Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 03 OCT 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/10/03/divagando-134937395.html
La falta de
una educación en valores democráticos y el uso constante del insulto en el
discurso público han transformado el debate político en una confrontación
constante de intereses partidistas
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| Manifestación de la extrema derecha en Liverpool. / JAMES SPEAKMAN |
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Hoy elegí el título de mi texto con
un término impreciso. El verbo divagar,
según la RAE, además de ser sinónimo de vagar, en su acepción segunda
significa: “Separarse del asunto de que se trata”, y en la tercera alude a:
“Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado”. Me parece
ajustada a mi propósito esta última, pues mi objetivo es la reflexión abierta sin escaleta, o sea,
sin haber estructurado un guion previo. Me separo del asunto porque entiendo
que desde lejos se ven las cosas mejor o al menos en su conjunto, o sea, ver
los problemas de una forma más amplia y completa, para que el árbol no nos tape
el bosque.
La visión holística
Hace años, cuando en mi juventud
pateaba la península en tienda de campaña, estaba acampado en Caín, en la Garganta del río Cares, observando como
un joven bajaba lentamente en parapente. Pensé que desde arriba no se veían las
hormigas que trasegaban su alimento hacia el hormiguero y las otras pequeñas
cosas que la proximidad me permitía ver a mí. Sin embargo, la visión del joven,
desde arriba, era mucho más extensa y completa que la mía al observar en toda
su extensión el macizo central
de los Picos de Europa.
Aquel ejemplo me sirvió
posteriormente para explicar a mis alumnos la importancia de tener una visión holística y a la vez puntual de
los lugares más recónditos del hospital. Para gestionar bien deberían conocer
el conjunto del centro a la par que sus macro-objetivos,
sin obviar los pequeños detalles que forman parte del engranaje en cada una de
las unidades asistenciales. Por tanto, bajar con suavidad en parapente… Aquí
sería bueno hacerlo.
El hecho de introducir el verbo
divagar como premisa de mi razonamiento, se fundamenta en un estado anímico rayano en la apatía,
donde aflora la impasibilidad del ánimo y la indolencia por falta de vigor y
energía, truncados por el desaliento ante tanta gilipollez (aunque el término
está aceptado por la RAE, lo podemos cambiar por necedad o estupidez, menos
vulgares). Miro a mi alrededor y observo demasiada maledicencia. Un mundo de disparates, insidias, falacias e imposturas
que aboca a la denigración de la política y la convivencia social.
El deterioro es tal que, a la gente de buena voluntad, a quienes
seguimos creyendo en la bondad del ser humano, «se nos caen los palos del sombrajo»,
como refiere el dicho popular. Somos idiotas al tirar piedras sobre el propio
tejado.
Educar en democracia
Pensábamos, por el mero hecho de
surcar la Transición, que nuestro pueblo había conseguido un elevado nivel de conciencia democrática, para ejercer
su soberanía popular y la responsabilidad inherente a ella, pero no fue así. No
hemos sido capaces de establecer un sistema que eduque en los valores de una cultura democrática fundamentada en el
conocimiento de su esencia política y social.
Se ha dejado a los pies de los
caballos del medievo campeador al conjunto de la ciudadanía, que acaba
confundiendo a la socialdemocracia con
el comunismo estalinista bajo la batuta de un discurso histriónico e
insolvente políticamente, aderezado de un jugoso cesto de fruta de las huertas
del Manzanares, preferentemente de la Huerta de la Partida de donde se
alimentaba la familia de los Vargas y que aún, hoy día, cuenta con senderos
repletos de árboles frutales, muy cerca de la Casa de Campo madrileña.
El desolador discurso político
Sin embargo, es desolador el
espectáculo, no solo de los políticos, sino de determinado ciudadanos o
colectivos que se dejan arrastrar por relatos
y discursos torticeros y manipuladores, ejerciendo de hooligans
incondicionales de determinados postulados ideológicos, sean políticos o
religiosos. Me resulta muy desagradable ver a personas a las que uno tiene por
sensatas y de un cierto nivel intelectual, o al menos de ello se presume,
utilizar el insulto y la denostación
de quien piensa diferente, incluyendo como insultados a quienes votan al
contrincante.
No obstante, podemos estar más
tranquilos, porque el “poeta” Borja
Sémper, portavoz del PP, siembra la esperanza de que cuando ellos
gobiernen no habrá insultos, aunque no sé si introduce algún componente lírico
y metafórico en su versada promesa. Curiosa forma autoinculpatoria al insinuar,
de semejante guisa, que desde su partido gestionan el insulto.
No salvo a nadie de ejercer la política canalla que lleva a este tipo
de confrontación, pero sí me permito, en esta divagación, analizar el
mayoritario origen y flujo del insulto, donde sorprende el continuo machaqueo
de un VOX que lo usa de forma
habitual, sin olvidar la introducción del amor a la fruta de la señora Ayuso y
las actitudes de la bancada de Tellado de forma cuasi sistemática.
La necesaria lucidez
Nos falta lucidez para analizar la realidad y escapar, desde
el sano juicio personal, de esta DANA que arrasa la razón a través de la
génesis de emociones irracionales, que van destruyendo la convivencia ciudadana en favor de
intereses espurios de gente o grupos de poder extemporáneos, sin importarles el
coste social o los conflictos que pudiera generar su intransigencia.
Tras tres cuartos de siglo vividos,
la demoledora experiencia nos ubica en la necesidad de pensar desde el sosiego de la madurez psicológica,
aceptando el diverso mundo que nos ha tocado vivir, pero reclamando el respeto
al derecho a opinar de todo ser
humano, incluso si sus opiniones no son respetables. Eso sí, el derecho a
opinar no implica el derecho a imponer tus ideas. En este punto se nos exige
cierta sensatez, una comprensión de la realidad capaz de acercarse al sentido
común, desde una coherencia lógica, en consonancia con los principios y valores
de un humanismo que deberían ser determinantes de nuestra conducta.
Este mundo está resultando una
irracional locura donde los principios más elementales de la convivencia se
dinamitan. El objetivo de todo político debería ser la felicidad y el desarrollo de su pueblo apoyando las iniciativas
orientadas en esa dirección. En el caso de la oposición con soluciones
alternativas a las planteadas por el Gobierno. Pero, con las actitudes y
conductas que se observan en el espectro político en general, se deduce que el
objetivo esencial es alcanzar el poder para gestionar según sus intereses de grupo. No importa los
intereses de la ciudadanía, o al menos en menor cuantía que los propios del
grupo político y sus líderes. Lo importante es echar al otro para ponerme yo,
señalar al enemigo, hacer de mis seguidores vehementes hooligans que defiendan
el grupo, o aguantar contra viento y marea, cueste lo que cueste, hasta ver un
resquicio por donde poder salir airoso del envite.
Momentos de labilidad
Y así estamos: un Gobierno acorralado esperando el
resquicio, al que la derecha no le da ni agua, le boicotea y pone palos en las
ruedas caiga quien caiga, recurriendo a cosas tan extrañas como lo sucedido con
el rechazo del Senado al Tratado de
amistad con Francia en plena visita del presidente francés, Emmanuel
Macron, mientras asistía a la cena de gala ofrecida por los Reyes Felipe VI y
Letizia en el Palacio Real. No sé si es una descortesía con el país amigo y el
Rey, o si se pretendía mostrar un acto de poder por parte del PP.
EL PSOE gobierna en precario desde
el principio de la legislatura, apoyado por una mayoría antinatural, sometido a un duro marcaje de la derecha. Es
de admirar cómo Sánchez ha sobrevivido a tanto envite con su capacidad de resiliencia. El acoso
judicial a su familia y entorno, puede haber generado cierta solidaridad en
sectores afines y pudieran dar una sorpresa con apoyos impensables en las
próximas elecciones… habrá que verlo. Eso sí, los partidos se han convertido,
casi todos, en una jaula de grillos y, tanto PSOE como PP y los aliados de
ambos, lo vienen demostrando.
Por suerte, cuando voy concluyendo
mis divagaciones, escucho un martilleo, me asomo a mi terraza, y observo que
Francisco está montando ya su chiringuito
para asar las castañas de este otoño que acaba de empezar. Como cada año
mis nietos aguardarán ilusionados que les lleve calentitas una buena dosis en
el clásico cartucho de papel. Parece que, de momento, todo sigue igual, como
cada año. Espero que esto solo sea una divagación extemporánea, pero no bajemos
la guardia… Junts acaba de indicar
que no apoyará el decreto “Maricarmen” y Trump sigue amenazando a Irán. ¡Que
usted divague bien…!

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