sábado, 3 de octubre de 2026

Divagando…

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 03 OCT 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/10/03/divagando-134937395.html

La falta de una educación en valores democráticos y el uso constante del insulto en el discurso público han transformado el debate político en una confrontación constante de intereses partidistas

Manifestación de la extrema derecha en Liverpool. / JAMES SPEAKMAN

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Hoy elegí el título de mi texto con un término impreciso. El verbo divagar, según la RAE, además de ser sinónimo de vagar, en su acepción segunda significa: “Separarse del asunto de que se trata”, y en la tercera alude a: “Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado”. Me parece ajustada a mi propósito esta última, pues mi objetivo es la reflexión abierta sin escaleta, o sea, sin haber estructurado un guion previo. Me separo del asunto porque entiendo que desde lejos se ven las cosas mejor o al menos en su conjunto, o sea, ver los problemas de una forma más amplia y completa, para que el árbol no nos tape el bosque.

La visión holística

Hace años, cuando en mi juventud pateaba la península en tienda de campaña, estaba acampado en Caín, en la Garganta del río Cares, observando como un joven bajaba lentamente en parapente. Pensé que desde arriba no se veían las hormigas que trasegaban su alimento hacia el hormiguero y las otras pequeñas cosas que la proximidad me permitía ver a mí. Sin embargo, la visión del joven, desde arriba, era mucho más extensa y completa que la mía al observar en toda su extensión el macizo central de los Picos de Europa.

Aquel ejemplo me sirvió posteriormente para explicar a mis alumnos la importancia de tener una visión holística y a la vez puntual de los lugares más recónditos del hospital. Para gestionar bien deberían conocer el conjunto del centro a la par que sus macro-objetivos, sin obviar los pequeños detalles que forman parte del engranaje en cada una de las unidades asistenciales. Por tanto, bajar con suavidad en parapente… Aquí sería bueno hacerlo.

El hecho de introducir el verbo divagar como premisa de mi razonamiento, se fundamenta en un estado anímico rayano en la apatía, donde aflora la impasibilidad del ánimo y la indolencia por falta de vigor y energía, truncados por el desaliento ante tanta gilipollez (aunque el término está aceptado por la RAE, lo podemos cambiar por necedad o estupidez, menos vulgares). Miro a mi alrededor y observo demasiada maledicencia. Un mundo de disparates, insidias, falacias e imposturas que aboca a la denigración de la política y la convivencia social.

El deterioro es tal que, a la gente de buena voluntad, a quienes seguimos creyendo en la bondad del ser humano, «se nos caen los palos del sombrajo», como refiere el dicho popular. Somos idiotas al tirar piedras sobre el propio tejado.

Educar en democracia

Pensábamos, por el mero hecho de surcar la Transición, que nuestro pueblo había conseguido un elevado nivel de conciencia democrática, para ejercer su soberanía popular y la responsabilidad inherente a ella, pero no fue así. No hemos sido capaces de establecer un sistema que eduque en los valores de una cultura democrática fundamentada en el conocimiento de su esencia política y social.

Se ha dejado a los pies de los caballos del medievo campeador al conjunto de la ciudadanía, que acaba confundiendo a la socialdemocracia con el comunismo estalinista bajo la batuta de un discurso histriónico e insolvente políticamente, aderezado de un jugoso cesto de fruta de las huertas del Manzanares, preferentemente de la Huerta de la Partida de donde se alimentaba la familia de los Vargas y que aún, hoy día, cuenta con senderos repletos de árboles frutales, muy cerca de la Casa de Campo madrileña.

El desolador discurso político

Sin embargo, es desolador el espectáculo, no solo de los políticos, sino de determinado ciudadanos o colectivos que se dejan arrastrar por relatos y discursos torticeros y manipuladores, ejerciendo de hooligans incondicionales de determinados postulados ideológicos, sean políticos o religiosos. Me resulta muy desagradable ver a personas a las que uno tiene por sensatas y de un cierto nivel intelectual, o al menos de ello se presume, utilizar el insulto y la denostación de quien piensa diferente, incluyendo como insultados a quienes votan al contrincante.

No obstante, podemos estar más tranquilos, porque el “poeta” Borja Sémper, portavoz del PP, siembra la esperanza de que cuando ellos gobiernen no habrá insultos, aunque no sé si introduce algún componente lírico y metafórico en su versada promesa. Curiosa forma autoinculpatoria al insinuar, de semejante guisa, que desde su partido gestionan el insulto.

No salvo a nadie de ejercer la política canalla que lleva a este tipo de confrontación, pero sí me permito, en esta divagación, analizar el mayoritario origen y flujo del insulto, donde sorprende el continuo machaqueo de un VOX que lo usa de forma habitual, sin olvidar la introducción del amor a la fruta de la señora Ayuso y las actitudes de la bancada de Tellado de forma cuasi sistemática.

La necesaria lucidez

Nos falta lucidez para analizar la realidad y escapar, desde el sano juicio personal, de esta DANA que arrasa la razón a través de la génesis de emociones irracionales, que van destruyendo la convivencia ciudadana en favor de intereses espurios de gente o grupos de poder extemporáneos, sin importarles el coste social o los conflictos que pudiera generar su intransigencia.

Tras tres cuartos de siglo vividos, la demoledora experiencia nos ubica en la necesidad de pensar desde el sosiego de la madurez psicológica, aceptando el diverso mundo que nos ha tocado vivir, pero reclamando el respeto al derecho a opinar de todo ser humano, incluso si sus opiniones no son respetables. Eso sí, el derecho a opinar no implica el derecho a imponer tus ideas. En este punto se nos exige cierta sensatez, una comprensión de la realidad capaz de acercarse al sentido común, desde una coherencia lógica, en consonancia con los principios y valores de un humanismo que deberían ser determinantes de nuestra conducta.

Este mundo está resultando una irracional locura donde los principios más elementales de la convivencia se dinamitan. El objetivo de todo político debería ser la felicidad y el desarrollo de su pueblo apoyando las iniciativas orientadas en esa dirección. En el caso de la oposición con soluciones alternativas a las planteadas por el Gobierno. Pero, con las actitudes y conductas que se observan en el espectro político en general, se deduce que el objetivo esencial es alcanzar el poder para gestionar según sus intereses de grupo. No importa los intereses de la ciudadanía, o al menos en menor cuantía que los propios del grupo político y sus líderes. Lo importante es echar al otro para ponerme yo, señalar al enemigo, hacer de mis seguidores vehementes hooligans que defiendan el grupo, o aguantar contra viento y marea, cueste lo que cueste, hasta ver un resquicio por donde poder salir airoso del envite.

Momentos de labilidad

Y así estamos: un Gobierno acorralado esperando el resquicio, al que la derecha no le da ni agua, le boicotea y pone palos en las ruedas caiga quien caiga, recurriendo a cosas tan extrañas como lo sucedido con el rechazo del Senado al Tratado de amistad con Francia en plena visita del presidente francés, Emmanuel Macron, mientras asistía a la cena de gala ofrecida por los Reyes Felipe VI y Letizia en el Palacio Real. No sé si es una descortesía con el país amigo y el Rey, o si se pretendía mostrar un acto de poder por parte del PP.

EL PSOE gobierna en precario desde el principio de la legislatura, apoyado por una mayoría antinatural, sometido a un duro marcaje de la derecha. Es de admirar cómo Sánchez ha sobrevivido a tanto envite con su capacidad de resiliencia. El acoso judicial a su familia y entorno, puede haber generado cierta solidaridad en sectores afines y pudieran dar una sorpresa con apoyos impensables en las próximas elecciones… habrá que verlo. Eso sí, los partidos se han convertido, casi todos, en una jaula de grillos y, tanto PSOE como PP y los aliados de ambos, lo vienen demostrando.

Por suerte, cuando voy concluyendo mis divagaciones, escucho un martilleo, me asomo a mi terraza, y observo que Francisco está montando ya su chiringuito para asar las castañas de este otoño que acaba de empezar. Como cada año mis nietos aguardarán ilusionados que les lleve calentitas una buena dosis en el clásico cartucho de papel. Parece que, de momento, todo sigue igual, como cada año. Espero que esto solo sea una divagación extemporánea, pero no bajemos la guardia… Junts acaba de indicar que no apoyará el decreto “Maricarmen” y Trump sigue amenazando a Irán. ¡Que usted divague bien…!

 

Divagando…

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