jueves, 6 de noviembre de 2014

Mens sana in corpore sano


(Un inocente relato  de un día)
 
Hoy he empezado. Sí, al fin vuelvo a hacer algo de ejercicio en el gimnasio, desde que lo dejé en junio. No es que yo sea un sujeto adicto a esos ejercicios, más bien lo acabo haciendo por obligación, por hacer alguna actividad física controlable para que mi viejo y cansado corazón no se arrebate y explosione. En todo caso, el asunto me permite el control del ejercicio en función de mi estado, de mi valoración personal de la respuesta de mi cuerpo, amoldándome a sus señales.

“Mens sana in corpore sano” decía Juvenal en una de sus sátiras, si bien no iba enfocada al sentido que la frase tiene en la actualidad, pues era más amplia y precisa: “orandum est ut sit mens sana in corpore sano, fortem posce animum mortis terrore carentem…” (Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano. Pedid un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte…) La idea de relacionar la salud corporal con la mental nació en la Grecia clásica, donde el deporte y el ejercicio mental se conjugaban como dos elementos que dignificaban al hombre.

Días hacía que andaba yo dando vueltas al desprecio e indolencia que sentía por mi salud corporal y el excesivo tiempo que le dedicaba a mi ejercicio mental, leyendo, escribiendo poemas, reflexiones, artículos, etc. sentado, tumbado y relajado, o no, según el tema en cuestión, pues el mundo anda demasiado revuelto como para preocuparse en cuanto se asoma uno a las noticias. Mi cuerpo se ha rebelado. Me advirtió de mi indolencia y reclamó sus cuidados. Y me dije, si el continente o envase, que sustenta a mi mente, a mi intelecto, que permite que funcione mediante su aportación bioquímica, se me deteriora y no surte de esa energía que permita las sinapsis interneuronales, cómo voy a seguir pensando, sintiendo, viviendo. Por tanto, me he rendido ante sus justas demandas y he decidido cambiar mi sistemática de vida. A partir de ahora y hasta que algún elemento extraño lo modifique, me dedicaré a comer mejor y más sano, a controlar algo más mi peso y a hacer un poco de ejercicio como homenaje a ese cuerpo, ya caduco pero aún en buen estado para su función. Pasé, pues, por el despacho de la nutricionista y por el gimnasio para adaptar mis hábitos. Mi amiga Elena, la nutricionista, me largó un régimen con el que no voy a pasar hambre, según ella, pero que hará  de mi frigorífico un huerto artificial, aunque para disimular me autoriza a comer pescado, carne de pollo o ternera, etc. pero sin grasa… ¡Coño, que con lo que me gusta a mí el aceite de oliva de mi tierra, me lo ha retirado o reducido a una mínima expresión para mi gusto!

Pero ya se sabe, esto del cultivo al cuerpo tiene muchas lecturas. La belleza corporal es el primer impacto ante el inicial contacto social. Un sujeto o sujeta de buen físico y belleza tiene más puertas abiertas, de entrada, aunque luego, según para qué, eso será revisado. Yo, indudablemente, me vuelvo cuando pasa una chica de tipazo seductor y no lo hago cuando pasa una chica macdonald, pido perdón a la chica macdonald pero es un acto casi reflejo. Aclaro que la chica macdonald es aquella que acumula en su cuerpo gran cantidad de grasa, al alimentarse de hamburguesas de forma irracional, algo así como este cuerpo serrano que yo tengo de panza prominente al que quiero poner remedio. En todo caso, la buena presencia es una excelente carta de presentación, hay estudios que así lo demuestran, aunque eso lo solemos saber de forma empírica, o sea, viendo los hechos y en función de la experiencia personal.

No es mi pretensión, a mis 63 tacos, dotarme de un cuerpo modélico de culturismo, qué más quisiera que producir en los ojos de las féminas chiribitas de deseo, cosa que tampoco percibí a lo largo de mi vida, aunque alguno debió haber, sino conseguir que pueda responder a las demandas energéticas que requiere mi subsistencia. Soy consciente de que seguiré siendo calvo, de mi estatura actual, gordito, con un ímpetu sexual diezmado respecto a mis tiempos jóvenes y complexión debilucha, que se cansa con facilidad… pero eso es ley de vida, a cada edad le toca lo que le toca. Eso sí, en esta edad he decidido prepararme mejor para lo que me toca.

Bueno, como estamos en la civilización de la estética, no de la ética, es normal que la gente se arregle y cuide la figura. Por estética se arreglan las teticas, las arrugas que ya dejaron de ser bellas, los michelines que los dejamos para los neumáticos, la grasa corporal que la succionamos en el quirófano, los párpados, la boca, la nariz, piernas, manos, pies y el conjunto de la piel… no sé, al final ¿que habrá de natural? Pues si algo faltaba está el botox para resolver los problemas de las arrugas y otras cosillas (realmente Botox es la marca que inició la comercialización del producto). Botox está compuesto por la toxina botulímica, uno de los venenos más jodidos que existen, sí, esa que produce el botulismo, que es una enfermedad mas pérfida que el diablo. Claro si pensamos en ello no se la pone nadie, pues actúa bloqueando la liberación de acetilcolina a nivel de la placa mioneuronal impidiendo la transmisión del impulso nervioso, o sea la sinapsis entre axón y dendrita de las neuronas, pero esto es limitado al espacio dónde se ubica, afectando a las arrugas de expresión de esa zona. En fin, no quiero ser alarmista, muchos venenos, bien dosificados, suelen tener efecto beneficiosos en el mundo terapéutico.

Pero vayamos al grano, que me estoy yendo por las ramas. El hecho es que a las 11 me he incorporado al gimnasio. Primero tuve que hacer el acopio de los pertrechos, bolsa, zapatillas, chándal, toallas,  pantalón de deporte, bañador, gorro, más zapatillas, champú, etc. Una vez con esto me largué a la sala de fitness, esa cuyo fin es (¿se llamará así por eso?) darte un palizón que yo ubiqué en la cinta esa de caminar, en la bicicleta y en la de brazos. Estando en la cinta me percaté de la cantidad de gente que había en la sala, de la cantidad de energía que andábamos gastando sin repercutir en ningún beneficio. Las calorías quemadas revertidas en una actividad productiva serían más beneficiosas. Claro, allí se quemaban grasas, acumulación de calorías, de nutrientes y alimentos… Qué paradoja!!! Mientras en nuestro mundo ¿civilizado? andamos quemando calorías gratuitamente, en el otro andan sin qué llevarse a la boca para producir un mínimo de ellas. Le explicas a un pobre sin recursos para alimentarse que aquella pandilla de pájaros estaban quemando lo que habíamos comido de más y le da un “patatú” clamando al cielo por la justicia distributiva. ¡Unos tanto y otros tan poco! ¿Cómo le dices que mientras miles de niños se mueren de hambre cada día, aquellos señores y señoras, andábamos quemando el exceso de alimentación y pagando por ello?  Si le das los alimentos tomados en exceso y le pasas la pasta que pagas al gimnasio le harás muy, pero que muy feliz.

Un considerable número de clientes ocupaban las cintas, las bicicletas y la maquinaria de fitness. Cuerpos esculturales de seductoras chicas caminando a ritmo trepidante, chicos musculosos presumiendo de su modelado físico, sala de areróbic con gente de cuerpos fibrosos, sin grasa, que a ritmo vertiginoso danzaban o hacían tablas de gimnasia que nada más verlos te agotaban.  En las máquinas, había, también, gran número de señores y señoras mayores, menos llamativos, cargados de esa gracia senil que despierta sonrisas de conmiseración, entre los que debería encontrarme. Luego miré, al fondo, y vi la cantidad de pantallas de TV que había al frente, creo que eran diez. En todas ellas podías deleitarte con los programas más maravillosos, programas que harían crecer tu nivel intelectual conociendo los avatares de las pantojas, las belenes esteban, los chorizos de turno, las desgracias ajenas y un amplio abanico de reportajes gilipollescos que te comían el coco mientras cultivabas el cuerpo. En este caso “mens insana in corpore sano”. Menos mal que yo llevaba mi móvil con radio y me coloqué un poquito de música pop, de aquella que da ritmo y se adapta al ejercicio en función de tus deseos.

Cubierto el expediente en los fitness me bajé a los baños. Sauna turca con calor tremendo y sudor garantizado. Hombres y mujeres sentados y sometidos estoicamente al sacrificio del sudor y el calor penetrante de un vapor envolvente. Música ambiental que empleé para calcular el tiempo aproximado de exposición al suplicio. Me vino a la mente lo escandaloso que sería en algunas “culturas” eso de estar los hombres y las mujeres juntos, casi desnudos, en un receptáculo (perdonad pero es que receptáculo termina en culo, eso no es culpa mía) con el culo pegado a un banquillo ardiente y el sudor chorreando a raudales… ¡¡¡toxinas fuera!!! Aguanté unos diez minutos y me di un paseo por las piletas de agua… de 40 grados: por Dios, que te quemas, me dije; de 35 y 30 con hidromasaje; de 14 con mala leche, pues cuando entras te acuerdas de todos los santos y el cuerpo te da un latigazo que te cierra hasta el último poro. Luego, si quieres, te das una ducha helada, un masajito con hielo o te tumbas en una cama térmica para relajarte.

Acabas en la ducha de vestuarios, donde te cruzas con gente de todo tipo. Desde el  exhibicionista que pasea su sobredotación viril (algunos parecen bomberos que se trajeron la manguera) y su masa muscular marcada, en algunos casos, por tatuajes indelebles como forma de principio inviolable de amor hacia Gertrudis, que a lo peor ya le colocó las astas y no puede retirar su nombre sin arrancarse la piel a tiras.


Bueno, no diré compungido, pues la experiencia ha sido interesante, sino con sensación de apaleamiento, con el cuerpo dolorido y protestándote por el trato recibido, al que no está nada acostumbrado, aunque, eso sí, muy relajado, te marchas a casa, te cambias y te vas a tomar unos vinos para “desfacer” lo andado. El cuerpo te lo agradece y entiende que ese vinito con tapa es el premio a su sufrir, el lavado de tu culpa por haberle dado el mal rato del gimnasio. Y en el fondo, después de tomar el vino en animada charla con los amigos, te preguntará el cuerpo: ¿Volvemos mañana al gimnasio?

7 comentarios:

nionesao dijo...

Vuelve mañana Padre, vuelve!!!!

Yo he conseguido ir por tercer día esta semana, haciendo cosas que nunca pensaría hacer, como levantarme antes de las 7 para ir a quemar esas "preciosas" calorías que comentas.

En ciertos casos, este exceso de calorías está basado en la vida sedentaria que tiene un alto % de la población. Es por eso que tenemos que pagar por poder hacer deporte, cosa que podríamos hacer en la calle si no hubiéramos alcanzado ciertos grados de sobrepeso que torturan nuestras articulaciones al hacer un ejercicio tan natural y tan de moda como correr.

Aún así, disfruta del gym y de las endorfinas que segrega el organismo.

Un beso fuerte!
Tu hijo que te quiere

Antonio dijo...

Gracias hijo, por tu consejo. Mi intención es ir tres días a la semana, después ya veremos y tú también lo irás viendo.

Otro besote de tu padre que te quiere cantidad

Amparito dijo...

Me alegro mucho, Antonio. Has tomado una muy buena decisión.Todo no va ser escribir y reflexionar.El cuerpo también necesita de nosotros mismos. Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, Amparito, de todas formas me lo tomo un poco a chanza, pero con humor consciente de que es necesario cuidar el cuerpo a esta edad para no largarse al otro barrio antes de tiempo.
Un abrazo

Prudencio dijo...

Esta lectura, casi desde el principio, me ha provocado una cierta sonrisita, por lo que narra y el modo. He decir que yo estoy en la fase del propósito. Tengo que hacer ejercicio pero no acabo de arrancarme. Un día de estos....empezaré. Un abrazo, Antonio.

Antonio dijo...

Prudencio, vente al O2, yo voy tres veces a la semana y hago una hora y media entre ejercicio y relajación en las termas.

Prudencio dijo...

Te agradesco el ofrecimiento. Lo que pasa es que no me gusta los gimnasios porque no podré utilizar los audífono, y me sentiría incómodo. Me gusta más la bicicleta. Que ya te digo, un día de estos.....empezaré. Un abrazo.