque no son polos opuestos, salvo en que el feminismo reclama un derecho constitucional que el machismo le niega. Pero vayamos a los conceptos y a las ideas que soportan esos planteamientos.

El diccionario de la RAE define feminismo con estas dos acepciones: 1º “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y 2º “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”. Podemos decir, pues, que conjuga la idea y la acción, resultando una doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. Por tanto, no pretende suplantar o imponerse sobre el hombre, sino igualarlo en capacidades y derechos.

Sin embargo, al machismo lo define en otro término, con estas otras dos: 1ª “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” y 2ª “Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón”. Aquí sí hay una agresión supremacista al querer imponer la idea de superioridad del hombre.

No son, pues, como ya he referido, antagónicos, o dos extremos de una misma línea, ya que uno procura la igualdad entre géneros como un derecho constitucional (feminismo) y el otro defiende la desigualdad (machismo) que es atentatorio de ese derecho, por tanto el machismo es inconstitucional, situado en la alegalidad por no decir ilegalidad, y el feminismo todo lo contrario. Es decir, el feminismo desarrolla una lucha justa, a diferencia del machismo al que combate.

La Constitución, en su artículo nº 14, refleja: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” y es aquí, en la implementación de este artículo, donde se consolida y fundamenta la legalidad de la reivindicación feminista, desarrollo que también tiene soporte en el artículo 35ª referente a  los deberes y derechos que asisten a los ciudadanos “sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Si no existiera ese articulado habría que crearlo para hacer la ley justa, tal como se determina en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” a lo largo de sus 23 artículos sobre igualdad.

El asunto, como todos sabemos, viene de lejos, de muy lejos en la historia. Estamos en una cultura machista por definición en tanto prevalece el patriarcado que, de alguna forma, es la semilla del machismo o, si acaso, su sinónimo, que degenera en la llamada falocracia (Predominio del hombre sobre la mujer en la vida social).

Aquí sí habría una contraposición conceptual entre patriarcado y matriarcado. La inmensa mayoría de las culturas primitivas eran patriarcales y, si acaso, escasamente algunas matriarcales (los antropólogos son reacios a aceptar la existencia de estas últimas), situación que se ha mantenido a lo largo de los tiempos, lo que no quita que en el ejercicio del poder, dentro de determinadas microculturas familiares, puedan darse situaciones de matriarcalismo (diferente concepto que el matriarcado), en culturas patriarcales, como resultado de una imposición de la mujer sobre el marido por la aceptación cultural de una estructura psicosocial intersubjetiva centrada o focalizada en el símbolo de la Madre/Mujer.

Ante esta situación caben diferentes posturas políticas, porque solo desde la política social se puede enfocar y resolver el problema, tomando medidas que equiparen ambos géneros desde la escuela y redirigiendo toda la política educativa hacia ese objetivo, que, indudablemente, chocará con los hábitos y costumbres arraigados en nuestra cultura social y religiosa. Digo religiosa porque si la Iglesia tuviera el valor de reconocer esa igualdad, y ejercerla, desmontaría muchos discursos machistas y modificaría la actitud de sus fieles, pero el anacronismo de su estructura organizativa y posición respecto al tema no promete demasiado.

En todo caso, el feminismo, bajo mi humilde opinión, nos es de izquierdas o derechas, sino de una justicia social transversal. Lo que ocurre es que la tendencia de los partidos conservadores, por definición, no está en implicarse activamente en cambiar la situación con celeridad (por eso se les identifica como conservadores), sino en ir modificando las cosas arrastrados por la demanda. Hay otros casos, como es Vox, del que no se puede esperar mucho, dada su política de denostación del movimiento, difamándolo y denigrándolo a través de su confusión argumental, calificándolo de “feminazi” y otras lindezas carentes de sentido, que solo muestran la ideología que subyace bajo esas siglas y su desconocimiento del tema y los conceptos que lo definen. El feminismo no va contra los hombres, sino contra las ideas y actuaciones de aquellos que bloquean el derecho de la mujer a ser iguales al hombre y sostienen la ideología supremacista del machismo.

Las revoluciones sociales vinieron siempre de la izquierda en esa dicotomía (conservadores versus progresistas), por tanto es más lógico que sea la izquierda quien tome la bandera de la igualdad con más encono, la derecha, más conservadora, se resistirá al cambio por lógica de ideología.

Pero, si todos los partidos políticos reconocen el problema, y entienden que hay que poner como objetivo esa igualdad que contempla la Constitución, cada cual debería apoyar el movimiento feminista y ofrecerle sus soluciones para el caso, cuestión que luego, visto su programa y actuaciones, podrá ser validada o no por la mayoría de votantes. Lo que, bajo mi opinión y a la vista de los expuesto, no puede hacer ningún partido es descalificar el movimiento y situarlo en el tejado de otro, porque está renunciando a dar una solución al problema y eso, como gestor de conflictos sociales, lo descalifica a él mismo, dejando la defensa del derecho de las mujeres en manos del adversario político con todas sus consecuencias. Claro que cuando se ve que al diálogo se le llama traición solo cabe pensar que algunos partidos funcionan con piñón fijo, sosteniendo el anacronismo de sus ideas.

Concluyo que, bajo mi punto de vista, hay que apoyar al movimiento feminista en su sentido transversal, ya que la mujer está solicitando políticas de ajuste para conseguir esa igualdad, a las que ningún partido debe retraerse, al ser un derecho constitucional, y ha de dar, en sus programas, las soluciones que se les demanda en función de su ideología, para que se acepten o rechacen con los votos. Otra cosa es que ante la incapacidad de un partido de dar esas soluciones reclamadas, este acabe tildando al movimiento de partidista, o pregone y advierta que se está utilizando a las mujeres con fines políticos, como si el problema no fuera enmarcable en la política, cuando lo que están intentando las mujeres y hombres del movimiento feminista es utilizar a los políticos para resolver la anomalía, como es su obligación. El partido que esconda la cabeza como el avestruz, o dé la espalda al feminismo, y por ende al problema que denuncia, está cometiendo un grave error por incompetente.

jueves, 7 de marzo de 2019

La lucha de la mujer en el mundo de las letras.




Con motivo del 8 de marzo no está de más dedicar una pequeña reflexión al papel de la mujer en el mundo de las letras (especialmente la lírica poética)  y cómo ha ido evolucionando. Es indudable que las cosas han cambiado considerablemente y para mejor, pero no podemos olvidar que el camino se sigue transitando sin llegar a la meta final, que debe ser la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer. No voy a entrar en un análisis pormenorizado del porqué y cómo se ha ido dando el machismo como elemento dominador de género, o sea sobre la mujer. En todo caso consideraremos que el papel de la mujer, otorgado por el mundo dominante del hombre, se ha relacionado más con su utilización objetal, mientras el hombre ejerció el poder y dominio social, cultural y económico. Obviaré, pues, la humillación de la mujer cuando tuvo que recurrir al nombre del marido para publicar su obra, quedando ella entre bastidores.

Habría mucho que hablar sobre el tema, pero me referiré a un aspecto del influjo social y cultural, donde el hombre dominó descaradamente hasta hace bien poco, en que la mujer ha entrada en la batalla de la cultura y sus derechos; por tanto aludiré a ese papel en la lírica, en el mundo de la poesía y la literatura en general, donde aflora tanta belleza expresiva y sensibilidad.

El sumun de la exaltación lírica de la mujer lo podemos encontrar en los versos de Gustavo Adolfo Becker cuando define la poesía y la asocia a la mujer:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Esta forma sublime de expresar la importancia de la mujer en el mundo del poeta, es falaz o responde a una visión direccionalmente errónea. Claro que se enaltece la vanidad de una mujer elevándola al rango de poesía, de inspiradora o musa del poeta, en quien genera el sentir enamorado que la revaloriza hasta elevar su potencial a objeto elicitador de la lírica del cantor. Pero ella no es poesía, ella es el objeto que genera la poesía en el poeta, un objeto precioso, deseado para satisfacer el amor del enamorado, cuestión, indudablemente, halagadora para la dama enamorada. Pero la composición poética no es de ella (por tanto ella no es poesía), sino que es de su autor, de quien es capaz de sentirla y escribirla, de quien la hace brotar de su interior líricamente emocionado, del poeta, de Gustavo Adolfo Becker. La mujer es la musa, el instrumento u “objeto” que la despierta.

La mujer es poesía cuando la escribe ella, cuando es capaz de crearla a través de la expresión de su sentir, con su propio estilo, su palabra y verso, cuando anida en su interior el arte de la inspiración y la capacidad de su expresión. La mujer objeto genera la poesía en el amante, pero la mujer poeta la genera desde su interior, la crea ella y la transmite a través de sus versos… aquí es cuando la mujer es verdaderamente poesía.

Basta solo mirar hacia el pasado, no muy lejano, y veremos las dificultades de la mujer para entrar y ser reconocida en el mundo de la literatura. Traigo a colación, como ejemplo, a la gran escritora y poeta hispanocubana  Gertrudis Gómez de Avellaneda (Tula), de la que José Zorrilla dijo, en 1841: “…la mujer era hermosa, de grande estatura, de esculturales contornos, de bien moldeados brazos, de cabeza coronada de abundantes rizos y gallardamente colocada sobre los hombros. Su voz era dulce, femenil; sus movimientos lánguidos y mesurados y la acción de sus manos delicada y flexible; pero la mirada firme de sus serenos ojos azules, su escritura briosamente tendida sobre el papel, y los pensamientos varoniles de los vigorosos versos con que se reveló su ingenio, revelaban algo viril y fuerte en el espíritu encerrado dentro de aquella voluptuosa encarnación mujeril. Nada había de áspero, de anguloso, de masculino, en fin, en aquel cuerpo de mujer, y de mujer atractiva, ni coloración subida en la piel, ni espesura excesiva en las cejas, ni bozo que sombreara su fresca boca, ni brusquedad de maneras; era una mujer. Pero lo era, sin duda, por error de la naturaleza, que había metido por distracción un alma de hombre en aquella envoltura femenina”. A Bretón de los Herreros también se le adjudica esta frase referida a Tula Avellaneda: ¡Es mucho hombre esta mujer! O bien, ¡No es una poetisa, es un poeta!

Mientras tanto, Zorrilla plantea la existencia de una mujer poeta y escritora, de esa altura, como un error de la naturaleza, que metió un alma de hombre en una envoltura de mujer. El mundo de la lírica le estaba, pues, restringido, cuando no vedado o condicionado. Lo que no impidió que Gertrudis, en los años 40 y 50 del siglo XIX, fuera toda una figura en los corrillos de la literatura de la capital, dada su enorme y excelente producción literaria (teatro, novela, poesía) y su capacidad seductora con su fuerte personalidad asertiva, codeándose con personajes de principal relieve en la corte, incluido Narvaez y los propios reyes, que apadrinaron su boda con el coronel Domingo Verdugo. Una excepción rompedora que desborda los límites que enmarcan el momento histórico respecto al tema

Lo que no es óbice para que estas tremendas aseveraciones nos muestren cómo el machismo imperante otorgaba el grado de excelso poeta al espíritu masculino y se toleraba la incursión de la mujer, en este campo, bajo un cariz de curiosidad y paternalismo; considerando, incluso, que estaban en una etapa en la que la influencia exterior se hacía notar con el espíritu liberal, a caballo del romanticismo, que se importaba desde el extranjero, en los años aciagos y convulsos de la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, esposa del extinto Fernando VII.

A pesar de todo ello, del liberalismo y la ideas progresistas del momento, a Gertrudis se le cerraron las puertas de la Real Academia Española de la Legua tras la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, que ocupaba el sillón de la letra Q mayúscula, otorgando este privilegio a un hombre, para mí, con una obra de inferior calidad literaria, Antonio Ferrer del Río, sin menospreciar su valor, claro está. Por tanto, la primera mujer que optaba a un sillón de la RAE, fue apartada para dar paso a un hombre. Hoy, tras más de siglo y medio, solo hay 8 mujeres en la Real Academia de 44 miembros que conforman la misma, si no me fallan los cálculos, o sea un 18%.

No obstante, volviendo al tema, en este caso singular de rebeldía que se manifiesta en el espíritu poético y lírico de Gertrudis, aparece el incansable brío de una mujer excepcional y reivindicadora de su derecho a “estar” desde su inteligencia creativa. Anduvo despertando admiración y miedo, aceptación como poeta y rechazo por su atrevimiento; un reto seductor para el ego del poeta Gabriel García Tassara, que le causó tanto mal con sus amores.

Se dice que Ignacio de Cepeda y Alcalde, su gran amor platónico y amigo, estando enamorado de ella como mujer y escritora, “la temía tanto como la amaba” y por eso no llegaron a desposarse aun existiendo entre ambos esa química que lo hubiera permitido. El prototipo de mujer de la época era la esposa sumisa y devota que cumplía con sus deberes maritales y maternales sin hacer sombra al esposo, modelo que Gertrudis rechazaba con vehemencia. La Avellaneda, en una de sus cartas a Cepeda, establece la diferencia entre lo que es ella y lo que le aportará la otra; ella es la intelectual, pensadora y crítica, la otra la sumisa, buena esposa y madre según los cánones… en estas circunstancias Cepeda optó por su sobrina María del Rosario. Tula ya había tenido otro desengaño en su estancia en Galicia bajo las pretensiones del joven Ricafort, hijo del Capitán General de Galicia Mariano Ricafort, pues aun reconociendo su valía y superioridad intelectual, le pedía que asumiera su papel de esposa, con arreglo a las exigencias sociales del momento, y abandonara el mundo de las letras.

Esta mujer, rompedora de esquemas, nos mostró, al igual que algunas otras, lo que las mujeres guardaban en su interior, por imperativo de la ley social, obligadas a renunciar a sus potencialidades. Sin embargo, rotas esas cadenas, afloraron, en los últimos 50 años,  multitud de escritoras y poetas que, irrumpiendo con fuerza inusitada, escalaron la igualdad de condiciones con el hombre, cuando no superándolo. En los diversos encuentros de poetas que se desarrollan a lo largo del país, en que yo he participado, he constatado un mayor número de mujeres que de hombres. Es aquí, en sus textos y publicaciones en general, donde se ve la calidad lírica de la mujer. Es aquí donde se demuestra que la poesía expresada es ella en esencia, donde tiene sentido la frase: “Poesía… eres tú” y no la musa inspiradora aludida por Becker.

Concluyo pues, que reconociendo la asimetría existente en esta cultura ancestralmente machista, la sociedad puede y debe exigir que esa igualdad se dé, que el equilibrio rompa la asimetría para enriquecerse con la aportación de hombres y mujeres en igualdad de condiciones, dado el potencial creador de la mujer en todos los campos y, especialmente, en el mundo de la letras del que he tratado en este artículo. La mujer, al igual que el hombre, es poesía cuando la crea, porque se fragua y aflora de su interior de poeta.


viernes, 18 de enero de 2019

La fiesta de los toros es un anacronismo



Hay discursos demagógicos o irracionales que inducen, o pretenden hacerlo, a una interpretación errónea de un asunto, problema o tema. En todo caso se trata de una visión sesgada e interpretada desde una premisa falsa. Me estoy refiriendo a la interpretación que se suele hacer por parte de los defensores de las corridas de toros. Hablan de la libertad de cada cual para acudir o no a esos actos o ceremonias de burla y algarabía que se fraguan en la suerte del toreo, donde la sangre aflora hasta llevar, finalmente, al toro a su propia muerte entre el jolgorio y alegría de un público que no llega a analizar en profundidad las causas de su jubiloso gozo. Cabe preguntarse cómo y dónde radica la motivación de ese gozo y si entra en contradicción con los principios y valores del ser humano, que en ningún caso deben fundamentarse en la violencia y muerte de ningún animal. Bajo mi opinión, el valor, la habilidad y destreza en burlar las acometidas del toro sí tienen sentido y pueden ser motivo de algarabía, pero sin infringir castigo físico, sufrimiento y muerte al animal. Los forcados portugueses, el toreo sin sangre y muerte, el juego del requiebro en cortes, recortes y recortes con anillas son alternativas no sangrientas.

Ciertamente, si miramos el problema desde el derecho que cada cual tiene para acudir a estos actos, estaremos centrando el asunto en la libertad individual para tomar sus propias decisiones. Visto desde esa perspectiva el dilema se centra, erróneamente, en un valor social, el de la libertad en la toma de decisiones, mientras se obvia el núcleo principal de la cuestión, que debe centrarse en si el acto, en sí mismo, es o no asumible en una sociedad de valores evolucionados, como veremos. Por otro lado, ese núcleo principal de la argumentación se suele plantear, por parte de los que la llaman “fiesta nacional”, como una tradición sustentada en la cultura popular. Pero los pueblos evolucionan, la gente cambia y se sensibiliza con otros principios y valores más racionales, más humanos, al producirse la evolución de las sociedades y de las propias culturas que rompen con las tradiciones que no encajan con los nuevos valores. De ahí mi apotegma “El anacronismo, en la cultura de los pueblos, lastra su evolución”.

En lo referente a catalogar las corridas de toros como un anacronismo, habría que aclarar previamente este concepto para ver si encaja en el mismo. La RAE define anacronismo como: “Que no es propio de la época de la que se trata”. Veamos, pues, como razonar su inclusión en el calificativo de anacrónico: Esta sociedad moderna rechaza el maltrato animal, la sádica diversión por la sangre y el dolor, la falta de respeto a la vida sea de la especie que sea, la guerra, la violencia y todo aquello que pueda producir dolor y sufrimiento gratuito a los seres vivientes. La sensibilidad del ser humano aflora para racionalizar las cosas desde la percepción de la vida en un sentido más integral, más universal. No es nada nuevo, siempre hubo quien proclamó a los cuatro vientos el amor y respeto a los animales; desde los pueblos más primitivos, casi siempre en culturas ajenas a la nuestra, a determinadas actitudes vitales de nuestra propia cultura y religión (el propio San Francisco de Asís llamaba hermanos a los animales). Hasta el mismo boxeo se cuestiona como deporte cuando no se ajusta a determinadas normas de funcionamiento que implican protección del sujeto que lo practica y se prohíbe, en determinado momento, el ser transmitido en televisiones públicas por su violencia y crueldad.

Pero, sin salirnos de la sensibilidad hacia los animales que se nos ha enseñado o cultivado en los últimos tiempos, cabe señalar que, en nuestra infancia, era normal apedrear a los perros y gatos que encontrábamos por la calle y no estaba mal visto, solo se catalogaba como una travesura de niños, sin pensar en el pobre animal. En la actualidad existe una ley de protección animal que lo condena, ya no es socialmente tolerable esa actuación. La prohibición del uso del tabaco, en su momento, tuvo detractores que lo consideraban un atentado a la libertad del fumador como ciudadano; luego se entendió, mayoritariamente, que era invasivo del espacio público, como es el aire que respiramos. En siglos pasados hay casos claros y evidentes de conductas toleradas culturalmente, violentas o impositivas, que han sido superadas y rechazadas por la sociedad. Hasta el siglo XIX la esclavitud estaba bien vista, y en el XVIII aún se usaba como un negocio que enriqueció a muchos que, incluso, hoy son considerados grandes negociantes.  Quiero decir con esto, salvando todas las diferencias, que las sociedades cambian, evolucionan, y se van desprendiendo de actuaciones o conductas anacrónicas en beneficio de otras enmarcadas en los principios y valores que se cultivan en ese momento histórico.

Por tanto, no se trata de coartar libertades, sino de adaptar esa cultura a los valores que se pretenden cultivar en una sociedad moderna y concienciada con ellos. Ya se sabe que la prohibición genera deseo, en términos freudianos, y la educación crea valores sólidos. Por ello, la prohibición, siendo importante, no tendrá efectos si no va acompañada de un proceso de concienciación en el que aquellos que disfrutan con ese espectáculo sean capaces de reconducir la motivación esencial de su gozo. Mientras tanto, ninguna sociedad, que se defina como evolucionada, puede o debe adoptar posturas que potencien o cultiven valores anacrónicos, es decir proteger o subvencionar actos impropios de esa evolución.

De momento, yo al menos, me conformaría con nombrar al toreo, en los términos en que se da, como contrario a la tendencia cultural de la sociedad futura y retirarles subvenciones y ayudas que lo potencien o divulguen… eso coste que lo sostengan los que lo defienden, pero considerando que en frente van a tener a un importante colectivo que sostendrá que nunca el ser humano, mentalmente sano, puede o debe disfrutar con un espectáculo de sufrimiento, violencia y/o sangre de ningún ser vivo. Su libertad acaba cuando traspasa estos límites de respeto a la vida animal.

Concluyo: Una tradición que vaya contra los principios y valores de una sociedad que evoluciona, será un anacronismo que hay que erradicar de la cultura social. El proceso solo se consigue mediante la educación y sólida formación en los nuevos valores. Se ha de excluir, por definición del concepto valores humanos, a toda acción violenta, sanguinaria o de sádico disfrute con sangre, maltrato y muerte de otros seres vivos.



jueves, 10 de enero de 2019

El pensamiento racional contra las Fake News



Piensa

Hace algún tiempo que decidí convertirme en un mero observador. Es decir, verlas venir e intentar conseguir una explicación a lo que pasa, al porqué de las cosas, a cuales pueden ser las causas por las que la gente se deje atrapar en pensamientos ajenos sin antes elaborar los suyos en función de sus propios principios.

La conceptualización de la posverdad, es decir su definición como una manipulación o falsa verdad creíble desde la emoción y la pertenencia al grupo que la elabora, nos deja en mala posición como seres pensantes. El pensante es un ser racional que no asume ideas ajenas si antes no las ha digerido racionalmente, si no las ha elaborado con arreglo a sus propias convicciones, valores y principios.

Que no te engañen
Desde la irrupción de la técnica manipulativa de Trump y su gente, usando bulos o medias verdades (por ejemplo generalizando particularidades) como elementos de influencia en la opinión de la gente, el mundo se ha visto sometido a una presión desequilibrante e irracional que ha atrapado a muchas personas con escasa capacidad para analizar los estímulos o informaciones que reciben y discernir racionalmente sobre ellos.

Es cierto, bajo mi opinión y sin animo discriminatorio sino puramente descriptivo, que los seres humanos no estamos todos en el mismo punto del camino de la vida, por tanto no podemos, ni siquiera debemos, tener la misma visión de la realidad que nos envuelve. Nuestra opinión siempre está mediatizada por nuestras experiencias, nuestro conocimiento, la capacidad y hábito de razonar, los principios y valores que se nos inculcó y, sobre todo debería ser, que fuimos elaborando nosotros mismos mediante una socialización crítica. Por tanto, no todos estamos en un mismo sitio, pero sí, como seres pensantes, nos revestimos de valores humanos si entendemos que en el hombre, en sentido genérico, se ha de dar el valor del respeto y la empatía para mejor convivir. Cualquier confrontación irracional o guerra es peor que la más mala de las paces. Por tanto, debemos estar en la disposición de contrastar opiniones sin acritud y con mente abierta, completar la nuestra con la de los otros si son coherente y nos enriquecen.

Llegado a este punto, es importante, establecer el escalonamiento de los valores humanos. Por encima de cualquier cosa, en un mundo dicotómico de maldad y bondad, debería prevalecer la bondad. La bondad es compartir, empatizar, cooperar desde la concepción y percepción del amor.

Pero el amor es una palabra extensa, en cierto sentido polisémica, de variada aplicación según su objeto, ya que, por ejemplo, el egoísmo es un amor propio en contraposición al amor universal. Sin embargo, considerando los 6 tipos de amor que se describe el psicólogo canadiense John Alan Leen (Eros, Storge, Ludus, Pragma, Manía y Ágape… hay otras categorizaciones, pero usaré esta) deberíamos enfocar este hacia el amor a la verdad compartida, sostenido en los derecho humanos, en la igualdad de oportunidades y en la no discriminación por diferencia alguna; en la potenciación del sentido evolutivo de la sociedad en su conjunto poniendo al ser humano como eje fundamental del desarrollo hacia una humanidad en justa convivencia.

Tal vez, al menos para mí, el amor ágape sea el que deberíamos cultivar, por ser el más necesario, para una mejor convivencia. "Agápē es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Algunos filósofos griegos del tiempo de Platón emplearon el término para designar, por contraposición al amor personal, el amor universal, entendido como amor a la verdad o a la humanidad". Me quedo con eso, con el amor a la verdad o a la humanidad, a los otros con los que formamos un todo en nuestra existencia inherente a la verdad cósmica.

Sin embargo, si ubicamos ese amor a la verdad y, por ende, la humanidad, no podemos olvidar que en el otro lado de la balanza, en el polo opuesto, está el odio. El odio lo define la RAE como el “sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia”. En el psicoanálisis, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad.

Esto nos viene a mostrar que, si en lugar de existir amor ágape por el "pobre negro" africana que viene buscando una vida digna y huye de la injusticia, la guerra o la propia muerte, arriesgando la vida en una patera, sentimos odio porque él nos va a traer la infelicidad al quitarnos el trabajo (falsedad), o poner en peligro el dominio de la cultura imperante (falsedad), estaremos renunciando al valor positivo del amor para centrarnos en el valor negativo que es el odio.

En este sentido, antes de seguir el camino que nos marca el odio y el rechazo, es bueno pensar, desde los valores que nos definen como humanos, si hemos de manifestar amor u odio, según nuestros principios internos, sabiendo que la vida es un espejo donde recibes aquello que emites; si emites odio recibirás odio, porque es lo que cultivas.

En estos tiempos nos inundan de propaganda y falsedad, que generalizan la anécdota elevándola a categoría, que crean fake news al estilo americano (es muy interesante el libro “Fake News. La verdad de las noticias falsas” del periodista Marc Amorós). Una fake new es una noticia falsa que se difunde con una voluntad deliberada de engañar y que tiene dos características fundamentales: tener un objetivo claro y adquirir una apariencia de noticia real, precisamente para conseguir engañarnos. En todo caso se topa con los principios y la credulidad del receptor, además de su capacidad de pensar por sí mismo y de analizar coherentemente la falsa noticia hasta descubrir el engaño y el interés que lo provoca. Eso sí, como es determinante su percepción y valoración emocional, en función de la procedencia y la consonancia con su credo ideológico o de valores sociales, el sujeto no solo puede ser un buen receptor, sino ejercer de eco de la misma en una cadena propagandística aliado con el objetivo de crear desencuentro y confrontación por puro convencimiento de alienado.

Concluyo que el primer y principal objetivo del ser humano es convivir en paz para crecer saludablemente en su triple dimensión biopsicosocial. Si pierde de vista ese objetivo o misión principal y se deja llevar por cuestiones secundarias o contrarias al propio principio esencial, andará cavando su tumba y la de su propia sociedad a medio o largo plazo. Y es aquí donde se ha de dar la alarma ante el uso desmedido e intencionado de los medios de comunicación y las redes sociales que, con engañifa, falsas noticias, sin fundamentos estadísticos ni consistencia ideológica de contenido humanista, nos agobian con discursos que hablan de reconquistar el pasado. Por desgracia, en un proceso anterior y reciente (no sé si meditado y orquestado) han ido perdiendo los políticos la credibilidad y no han sido capaces de reafirmar una ideología social de valores humanos dedicándose a la confusión y corrupción y venta de sus servicios.

Por otro lado, cada día recibimos whatshapp o noticias en Facebook o Twiter con noticias alarmantes que pretenden encogernos el corazón y llevarnos al lado de los mesías que las denuncian pero que no dicen cómo las solucionarían o, en todo caso, plantean soluciones ya vistas en el pasado de resultado catastrófico. Lean con criterio, desconfianza y cuestionamiento ese tsunami de noticias, de medias verdades, de bulos interesados, de fake news, de mentiras repetidas para hacerlas ver como verdad (para Göbbels, «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad», aunque hay quien también le atribuye la frase a Vladimir Lenin), que pretende el desencanto y la confusión, la sensación de indefensión e injusticia, la desconfianza con el sistema democrático cuando lo que fallan son los políticos y quienes los elegimos gracias a ese sistema. En todo caso, hay que mantener la mente clara para no dejarse llevar por falsedades y soluciones que coarten los derechos que, como ciudadanos libres, hemos ido ganando desde la transición. 

Cuidadín con la brillantina a caballo de la reconquista, pues, si se ha de conquistar algo, es la igualdad entre los seres humanos, los derechos humanos universalizados, la protección y amparo de los estados a sus ciudadanos, el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la asistencia sanitaria, a la ayuda solidaria a los dependientes, etc. pero, sobre todo, el derecho a un trabajo digno que nos comprometa a todos para mejorar la sociedad desde un desarrollo sostenido.