domingo, 24 de abril de 2016

El Quijote. Otra forma de glosar a Cervantes

(Me gustaría conocer tu opinión sobre este blog para orientarme a la hora de tomar decisiones y cumplir el objetivo que me propuse. Si no te importa, te ruego contestes a una pregunta que aparece al margen izquierdo sobre el asunto. Gracias.)
La utopía que busca la justicia, la confunden con locura.

Ahora se cumple el 4º centenario de la muerte del gran escritor y figura universal de las letras, D. Miguel de Cervantes Saavedra. Su máxima obra, El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, es el segundo libro en español que más veces se ha imprimido en el mundo, tras la biblia.

Yo, a modo de homenaje, sin entrar en historias y debates sobre este o el otro Quijote, el de Avellaneda, y quien era ese tal Avellaneda al que, por cierto, algunos identifican con Lope de Vega…  quiero mirar esta obra suma desde otra dimensión. Quiero intentar verla desde la perspectiva analítica de toda obra de arte, viendo lo que en el fondo se pude deducir de tan brillante novela.

Si el arte tiene algo singular es precisamente su ambigüedad. La ambigüedad para poder interpretarlo, para proyectarte en la obra y sacar conclusiones en función de tu personalidad, de tu capacidad interpretativa de la simbología que parece poner sobre la mesa. Por eso existe tanta disparidad a la hora de valorar una obra de arte… para unos es insignificante al no saber interpretar o sacar partido a su propia interpretación de lo que el artista, hipotéticamente, pudo decir; para otros la cosa está clara y saben lo que la motivó, el mensaje que el artista quiso transmitir; pero, en todo caso, el observador, o lector, interpretará con sus recursos y capacidades la simbología de la obra dándole sentido bajo su perspectiva. Pero hay otros aspectos que, posiblemente, ni el propio artista valoró en su día. Me refiero al mensaje subliminal que brotó de su interior de forma incontrolada y que será interpretado por los observadores de la misma. Habría que interpretar, pues, que el autor la dotó de un contenido manifiesto y otro latente, escapando este último a su propio control.

En el caso de Cervantes y su D. Quijote se han derramado ríos de tinta a lo largo de su existencia. Se dieron críticas, interpretaciones, justificaciones, aclaraciones y desmenuzamiento metódico del conjunto de la obra por parte de eruditos, de grandes expertos, académicos, doctores y entendidos, biógrafos y estudiosos cervantinos de su obra y perfil personal y circunstancias socio-ambientales de su tiempo. Yo, que soy un profano en la materia, un sujeto limitado por su conocimiento en el campo de la literatura, ya que mi campo es más de la psicología y el librepensar, me voy a permitir unas disquisiciones poco académicas que pretenden dar otra visión de ese D. Quijote, loco de atar, pero caballero generoso, justiciero y “desfacedor de agravios”.

Se comenta que los que dicen la verdad son los niños, los borrachos y los locos. Tal vez tengan razón. En ninguno de los casos se hallan condicionados por esa autocensura que nos limita la expresión a la gente “sensata” y razonablemente inserta en un mundo de falacias, falsedades y convencionalismos hipócritas que nos van condicionando la vida hasta hacernos ver, o hacer ver que vemos, lo que no existe pero es plasmado como una realidad por los que orquestan la movida social, marcada de moral, ética, credos y asunción de los principios y valores sociales imperantes. Para romper con ello, los psicoanalistas dirían que lo prohibido solo se puede expresar desde la simbología transgresora pero no repudiable, o por sujetos que no estén sometidos al control social y cuenten con la permisividad de la sociedad en base a su caso particular… “es un niño, está borracho, está loco…” es decir, no tiene credibilidad para dar valor a lo que dice.

Por tanto, D. Quijote, que es considerado como loco, es un excelente denunciante de las maldades, injusticias y abusos de la sociedad que habita, por lo que acaba autonombrándose “caballero andante desfacedor de entuertos”. Para ello ataca e intenta destruir los elementos que simbolizan esa maldad e injusticia.

Los molinos de viento son gigantes que representan al poder amenazante que somete al mundo desde la atalaya, con sus provocadores brazos que giran y gesticulan ostentando su dominio. Pero como este mundo no funciona sin el poder del amor, de la belleza y lo sublime, que personifica en la mujer, crea una Dulcinea idealizada, que va más allá representando la exaltación y la máxima motivación que orientan los actos de los hombres buscando la verdad y la bondad, llevando a la simbiosis de las almas a través del amor. Y libera a la cuerda de presos que marcha a galeras, más que por sus delitos, por la necesidad que tiene el reino de galeotes. Y he aquí otro momento sublime, cuando ataca al rebaño de ovejas confundiéndolo con un ejército y siendo derribado por las pedradas de los pastores… al fin y al cabo ¿hay algo más parecido a un rebaño que un ejército donde el soldado no piensa, solo obedece? Siempre alerta en su locura, a caballo de su ansiedad y necesidad de hacer justicia, de defender a los necesitados y pobres, a los humillados y desfavorecidos por la vida, busca de forma continuada la revelación y el descubrimiento de la injusticia que requiera de sus servicios para reponerla.

No son solo sus actos de locura, siempre canalizados hacia la rectitud, hacia la probidad u honradez, sino sus sabios consejos cargados de sensatez, donde muestra que, de la locura introspectiva de su esencia y sus valores humanos, resurge la prudencia de la madurez y el buen criterio de la sabiduría utópica difícilmente asimilable por el mundo descompuesto y perverso que le rodea, pues no llegan a comprender, dentro de su analfabetismo racional, emocional y de principios y valores, el mensaje y preocupación del caballero andante que pretende la perfección y la excelencia de una sociedad justa y si agravios. Por eso busca “desfacer entuertos”.


Grandes consejos recibe el buen Sancho de su amo cuando se prepara para gobernar la Ínsula Barataria. Pero me paro en uno de los más ingeniosos casos de justicia que hubo de resolver el buen Sancho Panza en su corta actuación como gobernador de la Barataria, cuando su agudeza le llevó a descubrir que los diez escudos de oro que reclamaba un vecino al otro estaban escondidos en el báculo de caña; o la buena razón usada para el caso de la mujer y el ganadero, al que acusaba esta de haberse aprovechado de su cuerpo y robado a la vez sus ahorros. Con estos y otros casos Cervantes viene a mostrar que la justicia ejercida desde la sencillez, desde la inocencia, es más certera que la ejercida desde las leyes escritas para defensa de unos y aprovechamiento de otros. Este canto al sentido común de un Sancho Panza analfabeto nos muestra el verdadero entronque de ese sentido común de los pueblos y la gente.

Como un acto excelso de sabiduría, dentro de su locura orientada hacia la utopía, retomo sus consejos a Sancho Panza, aleccionándole en el uso del buen criterio, de la justa y recta actitud, que le permitirá asentarse como un bue gobernante. Si nuestros gobernantes hicieran caso a algunos de estos consejos todo nos iría mejor:

·        Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
·        Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.
·        Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.
·        Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
·        Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.
·        Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos.
·        Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.
·        Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
·        Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
·        Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
·        Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso.
·        No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.
·        Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
·        Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones,
·        Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.
·        Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma.

Como puede verse, Cervantes, no solo fue un gran escritos, sino un excelente pensador y humanista, que supo, burlando la censura, criticar a una sociedad corrompida e injusta, bajo el trato del humor, al situar en la ridiculez social de la locura los valores y principios humanos más consistentes para el buen gobierno de la sociedad. Al loco se le está permitido decir lo que en el cuerdo es un pecado irreparable. El acceso a la verdad les es más fácil a los locos o los niños si se trata en clave de humor. Si lees el Quijote, la próxima vez, mira entre las líneas, en las entretelas de la obra, y aflorará, de la mano de la locura, la mayor sensatez y cordura que representa al buen gobierno de los hombres y mujeres de este mundo.


2 comentarios:

Myriam dijo...

¡¡He disfrutado mucho de tus disquisiciones
cervantinas!!.

Como sabes tengo mucho escrito en mi blog sobre el Quijote:

http://deamoresyrelaciones.blogspot.co.il/search/label/Quijote

Un abrazo

Antonio dijo...

Lo sé, Myriam, lo sé. Eres una experta en Cevantes y en su obra suma.
No es loco quien apoye esa frase:"Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia".
Un abrazo