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martes, 16 de abril de 2013

Ocurrencia 20: Sobre el debate



Hace algunos años inicié un ciclo de reflexiones, al que llamé Ocurrencias, que se fundamentaban en una frase, más o menos conocida, propia o de otro autor, que servía de base para esa reflexión. Hoy lo retomo, en su edición 19, para reflexionar sobre esta frase mía sobre el debate.

“Cuando las emociones entran en el debate surge el conflicto, cuando son las razones llega el acercamiento”. 

Esta frase revela, o así lo entiendo yo, uno de los grandes problemas que aquejan a la sociedad. La falta o incapacidad de razonar asépticamente ante un argumento ajeno cuando no está en la línea de los nuestros. Nos sentimos agredidos si se nos quiere convencer de algo contrario a lo que pensamos, cuando se nos cuestiona lo que creemos. Interpretamos que se nos descalifica y se nos humilla si tenemos que asumir nuestro error y aceptar la argumentación ajena. Entonces aparece el aspecto emocional y perdemos la razón, la capacidad de discernir argumentalmente sobre el tema a debate. Creo que es un problema cultural, se nos ha hecho dogmáticos, en las ideologías y en los credos religiosos; se nos ha enseñado  a competir y ganar para no ser un fracasado. No se nos ha enseñado a aprender, a estar en disposición de asimilar enseñanzas, salvo que el enseñante tenga la autoridad que le otorga el conocimiento superior. Claudicar ante la argumentación de Einstein no es lo mismo que ante Perico de los Palotes, aunque Einstein diga una nimiedad y Perico una verdad como la copa de un pino. Tenemos asumida la diferencia entre el conocimiento de una autoridad en la materia y el de un igual a nosotros. Históricamente hemos aceptado que el médico sabe de medicina y nosotros a callar. El abogado de leyes y nosotros a callar. El matemático de matemáticas y nosotros a callar…

Aceptada esta asimetría en el conocimiento no cabe debate, pero cuando creemos tener la misma capacidad y competencia en una materia de discusión que pueda tener el otro, o los otros, entramos en ese debate, lo cual no es nada malo. Lo malo es la forma en que pueda desarrollarse. Si el debate se convierte en un proceso de acercamiento basado en la razón, estaremos ganando todos, pues incrementaremos nuestro saber. Ello requiere una posición de mente abierta para aceptar lo de verdad y positivo que aporte el otro. Pero si lo entendemos como un combate donde mi argumento ha de prevalecer, y se trata de mostrar ante los demás, incluyendo los espectadores, que tengo razón para convencerles, la cosa cambia. Entonces siento emociones y las transmito en ese momento. Son las emociones del combate, de la confrontación. Estamos en un ring y los espectadores toman partido pues de antemano están definidas las posiciones, sean políticas, religiosas, sociales o económicas… En todo caso andamos definiendo y defendiendo los valores del grupo con el que nos identificamos, del equipo de fútbol al que pertenecemos, de nuestra ideología, de nuestra religión, y esperamos ganar, salir airosos para satisfacer nuestro ego y el reconocimiento del grupo. He aquí ese aspecto emocional del debate. Los grupos se consolidan en base a credos, valores e ideas que los definen. Hacer tambalear esos nexos es un riesgo de desintegración equivalente a la muerte o desaparición del mismo, lo que hace que en esa lucha se vuelque las emociones y aparezcan estrategias en el inconsciente que nos llevan al enquistamiento ideológico, al dogma y los principios inalterables, al pensamiento encapsulado resistente a la argumentación lógica. No podemos permitirnos que nuestro grupo, nuestro partido político sea descalificado, ridiculizado y ninguneado ante su incompetencia o insolidez argumental.

¿Qué es lo que hay detrás de todo ello? Pues un claro predominio de los intereses del grupo al que representamos, en contraposición a la búsqueda de la verdad que exportaríamos al conjunto de la ciudadanía y que nos haría creces a nosotros y madurar como seres humanos, tal vez por eso se de esa virulencia, por la inmadurez de los tertulianos aunque tengan sesenta años. En todo caso, no nos interesa la mejora social, la búsqueda de la razón y la certeza sobre al tema del debate. Nuestro objetivo, aunque sea subconsciente, está en los intereses del grupo y su consolidación, y no en los del conjunto de la sociedad. Si fuera de la otra manera, estaríamos abiertos a la razón y los argumentos del otro, a aceptar que nos podemos equivocar y que estamos en disposición de asimilar la verdad y la evidencia venga de donde venga. Aquí es donde echo de menos al intelectual librepensador, que haberlos haylos, pero que, al no montar un espectáculo atractivo para los televidentes, no trae contratos de publicidad. 

Es patético ver a los tertulianos (“tontulianos” les suelo decir yo) ensalzados en una discusión que sistemáticamente descalifica al otro, intentando aseverar sus más insólitas barbaridades. Estos son los debates infructuosos, no solo por su contenido y forma, sino por su enseñanza. Transmiten a la ciudadanía una forma, un estilo de debatir que está condenado al fracaso, a la divergencia y el desencuentro. No fijan caminos de acercamiento para desmontar y paliar la violencia de la confrontación, sino que establecen una pugna, a la que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana a través del fútbol, del deporte y cualquier acto competitivo… hay que ganar!!! Lo importante no es participar, sino ganar. De esta forma nos encontramos a nuestros modelos de tertulia, a nuestros maestros, ejerciendo una conducta de confrontación e intransigencia que nos aleja del encuentro con los demás. Nos encerramos en nuestras ideas y descalificamos al contrario por sistema, incluso los insultamos con apelativos despectivos, y acabamos considerándolos nuestros enemigos en lugar de nuestros amigos de debate que nos pueden llevar a una mejor comprensión del mundo de las ideas y del tema que se trata.

Cuando uno pierde su capacidad e independencia de discernir libremente sin injerencias de otro u otros, acaba en la alienación. Deja de ser uno mismo para convertirse en los otros, en portavoz del grupo y sus consignas. Renuncia a la capacidad, que todo ser humano debería defender contra viento y marea, de ser libre lo más posible y de aportar su creatividad personal a la sociedad. Renuncia a su esencia, a su singularidad… Renuncia a sí mismo.

Es el razonamiento lo que ha llevado al desarrollo de la ciencia, a la evolución del ser humano. Son las emociones y los dogmas  los que han llevado a la confrontación y a la guerra, aunque también lo hayan hecho después a la paz y al amor, pasando de un extremo al otro, en la oscilación compensatoria, que lleva al sujeto a su inseguridad, al conflicto interno, a la percepción de la culpa, a compensar lo malo con lo bueno y a destruir lo bueno con lo malo que genera el egoísmo personal o de grupo, al desequilibrio y trastorno que forma parte de la vida irracional. 

Hay quien dice que las emociones dan la vida, que las oscilaciones anímicas permiten sensaciones de pena y alegría, de felicidad y malestar, que le dan sentido a esa vida. ¿Qué sería de la alegría si no existiera la pena para compararlas? Somos ciclotímicos por naturaleza, en mayor o menor grado (ver mi entrada de 2009). No podemos vivir sin emociones, pero podemos vivir con realismo y madurez, gestionando lo emocional en su justo término.  Abriendo nuestra mente a  la razón, asumiendo que somos seres pensantes, capaces de evolucionar desde esa condición hacia la búsqueda de una verdad superior, de discernir entre las cosas para hallar el sentido de la vida en común y su esencia desde la asimilación de la totalidad del entorno, de todos y cada uno de los elementos que integran el cosmos. Cuando debatamos con la intención de asimilar las buenas ideas y argumentos de los demás, sus razones, habremos ganado la vida y la evolución de los seres humanos en paz… Entonces seremos seres humanos maduros y constructivos, estableciendo sinergias desde la libertad y el compromiso social, para confluir en un mejor desarrollo de nuestra sociedad. Pero eso no creo yo que les interese a los grupos de poder...




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Ocurrencia 18: Tener algo que decir y decirlo…


"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Oscar Wilde

Hace casi 20 días que no cuelgo nada en mi blog. No escribo para publicar, para compartir por esta vía. Pero son varias las causas que lo soportan. Por un lado esa apatía que a veces te invade; por otro, el agobio de las tareas que te requieren; también pesan las excesivas afluencias de ideas que manan impulsadas por la situación actual y acaban bloqueando la salida, como si taponaran la boca del envase que las contiene.

Es cierto, además de las tareas que agobian por estas fechas, las felicitaciones de Navidad, los correos que se presentan en tropel, las compras de regalos, preparación de las fiestas, demandas familiares y de amigos, comidas de hermandad y un largo etc… tengo la duda de cual es el tema a tratar, el que merece más la pena para escribir.

Dice Oscar Wilde: “Tener algo que decir y decirlo…” Pero hay tantas cosas para decir, tanto sobre lo que escribir que, como decía, quedas bloqueado. No sabes de qué hablar, de qué escribir…

¿Escribo sobre la posición del PP en su alocada marcha irresponsable hacia el poder, con sus subterfugios y manipulaciones mediáticas y su programa oculto de servilismo al neoliberalismo?

¿Lo hago sobre la traición del Psoe a sus principios programáticos y su bajada de pantalones ante los poderes fácticos de la banca, el capital y los organismos internacionales?

¿Tocamos el tema de la solvencia de nuestra clase política, de sus sujetos cínicos, del acorralamiento de los honrados y la prevalencia de los corruptos o acomodaticios?

Puede que un interesante tema sea el mundo sindical y su ineficacia y obsolescencia para dar respuesta a las demandas actuales y a los retos de la globalización y el proceso iniciado con la crisis actual

¿Acaso deshilo la trama de la gran falacia de la globalización, que han montado para que el capital y la empresa tumben fronteras a sus mercancías y acceda a la explotación de los menores y de los ciudadanos de los países en desarrollo sacando pingües beneficios?

¿O tal vez tocamos el tema de la democracia secuestrada por los poderosos, por quienes son dueños de la prensa, la banca, los créditos y el dinero que mueve el mundo?

Claro que podríamos hablar de la mierda que está soltando Wikileaks sobre las maniobras entre bastidores de nuestros dirigentes nacionales y mundiales. De cómo se nos engaña y manipula hasta conseguir el voto y hacer, luego, de su capa un sayo…

También podría escribir sobre por qué se garantiza al ciudadano un analgésico para quitarle el dolor y no se le receta un plato de comida para evitarle el otro dolor que produce el hambre y la miseria…

O por qué no se prioriza el gasto para garantizar las pensiones en lugar de derrochar el dinero en otras cosas…

Tal vez podríamos hablar de por qué los gobiernos no garantizan los derechos constitucionales a una vivienda digna, a la educación, al bienestar del la ciudadanía y gasta la pasta en salvar la banca y deja en la miseria a los desempleados y echa de sus casas a los hipotecados insolventes…

Y qué me dicen de los medios de comunicación que van idiotizando al ciudadano con banalidades hasta arrojarlo a la mediocridad y a la sumisión, siendo la voz de su amo…

También podríamos intentar desmontar su juego… el de los pasos que van dando hasta crear sensaciones y temores para conformar sujetos dóciles, sumisos, resignados, manejables, corderitos… La profecía autocumplidora, el efecto pigmalión, el modelado del hombre del futuro para servir al progreso, entendido como la riqueza material… Cuando no, los hechos consumados…

¿Y si trato la creación de un nuevo orden mundial en contraposición al que están fraguando los neoconservadores y sus adláteres?

Estoy convencido de que los cambios vertiginosos que está sufriendo nuestra sociedad son imparables, pero también son conducibles y orientables hacia el bien del colectivo humano y no de unos pocos… Tal vez haya que empezar a escribir sobre eso, para crear un nuevo espíritu de los tiempos que se contraponga al que nos están imponiendo…

El pensamiento positivo nos levanta, el negativo nos hunde. Ellos nos están haciendo pensar en negativo para que en la caída abismal nos conformemos con parar en algún sitio y nos lleven a su terreno, cuando la lucha debe ir por evitar la propia caída y huir de esa premisa. El poder del pensamiento está en generar la situación mediante su propia intención.

De todas formas, amigos y amigas, aquí os dejo mi confesión, para abrir un campo de reflexión pues seguro que vosotros también andáis preocupados por estos menesteres y en cómo hacernos más humanos, más desarrollados intelectual y espiritualmente.

miércoles, 28 de abril de 2010

Ocurrencia 17 (Cabalgando)


“Montado en el ayer, cabalgo en el presenta hacia el futuro. Según lo que haga hoy será mi cabalgadura del mañana”.

Somos lo que somos por lo que fuimos. A lo largo de la vida nos forjamos y, día a día, vamos conformando ese perfil personal que nos hace singulares. Bebemos de las fuentes que nos encontramos en el camino, digerimos los nutrientes que vamos descubriendo en el entorno y definimos y construimos el carro en el que circulamos. La libertad está en conducir el propio vehículo y no dejarse llevar por otros conductores a su antojo. Es la única forma de ser dueños, dentro de lo posible, de la propia vida y destino, de orientar y gestionar nuestro proyecto vida.

domingo, 21 de marzo de 2010

Ocurrencia 16 (Creciendo con las vivencias)

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“Lo que desarrolla al hombre no es lo que vive, sino cómo lo resuelve”.

Muchas veces nos planteamos cómo pueden ser tan distintas dos personas que han pasado por las mismas circunstancias. Dos hermanos, de los mismos padres, criados de forma similar en un mismo hábitat, resultan ser muy diferentes.

Podríamos entender que un mismo hecho debe tener la misma incidencia en la educación de un sujeto. Nada más lejos de la realidad. El hecho en sí mismo es un estímulo que nos da la oportunidad de vivir y resolver una determinada situación, aquella que se nos presenta. De aquí la dificultad y complejidad de un proceso educativo y/o formativo solvente.

Pero lo que realmente nos enseña, lo que nos hace crecer y conformar una determinada personalidad, un estilo y forma de acometer los problemas, una actitud ante la vida, en suma, un posicionamiento ideológico, actitudinal y conductual, es la forma en como hemos ido resolviendo las vivencias.

Cuando nos enfrentamos a una situación conflictiva, y no la resolvemos adecuadamente, puede quedar un trauma o frustración psicológica que nos marca y condiciona las conductas futuras, en todo o en parte. Pero si la respuesta ha sido la adecuada el problema, o situación conflictiva, ha quedado resuelto y habremos aprendido de la experiencia, lo que implica un desarrollo.

Por tanto un mismo problema mal resuelto es frustrante, castra la evolución y desarrollo, mientras que una adecuada respuesta que lo solucione, nos permite adquirir conocimiento y capacidad de solventar esa y situaciones similares.

Podemos pensar, entonces, que una situación conflictiva, más que un peligro, es una oportunidad de cultivarnos, de desarrollo personal. Al fin y al cabo la propia vida es un campo de aprendizaje donde, día a día, vamos adquiriendo experiencia y conocimiento. El miedo, producto de la inseguridad y desconocimiento ante una situación complicada, debería ser sustituido por una actitud de alerta y disposición para acometer el problema sin temor a las consecuencias, sino con la expectativa de resolución y, en todo caso, de aprender de la experiencia, sea cual fuere el resultado del intento de resolución. Nuestro aprendizaje se produce mediante la valoración final de la respuesta y sus consecuencias. El feedback, o retroalimentación, nos dará la información que nos permita evaluar la idoneidad de la conducta ejercitada.

En este sentido, creo que la clave está en el sistema de afrontamiento de los problemas. Sin descartar la elección contingencial para cada caso, es decir, según que circunstancia cabe un sistema de afrontamiento, es aconsejable que, en principio, sea el sistema de afrontamiento directo el que prevalezca. El afrontamiento directo implica una disposición para resolver el problema definitivamente, para dar respuesta, a la circunstancia que se presenta, de forma eficaz. En contraposición, el escape-evitación solo es aconsejable ante una circunstancia que no podemos resolver con los recursos de los que disponemos y estamos sobrepasados por la demanda. En el convencimiento de que es una situación puntual, difícilmente repetible o, al menos, es evitable en un futuro. Si el león te va a comer en plena selva, corre y escapa. Pero si trabajas allí, procura tener medios adecuados para neutralizar ese peligro la próxima vez.

En suma, para facilitar nuestro crecimiento personal, nuestro desarrollo, es conveniente ver en cada vivencia una oportunidad, más que un peligro, aunque ambas cuestiones se manifiestan a la par. Es la ocasión de dotarnos de recursos para resolver la situación de forma definitiva y evitar la amenaza hoy y siempre.

LA VIVENCIA NO ES LO MAS IMPORTANTE, SINO COMO LA RESOLVEMOS.


viernes, 29 de enero de 2010

Ocurrencia 15 ¿Usted para quien trabaja?


Hace más de dos meses que no cuelgo una reflexión de las llamadas ocurrencias. Esta, que he titulado ¿Usted para quien trabaja?, se sustenta en la expresión:

“Robar no es, solamente, hacerse con lo que ya tiene otro, sino evitar que consiga lo suyo”.

La pregunta anterior lleva implícito el hecho de que alguien se lleva los beneficios de tu trabajo. Es decir, que tu rendimiento no repercute en ti en la medida que debiera y otro sujeto, que no ejerce la actividad productora, se beneficia de ella de forma descompasada.

La génesis de cualquier capital desmedido implica el desvío o sustracción de remesas de beneficios hacia el mismo, en detrimento de los otros actores del proceso productivo. Este hecho se justifica al amparo de la inversión y primando el valor del dinero sobre el del propio trabajo.

El sistema, injusto de por sí, entiende que quien tiene capital está facultado para gestionar el trabajo y tiene licencia para establecer los márgenes de beneficios en función del mercado, pero sin valorar que ello tenga que repercutir en los ingresos del trabajador. Es la herencia de la vieja historia de la burguesía como eje social de la economía.

En la revolución industrial fue el capital el motor de las inversiones y de la dinámica productiva. El sujeto solo se limitó a actuar como instrumento o herramienta, nada pensante, sometido a la monotonía de una actividad puramente mecánica. Se me viene a la mente la imagen de Chalot en “Tiempos modernos” cuando sale de la fábrica con el tic adquirido en su actividad en la cadena de producción.

Ahora se ha cambiado el protagonismo del trabajador y la mecánica ha dejado paso a la inteligencia. Por lo que el empresario ya no es el elemento pensante por definición, sino el especulador del capital y el estratega del mercado.

Quiere eso decir que habría que cambiar y/o modificar la relación capital-trabajo; cosa alto improbable por la resistencia del capital a dejar paso, en la toma de decisiones referentes al reparto de beneficios e inversiones, al ejecutor de la actividad productora. En suma, se sigue tratando de un desajuste en la distribución de los beneficios y renta del trabajo productivo, cuando, tanto el empresario como el trabajador, forman parte de la empresa en el sentido productivo. Es tremendamente expresivo que un kilo de patatas valga 2 euros en el mercado y le paguen 30 céntimos al agricultor.

Creo que el gran problema que se está dando en estos momentos en la negociación de los agentes sociales (empresarios y trabajadores) radica en que la empresa pretende, al amparo de su papel clásico en la génesis de empleo, hacerse valer para invertir y crear empleo. Como siempre el dinero manda y quien lo tiene lo administra, incluyendo el chantaje a los gobiernos para que les faciliten el seguir incrementando sus beneficios sin importarles el beneficio colectivo y el compromiso del contrato social.

En conclusión, los capitales no se han fraguado quitándole a otros lo que ya tenían, sino hurtando y evitando que obtenga el beneficio justo que genera su trabajo.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

Ocurrencia 14 (La mediocridad)


Como sabéis, suelo colgar de cuando en cuando una ocurrencia. Le llamo ocurrencias a pensamientos de mayor o menor ingenio, que afloran de forma inesperada como respuesta a un estímulo casual, dónde la reflexión singular pretende plasmar una idea de cierta originalidad y de especial trascendencia en el proceso de razonamiento o asimilación de las vivencias personales. Toma ya explicación!!! Pido disculpas...

“La mediocridad siempre está en la acera de enfrente”.
En este caso, esta me surge tras ver las diferentes argumentaciones que se sustentan, sobre todo en política, para defender el posicionamiento personal respecto a las ideas. Se suele observar que, según la tendencia ideológica del sujeto, el calificativo de mediocre se coloca en el rival. Zapatero es un mediocre... Rajoy es un mediocre... etc. O sea, en la acera de enfrente, sin entrar en las connotaciones de orientación sexual que también se le dio a la referida acera.

Obviando las disquisiciones sobre estas valoraciones personales, sí pretendo reflexionar sobre el porqué se suele despreciar al rival, calificarle de mediocre y no darse cuenta de la propia mediocridad.

Según la RAE, mediocre es: “De calidad media”. “De poco mérito, tirando a malo”. Ser mediocre es el final de la inmensa mayoría de la sociedad, es lo normal, la calidad media. O bien, mediocre es quien se encuentra en medio, tirando para abajo. Esta última acepción es la que domina en estos descalificativos que usamos, en plan peyorativo, con respecto al rival político: la mediocridad tirando a malo.

La congruencia argumental, y por ende cognitiva, lleva, en muchas ocasiones, a la defensa a ultranza de nuestras ideas, sin fisuras ni aceptación de crítica. Esa posición de prepotencia, en consonancia con ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, específica de mentes cerradas, conlleva una actitud defensiva y de reafirmación rayando en el infantilismo o la inmadurez psicológica. Nada existe absolutamente bueno o malo. No valorar al otro implica la pérdida de la ocasión de aprender algo al conocerlo.

Los seres humanos funcionamos mucho por comparación. Se establecen unos baremos donde predomina el hecho comparativo. Yo soy más alto, más guapo o lo que fuere, que el otro. Por tanto, lo importante nos es, únicamente, que yo sea guapo, sino que el otro sea feo. En este sentido, el mundo de la política, por sus connotaciones especiales, es un buen ejemplo de ello. Ya no se trata de presentar las cosas en positivo, sino de hacerlo en el menor grado negativo. Es decir, el programa del otro, la actitud del otro, su honradez, etc. son malísimos... Yo soy malo, pero tú eres peor... ¡Pues anda que tú! Elige, pues, entre el menos malo.

Esa estrategia se forja en dos frentes, en mostrar mis bondades y en resaltar los defectos del otro. Hasta ahí la cosa está bien. Lo malo es cuando la estrategia se establece en denostar al otro prioritariamente, para evitar comprometerse en el programa propio. En pedir un cheque en blanco, basado en la confianza, porque el otro es muy malo y no se puede confiar en él, pero en mí sí, en lugar de hacer una oferta atrayente desde el punto de vista político. Por tanto, no me dedicaré a esclarecer mis propósitos, sino a maquillarme la cara y, si es posible, a rompérsela al contrario, así se me percibirá más guapo. Luego, hay que denostar al otro, acusarle de mediocridad, crear el convencimiento de su incompetencia, no reconociendo sus logros y exhibiendo sus errores, en convertirlo en un sujeto pusilánime, patético, inepto, torpe e ignorante. Incapaz de tomar las decisiones que fueran necesarias para dirigir un gobierno.

Así pues, el objetivo principal se centraría, cuando hablamos de los procesos embaucadores, en vilipendiar al contrario hasta crear una opinión generalizada de ineficacia y rechazo al adversario. ¿Cómo se puede hacer eso? Lógicamente, machacando con mensajes en esa dirección, mediante los medios que se tengan al alcance. En este caso los medios de comunicación de masas y la participación activa de los afines, de los de esta acera, para hacer ver la mediocridad en la acera de enfrente.

El papel de los medios requiere un análisis aparte, pero quien domina los medios crea opinión, sobre todo en gente de bajo perfil crítico y discernimiento limitado. Y quien domina los medios siempre es el dueño. El dueño es el dinero, el interés y el negocio... eso de la libertad de prensa es una utopía que, al menos yo, no me la trago sin hacer una amplia digestión de cada caso. Berlusconisss vendrá que nos abrirán los ojos, o nos los cerrarán llevándonos a la estulticia y a la sumisión, si no andamos alerta.

Y yo me pregunto: ¿No es más mediocre el que ve la mediocridad en la acera de enfrente sin ver la suya propia? Mucha gente no sabe bien donde está la acera de enfrente. Valga este chiste para dejar buen sabor de boca, relajar el debate y poner el colofón a la reflexión con una sonrisa (en este caso, el mediocre creo que es quien pregunta):

Se cuenta que un sujeto preguntó a un transeúnte dónde estaba la acera de enfrente.
El transeúnte le respondió:
- “allí”.
El sujeto sorprendido le respondió:
- ¡Pero si acabo de estar allí y me han dicho que está aquí!



lunes, 26 de octubre de 2009

Ocurrencia 13 (La idea única)




“No hay nada más peligroso que una idea sin otra para contrastarla”.


Esta frase, que la leí por algún lugar y no recuerdo dónde, me caló y me hizo reflexionar sobre el asunto ampliamente, enfocándola a las ideas de trascendencia social de tipo político y/o religioso. Ciertamente, la orfandad de una idea la devalúa. Su mérito no existe, en tanto no ha sido ganadora de ninguna confrontación con otra aseveración sobre ese mismo tema. Por ello, está condenada al anacronismo, al no tener la posibilidad de la evolución que nuevos nutrientes aportan. Esos nutrientes se obtienen de la contrastación con otras visiones o posiciones y la asimilación de planteamientos que la enriquezcan, asumiendo el riesgo de la descalificación por perder su verdad relativa en la confrontación con la otra idea.

Por tanto, estas ideas únicas se presentan como enquistadas, encapsuladas, resistentes a la argumentación lógica. Su falta de permeabilidad las hace inmutables y se venden como verdades y dogmas que están por encima de los valores personales e individuales, como causas sublimes y nobles que requieren el sacrificio, la obediencia y el esfuerzo común para implantarlas en beneficio de la colectividad. Consecuentemente, son frenos evolutivos que pretenden mantener un estatus quo, casi siempre para preservar ventajas, prebendas e intereses del grupo dominante y garante de la idea única.

La idea única es descalificadota, prepotente e impositiva en tanto no acepta otra, al sentirse en posesión de la verdad. La historia está cargada de etapas donde la idea única se ha impuesto sobre las demás. Eso sí, siempre ha sido generalizada bajo la amenaza, la coacción o la violencia física y verbal, si bien es cierto que ha tenido adeptos que instrumentaron su imposición.

El adepto a la idea única suele ser un sujeto de pensamiento pobre, sin capacidad o voluntad de discernimiento, obviando los que la apoyan por mera conveniencia. Esa vaguedad ideológica le deja a disposición del dictador y del totalitario que defiende la idea. Es el campo de cultivo donde recoge el fruto y la fuerza para imponerse, por dejación, digamos, de funciones cívicas por parte del conformista, que acaba siendo sumiso, estableciendo una relación de “clientelismo ideológico”, concepto que merece una reflexión aparte. Lógicamente, el totalitario, dictador y ostentador del poder por esta vía, no tiene el más mínimo interés en despertar la curiosidad intelectual del sujeto, sino en mantenerlo obediente, carente de sentido crítico, amparado en principios jerárquicos que le garanticen la sumisión.

Esa idea puede tener connotación de misión o macro-objetivo, sustentado por una estructura de coherencia ideológica de tipo místico-religioso, cargada de dogmas y creencias, amparada por principios de corte divino donde la cuestionabilidad es reprobada. Es el caso de las religiones con sus dogmas y creencias irrefutables al abrigo de la fe e infabilidad difícilmente explicables.

La otra vertiente, que entiendo tanto o más peligrosa, es la idea única desde el punto de vista político. Las dictaduras, del signo que fuere, son un claro ejemplo de ello. Cuando se intenta imponer un sistema político no participativo, con anulación de la capacidad crítica del ciudadano y buscando su sometimiento a esa idea única que justifica el régimen imperante, lo primero que se pretende es evitar la crítica del sujeto, mentalizándole para que acepte el pensamiento del grupo dominante y sus lacayos como la base de la convivencia ciudadana, descalificando y criminalizando a aquellos que practiquen la disidencia.

El colmo es cuando se alían la religión y la política, circunstancia vivida en nuestro país tantos años, y siglos pasados, y que se está dando en bastantes países del mundo musulmán en la actualidad, sin obviar la influencia que sigue teniendo la religión en nuestro entorno judeo-cristiano.

En todo caso, la base que consolida el sistema es la alienación, entendida como la define el diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”. Es decir, que su conciencia no se ajusta a lo que su propio objetivo o función como ser humano debería significar. Ello lleva a una disonancia cognitiva, que solo es sostenible cuando la capacidad de decisión, o la responsabilidad sobre los hechos que se generen, se proyectan sobre los hombros del patrón o promotor de la idea, del jerarca que manda, de la "autoridad competente", quedando exento de culpa el sujeto.

Por eso los integrismos religiosos me repugnan, las ideas políticas excluyentes me repatean y los sujetos intransigentes, que se creen en posesión de la verdad y son irrefutables, me dan miedo y pena a la vez. Yo sigo manteniendo aquello de que “la mente es como un paracaídas, solo funciona cuando se abre”.


viernes, 2 de octubre de 2009

Ocurrencia 12 (Intuición)



“Intuyo que mi intuición me engaña”

Parece un planteamiento paradójico, mi intuición valorando a la propia intuición. Pero, veamos… ¿qué es la intuición? Podemos otorgar la categoría de sinónimos suyos a la corazonada, presentimiento, clarividencia, percepción, sospecha, instinto… En todo caso, para mí, la intuición es un fenómeno o proceso de razonamiento subconsciente, o inconsciente, que nos permite una opinión o visión de un asunto de forma automática. Es decir, que basándose en las experiencias habidas a lo largo de nuestra vida, sumadas al, llamemos troquelado genético, o huellas que se han ido marcando en nuestro subconsciente filogenéticamente, de generación en generación, como respuesta a las circunstancias vividas por nuestros antepasados, nos hemos dotado de una serie de principios y valores, de esquemas evaluativos, de referentes o modelos de contrastación, que definen los elementos claves que integran el proceso de razonamiento subconsciente. Es decir, que de forma automática, sin necesidad de someterse a un procedimiento de razonamiento consciente, escapa a la lógica de cualquier actuación de discernimiento controlado. Por tanto, desde un punto de vista teórico, tiene un componente de subjetividad dado que no existe la tangibilidad, o evidencia, de los elementos que la integran.

Estos son los aspecto que, bajo mi criterio, son de especial importancia en este proceso:

Lenguaje no verbal, mediante el cual y de forma automática, vamos interpretando mensajes no verbales que pueden contradecir al propio mensaje verbal. La comunicación no verbal comporta la interpretación de una serie de posturas, tonos, gestos, miradas, actos y respuestas neurofisiológicas perceptibles que dan al mensaje un valor referencial de primera magnitud. La forma de dar la mano, sostener la mirada, la sonrisa, la tensión muscular, etc… da una información que instintivamente procesamos y determina la formación de la intuición.

Las experiencias vividas a lo largo de nuestra vida, han ido definiendo qué tipo de actuaciones o conductas fijan las características de un individuo. Por tanto, cualquier rasgo que observemos en un sujeto y tenga similitud con otro que hayamos evaluado en experiencias anterior, nos llevara a aplicarlo a la situación actual con los criterios de la situación histórica. Ejemplo: Esta cara me recuerda a alguien bueno, luego este sujeto ha de ser bueno… Incluyo aquí, los prejuicios, que son aquellas opiniones o juicios que establecemos sobre algo, de acuerdo con las experiencias vividas, y que generalizando por extensión, sin criterios selectivos, a otras situaciones similares.

La disponibilidad o necesidad interna de relación. En un momento dado estamos en disposición de establecer determinados tipos de relación, bien sea social, profesional o amorosa, por lo que buscaremos, en los sujetos, las características que potencien o faciliten ese tipo de contacto, creando de formas intuitiva opinión, percepción o sospecha, de que un determinado sujeto es el adecuado para esa relación. Un día de discoteca, con un calentón, estamos en disposición de hacer una valoración distinta de determinados sujetos en función del objetivo de la relación.

La necesidad de hipótesis. Ante cualquier circunstancia desconocida necesitamos de una hipótesis que dé una explicación al hecho en sí mismo. Es imprescindible, cognitivamente, tener una idea de qué y cuáles son las circunstancias que nos rodean, de qué tipo de sujeto es el que se nos presenta... Este tipo, o circunstancia, me dio mala espina, mi instinto me dice que no es buena gente… Habrá que confirmarlo.

Situación expectante. Es el estado de expectación que se crea ante algo nuevo y desconocido. Establecida la hipótesis hemos de confirmarla y ello nos lleva a disponernos analizar toda circunstancia o hecho que pueda acarrear información que nos permita esa contrastación, por lo que mantenemos la atención de forma sistemática, hasta que nos demos por satisfechos con la opinión que hemos elaborado sobre el sujeto.

El miedo reflejo. Es esa aprensión o desasosiego que se da de forma automática en los seres humanos, en relación a situaciones, escenarios o elementos que se nos presentan e hinca sus raíces en la noche de los tiempos. Miedo a las serpientes, a la oscuridad, a los espíritus, a lo desconocido… miedo incontrolado.

Posibles variables desconocidas. Es un saco hipotético donde meto supuestos que me afloran de forma “intuitiva”, como pueden ser la valoración por asonancia energética, el fenómeno al que llamamos química entre dos sujetos, el flechazo, etc. Hago referencia a la percepción de fenómenos diversos, de los que no tenemos constancia o evidencia científica, pero que pudieran condicionar la elaboración inconsciente del juicio u opinión. Es una puerta abierta a lo desconocido, a la hipersensibilidad, a la supuesta energía cósmica, etc. Es la licencia del agnóstico que no cree hasta que no se lo demuestran, pero que no deja de creer en la posibilidad de que exista…

Esto es, a modo de resumen, una reflexión sobre el tema. Estoy convencido que se han quedado cosas en el tintero y puede que en los comentarios aparezcan otros elementos que yo no he considerado.

Por tanto, la intuición es una elaboración inconsciente, basada en las variables descritas, que se escapa a nuestro control. Pero como la dinámica de la propia evolución social es tan activa, nos podemos encontrar con que los parámetros con los que se está valorando sean obsoletos, estén fuera de lugar y no se puedan aplicar a las circunstancias actuales, con lo que mi intuición me estaría engañando. Por eso digo: “Intuyo que mi intuición me engaña…” y, considerando lo que dicta el corazón, acabo intentando comprenderlo con la mente y la razón.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Ocurrencia 11 (Los tres verbos mágicos)


Saber, querer y poder…. He aquí los tres verbos que han de concurrir obligatoriamente en todo acto humano. Si sabemos, queremos y podemos tenemos garantizado el hecho pretendido.

1. Saber consiste en tener los conocimientos necesarios sobre las técnicas y actividades a realizar para conseguir el objetivo.

2. Querer es un acto de voluntad, de motivación, que incita a hacer, a ejecutar, lo que pretendemos.

3. Poder implica poseer los recursos necesarios para su ejecución, la fuerza directa o los instrumentos que nos la proporcionen.

No basta con saber y querer si no puedes. No basta con saber y poder si no quieres. No basta con querer y poder si no sabes. Los tres se han de dar al unísono, a la vez, para poder ejecutar el propósito o la acción.

Por ello, cuando queremos hacer algo, es bueno ver donde está el déficit para ejecutarlo y cultivar la parte que corresponde a ese verbo, a fin de lograr el objetivo.


jueves, 10 de septiembre de 2009

Ocurrencia 10 (La Duda)


“La duda es la madre del conocimiento”

Si no dudas, si no te preguntas y buscas respuestas no creces. Si no dudas te estancas porque ya crees que lo sabes todo. Aunque creas que ya has llegado a la verdad, aunque creas que el recorrido del camino terminó, piensa que tu conocimiento y tu capacidad son limitados y no abarcan el todo, que después de esto hay algo más, algo que posiblemente no has llegado a comprender aún, porque tus conocimientos no se han dispuesto para ello, no han creado la estructura que pueda soportar ese conocimiento.

Existe, pues, la duda estéril y la fecunda. La duda estéril es aquella que no se pregunta y, si lo hace, no busca respuesta, es conformista, se da por satisfecha con lo conocido, con lo cotidiano y desaparece. La fecunda se siente preñada por la pregunta, se cuestiona y busca respuestas hasta satisfacer su curiosidad y resolver el enigma. La fecunda tiene conciencia de que solo progresa si resuelve la duda, para encontrar otra duda al la vuelta de la esquina, otra ventana abierta desde donde mirar el mundo.

Las verdades incuestionables nos atrapan y condicionan la evolución, nos postran ante otros que se definen poseedores de la verdad absoluta y nos lo creemos y caemos en sus garras, bajo su poder y voluntad, que no es otra que limitar nuestro conocimiento y crecimiento para que ellos se sientan grandes comparativamente y se crean con el derecho a pensar por nosotros… si acaso, son creadores de dudas estériles que mueren en el acto.

¡Pan y circo al pueblo para que no piense!

No sé, puede que lo que digo no sea del todo cierto, pues mi conocimiento es limitado… a lo mejor las cosas son de otra forma…pero ahora lo veo así.

“Dudo, luego existo en desarrollo”

viernes, 3 de abril de 2009

Ocurrencia 9 (Los principios)


"Un principio sostenido en el tiempo puede ser la negación de la evolución".

Todas las culturas y sociedades han establecido y fomentado principios que las solidifiquen, que las sostengan en el tiempo. Los principios dogmáticos típicos de las religiones, son un claro ejemplo de ello. Son los que plantean la mayor resistencia al cambio y la innovación. Por tanto, pretenden conformar en los sujetos unos esquemas de valores inamovibles y de proyección que garanticen el sistema de pensamiento y poder establecido. Cualquier evolución que cuestione esos principios es rechazada y, por ende, vivida como agresiva, a la que hay que desmontar (al pobre Galileo le tocó la china). La cuestión, entonces, está en la dicotomía mente cerrada, mente abierta. Mientras mayor rigidez social se dé respecto a los principios que la sustentan, mayor esfuerzo y contundencia es necesario para modificarlos y mayor resistencia al cambio y la evolución.

Creo que un principio (valores) se mantiene en un principio (tiempo), pero estamos en disposición de cuestionarlo y modificarlo en función de las nuevas aportaciones que se vayan presentando en el proceso evolutivo y de crecimiento personal, sin que ello deba causar ningún tipo de trauma. Por tanto, estos son mis principios (no como decía Groucho) y estoy dispuesto a modificarlos si usted me demuestra que hay otros mejores. Lo contrario es intransigencia, integrismo religioso, o renuncia al crecimiento racional y razonable.

sábado, 28 de marzo de 2009

Ocurrencia 8 (Heteroimagen)


"Lo que los demás piensen de ti, no depende tanto de cómo tú eres, sino de cómo son ellos".

La opinión que se forma la gente está condicionada por los esquemas que se han fraguado por razón de sus principios, valores, experiencias, etc. mediante cuya aplicación evalúan aquello que perciben. En suma, depende más de su propia personalidad y cogniciones que de cualquier otra cosa. Por tanto, la heteroimagen o imagen que creemos que los demás tienen sobre uno, es carente de fundamentación sólida, pues a su vez también se aplica el principio de esta ocurrencia, por lo que se desvía de la realidad. La gente no suele pensar de nosotros aquello que creemos. En todo caso, la relación y la comunicación corrigen las desviaciones. La proximidad, o no, de esquemas entre uno y otro, sí permite que podamos acercarnos en las apreciaciones de valoración, pues nos dota de baremos similares.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ocurrencia 7 (El encuentro)


“La vida es el arte del encuentro”. (Facundo Cabral)


La expresión de Facundo Cabral la avalo con todas las ocurrencias que he publicado hasta ahora. Todas ellas aportan algo significativo a ese arte del encuentro entre las personas, pero también al encuentro con la naturaleza y con todo el entorno que nos nutre o nos acosa. El encuentro, con visión positiva, siempre será interesante, pues hasta de lo malo se sacan consecuencias provechosas.

Ocurrencia 6 (Sonrisa)



“Una sonrisa es el inicio de la felicidad”.

En uno de aquellos cursos que solemos hacer en busca del perfeccionamiento, la felicidad y el amejoramiento en general, Fidel Delgado, psicólogo avezado en estas lides, nos decía que para empezar bien el día era conveniente asomarse al espejo y durante quince segundos mantener la sonrisa, lo que nos llevaría al buen humor, pues la distensión muscular y la disposición psicológica que se generaba, garantizaba el inicio de una buena jornada de trabajo. Yo, con el tiempo acabé confiando en ello y colgué en mi despacho un cartel con la frase de esta ocurrencia. Hoy sigo pensando que una sonrisa es el primer paso para entrar en la senda de la felicidad, tal vez por eso las sonrisas me enamoran…

Ocurrencia 5 (Paracaídas)




“La mente es como un paracaídas, solo funciona cuando se abre”.

Es una expresión que siempre me gustó. Plantea la necesidad de mente abierta para crecer y desarrollarse, hacer de esponja que capte todo lo que hay en nuestro entorno. Ahora bien, el que funcione no quiere decir que se lo trague todo, sino que inicie el sano proceso de la digestión intelectual, que el razonamiento y el discernimiento sean los jugos gástricos que permitan una buena digestión de las ideas. En boca cerrada no entran moscas, pero tampoco comida y acabas falleciendo de inanición.

sábado, 7 de marzo de 2009

Ocurrencia 4 (Comunicar)



“El arte de comunicar está en hablar el idioma del que escucha”.





Mi experiencia profesional en el mundo sanitario me hace concluir que hay gente que se parapeta en el idioma o la especialización para delimitar y ostentar el poder de su conocimiento incuestionable. Aún recuerdo la expresión del familiar de un paciente, ante la explicación del facultativo sobre el resultado de una gasometría, dándole información sobre la misma (PH, PO2, PCO2, saturación O2, etc.) que concluyó con la pregunta: ¿Y cuando lo operan?


A mis alumnos en la universidad siempre les recalqué la frase de la ocurrencia, pues entiendo que la comunicación es una herramienta de primera magnitud, no solo en la relación terapéutica, sino en todo tipo de relación humana. Cuando uno tiene por objetivo hacer llegar un mensaje a alguien, es imprescindible valorar el feed-back y reconducir el mismo mediante la conjunción del sistema de codificación y descodificación; es decir, ajustando la codificación para que sea descodificada por el receptor de forma fiel y veraz.

lunes, 2 de marzo de 2009

Ocurrencia 3




"Bienaventurado el que se ríe de sí mismo, porque nunca le faltarán motivos"

sábado, 28 de febrero de 2009

Selección de amigos



Si Un amigo es aquel con el que se puede pensar en voz alta”, puedo concluir que si digo todo lo que pienso, es decir, si soy asertivo, decantaré mis amistades y descubriré quienes son de verdad mis amigos. Por tanto, "aventaré mis ideas para separar la paja del grano".
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Os invito a participar aportando vuestras ocurrencias en los comentarios.

viernes, 27 de febrero de 2009

Ocurrencias (Dos son seis)


Empiezo a colgar, con esta etiqueta, algunas ocurrencias o pensamientos de mayor o menor ingenio, que afloran de forma inesperada como respuesta a un estímulo casual, dónde la reflexión singular pretende plasmar una idea de cierta originalidad y de especial trascendencia en el proceso de razonamiento o asimilación de las vivencias personales.

Esta no es mía (creo que es de Unamuno), pero siempre me ayudó a comprender mejor las circunstancias que se dan en una interacción con otra persona, por lo que creo tiene derecho al privilegio de ser la primera en publicarse:

“Entre tú y yo no somos dos personas, sino seis: Tú tal como eres, tú tal como te ves y tú tal como yo te veo; yo tal como soy, yo tal como me veo y yo tal como tú me ves”.