jueves, 18 de agosto de 2016

Federico está presente


Hoy hace 80 años que sacaban a Federico García Lorca  para darle el paseíllo. Ese término asesino que significaba arrancarle la vida a un ser humano en la penumbra de la noche, en la alevosa oscuridad, cuando los cobardes se esconden para no ser vistos, pare dejar impune su crimen. Unos mostrencos, ignorantes y cernícalos, sin dos dedos de frente y un espíritu servil a sus señores amos, incapaces de comprender la esencia de la vida y al propio ser humano, llevados por el odio, la intolerancia y el dogmatismo más alienante, ejercieron de asesinos creyendo que las armas pueden con el verso y la palabra, que las balas tienen más poder que las ideas y el hombre es más hombre mientras más bruto resulta.

Federico era singular, cargado de creatividad, de sensibilidad y espíritu trascendente, donde se cultivaba la verdadera esencia del ser humano. Trabajó por erradicar la incultura, por cultivar el espíritu, por acercar el hombre a las cosas que le rodean desde el sentimiento y esa sensibilidad que las hace más bellas a caballo de la poesía limpia y clara; trabajó por el desarrollo y evolución de una sociedad desde la cultura y el conocimiento para liberarnos de la esclavitud a la que nos somete la ignorancia. Cantó a su pueblo, a las cosas sencillas de la vida, a la muerte y a la gloria, al drama y al amor, al deseo y la amistad, al mundo gitano y a sus ritos y sus dogmas.

El arte, que siempre anida en las mentes sensibles, creativas y libres, no se tolera por los dictadores si no se somete a sus designios. Federico era un artista libre y rebelde, transgresor e insumiso. Sus ideas defendiendo la libertad de la gente llana, del pueblo, su republicanismo, su rechazo a las oligarquías y su homosexualidad, fueron condicionantes para motivar a sus asesinos a perpetrar el crimen, crimen de lesa humanidad, porque Federico era Patrimonio de la Humanidad. Tal vez, esos mastuerzos privaron a España de un Premio Novel de literatura. Según Ian Gibson, el “ínclito” Queipo de Llano, bendijo la ejecución con el «dadle café, mucho café». Tal vez los honores otorgados a ese verdugo sean una muestra inapelable de la España anacrónica que maltrata a sus hijos y los somete a la oligarquía dominante. ¡Qué vileza elevar a rango de héroes a los asesinos de la libertad del pueblo!

Yo, como cada año, sigo recordando su grandeza, su arte y su sensibilidad, que  cautiva a todo el que ama la poesía. Este es mi pequeño homenaje que, como es lógico, lo expreso en verso:
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Hoy, tras 80 años,
sigo sintiendo en la noche
el llanto de las estrellas,
la luna desalentada,
o la sombra de la muerte  
entre puñales de nácar,
y el reventón de la rosa
roja de sangre manchada
que fue cubriendo su cuerpo
en una fría madrugada.

En el barranco de Viznar
yace un vals sobre la jara
y una nana que despierta
llorando desesperada.

Mientras que en el viento bailan
canciones de amor y pena
suenan guitarras de plata
tocadas por los gitanos
entre zorongos y zambras.

Su sangre quiere trepar
montada sobre la savia
a través de un pino verde
para ver si divisaba
como llevaba la muerte
el horror y la desgracia
por lo campos de su patria
sobre los caballos negros
que van derramando sangre
de la mano de la parca.

Federico no se ha muerto
por mucho que lo mataran,
siguen danzando en el aire
sus versos y sus palabras
mecidos por esa luna
en una cuna de plata
mientras le canta una nana
herida de amor y magia.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Málaga, 18 de agosto de 2016



2 comentarios:

Antoñi Ariza Moyano dijo...

Que omenaje más bonito y con tanto sentimiento y la canción preciosa

Antonio dijo...

Gracias, Antoñi. Federico es para mí uno e los más grandes poetas que dio la generación del 27. Me encanta, junto a Antonio Machado y Miguel Hernandez, sin olvidarse de los otros que sufrieron la persecución por ser poetas y amantes de la libertad.
Un abrazo