martes, 17 de noviembre de 2015

El espíritu libre


Tal vez, hoy más que nunca, tome consistencia esta frase mía, a raíz de lo visto en Paris. Aunque yo no sea creyente en los dioses que se nos presentan desde los credos monoteístas o politeístas que han determinado nuestra evolución y estructura social, con todos sus conflictos guerras y confrontaciones, he de decir que en el supuesto de que existiera ese Dios y fuera cierto que creó al hombre, que ya es suponer, es evidente que lo hizo dotándolo del librepensar, de la capacidad de discernir para establecer los criterios sobre el bien y el mal, sobre su forma de actuar y las consecuencias de sus actos. (Puede que venga a cuento otra reflexión que ya publiqué en este blog en el año 2007 con motivo de la reforma del Estatuto Andaluz, titulada: "Deje que me salve yo". Ver aquí)

Entiendo que, en todo caso, ese Dios te da libertad para que te desarrolles en el mundo, para que aprendas a relacionarte con la gente desde el respeto a  la diversidad y a resolver y afrontar las circunstancias singulares por las que has de transitar; puesto que nos creó a todos, a nadie ha de crear por encima de nadie. En ese sentido, se habla de un juicio a tu muerte donde se valorará lo que has hecho bien y mal, lo que has aportado o destruido respecto a los demás. Lo que has contribuido al crecimiento de la sabiduría y progreso social y espiritual, a la elevación del ser humano hacia la perfección.

Luego, las religiones en general, establecieron normas estrictas, dogmas incuestionables y definieron esa perfección en base a principios básicos inherentes al propio ser humano, haciendo suyos esos mismos principios generales que los humanos, por su propia evolución social, han ido perfilando. También establecieron algunas formas de trampearla con mil justificaciones, hasta permitir y convivir, cuando no potenciándolas, desde las propias estructuras jerárquicas, que dice “haz lo que digo pero no lo que hago”. Por otra parte, llegaron a aliarse con el poder terrenal hasta tal punto que se confundió con él, incluso se endiosó al emperador, al faraón, o se promulgó que era rey por la “Gracia de Dios”, recientemente, en España, incluso “Caudillo por la Gracia de Dios”. Bendecir la guerra, responsabilizar a Dios de los deseos belicosos de los hombres, buscar su alianza y consentimiento, seguir la voluntad divina en la batalla contra el enemigo, que encarnaba siempre, y encarna, la representación del mal, es una constante en cada religión. No hay más que leer el Pentateuco para ver cómo se establece esa alianza del pueblo de Israel con Dios, cómo se refuerza al poder real y el de los sacerdotes, y cómo se estructura esa sociedad (Aconsejo leer el libro: La Biblia desenterrada, de Finkelstein y Silberman). Por tanto, a nivel general, las religiones hicieron de bastón o muleta para sostener lo insostenible, incluso, en estas fechas, reinos integristas que desprecian los propios derechos humanos y establecen leyes doctrinarias y arcaicas que frenan la evolución hacia la que ese Dios orientó, a mi modesto entender y suponiendo su existencia, el proceso de desarrollo humano.  


El tema da muchos de sí y yo lo dejo aquí. Pero si Dios  creó al hombre libre para que creciera en libertad, el hombre, en su poder y dominio, creó las religiones para someterlo al poder de los grupos dominantes. Tal vez sea más acertado seguir los planteamientos de Nietzsche cuando invierte el dicho y plantea: “El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza”. De esa forma, el propio ser humano que ejerce el poder, establece la religión como alianza para someter la libertad  del hombre. 

4 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

A mi forma de entender, Antonio, el hombre creó a sus Dioses para defensa, por necesidad de creer en algo superior a él, que fuera bueno, con capacidad de perdón para cuando el hombre destruyera, la naturaleza le fuera adversa, su Dios le protegiera.
El hombre que hoy mata en nombre de su Dios, es un fanático, imbuido por ideas que otros hombres con el fin máximo de dominar, de poseer, le han metido en sus cabezas, cabezas exentas de ideas y y capacidad de pensar por si solas. Se han inventado un líder máximo que guía a su pueblo por la senda del terror.

Antonio dijo...

Pues estoy bastante de acuerdo con ello. Voy algo más allá. También procuró explicar lo inexplicable, de ahí que le diera protagonismo a los dioses en los fenómenos meteorológicos y en los fenómenos incomprensibles a primera vista. Dios del trueno, del amor, de los mares, de la fertilidad, del vino, del... etc. Deseó dar cuerpo y razón a su trascendencia al más allá y a su finitud, y se inventó otro mundo donde tendría una mejor vida y sería feliz.
Es esa necesidad que crea la duda, la proyección, el deseo, el credo en algo superior de donde venimos y nos hace también superiores, que se enmarca en la espiritualidad.
Para ello revistió a esos dioses de los valores, de las emociones, de los instintos y de las propia forma de actuar de los hombres identificándose con él y puesto que era a su imagen y semejanza (he aquí la controversia, ¿Él del hombre o el hombre de Él?).
En todo caso, al menos para mí, las religiones sirvieron y sirven de argamasa para consolidar un tipo de sociedad con sus valores, principios y cultura que no siempre fueron los más adecuados para la subsistencia en justicia de los seres humanos.
Uno de los principales problemas es el dogmatismo, la mente cerrada, que no permite crítica ni cuetionamientos de esa ideología, pues proviene de Dios en lugar de aceptar que proviene del hombre, donde sí podría ser cuestionada.
Es cierto que el hombre que hoy, o de antes, mata o mató, en nombre de sus dios (lo pongo con minúscula) es un fanático, pero el dios que le provoca esos actos no lo hace desde la bondad y desde los valores humanos, sino desde la patología psicopática que se da en ese sujeto que es un excelente caldo de cultivo para el crimen y el asesinato, pues sus actos impulsivos tanáticos quedan justificados por un ente de orden superior que le exculpa y le heroifica.
Mi amiga, es un tema muy interesante para el debate y posicionarse desde la crítica buscando la razón exenta de la fe ciega que la obnubila.
Un abrazo

Ana Márquez dijo...


¡Hola, Antonio! :-) Me paso por aquí a menudo aunque lo haga entre bambalinas.

Hemos de tener en cuenta que esos chavales (el "cerebro" de la operación tenía 28 años) que perpetraron la masacre de París no son musulmanes. El musulmán está obligado a cumplir ciertas normas que ellos no cumplían; por ejemplo se sabe que fumaban, tomaban drogas, alcohol, todo eso está prohibido por el Corán. Eran críos que estaban resentidos con un sistema y con un gobierno que les había defraudado. Hijos de inmigrantes, malviviendo en sus barrios marginales, cuando la desesperación acecha, la venganza puede adoptar las formas más execrables. Y no les estoy justificando para nada, sólo digo que debemos hacer lo posible porque los jóvenes tengan trabajo, una vida más o menos cómoda, calor humano, un futuro... En una palabra: esperanza. Si no, unos tenderán a un tipo de radicalismo y otros a otro, religioso o ateo, pero radicalismo al fin. Y eso es lo que hemos de evitar a toda costa.

En cuanto a eso de que los hombres crearon a Dios, no todo el mundo está de acuerdo, aunque todas las opiniones son respetables, claro. Os dejo a ti y a María Ángeles un enlace a la bibliografía que vamos reuniendo en mi blog sobre el debate ciencia-fe, para que veáis que hay opiniones para todo, y que las opiniones teístas también proceden de voces muy autorizadas como filósofos, paleontólogos, biólogos, etc.

http://frasesdedios.blogspot.com.es/p/blog-page_29.html

En cuanto a la frase con la que ilustras esta entrada, sólo puedo estar de acuerdo, me la guardo :-)A mí también me cuesta creer en dioses limitadores del espíritu humano, eso sí que me suena más a invención que a "inspiración/intuición".

Un abrazo, Antonio y seguidores, no olvido a los amigos aunque sea una descastada :-)

Antonio dijo...

Querida amiga Ana, yo creo que hay dos elementos que estamos conjugando, la espiritualidad y la religión, en un complejo sistema donde se entrecruzan demasiados elementos para definir la causa básica, pues son conductas y posiciones ideológicos y actitudinales multicausales. La religión busca el poder de su influencia y dominio de las mentes y del pensamiento bajo la égida de unos dogmas que condicionan la propia existencia, pues someten al sujeto a un sistema de vida condicionado en exceso y evitan o controlan los procesos evolutivos de la sociedad.
Luego está la propia estructura social y el contrato relacional de esa misma sociedad, donde afloran frustraciones, que son el caldo de cultivo de la confrontación y de la violencia. La injusticia provoca rechazo y el rechazo abre la puerta del desencuentro y la violencia.
Pero si, encima, nos encontramos con sujetos de una personalidad psicopática, sin principios de respeto a la vida, tanto en uno como en otro bando, estaremos instrumentalizando el terror y el sadismo de esos personajes.
Por otro lado, ya sé que hay opiniones para todo, faltaría más. Pero la mía, que no está exenta de dudas porque no soy dogmático, está más cerca de pensar que ese dios no es verdadero, sino que es inventado durante el proceso evolutivo de la sociedad al amparo del poder establecido, bien por los sacerdotes de ese dios o bien por el poder gobernante.
Ya me gustaría que me definieran que se entiende por dios y a lo mejor acabábamos acercándonos todos a esas ideas que lo perfilen desde otra dimensión más espiritual y trascendente. Aquí me considero dentro del ignosticismo para esas aclaraciones y tendente al panteismo como forma de entender la creación, en su conjunto, como el mismo dios en su manifestación más concluyente. Todo es Dios y el hombre una pequeña parte de Él, pero se sintió tan importante que agredió a la naturaleza que era el paraíso y la quiso explotar y someter. Tal vez ese fue su pecado original.
Un abrazo y gracias por tu aportación.