Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 02 MAY 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/05/02/romeria-san-marcos-25-abril-129752620.html
Las
romerías siguen siendo actos religiosos de devoción, en este caso con un
sentido lúdico
============================
La tradición de nuestros pueblos
tiene una presencia importante de gestas místicas y religiosas con
gran protagonismo milagrero, que pretenden homogeneizar la sociedad a través de
un mismo credo religioso desde el momento mismo de la conquista. Son abundantes
las leyendas, narraciones, epopeyas y fantasías no exentas de una buena dosis
de superstición.
El conflicto entre el islamismo de
Al-Ándalus y los reinos cristianos del norte es un toma y daca
constante, donde se alternan periodos de paz y de guerra, de razias y
pillaje, a la par que alianzas entre los diversos reinos que pueblan la
península, como es bien sabido.
La religión como argamasa social
En aquel proyecto, para fraguar una
nación o reino conformado en torno a un credo cristiano, era
importante asentarse en el terreno conquistado introduciendo la argamasa social
de la religión como aglutinador, o elemento cohesionador, que fortaleciera el
dominio del territorio desde esa identidad religiosa. De esta forma se
consolidaba una cultura propia y diferenciada que, al aposentarse en los nuevos
enclaves, acercaba e integraba en el reino a sus habitantes, en este caso
imponiendo la cultura judeocristiana del vencedor.
En la cultura popular o social, hay
elementos de mucho peso que vienen a definirla y determinar su
identidad, como son las leyendas, héroes y mitos, valores, principios,
credos, roles sociales y normas; es decir, se comparten creencias, costumbres,
tradiciones, lenguaje y valores, lo que crea una identidad colectiva y con ello
se revitaliza el sentido de pertenencia al grupo.
Por tanto, las leyendas e historias que anidan en nuestros pueblos, sean o no verídicas, tienen un valor esencial en la cultura popular y social para perfilar la esencia cultural del colectivo. De esto sabe mucho la religión que, con su influencia en el medievo, fue imponiendo relatos fantasiosos y milagreros que atrapaban al pueblo a través de su expresión de fe ciega e incuestionable ante le prédica del clero.

El valor de las fiestas religiosas. / l.o
El valor de las fiestas religiosas
Las fiestas religiosas, romerías e,
incluso, los inquisitoriales autos de fe (ceremonias públicas
organizadas por la Inquisición española, entre los siglos XV y XVIII, para
exhibir la reconciliación o castigo de herejes, actuando como un espectáculo
pedagógico de fe y control social), canalizan, o han canalizado, formas de adhesión
a la fe católica. Por tanto las romerías siguen siendo actos religiosos de
devoción, en este caso con un sentido lúdico que puede aglutinar, incluso, a
quienes carecen de esa fe, siendo agnósticos o de otros credos,
pues esa esencia lúdica y de componente social abre la puerta al no creyente.
Dicho esto, me gustaría resaltar la
secular fiesta o romería de San Marcos, que se celebra cada 25 de abril en
Cuevas de San Marcos, para festejar a su patrón, San Marcos Evangelista. La
leyenda del diablo de la Cueva Belda sustenta una interesante costumbre que se
plasma en esa romería.
El diablo de la Cueva Belda
Pero primero les contaré la leyenda
que, salvando los matices que pudieran aparecer en función del relator, me
quedo con la narrativa de Diego Vázquez Otero, que plasma en su obra
‘Tradiciones malagueñas’, de la que recojo este fragmento del relato:
«Cierto día, al caer la tarde, unos
guerreros cristianos de los que combatían a los moros en la frontera, se
equivocaron de camino y, extraviados en aquellas sierras, fueron a acampar para
pasar la noche en la entrada de la cueva. A medianoche vieron aparecer en ella
un dragón horroroso, al tiempo que salía del antro gran cantidad de
humo que oscureció la luna que brillaba en medio del firmamento. Llenos de
espanto, huyeron despavoridos, a pesar de haber probado en combates su valor
y fiereza.
![]() |
| La romería de San Marcos. / l.o. |
De vuelta al Real, pusieron el
hecho en conocimiento del Capellán, un frailecito de la Orden
de Santo Domingo, muy inteligente y animoso. Al día siguiente ordenó a los que
habían presenciado el hecho que le acompañaran a la cueva a la medianoche, con
el fin de atar al diablo y conseguir ahuyentarlo para siempre de aquel lugar.
Los soldados, no sin algún recelo, pero alentados por el valor del Capellán, le
acompañaron hasta cosa de un tiro de bala de arcabuz de la
entrada de la gruta, a la que se dirigió solo, precisamente en los momentos en
que la torre de la iglesia dejaba caer la primera campanada de la queda.
Apenas se extinguió la vibración
metálica, el personaje enlutado encendió un hachón verde y a su luz púsose a
leer en un mamotreto enorme. Poco después, separó la vista de los
pajizos pergaminos, pronunció unas palabras, trazó en el aire unos signos
cabalísticos y, de súbito, apareció en el suelo de la oquedad como un lago de
fuego que la iluminó toda con un resplandor siniestro, como luz de azufre. Al
mismo tiempo, comenzaron a volar sobre el lago en llamas murciélagos
gigantescos y a salir serpientes de todos los tamaños que se retorcían
y enroscaban en las columnas petrificadas. El enlutado mismo desapareció
convertido en uno de aquellos repugnantes reptiles.
El fraile, de cuerpo pequeño, pero
de alma grande y templada, no se arredró. Pronunció fervorosamente el nombre
de Jesús y penetró resueltamente en la cueva, sin que el fuego del
suelo quemase sus pies. Sacó la Cruz que llevaba oculta en el pecho. Al
elevarla apareció nimbada de vivísimo resplandor celestial, colocándola después
sobre un montón de tierra que tenía la forma de un ara, en donde crecían unas
flores amarillas que anudó para significar simbólicamente que el diablo quedaba
vencido en aquella batalla y atado a los pies de la Cruz de Cristo.
Al instante oyóse en el interior una explosión formidable que hizo retemblar la
tierra.
El fuego del suelo desapareció,
quedando convertido en un lago de aguas cristalinas, que aún existe, y quedando
el recinto iluminado del resplandor de la Cruz, cuya sola vista hizo huir a los
malos espíritus que no volvieron a presentarse en la gruta. De entonces data la
costumbre de los vecinos de Cuevas de salir al campo todos los
años en la festividad de San Marcos el 25 de abril, para atar al diablo. La
sencilla ceremonia consiste en echar un nudo en los jaramagos, a la sazón en
plena florescencia, y consumir a continuación una abundante y suculenta
merienda, todo ello bajo el azul de un cielo radiante». Yo añado que la cueva
debió estar habitada por los monfíes, lo que nos da pie a que fueron ellos el
demonio que da base a la leyenda.
![]() |
| Es una romería plena de colorido, que se desplaza al embalse de Iznájar / l.o. |
La romería de San Marcos
Recuerdo en mi tierna infancia,
cuando la romería se celebraba en torno al puente de Armiñán sobre el
río Genil, en el mismo límite de las provincias de Málaga y Córdoba,
como mi madre y demás familia ataban el jaramago mientras recitaban una
jaculatoria que yo apenas recordaba, pero que, antes de fallecer mi madre, le
pedí me la concretara. Decía así: «Marcos, marcao, aquí dejo atao, en la hora
de mi muerte que no te presentes, en la hora de mi vida que no me persigas». No
me cuadraba la expresión, mas mi madre nunca supo explicármela con precisión y
solo me decía que así se la enseñaron a ella y así la decía. Tras darle algunas
vueltas deduje, no sé si con acierto, que invocaba a San Marcos,
para inmediatamente decir al diablo que quedaba atado, conjurado, para que no
viniera por su alma a la hora de su muerte y, finalmente, servía como exhorto
para que no le persiguiera con sus tentaciones en las horas de su vida.
Hoy en día es una romería plena de
colorido, que se desplaza al embalse de Iznájar, con su presa anclada entre los
municipios de Cuevas de San Marcos y Rute. Sale en procesión San Marcos, desde
la iglesia hasta el embalse, acompañado de carretas tiradas por tractores,
donde grupos variados de cuevachos (ese es su gentilicio), amigos y amigas,
disfrutan de la fiesta con cante, baile, risas y algarabía, además de un buen
yantar, donde no falta el hornazo de San Marcos y una amplia variedad de la gastronomía
local, en un acto fraternal de hermanamiento.
Cuevas de san Marcos, aunque
supongo es de todos conocido, es un pueblo localizado en la comarca nororiental
(Nororma) de la provincia de Málaga, que merece ser visitado, tanto por la
belleza orográfica de la zona y su entorno, como por su singular atracción
urbana, donde resalta su iglesia del siglo XVII, el museo del juguete y el
centro de interpretación de la sierra del Camorro.


