Para compartir mis inquietudes, para hacerte llegar mis vivencias y experiencias, para estar más cerca de ti, si me lo permites… Tu haces de ellas lo que estimes oportuno, yo te abro una ventana desde la que verás mi propia perspectiva del mundo. Si quieres nos asomamos juntos, si no te apetece basta con no mirar por ella. La filosofía del blog la podrás encontrar en la presentación, donde se desarrollan las causas y objetivos que me planteo con él.
Esta
semana ha sido una semana intensa y fructífera. El lunes un interesante debate,
celebrado en el Ateneo de Málaga, de la mano de José Olivero Palomeque, sobre
el tema: ¿Aprendemos de la Historia? ¿Por qué? El martes, en el aula de cultura
del diario SUR, una no menos atractiva conferencia sobre el tema: “Patria chica
y patria grande: Sentimientos de pertenencia en la España medieval”, a cargo de
José Angel García de Cortazar, catedrático de historia medieval. El jueves una
visita al Museo Ruso, donde pudimos ver el impresionante muestrario de obras de
arte que se han expuesto en esta ciudad, integrantes de la magnífica colección
del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, con más de 400.000 obras en su
haber. Esta tarde, si no surgen inconvenientes de última hora, asistencia en el
Museo Rando a la representación de “TERESA”, una obra de Jesús Baena y José
Infante.
En el
Museo Ruso encontramos excelentes muestras de la iconografía clásica rusa,
heredada como expresión religiosa del ortodoxo Bizancio, y una no menos
interesante colección de obras de arte expresivas de la evolución de la pintura
rusa de los últimos 500 años. Se completa la exposición con una exhibición de
obras del poeta y pintor Pável Filónov, singular personaje que vivió en la
miseria, mientras creaba un imponente conjunto de pintura que se negaba a
vender para que no salieran de su patria. Muerto de inanición en el sitio de
Leningrado por las fueras alemanas en 1941. Su hermana, con el tiempo, facilitó
que su obra fuera conocida formando una importante colección que pasó a
propiedad del Estado. Lo podemos considerar como un “anticubista” basado en el
principio del arte analítico, tal como define su pensamiento: «elcubismorepresenta objetos usando elementos de
su superficie geométrica, pero los "realistas analíticos" deberían
representar objetos usando elementos de su alma interior». Por tanto, habla de
la expresión profunda del sujeto pictórico y no de la superficialidad de la
imagen expresada en sus diferentes caras o planos visuales. Ello reviste a su
obra de un carácter enigmático que lleva, incluso hoy día, a muchos
historiadores a no saber a ciencia cierta qué significado tienen. Aconsejo que
no se pierdan esa exposición tan exótica para los, como yo, inexpertos y
desconocedores del arte ruso. A los amantes de ese tipo de arte les agradará
doblemente, estoy seguro.
Dejemos la obra de Filónov y el museo, pare centrarnos algo
más en la deriva del pensamiento a raíz de las otras dos actividades, el debate
sobre si aprendemos de la historia y la conferencia
sobre la pertenencia.
No podemos deslindar, a la hora de establecer cualquier
análisis de los hechos actuales e históricos, la propia concepción del sujeto,
sus vivencias y sus principios, que matizarán sistemáticamente cualquier
razonamiento analítico, por muy interesado que se esté en mantener la aséptica
posición respecto al hecho analizado. La objetividad máxima del sujeto siempre
tendrá una dosis de subjetividad, que viene determinada por esa singularidad
del individuo. Pero, sabedor de esto, cualquier sujeto que pretenda debatir
deberá considerar que esa subjetividad, que otorga la visión y el análisis
personal de los hechos, tiene como contrapartida válida la visión de los otros,
que aportarán otra forma de ver las cosas para mayor enriquecimiento de cada
cual. Si el debate se plantea desde la mente abierta y desde la modestia
receptiva respecto a la argumentación de los demás, se garantiza un resultado
excelente.
Tras los debates habidos, yo me atrevería a reseñar algunas
cuestiones que fueron centrándose sobre las circunstancias actuales en esta
crisis que vamos gestionando con diferente fortuna:
En primer lugar habría que significar que existe una guerra o
lucha entre el capitalismo salvaje, que intenta controlar la economía mundial,
a través del dominio del llamado mercado libre, y la ciudadanía en general, a
la que este concibe como mero elemento de producción y consumo.
Este intento de controlar las estrategias y gestión política
de la convivencia y de las relaciones intra e internacionales, se da en un
marco de dominio del mercado financiero, del control y sumisión de la clase
política, mediante el gobierno de la gestión económica de los propios partidos,
y de sus intereses personales y colectivos, de la canalización y preponderancia
en el flujo mercantil y económico internacional al amparo de la globalización y
mediante el uso sistemático del chantaje en la gestión de la deuda pública de
cada estado y del control de la crisis.
El capitalismo salvaje busca controlar y gobernar el mundo
desde el factor económico, asimilando el desarrollo con la idea de producción y
evolución de los mercados, pasando por encima de los estados y otorgándose el
poder de un control panestatal donde su influencia abarque al conjunto de los
estados mundiales a través de las economías globalizadas
En este sentido existe una geoestrategia que pretende dominar
las fuentes energéticas en su conjunto. De ahí se desprenden conflictos en
áreas de domino que acaban sacrificando a la población, empobreciéndola y
llevándola a la miseria hasta conseguir su inclusión en la esfera de influencia
de ese mundo dominando. De esos polvos aparecen los lodos que nos inundan y
ahogan con tanta tensión y el cultivo de los psicópatas que siembra el terror y
el odio desde su mediocridad y vileza humana.
Se juegan demasiados intereses internacionales en
determinados espacios, como es el caso del pueblo Sirio, en los cuales el valor
de las vidas de los seres humanos es relativo. Hemos de tener en cuenta que con
8.000 millones de habitantes el equilibrio en la tierra es insostenible. ¿Qué
más da que las noticias de la televisión sean una realidad o una película, si
desde el despacho no se tiene conciencia de la existencia de los que padecen y
mueren?
Si queremos aprender de la historia habrá que criticar la
cultura social imperante y pensar en cambiarla. Esta crisis es una crisis
cultural, no coyuntural o estructural vista a lo clásico. Los principios,
valores, credos e ideologías han de estar al servicio del ser humano y no de
los selectos grupos de poder que se atribuyen el dominio y gestión de los
intereses generales de los pueblos.
El concepto de soberanía popular y democracia choca
directamente con esa concepción de dominio y gestión del mundo desde los
despachos, entre bambalinas, que regentan los poderosos del dios dinero.
Bienvenida la democracia siempre que elijan a los gobernantes que nos
interesan, clamarán desde esos despachos.
El efecto colateral aflora cuando es imposible controlar el
integrismo cultivado y potenciado para eliminar al enemigo establecido en la
geoestrategia, al que se le soportará determinada actividad en determinadas
esferas pero no en el corazón del dominador, al menos que de ello se saque
algún tipo de provecho.
Entonces… ¿Cómo resolver la crisis planteada con el desmarque
de los inoculadores del terrorismo yihadista? Esa es la gran pregunta.
Si el yihadismo ha surgido ideológicamente del mundo
musulmán, es este mundo, con el apoyo de la civilización occidental, el que
debe eliminarlo, neutralizarlo desde la desautorización y condena, desde la
beligerancia, desarmándolo ideológica y religiosamente. El principal actor en
esta lucha antiterrorista ha de ser el mundo musulmán, sintiéndose integrado,
apoyado y respetado por los estados laicos occidentales. El porcentaje de
muertes en actos terrorista en inmensamente superior en los países musulmanes
que en Europa u occidente.
Al constructo Estado Islámico no se le puede dar crédito, no
se trata de una guerra entre estados, sino de la persecución de actos
criminales cometidos por sujetos que violan el derecho a la vida, sujetos que
no son súbditos de otro estado, sino del que consta en su pasaporte.
Es imprescindible el diálogo entre rusos, europeos,
americanos y fuerzas locales para estabilizar la región y crear estructuras de
poder, viables y competentes, en un marco de cooperación y desarrollo de la
zona desde la singularidad de cada país. No es la guerra la solución, sino el
desarrollo de este punto. Hace falta una solución a largo plazo que no es la militar, sino una
solución política y diplomática que no sea una reacción a actos de violencia.
En fin, estas son las posibles
conclusiones que pudieran sacarse de las exposiciones y debates que se dieron.
Pero, como ya he dicho, cada cual, desde su singularidad y personalidad, sacará
los propios.
La revistaTerralacaba de publicarme este relato, pero
como hay gente que comenta no poder acceder a la misma, dejo el enlace a la
citada revista y lo complemento con el texto que se publica. (Para acceder a la
revista cliquea en la palabra Terral que soporta el hipervínculo. Es el segundo
de los tres relatos que se publican).
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Apoyado en el quicio de la puerta, un niño de ocho años,
observaba las calles de la aldea esperando la vuelta de sus padres tras su agotadora
jornada de trabajo en el campo. Era un día gris y nublado, del incipiente otoño
de 1958, que empezaba a castigar con su brisa las mejillas churretosas e infantiles
de los niños a la salida del colegio. En muy poco tiempo se había pasado del
tórrido verano a un octubre amenazante e inhóspito, precursor de un gélido
invierno. El menesteroso vestuario se hacía evidente para dar protección de la
imprevista conducta del alocado clima y un ligero temblar le mostraba su
insuficiente indumentaria para acometer el cambio de temperatura que se iba
manifestando poco a poco. Al fondo, en la realenga, donde los carruajes y las
bestias habían plasmado su impronta dejando una irregular superficie, observaba
el lugar por donde deberían aparecer los hombres y mujeres que volvía cansados
de las labores del campo, mientras un remolino jugaba con la tierra y elevaba
el polvo, como un manto, tamizando el horizonte. Empezaba a sentir frío y
hambre. Sus amigos y compañeros ya estaban a cubierto en sus casas, mientras él
esperaba en la puerta la gratificante imagen de sus padres, sus caricias y
protección, sus cuidados y esmero, que le proporcionaban esa sensación
inenarrable de seguridad… ¡Dios mío, que no me falten nunca! pensaba el
chiquillo. Sentía escalofríos solo con figurarlo, y volvía a su mente la imagen
de Pedro con su tos incontrolable y sanguinolenta, que le había llevado a la
tumba dejando una caterva de chiquillos hambrientos y desamparados, bajo el
paraguas de la madre indefensa.
Su faz denotaba cierta preocupación, su mirada extraviada
y a la vez expectante, mostraba la angustia de la espera. El sol, con su misión
cotidiana cumplida, se inclinaba suavemente sobre el horizonte buscando el
merecido descanso, dando paso a una luna creciente embajadora de la noche. El
día había hecho estragos en su estampa y, la pulcritud matinal, dejada por el
amor de la madre antes de su marcha a los campos, dio paso a su aspecto
desaliñado y churretoso. Cabeza rapada para ahuyentar piojos, sandalias de
goma, pantalón corto marcado con manchas y parches y, a la par, zurcidos
primorosos, camisa de corte casero repleta de lamparones producto de las
travesuras, de sudor y tierra, de llantos y risas, de golpes y abrazos, de
juegos de niños semiabandonados.
Al frente se yergue la nueva construcción de una caseta que ampara al
transformador que ha modificado la aldea. Hasta ahora, junto a las chimeneas,
solo las lámparas de carburo, quinqués y candiles cargados de historia, habían
alumbrado las lúgubres noches otoñales. Aquella mágica luz que guardaba la
caseta y fluía por los cables le maravillaba. Su padre le había explicado el
extraño mecanismo del invento y empezaba a comprender, a su temprana edad, que
aquello cambiaría la aldea, que las cosas ya no serían como antes.
En su casa, la primera radio que había visto en su vida,
le fascinaba. Su padre sintonizaba emisoras, escuchaba el parte, se distraía
con el cante flamenco y las voces de Antonio Molina, Juanito Valderramas, Antonio
Mairena, La Paquera, La Niña de los Peines… Un sin fin de coplas y cantares que
le alegraban el crepúsculo. Era un gran aficionado al cante; incluso cantaba en
los encuentros con los amigos en el bar y durante las faenas del campo. Sus
coplas estaban cargadas de pena, de amores frustrados, de amores de madre y de
hijos. Otras veces eran de alegrías y cantos de vida, de holganza y requiebros,
de enamoramientos. En ese momento, dejándose llevar por el subconsciente empezó
a tararear la cantinela: “El preso número nueve ya lo van a confesar, está
rezando en su celda con el cura del penal…”
Pero hace ya unas noches fue distinto. Esa noche le observó sintonizando en la
radio, con un sonido chirrión de onda corta, otra emisora. El volumen bajo,
casi imperceptible si no estabas cerca. Al final una voz de mujer con tono
chillón anunciaba Radio España Independiente, la Pirenaica. Empezó a escuchar
proclamas extrañas, hablaban de Franco, ese hombre tan bueno, según la maestra,
que salvó a España de tantos males, de los malvados comunistas, de los que
atentaban contra la religión y querían destruir España. Pero esta mujer no
decía eso. Lo ponía de asesino, sanguinario, traidor y fascista, dictador amigo
de Hitler y de Mussolini. Pronto caería su régimen y volvería la república para
liberar a los trabajadores del yugo del capital, pregonaba.
Entonces tuvo miedo. Miró a su padre con preocupación esperando respuestas,
pero él seguía con la oreja pegada a la radio, como ausente, embebido en el
tono y el verbo de aquella señora que iba revelando cosas que no comprendía. Su
madre no dejaba de repetirle que un día tendrían un disgusto, que alguien podía
oírlo y decírselo a los civiles que le llevarían detenido al cuartelillo. Él ya
sabía cómo se las gastaban los civiles, los otros niños mayores comentaban sus
actos, las palizas y amenazas, el desprecio y la soberbia que les caracterizaba
para con los vencidos en la pasada guerra y el servilismo que practicaban con
los vencedores. No obstante, la magia de la radio le llamaba y, con ella y aquel
discurso extraño, abría la puerta de otra dimensión desconocida e intrigante.
Entonces el mundo cambió para él. Todas las noches, sin que sus progenitores se
dieran cuenta, se acercaba a la radio para oír lo que decía aquella mujer y
otros que también hablaban. Disimulaba para que sus padres no notaran su
interés, para que los civiles no pudieran descubrir que lo oía todo. Por la
noche daba vueltas a las cosas intentando descubrir que había detrás de todo
aquello. Perdió la fe en lo que decía la maestra, empezó a descubrir la
injusticia y el abuso del señorito, a sentir pena por el campesino explotado
que rendía su gorra al paso del soberbio señor en su caballo. Le habían puesto
en cuestión el sistema y el orden que lo mantenía. Aquello no tenía por qué ser
así. Por primera vez vio al señorito en simetría con los demás y empezó a no
comprender las diferencias; si su padre trabajaba la tierra más que el dueño,
si los frutos que daban eran producto de su trabajo, por qué el señorito solo
se limitaba a recoger los beneficios. Algo no cuadraba, la tierra estaba aquí
antes de que llegaran los hombres, por tanto, no podía ser de nadie en concreto,
salvo los frutos de la labranza. La había creado Dios y se adueñaron de ella
unos y no otros. La tierra era de aquel señor serio y déspota, que recibía el
fruto del trabajo, mientras su padre lo ejercía sin mayor provecho. En su corto
entendimiento empezó a pensar que solo se podía ser dueño de aquello que uno
había hecho, que había creado el hombre con los recursos de la naturaleza. Algo
no encajaba…
La verdad es que se acababa de sembrar una semilla. Esa semilla daría su fruto
dentro de unos años. Esa semilla era la semilla de la duda, del cuestionamiento
de todo, del pensamiento libre y de la búsqueda de la razón y el sentido de la
vida. Había pasado del conformismo y de la entrega sumisa, al campo del
librepensador, de la duda y la pregunta eterna. Había iniciado su huída de la
mediocridad. En ese momento empezó a asimilar que su lugar no estaba en el
campo al servicio del señorito, que debía estudiar para ser maestro, abogado,
médico o cualquiera otra profesión que le sacara de allí, que le pusiera en
otro lugar para reestructurar al mundo que se le había venido abajo y escapar
de aquella nada. Tal vez la semilla del humanismo empezó a arraigar en su
interior, ese humanismo sobre el que pivotaría el cambio de la España de los
70... Cuántos niños fueron inseminados en esas circunstancias... habría que
dejar crecer ese árbol para recoger el fruto... ¡El futuro se estaba sembrando!
Dentro
de los temas que suelo colgar en este blog, llamado Cosas de Antonio, a veces afloran
cuestiones de tipo personal y familiar, son mis cosas, que comparto con la
gente. Este es un caso de ellos que, posiblemente, solo les interese a los
lectores de mi entorno familiar, a los que va dirigido especialmente.
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A
las migas, para valorarlas en toda su extensión, se le habría de adosar una “a”
al inicio, pues haciendo las migas se hacen amigas y amigos. Cuando el frio se
asoma en el otoño, las migas suelen ser un buen elemento o reclamo para unir a
la gente en encuentros familiares y de amistad. Compartir unas migas es una
excelente oportunidad para verse y disfrutar en familia de una buena mesa con
charla, recuerdos y emociones de un pasado común que se asoma a la memoria
rubricada por la sangre que compartes con tu gente.
Preparando las migas
El
ritual de su elaboración ya es significativo de por sí. Condimentos
elementales, básicos, conjugados con el arte en la cocina del pobre, que las
elevan a manjar divino: pan duro o asentado, aceite, agua, ajo, sal… y lo que
fuere intra o sobre las migas… chorizo, pimientos fritos, melón, granada, etc…
tropezones que le vas añadiendo para darle un toque personal y a tu gusto, en
función también, por qué no decirlo, de tus recursos, pues se solía arramblar
con aquello que había más a mano por la casa.
Pero
lo más importante es el entorno que se crea. Mientras se hacen, con ese meneo
continuo en la sartén y la colaboración de los comensales, se establece un
ambiente de charla distendida acompañada de un picoteo para matar el tiempo de
espera. Allí se habla de todo y, si se es prudente, se evitan los temas
espinosos que te lleven a la discusión. Es oportuno estudiar el ambiente y ver
por dónde anda cada cual para valorar el nivel de implicación y el
posicionamiento ideológico, religioso, incluso, deportivo; los temas de
política, de religión y de deporte suelen despertar pasiones que pudieran
frustrar y estropear una buena comida. Por tanto, busquemos aquello que nos une
para poder compartir con el grupo y evitemos lo que nos lleve al desencuentro,
no seamos impertinentes. Para comer y hacer una buena digestión es necesario un
excelente estado de relajación, un ambiente sosegado.
Hoy,
en casa de mi prima Carmen, nos hemos reunido un grupo significativo de
descendientes de Brígida la Portuguesa, la mayoría de su hija Carmen, y yo de
su hijo José (el Cosario). Conocí a Ana y José, también nietos de Carmen la
Portuguesa, por parte de su hija Carmen y de su hijo Mariano, y me reencontré
con mi tío Juan Manuel y sus tres hijos, Carmen, Dolores y José, sus parejas y
algunos de sus descendientes, jóvenes ellos. Bonito encuentro que quiero
agradecer a Carmen como anfitriona por la oportunidad de remembrar los viejos
tiempos:
-¿Te
acuerdas de los altares que hacía la abuela en el Corpus?
-¿Y
de sus saetas al paso de la procesión?
-¿Y
de sus ramos de flores y coronas?
La familia a la mesa
Claro
que nos acordamos, todo el pueblo la recuerda. Fue una mujer bondadosa y valiente,
como su madre, la bisabuela Brígida, que crió a 11 hijos tras quedar viuda muy
joven. Ella, Carmen, también enviudó joven y crió a sus cinco hijos con
solvencia y cariño. A mi tía Carmen (mi chacha Portuguesa), de la que tengo un
recuerdo excelente de las visitas que le hacíamos cuando mis padres venía al
pueblo, le tengo dedicadas unas quintillas en mi libro “Cuevas de San Marcos,
entre fotos y versos”, que dicen así:
Fue
la hermana de mi abuelo
esta
mujer singular
que
nos mostraba lo bueno
de
su saeta al cantar
a
su Cristo nazareno.
Dominó
con maestría
el
tocado de las flores,
lindos
altares hacía
poniéndole
mil amores
para
el Corpus en su día.
Crió
cinco muchachillos
con
un cariño evidente,
niña
y cuatro chavalillos
que
confirmará la gente
que
fueron buenos chiquillos.
Carmen Porras Perez
Luego
dimos un repaso a los hijos de Brígida, nuestros prolíficos abuelos que nos
hacen una familia extensa. José, Mariano, Antonio, Gregorio, Silverio y Brígido
(que falleció ahogado siendo joven al bañarse en el río Genil en la Aceña) y
las chicas: Dolores, Teresa, Africa, Carmen y Mercedes si no recuerdo mal. Más
de un centenar de primos segundos se dan la mano en esta generación, todos
biznietos de Brígida Pérez Ruano, apodada “Brígida la Portuguesa”.
Mi
tío Juan Manuel, hijo de Carmen la Portuguesa y nieto de Brígida, es un
testimonio vivo de la historia familiar y nos trajo a colación los recuerdos de
la guerra. Cuenta que cuando entraron los falangistas (caballista de Lucena) en
el pueblo y empezaron a hacer tantas barbaridades, matando gente en plan
sumario, abusando y humillando al personal, ellos se fueron a la casa de mi
abuelo, a la Aceña, allí estuvieron hasta que se calmó todo y pudieron volver a
casa sin peligro. Él lo hace presente con lucidez, pues tenía 13 años y fue
consciente de todo…
Aquí
empezamos a recordar los ancestros.
-¿Sabéis
porque se les llamaban los portugueses? Yo os lo cuento:
José Porras Perez
A principio del siglo XIX aparecen por el pueblo dos sujetos
provenientes de una localidad del norte de Portugal llamada Riba de Ancora, muy cercana a la frontera con
Galicia. Se trataba de Felipe Pérez Albarez
(este Felipe sería el abuelo de fray Crispín, al que acaban de beatificar por
haber sido asesinado en la guerra civil) y José Perez Rodriguez, que sería el
abuelo de la bisabuela Brígida y que, en principio, no le toca nada al tal fray
Crispín, tal como demuestro en la entrada de mi blog titulada: Mi bisabuela
y fray Crispín (Una investigación de parentesco) (si quieres leerlo cliquea en el título), pudiendo admitirse,
como algo probable, que los dos sujetos fueran primos hermanos como mucho, dada
la coincidencia de su primer apellido.
Pero
por la fecha en que se casa José (1812) debieron llegar en plena guerra de la
independencia, tal vez de la mano de las tropas portuguesas que apoyaron a los
opositores a Napoleón, comandados por el General inglés Arthur Wellesley, más
conocido por su título de duque de Wellington. Esto, lógicamente, lo planteo
como mera hipótesis, pues no tengo documentación al respecto. Podría haber
otras hipótesis, como que formaban parte de los grupos de extraperlistas o de
contrabando que tanto abundaban por aquellos tiempos en la “relación comercial”
entre España y Portugal, en las que el pueblo tenía su protagonismo dado su
aislamiento geográfico, lo que le permitía cierta impunidad. También, volviendo
a la primera hipótesis, en la guerra contra la Francia napoleónica, se aplicaba
una guerra de guerrillas, al estilo bandolero, con sus partidas y estrategias
que llevaban locos a los franceses. Luego, sus componentes, se asentaron en
diversos lugares donde fueron acogidos y se integraron estableciendo lazos y
vinculaciones familiares. Tal vez ellos dos formaran parte de una de esas
partidas. En muchos casos, tras el desencanto y la desesperanza que trajo el
fin del conflicto que no les integró en actividad alguna, esas cuadrillas ejercieron
el bandolerismo que marcó el siglo XIX hasta su conclusión, en una
confrontación sistemática, hasta la creación, en 1944, de la Guardia Civil para combatirlo.
Pero
volvamos al caso. Ambos casaron con jóvenes de Cuevas Altas. Felipe con María
Valberde Contreras y José con Antonia Quevedo Fernández. Ahora vayamos a
nuestro retatarabuelo (José Pérez Rodriguez), que se casó, como ya he referido,
en 1812 con la citada Antonia Quevedo Fernandez (En algunos lugares la encontré
como Ana Quevedo Melchor), de la que nació el tatarabuelo José Perez Quevedo
(el famoso Pepe el Portugués, que en el registro consta como de profesión
albañil, pero ejercía otras actividades en negocios y empresas no muy
recomendables). Pepe contrajo nupcias en 1854 con Rosario Ruano Granados, una
joven veinteañera que vivía en la actual plaza de la Constitución (en aquellos
tiempos se llamaba plaza del Mercado), y en concreto, en la casa que hoy habita
mi prima Carmen López (de los Chivildos), en el rincón por encima de Galerías
David, donde, al parecer, los padres de la novia tenían una posada, y se
quedaron a vivir allí.
Gregorio Porras Perez
De
este matrimonio, Rosario y Pepe, nacería en 1859 la bisabuela Brígida Perez
Ruano, la Portuguesa, que allá por 1881 se casó con Mariano Porras Repiso, un
año mayor que ella y del que enviudó joven, pero la dejó cargada con los ya
mencionados 11 hijos. Pepe el Portugués, tiene una interesante historia, en el
convulso siglo XIX, que da para otra larga velada cargada de migas y charla,
solo os diré que en el Borge existe un hotel cuya habitación número 4 lleva su
nombre. Os dejo esta foto, que seguro no la conoceréis muchos...
Los
diferentes hijos e hijas de Brígida corrieron distinta suerte, quedando unos en
Cuevas y otros emigraron a diversos lugares de España. Por ejemplo, la tía
Mercedes casó en 1902 con un feriante llamado Manuel Mancheño Cejas que venía
al pueblo vendiendo turrón, de cuyo matrimonio nación un hijo llamado José
Mancheño Porras. Este tal José es el padre del afamado cantaor flamenco, ya
fallecido, Manuel Mancheño Peña, apodado “El Turronero” por tener sus padres
este oficio en las ferias (Ver
enlace). Nació accidentalmente en Vejer de la Frontera en 1947, pero su
vida la pasó en Utrera, por lo que se considera hijo de esa villa. Murió en
2006 de un infarto cerebral cuando contaba 59 años. Trabajó con Antonio Gades y
Paco Cepero, viajó por el mundo con su cante y fue un famoso cantaor en los
años 70, con una amplia discografía. Al final os presento una grabación de un
encuentro flamenco, con mesa velador y copas de vino, junto a Camarón, Paco Cepero
y Paco de Lucia allá por 1972.
Ya
que fray Crispín no tiene nada que ver con nosotros, como queda demostrado en
mi investigación publicada en mi blog, contamos en la familia con un sacerdote,
aunque acabó colgando los hábitos, casándose y teniendo hijos. Me refiero a
Mariano Porras del Pino, que fue cura de Cómpeta allá por los años 60, donde
vivió en compañía de su hermana Brígida, que casó allí con el dueño de los
autobuses que conectaban con Málaga y falleció joven. Creo recordar que el
marido se apellidaba López, si la memoria no me falla.
La
hija África Porras Perez y su familia creo que andaban por la Bisbal, pues
cuando yo vivía en Barcelona solía visitarnos uno de sus hijos que venía a ver
a mi padre. También hay allá, en Cataluña, descendientes de Teresa (un nieto
suyo ha sido alcalde del pueblo hace dos legislaturas), de José (mi propio
hermano y varios primos), de Carmen (Dolores, José y Ana aquí presentes), etc. tenemos
una buena muestra hoy a la mesa.
El
más longevo fue Antonio el Portugués, que vivió en Vadofresno hasta casi
cumplir los 100 años, para los que le faltaban dos meses si la información que
tengo es correcta. Yo le recuerdo con 90 y muchos años yendo a la huerta
montado en su mula y haciendo sus labores de hortelano.
En
fin, si hablamos de todos los descendientes de Brígida, de los apodados
portugueses, no acabaríamos nunca y nos faltarían espacio y datos. Yo
propondrían un encuentro donde nos citáramos todos los herederos de Brígida
Perez Ruano y Mariano Porras Repiso en una comida en el pueblo donde vivieron y
afloró tanta prole, pero ese proyecto lo dejo en el aire para mejor ocasión,
para otras migas “a la portuguesa”.
Y
ahora, querida prima, pásame esa copa de vino, esas zanahorias morás tan bien
aderezadas y el relleno que ha preparado Granizo, que son símbolos de la
cultura culinaria del pueblo, por el que brindaremos desde la distancia, porque
el pueblo no son sus casas, sino su gente y estará presente allá donde estemos
los cuevachos: Brindo por todos los descendientes de Brígida la Portuguesa, en
especial de su hija Carmen y por los paisanos a los que nos liga la sangre…
chin-chín. Después, tras degustar esas excelentes migas que has preparado, con
todo lo que le acompaña, hincaremos el diente a esas empanadillas de cabello de
ángel que hemos traído del pueblo, a ver si ese cabello del tal Ángel me hace
salir el mío y me puebla el flequillo. Por cierto, el pastel de zanahoria morá,
que habéis hecho Carmen y Dolores, estaba de muerte, nos tienes que pasar esa
receta.
Y
ahora podéis escuchar al pariente Turronero, en esas bulerías que os prometí.
MIENTRAS
UNOS DESCANSAN EN SUS TUMBAS FARAÓNICAS REVESTIDOS DE BOATO, HONOR Y HONRA,
OTROS SIGUEN SUFRIENDO EL OLVIDO EN LAS CUNETAS...
TRAS
40 AÑOS DE LA MUERTE DEL DICTADOR, SUS VÍCTIMAS SIGUEN PIDIENDO JUSTICIA,
MIENTRAS LOS HIJOS DE FRANCO LE SIGUEN OFRECIENDO OLVIDO Y SU DESPRECIO.
HOY
QUIERO TRAER AL PRESENTE SU RECUERDO PARA QUE NO MUERAN NUNCA EN NUESTRA
MEMORIA.
El olvido es la deshonra, es la muerte histórica de
los asesinados y arrojados a las cunetas. Es volverlos a matar ahora, cada día,
pues deberían renacer para dar fe de los hechos y de la memoria, de sus
vivencias y verdades, para contrarrestar a las verdades y cuentos que nos
presentaron sus asesinos, en este contexto político afín al que ellos defendieron
y por el que murieron, como es el sistema democrático. Y digo renacer para
volver a enterrarlos en sus tumbas desde la honestidad y el reconocimiento,
para que gocen del honor y consideración de los ciudadanos que se identifican
con los principios y valores de la democracia.
El olvido es dejar las cosas como están, como las
dejó el gran dictador, como las pactaron sus herederos ideológicos, con la
historia falseada, para ceder sin perder, para seguir ganando, para mantenerse
en sus trece sin condenar el totalitarismo franquista, despreciando a los
vencidos, a los que lucharon por la Democracia que se intentó plasmar en la
República.
El olvido es la connivencia y la complicidad con los
crímenes de un pasado que claman justicia para que se sepa qué y cómo pasó
todo. El que olvida y no exige la verdad, el que acepta como mártires a
religiosos y a los del bando ganador, mientras se olvida de los otros y los
desprecia, es cómplice del crimen de lesa humanidad. Al crimen se puede,
incluso, perdonar, pero no olvidar, es más, para hacer justicia histórica y
aprender del pasado se han de clarificar todos los hechos y explicarles a estas
generaciones, que no tomaron parte en ellos, lo que realmente pasó. Ellos no
deberán sentir vergüenza por las atrocidades que cometieron sus abuelos, pero
deben saberlo para evitar que se produzca de nuevo.
El cinismo de algunos se ve cuando se les llena la
boca con la defensa de las víctimas del terrorismo de ETA y del integrismo
islamista y se olvidan de otro mucho mayor, de más trascendencia y muerte, que
sigue condicionando la convivencia entre los españoles y lastrando su futuro,
como fue el terrorismo de la guerra y, sobre todo, la posguerra, época de
dolor, de marginación, humillación, desprecio y sometimiento de los que no
comulgaban con el franquismo; castración de pensamiento e ideas, manipulación, adoctrinamiento
ideológico y religioso excluyente, miedo a la represión si te salías del
cascarón que te habían diseñado y colocado, sumisión sumisa… “su misión” era la
defensa a ultranza del régimen y su ideología, todo ello aderezado con los
mandamientos propagados desde “su misa” dominguera y de fiestas de guardar,
desde el control del pensamiento en confesión, desde la creación, de la mano
del clero, de una conciencia represora de cualquier intento de pensar
libremente, aquel clero que paseaba al dictador bajo palio y bendecía sus actos
mientras tamizaba las ideas de los feligreses.
Los españoles de cualquier ideología o credo
merecemos un reencuentro desde la lealtad histórica, desde la clara
intencionalidad del acercamiento, desde el rechazo a un pasado vergonzoso y
cruel, para poder darnos la mano y arrojar, definitivamente, los fantasmas del
ayer que van lastrando el presente y condicionan el futuro.
Parafraseando a Arias navarro: ¡ESPAÑOLES, FRANCO NO
HA MUERTO!, no estará muerto hasta que no se le entierre finalmente en la tumba
de la historia que merece por sus actos. Franco debe morir definitivamente y
dar paso a otra era que trate por igual a todos los muertos y dejen en la
memoria justa aquella etapa. Se honró a los vencedores desde la misma guerra, a
la par que se denostó y deshonró a los vencidos, y ahora se les sigue castigando
con el olvido. No se pueden quejar los familiares de los muertos del régimen
franquista y deberían empezar por comprender las exigencias sociales y
familiares para clarificar la historia y dar el adecuado trato a los españoles
cuyos cuerpos permanecen en fosas comunes.
Pues bien, como el olvido es la muerte, yo quiero
hoy acordarme de los asesinados que yacen en la cuneta para que sigan vivos en
nuestra memoria, pues los otros ya han sido honrados y elevados a los altares
desde el mismo momento que el régimen ganó la guerra.
Por tanto: ¡HONOR A LOS DEFENSORES DE LA REPÚBLICA Y
LA DEMOCRACIA QUE YACEN EN LAS CUNETAS!
Señores gobernantes: ¿Cuándo toca honrarles y
hacerles justicia? Aquí no caben tibiezas. No nos vale que la derecha, que se
asoma en nuevas caras buscando el voto, nos diga que el pasado se ha de
olvidar, que lo importante el presente sin mirar atrás; sin comprender que el
pasado siempre estará presente mientras siga clamando justicia y pida a gritos
que se le trate desde la verdad histórica para que no sea olvidado en su justa
dimensión, evitando que se transmita al mañana la falacia de un grupo que
venció por las armas y calló con sus balas la verdad. Si ustedes, y me refiero
a su grupo señor Rivera, olvidan el pasado y su injusticia, como forma de
librarse del estigma de su sospechosa adhesión al franquismo, serán cómplices
de ese pasado y de sus actos.
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Hoy
me viene a la memoria esta canción de Lluis Llach que compuso como homenaje a las
víctimas de la matanza de Vitoria del 3 de marzo de 1976. Yo quiero
hacerla extensible a todos aquellos que murieron asesinados vilmente durante la
contienda civil y a manos del franquismo en la represión de la posguerra y que
siguen olvidados en las fosas comunes que deshonran a la nación española y sus
gobiernos.
Tal vez, hoy más que nunca, tome consistencia esta
frase mía, a raíz de lo visto en Paris. Aunque yo no sea creyente en los dioses
que se nos presentan desde los credos monoteístas o politeístas que han
determinado nuestra evolución y estructura social, con todos sus conflictos
guerras y confrontaciones, he de decir que en el supuesto de que existiera ese
Dios y fuera cierto que creó al hombre, que ya es suponer, es evidente que lo
hizo dotándolo del librepensar, de la capacidad de discernir para establecer los
criterios sobre el bien y el mal, sobre su forma de actuar y las consecuencias
de sus actos. (Puede que venga a cuento otra reflexión que ya publiqué
en este blog en el año 2007 con motivo de la reforma del Estatuto Andaluz, titulada: "Deje que me salve yo". Ver
aquí)
Entiendo que, en todo caso, ese Dios te da libertad
para que te desarrolles en el mundo, para que aprendas a relacionarte con la
gente desde el respeto a la diversidad y
a resolver y afrontar las circunstancias singulares por las que has de
transitar; puesto que nos creó a todos, a nadie ha de crear por encima de nadie.
En ese sentido, se habla de un juicio a tu muerte donde se valorará lo que has
hecho bien y mal, lo que has aportado o destruido respecto a los demás. Lo que
has contribuido al crecimiento de la sabiduría y progreso social y espiritual,
a la elevación del ser humano hacia la perfección.
Luego, las religiones en general, establecieron
normas estrictas, dogmas incuestionables y definieron esa perfección en base a
principios básicos inherentes al propio ser humano, haciendo suyos esos mismos
principios generales que los humanos, por su propia evolución social, han ido
perfilando. También establecieron algunas formas de trampearla con mil
justificaciones, hasta permitir y convivir, cuando no potenciándolas, desde las
propias estructuras jerárquicas, que dice “haz lo que digo pero no lo que hago”.
Por otra parte, llegaron a aliarse con el poder terrenal hasta tal punto que se
confundió con él, incluso se endiosó al emperador, al faraón, o se promulgó que
era rey por la “Gracia de Dios”, recientemente, en España, incluso “Caudillo
por la Gracia de Dios”. Bendecir la guerra, responsabilizar a Dios de los
deseos belicosos de los hombres, buscar su alianza y consentimiento, seguir la
voluntad divina en la batalla contra el enemigo, que encarnaba siempre, y
encarna, la representación del mal, es una constante en cada religión. No hay
más que leer el Pentateuco para ver cómo se establece esa alianza del pueblo de
Israel con Dios, cómo se refuerza al poder real y el de los sacerdotes, y cómo se
estructura esa sociedad (Aconsejo leer el libro: La Biblia desenterrada, de Finkelstein
y Silberman). Por tanto, a nivel general, las religiones hicieron de bastón o
muleta para sostener lo insostenible, incluso, en estas fechas, reinos
integristas que desprecian los propios derechos humanos y establecen leyes
doctrinarias y arcaicas que frenan la evolución hacia la que ese Dios orientó,
a mi modesto entender y suponiendo su existencia, el proceso de desarrollo
humano.
El tema da muchos de sí y yo lo dejo aquí. Pero si Dios creó al hombre libre para que creciera en
libertad, el hombre, en su poder y dominio, creó las religiones para someterlo
al poder de los grupos dominantes. Tal vez sea más acertado seguir los
planteamientos de Nietzsche cuando invierte el dicho y plantea: “El hombre, en
su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza”. De esa forma, el propio ser
humano que ejerce el poder, establece la religión como alianza para someter la libertad
del hombre.
Cuando estudiaba
psicología era muy habitual encontrar en los servicios de la facultad algunos
grafitis cargados de gracia y ocurrencias. Recuerdo que uno de ellos se fue
escribiendo por partes. Un día encontré escrito: ¡ARRIBA ESPAÑA! Al otro día alguien, con cierto gracejo, anotó
debajo: Y ABAJO AFRICA. Al poco tiempo vi la contestación de otro que entraba
en liza diciendo: GEOGRÁFICAMENTE. Para concluir, pues ya no sé si alguien más
continuó con el cachondeo, apostilló el último: OBVIAMENTE. Quedó, pues, la
cosa así:
·¡ARRIBA ESPAÑA!
·Y ABAJO ÁFRICA
·GEOGRÁFICAMENTE
·OBVIAMENTE
Hoy se me vino a la memoria aquella
pantomima de la facultad donde se tomaban determinadas consignas como algo
anacrónico, y vinculadas con el régimen de Franco, ya caduco, pero con humor y
guasa, en un soterrado conflicto entre el pasado y el futuro. Los tiempos
estaban cambiando y las formas también. Cuando se pretendía hacer una España
nueva, diferente, donde cupieran todos, aludir a una facción que dilató cuarenta
años la dictadura era, cuanto menos, un atentado al sentido común, sentido que
nos llevaba a pretender el encuentro y establecer un sistema de convivencia
donde se incluyera a todos.
Por eso me sorprende que, en estos
tiempos, la señora secretaria general del PP-A, Dª Dolores López Gabarro haya
dicho (cito):"Nosotros no somos 17 partidos, eso son otros. Nosotros somos
un partido en 17 comunidades con un único mensaje, y lo decía antes aquella señora:
¡Arriba España!".
Está en su legítimo derecho a
hacerlo, en el caso de que así lo sienta, pero no es honroso que luego se eche atrás. Entiendo que cada cual es
muy libre de sostener y mantener honradamente sus ideas, desde el respeto a las
de los demás, claro. En todo caso, es rechazable, sistemáticamente, el intento
de imponer las propias por la fuerza, la coacción o la intimidación, vengan de
donde vengan. Por tanto, alabo la
expresión de la señora López como forma de definir su verdadera ideología
respecto a la identidad de esa España que ella pretende y defiende, aunque me
pese y observe la imposibilidad de poder dar solución política, desde esa
perspectiva, a la problemática de la respetable diversidad de los pueblos de
España y el tufo o reminiscencia que pudieran desprenderse de tal “grito de
guerra”.
Pero, para una mejor comprensión de
lo que digo, permítaseme un pequeño apunte. El lapsus, o expresión
desafortunada, como han venido en llamarle ella misma y sus
adláteres, siempre tiene una relación directa con lo que el subconsciente
encierra. Freud diría que el sujeto que comete el
lapsus linguae sufre un conflicto interno, ya que manifiesta algo de lo que no
está seguro ni convencido. De aquí se deduce que (presuntamente) no expresaría
lo que sentía, que era otra cosa distinta al discurso, sino lo que estaba
interesado en decir. La explicación que Freud da a esta situación es la del
afloramiento de lo reprimido, que se produce como norma general a causa de
momentos de estrés o angustia. El lapsus vendría a corregir eso que anda
manifestando y que no corresponde a su verdadero sentir. Es decir, ibas a decir
algo de lo que no estás convencido, pero en el trajín y acaloramiento del
discurso hay un hecho que dispara tu subconsciente y hace aflorar lo que de
verdad querrías expresar. Alguien lo grita: ¡Arriba España!, el contexto
represor del mensaje subliminal ha desaparecido, o se ha relajado, y entonces,
ante la relajación de la autocensura impuesta por el superyó, sueltas la verdad
de tu pensamiento de forma directa o simbólica, como es el caso, en un contexto
de cierta intimidad del grupo con el que te identificas y que comulga con ese
planteamiento.
A partir de aquí, a
mí, las dudas que siempre mantuve respecto a este partido se decantan. Estas
cosas le dejan a uno preocupado, pues, aún sabedores, desde tiempo ha, que el
PP es un partido, en gran medida, hijo de la ideología del franquismo, en lo
referente a la concepción de la España territorial, absolutista, tradicionalista,
católica y entendiendo a los ciudadanos como súbditos de esta concepción, estos
lapsus vienen a confirmar que la ideología del viejo régimen no ha muerto y que
sigue viva en el subconsciente de muchos de los llamados demócratas de
conveniencia o reciclados en forma pero no en fondo. Eso es natural, pues
durante 40 años se nutrió y cultivó en las escuelas, medios de comunicación, iglesias
y en el contexto de la sociedad, por tanto es imposible que no haya germinado,
que no haya gente que comulgue que las ideas franquistas y eso lo hemos de
aceptar como algo natural, como una realidad incuestionable, aunque en ningún
caso como algo democrático, en tanto esa ideología no conlleva el respeto a las
ideas de los demás. Sabemos, pues, que no se puede servir a Dios y al Diablo,
por lo que no se puede ser franquistas y demócrata a la vez. Cuando alguien
defiende, de la forma que fuere, al viejo régimen estaremos ante un fascista
solapado convertido por conveniencia a la democracia. No hablo de todos los
miembros de ese partido, claro está, sino de aquellos que se esconden tras el
mismo como demócratas y en el fondo mantienen su idilio con el dictador y su
añorado régimen, en mayor o menor grado, si bien sospecho que son muy
numerosos.
Uno de los aspectos
que identificó al singular fascismo que promovió el alzamiento fue, sin duda,
la concepción de España desde los valores tradicionales, con un poder
centralista, que ya en el siglo XIX nos arrastró por civiles guerras entre
absolutistas y liberales, fuerzas centrípetas y centrífugas de una España
convulsionada por la incompetencia de reyes, políticos y militares. Una especie
de Altar y Trono (en este caso caudillo) como forma de vertebrar el país, un
nacional-catolicismo, pero matizado por las nuevas ideologías emergentes en los
años 30 en la Europa Italo-alemana. El fascismo entendió España como una
entidad de pensamiento único soportado en un credo religioso tradicional, descalificando
cualquier otra ideología, en lugar de observar en ellas otras visiones
singulares que, en libertad, desarrolla el ser humano pensante. El ciudadano
era súbdito, no soberano. Por tanto el que no pensaba como ellos no era un
español de bien y se podía considerar como un ignominioso traidor a la patria,
a esa patria que ellos cultivaban y que, por tanto, no merecía vivir si no se
sometía. La pregunta del millón es: ¿Cuánto de eso persiste en el subsuelo del
partido heredero, fundado por D. Manuel Fraga?
Me pegunto: ¿Cuando
alguien refiere que no son 17 partidos, sino uno que dice lo mismo en todos
lados, da a demostrar que no respeta la singularidad de los pueblos, que elude
las diferencias, la diversidad, y que lo suyo es adoctrinar para que esas
diferencias desaparezcan y todos se sometan a la idea única? Es posible que así
lo entiendan en el PP y, por tanto, se hayan judicializado las diferencias políticas,
renunciando a la negociación y al consenso, donde siempre se ha de ceder algo
para recibir otro algo a cambio. Todos sabemos, o deberíamos saber, que los
pueblos tienen su singularidad, su idiosincrasia personal, sus matices e
identidades culturales, económicas, sociales, etc. y que todo buen gobernante
que se considere demócrata tenderá a intentar establecer una convivencia entre
ellos desde el respeto a esas diferencias y la singularidad cultural de cada
pueblo. Pero cuando, tras la confirmación de esa definición sobre el propio
partido, se remacha con un ¡Arriba España! se le da el marchamo de la ideología
que gritaba esa consigna con el brazo levantado en marcial saludo, como
vencedores de una contienda que se pretende olvidar y no se logra.
Digo no se logra,
porque el propio Partido Popular confirma las sospechas de su anclaje
ideológico cuando sigue dejando en la cuneta a los fusilados y represaliados
del franquismo, cuando niega el derecho de los vencidos por las armas a ser
honrados como demócratas y gente de bien, cuando se le llena la boca para pedir
justicia para las víctimas de ETA, cosa que aplaudo, y deja en el olvido a los
del franquismo, cosa que desapruebo. Esa doble moral, viene a mostrar lo que
realmente piensan y sostienen en lo más profundo de sus convicciones. No se dan
cuenta que solo se cerrará esa herida de forma definitiva “zanjando” las zanjas
donde están los muertos, para permitir que el purulento rencor por esos
crímenes se diluya en la balsa de la justicia, entregando esos huesos a la
familia y al justo descanso con su lápida y su nombre que les haga vivir en la
memoria de los vivos. La ofensa se agrava cuando se subvenciona a una fundación
defensora de la memoria de Franco y se retira toda ayuda y facilidad para retomar
y perfilar la verdadera historia del pasado reciente y de sus víctimas, o
cuando asistimos a la beatificación de religiosos con ese arrebato místico, mientras
se ponen piedras en el camino que pretende exhumar los muertos de las cunetas. El
otro lapsus, el de Pablo Casado en su discurso de hace algunos años en el
congreso del PP madrileño, ninguneando a las víctimas del franquismo y
despreciando el sentimiento de sus familiares, muestra la infamia de un
pensamiento que, al amparo de la vieja guerra, sigue marginando a los
contendientes del bando republicano y democrático. Hay más ejemplos, pero con
estos bastan para centrar la cuestión. Por eso produce cierto escalofrío
escuchar ese ¡Arriba España! en lugar de otra consigna menos simbólica y
adosada al viejo régimen, compartible por todos, como por ejemplo: ¡Viva
España! si bien no soy muy amigo de vivas, mueras, arribas y abajos.
Tal vez, el gran
problema de nuestro país sigue siendo la educación de la ciudadanía, que
continúa sin capacidad de discernir adecuadamente, sumisa a la influencia
nefasta de los medios de comunicación, sin saber separar el grano de la paja,
dando crédito a quien ya lo perdió de forma aplastante y creyendo en cuentos de
la lechera, en promesas y lealtades a su grupo aunque este sea corrupto, con
gente en sus filas de demostrado latrocinio y desvergüenza... y sálvese quien
pueda. En todo caso la cuestión está en qué tipo de sujeto queremos fraguar. No
es lo mismo un mediocre borrego que siga los deseos y órdenes del pastor, que
un sujeto crítico, creativo y colaborador responsable y exigente, que eleve la
sociedad a mayores cotas de desarrollo en el marco del humanismo holístico. Pero
el asunto de la educación es muy complejo, tanto que merece otra reflexión
aparte y dedicada en exclusividad al caso.
La del pirata cojo de Sabina me recuerda que no tuve que imaginar, puesto que lo viví. Fui aceitunero en los campos andaluces, ayudante de albañil, cobrador de la luz, oficinista en Barcelona, a la par que estudiante nocturno en los Jesuitas y de ATS, enfermero psiquiátrico en la reforma andaluza, enfermero de planta y de UCI, supervisor, subdirector y profesor universitario, además de psicólogo y activista de la docencia… hijo, esposo, padre… y amigo de mis amigos… para acabar de jubilado de forma más o menos jubilosa… Ahora escribo, amo la fotografía, los viajes y las buenas amistades… tal vez esté madurando definitivamente antes de concluir el camino de la vida... Escribir me ayuda a ello.