sábado, 9 de abril de 2016

“Siempre supe que, de algún modo, lo que se piensa es falso”


Acabo de leer el libro de Caballero Bonald, Ágata ojo de gato. Sin entrar en su contenido, aunque me ha parecido una obra meritísima, he encontrado una frase al final, referenciada a Robert Musil, y sacada de su obra Los alucinados, que dice así: “Siempre supe que, de algún modo, lo que se piensa es falso”.

Este pensamiento encaja perfectamente con lo que yo creo. Está en la línea de lo que defiendo en una entrada en mi blog sobre la duda, asunto tratado bajo el epígrafe: Ocurrencia 10 (La duda) (para leerla cliquea sobre ello).  En esta entrada sobre la necesidad de mantener la duda para seguir creciendo y conociendo cada vez más cosas, dada nuestra limitada capacidad, concluyo con esta frase: “Dudo, luego existo en desarrollo”.

Y vuelvo a verbalizar la incapacidad del ser humano para comprender el todo, para conocer más allá de lo que tiene ante sí, salvo si hace un acto de fe para no afrontar el dilema, con los riesgos que ello conlleva, al no estar contrastado científicamente; o sea, sujeto a la duda y a sabiendas que es una verdad relativa o, por exclusión, una posible falsedad. Decía Friedrich Nietzsche que “Tener fe significa no querer saber la verdad”. En todo caso, podríamos valorar hasta qué punto la fe paraliza la investigación dando por verdad lo que no está suficientemente demostrado. El ser humano se mueve por hipótesis, que no dejan de ser un enunciado sobre la posibilidad de que algo exista en los términos que se enuncia. Luego viene la contrastación de esa hipótesis y la validación de la misma, pero con los recursos y conocimiento que se tienen en ese momento, desde el paradigma imperante. No entro aquí a valorar la fe religiosa, que, bajo mi punto de vista, puede entrar dentro de lo irracional desde el dogmatismo y eludiendo la duda.

Pero volviendo al tema, lo que se piensa es falso al no abarcar la dimensión total de las cosas, pero no porque haya cosas que se escapen, sino por no tener la capacidad de abarcarlo ante nuestra limitación. Lo que pienso ahora tiene visos de realidad, de verdad, y lo debe ser, pero en este contexto y aceptada en el mismo. Ese pensamiento quedará superado en cualquier momento, en cuanto surjan novedades que lo cuestionen y aparezcan nuevas variables que condicionen esa verdad relativa. Me viene a la mente el cuestionamiento de la física clásica desde las teorías cuánticas, o lo que es lo mismo, la aportación que la física cuántica ha hecho para comprender cuestiones no claramente explicables por la física clásica. El conocimiento anterior era más limitado que el actual, lo que nos lleva a inferir que, de algún modo, lo anterior podría ser falso o, cuanto menos, incompleto.

Pero como estamos hablando de pensamiento, podemos decir que este es acomodaticio en función de la personalidad del sujeto. Es decir, está relacionado con el concepto de disonancia cognitiva y la gestión de la misma. Veamos como Festinger justificaba en 1957 la disonancia cognitiva: Las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos.”  Por tanto elaboramos un pensamiento que se acerque lo más posible a nuestro posicionamiento real, a nuestra realidad social y personal, a nuestro mundo de interés, y dejamos un sin fin de flecos abiertos que, en el fondo, nos sitúan como sujeto ilusorios. En muchos casos renunciamos a la búsqueda de la verdad al aceptar la verdad que nos muestra como real la sociedad en la que nos integramos. Es incómodo cuestionarla y nos puede acarrear problemas, cuando no hay un marco de libertad que nos permita pensar libremente y se nos exija sumisión al dogma de una verdad impuesta. Me vino a la cabeza el caso de Galileo en su tiempo. P. Chono Chácez Alva refiere, respecto a la fe: “A veces llamamos fe a lo que no es sino la proyección de nuestras expectativas humanas” que no dejan de tener relación directa con nuestros deseos. Es decir, creo en esto porque esto me tranquiliza y da sentido a mi vida sin mayores cuestionamientos, eliminando la ansiedad de la búsqueda.


En fin, amigos y amigas, que lo que se piensa tiene cierto componente de falsedad, o lo que es lo mismo de “verdad acomodaticia” a nuestro entorno para evitar conflictos entre lo que pienso y lo que hago, siguiendo esa teoría de la disonancia cognitiva, para evitar conflictos externos y también internos. Hasta la verdad científica está sujeta a esa limitación del conocimiento del instante, condicionado por el avance de la ciencia en esa etapa de la historia. Pero una cosa es el conocimiento y otra el pensamiento, aunque este último esté modulado por el primero, si bien el conocimiento científico es muy racional y el pensamiento en general tiene un alto nivel especulativo y, consecuentemente, más lejos de la realidad objetiva.

2 comentarios:

Prudencio dijo...

Fenomenal, Antonio. Lo que pensamos está tan condicionado...Lo que hoy es verdadero, mañana puede ser falso. Quizá de esto se salva el arte. Según Picasso, lo que uno se imagina es siempre verdadero. Incluso la memoria nos engaña. Creemos que cualquiera tiempo pasado fue mejor.Si superiamos cómo funciona el cerebro...En fin, me ha encantado leerte. Un abrazo.

Antonio dijo...

Gracias, Prudencio, por leerme y compartir estas ideas. Cuando a uno le gusta lo que hace y encima le gusta a los demás la satisfacción es doble.
Un abrazo