domingo, 20 de julio de 2014

Mi gazpacho y el horror en Gaza


Son las 3 menos cuarto. Hora de pensar en comer algo y, en pleno verano, qué mejor que un buen gazpacho. Yo no creo haya en el mundo alguien que haga un gazpacho mejor que Loli. Ha conseguido darle el punto justo. Su densidad, su tono y color, su textura, el sabor equilibrado, su buqué… sí, su buqué, el gazpacho, como el vino, tiene buqué, aunque se le aplique solo a las bebidas alcohólicas. Es su aroma y sabor. Esa explosión de sensaciones, de gusto y deje al paladar que inunda la boca cuando lo degustas. 

Sí, el gazpacho es un gran invento, tal vez uno de los más interesantes del arte culinario de este país, empezando por Andalucía. Tiene los condimentos adecuados a las exigencias del cálido clima veraniego. Un arma importante para luchar contra el calor y la deshidratación. Vitaminas, sales y minerales le dan cuerpo y solvencia para ejercer de buen nutriente. Es el resultado de esa ciencia infusa que tienen los pueblos, esa capacidad de hacer lo mejor con lo que tienen a mano, aunque sea poco. Pan, agua y productos de la huerta, cebolla, pepino, tomate, ajo, aceite, sal, vinagre… De ese conglomerado bien batido surge el manjar. Pero aún hay más, se puede acompañar de guarnición.

Ya se sabe que con mínima variabilidad de ingredientes, surge la porra de la zona de mi pueblo (llamada porra antequerana), pero que está más extendida con el nombre de salmorejo cordobés. En mi pueblo el salmorejo es otra cosa; es una especie de picadillo de productos de la huerta sazonados, con algunos otros ingredientes según el caso.

Pero volvamos al tema. A esta hora, con la boca hecha agua, me encuentro reponiendo la guarnición de mi gazpacho prometedor. Tomate, cebolla dulce, pepino, pimiento verde y rojo… todo ello picado finito. Pero, ¿por qué no otra variable? Le suelo poner uvas, melón, melocotón y cualquier otro fruto dulce. En este caso me lanzo por el melocotón… ¡Qué maravilla! Mientras tanto, escondidos tras el primer plato, asoman unos macarrones por si acaso.

Un tazón de considerables medidas ofrece su oquedad para llenarla (ahora quieren llamarle “bol” o algo así, pero a mí me gusta seguir con mi tazón, cuando no con mi dornillo). Le suelto la guarnición, la riego con gazpacho hasta llenarlo y danza la cuchara en su interior al ritmo de mi  mano. Uuummm qué placer!!! Fresco, sabroso, explosivo en la boca, desprecia la cerveza y gana la partida sin dudarlo. Cruje la cebolla y el pimiento, mientras el pepino juega saltarín entre mi boca hasta caer destrozado de un bocado, el tomate impone su tronío y el melocotón aporta su dulzura. La felicidad no vale tanto, ya que con cuatro perras gordas se hace un buen gazpacho.

Caronte
En estas estoy, gozando de este encanto, cuando, ¡oh maldición!, se me ocurre poner la televisión. De golpe sus imágenes hacen saltar palabras de terror ante mi plato. Miseria, miedo, muerte, destrucción y sangre en Gaza. Mujeres que lloran, niños muertos por las bombas, casas destruidas, calles anegadas de escombros y dolor. Las balas y las bombas, los misiles, no son palomas de la paz que lleven ramitos de olivo anunciando un nuevo mundo después del gran diluvio, sino buitres satánicos guiados por la mano de los hombres con sofisticada tecnología de la muerte. Hombres y mujeres de negra mente, deshumanizados, serpientes venenosas que siembra el desastre y el drama, invitando a la parca y su guadaña a entregar las almas y los cuerpos a Caronte, en tránsito a la otra orilla de la muerte, al Hades, al inframundo. Los muertos son tan pobres que hasta el avaro Caronte desiste de cobrar el óbolo  del pago a su peaje. Seguro que el infierno al otro lado, será más suave comparándolo con este. No habrá terror ni bombas, sabrás lo que te espera y el miedo no atenazará las piernas y las mentes. Satán será más justo para cobrarse los pecados, los hombres no lo son cegados por el odio que los atenaza.

No veo uniformes ni soldados por las calles de Gaza, pero luego observo que se acercan poderosos tanques que disparan, rodeados de soldados en la retaguardia. De ahí salen las balas, los obuses que causan la desgracia. Son los invasores que, diciendo defenderse, destrozan las casas y las calles, te ordenan que te vayas antes de disparar sobre tu casa, pero si no te has ido, la casa, cuando caiga, te aplastará con ella. La culpa será tuya y no de quien dispara, ellos son buenos y te avisan. Buscan los túneles por donde pasan las armas de Hamás, los misiles que le lanzan (ya han causado dos muertos israelitas esos misiles). Ahora bien, los suyos están a buen recaudo, sus imponentes arsenales, sus bombas atómicas, sus armas, aviones, tanques… Ellos son el poder y ellos han de decidir lo que se hace, quien tiene la razón, como usar las armas… Van ganando por 100 a uno. Por cada muerto de ellos han caído cien palestino… así son las venganzas. ¿Dónde está el ojo por ojo? ¿Es que acaso un ojo israelí vale cien ojos palestinos? Pobres palestinos inocentes, sometidos a la intransigente dictadura de Hamás, mientras que para vengarse Israel de ese Hamás, los acaba masacrando a ellos. Hamás alimentará su odio con sus muertes e Israel hará de comparsa de ese juego que le permite seguir su expansionismo bajo el signo victimista de estas amenazas. Perfecto círculo vicioso con el que pretende Israel justificar sus andanzas, a le vez que demoniza al enemigo intentando fundamentar estas matanzas.

Y yo, ante el gazpacho, sigo sin comprender. Me viene a la memoria un amplio cortejo de injusticias que se dieron en la historia. Las guerras y los odios, las matanzas y muertes de inocentes. El fuerte mata al débil, el poder se impone con violencia ahogando la palabra y aniquilando mentes, ideas y pensamientos de hombres libres; ideas que no les interesan si quieren dominar el mundo.

Y me acuerdo de los hermanos sefardíes españoles expulsados, que rondan por el mundo sin olvidar las llaves de sus casas, sus pueblos y su patria. Las expulsión de los moriscos de sus tierras de Granada y todo Al’Andalus. Del aplastamiento de culturas en nombre de la civilización europea y cristiana, del terrible holocausto hitleriano, de Stalin y sus muertes, del fascismo, Mussolini y Franco, Pinochet, Corea del norte, Irán, Irak y tantos y tantos asesinos que llegan al poder matando, a base de terror, alienando a la gente.

En pleno siglo XXI, parece que la idiocia se apoderó del mundo, que no sabemos nada, que no aprendemos del pasado, que seguimos pensando con las vísceras y no con el cerebro. De nuevo afloran integrismos de uno y otro bando, predican la muerte y hasta la guerra santa. De aquí no escapa nadie. Nosotros, los del primer mundo, vivimos a las anchas, sin sentirnos siquiera impactado por tantas muertes y dolor que se producen usando nuestras armas. ¿En nombre de qué dios se puede invadir un pueblo, sembrando la muerte entre sus calles y hablar de democracia?

Irak está más roto que lo estaba con Sadám, enemigo público de Israel, con bombas y ataques terroristas que causan muertes a diario en una guerra encubierta entre sus castas… Siria sumida en una guerra civil de extrañas connivencias que da paso a integrismos de poca confianza. Afganistán sumido en otra guerra con talibanes integristas y Pakistán bordeándola. Ucrania va por mal camino llevada por intereses ajenos a su gente y para su desgracia. El resto de este mundo sumido en la adversidad de un déficit de justicia social que preserve la vida de la gente y no los intereses de grupos de poder que mueven los hilos del globo en su conjunto.

Mientras, en esto que comento, seguimos viendo imágenes de Hamás llamando al martirio de su pueblo, sembrando odio a Israel por sus matanzas, jurando venganza por sus muertos… a más muertos más venganza. Israel dándole pábulo a todo ello, haciendo lo que recriminan los de Hamás. Gente en las playas hebreas gozando de la brisa nocturna de la mar y viendo el espectáculo increíble de las bombas cayendo sobre Gaza, como si fueran fuegos artificiales, sin pensar en los niños y la gente inocente que las sufre. Una representante del pueblo israelita (Ayelet Shaked, del partido radical israelí Hogar Judío) pidiendo que se eliminen a los niños y las madres palestinas, pues los niños son serpientes venenosas que solo se acabarán cuando no existan las madres que los paran. ¡Qué barbaridad en una representante de un Estado llamado democrático! Me acordé de Herodes y su matanza. Aún persiste su sangre…

Israel, con todo su aparato militar y propagandístico tendrá muchas más armas para influir y manipular la opinión pública, pero cualquier mente racional sabrá apartar las influjos de Hamás y de Israel para analizar lo que pasa y como alimentan la espiral del odio entre unos y otros. Mientras tanto, Israel gana, sigue con sus asentamientos, haciendo y explotando su victimismo histórico y continuando implacable su política de hechos consumados. Su objetivo del gran Israel está por encima de cualquier otro interés. Palestina no existe para él…

Lo malo, eso me pienso, es que esto no acaba. Los judíos con su ejemplo van sembrado más odio, más incomprensión, tensando la cuerda hasta el extremo de romperla en cualquier momento. Le apoyan las potencias occidentales y eso, de momento, les salva. Mañana no sabemos, puede que se vuelque la desgracia y vuelva a presentar otra diáspora que no nos lleva  nada. Si el hombre, en este siglo, no aprende a convivir con todas sus diferencias este mundo se acaba. Posiblemente acabe mal, con hiperguerras y matanzas que deje destruido a medio orbe, y con esto me refiero a la vida de sus habitantes y sus plantas.

Termino de comer y el gazpacho se me agria. Me quedan pocos años para ver estas cosas que se avecinan, pero quedan mis hijos y mis nietos que merecen una vida mejor. Espero que al final se imponga la cordura, el buen sentido, y sepamos reconducir las cosas para llegar a buen puerto sin sembrar tanto odio, erradicando la codicia de los que quieren mandar sin importarles la vida de los demás salvo sus economías y su entorno personal. Tal vez llegue algún día que, antes de gobernar un país, se pueda garantizar que el gobernante no sea un criminal de guerra, un asesino o dictador, un ser repugnante al que la vida ajena no le importa nada. Pero para eso han de ser los pueblos los que sean dignos, sanos mentalmente y no cultivadores de odio y confrontación, capaces de asumir su responsabilidad en el sostenimiento de esos gobiernos y capaces de apartarlos en cuanto se manifieste su injusticia. Ojalá se extingan los Netanyahus y Hamases.

Mañana, cuando coma, no encenderé la televisión… al menos gozaré de mi gazpacho.



6 comentarios:

Josep dijo...

Es increible, Antonio. Con todo lo que han llegado a sufrir esta gente en manos fascistas y ahora están haciendo lo mismo. No lo puedo comprender. Vamos ni esto ni todas las cosas que vas citando perfectamente en tu artículo. Todo esto de Israel y Palestina recuerdo que hace unos años, coincidimos tres personas (conocidas de los blogs), Una joven de Ibiza (periodista), otra de Lleida que acoje en verano a niños saharauis, y es escritora. y yo. Digo que coincidimos en su blog, y luego supimos que era pro- Israelita. El comentario era tan escueto como simplemente decir que aquello era muy desigual. Nada más.
Pues yo no se como lo pudieron hacer pero los tres recibimos amenazas de muerte por parte de "Un soldadito español" esta era su firma. Todo esto a través del correo electrónico. Digo esto porque fijate, que si por este comentario la que se lió, que será cuando las cosas son tan serias como lo que está sucediendo en cualquiera de las mil guerras que hay por todas partes.
El gazpacho es excelente, Antonio. Es verdad que es un invento genial. Buen provecho!

Un abrazo

sergio. dijo...

¿Que se puede decir? el exterminio al que está sometido el pueblo palestino no es nuevo, ni es nueva nuestra indignación, pero continua con el apoyo más o menos soterrado del mundo occidental, el único capaz de poder frenarlo. O sea, no se frenará.
Es curioso como se puede desear algo que, en teoría, está superado como la ley del Talión. Más vale ojo por ojo que ojo por ciento.
Antonio, me entristezco contigo, me avergüenza ser humano. Espero que alguna vez seamos capaces de sobreponernos a esta condición tan vil.
Un abrazo.
Sergio.

Antonio dijo...

Josep, es incomprensible para un ser humano con unos valores y principios mínimos apoyar y justificar este tipo de espirales que siembran odio y recogen muerte y más odio.
Disfruta del gazpacho. Yo le puse hoy la siguiente guarnición: Tomate, cebolla, pepino, pimiento, melón, arroz tres delicias y pan tostado... uuuumm riquísimo, mañana hago otra innovación.
Un abrazo

Antonio dijo...

Lo malo, Sergio, es que hasta en la democracia somos capaces de colocar a asesinos en los gobiernos, como pasó con Hitler. Solo hay que comer el coco a la gente, llevarlos a la irracionalidad a través del miedo y exacerbar sus sentimientos tribales...
O sea, anular su sentido del análisis y su capacidad de discernir libremente.
Un abrazo

Darío dijo...

Me gusta que lo digas con las palabras precisas, sin vueltas. Son ellos los que van sembrando odio y destrucción. El poder absoluto contra el desprotegido. Un abrazo.

Antonio dijo...

Israel, amigo Dario, se queda solo. Ya no pueden ni apoyarlo sus propios protectores. El mundo no es ciego y, sabiendo como es Hamás, también sabemos que la desproporción de Israel en estos actos está marcada por la criminalidad. No, no podemos apoyar, la gente de buena voluntad, actos asesinos y terroristas de ningún tipo y ahora lo están haciendo ellos.