jueves, 16 de junio de 2016

Sobre el apellido Porras.


Mi abuelo José Porras Perez
No se extrañarán, los que me conocen, de este texto. Ya saben que, de cuando en cuando, me da por ponerme a escribir sin más que una idea inicial y voy dando cuerpo al texto en función del flujo que mana de mi pensamiento. En este caso, hace tiempo, un familiar me pidió información sobre nuestro apellido, su procedencia y cuanto conocimiento tuviera sobre él. Acumulé datos conforme los fui obteniendo y ayer me los encontré, lo que provocó un deseo de escribir sobre ello y ofrecerlo, no solo a mi familiar directo, sino a todos aquellos que puedan tener interés por conocer algo sobre este apellido. Este es el resultado que, en el apartado Mis cosas de mi blog, coloco para los interesados. Eso sí, el asunto no está exento de una introducción en mi línea habitual de la reflexión.
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Si nos paramos a pensar eso del apellido paterno no es garantía de una línea de descendencia segura y única. Una de las razones del machismo a través de la historia es el control y sumisión de la mujer para garantizar que cuando conciba sea por acción directa del marido. El control no se ejerció solo por el sometimiento físico y económico controlando los recursos por parte del macho guerrero, sino por el propio sistema de valores donde la moral exigía la fidelidad incuestionable, hasta el punto de que el hombre no se sintiera engañado por la mujer y fuera el verdadero padre de la criatura. En esta dinámica entraron las religiones que, por ser las responsables de salvaguardar los principios morales de forma directa, marginaron en responsabilidad teológica y de diseño dogmático a la mujer (sobre este tema habría mucho que escribir, pero no viene ahora al caso). De esta manera, tal como dice Engels en su libro: El Origen de la Familia la Propiedad Privada y el Estado, el macho garantizaba que todo el capital y hacienda conseguido a lo largo de su vida fuera a  parar a su verdadero hijo, a la vez que garantizaba la pureza de sangre en su descendencia.

En el mundo árabe las mujeres permanecían en el harén sin contacto con varón alguno para evitar ser fecundadas por quien no fuera  el marido, aunque se les permitía relacionarse con los eunucos, sujetos esclavos sometidos a castración que se encargaban del servicio y control de los harenes. Esta relación, que en un principio tenía solo el sentido de servicio, llegaba en algunas ocasiones al contacto sexual, pues ser eunuco, dependiendo del proceso de esterilización, no significaba incapacidad para la erección y la eyaculación, puesto que la eyaculación tiene su origen en el líquido seminal que se produce en la próstata, si bien, al no tener glándulas hormonales (testículos) no podrían dejar embarazada a la mujer. No obstante, creo que la erección es de menor duración y consistencia que la de un sujeto normal.

Esto de la paternidad, como se ve, es cuestión compleja, sobre todo hasta hace bien poco, pues en la actualidad, con eso del ADN, se saca de dudas a cualquiera mediante un análisis no muy completo. Ahora bien, a ver quién se atreve a pedir esa prueba sin pelearse con la ofendida mujer. Esa duda del macho, que resultó una constante a lo largo de la historia, provocó celos y conflictos de pareja, y los sigue provocando, sobre todo cuando la mujer reclama sus derechos y, entre ellos, la libertad soberana de usar su cuerpo, lo que provoca el conflicto si no se tiene conciencia de la responsabilidad y compromiso de fidelidad con la pareja de cara a la reproducción, o sea, de tener y criar hijos comunes. Como curiosidad respecto al trato legal sobre los hijos nacidos en el matrimonio, fueran o no concebidos por el marido, el Código Civil Napoleónico consagraba el principio de la presunción de paternidad (cuyo origen se perdía en “la noche de los tiempos”, según Bigot de Préameneu): pater est is quem nuptioe demonstrant. El hijo concebido durante el matrimonio tenía por padre al marido, ya que la concepción se situaba por ley en el intervalo de tiempo que iba desde el día 300, hasta 180 días antes del nacimiento (art. 312). O sea, por ley, el padre de un nacido es el marido de la madre, situación que persiste de forma incuestionable, salvo que se demuestre lo contrario. Pero dejemos estas cuestiones de tipo fisiológico y legal, que justificarían por qué el sultán permitía la cohabitación del eunuco con sus concubinas sin miedo a que rompiera su línea de descendencia y que, por otro lado, obligaría a la manutención de los críos por parte del marido de la madre, según el Código Napoleónico.

Volvamos a la cuestión de los apellidos. Ya coloqué en mi blog una entrada llamada: En mi pueblo nos tocamos todos, que venía a mostrar la compleja mezcla de sangre que llevamos a cuestas, pues si subes hacia tus ascendentes irás multiplicando el número de tus apellidos en una progresión geométrica que dobla en cada generación el número de la anterior. Eso sin entrar en la seguridad o no de que quien te da el apellido te haya engendrado, claro. Se suele decir: “Los hijos de mi hija mis nietos son, los de mi hijo sábelo Dios”. No obstante, nos solemos identificar más con el del padre que con cualquier otro de los apellidos de nuestros ancestros, dado que es el que vamos arrastrando de generación en generación.

Centrándonos en el tema del apellido Porras, podremos decir que tiene bastante extensión a lo largo y ancho de España, basten algunos ejemplos y solo referidos a sujetos que lo llevan como primer apellido: Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) hay un total de 14.735 sujetos apellidados Porras en primer lugar, siendo las provincias de Málaga (2.376), Madrid (2.302), Barcelona (1.821) y Córdoba (1.415) los de mayor cantidad. La de Burgos, que se considera la cuna del apellido, como veremos más adelante, solo tendría 281 sujetos con ese primer apellido. Claro que esto debería ponderarse en función de los habitantes de cada provincia para ver el porcentaje sobre la masa total de sujetos. En este sentido aplicaremos el por mil habitantes y resultaría: Total de España 0,316 por cada mil habitantes; Málaga 1,459 por mil; Madrid 0,358 por mil; Barcelona 0,330 por mil y Córdoba 1,779 por mil, de donde resulta que el mayor índice de apellidos Porras lo encontraremos en la provincia de Córdoba, seguida de Málaga. La tercera sería Cáceres, que no ha sido incluida en cuanto a la cantidad total, pero tiene 1,147 por cada mil, siendo Burgos la cuna, como decía, también goza de un alto índice de apellidos Porras, con un 0,772 por mil, ocupando el cuarto lugar ponderado a nivel nacional.

Pero ya puestos, y a modo de curiosidad, superarían la media del Estado, que es de 0,316, las siguientes provincias, además de las ya mencionadas: Álava, 0,445; Badajoz, 0,440; Cádiz, 0,454; Cuenca, 0,809; Granada, 0,409; Palencia, 0,398; Salamanca, 0,495; Sevilla, 0,392; y Toledo, 0,342. Estos datos se pueden consultar, como ya he dicho, en el INE (Instituto Nacional de Estadística) cliqueando en el texto completo se carga el enlace a esa página.

Ya conocemos la incidencia del apellido Porras en las distintas provincias de España, pero nos falta ir a su procedencia. ¿De dónde viene ese apellido y cuales han sido los avatares que lo han diseminado por el país? Empezaré por el inicio, tomando algunas informaciones, lógicamente de difícil contrastación, pero que corren por las redes sociales, o sea, por internet:

Según algunos entendidos es un apellido de origen galo (Vease enlace). “No es un apellido ocupacional como algunos autores afirman, sino por el contrario es un apellido noble. Refiere una historia gala que el rey Alarico 1, fue retado a duelo por un etíope que se hacía acompañar de un enorme mastín. Sin embargo como este no podía rebajarse a pelear con un plebeyo, uno de sus primos que lo acompañaba le pidió que le concediera el honor de batirse por él. El rey accedió y su pariente escogió como arma una porra o macana.

Este dio muerte al etíope y al perro. Y su pariente le concedió un título nobiliario por tal hazaña. Concediéndole así mismo el privilegio -exclusivo del rey- de usar la flor de lis en su escudo. El escudo original es un perro blanco con una macana o porra colgando del cuello en un campo de azur -dorado o amarillo- con cinco flores de lis.

El apellido originalmente era Porres, sin embargo la castellanización del mismo Porras, ocurre porque los hijos segundos del noble Porres, que no pudieron acceder a los titulas y fortuna de su padre se dedicaron a ser soldados de fortuna. Por lo que fueron contratados por el reino de España para desalojar a los moros de la península Ibérica. Lo que lograron, posteriormente a ello les fueron concedidos titulas nobiliarios por sus servicios a la corona y se contrajeron matrimonio con damas españolas. La casa fuerte de la familia está en Valdeporres, Provincia de Burgos, España”.
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Existen otras aportaciones que sustentan diferentes visiones, más o menos documentadas, como es esta publicada en el enlace del Ayuntamiento de la Merindad de Valdeporres:

“Porras y Porres es el mismo apellido. Este linaje, uno de los primeros de Castilla, tuvo su solar y propiedades al Norte de la provincia de Burgos. A falta de documentación los genealogistas han acudido a una explicación fabulosa haciéndoles originarios de Francia y remontándoles, nada menos, que a tiempos de Clodoveo. Allí debido a cierta hazaña, ganaron las porras de su escudo. Este origen les venía además muy bien para explicar el empleo como motivo heráldico de las cinco flores de lis.

Según un descendiente, al casar D.ª Blanca con Sancho el Deseado trajo de mayordomo a Castilla a Pedro de Porras «el qual se quedó a vivir en Castilla y pobló un valle que llamó de su apellido que es el valle de Porres, en las montañas de Burgos». Desde aquí se extendería el linaje a otras partes de España, sobre todo Andalucía, Zamora y Segovia. La rama de América también existió. Un famoso descendiente sería San Martín de Porres «Fray Escoba».

Las crónicas nos hablan a menudo de sus intervenciones políticas, algunas tan apasionadas y desgraciadas como en las Comunidades. En las pruebas de las órdenes militares se les consideró siempre «como la primera nobleza de esta tierra».

Los más antiguos documentos dan a entender que fue el valle de Valdeporres y no la familia quien dio nombre a la zona, puesto que ya aparece con esta denominación en 1133. Según el Becerro de las Behetrías el pueblo de Porres no les pertenecía. Cidad, en cambio, aunque era behetría tenía por señor a Rui López de Porres.”
(Los interesados en conocer toda la información que se da en este enlace pueden cargarlo cliqueando aquí).

En todo caso, lo que parece confirmarse es que el apellido Porras proviene de la Merindad de Valdeporres, situada  al norte de la provincia de Burgos. Desde allí se extendió por toda la península a caballo de batallas contra los árabes durante todo el periodo de la conquista. La gente proveniente de esta merindad formó parte de los ejércitos cristianos y/o se fueron asentando en las zonas conquistadas conforme se consolidaba el dominio de las mismas. El resultado final es esta dispersión a la que he aludido al principio, con apellidos Porras por toda le geografía española; si bien los movimientos migratorios de la segunda mitad del pasado siglo, han provocado el desplazamiento de muchos de los actuales habitantes de las zonas industriales y urbanas, dejando más despoblado el mundo rural. 

Volviendo al tema de las merindades, como sabrás, conforman una comarca del norte de Burgos limitando con Cantabria. La de Valdeporres tiene como municipio principal el de Pedrosa de Valdeporres y es partido judicial de Villarcayo. Poco habitantes, 440 en 2015, y una superficie de 120 Km2.


Estos son algunos datos de interés sobre ella (según la propia información del municipio publicada en su página web):

"Los ríos Nela y Engaña, en su cuenca alta, vertebran este territorio en el que se asientan recostados en las laderas meridionales de los Montes del Somo la docena de pequeños pueblos que componían la antigua Merindad de Valdeporres y que hoy, junto con los tres que pertenecieron a la Junta de Puentedey, constituyen el municipio denominado Merindad de Valdeporres.

El río Nela y los Montes del Somo, en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, son los dos ejes en torno a los que se han desarrollado los pueblos de esta histórica merindad castellana. El aprovechamiento forestal y ganadero ha sido el principal recurso para las gentes que desde tiempos remotos pueblan esta zona de la montaña en la cuenca del Alto Ebro. Durante los últimos siglos se desarrolló en las dos vertientes de estos montes un singular modo de vida ganadero relacionado con un peculiar sistema de trashumancia, la “muda”, que generó la denominada cultura pasiega con la que los pueblos de Valdeporres, algunos muy estrechamente, han estado vinculados.

La presencia del Neolítico
Las gentes del Neolítico que poblaban estas montañas dejaron huellas de su paso en forma de grandes construcciones de piedra de carácter funerario. Los dólmenes son cámaras rodeadas por grandes bloques de piedras hincadas, cubiertas por una gran losa, que servían como enterramientos colectivos vinculados a un clan o familia extensa. Normalmente se cubrían con un gran túmulo de tierra formando un círculo.

Algunos de estos monasterios tenían nombre propio, ya que eran de propiedad particular, y aparecen reflejados en  documentos medievales entre los siglos XI y XIV.

En Villavés al parecer existió un pequeño eremitorio, según se deduce de la mención que hace de él el documento fundacional del monasterio de Oña del año 1011. En su iglesia de San Juan Evangelista se conserva un tímpano semicircular con una inscripción del año 1159.

La iglesia de San Pelayo, en Puentedey, también conserva elementos románicos como el tosco tímpano que muestra la lucha de un guerrero con una serpiente.

La presencia señorial
A pesar del gran poder que tuvieron en esta zona familias como los Porres, los Manrique y los Velasco, a partir del siglo XVI casi todos los pueblos pasaron a ser de realengo y, agrupados en la Merindad de Valdeporres, formaron parte del Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja. Quintanabaldo, Brizuela y Puentedey, que no formaban parte de la Merindad, siguieron siendo de señorío de los Porres hasta la abolición de los señoríos a comienzos del siglo XIX.

La merindad hoy
Mercados artesanales y animadas fiestas patronales, como la matanza de San Martín de las Ollas, la Cucaña o el Belén Viviente de Puentedey, añaden color en los pueblos de la merindad." 


Bueno, pues de aquí parece que procedemos los Porras. Siempre me atrajo esta zona y he visitado algunos de sus pueblos como Orbaneja del Castillo, Frías, Oña, etc.  y visitaré, en cuanto pueda, Villarcayo, Medina de Pomar o Espinosa de los Monteros, además del propio Pedrosa de Valdeporres. 

Una cuestión final es reflejar algunos personajes célebres de este apellido, de los que resalto tres: 

  1. Gerónimo de Porras Mendez, poeta y sacerdote antequerano que nació en 1603 y murió en 1643, dejando como legado sus Rimas Varias, publicadas en 1639 en su ciudad natal. Es poco conocido y su obra está por estudiar más en profundidad. 
  2. Belisario Porras Barahona, (1856-1942) que fue tres veces presidente de Panamá.
  3. Raúl Porras Barrenechea, (1897-1960), fue un importante político peruano, presidente del senado y ministro.


Os dejo un mapa de la zona y la distribución de las merindades por si os apetece pasaros por allá.


2 comentarios:

Rosa Flores dijo...

Qué interesante todo lo que has escrito!!! Nunca supe de dónde venía mi apellido y ahora me he entusiasmado (ya sabes que me llamo Porras Flores). Gracias por tu magnífica aportación, y como siempre, que Dios te bendiga. Gracias.

Antonio dijo...

Celebro que te guste, Rosa. Son curiosidades, más que otra cosa, sobre los ascendentes de uno, que seguro se han diluido en tantos otros cruces de sangre y apellidos, como digo.
Un abrazo