jueves, 11 de agosto de 2016

Viaje por Galicia y Palencia


Esta segunda parte del viaje por Portugal y el norte de España, lo dedicaremos a la zona española. Habíamos entrado por Badajoz el día 8 de Julio y, tras 4 noches en el país vecino, pasamos a Galicia por la frontera entre Valença do Minho y Tuy. Teníamos previsto pasar dos noches en Vigo para seguir luego hacia A Coruña y visitar a unos amigos, pero los amigos de Vigo, Pablo y Mercedes, nos dijeron que Chelo y Quique venían en dos días a la ciudad y decidimos esperarlos allá y darles la sorpresa.

En este texto incluiré enlaces para que, quien quiera conocer más sobre la zona en concreto, pueda cargar desde internet esa información. La ruta se inicia con la entrada a España por Tuy para asentarnos en Vigo, visitando desde allí las Islas Cies, Combarro, la Ribeira Sacra, el monasterio de Santo Estevo y Allariz, para pasar luego por Puebla de Sanabria y ubicarnos en Carrión de los Condes, con desplazamiento a Saldaña y aledaños. De vuelta a casa pasamos por Lerma y Madrid en visita familiar. Pero vayamos por partes.
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Tuy


















Tuy es una ciudad fronteriza con Portugal al sur de Galicia, de unos 17000 habitantes, cargada de historia desde los tiempos remotos, que toma especial relevancia con la separación de Portugal del reino de Galicia y León, allá por el siglo XII. Siendo fronteriza fue campo de innumerables actos bélicos, tomando especial relevancia a lo largo de los siglos siguientes. Un detalle significativo es su catedral almenada, a modo de fortaleza, dedicada a Santa María, que se construyó inicialmente bajo el estilo románico y fue modificada a lo largo de los siglos apareciendo importantes aportaciones de estilo gótico. Su portada principal está considerada el primer conjunto escultórico gótico de la península ibérica.

En realidad solo estuvimos un par de horas, aprovechando para tomar café y dar una vuelta por sus calles céntricas cargadas de historia y de una arquitectura y urbanismo propia de los cascos antiguos de este tipo de ciudades. Vale la pena pasear por ella e ir descubriendo la peculiaridad de sus rincones e iglesias, como la de San Telmo o la capilla de la Misericordia.
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¡Cómo ha cambiado Vigo desde la última vez que lo visitamos hace unos 20 años! En el fondo se ha sometido a esa transición del pasado al presente a través de la ruta seguida por la mayoría de los pueblos de España y otros países, pues en Portugal también tuve esa sensación. Lo vi más limpio, más presentables sus fachadas, con mejor cuidado y desarrollo urbanístico, con más encanto. Allí nos esperaban Pablo y Mercedes, amigos de profesión y dedicación a la salud mental. Dejarse aconsejar y recorrer la ciudad de la mano de sus entendidos habitantes siempre es un placer.

Nos alojamos en el hotel Puerta del Sol, en la plaza del mismo nombre, a un tiro de piedra del centro, por no decir en el mismo centro, y del casco antiguo y puerto. Ambiente nocturno llenando las terrazas de los bares, donde corría la cerveza y los ricos caldos de la zona, como el albariño o el ribeiro, acompañando siempre un buen plato de pulpo, mejillones o mariscada, además de otros muchos que integran la rica gastronomía gallega. Primera noche dedicada al centro y su oferta de ocio y restauración, con poca cosa más, pues el viaje fue agotador y la cama nos llamaba.

No se olviden pasar por la calle de la Piedra o Rua da Pedra, para degustar las ricas ostras que se adquieren en unas mesa de piedra para ser consumidas en los bares aledaños, donde, además, podrás completar el mantel con otras viandas como el pulpo, los mejillones, navajas, filloas como rico postre (aunque en este caso las pedimos rellenas de marisco), etc. y regado todo por un fresco vino de la tierra.

La segunda noche nuestros amigos nos sorprendieron con un lugar apartado, en las afueras de Vigo (creo que se llamaba restaurante Luis), al otro lado de la ría, en la ladera de la montaña, panorama pintado con el verde de sus campos asomados a la ría para ver las bateas de mejillones en lontananza. Una impresionante mariscada, escoltada por otros platos de productos substraídos a la mar y deleite del fresco sabor del albariño, nos llamaba al apetito, pero recordando que la mesura a nuestra edad es una buena consejera para poder descansar por la noche plácidamente, sin que proteste el tracto digestivo por el acúmulo de fósforo y derivados del marisco, amenazando con elevar los valores del úrico y sus consecuencias.

Galicia, además del marisco y el vino de las cepas de su ribeira sacra, es rica en quesos, de sabor variado, pero prevaleciendo el de tetilla, que se presentan en forma de mama, o teta. Aunque el quesero que nos vendió diversos quesos de la zona, nos comentó que “el buen queso gallego se presenta en forma de disco o lenticular”. Aludió al queso Arzúa-Ulloa y también nos habló y dio a probar el Queixo do Cebreiro, el San Simón da costa y otros. Tentación que acaba incitando a cargar con quesos si no andas con la suficiente mesura.

No quiero olvidar la comida con nuestros amigos de A Coruña, a los que les dimos la sorpresa cuando llegaron al hotel Pazo dos Escudos, puesto que no nos esperaban allí. Con Chelo y Quique comimos y pasamos la tarde, hasta que se incorporaron Pablo y Mercedes. Siempre es un placer compartir con ellos tiempo, conversación y anécdotas del pasado en los congresos y en la historia de nuestra actividad profesional. ¡La química en la amistad es tan importante! y Chelo es un flujo continuo de bondad y humanismo que trasciende hasta atraparte en esa sensación placentera que provocan determinados amigos cargados de energía positiva. Nos gustó el hotel Pazo dos Escudos. Claro un 5 estrellas suele gustar, pero en este caso su arquitectura de fachada palaciega, sus vistas e instalaciones, justificaban esa sensación.

Pero en Vigo hubo más. También pasamos un buen rato, una de las noches, compartiendo ronda de tapas y vinos con nuestra paisana y amiga Julia Senciales, con la que quedamos para vernos en el centro. Julia hace muchos años que marchó del pueblo, aunque vuelve cuando puede a revivir sus años infantiles y mozos. En este caso, los revivimos a la par contando anécdotas y vivencias del pasado, al amparo de la privilegiada memoria de Julia, que nos sorprendió con su capacidad de recuerdo. Gracias a ti también, Julia, por el buen rato que pasamos.
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También visitamos las Islas Cies. No habíamos ido antes y esta era una excelente oportunidad para conocerlas.  Tomamos el barco desde Vigo con la intención de hacer una pequeña excursión por ellas y llegar hasta el faro, pero el cuerpo ya no es el que era y no responde al esfuerzo requerido para subir montes aunque sea una tolerable inclinación. Apenas pasamos del camping nos dedicamos a ver el paisaje, a disfrutar del expectante flujo de peces en la laguna y de la blanca y extensa playa cargada de bañistas bajo un sol excepcional en aquellos días. Paseo, pues, por la isla, fotos al canto y una cerveza fresca cerró nuestra estancia. Es un buen lugar para acampar en su camping y pasar unos días desconectados del mundanal ruido, solo arrullados por la  música de las olas y alguna que otra ave, prevaleciendo las gaviotas. No hay coches, ni moto, solo el barco que te lleva y trae. Para subir al camping, cargando con las tiendas y viandas, hay unos carritos de tracción manual que has de arrastrar a modo de bestia de carga. Los niños pequeños, sentados en el carrito, mientras sus padres o madres lo arrastraban, eran felices con aquel invento… se les veía en la cara.
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Anduvimos indecisos entre Combarro y Baiona, al final nos acercamos a Combarro para pasar un ratito y ver su amplia oferta de hórreos y sus construcciones en piedra y entorno marinero. Fue de pasada. Os dejo algunas fotos y enlace a internet a un lugar llamado La gran escapada, donde encontraréis un interesante reportaje sobre el pueblo.
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La visita a la Ribeira Sacra fue una buena decisión, ya que incluimos en la ruta el monasterio de Santo Estevo y Allariz. Hicimos la entrada bordeando el río Sil desde Os Peares hasta el embarcadero para coger el catamarán. Bosque profundo, carretera estrecha y no apta para miedicas por la falta de luminosidad y, sobre todo, deslumbramiento solar. Difícil encontrar el sitio si no fuera por el GPS que siempre es una buena herramienta para llegar a destino, que era el embarcadero del embalse de Santo Estevo (San Esteban). Este embalse se construyó en el mismo Cañón del río Sil, sobre una orografía muy complicada, lo que provocó que su construcción durara muchos años. Se inició en 1945 y en el año 1956 fue inaugurado. Fueron necesarios 2000 hombres, de los cuales una parte importante eran presos del régimen traídos por la Empresa Dragados de Penales do Estado.

El catamarán, a un precio de 13 euros por persona, remonta el embalse por el Cañón del Sil rodeado de montañas boscosas, con algún que otro mirador desde las mismas. En la vertiente norte se aprecian viñedos sembrados en laderas empinadas de acceso muy dificultoso y no menos dificultosa vendimia pues, en algunos casos, solo se puede sacar la uva a través del propio río. La vid solo se verá en la falda norte donde disfrutará la cepa de mayor exposición solar dando una mejor calidad a la uva. La ladera sur ofrece abundantes castaños, que en este tiempo estaban en plena floración.

El viaje dura una hora y media, algo largo bajo mi punto de vista, pero merece la pena por la espectacularidad del entorno. Para garantizar una plaza en el barco se ha de llamar antes por teléfono y reservarla, incluso pagarla, si se quiere, por internet. La salida hacia Santo Estevo es menos dificultosa que la entrada por Os Peares y se encuentran algunos miradores que te invitan a parar y disfrutar de espléndidas vistas del embalse y los cañones.
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Es un conjunto monasterial católico ya en desuso, ubicado en el municipio orensano de Nogueira de Ramuin, en la comarca de la Ribeira Sacra. En la actualidad forma parte de la red de Paradores Nacionales. Por su aislamiento es un lugar privilegiado para el descanso, la meditación y el encuentro con la naturaleza. Como todo parador ubicado en  monasterio conjuga el ascetismo o sobriedad religiosa con las comodidades del presente, produciendo una extraña sensación entre misticismo y confort. Pasear por los claustros mientras se lee es una de las bondades de estos lugares, o bien contemplar sus arcadas haciendo volar el pensamiento hacia un pretérito lejano, donde el poder de los monasterios era absoluto en sus dominios y daba vida a todo un mundo integrado por sus siervos y vecinos.

Su etapa de esplendor se inicia en el siglo X, bajo la autoridad del abad Franquila. De forma similar a lo ocurrido con otros claustros, también sufrió los efectos de la Desamortización de 1835. En 1923 recibió el reconocimiento de Monumento Histórico-Artístico. Su estructura y decoración cuenta con elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos. La fachada, un conjunto de gran interés, pertenece a este último estilo. Está organizado alrededor de tres claustros. El más antiguo, llamado de los Obispos, es románico. Los otros dos, también de gran belleza, son renacentistas.

La iglesia, de origen románico y planta basilical, tiene dos torres de campanario a los lados. En su interior se guarda un altar de piedra de gran tamaño que representa a Jesús con los apóstoles, mientras los retablos, renacentistas del siglo XVI, muestran escenas del Nuevo Testamento. En el exterior encontramos un cementerio.
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Aparte del enlace que pongo en el nombre del pueblo, podéis encontrar una excelente información de Victor Gómez en un artículo sobre el lugar en este otro enlace. Aunque ya íbamos cansados del viaje y dada la hora y el calor en las proximidades de Ourense, no podíamos dejar de visitar este pueblo, que te ofrece una arquitectura y estructura urbana singular y rica, con calles pavimentadas con grandes losas de piedra, un excelente parque urbano y un río con abundante agua que impregna de frescor su entorno. Allariz es uno de los pueblos más bonitos de la zona y de gran patrimonio histórico de componente medieval. Entramos por el puente románico del siglo XII, con cierta envidia hacia los chavales que se zambullían en el mismo río o en la piscina aledaña para matar el calor. En la puerta de la iglesia de Santa María observamos un cruceiro de los muchos que se ven por esas tierras gallegas, mientras discurríamos por una calle cubierta por unas frondosas plantas que le aportaban un agradable frescor.

Su Casco Histórico, fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1971, y restaurado posteriormente, lo que le valió que le concedieran el Premio Europeo de Urbanismo. Tiene una interesante oferta museística y turística que es aconsejable conocer de la mano de la chica de Información y Turismo, siempre atenta e interesada en diseñar la mejor ruta para visitar el pueblo, aunque en nuestro caso solo pudimos dar una vuelta por sus empinadas calles, ver su robustas casas de piedra y granito y tomar un café con hielo a la orilla del río mientras el agua, en un salto de molino, nos arrullaba a su paso dando una sensación de relax y sosiego. Vale la pena visitar ese lugar, os lo aseguro.
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Puebla de Sanabria era un lugar de tránsito, pero como teníamos que comer decidimos hacerlo en un restaurante afamado de esta villa, el Abelardo, que tenía bastante demanda en ese momento, donde se degusta un excelente pulpo a la sanabresa, buen bacalao, truchas y otros manjares.

De esta localidad cabe destacar el conjunto urbano de Puebla de Sanabria, resultado de las múltiples intervenciones a las que se ha visto avocada en su devenir histórico. Su extremo norte conserva las principales edificaciones, reflejo de su antiguo poder civil, militar y eclesiástico. Su recinto urbano se encuentra limitado por estructuras defensivas de la época medieval que fueron modificadas y reforzadas a partir del siglo XVII. Destaca el notable nivel de conservación de su patrimonio paisajístico y medioambiental, de características similares a las del cercano espacio natural protegido del parque natural del Lago de Sanabria.
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Hablar de Carrión es casi como hablar de nuestra segunda casa. Hace años que, de la mano de nuestros amigos Pablo y Marisa, Carrión nos abrió sus puertas, casi nos hizo hijos adoptivos y sembramos la amistad con mucha gente. Su historia se pierde en la noche de los tiempos. La vía romana Aquitania, que une Burdeos con Astorga, y que fue construida, lógicamente, por los romanos, pasa por allí. Durante la Alta Edad Media, Carrión de los Condes fue una de las ciudades más importantes de los reinos cristianos y en ella se celebraron cortes y sínodos.

Allá por 1398 nació en la localidad el famoso militar y poeta Marqués de Santillana, nombre por el que es conocido Íñigo López de Mendoza, justo al frente del bar de mi amiga Belén. No hago alusión al tributo de las Cien Doncellas que, junto con la batalla de Clavijo, no deja de ser un sospechoso mito, y de las diatribas entre el Cid y los Condes de Carrión, que también anda en cuestión por su falsedad, solo sustentadas por el Cantar del mío Cid.

Más de una vez lo hemos convertido en punto de referencia para organizar rutas y conocer la zona. Al estar en el transitado Camino de Santiago, es rico en arte románico y edificios religiosos de gran monumentalidad. Especialmente bello es el Pantocrátor del friso de la iglesia de Santiago. Aconsejo entrar en el enlace para conocer más de esta interesante localidad (cliquea aquí). Se ha de resaltar como bien de interés cultural, además de la referida iglesia de Santiago, la de Santa María del Camino y el Monasterio de San Zoilo, sin olvidarse de las iglesias de Belén, San Andrés Apóstol y San Julián o el Convento de Santa Clara de las Clarisas. Como arquitectura civil resalto el Ayuntamiento, la Casa de Cultura, el Teatro Sarabia, la calzada y el puente sobre el río Carrión.

El monasterio de San Zoilo es en la actualidad un hotel, donde nos alojamos, manteniendo toda su estructura y monumentalidad. Sus dos claustros, jardines, refectorio, la iglesia, etc. le dan un toque especial que, con un continuo canto gregoriano de fondo, te trasporta a otra dimensión. El frescor de su arbolado entorno, potenciado por la proximidad del río Carrión, hace de él un oasis placentero en medio del caluroso verano castellano. Su milenaria historia está jalonada de hechos importantes. Una visita para conocerlo es imprescindible si se pasa por la ciudad.

Desde allí se pueden visitar diversos lugares con una estupenda oferta de arte, sobre todo románico, como son Villalcazar de Sirga; la iglesia del más puro estilo románico, de San Martín de Frómista; la Villa Romana de la Olmeda; la singular Saldaña con su plaza porticada y el cercano restaurante El Molino; Támara con su impresionante iglesia de San Hipólito el Real donde veréis un precioso órgano sostenido por una sola columna de madera; o el majestuoso retablo renacentista de la iglesia de Santoyo. No me puedo olvidar de recomendar una visita a Palencia para ver su catedral, a la que llaman la bella desconocida, además de otros lugares de interés que tiene la ciudad. Tampoco me quiero olvidar de Astudillo, cuyo conjunto monumental fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico Artístico, en 1995. Resalto el Real Monasterio de Santa Clara, fundado a mediados del siglo XIV por María de Padilla, querida del rey Pedro I de Castilla.

En otras ocasiones, desde allí, hemos viajado a Burgos y sus Merindades,  a Aguilar de Campoo, Herrera de Pisuerga, o la zona de los pantanos del norte de Palencia, Sahagún, los Campos Godos y sus pueblos, norte de Valladolid, León y un amplio etc. Pero en este caso solo visitamos Saldaña de la que os hablo a continuación.
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Saldaña, también a orillas del río Carrión, está algo más al norte. Es el centro comarcal de la comarca de Vega-Valdavia. Fue la cabecera de más de cien lugares, señorío del Marqués de Santillana y uno de los centros de formación más importantes del país. La antigua Gili-Zalan, luego llamada Saldania, se hizo famosa por sus luchas contra Roma, cuya dominación fue larga y fecunda. Lo atestiguan los alrededores, que son un inagotable filón arqueológico, en gran parte intacto. En este sentido podemos visitar uno de los yacimientos más importantes de restos arqueológicos romanos en España, como es la Villa Romana de La Olmeda, que, aunque corresponde al municipio de Pedrosa de la Vega, está en ruta, muy próximo a Saldaña, donde se conservan en una iglesia, a modo de museo visitable con la misma entrada de la Villa Romana, muchos de los restos que se fueron encontrando en la citada villa.

Tiene fama la Casa Torcida de Saldaña, que es una  casa solariega de finales del siglo XVI situada en la plaza del marqués de la Valdavia, en cuya fachada se observa una malformación de las jácenas del primer piso, por lo que cuenta con dos teorías acerca de su extraña construcción. La primera es que se trata de un hundimiento del terreno, la segunda que fue construida a propósito de esa manera para facilitar la carga y descarga de grano desde el primer piso. Actualmente la casa ha sido rehabilitada en su totalidad y desde el año 2010 funciona como un establecimiento hostelero, en cuyo restaurante hemos comido en alguna ocasión.

Me permito copiar unas curiosidades sobre su plaza Vieja y el entorno: “También conocida como Plaza de los Francos, o incluso Plaza de los Marranos, lo que nos da una pista de su actividad mercantil y cercanía con la judería de la villa. Declarado conjunto histórico-artístico desde el día 30 de mayo de 1996. Aunque el conjunto actual en su mayoría es obra de los siglos XVI al XVIII, sus orígenes se remontan al siglo X. Su arquitectura es de poste y carrera, con soportales de madera y algunos con columnas de piedra. En noviembre de 1128, el castillo de Saldaña fue escenario de la boda real del hijo de la reina Urraca y Raimundo de Borgoña, Alfonso VII Raimúndez, con Berenguela de Barcelona, hija del conde de Barcelona Ramón Berenguer III. Para celebrar tan magno acontecimiento, se celebró una corrida de toros en esta insigne plaza, la primera conocida en la historia taurina de España”.

En esta ocasión nos sorprendió la celebración de la Semana de la Villa Romana de La Olmeda. Numerosos vecinos iban ataviados con indumentaria romana, disfrazados de patricios, doncellas, centuriones, gladiadores, etc. En la plaza encontramos un mercado a estilo romano, con alfarero incluido y ambiente apropiado a la celebración. Desfile con carroza y música y el negocio redondo en bares y comercios. Dejamos el lugar y nos fuimos a comer al restaurante El Molino, a muy poca distancia de la villa.
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Dice su lema: “La mejor cocina castellana en el lugar más paradisíaco”. Yo resalto sus carnes de la región y el lechazo asado. Pero más, incluso, recalco lo de lugar paradisiaco. Es un viejo molino rodeado de arboleda y canales de agua corriente que le otorgan un frescor y ambiente singularmente refrescante y sombreado. El único problema son los mosquitos que, como es natural, habitan la zona.

Buen lechazo, doy fe de ello, y buen yantar en conjunto. Sombra y brisa que silva entre las hojas acompañando el sonido del agua cantarina al sentirse liberada del estrecho paso bajo el viejo molino que le aprisiona en su aceña.
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Parar en Lerma era una vieja aspiración, pues ya en otras ocasiones pasamos de largo mientras nos llamaba su silueta monumental desde la colina. En esta ocasión decidimos parar, comer allá y dar una vuelta por la villa tan renombrada por la fama del que fuera su señor, Duque de Lerma.

Su historia y desarrollo va irremediablemente unida al mecenazgo de Francisco de Sandoval y Rojas, que fue el primer Duque de Lerma y valido del rey Felipe III. La villa fue al Valladolid cortesano (1601-1606) lo que El Escorial a Madrid. Fue declarada conjunto histórico-artístico en 1965.

Es conocida por ser el principal conjunto arquitectónico herreriano de España y alberga el único parador de turismo de la provincia de Burgos, ubicado en el Palacio Ducal de Lerma, considerado uno de los diez mejores paradores de España (durante la Guerra Civil se utilizó el edifico como cárcel). En él comimos y lo visitamos como un ejemplo de esplendor palaciego y monumentalidad. Es recomendable tomar un café o refrigerio en su patio de columnas para disfrutar de su entorno esplendoroso.

Transitando por la ciudad se ha de visitar forzosamente su plaza mayor que es una de las más grandes de España, incluso que la de Salamanca. Resaltar también el Mirador de los Arcos, el Arco de la Cárcel, sus murallas y casas medievales y su casco antiguo. La gastronomía castellana tiene allá un excelente referente.
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Fin de la ruta, pues ya todo el tiempo restante se dedicó a visitas familiares y volver a casa, que, tras tan largo e intenso viaje, era nuestro principal objetivo para poder descansar. 

2 comentarios:

Myriam dijo...

Estupendo reportaje. Conozco Galicia, justamente
en uno de los lugares que paré fue en Tuy, visitando amigos.
jajaja ahi el auto de alquiler que me tocó en suerte,
era enorme (había pedido uno más pequeño, obvio).

Recorrí muchos lugares, pero veo que tu me muestras
otros por los que no he estado que me apunto.
Buenisimas las fotos,
Muero por ese pulpo saldañés.

Las ilas Cies, que no sabía que existían,
son paradisíacas!

Besos a los dos

Antonio dijo...

Myriam, tienes que volver a esa zona.... Bueno España está plena de lugares recónditos sorprendentes cargados de historia que te están llamando.
Besos