domingo, 7 de mayo de 2017

El PSOE se la juega


El PSOE se juega mucho en estas primarias a la Secretaria General. Lo malo es que no solo es el PSOE sino todo el sistema político, incluyendo la derecha del PP. El ataque descarado y fulminante que ha realizado Podemos por la Izquierda ha arrollado a la agónica socialdemocracia en la que González reconvirtió el socialismo heredado de Pablo Iglesias, pero del fundador del PSOE, no del Pablo Manuel Iglesias Turrión de Podemos. Tal vez el aparato del partido se ha alejado demasiado de sus bases y no ha sido capaz de ver cómo Podemos colonizaba el vacío ideológico que iban dejando, conforme se aliaban con el neoliberalismo de la mano de grandes empresas que acogían en su regazo a los líderes socialdemócratas que dejaban los gobiernos, aunque no la política. Esa sospecha de traición a los principios ideológicos del Iglesias histórico y fundador, ha ido calando en la ciudadanía y muchos militantes que, en un goteo continuado, han ido abandonando el partido desde los viejos tiempos. Han sido la mitad de sus militantes los que abandonaron la organización desde 2004 hasta ahora. El movimiento de los indignados acabó dando la puntilla a un partido que se estaba desangrando y era incapaz de ver la realidad, incluso, que se estaba dando en toda Europa, sobre todo en Grecia.

Parece que según el resultado que se obtenga en estas primarias las cosas podrán ir a peor o a mucho peor. La cuestión está en conseguir captar a los votantes perdidos en un giro a la izquierda o querer pescar en un cercado con dueño, como es el PP y CS, que son su elección natural, salvo que el PSOE se quite la careta y aparezca un partido neoliberal al uso. Lo absurdo es que en estos momentos anden echando la culpa al pobre Pedro, víctima propiciatoria, o chivo expiatorio en el altar sacrificial, para muchos. Pedro heredó un partido “partido”, roto, y en declive cuando zapatero, que ahora aparece de cuando en cuando para dar su crédito a Susana, sufrió el descalabro proyectado en Rubalcaba. Era difícil mantener el tipo ante Podemos en las elecciones de 2015, dada la evolución de la cosa.

Podemos representaba lo prohibido para el sistema, el cuestionador de la solución de la crisis y un elemento al que no se lo podía permitir llagar al poder hasta que se hubiera reconvertido en una partido leal y manejable… o sea, que abandonara el populismo del que se le acusó. Los poderes fácticos no tuvieron la habilidad suficiente para ver que el problema se les escapaba de las manos y les iba a dar más de un quebradero de cabeza. Por ello empezaron a tomar medidas ejemplarizantes pasando de la tolerancia al acoso y derribo de los movimientos de los indignados. Por un lado machacaron al podemos griego para acojonar a los seguidores de la movida. Por otro, demonizaron a Podemos y lo venezolaron  (no creo que exista el verbo venezolar, pero me lo permito como licencia propia) incluso lo “iranizaron” en una alocada carrera del periodismo venal; además, y dado que la indignación era transversal, o sea que afectaba también a los votantes de derecha, crearon su propio partido para que desembarcaran allí sus indignados y apareció con fuerza un partido insignificante hasta ese momento, como era Ciudadanos. En fin, gestionaron la cosa para cambiar sin cambiar nada.

A todo esto, el PSOE desorientado y temeroso del sorpasso que no consiguiera Anguita pero que podía conseguir Iglesias, no daba pie con bola. ¿Jugamos a la izquierda o nos derivamos a la derecha cargados del pragmatismo que se desprende de la convicción de que esto va para donde va y no hay quien lo pare; es decir, que hay una globalización que arrasará con todo e impondrá sus normas queramos o no, que la democracia está descafeinada desde hace tiempo y jugamos a un nuevo sistema donde la elección no será libre sino condicionada por lo que hay, te guste o no? O sea, ¿Nos entregamos definitivamente? Al final estalló todo, el partido explosionó y el dramatismo se adueñó de Ferraz entre gritos, señora del sur, colega de Susana, reivindicando la máxima autoridad, etc, y amenazas y poco debate y nada de acuerdo… la suerte estaba echada y solo había que articular la forma de cargarse al Secretario General que, aunque hubiera olfateado el problema y la desafección, estaba carente de recursos para parar al aparato. La Gestora pasó a dominar la situación con la connivencia andaluza. Pongamos un asturiano al frente para liberar la presión sobre el sur, aunque el pacto estaba hecho y había que reconducir la situación con garantías de éxito… ¿Cuándo? cuando sea posible, dejemos que se enfríe la cosa y mientras vayamos construyendo el edifico del futuro.

En todo este batiburrillo, un manto de sospecha se ha instalado sobre Susana por su forma de provocar y gestionar la crisis del partido, sospechosa de ser la actora principal, incluso de hacer el descosido para ofrecerse a coserlo de nuevo. Los cantos de sirenas de los barones y prohombres forjados en el ejercicio del poder, de los factótums del partido, sobre los que se cierne, también, la sospecha y la desconfianza de las bases y, lo que es peor, de la ciudadanía en general que es quien vota, se evidenciaba y se siguen evidenciando. No parece que el haberse rodeado de ellos en su presentación en Madrid le haya sido de gran provecho, pues hay mucho militante, y más ciudadanos que no lo son, que empiezan a rechazar a las viejas glorias, o ya las rechazaban por cómo han desarrollado su proceso evolutivo en el poder y la sociedad, enriqueciéndose en algunos casos de forma poco clara.

Para muchos militantes, al menos de los que yo conozco, no digo para todos, claro está, y para una inmensa cantidad de votantes no militantes, la actuación permitiendo el gobierno del PP ha sido lamentable, ya que se han sentido traicionados, facilitando el acceso al poder del PP con su abstención o pasividad, cuando prometieron en campaña que no lo apoyarían nunca.  La Gestora, en esa lucha interna, a veces irracional al cambiar su posición programática inicial y castigar a quien votó lo prometido al ciudadano, se ha lucido para muchos y ha perdido credibilidad, si es que la tuvo alguna vez, salvo de los que apoyaron el “cuartelazo”. Este “automayazo” es incomprensible para todos los que ahora defienden a Pedro, que no es que sea el sumun de las capacidades como líder, pero sí el que más se ajusta a los defensores de la esencia socialista, según ellos.

En estas circunstancias, las bases se revuelven sabedores de que el lazo que les viene desde la izquierda puede estrangularlos, de que el tan cacareado rearme ideológico, que se viene reivindicando desde hace años, no será posible si no se busca una alternativa nueva y creíble para renovar a los barones y el aparato dominado por los históricos, que generan rechazo en la izquierda política, incluso en la socialdemocracia. Piensan que si se quiere defender la existencia del PSOE se ha de cambiar para evitar ser fagocitados por la izquierda y derecha. ¿Pero cómo defenderse del acoso? Si nos paramos a pensar veremos que el discurso de Iglesias y los suyos es casi una copia del que tenían González y Guerra en los años 80 para desbancar a la derecha heredera del franquismo. Si es que se vuelven a remover conciencias, ideologías fundacionales, posicionamientos sociales y políticos que habían perdido su vigencia por la actuación y acomodo al poder. Podemos puede hacer daño… o hay rearme ideológico o todo se va al garete. El amante del PSOE a toda costa, se pregunta qué hacer para evitar la hecatombe y muchos creen, como decía antes, que se ha de hacer un rearme ideológico sin los actores del pasado, que deben retirarse o ejercer de jarrón chino, como dijo González en una ocasión.

La cosa se complica cuando alguno de los otros históricos, como Pepe Borrell, plantea la necesidad imperiosa de entenderse con Podemos a medio y largo plazo para aglutinar a la izquierda, puesto que esa realidad ya no se puede obviar, dado que ahí militan hasta los propios hijos, formando un movimiento de futuro. Estos hijos rechazan que la España intransigente y nacionalista se siga fundamentando conceptualmente en súbditos y no en la soberanía de los ciudadanos libres; lo que lleva al PSOE a plantearse tomar partido por la soberanía popular y su ejercicio.

Por tanto, el PSOE está condenado o a entenderse con un Podemos más o menos suavizado, sin la osadía, chulesca para algunos, de Pablo Iglesias y sus incondicionales. Tal vez Errejón con su pragmatismo y estrategia fuera más afín a un PSOE renovador y facilitara el encuentro. La cuestión está en que si no hay entendimiento con la izquierda que representa Podemos, si no aparece un líder que pilote el nuevo PSOE para frenar la sangría, estará condenado a la oposición o a apoyar un gobierno de la derecha jugando siempre en el margen derecho de la política, sabiendo que allí solo le queda ser la muleta donde se apoyen el PP y CS.

¿Qué pasará si gana Susana y deja el vacío a su izquierda? ¿Qué pasará, si gana Pedro, con la posición del aparato, la gestora y las viejas glorias?

Nosotros, a pesar de los análisis que se puedan hacer ahora, solo nos queda esperar a ver que deciden los señores y señoras militantes y obrar en conciencia. Al fin y al cabo son cosas del PSOE y sus militantes… De todas formas siempre será complicado gobernar a un país tan diverso, que tiene 62 denominaciones de origen de vinos…


sábado, 6 de mayo de 2017

La nieta y la abuela


Foto tomada de internet
He de reconocer que no suelo salir a andar. Ya se sabe que es un sano ejercicio a mi edad. Pero, tal vez por vagancia, por estar haciendo otras cosas o preferir dedicar el tiempo a otros quehaceres, un día por otro, a pesar de ser consciente de la necesidad de caminar, sigo sin hacerlo.

No obstante, de cuando en cuando, me gusta despejarme, hacer volar el pensamiento a otras esferas y, al ritmo sosegado del paseo, dar rienda suelta a la imaginación. Digo eso porque si dejas la mente suelta, abierta a los estímulos del entorno, ella divagará en función de lo que prefiera o le sea más impactante o interesante entre todo aquello que se ofrece a sus sentidos.

Hoy, en uno de esos escasos paseos, observé delante de mí a una pareja formada por una chica joven y una señora mayor. La joven tenía un tipo impresionante, una figura seductora de belleza 10, y con matrícula de honor. Aflojé mi ritmo para no adelantarlas y seguir disfrutando de la maravillosa visión. Se me vino a la mente lo de viejo verde y recordé lo que suele decir un amigo mío, que prefiere ser viejo verde a estar muerte y carente de deseos. La chica debía medir algo más de 1,70 m. Llevaba una especie de top corto mostrando una fina línea de su cintura entre la falda y el top. La falda, ligeramente por encima de la rodilla, mostraba algunos centímetros de los muslos, dejando a la fantasía una morfología ideal, a la par que le daba frescura a la imagen y un cierto encanto con el rítmico bamboleo al caminar. El pelo rubio y abundante le caía sobre la espalda formando una melena juguetona con la suave y casi imperceptible brisa de la mañana. Zapatos de tacones moderadamente altos, lo suficiente para elevar los glúteos en su justa medida, exhibiendo un trasero seductor. Piernas bien formadas, con caderas perfectas que se iban ajustando armoniosamente a la dimensión de la cintura, que, sin ser de abeja, ofrecía un diámetro de película, formando una figura ejemplar, de modelo, que me hizo pensar por qué es un placer subliminal el toque de guitarra.

Aquella chica tenía todos los encantos necesarios para llamar la atención, para despertar admiración al observarla. Ciertamente, el mundo nos ofrece bellezas por doquier, bien sean naturales o artificiales. Lindas panorámicas, maravillosas construcciones, exuberantes floraciones en primavera, etc. Y cómo no, la natural belleza del sexo contrario o, por qué no decirlo, para algunos y algunas, los del propio sexo. Esto de la belleza parece que no es una cuestión perfectamente definida y baremable, aunque hay ciertas tipologías que serían los modelos matizables según cada cual. En todo caso, yo suelo decir, cuando se ve una mujer bella, que es como una obra de arte expuesta en el museo natural de la vida para ser observada y admirada pero, como en los museos, queda prohibido tocar.

Reconozco, como hombre, que ante estos estímulos afloran sensaciones, sentimientos y deseos esporádicos que bullen en el interior, produciéndose una batalla entre el deseo y la razón que, al final, acaba venciendo. Para ello se nos ha educado en esta sociedad que nos encorseta a normas, no siempre bien interpretadas. Porque, digo yo, ¿no quedaría bonito que cuando un hombre o una mujer, ve a otra persona de belleza y encanto se lo dijera? Sería lindo que alguien te parara por la calle, cuando a veces necesitas un chute de energía positiva, y te dijera: “perdone pero al verle he sentido en mi interior la necesidad de decirle lo bella que es usted, me encanta su pelo, sus ojos o su…” lo que fuere, sin que ello significara que esa otra persona te está agrediendo o invadiendo tu intimidad, sino reconociendo y realzando tu valor. Tenemos miedo a que la gente nos malinterprete cuando decimos algo que pueda sonar a piropo intencionado, a que se viva como una agresión y se nos mande a freír espárragos con cajas destempladas, desde la suspicacia y paranoia que nos ha creado este mundo de oscuras pretensiones. A mí, a veces, me sale del alma y, en más de una ocasión, le he dicho a una chica, amparado tal vez en la diferencia de edad, lo bonitos que tiene los ojos, la luminosidad que proyectan y le otorgan a su cara, o la esbelta y modélica figura de su cuerpo. Evidentemente, mis pretensiones son las del visitante del museo, solo observar y disfrutar de la belleza de la obra creada, sin tocarla, claro está.

Pero volvamos al caso de la chica y la señora que nos ocupan. ¡Qué maravilla! La suerte dotó a la joven, sin ni siquiera hacer nada, con toda su belleza. Ella lo sabía, ¿cómo no? si solo al mirarse al espejo debía recibir una chorro de autoafirmación, y satisfacción personal, con el riesgo de llevarla a la pedantería y el engreimiento. Y mirándolo bien, me dio la sensación de que así era. Pienso que, como se suele decir, se lo tenía creído. Sin comerlo ni beberlo, la naturaleza le regaló la belleza; el mérito no era suyo, en cierto sentido. De todas formas, a mí, me arrebató, sintiendo en mi interior las alteraciones naturales del deseo, porque no nos engañemos, la edad es la edad cronológica, pero la juventud y el deseo afloran sin remisión… otra cosa es el autocontrol y la represión que ejercemos a lo largo de nuestra vida sobre esos deseos de inapropiada exhibición pública.

Luego, cuando se pararon en el escaparate de una librería, no pude menos que imitarlas. No eran los libros expuesto mi motivación, lógicamente y ante el susodicho arrebato. De soslayo observé más detenidamente su cara, su torso, ojos, etc. que la reafirmaban. Linda chica, me dije… y entonces miré a la señora mayor. Debía ser su abuela.

Cambié el chip al ver su cara, cargada de arrugas, el pelo blanco, sus ojos cansados pero no apagados, y todo su ser marcado por el tiempo, por la vida vivida y sufrida, por las experiencias traumatizantes y enriquecedoras, por el acúmulo del conocimiento y saber estar. Yo creo que superaba con holgura los 70 años, pero a mí nunca se me dió bien el calcular las edades, sobre todo en el caso de las mujeres. Eso sí, aquella señora exhalaba encanto por los cuatro costados, hasta tal punto que borró de mi mente a la joven y mi pensamiento voló a otros campos. En ella vi el valor de la persona que a lo largo de su vida se va fraguando, que se crea a sí misma y su belleza y valía es una autocreación, un cúmulo de riqueza acumulada en su ejercicio vital, en su esfuerzo y dedicación a lo largo de la vida.

La obra de arte que portaba su nieta era de otro artista, siendo ella un mero soporte de la belleza; en el caso de la abuela, era ella la artista, la que había creado su obra. La belleza de la joven era un regalo divino, no una creación propia, mientras la belleza de la abuela era el producto de una conformación personal, una creación exclusiva realizada a lo largo de su existencia donde fue modulando sus sentires, emociones, convicciones, valores, etc. hasta resultar el cúmulo de encantos que emanaban de su ser. Se veía una persona culta, sosegada, inteligente, irradiando paz. Ese era su atractivo precisamente. Tal vez despertara cierta envidia en mí, pues a estas edades uno de los elementos básicos que deben movernos en la vida es, precisamente, el encuentro con esa sosegada paz que nos permita transitar por el estadio final de nuestra existencia, hasta llevarnos a un final tranquilo, apacible, dulce y afable. La paz interior se refleja en la sonrisa, en la mirada y los gestos. Se muestra desde la tranquilidad del espíritu, desde el equilibrio interno y la madurez psicológica. A esas edades, si se alcanza esa madurez, se comprende casi todo, se entiende a la gente y se acepta la nimiedad personal, dejando de ser insoportable la levedad del ser, como diría Milan Kundera. A esa edad ya no ha de haber envidias, ni vanidades, ni codicia y avaricias sobre el mundo material, sino sosiego, ternura y nobles sentimientos que se puedan ofrecer a los jóvenes como guía para alcanzar en su mañana esas cotas de desarrollo cercanas a la autorrealización personal.

Curiosamente, la joven pasó a segundo término eclipsada por su (presumible) abuela. Mi instinto reproductor, mi deseo sexual, quedó superado por mi otro deseo de maduración psicológica, de identificación generacional y de modelo proyectivo, sabedor de que mi camino se alejaba de aquella juventud ostentosa de la chica y se acercaba al sereno tránsito de su abuela. Entonces prefería el valor nutriente de la experiencia, a la bacanal impulsiva de deseos con matices de sensualidad lasciva. Tal vez se comprenda esto al entender que el deseo sexual es una necesidad perentoria que una vez satisfecha pierde su poder, como el hambre desaparece después de haber comido.

Hay instintos importantísimos en el ser humano, y todas las especies animales, que permiten su perpetuación a través de la gestación y nacimiento de sus crías, para ello, el acto de inseminación se acompaña de uno de los placeres de mayor intensidad, porque de lo contrario no estaría estimulada esa reproducción y la especie desaparecería. Por tanto, la sexualidad es hedonista y placentera hasta tal punto que, mientras el resto de las especies la usan, por lo general, en los momentos de receptividad de le hembra para la reproducción, el ser humano, dotado de inteligencia, la busca por puro placer. Mientras que las otras especies detectan esa receptividad por el olfato, nosotros usamos más el conjunto de sentidos, la vista, el oído, etc. junto a la interpretación del mensaje verbal y no verbal con todas sus ambigüedades para valorar la receptividad del sexo contrario y la afinidad, feeling o química, que se pueda dar entre ambos.

De ahí que la sexualidad de las personas mayores sufran un declive con la edad, porque la naturaleza es sabia. Los jóvenes, desde su fortaleza, garantizan una mayor calidad de las crías. A los mayores, en todo caso, les compete aportar su cúmulo de saber en lo vivido actuando como nutrientes del conocimiento, como aporte de la sensatez y el equilibrio que otorgó la experiencia, aunque en los últimos tiempos la tecnología nos ande arrebatando el derecho a transmitir las actitudes y el conocimiento intergeneracional. Ello no quiere decir que en la madurez el sexo no exista, sino que se vive de otra forma más sosegada, donde el coito y penetración no es el objetivo principal, sino el contacto, la caricia, el sentimiento de acompañamiento y comprensión. En suma la aparición del amor verdadero y no del amor pasional que prevalece más en la juventud por imperativo subliminal de reproducción.


Si, la abuela era la verdadera obra de arte en el sentido humano integral, con las marcas y arrugas que dejan los tiempos; la nieta era apariencia sublime, de piel virginal, sin el contenido humano de la abuela. ¿Me estaré haciendo viejo?

De todas formas, dado que mañana es el día de la madre, ¿qué mejor madre que la abuela? por eso se llama en algunos idiomas gran madre... va por ellas.