domingo, 24 de abril de 2016

El Quijote. Otra forma de glosar a Cervantes

(Me gustaría conocer tu opinión sobre este blog para orientarme a la hora de tomar decisiones y cumplir el objetivo que me propuse. Si no te importa, te ruego contestes a una pregunta que aparece al margen izquierdo sobre el asunto. Gracias.)
La utopía que busca la justicia, la confunden con locura.

Ahora se cumple el 4º centenario de la muerte del gran escritor y figura universal de las letras, D. Miguel de Cervantes Saavedra. Su máxima obra, El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, es el segundo libro en español que más veces se ha imprimido en el mundo, tras la biblia.

Yo, a modo de homenaje, sin entrar en historias y debates sobre este o el otro Quijote, el de Avellaneda, y quien era ese tal Avellaneda al que, por cierto, algunos identifican con Lope de Vega…  quiero mirar esta obra suma desde otra dimensión. Quiero intentar verla desde la perspectiva analítica de toda obra de arte, viendo lo que en el fondo se pude deducir de tan brillante novela.

Si el arte tiene algo singular es precisamente su ambigüedad. La ambigüedad para poder interpretarlo, para proyectarte en la obra y sacar conclusiones en función de tu personalidad, de tu capacidad interpretativa de la simbología que parece poner sobre la mesa. Por eso existe tanta disparidad a la hora de valorar una obra de arte… para unos es insignificante al no saber interpretar o sacar partido a su propia interpretación de lo que el artista, hipotéticamente, pudo decir; para otros la cosa está clara y saben lo que la motivó, el mensaje que el artista quiso transmitir; pero, en todo caso, el observador, o lector, interpretará con sus recursos y capacidades la simbología de la obra dándole sentido bajo su perspectiva. Pero hay otros aspectos que, posiblemente, ni el propio artista valoró en su día. Me refiero al mensaje subliminal que brotó de su interior de forma incontrolada y que será interpretado por los observadores de la misma. Habría que interpretar, pues, que el autor la dotó de un contenido manifiesto y otro latente, escapando este último a su propio control.

En el caso de Cervantes y su D. Quijote se han derramado ríos de tinta a lo largo de su existencia. Se dieron críticas, interpretaciones, justificaciones, aclaraciones y desmenuzamiento metódico del conjunto de la obra por parte de eruditos, de grandes expertos, académicos, doctores y entendidos, biógrafos y estudiosos cervantinos de su obra y perfil personal y circunstancias socio-ambientales de su tiempo. Yo, que soy un profano en la materia, un sujeto limitado por su conocimiento en el campo de la literatura, ya que mi campo es más de la psicología y el librepensar, me voy a permitir unas disquisiciones poco académicas que pretenden dar otra visión de ese D. Quijote, loco de atar, pero caballero generoso, justiciero y “desfacedor de agravios”.

Se comenta que los que dicen la verdad son los niños, los borrachos y los locos. Tal vez tengan razón. En ninguno de los casos se hallan condicionados por esa autocensura que nos limita la expresión a la gente “sensata” y razonablemente inserta en un mundo de falacias, falsedades y convencionalismos hipócritas que nos van condicionando la vida hasta hacernos ver, o hacer ver que vemos, lo que no existe pero es plasmado como una realidad por los que orquestan la movida social, marcada de moral, ética, credos y asunción de los principios y valores sociales imperantes. Para romper con ello, los psicoanalistas dirían que lo prohibido solo se puede expresar desde la simbología transgresora pero no repudiable, o por sujetos que no estén sometidos al control social y cuenten con la permisividad de la sociedad en base a su caso particular… “es un niño, está borracho, está loco…” es decir, no tiene credibilidad para dar valor a lo que dice.

Por tanto, D. Quijote, que es considerado como loco, es un excelente denunciante de las maldades, injusticias y abusos de la sociedad que habita, por lo que acaba autonombrándose “caballero andante desfacedor de entuertos”. Para ello ataca e intenta destruir los elementos que simbolizan esa maldad e injusticia.

Los molinos de viento son gigantes que representan al poder amenazante que somete al mundo desde la atalaya, con sus provocadores brazos que giran y gesticulan ostentando su dominio. Pero como este mundo no funciona sin el poder del amor, de la belleza y lo sublime, que personifica en la mujer, crea una Dulcinea idealizada, que va más allá representando la exaltación y la máxima motivación que orientan los actos de los hombres buscando la verdad y la bondad, llevando a la simbiosis de las almas a través del amor. Y libera a la cuerda de presos que marcha a galeras, más que por sus delitos, por la necesidad que tiene el reino de galeotes. Y he aquí otro momento sublime, cuando ataca al rebaño de ovejas confundiéndolo con un ejército y siendo derribado por las pedradas de los pastores… al fin y al cabo ¿hay algo más parecido a un rebaño que un ejército donde el soldado no piensa, solo obedece? Siempre alerta en su locura, a caballo de su ansiedad y necesidad de hacer justicia, de defender a los necesitados y pobres, a los humillados y desfavorecidos por la vida, busca de forma continuada la revelación y el descubrimiento de la injusticia que requiera de sus servicios para reponerla.

No son solo sus actos de locura, siempre canalizados hacia la rectitud, hacia la probidad u honradez, sino sus sabios consejos cargados de sensatez, donde muestra que, de la locura introspectiva de su esencia y sus valores humanos, resurge la prudencia de la madurez y el buen criterio de la sabiduría utópica difícilmente asimilable por el mundo descompuesto y perverso que le rodea, pues no llegan a comprender, dentro de su analfabetismo racional, emocional y de principios y valores, el mensaje y preocupación del caballero andante que pretende la perfección y la excelencia de una sociedad justa y si agravios. Por eso busca “desfacer entuertos”.


Grandes consejos recibe el buen Sancho de su amo cuando se prepara para gobernar la Ínsula Barataria. Pero me paro en uno de los más ingeniosos casos de justicia que hubo de resolver el buen Sancho Panza en su corta actuación como gobernador de la Barataria, cuando su agudeza le llevó a descubrir que los diez escudos de oro que reclamaba un vecino al otro estaban escondidos en el báculo de caña; o la buena razón usada para el caso de la mujer y el ganadero, al que acusaba esta de haberse aprovechado de su cuerpo y robado a la vez sus ahorros. Con estos y otros casos Cervantes viene a mostrar que la justicia ejercida desde la sencillez, desde la inocencia, es más certera que la ejercida desde las leyes escritas para defensa de unos y aprovechamiento de otros. Este canto al sentido común de un Sancho Panza analfabeto nos muestra el verdadero entronque de ese sentido común de los pueblos y la gente.

Como un acto excelso de sabiduría, dentro de su locura orientada hacia la utopía, retomo sus consejos a Sancho Panza, aleccionándole en el uso del buen criterio, de la justa y recta actitud, que le permitirá asentarse como un bue gobernante. Si nuestros gobernantes hicieran caso a algunos de estos consejos todo nos iría mejor:

·        Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
·        Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.
·        Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.
·        Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
·        Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.
·        Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos.
·        Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.
·        Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
·        Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
·        Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
·        Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso.
·        No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.
·        Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
·        Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones,
·        Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.
·        Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma.

Como puede verse, Cervantes, no solo fue un gran escritos, sino un excelente pensador y humanista, que supo, burlando la censura, criticar a una sociedad corrompida e injusta, bajo el trato del humor, al situar en la ridiculez social de la locura los valores y principios humanos más consistentes para el buen gobierno de la sociedad. Al loco se le está permitido decir lo que en el cuerdo es un pecado irreparable. El acceso a la verdad les es más fácil a los locos o los niños si se trata en clave de humor. Si lees el Quijote, la próxima vez, mira entre las líneas, en las entretelas de la obra, y aflorará, de la mano de la locura, la mayor sensatez y cordura que representa al buen gobierno de los hombres y mujeres de este mundo.


viernes, 22 de abril de 2016

La leyenda de la Peña de los Enamorados

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Vista desde la A92
La leyenda de la Peña de los Enamorados es una de las más extendidas y atrayentes de la provincia de Málaga. He visto algunas variables de ellas, pero, en este caso, me voy a fundar en la que transcribe F. Guillén Robles en su Historia de Málaga y su Provincia, publicada allá por el año 1874.

Desde el punto de vista geográfico, la Peña de los Enamorados, ubicada en el término de Antequera (Málaga), es una elevación orográfica de perfil singular al aparentar la cara de un sujeto tumbado, donde se observa perfectamente la barba, boca, nariz y la frente cuando se ve desde la zona de Antequera. No sé qué podrían pensar los hombres primitivos que habitaron la zona, tal como se puede deducir por los diversos yacimientos arqueológicos del lugar, pero ese perfil debió dar rienda suelta a la fantasía y, sin dejar de lado el aspecto mágico de la figura, podríamos pensar que esa inmensa cara gigantesca recostada indujo a muchas especulaciones. Pero dejemos esto y centrémonos en la leyenda que narra Guillén Robles, obviando otras, como la de la princesa Tazgona y el soldado cristiano Tello.  Transcribiré, al pie de la letra, el texto de Guillén Robles:

“…Era alcaide de Archidona el altivo y valeroso caudillo Ibrahim; digno de  los más bravos adalides cristianos, aguerría constantemente á sus soldados llevando cabo ó rechazando algaradas;  apenas le brindaba la casualidad un favorable resultado caia desde su alcaidía sobre las tierras cristianas, como el alcon sobre la presa desde las nubes,  ó iba á derramar su sangre en cuanto los audaces fronteros se presentaban en su territorio; tipo lleno de grandeza y de valor lo respetaban los granadinos, le temblaban los cristianos y le adoraban los archidoníes, que simbolizaban en su persona la seguridad de su villa.

Según la tradición, tenía Ibrahim una hija cuya belleza escedia á toda ponderación; nobles señores granadíes, bravos mancebos malagueños, opulentos magnates de Archidona, esclavizados por sus encantos, pretendían hacerla su esposa; pero ni las enamoradas atenciones de sus apasionados, ni las regaladas músicas bajo sus agimeces, conmovían el corazón de la noble doncella que se mostraba insensible á ruegos y quejas, á proezas y galanterías.

Y era que bajo aquella aparente frialdad, en aquel corazón que se mostraba inflexible é indiferente, existía una pasión profunda: un apuesto y valeroso magnate granadino había conseguido interesar á la hermosa dama, hacerse dueño de su corazón, y venciendo todos los obstáculos que la rodeaban anudar con ella relaciones amorosas.

Pero un día, el walí de Archidona manifestó á su hija que uno de sus amigos, cuyas cuantiosas riquezas corrían parejas con sus años, la había pedido por esposa, y que él se la había concedido, señalando entre ambos la época del desposorio: otra muger que la hija de Ibrahim al recibir esta noticia hubiera buscado consuelo á su desdicha en las lágrimas; pero en el espíritu de aquella dama había un centello de varonil entereza de su padre; terminada la plática con este, corre á sus estancias y envía un mensajero á su amante, indicándole que si no quería verla esposa de su viejo pretendiente, la arrebatara de entre otras muchas doncellas que con ella habían de ir á solazarse cierto día a una fuente á la abajada de la villa.

El día designado, algunas jóvenes de Archidona se entretenían entre juegos y danzas en los alrededores de aquella fuente; la alegría y el placer animaba todos los semblantes, y los dichos agudos ó burlescos escitaban sus carcajadas, que cesaron á la llegada de un gallardo moro caballero en un fogoso alazan.

Alborotáronse las damas, rebozáronse, y el ginete en vez de pasar de largo, rudo y descortés hizo saltar á su cabalgadura en un barrizal que formaba el desaguadero de la fuente, con la intención de salpicar de lodo á aquella alegra concurrencia: las jóvenes huyeron en todas direcciones y cuando se recobraron del susto, vieron á su compañera, la hija de Ibrahim, que colocada en el arzon del corcel que montaba el alarbe desaparecía con él en la llanura.

Rápida, como siempre lo es la noticia de una desdicha, llegó á oídos de Ibrahim la del rapto de su hija: sus deudos y servidores al verle saltar sobre su caballo y bajar á galope tendido hacia la vega, le siguieron apresuradamente: los caballos del alcaide y los de sus amigos devoraban el espacio como si sintieran la indignación y el corage que animaban á sus ginetes; al fin distinguieron al atrevido raptor que galopaba con su presa cerca de la encumbrada peña.

Al descubrir á sus perseguidores y al ver que iban á darle alcance, el enamorado doncel subió á la cúspide del peñasco dispuesto á vender cada si vida; la joven, valerosa y amante, permaneció junto á él en aquellos angustiosos momentos.

Cuando el alcaide de Archidona comprendió que su hija se separaba de él voluntariamente su desesperación no tuvo límites; una mancha indeleble caia sobre su honrado nombre; aquella hija, objeto de su amor y de su orgullo, oscurecía todas sus hazañas con su liviandad y desenvoltura; entonces se precipitó con su gente á la subida de la peña: la hija de Ibrahim comprendió que habia llegado la última hora de su amante, que nada podría detener el brazo irritado de su padre, que había de ver rodar á sus plantas aquella cabeza querida, objeto de su amor y de su adoración, y loca, desesperada, abrazóse con el granadino precipitándose con él desde lo alto del peñasco". 
(Guillén Robles elige este relato de la tradición popular que publicó M, Lafuente Alcántara, también alude a que ambos jóvenes habían sido enterrados al pie de la Peña…).

"La tradición indica que después de la muerte de su hija desapareció de Ibrahim la alegría, la compasión y la generosidad; vámpiro sediento de sangre parecía querer lavar con la cristiana la deshonra de su hija; siempre severo y sombrío señalaba el incendio y la ruina con feroces expediciones; mas allá de la frontera cristiana no había ni ganado seguro, ni camino tranquilo, ni villa por fuerte que fuese que no tuviera siempre sobre sí, como una angustiosa pesadilla, el temor de verse atacada por el cruel alcaide; este parecía multiplicarse acudiendo donde podia emplear su espíritu destructor, y una veces por sorpresa, otras en batalla campal era el azote de la cristiandad".

… al final, los caballeros de Calatrava de la zona de Jaén, conducidos por el ambicioso y altivo Pedro Giron y acompañados de otras fuerzas cristianas provenientes de diversos concejos, como Osuna, Moron y Carmona, tras un terrible asedio consiguieron rendir la plaza de Archidona en 1462. Ibrahim, viendo su derrota acabó precipitándose con su caballo desde la muralla, prefiriendo la muerte  antes que entregarse a los cristianos.

Nota: El texto en cursiva es fiel al original, por lo que las posibles faltas de ortografía han de entenderse como correcta escritura del tiempo en que se publicó la obra.


lunes, 18 de abril de 2016

¿España se rompe?

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España se rompe… hasta ahora el peso de la pruebe recaía en catalanes, vascos, gallegos y otros grupos independentistas y nacionalistas que reivindicaban la independencia, o un nuevo sistema de relación entre la gente de este Estado, País, Reino…  o lo que fuere, que define este constructo al que llamamos España. Pero no nos engañemos, el gran enemigo de la solidez de España no está en estos “elementos disidentes”, sino en lo que hace de ella un estado de injusticia, de desigualdad, de diferencias que benefician a unos y marginan a otros, de desajuste, de insatisfacción de la ciudadanía… Para que un Estado sea sólido, desde la concepción democrática y la soberanía popular, ha de estar fundado en el respeto a todos y cada uno de sus componentes, en la lealtad de sus gobernantes, en la justicia distributiva, en el reconocimiento de las diferencias culturales y su comprensión como complementos enriquecedores que lo magnifiquen, en la satisfacción de sus habitantes con la estructura organizativa del sistema y sus resultados. La argamasa que fragua una construcción de esta dimensión es la confianza, la lealtad y la justica social. Ello lleva a crear la mentalidad de solidaridad social, de implicación en la buena gobernanza y el desarrollo de programas comunes que beneficien a todos. Cuando eso no se da, la gente acaba hastiada, desengañada, sin sentirse componente responsable de ese Estado al que no ve como suyo.

Para solventar esa problemática los gobiernos han de ser ejemplares, con capacidad analítica para diagnosticar la problemática que pueda dar y ofrecer soluciones de consenso que permitan una convivencia real y  efectiva entre los pueblos que forman el Estado. De lo contrario, de la mano de sectores inicialmente minoritarios, se irá creando una opinión y actitud de ruptura que ponga en peligro la estabilidad del mismo.

Pero una de las causas más palpables de desencanto, de desinterés por mantener esa estructura del Estado es la descomposición que se deriva de las falacias políticas, de la mentira y la desconfianza, de la desigualdad, como ya he dicho, y de sentirse usado para el enriquecimiento de los que andan en el poder. Esa deslealtad con la ciudadanía no es solo el no cumplir el programa por el que se les ha votado, sino el legislar, muchas veces torticeramente, para beneficio de unos y perjuicio de otros, con leyes de amnistías fiscal, con tolerancia a la evasión de impuestos en paraísos fiscales mediante subterfugios de la llamada ingeniería financiera, etc. es el atentado más grande que se pueda realizar a la unidad de un país. Pero si hay algo que colma el vaso es que los propios políticos de turno se enreden en esas prácticas, que los que dicen defender los intereses de la ciudadanía se vean implicados en negocios fraudulentos, en abusos de autoridad, practicando la corrupción, el nepotismo que beneficie a sus amiguetes, y un sin fin de actos sospechosos de utilizar la administración pública y su representatividad para conseguir prebendas y beneficios negados a la gente normal. Los beneficios del político, a veces escandalosos, en el trato del propio Estado respecto a la ciudadanía normal, lleva a pensar que se consideran dueños del cotarro, cuando son sujetos depositarios, por delegación, de la soberanía de su pueblo, salvo que nos estén engañando como a chinos, que es lo que parece a la visto de lo visto.

A algunos no se les cae la cara de vergüenza, incluso se permiten defenderlos desde la presunción de inocencia, algo muy importante, pero poco aplicable al compromiso político que se fundamenta en la confianza y no en la ley, no se les cae la cara, digo, y se permiten defender lo indefendible, ocultar lo inocultable, eliminar pruebas rompiendo discos duros, ocultando sus dineros en paraísos fiscales, manipulando la opinión pública desde la tergiversación de la verdad con discursos cínicos que atrapan a sus hooligans en una irracionalidad borregil de rebaño sometido al pastor o líder. Es cierto que debe haber políticos honrados, eso no lo dudo, pero están callados cuando se trata de denunciar las tropelías de los suyos. Lo curioso es que muchos de los que se han prodigado en las denuncias de la corrupción de otros partidos, hablando de ética, de moral, etc. han resultado implicados en casos escandalosos de abuso. Recuérdese las defensas de la honradez y la ética que realizaron en su día Granados, Bárcenas,  Rato, el ya exministro Soria, o el propio Aznar, etc. (todos ellos del PP que son los más actuales, ahora cayó también el Torres Hurtado, exalcalde de Granada, pero tampoco se escapa la gente del PSOE  con sus ya famosos EREs, y otras formaciones o celebridades y, en su día, gurús de la economía, como Mario Conde, por decir alguno).

Cuando se ven estas cosas, o sea, que aquellos que deberían conducir al país hacia la recuperación económica pagando sus impuestos e invirtiendo sus dineros en la creación de empleo de calidad para beneficio del colectivo social, acaban evadiendo esos dineros y buscando subterfugios de ingeniería financiera para escabullir sus impuestos, es normal que al pueblo llano se le quiten las ganas de defender un sistema que no es defendible con estas conductas y que no se sienta identificado con el mismo.

Si España se rompe, se rompe por el desafecto que provocan estas conductas de los más pudientes mientras se persigue al pequeño contribuyente. Solo con una regeneración ética, con la salida de los grupos que han contaminado e infectado el sistema, se podrá volver a conseguir un estado de cosas que facilite el reencuentro de todos en un nuevo proyecto de futuro. El problema es que ese proyecto de futuro puede que encuentre demasiados palos en las ruedas para progresar, dado que los medios y el sistema en su totalidad ya está contaminado y condicionado por el lastre de esa corrupción, potenciada desde intereses económicos ocultos centrados en el beneficio empresarial y del mundo financiero, y no en el desarrollo orientado a la sociedad en su conjunto.

Si esto se pudre, si se corrompe el cuerpo social que sustenta los estados, habrá aves carroñeras que se aprovechen. Tal vez esas aves estén esperando pacientemente en los árboles anejos hasta poder lanzarse a devorar el cadáver en descomposición. Puede que estén esperando y potenciando la demanda de intervención por parte de una ciudadanía asqueada, que verá con buenos ojos la salida de la mano de los menos malos, de los que han apretado el cuello hasta casi asfixiar, pero que ceden piadosamente la opresión antes de llevarnos a la muerte, ofreciendo alternativas a esa fatalidad que, por supuesto, son mucho peores que la circunstancias previas a la crisis. En todo caso, para ellos, no se trata de cambiar o no los estados, sino de modificar las reglas de juego mediante leyes y acuerdos que, desde la perspectiva de globalización mundial, se ejerza el verdadero poder desde el mercado y no desde los estados.

Pero volviendo al tema inicial, el único grupo o tendencia social que defienda el Estado del Bienestar contra la agresión del capitalismo salvaje, será aquel que consolide el sistema de solidaridad y justicia social, que potencie los valores democráticos de participación ciudadana, que defienda una educación de personas libre y con capacidad  de discernir, gente responsable e implicada en que las cosas vayan en su justa dirección… los antisistema que quieren cargarse el Estado son aquellos que pretenden adueñarse de él para su propio beneficio, desmontando los derechos adquiridos a lo largo de tantos años de lucha y concienciación de los pueblos.

En este caos, con un río tan revuelto, están los pescadores hurgando con sus cañas. Si consiguen que los líderes sean corruptos, que se desconfíe de los políticos en general, que la ética, moral y honra de estos sea cuestionada sistemáticamente, acabaremos por desestructurar el Estado y, sin esta argamasa, se derrumbarán sus muros y caerá como un castillo de naipes. Yo creo que de eso se trata. Si dejamos la política en manos de determinada gente estaremos condenados a la debacle. Pero si somos exigentes y se le retira el voto de manera fulminante a quienes han ejercido o caído en las garras de la corrupción y el “malhacer”, podremos evitar que esto se desmorone. El problema es que siguen existiendo los hooligans irreductibles y cegatos incapaces de la menor autocrítica y con una lealtad a prueba de bombas, o de corrupción, a sus partidos.  Estos son los que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, los que andan argumentando el “y tú más” como si un delito pudiera justificar el otro.

Cualquier ciudadano que milite en un partido político debería exigir la mayor limpieza y claridad en su partido, además de denunciar la porquería que se da en los otros. Pero no olviden que uno pude limpiar el cuarto que habita y exigir a los demás que hagan lo propio desde su reluciente ejemplo.

Y ahora, párense a pensar en la cadena de casos que nos inundan, que nos desaniman e indignan, en la corrupción sistemática que se da en determinados partidos con su peculiar forma de ejercer el poder. Indudablemente los más afectados son los que han tocado o tocan poder, tal como se está viendo en los juzgados, empezando por el PP.  

Sabemos que la corrupción no se erradicará nunca pero también sabemos que solo se podrá controlar con leyes capaces de disuadir al político delincuente que se dé a ello. Estamos en un país de pícaros, ya se sabe aquel dicho: “No me des dinero, ponme donde haya”.

Esto no tiene arreglo si no se da un vuelco total que garantice una democracia real desde la capacitación de la gente y la educación en principios y valores que la sustente. Pero… ¿A quién, de los que ejercen el poder, le interesa eso? La gente formada es peligrosa, exigente, rebelde y crítica. Es más fácil de manipular y someterla cuanto más mediocre y menos capacitada para pensar, cuando se ha logrado que deleguen en los dirigentes por sentirse incapaces de discernir qué es lo que interesa y qué políticas serían las adecuadas para conseguir un Estado como Dios mando… si es que Dios manda alguno, siempre que no sea como el que se nos presenta de la mano de los mandatario y del propio clero que dice representar a Dios.

En fin, amigos y amigas, seguiremos viendo en la tele el chorreo diario de casos de corruptos que nos lleven a la desilusión y hagan tambalearse las cosas sin alternativas fiables. Ahora solo nos queda que los políticos aprenda de una vez a leer lo que les ha dicho el pueblo con su voto; si no lo entiende no es un político del pueblo sino que anda impregnado por intereses personales o de otros grupos de influencia. ¿Cambiaremos el cinismo por la honradez en el mundo de  la política, o seguiremos jaleando a los nuestros y perdonándoles todo exceso por ser de los nuestro? Yo le pediría a la sociedad civil que no permitan que esta gente rompa España, o lo que es lo mismo, que no nos arrebaten los derechos que conforman la argamasa que consolida el Estado del Bienestar compartido.



jueves, 14 de abril de 2016

La Res Pública


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La res pública es un término proveniente del latín, que hace alusión a la cosa pública; o sea, a todo aquello que afecta a la administración y al buen gobierno de la ciudadanía. De este término proviene la palabra república. Hoy es un día emblemático puesto que hace 85 años se proclamó la II República española.  Yo creo que nació con mala suerte, no ya por sus pretensiones, sino por las circunstancias internacionales que le impidieron, de una u otra forma, consolidarse. El teatro internacional presentaba un escenario complejo, con afloramiento del nazismo alemán y fascismo italiano, con una Rusia comunista vista con gran recelo por occidente, con unas potencias occidentales acomplejadas por la bravucona y prepotente Alemania hitleriana, que las acobardaba viendo venir una guerra mundial que pretendían evitar.

Pero hagamos un poco de historia hasta ese momento. La monarquía borbónica andaba haciendo aguas desde primero del siglo XIX. Tras el reinado de Carlos IV y los aconteceres de la invasión francesa con la consiguiente llamada guerra de la independencia, que fue una versión de guerra civil apoyada por franceses por un lado e ingleses por otro, o sea, un campo de confrontación entre las dos potencias que se batían por el dominio geoestratégico, aparece un Fernando VII, llamado “El Deseado”, que resultó ser luego el “Rey Felón”, como le apodaron. Fue el artífice de la deleznable década ominosa, tras llamar a otra invasión francesa (la de los 100.000 hijos de San Luis), que históricamente no tiene el trato de agresión, para perpetuarse en el trono desde el absolutismo. Dejó la herencia envenenada y sumida en una guerra fratricida entre Carlistas e Isabelinos (llamados cristinos por ser partidarios de la regente María Cristina) de la que se llagaron a dar tres guerras civiles, llamadas carlistas, a lo largo del siglo. Una Isabel II que, al final, salió por patas tras innumerables cambios de gobierno, asonadas militares, confrontaciones entre el liberalismo y el absolutismo, y, además, marcada por conductas lascivas poco recomendables en reinas. Es conocida la asignación de la paternidad de Alfonso XII al militar Enrique Puigmoltó, lo que le valió el sobrenombre de “Puigmoltejo”, y no al rey consorte, primeo de la reina, de dudosa virilidad, llamado Francisco de Asis. (Ver artículo de Cesar Cervera en ABC, periódico, por cierto, bastante proclive a la defensa de la monarquía).

No hablemos de Amadeo de Saboya que fue incapaz de encajar en este país tan peculiar; de la Gloriosa Revolución del 68; de la I República y el cantonalismo en una España desestructurada y rota por los malos gobiernos de la dinastía borbónica representada por Isabel; y finalmente de la restauración de la monarquía en la figura del malogrado y ya mencionado Alfonzo XII de la mano de Cánovas del Castillo (asesinado por un anarquistas en Mondragón en 1897), que vino a dar en otra regencia, por la temprana muerte de Alfonso, dado que su hijo póstumo, que sería Alfonso XIII, lógicamente no podía reinar.

El reinado de Alfonso XIII está lleno de controversia, como el de casi todos sus antecesores. Una España en crisis moral, política, social y económica inestable, con el trauma de la pérdida de Cuba y Filipinas en el 98, con las guerras y desastres de Marruecos, con la sangría sistemática de vidas que ello significaba, desembocó en la década de los 30 en pleno apogeo de la contestación obrera y una clara tendencia antimonárquica reclamando la instauración de la II República como forma de eliminar las desigualdades y conducir al país por el camino del progreso marcado por la Europa moderna a caballo de la democracia. La FAI y CNT el POUM en Cataluña, los movimientos campesinos andaluces, los mineros asturianos, etc., fueron sembrando la semilla de un cambio enfocado al dominio de los pobres, de los obreros, sobre el panorama político.

Por todo ello, las elecciones municipales de 1931 fueron determinantes para cambiar de régimen. La república podía ser la oportunidad de España para salir del atraso, del analfabetismo y el sometimiento del pueblo a las oligarquías dominantes y a los poderes fácticos del clero y adláteres. Se abría una nueva era, una etapa llena de esperanza para los demócratas, pero, a la vez, se vivió un tiempo revuelto, convulso, al tomar gran protagonismo los movimientos revolucionarios y anarquistas. Era el momento de cambiar, la puerta estaba abierta y el debate servido, por lo que cada cual intentó reconducir la nueva situación hacia posiciones propias en función de su ideología. Es una etapa no exenta de violencia desde el enfrentamiento entre los extremismos oponentes.

Por otro lado, dentro de los defensores de la propia república, se dieron dos posiciones diferentes para conseguir la evolución y emancipación del pueblo español, una era la revolución, que no se empezó a desarrollar hasta después del alzamiento rebelde y como consecuencia de este, mediante el protagonismo que tomaron las diversas fuerzas políticas del momento, si bien, el propio gobierno de la república, sin capacidad de control sobre las masas revolucionarias, acabaría sometiendo a estas a un control y reorientación más o menos eficaz para neutralizar el avance rebelde, pero sin conseguirlo definitivamente. Por otro el socialismo humanista defendido, como veremos, por el ministro Fernando de los Ríos, que pretendía lograr la emancipación del pueblo a través de la educación, del conocimiento y la cultura, lo que conllevaba la libertad y capacitación para pensar, pero de una forma pacífica y sostenida en el tiempo. Esa fue una de los grandes logros y proyectos de la II República, que se fue al garete con la victoria de los rebeldes, volviendo al ostracismo educacional desde una religión dogmática y una ideología política excluyente.

En este sentido, hay que remarcar que en ese periodo se dio uno de los avances más importantes en el mundo de la educación y de las libertades con el desarrollo de la soberanía popular. La intelectualidad del país estaba mayoritariamente implicada en el cambio y participaban activamente del mismo, tomado especial protagonismo los componentes de la generación del 27. La influencia de los planteamientos pedagógicos del rondeño Giner de los Ríos y su propia obra en funcionamiento (ver enlace) fue uno de los elementos claves a la hora de potenciar el conocimiento, la formación y educación de la ciudadanía, con la fundación del Instituto Libre de Enseñanza en 1876, que solo se truncó con el levantamiento del 18 de julio, volviendo España a la oscuridad de los tiempos y al sometimiento  y adoctrinamiento del nacionalcatolicismo, como ya he mencionado. Fue su sobrino, Fernando de los Ríos Urruti, un valedor de la educación a partir de su actividad como Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, durante la república. De este último quiero resaltar su defensa del socialismo humanista, como ya he dicho, a través del proceso educativo y no de violencia revolucionaria, dentro de un marco político de democracia liberal burguesa.

Pero, como dije también al principio, la II República nació con mala suerte. En aquellos tiempos se estaba fraguando el conflicto que llevaría a la II Guerra Mundial de la mano de tres tendencias ideológicas incompatibles; por un lado el nazismo alemán y el fascismo italiano, por otro el comunismo ruso y, finalmente, las democracias clásicas representadas por Inglaterra, Francia y EE. UU.

La Alemania nazi ya andaba ostentando y esgrimiendo su poderío militar que, como defienden muchos historiadores y estudiosos de ese tiempo, buscaba lavar la afrenta que había sufrido Alemania en la I Gran Guerra, cosa que queda demostrado con el hecho significativo de exigir la firma de la rendición de Francia en el mismo vagón que se firmó la de Alemania en 1918, dando, pues, un mensaje muy claro: “Esto es lo que hay, yo tengo un potencial militar de primer orden, si me retas ya sabes a lo que te enfrentas, deja que me vaya apoderando de Europa… tú sabrás lo que haces…” Esto hizo que a lo largo de la contienda civil, sobre todo Francia e Inglaterra, mantuvieran cierta ambigüedad, llamada neutralidad, respecto al conflicto que se desencadenó. Esa neutralidad se plasma en el acuerdo de no intervención, creándose un comité de seguimiento en Londres. Pero esa no intervención no fue real, Alemania e Italia, desde el principio ayudaron a los rebeldes y, posteriormente, lo hizo Rusia al abandonado gobierno republicano, pero los países democráticos de occidente no tomaron partido y solo permitieron la ayuda de las brigadas internacionales a título personal, que acabaron retirándose. Es más, Inglaterra, donde gobernaba el partido conservador no vio con malos ojos la sublevación y presionó a Francia, donde había un gobierno socialista, para que se mantuviera en la no intervención.

Luego, tras tres años de lucha, odio y muerte entre conciudadanos, acabaron imponiéndose las armas más modernas y el orden militar de los rebeldes, exiliando a la II República y forzando al destierro a miles de españoles de toda clase y condición en una diáspora de dimensiones insospechadas. Los que no se fueron acabaron sometidos a una etapa de represión de lo más terrible que se recuerda a lo largo de la historia. Las ideas te podían llevar a la marginación o, incluso, a la muerte. Ser republicano era asociado a ser rojo, comunista, la reencarnación del demonio traidor a los principios del régimen y, por tanto, anatemizado.  Los nacidos en la posguerra, en general, tenemos una imagen de aquellos tiempos dominada por el miedo y el sometimiento al clero y a la dictadura, que no dudaba en usar la tortura y la humillación, cuando no el aislamiento y la marginación de los vencidos, para imponerse.

Si no hubiera fracasado el levantamiento militar en primera instancia y no se hubiera llegado a producir la guerra civil la cosa habría tenido otro desenlace, pero la guerra llevó al exterminio sistemático del enemigo, en este caso de los defensores de la república y a un sistema de gobierno dictatorial que no nos dejó hasta 1975. Durante ese periodo de dominio total se adoctrinó al pueblo en un credo religioso y una ideología política única, condenado el librepensamiento y la disidencia. La II República había caído bajo las armas de la guerra y aún hoy se siguen viviendo sus secuelas, pues persisten los defensores de los rebeldes llegando a justificar tanta muerte y destrucción por esa divergencia. Pero lo que es peor, no se ha conseguido honrar a los muertos del bando vencido, mientras lo del bando vencedor ha sido subido a los altares de la honra. Esa herida no podrá ser cerrada hasta que no se zanjen las zanjas donde siguen los cuerpos olvidados y se les dé “cristiana sepultura”, eso no es despertar el odio, al igual que no lo será el elevar a los altares o al beaterio a los muertos religiosos, pues todos tienen derecho a ser honrados como se merecen; eso es hacer justicia histórica. Por eso, cuando alguien se niega a ello, mientras asiste y alaba con alegría a las beatificaciones de la iglesia, me produce pena y repulsa ante un sujeto de principios tan alevosos.

Hoy, 14 de abril, a los 85 años de aquella proclamación, me duele que tras tantos años no hayamos aprendido lo que es la democracia, la convivencia, y a diferenciar, en muchos casos, un gobierno legítimo como fue el de la república de un gobierno dictatorial y rebelde impuesto por las armas y el apoyo de las potencias del eje. No obstante, soy consciente de que analizar los hechos dados en ese tiempo es complicado desde la perspectiva actual. Los prejuicios sembrados durante tantos años, la situación socioeconómica del país, el desarrollo que ha vivido España en los últimos lustros y la creación de un estado de opinión mediatizado por esa realidad actual, nos aleja de la comprensión de un pasado marcado por la pobreza, la explotación y la desigualdad, junto a la escasez de libertad y la ausencia de soberanía popular. La II República se concibió, por una inmensa mayoría de los españoles, como la forma política de salir de un pasado escabroso y sometido a la monarquía y la oligarquía dominante, con la intención de dar respuestas satisfactoria a las demandas sociales en sus diferentes dimensiones. Eso quedó truncado por los intereses de grupos de poder, hasta acabar con ese proyecto y demonizarlo por parte de las ideologías conservadores en extraña alianza con falangistas y otros colectivos afines.

Me permito gritar hoy, como homenaje a esa república: ¡¡¡SALUD Y REPÚBLICA!!! para el buen gobierno de la Res Pública.

lunes, 11 de abril de 2016

De nuevo los gases de la deshonra humana


(Me gustaría conocer tu opinión sobre este blog para orientarme a la hora de tomar decisiones y cumplir el objetivo que me propuse. Si no te importa, te ruego contestes a una pregunta que aparece al margen izquierdo sobre el asunto. Gracias.)

Botes de gases lacrimógenos contra refugiados
Hubo un tiempo en que la palabra gases, tras la II Guerra Mundial, era sinónimo de muerte, de holocausto y de nazismo puro y duro, asociándose a tétricas cámaras de exterminio movidas por la más aberrante manifestación de la vileza y maldad del ser humano.

Luego aparecieron los gases lacrimógenos para disolver manifestaciones, para evitar la protesta, para eliminar la expresión de la disidencia. Quién de mi generación no recuerda a los grises lanzando botes de estos gases, balas de goma y ¿por qué no?, de cuando en cuando, escaparse algún tiro, allá por los años 70.

Siempre, desde el poder, se intentó controlar al sometido, al sumiso que se levantaba contra la injusticia, al necesitado y desesperado que, harto ya de esperar y de clamar al silencioso e indiferente cielo, pedía a grito pelado que se diera solución a unos problemas que él no había provocado, pero que le atosigaban y condicionaban la vida. Cuando la gente, cansada de la indiferencia de los gobiernos y de los yugos ungidos por dictaduras insoportables, pretendía manifestar su disgusto y desacuerdo mediante canales oficiales, se encontraba con el muro de la indolencia, de la apatía e impasibilidad. Los gobernantes hacían oídos sordos. Entonces no quedaba más remedio que lanzarse a la calle, gritar y patalear, mostrar ira, furia, indignación y coraje, para hacerse oír y conseguir los objetivos que de forma democrática deberían ser logrados si todo funcionara bien.

Ahora, cuando los poderosos siguen jugando al ajedrez sobre el tablero esferiforme de la tierra, cuando las guerras se fraguan en países no adeptos o de dificultosa filiación, geoestratégicamente importantes, cargados de conflictos seculares y con fronteras un tanto artificiales tras la descolonización de los imperios europeos, esa Europa le da la espalda y se desentiende de su responsabilidad histórica y de sus principios de justicia social y respeto a los derechos humanos.

Reconocer en su Constitución la esencia cristiana  de nuestra Europa era una reivindicación de determinados políticos europeos, como el señor Aznar. Pero es muy dificultoso comprender que se pueda hacer esa reivindicación a la par que se niega el asilo a los refugiados provenientes de esas tierras, que en su tiempo formaron parte del macroimperio colonial de las potencias europeas. No es de recibo hablar de esa raigambre cristiana a la vez que fotografiarse en las Azores. Solo el más puro cinismo intenta conjugar los principios hipócritas de un cristianismo trasnochado con el desprecio a los seres humanos que huyen de una muerte que los persigue a caballo de las balas, la miseria y el terror. No se pide un acto de caridad, que suele ser un paliativo de la injusticia sin erradicarla, sino un acto de justicia desde la concepción humanista de la vida, desde los valores esenciales de todo buen ser humano que se precie como tal.  

Pero hoy, una vez más, hemos asistido al baile del cinismo, a la interpretación de la farsa de la política, quedando patente que la Europa de los mercaderes no entiende de humanidad, que solo maquillan sus ideas y actos cuando hay un elemento que movilice significativamente emociones y sentimientos en la conciencia del pueblo europeo y que ello les lleve a la pérdida del control y a tambalearse la estructura social que sostiene el sistema.

Pobres refugiados. Pobres niños, a los que su alegría les ha sido robada en un tránsito dramático hasta llevarles a la desolación y la desesperanza, al envejecimiento prematuro al que arrastra la indolencia, el hambre,  la miseria y la desconfianza en los seres humanos. ¿Qué valores se siembran en esas mentes infantiles que ven llorar a sus podres de impotencia para poder dar solución a sus necesidades? ¿Quiénes son los culpables de ese fracaso prematuro de un proyecto de vida en esas infantiles esperanzas? ¿Quién pagará la factura de tal desaguisado y del odio que se siembra? Esa es la pregunta del mañana…


Hoy se vuelve a gasear a las personas que lloran su desgracia, a los indefensos que buscan angustiados solución a sus problemas, a los niños, las mujeres y los hombres que protestan hastiados de tanta espera bajo el barro, la lluvia y la miseria. Pero si no saben llorar, no se preocupen, con los botes de gases lacrimógenos seguro que lo logran… así no se sabrá si llorar por su suerte o su desgracia, o por efectos de los gases les mandan. Tal vez hoy lloren por las dos cosas, por su mala suerte y por la rabia que provocan los cínicos sujetos que les acogen con fuegos de artificio, con la irritante asfixia y lágrimas embasadas en botes, en lugar de un trozo de pan y algo de agua.  

sábado, 9 de abril de 2016

“Siempre supe que, de algún modo, lo que se piensa es falso”


Acabo de leer el libro de Caballero Bonald, Ágata ojo de gato. Sin entrar en su contenido, aunque me ha parecido una obra meritísima, he encontrado una frase al final, referenciada a Robert Musil, y sacada de su obra Los alucinados, que dice así: “Siempre supe que, de algún modo, lo que se piensa es falso”.

Este pensamiento encaja perfectamente con lo que yo creo. Está en la línea de lo que defiendo en una entrada en mi blog sobre la duda, asunto tratado bajo el epígrafe: Ocurrencia 10 (La duda) (para leerla cliquea sobre ello).  En esta entrada sobre la necesidad de mantener la duda para seguir creciendo y conociendo cada vez más cosas, dada nuestra limitada capacidad, concluyo con esta frase: “Dudo, luego existo en desarrollo”.

Y vuelvo a verbalizar la incapacidad del ser humano para comprender el todo, para conocer más allá de lo que tiene ante sí, salvo si hace un acto de fe para no afrontar el dilema, con los riesgos que ello conlleva, al no estar contrastado científicamente; o sea, sujeto a la duda y a sabiendas que es una verdad relativa o, por exclusión, una posible falsedad. Decía Friedrich Nietzsche que “Tener fe significa no querer saber la verdad”. En todo caso, podríamos valorar hasta qué punto la fe paraliza la investigación dando por verdad lo que no está suficientemente demostrado. El ser humano se mueve por hipótesis, que no dejan de ser un enunciado sobre la posibilidad de que algo exista en los términos que se enuncia. Luego viene la contrastación de esa hipótesis y la validación de la misma, pero con los recursos y conocimiento que se tienen en ese momento, desde el paradigma imperante. No entro aquí a valorar la fe religiosa, que, bajo mi punto de vista, puede entrar dentro de lo irracional desde el dogmatismo y eludiendo la duda.

Pero volviendo al tema, lo que se piensa es falso al no abarcar la dimensión total de las cosas, pero no porque haya cosas que se escapen, sino por no tener la capacidad de abarcarlo ante nuestra limitación. Lo que pienso ahora tiene visos de realidad, de verdad, y lo debe ser, pero en este contexto y aceptada en el mismo. Ese pensamiento quedará superado en cualquier momento, en cuanto surjan novedades que lo cuestionen y aparezcan nuevas variables que condicionen esa verdad relativa. Me viene a la mente el cuestionamiento de la física clásica desde las teorías cuánticas, o lo que es lo mismo, la aportación que la física cuántica ha hecho para comprender cuestiones no claramente explicables por la física clásica. El conocimiento anterior era más limitado que el actual, lo que nos lleva a inferir que, de algún modo, lo anterior podría ser falso o, cuanto menos, incompleto.

Pero como estamos hablando de pensamiento, podemos decir que este es acomodaticio en función de la personalidad del sujeto. Es decir, está relacionado con el concepto de disonancia cognitiva y la gestión de la misma. Veamos como Festinger justificaba en 1957 la disonancia cognitiva: Las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos.”  Por tanto elaboramos un pensamiento que se acerque lo más posible a nuestro posicionamiento real, a nuestra realidad social y personal, a nuestro mundo de interés, y dejamos un sin fin de flecos abiertos que, en el fondo, nos sitúan como sujeto ilusorios. En muchos casos renunciamos a la búsqueda de la verdad al aceptar la verdad que nos muestra como real la sociedad en la que nos integramos. Es incómodo cuestionarla y nos puede acarrear problemas, cuando no hay un marco de libertad que nos permita pensar libremente y se nos exija sumisión al dogma de una verdad impuesta. Me vino a la cabeza el caso de Galileo en su tiempo. P. Chono Chácez Alva refiere, respecto a la fe: “A veces llamamos fe a lo que no es sino la proyección de nuestras expectativas humanas” que no dejan de tener relación directa con nuestros deseos. Es decir, creo en esto porque esto me tranquiliza y da sentido a mi vida sin mayores cuestionamientos, eliminando la ansiedad de la búsqueda.


En fin, amigos y amigas, que lo que se piensa tiene cierto componente de falsedad, o lo que es lo mismo de “verdad acomodaticia” a nuestro entorno para evitar conflictos entre lo que pienso y lo que hago, siguiendo esa teoría de la disonancia cognitiva, para evitar conflictos externos y también internos. Hasta la verdad científica está sujeta a esa limitación del conocimiento del instante, condicionado por el avance de la ciencia en esa etapa de la historia. Pero una cosa es el conocimiento y otra el pensamiento, aunque este último esté modulado por el primero, si bien el conocimiento científico es muy racional y el pensamiento en general tiene un alto nivel especulativo y, consecuentemente, más lejos de la realidad objetiva.

jueves, 7 de abril de 2016

Cavilaciones sobre qué será de nosotros

El miedo y la inseguridad que lleva al miedo

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A veces me pongo a escribir sin orientación previa. Es como si intentara parir una serie de ideas que se han inseminado en mi mente a través del tiempo y, en especial, del momento presente. Sale lo que sale, como cuando antiguamente, no habiendo ecografías para identificarlo, no se sabía si sería niño o niña. Hoy me senté y me salió esto que os propongo como lectura.

Ya no sé si siento vergüenza, indignación, ira o no sé qué… lo que sí sé es que siento la impotencia de quien ve como pasan delante de sus ojos un sin fin de delincuentes que evaden sus impuestos, engañan a la ciudadanía y se sienten, de algún modo, impunes ante la ley. Empezamos a pensar que estamos gobernados, a nivel mundial, por una pandilla de gente confabulada en crear leyes para proteger sus prebendas y las de los suyos, mientras caminan en la vía de dominar el mundo, obviando los intereses del conjunto de la sociedad.

Lo malo de todo ello es que se amparan en posturas borreguiles de una ciudadanía domesticada, manipulable y dócil que se rebela contra los simples delitos  y no reacciona ante los grandes desfalcos y hurtos de guante blanco, que sigue votando a corruptos si son de su partido; vamos que son como los hooligans amaestrados en el futbol.

Estamos en una etapa llamada de ingeniería financiera, que suena bien y parece que deba aceptarse por ser de elevada inteligencia su aplicación. Admirables sujetos fueron modelos a seguir en el mundo de las finanzas; aquellos yupis americanos de los años 80, materialistas y arrogantes, admirables por su tren de vida con gran dosis de amoralidad, o la moda del pelotazo en España, personificado en el propio Mario Conde como gestor de éxito hasta que Banesto se fue a pique.  Es cierto, ingeniería viene de ingenio y de ingenieros e ingeniosos es crear estructuras insospechadas de donde sacar beneficio en un sistema de economía especulativa, que no es lo mismo que la economía productiva.

La economía productiva es aquella que  crea bienes  tangibles o beneficios sociales que mejoran la calidad de vida del ciudadano; otra cosa sería si la creación de bienes, o plusvalías, va acompañada de un justo reparto entre el inversor y el productor, entre el capital y la mano de obra o sujeto que elabora el producto. Mientras la especulativa hace subir el capital a base movimientos especulativos, transacciones de dudosa ética, incluso, alegal, o ingeniería mercantil creando productos financieros de engañosa calidad y garantía, sin que de ellos se desprenda una producción material o de mejora social salvo para el especulador y su grupo. O sea, se crean canales por donde circula la pasta pero orientada a los bolsillos de los poderosos.

Tengo la sospecha de que en este nuevo mundo de la globalización está todo calculado por los que intentan imponerlo a su modo y para su propio bien. Romper barreras aduaneras, producir a bajo precio en países pobres para vender el producto a alto precio en países desarrollados, crear leyes protectoras de ese movimiento de capitales, establecer y consolidar trato preferente en algunos países (paraísos fiscales) con leyes preservadoras de sus intereses... En suma, crear un nuevo marco internacional por donde jugar a escabullirse para evitar pagar impuestos y mantener a los estados, cuyo poder pretenden  anular, o minimizar, con objeto de imponer un nuevo orden desde el capitalismo salvaje o ese neoliberalismo que odia los controles del mercado que se imponen por las leyes emanadas, en teoría, de parlamentos democráticos. Buscan el cambio de poder mediante la modificación del sistema… son antisistema que pretenden crear otro partiendo de este, sin que se note, planificadamente, hasta llegar a revertir el poder desde los estados a las multinacionales, a las empresas, al mundo financiero, a través de un orden legal que les garantice una defensa perfecta contra la imposición de la voluntad democrática de los pueblos.

Su hándicap está en controlar el poder político, en tutelar el poder legislativo, en desmontar un sistema que les obliga a someterse, en escapar del control social que les exija doblegarse ante los intereses del conjunto de la ciudadanía, en controlar el mundo desde la frialdad de sus despachos exentos de responsabilidad trascendente. Sus decisiones son privadas… pero sus estrategias condicionan el mercado mundial y lo manipulan desde el poder controlador sobre las transacciones.

Principales problemas para conseguirlo: los políticos díscolos y los medios de comunicación insumisos… pero donde hay dinero y esa filosofía de compra mercantil la cosa es fácil, se procede a comprar con la técnica del palo y la zanahoria. Si haces lo que te pido te doy la zanahoria, pero si no lo haces te doy el palo en el lugar que más te duele. De todas formas la financiación de los partidos puede ser una buena forma de establecer su control e influir en su orientación, al menos eso parece que funciona en los EE. UU.

Pero… ¿Cómo hacer todo eso? Si nos paramos a pensar un poco, descubriremos los pasos que van dando en el día a día. Provocar una irresponsable crisis financiera, apareciendo la oportunidad de tantear la actitud de los gobiernos, ya controlados desde organismos económicos internacionales, dejando patente su  incapacidad para resolverla con el actual marco legislativo. Al enfrentar los políticos a la crisis sin posibilidad  de respuesta y control del mercado financiero, se evidencia la incompetencia política y la necesidad imperiosa de intervención de la banca, canalizando la gestión económica mundial a través del mundo financiero, para lo que primero se ha de salvar de la banca rota ante una mala gestión privada; luego, en el mundo político e ideológico, denostar y descalificar al político opositor, incluso comprarlo si ello es factible, a la par que apoyar y elevar a los afines, y desprestigiar a los estados y sistemas de gobierno mediante la creación de un nuevo espíritu de los tiempos donde el sujeto, desconfiando de sus propios gobiernos, se deje gobernar por la filosofía mercantil, o sea, de mercado libre, creyendo que las empresas son más de fiar que los políticos. 

Sus negocios están en controlar todos los recursos, en administrar y comercializar hasta los más elementales y necesarios para la subsistencia, la educación, la salud, las energías, etc... No se extrañen ustedes que dentro de nada se nos cobre por respirar o por un sistema respiratorio que evite la contaminación. Ya se vende el agua con la excusa de esa contaminación y su pureza, sabemos que el sistema capitalista tiende a controlar la propiedad de todo y ese todo es absolutamente todo. Pero para producir cambios importantes, que permitan estas cosas, es necesaria la crisis, pues esta da pie a producir ajustes que podemos orientar hacía el fin que se persigue. La frase de un político del PP previa a las elecciones de la pasada legislatura, diciendo que dejen que se hunda el país que ya lo salvaremos nosotros… viene a decir que mientras peor mejor. Mientras más destrucción más libertad se tiene para la reconstrucción; a veces, incluso, para demoler y reedificar una nueva estructura hay que derruir lo viejo creando lo nuevo si lo viejo no sirve como soporte.


Pero vayamos al cambio de actitudes y de opinión pública. Se debate, con razón, sobre la corrupción del mundo político; se utilizan mercenarios de la palabra o ideólogos intransigentes para defender posturas con objetivos precisos, solo hay que ver la tele; no se habla o se debaten a fondo los escándalos financieros de sujetos de corte mafioso, no se cuestionan los sueldazos de prebostes de la empresa privada bajo la filosofía de su privacidad, sin analizar que juega con los intereses de la ciudadanía para enriquecerse y que el estado debería defender a esos ciudadanos de los atropellos que sufren. Pero, dentro del gran proyecto que se vislumbra en la sombra está reducir los estados, en una fase inicial, a meros miembros recaudatorios para pagar los servicios que las empresas ofrecerán al ciudadano en cumplimiento de los derechos constitucionales; o sea, privatizar lo público para que la empresa haga negocio. Ellos piensan que el Estado no tiene que formar y dirigir empresas, sino administrar los impuestos para dar los servicios al ciudadano pagando esos servicios a la empresa privada que los presta en función de la ley de mercado libre. En una segunda fase, con un estado cada vez con menor peso, las empresas contratarán con los sujetos sus servicios de forma directa, ya sean asistencias sanitarias, cobertura legal, jubilaciones, etc. siempre y cuando puedan permitirse estos el pago de las cuotas correspondientes, como ya viene siendo en los EE. UU. y Europa, concluyendo en una privatización total de los servicios públicos. Resultado, no todo el mundo tendría acceso a determinados servicios sanitarios, educativos o sociales, aunque se garantizaran unos mínimos por parte del Estado.

Las políticas restrictivas del gasto inversor de los estados tienen un objetivo claro, este es el empobrecimiento del patrimonio estatal. Siguiendo las teorías Keynesianas el Estado debería invertir para dinamizar la economía, dando trabajo a las empresas para producir bienes públicos, vías de comunicación, infraestructuras, incremento de servicios públicos, etc. de esta forma se da trabajo, crece el PIB y se incrementa el patrimonio estatal enriqueciendo al país. Pero eso no interesa cuando lo que se pretende es asfixiar a  ese Estado, lo contrario sería darle oxígeno para que siguiera creciendo y dominando, o influyendo en el mercado desde lo público. De lo que se trata es de desmantelar los servicios públicos para adueñarse de ellos, y los planteamientos keynesianos van por otra línea opuesta que llevan a la expansión de lo público y del incremento de servicios a la ciudadanía.

Pero sigamos analizando el cambio pretendido. En todo tránsito, o cambio, se dan una serie de hechos que pueden ser traumáticos por lo novedoso y agresivo al sistema y que, también, pueden provocar reacciones imprevisibles, por parte de colectivo sociales, que los impidan al verse afectados por la pérdida de un Estado del Bienestar, por lo que se han de neutralizar antes a esos colectivos mediante la captación, desacreditación o la compra. Pero si esos cambios se van introduciendo poco a poco, con la mesura necesaria para que la gente vaya adaptándose al nuevo orden mediante la tolerancia, y vamos estudiando, en una acto de pura psicología social esos procesos, iremos conociendo y controlando las conductas grupales y podernos manipularlos y reorientarlos hacia el fin previsto.

Si queremos que una sociedad se someta a un sistema de control total, podríamos hacerlo con su consentimiento, si sus integrantes entienden que es beneficioso para el colectivo. Consideremos el terror y la inseguridad como elementos claves; ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar nuestra libertad y privacidad para evitar el terrorismo y sentirnos seguros? ¿Estaría dispuesta la gente a implantarse chips para, de esta forma, estar todo el mundo controlado y eliminar el riesgo de atentados terroristas, por ejemplo, mediante el control sistemático de los sujetos? Si el Gran Hermano, controlado por los centros de poder y su tecnología que, en teoría, buscarían el bien común, es el valedor de los principios y valores de la sociedad, nos promete y garantiza una vida feliz si estamos sometidos a las normas, pero para ello hemos de aceptar un sistema de control humillante que garantice la “bondad” del sistema, ¿aceptaríamos ese control humillante “en nuestro propio beneficio”? Ya vemos como se pasa los controles en los aeropuertos, en muchos casos de forma despótica y maleducadamente, desde la sumisión absoluta, con el miedo a que se nos confunda con un terrorista. Estamos en el inicio, en el ensayo, y todos aceptamos esos controles para evitar un mal mayor.

El colectivo social, la sociedad en su conjunto, tiene un subconsciente y es manipulable. Por tanto, si se dominan los medios de comunicación, que son los que crean estados de opinión y tendencias de pensamiento y actitudes sociales, estaremos en disposición de controlar y dirigir el proceso evolutivo de una sociedad en cambio hacia el lugar que nos interesa. Cada día, cuando vemos la televisión, podemos vislumbrar esa tendencia. Cómo se tratan las noticias, los titulares tendenciosos, las opiniones interesadas, la manipulación argumental de las cosas, la inducción del pensamiento, etc. son formas claras de influencia por parte de los dueños del cotarro y su línea editorial.

El ser humano es individual y social, tiene esa doble dimensión. Lo interno y lo externo, su singularidad frente a la colectividad, su rebeldía frente a la sumisión, su ser individual frente a su ser social; ello le lleva a la conflictividad interna desde la perspectiva, eso sí, egoísta y de subsistencia, mediante la confrontación del desarrollo individual, o de su intelecto, y la integración social y el prestigio que conlleva. La socialización le induce a adaptarse a las normas sociales de una forma clara mediante la introyección de estas en el proceso educativo, teniendo como gratificante el reconocimiento y la integración social.

Pero solo hace falta modificar esas normas, cambiar el sistema, bien sea de forma pausada o traumática (piénsese en una guerra) para estar en otra sociedad distinta diseñada por intereses de poder mediante el uso y control de los medios influyentes. Esta nueva situación será asumida por los sujetos mediante esa socialización. Pero vayamos más lejos. ¿Se puede planificar la implantación de una nueva sociedad predisponiendo a los sujetos a aceptarla de antemano? Si se cree en la profecía autocumplidora y en el llamado efecto Pigmalión colegiremos que es posible. Podemos analizar el uso de películas futuristas, premonitorias, hipotéticas situaciones de futuro presentadas por visionarios que predisponen a aceptar esas situaciones y allanamos el camino para que se den como si fueran profecías; ya sabemos que desde tiempo, en nuestra cultura judeocristiana, el profeta tiene un gran prestigio y buscamos el cumplimiento de esas predicciones, incluso con cierta morbosidad. A modo de profecía, en este momento me viene a la memoria películas como Cobra, de George P. Cosmatos, o la más reciente Matrix.  En todo caso el cine de ciencia ficción abre las posibilidades, a través de la imaginación, de sociedades futuras y nos sitúa en disposición de aceptar y asimilar esas nuevas sociedades como posibles.

Finalmente, para mí, existe una tensión interna entre el ser individual y el social. El social lo andan modulando los poderosos y padres de la sociedad, los pastores que controlan el rebaño, lo educan y conforman en función de sus intereses; pero el individual, que resulta ser el oponente crítico al anterior mediante el ejercicio de la libertad de pensamiento y de discernimiento, lo hemos de modular nosotros mismos en una lucha de influencias, donde se juega la prevalencia de lo social sobre lo individual o viceversa. La pregunta sería: ¿El sujeto está para servir a la sociedad o la sociedad para servir al sujeto? O lo que es lo mismo: ¿Modelamos al sujeto para que asuma y se someta a una sociedad definida o le damos libertad para que decida qué tipo de sociedad quiere tener en función de su proceso evolutivo?  En todo caso: ¿Cómo se compaginan estas dos cosas para que se pueda desarrollar el potencial de los sujetos en beneficio de la evolución de la sociedad donde se integran?


Me niego a hacer del ser humano un borrego al servicio de los pensantes, privándole de la potestad de pensar racionalmente mediante la alienación y el dogma. Defiendo el libre ejercicio del pensamiento para que, responsablemente, ese sujeto sea motor y partícipe de la evolución de su sociedad mediante su autorrealización.  

Bueno, esto resultó de esta cavilación de hoy, seguramente la cosa tendrá matices, otras lecturas y tal y tal, pero hoy lo vi así...