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lunes, 1 de enero de 2018

MIS DESEOS PARA 2018



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Parece que, como siempre, el fin de año nos lleva a pensar, a meditar sobre lo que hemos hecho y no hecho y, sobre ello, sembrar nuevos deseos para el futuro a modo de objetivos. Pero lo cierto es que, a lo largo de la vida y la existencia del ser humano, es una constante la búsqueda de la razón de esa propia existencia y del marco en que se desarrolla. Filosofamos sobre ello, racionalizamos lo conocido e inventamos o hipotetizamos lo desconocido, pero siempre con esa necesidad inexorable de saber y justificar el gran objeto de la vida. Cada civilización se sintió en poder de la verdad y acabó imponiéndose sobre otras con esa pseudoverdad; pero la verdad es algo más grande, algo que se escapa a nuestro conocimiento, que se persigue a lo largo de la vida sin encontrarla, como dos líneas asintóticas que se acercan pero no se encuentran. La verdad está en el cosmos, en sus leyes y esencias, y nosotros somos una proyección del cosmos, por lo que la verdad puede que esté en nuestro propio interior. Mantenemos su precario, y a la vez dinámico, equilibrio energético y estamos sujetos a impulsos y avatares incontrolables desde nuestra nimiedad. Podemos creer en dioses creadores, protectores y tutelares, podemos rebelarnos contra el orden del poder humano y buscar la verdad a través de la ciencia y el conocimiento derivado de la razón, o ahondar cada cual en su interior para encontrase con uno mismo desde la libertad personal y ofrecer sus hallazgos a los demás por si les son de utilidad. Pero danzando desde lo unitario a lo colectivo, desde el ser individual al ser social, iremos descubriendo que la unidad forma parte del todo y el todo puede vivir sin la unidad, pero la unidad es imposible que sobreviva sin el todo… el cosmos sin ti, existe, pero tú sin el cosmos no, puesto que este es la base de tu sustento y existencia.

En ese equilibrio y relación con el cosmos se da la trascendencia, a la que muchos buscaron la viabilidad a través de las religiones o de la proyección cósmica del hombre. Siempre anduvimos buscando esa razón, esa ley cargada de misterio y misticismo que lo explicara todo, siempre buscamos soluciones, más o menos sencillas, a la eterna pregunta existencial.

Este año, en estas fechas, yo quiero romper una lanza por esa otra visión que permita armonizar al ser humano con el universo que nos soporta, con el mundo y su gente, con la convivencia como elemento de sostenibilidad de la vida en común, entre lo unitario y lo colectivo. Por eso recurro al antropocosmos de René Schwaller, al hombre de Vitruvio y al dibujo de Leonardo da Vinci como soporte del deseo de equilibrio entre la gente, entre el hombre y el cosmos. Mis deseos los fundamento en principios, actitudes y conductas que faciliten esa convivencia en paz para que el ser humano pueda dedicarse a su propio desarrollo, a su autorrealzación, sin sumisión a poderes interesados y encorsetadores que lo esclavicen y enfrente a los demás. La suma libre y comprometida de los seres humanos es la garantía de la evolución de la especie.

René Schwaller de Lubicz en su obra maestra El Templo del Hombre, fruto de una larga investigación del Egipto faraónico, encontró en el templo de Luxor la representación de un hombre, el Antropocosmos, el hombre universal o arquetípico, cuya figura fue completada de manera idealizada en las diversas construcciones del templo, donde también encontró iterado la proporción áurea, phi, φ. De aquí bebió el arquitecto Vitruvio (que le da nombre al dibujo de da Vinci) para establecer las proporciones de la figura humana bien formada, entendiendo que el hombre es la medida de todas las cosas… el Antropocosmos representado en Luxor.

La privilegiada inteligencia de Leonardo da Vinci plasmó en estas medidas la cuadratura del círculo, consiguiendo representar en una misma figura humana, sometida a esas proporciones, un círculo y un cuadrado de la misma superficie, un equilibrio entre lo imposible como algo posible, tal como puede verse en el dibujo “davinciano”. Por ello, el hombre de Vitruvio de Da Vinci, es tan significativo, un verdadero emblema de una forma de pensamiento que conjuga ideas filosóficas, matemáticas y alquímicas y se inscribe dentro de una mentalidad analógica. Como expresó John Mitchell: "Hombre, templo y cosmos eran vistos idénticos, y bajo este entendimiento se erigió toda la filosofía y la ciencia del mundo antiguo".

Como ya he dicho, este año quiero tomarlo como soporte de mis pretensiones, para desear a mis amigos ese equilibrio, no solo físico, sino mental, que permita sentirse una proyección del universo que habitamos, armonía del cosmos interior y astral, que proyecte la paz y los sentimientos que expongo. Tal vez, como vengo insistiendo, el hombre encuentre la verdad a través de su nimiedad cósmica, siendo una representación, en sí mismo, del cosmos y las leyes que lo rigen.

En torno a la figura plasmo mis deseos. En el centro identifico el año, pero coloco dos estrellas que determinan la vida y el progreso de la persona y la sociedad: Una en la frente, a modo de tercer ojo asociado al despertar de la conciencia, vinculado al conocimiento profundo de uno mismo, a lo intrínsecamente espiritual, a la esencia inefable de cada ser humano. También lo vinculo al cerebro, donde habita la razón que nos lleva al conocimiento de la ciencia, junto a la fantasía intuitiva, que nos hace utópicos, aflorando la creatividad, donde se ubica la racionalidad del ser humano y su discernimiento, pero también las emociones y sentires que soportan nuestros impulsos y voluntades. Otra estrella en el sexo, que mueve la creación de la vida para perpetuar la especie, que transmite los mensajes genéticos que van consolidando el desarrollo del ser humano, que condiciona y enmarca la relaciones de la necesidad, el deseo y el amor para llevarnos a la trascendencia. En el centro, dejo al descubierto el ombligo del hombre, que es el ombligo del mundo, por donde se va introduciendo el nutriente que permite al feto su alimento hasta formar al ser humano, la conexión entre la nada cósmica y lo material que soporta la vida.

Finalmente, cada deseo tiene su explicación conformando un todo que, bajo mi modesta opinión, enmarca las esencias de las relaciones humanas y su crecimiento solidario. Por tanto, amigos y amigas, estos son mis deseos para todos vosotros…

1.       PAZ: Para  poder  dedicarte  a  crecer  sin  tener  que  emplear tu tiempo en defenderte de las agresiones.
2.       SALUD: Que te otorgue la energía necesaria para afrontar los retos de la vida.
3.       ALEGRÍA: Para compartir con tus amigos la sonrisa que da inicio a la felicidad.
4.       FELICIDAD: Para que sientas la plenitud y la esencia de las pequeñas cosas.
5.       EMPATÍA: Para comprender a los demás sin juzgarlos.
6.       IGUALDAD: Para que sientas a los seres humanos desde el respeto a la diversidad.
7.       CREATIVIDAD:  Para  que  desarrolles  la  espiral  de  tus  potencialidades y la ofrezcas a los demás.
8.       SOLIDARIDAD: Para  que  no  te  olvides  de  los  que sufren la injusticia, la explotación y la miseria.
9.       INOCENCIA: Para fundamentar la afabilidad y sencillez que te lleve a la bonhomía.
10.   SERENIDAD: Para reflexionar y elaborar el juicio de la sabiduría.
11.   RESPETO: Para saber dónde poner los límites de los propio y lo ajeno.
12.   DIÁLOGO: Para que transmitas tus ideas y te nutras de las de los demás.
13.   AMISTAD Y AMOR: Para que sientas la hermosura de amar y ser amado.
14.   ILUMINACIÓN: Para que tu mente razone sabiamente y comprenda la esencia de la vida.
15.   LIBERTAD RESPONSABLE: Para que tengas la tuya y respetes la de los demás.
16.   JUSTICIA DISTRIBUTIVA:  Para  que  los  recursos  de la madre tierra garanticen la vida digna de cada ser humano.
17.   PROGRESO Y DESARROLLO PERSONAL: Para cumplir todos tus buenos objetivos.
18.   FORTALEZA: Para que puedas conseguir tus propósitos con constancia y asertividad.
19.   SENTIDO COMÚN, porque otro mundo es posible y podemos conseguirlo.



jueves, 30 de noviembre de 2017

La vieja foto y mi recuerdo


Año 1954. Aldea de los Pérez
Hoy ha caído en mis manos esta vieja foto de mi infancia. Ha sido la llave o el resorte que me ha trasladado al pasado, como una nave del tiempo. Tal vez tenía, entonces, tres años, y posaba junto a la mayoría de niños de la aldea donde vivía. Eran los escalones de la ermita, justo al lado de la escuela, lo que nos sirvió de grada para posar en la foto.

Es curioso cómo estas imágenes generan sentires y sensaciones que parecen olvidadas, cómo fluyen los olores, la brisa y el aire que acariciaba la cara, el olor de la tierra y su contacto, el canto de los pájaros, la sombra del granado y el sabor de su fruta madura, la higuera por la que trepábamos para hurtarle el fruto, o el olivo con su grueso tronco y el ramaje que acogía los nidos de las tórtolas, a las que desahuciábamos arrebatándoles su casa como desalmado banco acreedor, los huevos o los polluelos para criarlos en cautividad, desde la maligna inocencia infantil (aunque suene a oxímoron eso de inocencia y maligna).

Las travesuras infantiles, los juegos peligrosos impensables hoy, las pueriles luchas y combates de guerreros imaginarios, el gélido colegio en el invierno, la monotonía de la maestra repitiendo sus enseñanzas a ritmo de canciones, la casa carente de agua corriente, de servicios y de luz eléctrica; el alimento pobre, aunque suficiente, sin grandes manjares, pan y aceite, fruta del tiempo, garbanzos, lentejas a expurgar, alubias y potajes, por lo general, viudos de carne… tomate conservado en la botella con el arte y la habilidad que mostraba la madre para garantizar alimento en el invierno… la vieja chimenea donde chisporroteaba la húmeda leña soltando su nube de vaho, que impregnaba el ambiente, mientras las morcillas colgadas se iban, poco a poco, ahumando, resecando para mantenerse sanas y comestibles.  

El recuerdo del patio trasero, su muladar, la porqueriza y la cuadra, el gallinero y las conejeras, que dejaba patente una fuente más de suministro alimentario; eran las piezas claves del reciclaje, los animales que convertían los desperdicios en nuevo alimento a través de los huevos o el sacrificio de su propia carne, mientras el resto de orgánicos acababan en el muladar convertidos en abono natural para los campos.

Y cómo no, escasa ropa, cargada de remiendos que alargaban su vida hasta límites insospechados, sandalias de verano que pasaban el otoño con buen uso y solo era el mal tiempo la causa de su desecho para cambiarlas por calzados más acorde a los fríos inmisericordes del invierno, trajecito o ropa limpia de domingo para ir a misa. Paciencia maternal peinando lentamente nuestro pelo para erradicar los piojos y las liendres que ibas cosechando en el colegio. Vida pobre de recursos, pero plena de cariño; dura en su expresión, pero fortalecedora en el espíritu; maestra en la calle para curtirte en el combate, para conformar los grupo, identificar los roles y papeles de líderes y gregarios; una forma de socializarse desde las diferencias de clase que reinaban en aquel tiempo.

Pero sobre todo, me viene a la memoria, el contacto con la tierra. Cómo se hundía el pie dejando huella, su olor según el tiempo, seca o húmeda, polvorienta o embarrada, terrones que se deshacían con la pisada o charcos que invitaban a chapotear en ellos… y a la vista el olivar, ese inmenso ejército alineado marcialmente que parecía subir por la ladera para morir en la batalla del horizonte, con sus camadas cubiertas por la hierba que iniciaba la cadena alimenticia con los insectos, dando alimento a los pájaros que pululaban en bandadas.

Recuerdos de las trampas con sus danzarinas alúas que atraían a los pájaros quedando atrapados para engrosar nuestra mesa. Las hazañas y aventuras infantiles haciendo de cazadores furtivos de perdices, a las que cansábamos corriendo tras ellas para, desde el agotamiento, rendirlas hasta cogerlas con las manos como el que coge una gallina del corral. El espectáculo de los buitres leonados carroñeros, comiendo los cadáveres de los cerdos afectados por la peste porcina, mientras esperábamos que llenaran su estómago para acometer contra ellos y ver cómo les costaba levantar el vuelo ahítos de carne… o el singular espectáculo de la nevada de 1954 con las calles y campos blancos en una tierra siempre ausente, aunque anhelante, de nieve.

Y cómo olvidar la búsqueda por los campos de hierba para alimentar a los conejos, de ramas y raíces para el fuego, de brezo para hacer escobas rama, de nidos para hurtar los huevos de las aves, o de espárragos para completar la exigua dieta alimentaria de la familia. El campo era para el niño un extenso mundo a explorar que ofrecía la aventura de su tránsito, el descubrimiento de su orografía, de su flora y de su fauna silvestre, de los mares del trigal, del olivar inhiesto y ordenado, de las huertas y del río, del frutal y de las plantas que cultiva el hortelano… o de ese mundo mágico cargado de vida donde sorprende una serpiente que impresiona con su reptar sigiloso, el conejo que te salta en el camino, la perdiz que levante torpemente el vuelo, el zorro vigilante para batirse en retirada a la menor señal de amenaza, o el vuelo majestuoso de las aves rapaces explorando, con su vista penetrante, los campos en busca de la presa… albercas para el riego cubiertas por su verde manto de cama de rana donde escuchabas el concierto de múltiples croares, senderos abrigados de follaje y de zarzales y canales de agua fresca que marchaba en pendiente buscando las eras de las huertas para darle savia a la hortaliza. Una universidad de la naturaleza donde se cursaban los estudios de la vida, comprendiendo los principios y fundamentos que alimentan la existencia.


Hoy, cuando se ven las viejas fotos, afloran los recuerdos que nos fueron forjando para ser lo que ahora somos, porque somos lo que somos debido a lo que fuimos. Tal vez en el mañana serán de otra manera, no fraguados en connivencia con la naturaleza, sin haber sentido el contacto con la esencia de los campos, sin experiencia y compresión de los ciclos de vida que van marcando las estaciones: el nacer y florecer en primavera, maduración y recogida del fruto en el verano, languidecer en el otoño con las ramas desvestidas de sus hojas e hibernación en el invierno para dejar la semilla que siembre la esperanza de otro ciclo venidero… las fases de la vida se repiten tenazmente, mientras la mano del hombre no lo trueque y lo acabe destrozando todo. Mas eso solo podrá evitarse si el ser humano ama a la madre naturaleza, si se educa en ese amor y respeto comprendiendo que forma parte de un todo sostenido que, al romperse, solo puede conducir al caos y a la muerte.


jueves, 2 de marzo de 2017

Encuentro de infancia


El 28 de febrero se celebraba el día de Andalucía, pero siendo sinceros, eso de los días de no sé qué no deja de ser un montaje convencional para, cuando se considera que hay algo olvidado o no suficientemente recordado, se le dedica esa jornada para realzarlo y evidenciar ese olvido o necesidad de mostrar sentimientos que habitualmente no se muestran. O sea, que si cada día tienes conciencia de esa realidad a la que se homenajea en esa fecha, vas muy por delante de los demás. Por tanto, para mí, ese día no deja de ser un día normal, aunque por sistema le dedique alguna cosilla, sea poema, reflexión o comentario a Andalucía. En todo caso, siendo un día festivo, se puede emplear en actividades lúdicas o de sociedad para mayor disfrute de la familia y amigos.

Tanto preámbulo viene a cuento porque este 28 de febrero sí ha tenido algo especial. Es curioso, pero cuando se es mayor, anda uno desconectando de amigos y compañeros de escuela o de diferentes situaciones del entorno social que se daba en la infancia. En este caso, hace unos meses redescubrí accidentalmente a un antiguo compañero de seminario, allá por los años 63 al 65, del que, al igual que de otros muchos, me había preguntado dónde andaría. Pero San facebook nos puso en contacto, como me ha ocurrido con más gente a los que les tenía perdida la pista y afloran de golpe por estos andurriales dándote una alegría.

El caso de Paco Bravo, con el que compartía puesto en la defensa del equipo del curso por ser los dos más altos de la pandilla, ha sido providencial, pues a través de él he conseguido contactar con otros amigos de la infancia con los que compartí curso en aquellos años, lo que nos ha permitido compartir, también, mesa y mantel en este día 28 de febrero. Curiosamente, cuando te encuentras con aquellos chavales cuya imagen se ancló en un pasado lejano, contrastas tus hipótesis de evolución de cada cual y te sorprende, cómo no, su evolución, aunque luego lo piensas y era previsible que acabaran donde están.

En aquel curso del 63 éramos 104 alumnos en primero, supongo que todos, con la intencionalidad de ser curas… 104 chavales era una hornada importante. Pues resulta que ninguno de ellos ha salido cura… caray, os preguntaréis cómo puede ser eso. En aquellos tiempos el escapar de los campos, del pueblo y de la condena al duro trabajo labriego al que estábamos condenados por herencia, era un deseo irrefrenable de muchos niños que queríamos estudiar y no teníamos recursos para ello. Ir al seminario era una forma de huir de aquella situación y los curas lo sabían. Tal vez por eso, pasado un tiempo, cada cual se fue decantando por una vocación diferente, que fue surgiendo conforme ese escape se hacía más patente.

Hoy nos encontramos 5 de ellos, uno catedrático en Granada, otro en Málaga, otro profesor de filología inglesa, otro… bueno no viene al caso. Todos hemos ido evolucionando en función de unas circunstancias diferentes y, a veces, azarosas que han determinado nuestra posición presente. El hecho es que, independientemente de la ubicación actual nuestra mente se volcó en el pasado y, dado que yo llevé unas fotos antiguas donde aparecemos en aquellos tiempos infantiles, todo fueron recuerdos y comentarios sobre los viejos tiempos, lo que vivimos y cómo nos identificábamos, amén de elicitar las opiniones o visiones que teníamos los unos de los otros. Detalle tras detalle fuimos desgranado la historia a través de remembranzas en sus mínimos detalles, viviendo de nuevo un pasado casi oculto en la memoria retrógrada, cuando se anclaron y escondieron en nuestros infantiles cerebros. Echamos de menos a algunos, a los que se había invitado a participar y que, por diversas causas, no pudieron estar presentes.

Mientras nosotros nos dábamos al recuerdo, nuestras compañeras fueron encajando y creando otro espacio de encuentro al amparo de aquella plataforma memorística de nuestra etapa infantil. Ellas se lo pasaron tan bien como nosotros. Claro que yo era el único novato en el grupo, pues los demás se solían ver más a menudo y no como en mi caso, que los encontraba tras 52 años de total desconocimiento del cauce por donde fluyeron sus vidas.

Luego, la foto de recuerdo, las despedidas y el deseo de repetir otro encuentro donde se reviva el pasado, que es una forma de retrotraerse a estadios anteriores y volver a ser niños. Es curioso como los niños del ayer siguen presentes en nuestras maduras y racionales mentes de adultos académicos y forjados en mil batallas de la vida, que afloran nada más rascar en la superficie del recuerdo. Es un placer redescubrir al niño que llevamos dentro y que la sociedad nos ha ido tapando, resituando o escondiendo a través de la cultura social que nos condiciona en lo más mínimo. ¡Viva el niño que emana del pasado para presentificar el ayer y sus vivencias!


Este 28 de febrero ha sido diferente, el día de Andalucía y el día de unos niños andaluces que vivieron el ayer desde el presente. Vaya mi agradecimiento a ellos, a mis viejos... o mejor dicho, a mis jóvenes amigos del pasado. Espero que en otra ocasión seamos más para poder rejuvenecer juntos. Gracias, amigos, nos vemos pronto… 

Vista de Málaga desde el Parador de Gibralfaro

Todos y todas

Los jóvenes del ayer

jueves, 26 de enero de 2017

Rememorando las collejas


Hoy fui a mi pueblo con unos amigos y compañeros jubilados de la universidad. Lo curioso es que cada vez que voy revivo mi infancia, me fluyen los recuerdos del pasado y, ante las imágenes de sus campos de inmensos olivares, sus sierras y oteros, me vuelve la fragancia de su brisa, el aroma de sus prados, su huertas y sembrados. Cierras los ojos y te vuelves al pasado, escuchas el trino del jilguero, el piar del gorrión, el canto de la perdiz o el silbo del viento jugando y danzando entre los árboles o mordiendo los tejados. Todos los sentidos revierten al pasado y te transportan, en una máquina del tiempo imaginaria, a tu estoica infancia afrontando las dificultades del ayer.

Frío invierno para un desarrapado crio, sofocante calor en los abrasadores veranos e insaciable apetito ante la demanda natural del obstinado crecimiento. Había imaginación, inventiva y búsqueda asilvestrada de manjares complementarios a la exigua mesa que en la casa se ofrecía. A veces, jugando y entre travesuras, eran unas habas furtivas de la huerta ajena, otras una granada que dejaba su impronta churretosa en la camisa, higos, manzanas, peras o cerezas, según el producto del momento que el huerto te ofrecía. Nutrientes silvestres se buscaban por los campos mientras recogías raíces, leña para el fuego, hierba para los conejos, etc. Primaban los espárragos, las tagarninas y las collejas que llevabas a casa para que la madre los cocinara como mejor entendiera. 

En la escuela repartían un queso de sabor extraño y una leche en polvo, a la que no le daba tiempo a diluirse y pasaba a la garganta de los críos de forma "sequerona", fraguando una masa pastosa entre la boca de difícil deglución. Era la solidaria caridad que apaciguaba la miseria, lavando las conciencias de otros países, ayudando a sofocar el hambre infantil de una España marginada y lacrada por su inmediato pasado de alianza con los vencidos en la gran contienda mundial.

Después vino el abandono paulatino de la escasez. El país de la miseria y el racionamiento vividos en la posguerra pasó a otra etapa, donde la necesidad fue aflojando la cuerda del hambre miserable que apretaba amenazante al cuello de los más necesitados. Hubo más pan y aceita, más potaje y con mejores atavíos e ingredientes en cocina para adornar los exiguos platos… animales de corral, tocinos, chorizos y morcillas de matanzas caseras, y zurrapa y chicharrones que fueron apagando el hambre hasta erradicarla definitivamente. Después, progresivamente, vino la abundancia de la mano de un mercado accesible lentamente a los salarios de la clase “currante” hasta llegar a nuestros días, donde parece que vuelve de nuevo a declinar.

Todo esto lo viví como un flash mental que hizo pasar por mi mente los tiempos pretéritos, ya superados, pero, a su vez, anclados en el mundo indómito y subliminal del subconsciente. Y afloró el viejo sabor de las collejas que mi madre, esmeradamente, preparaba en tortilla con el huevo recién puesto por la gallina del corral, que era una fiel aliada encargada de reciclar los desperdicios convirtiéndolos en lustrosos y deliciosos huevos al servicio de la casa. Había comido no hacía mucho tiempo tales herbáceas silvestres, recogidas por un amigo mío del pueblo, cocinadas por su esposa a modo de exquisita tortilla. Entonces recordé que Loli había comprado collejas en el mercado de mi barrio, y fragüe mi estrategia para hacer una tortilla diferente donde conjugar viejos sabores con los nuevos condimentos. Esta tarde, cuando llegue a casa, me dije, haré una tortilla de collejas.

Dicho y hecho. Me metí en la cocina, batí cuatro huevos y los mezclé con un aguacate, una loncha de queso, taquitos de jamón, algunos guisantes y las collejas rehogadas con ajito picado que preparó Loli. Resultado: Una excelente tortilla, como puedes observar en la imagen, que conjugaba sabores del presente y el pasado. Algo nos sobró para el desayuno próximo, mientras quedé satisfecho al dar a mi subconsciente el contentamiento a su demanda y, en mi ánimo, evocar las vivencias de mi infancia.

A veces recordar los viejos tiempos, aunque estuvieran marcados por la necesidad, nos permite sentir la parte positiva de la niñez, vivir el calor de la familia protectora, los juegos y reyertas entre amigos, las pícaras miradas a las niñas, las distintas travesuras, la infantil inocencia, el cole y la Enciclopedia Álvarez con su adoctrinamiento y el continuo batallar para hacerse grande, para crecer y recorrer el camino de la vida, para ser lo que somos hoy como fruto de un ayer donde fuimos plantando y cultivando la semilla… Eso sí, con collejas, con muchas collejas de los maestros que usaban el castigo como forma educativa bajo el lema: “la letra con sangre entra” y con las otras collejas silvestres que paliaban el hambre y nos nutrían.


¡Lo que da de sí una tortilla de collejas! ¿Verdad?


viernes, 19 de agosto de 2016

Resultado cuestionario sobre el blog



Durante tres meses he pedido a los lectores y visitantes de este blog su opinión respecto al mismo mediante una valoración de lo que he ido publicando y han ido leyendo. No fueron muchos los que respondieron, pero de estas respuestas se desprende una aceptación más que buena de los textos que publico, lo que me permite y motiva para seguir en la línea establecida.

Los resultados de la encuesta son los siguientes.

La pregunta era directa: ¿Cómo valoras este blog en su conjunto?

Tenía cinco opciones:
  • Muy bien (10)
  • Bien (7.5)
  • Regular (5)
  • Mal (2.5)
  • Muy mal (0)


El resultado:

Se recibieron 42 respuestas, de las cuales 36 fueron Muy bien, 5 Bien y 1 Muy mal. O sea: (36*10+5*7.5+0)/42=9.46

La puntuación final es de 9.46. Por tanto me siento satisfecho con la línea de exposición de mi blog y me reafirma en seguir en ella.


Gracias a todos los que de una u otra forma lo visitáis y seguís mis escritos participando, en muchos casos, en el debate del tema que trato. Vuestros comentarios enriquecen la visión de las cosas y, con su argumentación aportáis una visión más amplia y diversa de los asuntos tratados.

En todo caso me reafirmo en la idea inicial que justificó su creación:
"Para compartir mis inquietudes, para hacerte llegar mis vivencias y experiencias, para estar más cerca de ti, si me lo permites… Tu haces de ellas lo que estimes oportuno, yo te abro una ventana desde la que verás mi propia perspectiva del mundo. Si quieres nos asomamos juntos, si no te apetece basta con no mirar por ella". 

jueves, 4 de agosto de 2016

Once años ya de ausencia paterna


En 1937
Hoy, 4 de agosto, hace 11 años que nos dejó una de las personas más importantes que han pasado por mi vida… o debería decir de las dos más importantes, pues no solo han pasado por  mi vida sino que la forjaron. Se trata de mi padre, que tal día como hoy, y en mi presencia, se embarcó en el viaje final que conduce al Hades. La parca se coló por la ventana y en un momento le arrebató furtivamente la vida. No pudimos hacer nada contra ella porque es habilidosa y sabe dónde pica y cuando el fruto está maduro. No sé si Caronte lo esperaba con la barca preparada para cruzar a la otra orilla, pero debió quedarse con dos palmos de narices, pues él quiso fundirse con la tierra de donde nació, a la que cultivó en su infancia y con la que jugó y se fusionó en una alianza nutriente, en un  trueque entre cuidados y frutos.

Sus cenizas quisieron volar y hacerse brisa, cabalgar con el aire para posarse en los frutales, para acariciar las hortalizas, para cubrirse del sol a la sobra del olivo, del almendro, del nogal o del cerezo, del ciruelo o el granado, del peral, del manzano o el membrillo… él los sembró, cuidó y amó, se alimentó de ellos y ellos cuajaron su cuerpo. Se nutrió con sus frutos dejándole la huella que todos llevamos de aquello que nos hizo y fraguó. Él era inhiesto, vertical, yerto de porte, arrogante y apuesto como el árbol que reta al cielo intentado alcanzar el firmamento, buscando crecer y crecer hasta conectar lo etéreo del cosmos con la tierra.

Llevaba en su interior la frustración de haber nacido en un mundo de la nada pero con la motivación para atropellarlo, de sobrepasarlo, y desarrollar la inteligencia y las capacidades que albergaba, a pesar de las trabas que en la vida le pusieron. Sin poder ir a la escuela de forma regular por dedicarse al trabajo del campo desde niño, por tener que cuidar de las cabras o los cerdos, por estar obligado al riego de la huerta, buscó con denuedo fuentes alternativas para aprender y adquirir conocimientos.

No más sembrar las ilusiones con su hembra, conocer el amor que conduce hacia el destino que forja una familia, le pusieron un fusil en las manos y le obligaron a pegarse tiros con su gente, contra los que eran suyos, contra sus primos socialistas que peleaban y morían en el otro bando. Él siempre decía que tiraba al aire, no fuera a darle a alguno de sus primos o de los suyos. Hizo la guerra porque hacer el amor estaba prohibido en aquella España miserable, donde el pan del día a día se fermentaba con el odio entre los hombres. Tras un año de guerra, pasó cinco años de mili en una árida África con el miedo a que la II Guerra Mundial les saltara a la cara como un tigre hambriento de sangre y carne joven. Al menos allí, entre la tiranía militar y la preocupación por su familia y lo sueños con su novia, adquirió mayor conocimiento, aprendió a leer y escribir mejor y las cuatro reglas, como se solía decir. Era un gran experto en historia. Le encantaba leer y conocer fechas, batallas, reyes y avatares del pasado. Él fue la fuente y el estímulo que tuve para hacer todo lo que he hecho en el mundo de la ciencia y el conocimiento. Él me inculcó el amor a la lectura, al saber, al razonamiento y la inquietud por una verdad que nos fue siempre ocultada a la gente de la prole, a los siervos de la gleba, al campesinado, al gañán y aceitunero al que solo debía interesarle el conocimiento del campo y su cultivo para bien del señorito.
 
En 1974
Nos exigió trabajar, responsabilidad, cooperación en el desarrollo de la economía familiar, como forma de ir forjándonos para afrontar la vida. En casa había que trabajar para salir adelante y si alguien quería estudiar debía hacerlo en sus horas libres. Y allí estaba yo. Saliendo del trabajo a las 6 de la tarde, yendo al instituto nocturno y volviendo a casa a las 11 de la noche, día tras día hasta acabar bachiller. La semilla caló y seguí estudiando y trabajando casi toda mi vida, enfermería, psicología, doctorado, diplomado de dirección de empresas y otras especialidades que forman mi curriculum, del que él se sentía tan satisfecho. Siempre pensé que yo conseguí aquello que le hubiera gustado conseguir él, por lo que él se sentía proyectado en mis éxitos académicos y profesionales. Él quiso huir de la nada y apenas pudo, yo, para él, lo había conseguido. Tal vez por eso existía entre los dos una especie de comunión, de entendimiento subliminal que nos acercaba en la comprensión y el respeto  mutuo. Tal vez por eso, siempre le ofrecí mis logros como homenaje.

¡Fue mi maestro en tantas cosas! Me enseñaba con paciencia, y de pequeño, a leer y escribir con corrección, a hacer las operaciones elementales. Me hablaba de historia y de geografía magistralmente. Despertaba en mi interior el interés por la familia, por su historia, contándome las cosas más recónditas de nuestros antepasados que él sabía, de Pepe el Portugués, del pariente Silverio que marchó América, de los hechos de la guerra y del riesgo que corrió su padre escondiendo al primo Chirisma cuando escapaba de las tropas nacionales, etc. etc. Era un libro abierto.

Al final tuvo suerte y ejerció de manijero en un cortijo, por un miserable salario, hasta los años sesenta, cuando pasó a trabajar en la construcción del pantano de Iznajar. Al menos garantizó que sus hijos no pasarían hambre, aunque sí necesidades, como todos en aquella etapa negra y sombría de la España franquista y sus secuaces. Luego, arrastrado por sus hijos y el futuro, marchó a Barcelona a trabajar. Allí vivió muchos años, pero cuando se jubiló y dado que dos de sus hijos habíamos vuelto a nuestra tierra, no dudó en volver también y afincarse junto a nosotros.

Le gustaba el canto y la juerga. Cantaba muy bien por Rafael Farina, Juanito Valderramas o Antonio Molina, la Paquera o la Niña de la Puebla,  por decir algunos. No era yo muy amante del cante, pero él me enseñó a conocer el drama del pueblo andaluz a través de ese cante, de sus letras de dolor y desencanto. Mas siempre fue un hombre sensato, cumplidor y responsable en su trabajo hasta que la salud le apartó del mismo. De mayor disfrutó de sus nietos y siguió viviendo como siempre había hecho, con la mesura y sensatez que requería su situación.

No creáis que ha muerto, no morirá mientras yo viva. Porque, como decía un paciente que tuvimos al que catalogaban de loco, “los muertos viven en la memoria de los vivos”. Por eso, cuando vuelvo del pueblo o de alguno de mis viajes, tengo la tendencia a tomar el teléfono para llamarlo y decirle: “Papá tranquilo, ya estamos en casa”.
 
En 1998
No tiene ninguna lápida, ni tumba o lugar donde reposen sus restos. Quiso ser como el aire, estar en todas partes, volar y saltar entre los árboles como el ave, alimentar los caracoles y nutrir las plantas, quiso volver a su lugar de procedencia, a su tierra natal. Desde entonces cada día creo más en el panteísmo.


¡¡¡Papá, hoy, tras 11 años de ausencia, seguimos estando contigo!!!

jueves, 16 de junio de 2016

Sobre el apellido Porras.


Mi abuelo José Porras Perez
No se extrañarán, los que me conocen, de este texto. Ya saben que, de cuando en cuando, me da por ponerme a escribir sin más que una idea inicial y voy dando cuerpo al texto en función del flujo que mana de mi pensamiento. En este caso, hace tiempo, un familiar me pidió información sobre nuestro apellido, su procedencia y cuanto conocimiento tuviera sobre él. Acumulé datos conforme los fui obteniendo y ayer me los encontré, lo que provocó un deseo de escribir sobre ello y ofrecerlo, no solo a mi familiar directo, sino a todos aquellos que puedan tener interés por conocer algo sobre este apellido. Este es el resultado que, en el apartado Mis cosas de mi blog, coloco para los interesados. Eso sí, el asunto no está exento de una introducción en mi línea habitual de la reflexión.
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Si nos paramos a pensar eso del apellido paterno no es garantía de una línea de descendencia segura y única. Una de las razones del machismo a través de la historia es el control y sumisión de la mujer para garantizar que cuando conciba sea por acción directa del marido. El control no se ejerció solo por el sometimiento físico y económico controlando los recursos por parte del macho guerrero, sino por el propio sistema de valores donde la moral exigía la fidelidad incuestionable, hasta el punto de que el hombre no se sintiera engañado por la mujer y fuera el verdadero padre de la criatura. En esta dinámica entraron las religiones que, por ser las responsables de salvaguardar los principios morales de forma directa, marginaron en responsabilidad teológica y de diseño dogmático a la mujer (sobre este tema habría mucho que escribir, pero no viene ahora al caso). De esta manera, tal como dice Engels en su libro: El Origen de la Familia la Propiedad Privada y el Estado, el macho garantizaba que todo el capital y hacienda conseguido a lo largo de su vida fuera a  parar a su verdadero hijo, a la vez que garantizaba la pureza de sangre en su descendencia.

En el mundo árabe las mujeres permanecían en el harén sin contacto con varón alguno para evitar ser fecundadas por quien no fuera  el marido, aunque se les permitía relacionarse con los eunucos, sujetos esclavos sometidos a castración que se encargaban del servicio y control de los harenes. Esta relación, que en un principio tenía solo el sentido de servicio, llegaba en algunas ocasiones al contacto sexual, pues ser eunuco, dependiendo del proceso de esterilización, no significaba incapacidad para la erección y la eyaculación, puesto que la eyaculación tiene su origen en el líquido seminal que se produce en la próstata, si bien, al no tener glándulas hormonales (testículos) no podrían dejar embarazada a la mujer. No obstante, creo que la erección es de menor duración y consistencia que la de un sujeto normal.

Esto de la paternidad, como se ve, es cuestión compleja, sobre todo hasta hace bien poco, pues en la actualidad, con eso del ADN, se saca de dudas a cualquiera mediante un análisis no muy complejo. Ahora bien, a ver quién se atreve a pedir esa prueba sin pelearse con la ofendida mujer. Esa duda del macho, que resultó una constante a lo largo de la historia, provocó celos y conflictos de pareja, y los sigue provocando, sobre todo cuando la mujer reclama sus derechos y, entre ellos, la libertad soberana de usar su cuerpo, lo que provoca el conflicto si no se tiene conciencia de la responsabilidad y compromiso de fidelidad con la pareja de cara a la reproducción, o sea, de tener y criar hijos comunes. Como curiosidad respecto al trato legal sobre los hijos nacidos en el matrimonio, fueran o no concebidos por el marido, el Código Civil Napoleónico consagraba el principio de la presunción de paternidad (cuyo origen se perdía en “la noche de los tiempos”, según Bigot de Préameneu): pater est is quem nuptioe demonstrant. El hijo concebido durante el matrimonio tenía por padre al marido, ya que la concepción se situaba por ley en el intervalo de tiempo que iba desde el día 300, hasta 180 días antes del nacimiento (art. 312). O sea, por ley, el padre de un nacido es el marido de la madre, situación que persiste de forma incuestionable, salvo que se demuestre lo contrario. Pero dejemos estas cuestiones de tipo fisiológico y legal, que justificarían por qué el sultán permitía la cohabitación del eunuco con sus concubinas sin miedo a que rompiera su línea de descendencia y que, por otro lado, obligaría a la manutención de los críos por parte del marido de la madre, según el Código Napoleónico.

Volvamos a la cuestión de los apellidos. Ya coloqué en mi blog una entrada llamada: En mi pueblo nos tocamos todos, que venía a mostrar la compleja mezcla de sangre que llevamos a cuestas, pues si subes hacia tus ascendentes irás multiplicando el número de tus apellidos en una progresión geométrica que dobla en cada generación el número de la anterior. Eso sin entrar en la seguridad o no de que quien te da el apellido te haya engendrado, claro. Se suele decir: “Los hijos de mi hija mis nietos son, los de mi hijo sábelo Dios”. No obstante, nos solemos identificar más con el del padre que con cualquier otro de los apellidos de nuestros ancestros, dado que es el que vamos arrastrando de generación en generación.

Centrándonos en el tema del apellido Porras, podremos decir que tiene bastante extensión a lo largo y ancho de España, basten algunos ejemplos y solo referidos a sujetos que lo llevan como primer apellido: Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) hay un total de 14.735 sujetos apellidados Porras en primer lugar, siendo las provincias de Málaga (2.376), Madrid (2.302), Barcelona (1.821) y Córdoba (1.415) los de mayor cantidad. La de Burgos, que se considera la cuna del apellido, como veremos más adelante, solo tendría 281 sujetos con ese primer apellido. Claro que esto debería ponderarse en función de los habitantes de cada provincia para ver el porcentaje sobre la masa total de sujetos. En este sentido aplicaremos el por mil habitantes y resultaría: Total de España 0,316 por cada mil habitantes; Málaga 1,459 por mil; Madrid 0,358 por mil; Barcelona 0,330 por mil y Córdoba 1,779 por mil, de donde resulta que el mayor índice de apellidos Porras lo encontraremos en la provincia de Córdoba, seguida de Málaga. La tercera sería Cáceres, que no ha sido incluida en cuanto a la cantidad total, pero tiene 1,147 por cada mil, siendo Burgos la cuna, como decía, también goza de un alto índice de apellidos Porras, con un 0,772 por mil, ocupando el cuarto lugar ponderado a nivel nacional.

Pero ya puestos, y a modo de curiosidad, superarían la media del Estado, que es de 0,316, las siguientes provincias, además de las ya mencionadas: Álava, 0,445; Badajoz, 0,440; Cádiz, 0,454; Cuenca, 0,809; Granada, 0,409; Palencia, 0,398; Salamanca, 0,495; Sevilla, 0,392; y Toledo, 0,342. Estos datos se pueden consultar, como ya he dicho, en el INE (Instituto Nacional de Estadística) cliqueando en el texto completo se carga el enlace a esa página.

Ya conocemos la incidencia del apellido Porras en las distintas provincias de España, pero nos falta ir a su procedencia. ¿De dónde viene ese apellido y cuales han sido los avatares que lo han diseminado por el país? Empezaré por el inicio, tomando algunas informaciones, lógicamente de difícil contrastación, pero que corren por las redes sociales, o sea, por internet:

Según algunos entendidos es un apellido de origen galo (Vease enlace). “No es un apellido ocupacional como algunos autores afirman, sino por el contrario es un apellido noble. Refiere una historia gala que el rey Alarico 1, fue retado a duelo por un etíope que se hacía acompañar de un enorme mastín. Sin embargo como este no podía rebajarse a pelear con un plebeyo, uno de sus primos que lo acompañaba le pidió que le concediera el honor de batirse por él. El rey accedió y su pariente escogió como arma una porra o macana.

Este dio muerte al etíope y al perro. Y su pariente le concedió un título nobiliario por tal hazaña. Concediéndole así mismo el privilegio -exclusivo del rey- de usar la flor de lis en su escudo. El escudo original es un perro blanco con una macana o porra colgando del cuello en un campo de azur -dorado o amarillo- con cinco flores de lis.

El apellido originalmente era Porres, sin embargo la castellanización del mismo Porras, ocurre porque los hijos segundos del noble Porres, que no pudieron acceder a los titulas y fortuna de su padre se dedicaron a ser soldados de fortuna. Por lo que fueron contratados por el reino de España para desalojar a los moros de la península Ibérica. Lo que lograron, posteriormente a ello les fueron concedidos titulas nobiliarios por sus servicios a la corona y se contrajeron matrimonio con damas españolas. La casa fuerte de la familia está en Valdeporres, Provincia de Burgos, España”.
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Existen otras aportaciones que sustentan diferentes visiones, más o menos documentadas, como es esta publicada en el enlace del Ayuntamiento de la Merindad de Valdeporres:

“Porras y Porres es el mismo apellido. Este linaje, uno de los primeros de Castilla, tuvo su solar y propiedades al Norte de la provincia de Burgos. A falta de documentación los genealogistas han acudido a una explicación fabulosa haciéndoles originarios de Francia y remontándoles, nada menos, que a tiempos de Clodoveo. Allí debido a cierta hazaña, ganaron las porras de su escudo. Este origen les venía además muy bien para explicar el empleo como motivo heráldico de las cinco flores de lis.

Según un descendiente, al casar D.ª Blanca con Sancho el Deseado trajo de mayordomo a Castilla a Pedro de Porras «el qual se quedó a vivir en Castilla y pobló un valle que llamó de su apellido que es el valle de Porres, en las montañas de Burgos». Desde aquí se extendería el linaje a otras partes de España, sobre todo Andalucía, Zamora y Segovia. La rama de América también existió. Un famoso descendiente sería San Martín de Porres «Fray Escoba».

Las crónicas nos hablan a menudo de sus intervenciones políticas, algunas tan apasionadas y desgraciadas como en las Comunidades. En las pruebas de las órdenes militares se les consideró siempre «como la primera nobleza de esta tierra».

Los más antiguos documentos dan a entender que fue el valle de Valdeporres y no la familia quien dio nombre a la zona, puesto que ya aparece con esta denominación en 1133. Según el Becerro de las Behetrías el pueblo de Porres no les pertenecía. Cidad, en cambio, aunque era behetría tenía por señor a Rui López de Porres.”
(Los interesados en conocer toda la información que se da en este enlace pueden cargarlo cliqueando aquí).

En todo caso, lo que parece confirmarse es que el apellido Porras proviene de la Merindad de Valdeporres, situada  al norte de la provincia de Burgos. Desde allí se extendió por toda la península a caballo de batallas contra los árabes durante todo el periodo de la conquista. La gente proveniente de esta merindad formó parte de los ejércitos cristianos y/o se fueron asentando en las zonas conquistadas conforme se consolidaba el dominio de las mismas. El resultado final es esta dispersión a la que he aludido al principio, con apellidos Porras por toda le geografía española; si bien los movimientos migratorios de la segunda mitad del pasado siglo, han provocado el desplazamiento de muchos de los actuales habitantes de las zonas industriales y urbanas, dejando más despoblado el mundo rural. 

Volviendo al tema de las merindades, como sabrás, conforman una comarca del norte de Burgos limitando con Cantabria. La de Valdeporres tiene como municipio principal el de Pedrosa de Valdeporres y es partido judicial de Villarcayo. Pocos habitantes, 440 en 2015, y una superficie de 120 Km2.


Estos son algunos datos de interés sobre ella (según la propia información del municipio publicada en su página web):

"Los ríos Nela y Engaña, en su cuenca alta, vertebran este territorio en el que se asientan recostados en las laderas meridionales de los Montes del Somo la docena de pequeños pueblos que componían la antigua Merindad de Valdeporres y que hoy, junto con los tres que pertenecieron a la Junta de Puentedey, constituyen el municipio denominado Merindad de Valdeporres.

El río Nela y los Montes del Somo, en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, son los dos ejes en torno a los que se han desarrollado los pueblos de esta histórica merindad castellana. El aprovechamiento forestal y ganadero ha sido el principal recurso para las gentes que desde tiempos remotos pueblan esta zona de la montaña en la cuenca del Alto Ebro. Durante los últimos siglos se desarrolló en las dos vertientes de estos montes un singular modo de vida ganadero relacionado con un peculiar sistema de trashumancia, la “muda”, que generó la denominada cultura pasiega con la que los pueblos de Valdeporres, algunos muy estrechamente, han estado vinculados.

La presencia del Neolítico


Las gentes del Neolítico que poblaban estas montañas dejaron huellas de su paso en forma de grandes construcciones de piedra de carácter funerario. Los dólmenes son cámaras rodeadas por grandes bloques de piedras hincadas, cubiertas por una gran losa, que servían como enterramientos colectivos vinculados a un clan o familia extensa. Normalmente se cubrían con un gran túmulo de tierra formando un círculo.

Algunos de estos monasterios tenían nombre propio, ya que eran de propiedad particular, y aparecen reflejados en  documentos medievales entre los siglos XI y XIV.

En Villavés al parecer existió un pequeño eremitorio, según se deduce de la mención que hace de él el documento fundacional del monasterio de Oña del año 1011. En su iglesia de San Juan Evangelista se conserva un tímpano semicircular con una inscripción del año 1159.

La iglesia de San Pelayo, en Puentedey, también conserva elementos románicos como el tosco tímpano que muestra la lucha de un guerrero con una serpiente.

La presencia señorial

A pesar del gran poder que tuvieron en esta zona familias como los Porres, los Manrique y los Velasco, a partir del siglo XVI casi todos los pueblos pasaron a ser de realengo y, agrupados en la Merindad de Valdeporres, formaron parte del Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja. Quintanabaldo, Brizuela y Puentedey, que no formaban parte de la Merindad, siguieron siendo de señorío de los Porres hasta la abolición de los señoríos a comienzos del siglo XIX.

La merindad hoy

Mercados artesanales y animadas fiestas patronales, como la matanza de San Martín de las Ollas, la Cucaña o el Belén Viviente de Puentedey, añaden color en los pueblos de la merindad." 


Bueno, pues de aquí parece que procedemos los Porras. Siempre me atrajo esta zona y he visitado algunos de sus pueblos como Orbaneja del Castillo, Frías, Oña, etc.  y visitaré, en cuanto pueda, Villarcayo, Medina de Pomar o Espinosa de los Monteros, además del propio Pedrosa de Valdeporres. 

Una cuestión final es reflejar algunos personajes célebres de este apellido, de los que resalto tres: 

  1. Gerónimo de Porras Mendez, poeta y sacerdote antequerano que nació en 1603 y murió en 1643, dejando como legado sus Rimas Varias, publicadas en 1639 en su ciudad natal. Es poco conocido y su obra está por estudiar más en profundidad. 
  2. Belisario Porras Barahona, (1856-1942) que fue tres veces presidente de Panamá.
  3. Raúl Porras Barrenechea, (1897-1960), fue un importante político peruano, presidente del senado y ministro.

Os dejo un mapa de la zona y la distribución de las merindades por si os apetece pasaros por allá.


miércoles, 30 de marzo de 2016

En mi pueblo todos nos tocamos...

Vista general de 1947

Esto de los 8 apellidos vascos, o catalanes, o andaluces, o lo que fuere, que no deja de ser una chorrada, tiene una interesante versión en la búsqueda del parentesco entre la gente de la misma localidad, lo digo por el hecho de que si indagamos en los ascendientes de cada cual, encontraremos que puede existir un mínimo grado de vinculación familiar entre todos y cada uno de los habitantes de la localidad de origen. En mi caso, aludo a Cuevas de San Marcos, mi lugar de nacimiento. Mis ocho apellidos más inmediatos son: Porras, Cabrera, Molero, Martínez, Perez, Collados, Velasco, Pueyo… y así hasta los 91 diferentes que he encontrado por la línea masculina directa de mi madre y padre. Esto me lleva a una reflexión que me permito hacer y desarrollar desde la ociosidad del jubilado como alternativa a otras actividades de bar u ocio típico de la madurez.

Veamos: Cuevas de San Marcos, por su ubicación en el límite noreste de la provincia de Málaga, es un pueblo singular. Apartado de las vías principales de comunicación, con acceso dificultoso en el pasado, acabó siendo un pueblo marginal como dehesa de Antequera, hasta que en 1806 recuperó la entidad propia perdida con su conquista por los cristianos en 1424. Si bien continuó con vías de comunicación insuficientes para relacionarse con los pueblos vecinos, pues era un pueblo finalista en el sentido de esas vías.

Ello nos llevó a una importante endogamia. Era difícil buscar novia/o en los pueblos vecinos por los desplazamientos. A veces surgían noviazgos, con sujetos de otros lugares, en los trabajos temporeros de la recogida de la aceituna, la vendimia, siega u otros, pero eran los menos, y siempre sujetos a las desconfianzas de no saber de qué familia eran, si era gente de fiar y honrada. Ya se sabe que en el pretérito, se miraba mucho la calidad de la familia a la que se iban a enlazar los hijos e hijas. Para los noviazgos se requería el beneplácito de los padres, el visto bueno a la procedencia del o la pretendiente.

Era, pues, mucho más fácil y seguro buscar la media naranja en el mismo pueblo, donde se conocía todo el mundo y, además, se garantizaba la relación con los hijos por la proximidad y vecindario, evitando que la hija o el hijo se fuera a vivir al otro pueblo. Los padres y madres intentaban controlar, no siempre con éxito, las locuras del enamoramiento, evitando que sus hijas, sobre todo, cayeran en manos de indeseables, borrachos, pendencieros y jugadores… gente de baja calaña que las arrastrarían al sufrimiento y al maltrato. Pero también procuraban que la pareja elegida estuviera en consonancia con ellos, buscando así que las relaciones familiares se consolidaran y mantuvieran a lo largo del tiempo, llegando, incluso, a garantizar su propio cuidado en la senectud.

Ya sabemos que las microculturas familiares, que son esas formas de actuar y entender la vida que se cultivan en el seno de cada familia, eran importantes. El proceso de ajuste de cada nueva pareja se facilitaba si había convergencia entre esas microculturas de las familias de origen. La moralidad y valores, la religiosidad, el ideario social, la historia familiar, la economía y la clase, sus recursos materiales y bienes, sus propiedades agrarias o negocios, etc. formaban otro abanico importante a la hora de aceptar al pretendiente. Por tanto, podríamos decir que para dar el visto bueno a una relación jugaban distintos factores, de los que entresaco los siguientes: Clase social, credo religioso, ideario político, valores de conducta e historia familiar, además del enamoramiento entre los sujetos, claro está.

¿Qué opciones les quedaba a los jóvenes para buscar su pareja? Ya sabemos que el enamoramiento es traicionero. Que una cosa es enamorarse y otra es el amor de verdad, que se consolida luego. Yo suelo descomponer la palabra ENAMORAMIENTO resultando: EN AMOR (A) MIENTO, pues si esa fase no se aprovecha para esa consolidación que refería, cuando pase el encanto habremos fracasado y aparecerá el desencanto irreversible, pues en aquellos tiempos la gente se casaba para toda la vida, “hasta que la muerte los separe”. La opción, pues, más saludable y segura era lo conocido, que en esa filosofía tan popular se justifica en: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, la malo y conocido es gestionable, lo bueno sin conocer es una incógnita.

Resultado de todo esto que os comento, era una sistemática mezcla de sangre entre los habitantes del pueblo con mayor o menor grado de parentesco. Si empezamos a investigar en escala ascendente, o sea a nuestros ancestros, seguro que encontramos algún grado de ese parentesco entre todos y cada uno de los habitantes del pueblo. En algunos casos, por cuestión de clase, puede que se escapen, pero en la mayoría encontraremos esa consanguineidad que nos vincula desde los antecesores. Eso quiere decir que en Cuevas de San Marcos, nos tocamos todos. Entiéndase que no es en sentido físico, vayan a quedarse ustedes con la idea de que somos unos promiscuos, sino en el metafórico, ya que hablamos de parentesco. Creo que, cuando vamos por la calle, cabría y sería justo saludar a los paisanos con el apelativo de pariente.

Marcos, y no sé si alguien más, según tengo entendido, hicieron un interesante trabajo volcando datos a un  programa informático de los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, de los habitantes de Cuevas, desde tiempo inmemorial, al menos desde el siglo XVII o XVIII, si no recuerdo mal. Ahondando en ellos, como ya he comentado al principio, desde mi línea paterna y materna, con algunas limitaciones que me impedían el acceso a determinadas ramas por falta de datos, hallé en mis antecesores hasta 91 apellidos diferentes, que abarcan a la mayoría de los que encontramos en Cuevas. Por tanto, el grado de posibilidad de compartir vínculos familiares con quienes ostentan esos apellidos es más que probable. Pero también lo es que, sin tenerlos en la actualidad, los encontremos en su ascendencia, con lo que volvería a tomar sentido esa afirmación de parentesco.

¿Concluimos, pues, que en mi pueblo somos una inmensa familia? Puede que sí. Y como familia no siempre se comparten las mismas ideas y posiciones, no siempre estamos de acuerdo, y surgen controversias que nos enfrentan, no ya por herencias o celos ante el favoritismo de nuestros padres, sino por la diversidad que se da en el proceso evolutivo de cada cual. Pero, en el fondo, integramos una misma entidad cultural compartiendo historia, vivencias, hábitos y conductas sociales, conflictos y acuerdos... en suma, somos eso, una familia cualquiera en su sentido más amplio, con infinidad de miembros que han de saber articular una vida en común compartiendo espacios y recursos, a la vez que respetar esa diversidad enriquecedora, de ideas y sentimientos, que nos proporcionará un valioso prisma visual de la vida. Tenemos muchas cosas en común para compartir, incluso los que hemos tenido que marchar a otros lares, aunque sea en esta primera generación de emigrantes… nuestros hijos son otra cuestión que, sin desvincularse de su historia, puede que se sientan más del lugar donde nacieron. Inculcarles el cariño e interés por nuestra tierra y nuestra historia es un valor a cultivar por aquellos que, habiendo tenido que irse por razones diversas, se siguen sintiendo cuevachos, hijos de Cuevas y de sus ancestros.

Cierro la reflexión mandando un saludo afectuoso a todos los Porras, Cabreras, Moleros, Martínez, Perez, Collados, Velascos y Pueyos, que comparten mis ocho apellidos de Cuevas y lo extiendo al resto de parientes que, en consonancia con mi razonamiento, son todos los habitantes de la localidad.




martes, 15 de diciembre de 2015

Felices Fiestas y año 2016


Ya se aproximan las Navidades y demás fiestas con el fin de año. Os dejo esta felicitación para todos los amigos y amigas de este blog, montada sobre fotos de Málaga en estos días.


"Cuando la luz crepuscular se pierde por el horizonte, un nuevo amanecer pregona primaveras de esperanza".


FELICES FIESTAS DE TODO CORAZÓN a todos y todas los que me seguís.