sábado, 27 de junio de 2026

La jubilación… ¿y ahora qué?

 

Opinión | tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 27 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/27/jubilacion-ahora-131863886.html

La generación de mayores se enfrenta a la brecha digital, obligada a depender de las nuevas generaciones para el manejo de la tecnología

Celebración del fin de curso de mayores de 55 años en la Universidad. / l.o

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Confieso que no tengo nada claro a qué vine a este mundo o, si lo prefiere, para qué me trajeron. He de reconocer que sigo sin saberlo con suficiente claridad, solo tengo sospechas, creencias o suposiciones e intuiciones adquiridas mediante una razonable conjetura, que me lleva a inferir un objetivo de desarrollo humanista, de mejora y evolución de la especie mediante el incremento sistemático del conocimiento y la aportación y creatividad individual y colectiva. Entiendo, como macro-objetivo, que la mejora de la especie implica conseguir que nuestros hijos nos superen, que la vida fluya caminando hacia el mayor conocimiento, acercándonos a la utópica verdad del universo, buscando la bonhomía y la felicidad del individuo y la sociedad desde un humanismo solidario y comprometido.

Las tecnologías nos desbordan

Es curioso cómo una mayoría de jubilados hemos sido ampliamente superados por el desarrollo tecnológico, por lo digital, dado que fuimos educados y formados en lo analógico. Nuestros hijos y nietos se han fraguado, o se están formando, en contacto con el mundo digital que se abre a otra dimensión en el desarrollo y uso del conocimiento de las tecnologías. Desde pequeños, tal vez en exceso, se familiarizan con su manejo y dominio con pasmosa facilidad y capacidad de aprendizaje y adaptación. La generación de los mayores ha sido atrapada y rebasada por la cuarta revolución industrial, lo que, en muchos casos, nos obliga a recurrir a estos hijos o nietos para superar determinadas situaciones de incompetencia en la usanza y manipulación de las modernas tecnologías.

La cuarta revolución industrial, a la que me he referido en otras ocasiones, está marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, lo que nos permite vislumbrar hasta qué punto cambiará el mundo que conocemos. El cambio está ocurriendo a gran escala y a toda velocidad. «Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes», vaticina Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos y autor del libro «La cuarta revolución industrial» publicado en 2016. Desde esa fecha hasta el momento se ha venido confirmando ese vertiginoso proceso que lo cambia todo.

El impresionante proceso evolutivo

La mayoría de los jubilados, donde se incluye una amplia generación del pasado siglo que abarcaría hasta los nacidos en los años sesenta, hemos vivido un impresionante proceso evolutivo de la sociedad española, que comprende los aspectos políticos, sociales, económicos y, sobre todo, educativos o formativos, donde el conocimiento y desarrollo intelectual adquirido era impensable en nuestra infancia. Hemos tenido una vida intensa en experiencias al transitar desde una situación miserable, sobre todo para determinadas clases sociales, a la que actualmente gozamos. No ha sido fácil salir de allí para llegar aquí. Tuvimos que dejar nuestros pueblos blancos anclados en la Andalucía profunda, sus olivares y campiñas, para integrarnos en ciudades ignotas, con estresantes ritmos de vida, donde había más oportunidades de trabajo y subsistencia.

Todo fue complicado, un reto continuado, que exigía habilidad y disposición, mente abierta y motivación para aprender, para asimilar hábitos y costumbres diferentes, para subirse a un carro que llevaba a otra dimensión, cuando no para tirar de él con nuestro esfuerzo y dedicación. En muchos casos, lo sé por experiencia, saliendo de la nada alcanzamos importantes puestos de responsabilidad en diversos campos. He conocido muchos casos en el mundo de la docencia universitaria de profesores que han ganado su plaza con ímprobos esfuerzos saltando de aquella nada a la cátedra.

Es maravillosamente aleccionador ver cómo los mayores, ávidos aún de conocimiento, sobre todo las mujeres, acuden, en gran medida, al Aula de Mayores de la UMA, buscando llenar vacíos que la vida no permitió ocupar desde su infancia. Ese lugar de encuentro donde se conjuga conocimiento, interacción amistosa, inquietud y ansia de vivir lo no vivido, limando frustraciones del pasado, ejerce una de las labores más preciosas y sublimes que se pueden realizar desde la universidad. En la entrega de diplomas, tras superar los tres años de estudio, se observaba la lozanía y alegre juventud en la cara de las chicas septuagenarias.

El remanso de la sabiduría

Mas sea como fuere, en llegando esta hora de la jubilación con mayor o menor resguardo económico, nos enfrentamos al recorrido final de la vida antes de desembocar en el mar definitivo que nos diluirá en el cosmos.

La jubilación es un gran viaje, el viaje final por el que se recorre el último tramo del camino. Si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, como decía Jorge Manrique, estaremos en ese remanso donde el agua transita suavemente, sin exacerbadas pasiones, donde la sabiduría adquirida a lo largo del cauce se va manifestando hasta alcanzar la deseada bonhomía para lo que, tal vez, hayamos venido a este mundo.

La juventud tiene el ímpetu, el conocimiento de las nuevas tecnologías, pero la sabiduría que otorga la experiencia va adquiriéndose en el tránsito y, con la edad, se incrementa. Porque si la luz hace que tus ojos vean la vida, la sabiduría te permite comprenderla, y ello se consigue con la experiencia.

La senectud es tiempo de paz y de sosiego, o debería serlo, porque desde esa actitud afloran las conductas que pueden llevarnos al autoconocimiento, a la introspección que nos permita el sosegado análisis del tránsito vital para encontrar la paz interior y el equilibrio que otorga la sabiduría con su capacidad de integrar el conocimiento, la experiencia y la reflexión profunda para tomar decisiones éticas y juicios sensatos.

Pero, además, la jubilación es un interesante momento de reflexión, de meditación y valoración de todo aquello que hemos hecho a lo largo de nuestra vida, o sea que lleve al balance definitivo. Es esa especie de examen que nos permite tomar conciencia de todo lo bueno y menos bueno que hemos practicado. Aún estamos a tiempo de aprender de los errores y de, incluso, repararlos si ello es posible, en beneficio de nuestra paz interior.

Por otro lado, conlleva ciertas obligaciones para cualquier persona que se sienta compelida por el compromiso social, por el deber de compartir sus propias experiencias con el resto de la ciudadanía con la que convive. Dar fe de esas experiencias es poner al servicio de los demás nuestro propio aprendizaje, no para imponer sino para ofrecer y aportar una experiencia vital que pudiera ser de interés para otros. Hablo de nuestras ideas y pensamientos, nuestras deducciones y razonamientos, nuestras propias conclusiones al afrontar las diferentes situaciones que vivimos.

La necesidad del encuentro

Mas, también emerge el deseo de relacionarse con los demás, de escapar de la amenazante soledad o revivir recuerdos y despertar agradables remembranzas. Por eso necesitamos, en la mayoría de casos, lugares de encuentro con las nuevas y viejas amistades, con agradables compañeros y compañeras de trabajo. Determinadas asociaciones, o grupos de mayores, tienen una interesante función terapéutica para preservar la salud mental y la viveza de ánimo, para confrontar problemáticas y compartir sus soluciones, ejerciendo como verdaderos grupos de apoyo.

Lo traigo a colación por lo importante que es poder contar con esa opción tras la jubilación. Soy de los que piensan que este ciclo vital es una gran oportunidad para llenar nuestro tiempo con actividades enriquecedoras, para cumplir aquellos deseos que siempre quisimos llevar a término pero las obligaciones profesionales nos obligaron a posponer una y otra vez, dado el compromiso laboral. En todo caso, subyace también, como es lógico, un componente actitudinal muy ligado a la personalidad de cada cual, sus necesidades de socialización y a sus objetivo existenciales.

Asprojuma

Como profesor jubilado de la universidad de Málaga, me satisface pertenecer a la Asociación de Profesores Jubilados de la UMA (Asprojuma). Es un espacio donde pueden integrarse los profesores jubilados de la Universidad de Málaga, incluso aquellos que estén activos una vez cumplidos los 65 años. Me honra haber pertenecido a su Junta Directiva durante 16 años, siendo inicialmente vocal, para ejercer luego la vicepresidencia y finalmente la presidencia hasta octubre de 2024. Mi dedicación a ella y mi implicación en la organización de sus actividades siempre fue orientada a conseguir satisfacer las necesidades que he descrito. Hoy, sigue con su actividad y expansión y ojalá tenga larga vida en beneficio de sus asociados.

 

domingo, 21 de junio de 2026

Soseguémonos

 


Opinión | Tribuna

Por Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 20 JUN 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/20/soseguemonos-131616535.html

El artículo reflexiona sobre la influencia del dinero en la política y la necesidad de serenidad para discernir la verdad frente a discursos interesados

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Sí, soseguémonos. Sobre todo para mantener la calma, para no dejarse arrastrar por intereses espurios de partidos y partidas, para preservar el sano criterio que nos permita un pensamiento claro y preciso, que nos libere del influjo nefasto del falsario discurso político, de parlanchines histriónicos que nos pretenden confundir. A veces se muestran patéticos, manipuladores, tendenciosos, cínicos e insultantes. No vayamos a caer en la espiral de intereses que vienen colonizando el mundo de la política que, moviendo necias pasiones, nos implique en desencuentros irracionales propios de una polarización suicida.

Por desgracia no siempre se cumplen los parámetros que deberían darse para un buen ejercicio de la política. No siempre, o más bien escasamente, se piensa en el bien general del ciudadano, en su feliz convivencia, en un desarrollo humanista y justo, sino que se impone el interés de los grupos que pretenden acceder al poder en beneficio de sus miembros. Eso lleva a la guerra partidista para instaurar el modelo económico y social que defienden en su ideario.

El dios dinero es el poderoso caballero desde tiempo inmemorial, como bien decía Quevedo. Establece su predominio sobre el ser humano. A él nos hemos de humillar si queremos subsistir, a él o a quien lo posee, que viene a ser lo mismo. Por tanto la lucha del poder radica en poseerlo y controlarlo para ejercer el dominio sobre aquello que se adquiere con dinero, bien sean los medios de comunicación, de producción o elementos influenciables desde ese poder. Todo se compra con dinero, todo tiene un precio, hasta la voluntad de los políticos corruptos.

El mundo convulso

Pido sosiego en un entorno que siembra y cultiva el desasosiego. El mundo de hoy entró en una dinámica de perturbación y zozobra. La desazón desestabiliza el pensamiento y la capacidad de discernir, y acabamos dando crédito a explicaciones o visiones interesadas, en muchos casos ajenas a la verdad y a nuestros propios intereses.

Requerimos serenidad para ver más allá de los discursos, para mirar la luna y no el dedo que la señala. Para criticar a aquellos a quienes hemos confiado el poder emanado de nuestro voto, exigiéndoles conductas apropiadas que faciliten la convivencia y la paz social. Nuestro poder reside en el voto, usémoslo con cabeza.

Es difícil mantener esa serenidad en el convulso mundo que nos están imponiendo. El marco está cambiando. Estamos en un escenario tornadizo e inestable, propiciado por la crisis que se ha generado desde la irrupción de una práctica política disruptiva. El elefante naranja ha entrado en ella como en una cacharrería. El derecho internacional ha pasado a ser la imposición de su voluntad y el mundo se tambalea mientras se acerca a un nuevo orden bajo el dominio de los tecno-oligarcas.

Son muchos y variados los síntomas alarmantes que desasosiegan. Cada cual puede hacer su propio inventario. Solo hay que darse una vuelta por el mundo, aunque sea virtual, y detectar los terribles hechos que se dan; guerras irracionales, supremacismo amenazante, descomposición interesada del sistema democrático, planificación de un futuro donde se imponga una plutocracia, cuasi un feudalismo, sostenida desde el dominio de las tecno-oligarquías en alianza con los estados.

Las amenazas de un nuevo orden

El mundo está gobernado por un buen número de sujetos inestables, megalómanos, endiosados y dispuestos a todo por imponer su nuevo orden con motosierra en mano. El emperador naranja no solo amenaza, sino que actúa, ya sea en Venezuela o en Irán, y además deja bien claro que lo hace, no por la democracia, sino por el petróleo y el dinero que mueve. Las amenazas se ciernen sobre Cuba, Groenlandia y todo aquel que se oponga a sus designios. Pedro Sánchez lo sabe y lo vive en sus carnes. Ha sido amenazado por Netanyahu y su primo de zumosol, por no aceptar el 5% de gasto militar y denunciar el genocidio palestino perpetrado por el Gobierno de Israel. Son perturbadores los encuentros de Abascal, Feijóo y Ayuso con el embajador de USA en la embajada norteamericana, sería clarificador conocer su contenido.

La singularidad de nuestro país es preocupante. No podemos negar que, a pesar de muchos problemas, estamos en un momento económico envidiable según las macrocifras que publican los organismos competentes, tanto nacionales como internacionales. Lo confirman nuestras calles, el empleo, el flujo de visitantes y los parámetros económicos. Pero, persiste un infundado discurso catastrofista, tóxico y descalificador, negando la mayor. A pesar de ello, es evidente que todo es mejorable, especialmente la vivienda, la salud y la educación pública, la respuesta a la dependencia y otros servicios que siguen siendo deficitarios.

El asalto al poder

El Gobierno, acosado por varios frentes, a veces con argumentos baladíes, resiste la acometida como puede, tal vez esperando amaine el temporal. En estas circunstancias vuelve a mostrarse la inviabilidad de una moción de censura, dada la composición de la cámara. El PP solo tiene a VOX, y si suelta a VOX tampoco le dan los números con sus potenciales alianzas nacionalistas, dada su escasa habilidad para acercarse al pacto. Pero en caso de presentarse, al menos, conoceríamos el programa del PP, ese gran desconocido que justifican en acabar con el «Sanchismo».

La batalla de la corrupción, que ha emprendido el PP, le acarrea cierta incongruencia dado su corrompido historial. Estamos en un momento donde la corrupción ha tomado un especial protagonismo y su forma de tratarla se ha convertido en una herramienta de combate entre dos partidos que la han ejercido, el PP inmerso en múltiples procesos y ya condenado por algunos casos, a la espera de ver en qué quedan los que siguen subjudice, ya sea Kitchen, Montoro o el entorno de Ayuso, y el PSOE bajo sospecha e inmerso también en procesos iniciados en esta legislatura, cuyo culmen se manifiesta en la imputación de Zapatero, para quien, preservando la presunción de inocencia, no pintan bien las cosas, al menos en apariencia.

Un cínico combate desde el y tú más

Me parece un interesante dislate que entren en combate los dos partidos más corruptos del espectro políticos, porque acabarán ambos lesionados, cosa que es clarificadora para el ciudadano, pero nefasta para sus intereses partidistas. Es chocante que el PP tilde de corrupto al PSOE, con lo que lleva a cuestas en su historia recién pasada y actual, salvo que considere que su corrupción ya está amortizada. Retomo las palabras de Pedro Piqueras: «En esta historia de la corrupción, que me parece que es lo más desastroso para la democracia, en España y fuera de España, nadie puede presumir de ser menos corrupto que otros». Señores del PP y del PSOE, amárrense los machos, porque de aquí saldrán los dos malheridos. Esperemos que la justicia sea justa y sálvese el que pueda…

En este mundo caótico, un velo de sospechas y acusaciones se cierne sobre todo el espectro político y los tres poderes que conforman el sistema, ya sea el legislativo, el ejecutivo o el judicial. Todos provocan sospechas en la ciudadanía, variables, lógicamente, según su adscripción política. Se habla de corrupción política, de uso inadecuado de las cámaras legislativas, de mala praxis judicial hasta en algún caso de lawfare, etc. y todo dentro de una dinámica que podríamos catalogar de política canalla, entendida como «las prácticas, discursos o actitudes que priorizan el ataque personal, el odio, la demagogia o el beneficio partidista por encima del diálogo constructivo y el bienestar ciudadano».

Malos tiempos se avecinan, soseguémonos

Malos tiempos para la lírica, como decía la canción del grupo Golpes Bajos, y nunca mejor dicho lo de golpes bajos. Hay causas para el desasosiego. Veo la situación mundial bastante comparable a la de hace un siglo, a la prebélica, lo cual me preocupa. Observo a nuestro país inmerso en otra diatriba política que, aunque no tiene opción de desembocar en un golpe militar, puede ser similar a los años 30, polarizada y con grupos fanáticos de presión cultivando el odio y la confrontación y llamando al asalto del poder: «El que pueda hacer que haga», que pone en peligro la democracia. Hay demasiados recursos implicados en el campo de batalla.

El próximo 18 de julio se cumplen 90 años del levantamiento contra la II República. Está a la vuelta de la esquina. No quiero ser agorero, pero los golpes bajos seguirán intentando demoler al contrincante… Tal vez sea un buen momento para una moción de censura. Queremos saber qué pretende hacer el PP para votar con conocimiento de causa desde el sosiego que solicito.

 

sábado, 13 de junio de 2026

La certeza del ignorante

 Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 13 JUN 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/13/certeza-ignorante-131350591.html

El exceso de información y la facilidad para asumir relatos ajenos llevan a la 'posverdad', dificultando la valoración crítica de los contenidos

Muchos bulos provocan la injerencia extranjera en procesos electorales / El Periódico

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Hoy me doy un garbeo por las redes sociales, sobre todo por Facebook, ese campo virtual donde se vuelcan infinidad de sujetos dispuestos a desarrollar su visión de las cosas, a sentirse autorizados protagonistas de la vida sea personal o social. Podemos observar que el debate pierde su sentido cuando escasamente se encuentran argumentaciones consistentes a la hora de comentar un tema. Se entra al trapo con facilidad y, desde la certeza absoluta de estar en posesión de la verdad, se hostiga al oponente o divergente; mas no se hace desde el respeto y el discurso coherente para rebatirle y, a la vez, aprender, sino desde la descalificación y los prejuicios… incluso desde el insulto, que es el recurso por excelencia del ignorante. El debate no se entiende para aprender, sino para imponer el relato propio.

La defensa del relato político se ha trasladado a las redes sociales y de ellas beben, cada vez más, especialmente la juventud que, en muchos casos, anda atrapada por los llamados «influences», a los que se le otorga un excesivo crédito en función de sus habilidades comunicacionales más que por su exposición argumentada.

El vértigo del desarrollo

En las últimas décadas estamos sometidos a un vertiginoso vendaval. La gran cantidad de medios y la infinidad de noticias nos bloquean. Somos incapaces de digerir tanta información, lo que requiere un alto nivel de criterio selectivo para priorizar lo importante desde la razón, de lo contrario acabaremos arrastrados por las noticias que despiertan sentimientos y quedamos atrapados por la posverdad que no deja de ser una mentira, vestida de verdad, avalada por las emociones que despierta.

Esta especie de indigestión informativa nos aturde e intoxica. Para evitar el complicado proceso que requiere la valoración crítica de aquello que se nos oferta, optamos por asumir determinadas propuestas que halagan a nuestro ego, pues nuestra ignorancia nos impide ahondar más en la materia de discusión. Siendo cierto que nuestro conocimiento es universalmente limitado, hay materias en las que podemos sentirnos más autorizados que en otras. Decía Einstein: «Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas». Es inteligente considerarnos ignorantes y, a través de esa humilde concepción, abrir nuestra mente a la duda, que ejerce como senda del inteligente.

La visión de Bertrand Russell

Aludiendo a otro gran pensador, Bertrand Russell, retomo una de sus máximas: «Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Yo creo que en el fondo siempre fue así, el ignorante necesita certezas para sentirse seguro y sostener su autoestima y coherencia mental. Es evidente que con sus limitados recursos intelectuales, difícilmente conseguirá pergeñar de forma argumentada un pensamiento libre; por tanto asume el ajeno como propio. De ahí que el poder siempre cultivara el analfabetismo del pueblo como forma de dominio a través del monopolio del conocimiento sustentado en las esferas aledañas y aliadas al mismo.

En este caso, el valor argumental lo define el reconocimiento que el sujeto otorgue al emisor, dando por sentada su autoridad en la materia. Cuando identifica esos argumentos como válidos, sin considerar la evidencia científica, y los introyecta y asimila como verdades, se aferra a ellos como un salvavidas y los defiende a capa y espada. Esos es lo fácil, lo que menos complica asumiéndolos como dogma de fe. Entonces se pueden convertir en un «pensamiento enquistado resistente a la argumentación lógica», con lo que cualquier apertura a nuevas ideas acabaría desestabilizando su estructura argumental y, por consiguiente, afloraría un conflicto interno, una disonancia cognitiva, que desestabilizaría su sistema de valores. Pero hete aquí que en su defensa podrá utilizar un interesante mecanismo como el «sesgo de confirmación» por el que despreciará los argumentos que ataquen a sus ideas enquistadas y asumirá, como confirmación de su verdad, aquellas que le den consistencia a las ya instauradas, por muy sibilinas que fueren, siempre en defensa de su coherencia interna. Decía Mark Twain que «Ninguna cantidad de evidencia logrará convencer a un idiota».

La segunda parte de la aseveración de Russell, dice que «los inteligentes están llenos de dudas». Es esa duda de los inteligentes la que ha hecho avanzar al mundo del conocimiento, esa necesidad de confirmar las hipótesis científicas que sirvieron como base de una investigación, asumiendo humildemente un resultado final clarificador, al menos por el momento y con esas variables o premisas. La idea de ver más allá de lo que se observa a simple vista permite ahondar al inconformista, al insumiso, al «dudante», al buscador de la verdad más allá del dogma; al que, desde la mente abierta y permeable, conociendo sus limitaciones, está en disposición de someter el pensamiento al tamiz de la razón y de la lógica.

La importancia de la duda buscando la verdad

Gracias a quienes investigan, razonan, dudan y descubren, hemos evolucionado. Si hubiéramos persistido en el dogma, en la ignorancia sumisa al credo, estaríamos creyendo que las serpientes hablan y tientan, que las murallas de Jericó cayeron por un toque de trompeta, que el sol gira a nuestro alrededor, que las pandemias son castigos divinos, o que las gallinas pueden cantar después de asadas. Sin aquellos que buscan e investigan, que cuestionan todo desde su ideación creativa del pensamiento humano, a los que José Ingenieros, el filósofo argentino, define como idealistas, estaríamos anclados en la historia.

Comprender el tiempo en que nos movemos, en este mundo de gran incertidumbre, de inseguridad e inestabilidad, donde el ignoto futuro tiene un alto nivel enigmático, es tarea complicada donde resbalan hasta las mentes más lúcidas. No sabemos si las nuevas tecnologías y todo lo que acarrea esta cuarta revolución industrial, será en beneficio de un humanismo que hoy agoniza en una evidencia perceptible a simple vista. Pero sí sabemos, o al menos lo intuimos, que se está desarrollando la batalla por el dominio del futuro, a través de la conformación de una sumisa opinión pública, donde el combate se dé entre ellos y no contra de la tecno-oligarquía que pretende asaltar el poder.

La lucidez, un hándicap para la felicidad

Pérez Reverte pone en boca del Capitán Alatriste la frase: «Ser lúcido y español siempre aparejó mucha amargura», frase que hoy se puede globalizar viendo el percal que se vende, dado que se va imponiendo la ley del más fuerte a través de la colonización del Estado por los oligarcas. Nos harán odiar la verdad, como dice George Orwell: «Cuanto más se desvié una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclamen». Malcolm X (El-Hajj Malik El-Shabazz) va un poco más allá: «Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido».

Hablando de la lucidez no me gustaría dejar de referirme a mi admirado José Saramago y a su novela, o fábula sociopolítica, sobre el descontento democrático: Ensayo sobre la lucidez. La novela plantea una crisis de poder cuando la mayoría de los ciudadanos de una capital votan en blanco como protesta, reaccionando el gobierno con represión, paranoia y persecución hacia la población en lugar de escúchalo. La verdadera «lucidez» la asume el pueblo que desafía a un sistema diseñado para someterlo, queriendo poner en evidencia que el verdadero peligro reside en las cloacas del poder corrupto.

Mas esa lucidez parece ausente en nuestra sociedad. Según Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada». En cierto sentido estamos en la cultura de la mentira. Desde pequeñitos se nos miente, ya sea con los Reyes Magos, con el Ratoncito Pérez o con los cuentos que nos introducen en esa sociedad condicionante. Hasta tal punto que Henrik Ibsen, el dramaturgo noruego padre del drama realista moderno, se permite decir: «Quítale a un hombre vulgar la mentira de la que vive y le quitarás la poca felicidad que le sostiene».

Querido lector, o lectora, la lucidez hoy es un hándicap para conseguir la felicidad, porque cuanto más claro lo ves todo, más te repugna quienes dominan el mundo, sus tretas y estrategias canallescas. Eso sí, no vayamos a tomar la decisión de Stefan Zweig y señora al ver como el nazismo iba ganando la Segunda Guerra Mundial en 1942, optando por suicidarse para no vivir esa hecatombe cultural y social, habrá que afrontarlo con el juicio requerido.

 

sábado, 6 de junio de 2026

Málaga, una atracción para el viandante

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 06 JUN 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/06/06/malaga-atraccion-viandante-131070813.html

La ciudad malagueña ha experimentado una transformación radical en casi 50 años, pasando de un escaso atractivo a un destino turístico de renombre mundial

Pavimento Fuerte San Lorenzo / l.o.

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Deambular por Málaga es una sana costumbre que conjuga gozar de su atractivo y dar rienda suelta el pensar mientras caminas. Siempre practiqué este sano ejercicio haciendo valer estas dos opciones que ofrece el recorrer sus calles y enfrentar su monumentalidad y calidad de vida, que, en mi opinión, va alcanzando su debida calidad.

El sano ejercicio de transitar la ciudad

Perdí, en gran medida, ese sano hábito cuando la pandemia nos acorraló y obligó al encierro. Un nuevo hábito sedentario se fue instalando y el acomodaticio organismo se sintió cómodo con la nueva rutina a pesar de las perniciosas consecuencias para la salud. Mas, mi mente, en un justo y moderado razonamiento, me reclama el retorno a aquel pasado donde el caminar por sus calles ofrecía un escenario tentador que llevaba a enamorarse de ella, a la par que facilitaba, a veces, la indispensable reflexión, paso a paso, sobre la esencia de la vida, posibilitando la introspección tan necesaria para el desarrollo y evolución personal. La andarina ruta del paseo marítimo avivaba una sensación especial y el magnetismo del agua despertaba sentires ancestrales de fusión… somos agua y del agua surgimos. Callejear por el centro siempre fue un buen deporte que te permitía descubrir rincones y edificios sorprendentes mientras te imbuías en su historia.

Málaga, en los casi 50 años que la habito, ha cambiado sustancialmente. En 1977, la ciudad tenía escaso atractivo turístico, urbano, cultural o monumental... a pesar de disfrutar de la espléndida luminosidad que le regaló la naturaleza por su estratégica ubicación. Goza de un excelente clima que, salvo momentos puntuales donde el terral la hace irrespirable, resulta templado, suave y apacible, balsámico y confortable.

La Málaga de hoy

Hoy día ha cambiado radicalmente. Sobre todo en la zona del centro, donde las políticas urbanísticas de la alcaldía se han volcado, en detrimento de los barrios periféricos que evolucionan a un ritmo muy inferior en servicios y limpieza. Proliferan los hoteles, contamos con numerosos museos, una apasionante actividad cultural, espacios de restauración con sus abundantes terrazas, aunque en exceso pues roban espacios urbanos al ciudadano de a pie; el puerto es una excelente oferta y disfrutamos de números “rincones con encanto”. En todo caso, hemos de considerar que, hoy día, nuestra ciudad tiene un atractivo turístico especial reconocido a nivel mundial. Ese mérito se convierte en demérito para muchos ciudadanos o vecinos de Málaga por la inmensa afluencia de turistas que abarrotan sus calles.

Los llamados pisos turísticos, disruptivos en las comunidades de vecinos, han elevado el precio de la vivienda expulsando a la periferia a los malagueños, con el consiguiente desarraigo y el coste añadido debido a los medios de transporte para quienes ejercen su labor profesional en la ciudad. He ahí un tema de debate que sigue en el aire y que se ha de tratar para priorizar intereses locales sobre fondos especulativos relacionados con el alojamiento turístico que, por lo general, pertenecen a grandes tenedores en fondos de inversión, mayoritariamente extranjeros.

La masificación turística

Caminar sosegadamente por sus calles, manteniendo aún el encanto, se está convirtiendo en un difícil y complicado ejercicio, dado el trasiego humano que se observa. En el casco antiguo, sobre todo, se percibe una diversidad de visitantes de muchas y variadas nacionalidades. Según fuentes del propio ayuntamiento, el 64 % de los visitantes son extranjeros y solo el 36 % son de procedencia nacional, hecho que se confirma escuchando a los viandantes, donde la Ciudad del paraíso de Vicente Aleixandre parece más bien una Torre de Babel.

Indudablemente el flujo económico que genera es importante. Las terrazas proliferan y la iniciativa en el campo de la restauración oferta cada vez más establecimientos de calidad, pero, a la vez, incrementa los precios en ese juego perverso de la ley de la oferta y la demanda. Los visitantes suelen tirar de tarjeta con mayor facilidad que el nativo, que ha de vivir todo el año sometido a esos onerosos y abusivos precios de mercado turístico. Málaga ya está en el puesto 6º del ranking de ciudades más caras de España. Los establecimientos turísticos podrán hacer su agosto, pero la economía familiar del trabajador sufre un hachazo.

Cambio de tercio

Cada vez que salgo intento volver a vivir la esencia del pasado, disfrutar la calle, los jardines o los diferentes espacios donde antaño disfrutaba; incluso escribir algunos versos que surgen inspirados por el entorno. Esporádicamente me gusta desayunar los clásicos churros de Casa Aranda alguna mañana o tomarme un pajarete en Casa de Guardia, por nombrar a dos clásicos. Es apetecible sentarme en una terraza cuando el sol declina para disfrutar del momento, mientras se observa el trasiego del gentío que pulula por la calle… cada cual con su tema. ¡Qué interesante es estudiar al variado espécimen humano! A veces, a modo de entretenimiento, juego a definir el perfil de su personalidad según sus rasgos faciales, su figura corporal, su forma de andar y expresarse, su mímica… y le voy marcando con mis prejuicios, elaborando una hipótesis de supuesta coherencia… no es nada, solo un juego psicológico.

Suelo acudir a determinados actos culturales; a veces al Rectorado, de la mano de ASPROJUMA, al Ateneo o la Sociedad Económica de Amigos del País, además de algunos otros de especial interés por quien los organiza y protagoniza. Caminar desde casa hasta llegar al lugar me hace transitar las calles y vivir su ambiente, además de ejercitarme.

Me encanta la plaza de la Constitución, inmersa en un contraste de dorada luz y tenue sombra que le otorga su esplendor al atardecer. Su esbelta fuente la adorna y una hilera marcial de palmeras le rinde homenaje. Hay tres perspectivas que me son especialmente agradables: desde el arco del pasaje de Chinitas, la inversa con la catedral sobresaliendo majestuosa por los tejados y la visión longitudinal de calle Larios. Pero el conjunto de edificaciones que la circundan, tienen, por desgracia, una escasa homogeneidad arquitectónica que la devalúa.

Cuando paseo por mi ciudad no puedo evitar ir recordando los datos de su historia que almaceno en mi memoria, aunque no sean muy extensos y profundos. A menudo se ven completados por otros que voy adquiriendo a lo largo de mi deambular entre sus calles, al amparo de mi curiosidad innata.

El fuerte de San Lorenzo

Hoy volví a fijarme en las marcas circulares sobre el pavimento que delimitan el lugar que ocupó el fuerte de San Lorenzo. Corresponden, para quien no lo sepa, al trazado del muro del fortín u hornabeque que se construyó a caballo de los siglos XVII y XVIII por orden del nefasto Carlos II, con el que concluyó, de mala manera, el reinado de la dinastía de los Austrias, cuando ya se había iniciado el declive del imperio. La exposición de Málaga a ataques de corsos y piratas provenientes de Berbería y la amenaza con la presencia de naves hostiles de diferente bandera, era motivo de gran preocupación para la población, que debía huir a los montes ante un posible asalto, dada su escasa dotación militar para la defensa.

El ataque a la ciudad de las naves galas, del Rey Sol en 1693, sin protección ni capacidad de defensa, significó una vergüenza y preocupación para el “Imperio”, que llevó a considerar la construcción de ese baluarte defensivo. No fue un castillo, aunque se pretendió construirlo cuando ya apenas era necesario, al haberse alejado la mar del hornabeque y ser ineficaz el tronar de sus cañones. Más o menos, según tengo entendido, cumplió su función durante un corto siglo, pues ya en 1776, el propio ayuntamiento propuso su demolición para facilitar la obra de la Alameda y la urbanización de los terrenos, a los que optaba la poderosa burguesía del momento (sobre todo Heredia que construyó por allá su “palacio”). Sin embargo la orden de demolición no llega hasta 1802, un siglo después de su inauguración (1701), de puño de Manuel Godoy, valido de Carlos IV, y su demolición final hasta pasada la guerra de la independencia.

Las marcas que he referido, como localizadoras de perímetro del fuerte, se pueden ver perfectamente en el paseo peatonal, en ambos laterales de la Alameda. Unas partiendo de la calle San Lorenzo hasta la calle Ordoñez, más o menos, y la otra desde la puerta de la iglesia de Stella Maris hacia la acera contraria. En algunas figura marcado el perímetro del fuerte sobre dos líneas que señalan la Alameda. Animo al lector a descubrirlas.

 

La historia en mi memoria (II)

Opinión | Tribuna Por Antonio Porras Cabrera Publicado en el diario La opinión de Málaga el día 18 JUL 2026 7:01 Enlace: https://www.laopini...