viernes, 24 de mayo de 2013

Transido de dolor

Imagen tomada de internet

Hace un año aproximadamente, un primo segundo mío perdió a su esposa por una penosa enfermedad. Él se llama José Ángel, ella se llamaba Quini. Era joven y llena de vida, cargada de vitalidad y entregada a sus hijos, su casa y su deber como madre y esposa. Hoy le quiero dedicar este homenaje sintiendo la empatía, al pensar, como esposo, en lo que significa la pérdida de la persona amada…


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Transido de dolor 
mi corazón sangra a borbotones,
y es tanta su aflicción
que el llanto vuela con la brisa
gritando entre los campos y los mares
su angustia y soledad
su pena y desconsuelo.

Hoy, que ya no estás,
me dejas solo ante la nada,
ante la vida sin sentido que me embarga
ante el caos y la desesperanza
ante un lúgubre mañana
que anida en mis entrañas.

Ya nada será igual
ya nada merecerá ser vivido
con aquellas ilusiones y alegría
con el agua del amor
que brotaba de tu fuente.

Mis noches, cargadas de tristeza,
se baten en tu ausencia
en mar de abatimiento
de penas y agonía
que marca mi existencia.

Tú ya no estás
y yo me siento solo
solo y confundido
sin tu cálida mano
sin hombro que me acoja
sin tus labios generosos
sin tu voz y tu encanto
sin tu aliento y tu manto.

Mas tengo en mi presente tu pasado
tu empuje, vigor y fortaleza
que dio a esta vida la proeza
de vivir un tiempo afortunado.

Tú me das ese valor que necesito
para seguir en la lucha cada día
para poder conseguir el infinito
con que soñamos cuando tú vivías.

No estás,
mas tu esencia está presente
en todos los rincones de mi alma
en cada lugar de nuestra casa
en cada pensamiento que me absorbe.




10 comentarios:

JUAN dijo...

Sin palabras, amigo Antonio. La vida es cruel a veces.Lo siento por tu primo. Descansa en paz,Quini.
Abrazos.

Antonio dijo...

Gracias, Juan...
Un abrazo

luna llena dijo...

Cuando se van los que queremos, nos queda una pena para siempre.
Me quedo con la esperanza que transmites, en la antepenúltima estrofa de tu poema.
Creo en la vida después de la muerte y tu prima vive.
Un abrazo.

izara dijo...

Ay Antonio, la humedad en los ojos, sustituye a las palabras.
Es lo que teneis las personas con conciencia social y humana, cuando os poneis a escribir las palabras brotan del alma.

Un abrazo amigo.

carmen jiménez dijo...

Querido Antonio: Vi este poema en fb y no fui capaz de leerlo porque la muerte es siempre algo que me paraliza. Sin embargo lucho porque ese sentimiento sea cada vez parte de la vida. Un poema digno de quien ha sabido amar a la persona que estaba a su lado. "Mas tengo en mi presente tu pasado..." Debería bastarnos y sin embargo el dolor se hace tan grande...
Un abrazo.

Antonio dijo...

Luna llena, mi intención ha sudo conjugar el sufrimiento de la ausencia de la amada con el impulso que su recuerdo da a la nueva vida. No sé si hay vida después de la muerte, pero sí que los muertos viven en la memoria de los vivos...
Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, Izara, por tus palabras. Expresar sentimientos, incluso imaginados, ya que no es una vivencia propia, es complejo, pero denota el nivel de empatía que puede conseguir uno.
Un abrazo

Antonio dijo...

Carmen, a mí la muerte no me causa esa impresión, pues la entiendo como el final improrrogable del ciclo de la vida, por lo que forma parte de ella.
No obstante es un trauma en tanto la vida es presencia y compartir cosas y la muerte es ausencia y soledad respecto al otro.
Besosss y gracias por tu comentario

Circe La Hechicera dijo...

Querido Antonio, lindo poema para una persona ausente, que vive, reina y mora en los corazones de su gente querida. Quien vive en el amor y la esperanza no muere, la muerte verdadera esta en el olvido. Un bontio homenaje a Quini. te mando un gran beso desde mi corrompida tierra caribeña

Antonio dijo...

Cierto, Circe, la muerte está en el olvido... Mientras se recuerde a la gente estarán presentes y se notará su influencia, su energía, su vida...

Besos y ojalá el sentido común vuelva a tu tierra y a todo el mundo, ahora que parece haber fallecido por culpa de la codicia y la intolkerancia