miércoles, 30 de julio de 2014

Hagamos una muralla


Un nuevo campo de concentración

Conozco un campo de concentración espantoso, pero no es Auschwitz, ni Treblinka, ni Dachau, ni Mauthausen-Gusen… Estos son terribles recuerdos de un pasado que nos debería haber enseñado cosas que parecemos olvidar. Nos enseñaron la vileza, la crueldad, la barbarie, la maldad, la impiedad, la infamia, la iniquidad, etc. que puede generar el ser humano. Pero no, no voy a hablar de ellos, son el pasado. Del campo de concentración que quiero hablar es de otro, de uno más actual donde se vuelve a mostrar la más cruel realidad del “inhumano ser humano”.

Se trata de uno, grande, de 360 Km2, donde viven hacinados casi dos millones de personas, aislados del mundo exterior por unos muros de hormigón en tierra y por vigilancia continua en el mar. Es una tierra yerma, árida, con poca agua y pobre. Es una ratonera donde el odio ha puesto las alambradas y los muros, donde el desencuentro es un motor de muerte y destrucción. Fuera está Israel, dentro está parte de Palestina bajo la influencia de Hamás. Desde dentro se disparan algunos cohetes con la intención de hacer el mayor daño posible a los de fuera, desde fuera se lanzan bombas a mansalva haciendo un daño irreparable a los de dentro. La muerte se pasea sobre la sangre, entre los escombros de una destrucción masiva. No respeta a nadie, ni distingue entre el asesino terrorista y el niño, el anciano, la madre angustiada o cualquier otra forma de vida. El terror que siembran las bombas, los obuses de los tanques, los drones, aviones y demás armas mortíferas de excelente precisión, se adueña de la franja, del terrible campo donde se concentran sus habitantes. Caen las casas, las edificaciones hechas con tanto esfuerzo, suman los muertos sin distinguir entre culpables e inocentes. Familias desgarradas, hijos destrozados en brazos de sus padres, casas aplastando a sus habitantes, enormes oquedades en  los suelos producto de las bombas… cientos y cientos de muertos, miles y miles de heridos. No estarás seguro ni en los hospitales, ni en las escuelas de la ONU, ni en ningún lado dentro de ese perímetro maldito que es la antesala del infierno. Ese lugar, ese campo de concentración, se llama GAZA.

El mundo asiste impasible a los hechos. Las condenas de boquilla se suceden mientras, “sotto voce”, se tolera la debacle. La inmensa mayoría de sus habitantes no querría estar allí, pero no tiene donde ir, son apátridas. Yo doy gracias a Dios por no ser uno de ellos. Pero, claro, yo no sé si Dios existe y, si existe, cómo es, pues hay dos dioses enfrentados en la boca de los asesinos y asesinados, cada cual invoca al suyo, el más grande y poderoso, pero ambos andan impertérritos ante el hecho y no le ponen coto… ¿Será que no existen? Al final ganará el dios de las bombas, del dinero y de la muerte...

Definitivamente mi corazón llora por tanta sangre de los inocentes, pero tengo la gran suerte de no estar allí, de haber nacido aquí, y espero que  el odio que rezuma ese lugar no me marque, no me atrape en esa espiral que están sembrando los ciegos responsables que mandan la guadaña de la muerte.

El mundo enloquecido está sembrando el campo, con el rencor y la inquina, para alimentar las alimañas del apocalipsis… la guerra, la pobreza, la enfermedad y la muerte ya están aquí, ahora solo hace falta que se extienda por toda la superficie del planeta. Será el apocalipsis de los pobres, de los innecesarios para el dios dinero. Los ricos, desde sus atalayas, verán y darán fe de la muerte como si ello fuera un juego en su mágico mundo virtual.

El gran muro que podemos poner para neutralizar ese proceso es no dejarnos llevar por el odio y luchar por la justicia desenmascarando a los asesinos que engendran ese odio. El pueblo, el ser humano en su sentido universal, deberá darse la mano despreciando a quienes quieren y provocan el aniquilamiento.

Juntemos todas las manos para hacer esa muralla que filtre la maldad que nos está invadiendo. Los primeros que deberían juntar sus manos son los israelitas de buena voluntad, y los propios palestinos para derrocar a Hamás y al gobierno israelí, pero es posible que estén atrapados en intereses espurios de grupos de poder que escapan a principios humanistas…



2 comentarios:

Josep dijo...

Antonio, estaba pensando en un pasado tampoco muy lejos donde habian las Brigadas Internacionales, defensores de las causas perdidas. Nadie las recuerda, te das cuenta. Otra cosa que parece que se han evaporado son los cascos azules. Verdad que han existido, o son tonterias mias?
un abrazo.

Antonio dijo...

Jodep, eso de los cascos azules no fue un espejismo. Parecía que la ONU tenía poder parta imponer y extender la paz entre las naciones, pero luego llegaron los EE. UU. y asumieron la policía del nuevo orden, o sea el suyo, y acabaron haciendo lo que les dio la gana.
Acabo de leer que mientras mostraban su desacuerdo con el bombardeo indiscriminado de Gaza, le están mandando munición a Israel para que lo sigan haciendo...
Este mundo es cínico en tanto lo son sus dirigentes.
Un abrazo