jueves, 10 de enero de 2013

¿MUERTE A LOS SINDICATOS?


Tal vez estemos tirando excesivas piedras sobre nuestros propios tejados y denostando en exceso a algunas de las partes que deberían defendernos, como es el mundo sindical y el político. Tal vez, también, estemos haciendo el juego a los que han provocado la crisis y demonizando a quienes nos deberían defender, saliendo de rositas los verdaderos culpables. Estamos allanando el camino triunfal del enemigo que acabará imponiendo su sistema neoliberal exento de trabas y piedras en su camino. Un mercado libre donde el ser humano importe una mierda, salvo que sea productivo para los intereses de ese mercado y mientras lo sea.

Yo sigo creyendo en la democracia real y en la representación de los intereses de los trabajadores mediante un sistema sindical. El problema es que en esta situación podemos acabar quemando la paja y el trigo y perder la cosecha, cuando lo que hay que hacer es aventarla y separar trigo y paja para quemar la paja o dársela a los burros y quedarnos con el trigo que es lo que nos dará el pan. Porque, de lo contrario, deberemos volver a comer de las migajas que caigan de la mesa del señor, que es lo que pretenden. Pero continuamente nos hablan de la mala cosecha y de que hay que quemarla, ofreciéndonos cerillas para ello y distrayéndonos de la verdadera causa de esa mala cosecha que es, además del corrupto, el corruptor por sus intereses personales. Al sistema político democrático representativo lo pretenden destruir para que sea el dinero el que determine las orientaciones a seguir en el gobierno de las cosas, cuando lo que hay que hacer es redefinir, exigir y estructurar una catarsis del sistema que nos lleve a un nuevo marco funcional, a una reforma, que nos libre de la connivencia entre determinada política y grupos de poder financiero, como estamos observando, y nos otorgue la posibilidad de controlar a los corruptos e indecentes que se infiltran en esas organizaciones, para mantenerlas limpias dentro de lo posible.

El comentario siguiente de mi amigo Pepe, que me remitió el texto de Iñaki Gabilondo que acompaño para la reflexión, es suficientemente explícito como introducción del artículo llamado: MUERTE A LOS SINDICATOS. Recomiendo su lectura y que cada cual saque sus propias conclusiones, como no podría ser menos.


Dixit Pepe:
Comparto el análisis y pido una reflexión al respecto. Es conveniente saber desde dónde disparan....
Si el sindicalismo necesita una reforma, hágase. Otra cosa es  que la clase trabajadora se desoriente y crea que la Iglesia o la CEOE, la banca o las multinacionales van a defender mejor sus derechos y conquistas sociales... Pepe.

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MUERTE A LOS SINDICATOS Nueva moda. Rajar de los sindicalistas. Algo fácil y barato, por cierto. Lo llevan en la solapa ciertos políticos, lanzando mensajes subliminales sobre su actual falta de utilidad para los trabajadores, politización, corrupción, derroche económico. Resulta curioso: Los mismos que alientan al escarnio público, suelen lanzar piedras cargadas por sus propias mezquindades.

Además, la destrucción del sindicalismo hace mucho más fácil la labor de los gobernantes, sin movilizaciones ni huelgas, especialmente la de quienes dirigen tras la cortina. Qué bien estaríamos si no existieran los sindicatos, piensan algunos.

El problema es que esa frase por la que suspiran los gobernantes "Qué bien estaríamos sin sindicatos" empieza a calar entre la gente de a pie, con un discurso cargado de improperios, gritos, oportunismo, mala leche y, sobre todo, un enorme vacío de argumentos que se resume en: "Para lo que hacen, mejor que no hagan nada", "Por mi los echaba a todos y los ponía a trabajar", "Están vendidos, no se mueven, no están con los trabajadores". Luego terminan reservándote para el final el placer de oír la raída historia de: "Conozco a uno que está de liberado sindical.".

Confesar ser liberado sindical, en estos tiempos que corren, es un auténtico pecado capital. Mejor inventar cualquier otra cosa antes de que te descubran. Te pueden acechar en cualquier esquina, a cualquier hora: sacando dinero, haciendo la compra, recogiendo a tus hijos en el colegio. Cualquier lugar y excusa es buena, para utilizar como insulto la palabra "sindicalista".

Se puede ser banquero chupasangre, se puede ser político en cualquiera de sus muchos cargos (concejal, alcalde, o delegado provincial.) y trincar todo lo que se quiera, aceptar sobornos y trajes, realizar chantajes, revender terrenos públicos, recortarle el sueldo a los trabajadores o directamente despedirlos sin indemnización. Se puede, incluso, aumentar el recibo de la luz a los pensionistas hasta asfixiarlos, o salir en fotos besando niños y ancianos mientras los colegios y asilos se caen a trozos, cobrar dos o tres sueldos en tres cargos diferentes, declarar a hacienda que se está arruinado mientras se cobra de mil chanchullos distintos, para que su hijo obtenga la beca que le permita comprarse una moto a costa del Estado.

En este maldito país se puede ser lo que se quiera, pero no sindicalista.
Nadie se acuerda ya de la última huelga, aquella en que nadie de la empresa fue, excepto los dos afiliados que perdieron el sueldo de aquel día, para que luego se firmara un acuerdo que les subió el sueldo a todos. Incluso a aquellos que escupieron sobre la huelga.

O de Luís, ese hombre que estuvo 30 años cotizando, y que gracias a la pre-jubilación que se consiguió en su momento, puede ahora, con 60 años y despedido de su puesto, tirar para adelante sin necesidad de buscar un trabajo que nadie le ofrecería.

Recuerden también a Marta, la chica de 23 años que estuvo aguantando un jefe miserable con aliento a coñac, que le obligaba a hacer más horas extras para tener un momento de intimidad donde poder acosarla mientras le recordaba cuándo le vencía el contrato. Hasta que su mejor amiga la llevó al sindicato y, gracias a una liberada sindical, ahora el tipo ha tenido que indemnizarla hasta por respirar.

Son muchos los que les deben algo a los sindicatos, y a los sindicalistas: El maestro que pudo denunciar al padre que le pegó en la puerta del colegio, los trabajadores que consiguieron que no les echaran de la RENAULT, la chica que pudo exigir el cumplimiento de su baja por maternidad en su supermercado. Porque también fue una liberada sindical la que se puso al teléfono el día en que despidieron a Julia, la chica de la tienda de fotos, y le ayudó a ser indemnizada como estipulan los convenios; y aquel otro joven que movió cielo y tierra para arreglarle los papeles al abuelo para procurarle una paga medio-decente, porque los usureros de hace 30 años no lo aseguraban en ningún trabajo. Para qué recordar las horas al teléfono escuchando con paciencia a cientos de opositores a los que no aprobaron, gritando e insultado porque en el examen no les contaron 2 décimas en la pregunta 4. O el otro compañero sindicalista, el que denunció a la constructora que se negaba a indemnizar a la viuda de su amigo Manuel, que trabajaba sin casco.

Ya nadie se acuerda de dónde salieron sus vacaciones, los aumentos de sueldo que se fueron consensuando, el derecho a una indemnización por despido, a una baja por enfermedad, o a un permiso por asuntos propios.

Esta sociedad del consumo, prefiere tirar un saco de manzanas porque una o dos están picadas, por muy sanas que estén el resto. Los precedentes televisivos: entrenadores de fútbol, famosos de la exclusiva en revistas, y demás subproductos, se convierten en clinex de usar y tirar dependiendo de las modas. Ahora, en un momento en que los trabajadores deben estar más juntos, arropados y combatientes contra quienes realmente les explotan, aparecen grietas prefabricadas en los despachos de los altos ejecutivos, ávidos de hincar más el diente en el rendimiento de la clase trabajadora.

¿Quién tirará la primera piedra? ¿Serán los políticos gobernantes, o los banqueros quienes hablarán de dejadez o vagancia? ¿Tendrán capacidad moral los jueces o los periodistas, de hablar de corrupción en las demás profesiones? ¿Serán más idóneos para iniciar lapidaciones, los super-empresarios del ladrillo? ¿En qué profesión se puede jurar que no existen vagos, corruptos, peseteros, o ladrones? ¿Preguntamos mejor entre la Iglesia o la Monarquía? Pero qué fácil resulta rajar en este país. Siembra la duda, y obtendrás fanatismo barato.

Qué bien asfaltado les estamos dejando el camino a quienes realmente nos explotan cada día. ¡Acabemos con los sindicatos! Sí. Dejemos que la patronal y los bancos regulen los horarios, las pensiones, los sueldos, las condiciones laborales y los costes del despido. Verán cómo nos va a ir con la reforma del mercado laboral, cuando los sindicatos dejen de existir y no puedan convocarse huelgas ni manifestaciones.

Verán qué contentos se pondrán algunos cuando sepan que ya no estarán obligados a pagar las flores de los centenares de trabajadores que mueren todos los años, a costa de sus mezquindades.

Iñaki Gabilondo.

Diaz Ferran no está de acuerdo. El mal del país son los sindicatos, dijo.


10 comentarios:

Cayetano dijo...

Los Sindicatos son necesarios en una democracia, al igual o más todavía que los Partidos políticos. Sin ellos, las conquistas sociales que se han ido consiguiendo a través de la historía no habrían podido lograrse. Otra cosa es que haya cosas a mejorar o eliminar; pero no podemos caer en la trampa de la derecha extrema que pretende eliminar toda disidencia para consolidar su programa de liquidación del Estado social. Eso sería hacerles el juego.
Un saludo.

Antonio dijo...

Cayetano, a mí me encantaría tener buenos políticos y buenos sindicalistas,eso garantizaría los derechos de la ciudadanía y la buena gestión de los intereses generales.
La crítica es necesaria perodebe ser selectiva en función de lo criticable y no generalizar hasta denostar la democracia...
Un saludo

JUAN dijo...

Ciertamente, querido amigo Antonio, los sindicatos y los partidos políticos son necesario para que la Democracia sea real y esté viva. Pero no en las condiciones de ahora; algo debe cambiar para recuperar la confianza de los ciudadanos en ellos.
No es la retirada de las subvenciones estatales tal como sugiere la derecha lo que les puede hacer desaparecer, sino el alejamiento de los afiliados y de los simpatizantes por el comportamiento, la ineficacia y los privilegios con que se han blindado.
Durante el periodo de 1977 hasta 1988 los sindicatos no recibían dinero del Estado. Se financiaban de las cuotas de los afiliados, vendiendo lotería y rifas en las empresas, y montando casetas en las ferias gestionadas por voluntarios y cuyos beneficios eran para los sindicatos. Las ejecutivas locales la componían delegados sindicales que al acabar su jornada se reunían en locales alquilados que permanecían abiertos hasta la media noche para atender a quienes que necesitaran de l sindicato. Todos los cargos eran elegidos entre los voluntarios afiliados que acudían por las tardes a ayudar. Nadie cobraba sueldo alguno. Y en esas condiciones, en 1987 los dos grandes sindicatos contaban con 1 millón de afiliados cotizantes cada uno, y el sindicato USO, con 600 mil.
Fue a partir de la 1º Huelga general de la Democracia, el 14 D, de 1988, que todo cambió: en 1990 Felipe Gonzalez les entregó los antiguos locales de la CNS y una subvención para gastos de mantenimiento, material de oficinas consumibles y salarios de los empleados. De pronto surgieron en los sindicatos los cargos remunerados con elevados sueldos, teléfonos móviles y coches oficiales, viajes, almuerzos y cenas de trabajo a cargo del sindicato. Se acabaron los cargos rotatorios y surgieno los enchufes a dedo de amigos y familiares.
Y sobretodo, una vez la paga segura, llegó la inactividad. Se acabaron las huelgas y reivindicaciones por un mejor reparto del trabajo y beneficios de las empresas. Subidas superiores al IPC anual para evitar pérdidas del poder adquisitivo; reducción de la jornada laboral a 1750 al año, permisos por maternidad y otras cosas...
El secretario de Comisiones Obreras de mi ciudad ocupa el cargo desde 1989. Ha dado empleo en la oficina del sindicato a familiares y amigos. El sueldo que se ha asignado no lo sé, nadie conoce las cuentas del sindicato sino los que ocupan esos cargos; pero sí te puedo asegurar que los bienes patrimoniales del Secretario y sus adláteres han crecido mucho, demasiado quizás.
El Secretario de Comisiones Obreras de Jerez , Manuel Trillo, ha ocupado ( no sé si se ha jubilado ya) el cargo desde 1977. Jerez es la ciudad con más alto índice de paro de España y de Europa con más de un tercio de la población en paro. Entiendo que la gente se pregunte para qué sirven los sindicatos de Jerez. Y supongo que en todas partes sucederá los mismo.
Resumiendo, asumo el comentario de Cayetano como propio: Son necesarios; pero hay cosas que deben mejorar y otras se deben eliminar. Un abrazo, amigo.

JUAN dijo...

Quise decir 1750 horas de trabajo al año

Antonio dijo...

Juan, ciertamente, hay muchos que s evendieron, que perdieron su vocación sindical y entraron en ese mundo de corrupción donde el deber se supedita al beneficio propio e inmediato que nos da el poderoso. POr eso sostengo que hay que traer nuevos aires para aventar la parva, para eliminar la paja de estos parásitos y dignificar al luchador demócrata que sí merece la confianza... pero cómo saber que es cada cual si no aventamos?
Un abrazo

asaborido dijo...

Hay mucho sinverguenza suelto, no hay duda. Pero si a los trabajadores nos quitan los sindicatos ¿quién nos va a defender? ¿El PP? nos quieren dejar sólo, sin sueldo, sin defensas, sin nada. Por eso pago mi cuota sindical con el trabajo que me cuesta.

asaborido dijo...

Dejar solos, perdón por la falta de ortografía.

María dijo...

Los sindicatos pareciera como si estuvieran comprados, no sé, yo creo que deberían salir más a la calle, de todas formas ya no confío ni en políticos ni en sindicatos, estoy desengañada.

Un beso.

Antonio dijo...

Rebajar el poder defensivo del trabajador es la base para ponernos los sueldos de vergüenza que pretenden, amigo asaborido.
Un saludo

Antonio dijo...

Maria, creo que el sin dincalismo no debe morir sino regenerarse, pues la lucha entre los intereses del sistema capitalista, empresarial y financiero enfrentado al mundo del trabajo solo persigue eliminarlos para tener sus manos más libres para conseguir sus intereses.
Purguemos los sindicatos para que cumplan su verdadera función o creemos otras alternativas que defiendan a la clase trabajadora que anda por el paro y la desesperanza.
Un abrazo