martes, 11 de noviembre de 2014

El día después


El día después siempre es el siguiente al día anterior, obviamente, y el día anterior, o sea, ayer fue el tan traído y llevado 9N. El 9N, durante años, significó, para mí, el aniversario de la caída del murió de Berlín. Es una fecha memorable en tanto dos mundos, separados y enfrentados desde la intolerancia, tumbaron la frontera, el muro que los dividía, y permitió que la gente volviera a unirse, que las familias se abrazaran y festejaran el reencuentro. Alemania volvía a ser, después de tantos años, un solo país y, de su mano, un importante colectivo se integraba en Comunidad Europea, no solo alemanes, sino países del entorno dispuesto a fraguar una situación de encuentro entre los pueblos, sabedores de que la interrelación entre ellos había que articularla para crecer juntos, que la interdependencia inevitable tenía que enmarcarse bajo un sistema común que les llevara a darse la mano, a ayudarse y crecer desde el compartido esfuerzo, al menos en teoría.

Sucumbió un referente fracasado para la clase trabajadora, bajo un desarrollo inadecuado y torticero de los planteamientos socialistas del marxismo, y se diluyó como un azucarillos en agua toda una estructura social y económica patrimonio estatal, cayendo (sobre todo Rusia) bajo las garras de mafiosos que se fueron adueñando de todo lo que un pueblo había forjado y acumulado a lo largo de los años, esos mismos mafiosos que habían sostenido la dictadura hasta el momento. El Estado era el administrador y el pueblo debía ser el dueño, al menos en teoría. Se privatizó todo a precios irrisorios, más aún cuando el proceso de inflación fue empobreciendo a la ciudadanía, a la gente de  la base social. Una jugada maestra que saben hacer muy bien los neoliberales, solo hay que ver lo pasado, también, en nuestro país con las privatizaciones. Quién anda por Endesa, por la banca pública, por Telefónica, por Iberia, etc. etc. Debilitar el poder del Estado es la obra maestra para poder controlar la economía y poner de rodillas a los pueblos mediante su control económico con políticos afines. El juego está en marcha, a ver quien lo para…

Pero hoy también es el día después de otro hecho significativo. El 9N catalán. Hasta ahora no he escrito prácticamente nada sobre este tema, tal vez porque visto desde aquí el asunto tiene una perspectiva diferente y se corre el riesgo de hacer un análisis no suficientemente documentado. Pero ese riesgo se puede dar en cualquier lugar, ya que el propio sujeto está limitado y orientado por sus credos, ideología, sentimientos y una serie de variables que sustenta, precisamente, esa diversidad que es la causa, al menos en parte, del conflicto. Esos sentimientos y emociones se agudizan y potencian en estas situaciones, además de que, por lo general, el político de turno suele jugar con ellos gestionándolos hacia el objetivo que persigue. Determinadas situaciones actúan como un “chute”  estimular mediante los baños de multitudes que, dado que el ser humano es gregario, despiertan sentimientos de pertenencia y convergencia muy gratificantes.

Antes que nada quiero dejar claro que soy de los que piensan que la independencia del ser humano es una falacia, pues, si bien desde un punto de vista individual se debe tener la capacidad para decidir sobre todo aquello que afecta en exclusiva a uno mismo sin mediación de nadie más, estamos sometidos a la convivencia ineludible con el resto de la humanidad.  Por tanto, entendiendo que pudieran considerarse  tres situaciones: La dependencia, la interdependencia y la independencia, yo siempre lucharía por la segunda. La dependencia me parece degradante, pues anula al sujeto dependiente; mientras la independencia, en su sentido estricto, no deja de ser una utopía irracional, si no pasa por articular la interdependencia que la mediatiza o enmarca. 

La cuestión es que la interdependencia conlleva, bajo mi punto de vista, la necesidad de acuerdos inter pares, puesto que no hay, o no debe haber, sometimiento o dependencia del uno hacia el otro. Es decir, que ante un conflicto se han de dar respuestas adecuadas para que esa sociedad pueda articularse, garantizando la convivencia desde esa interdependencia. Queda claro, pues, que si yo viviera en Cataluña, como he vivido durante 10 años, salvo que mi deriva filosófica hubiera cambiado, yo seguro que votaría, pero lo haría por una solución que se ha hurtado a la consulta. Votaría por articular esa interdependencia, por pura congruencia conmigo mismo, de lo contrario me habrían conseguido colocar en una disonancia cognitiva, por confrontación con mis principios básicos de universalidad del hombre, pero también por mis convicciones y concepción sistémica de la sociedad.

Luego hay otra variable que me condiciona a la hora de plantear la situación. Entiendo que el conflicto que se da en este momento es, desde una perspectiva global, una confrontación entre los intereses de una clase dominante, que potencia el mercantilismo y la globalización de la economía bajo su égida, o sea, el capitalismo salvaje apoyado en el neoliberalismo americano que domina, incluso, al propio legislativo, y los intereses de la inmensa mayoría de los ciudadanos ajenos a estos tejemanejes carentes de proyección humanista, que pivotan sobre un bienestar basado en el materialismo, dejando en el olvido el desarrollo intelectual de los pueblos. Lo que deviene en un conflicto transversal que nos afecta a toda la ciudadanía, sea de dónde sea, siendo el que realmente reclama nuestra atención. De la solución de ese conflicto transversal ha de surgir la solución a la problemática que nos ocupa. La lucha por la libertad del ciudadano la entiendo como una forma de erradicar las injusticias sociales y distributivas, las corrupciones y abusos, la explotación del hombre por el hombre, la eliminación de la educación alienante… la creación de una nueva ética que permita el desarrollo de una cultura igualitaria y racionalmente progresista (SER más que TENER), que otorgue la base para crear un nuevo estadio de convivencia.

Pero volvamos al 9N de la consulta. Ha sido un fenómeno más bien mediático, de propaganda, donde lo que se jugaba no era la independencia o no de Cataluña mediante un referéndum, pues el Estado español no lo ha permitido aduciendo las leyes constitucionales que sustentan la idea de que la soberanía nacional es competencia de todos los españoles. Por tanto, de haber sido un referéndum legal, las cosas habrían cambiado. Cada partido, tendencia o idea podría haber defendido sus postulados, hacer propaganda, debatir públicamente y pedir el voto a su propuesta. Eso no ha sido posible y solo el colectivo que defendía el propio referéndum y su orientación hacia la defensa de la independencia (obsérvese que no se han podido votar otras posibles alternativas como un nuevo marco constitucional) han organizado y controlado el encuentro con las urnas. Sabemos, lógicamente, que el procedimiento no se ajusta a unas bases que garanticen resultados democráticos. Lamentablemente no se ha podido hacer un referéndum con esas garantías al no haberse permitido legalmente y estar, la consulta, apoyada solo por una de las partes.

No obstante, lo que ha quedado meridianamente claro es que existe en Cataluña una gran cantidad de catalanes que pretenden la independencia. Sabemos que son mucho, pero con este sistema no podremos saber si son mayoría, en tanto hay más que no acudieron a votar. En todo caso se da un importante rechazo a España que, bajo mi punto de vista, viene dado por el mal hacer del gobierno español, que ha potenciado la confrontación pensando que tenía la llave en el bolsillo a través del uso de la ley. Su indolencia y pasividad exasperantes han llevado a ponerlo contra las cuerdas y mostrar su inoperancia, dejando crecer una bola de nieve a la que tenía que haberse dado respuesta válida hace tiempo. Era un buen momento para encauzar la situación cuando el parlamento catalán propuso un nuevo texto estatutario, pero lo tumbó el PP con un Tribunal Constitucional de por medio. A partir de ahí, se ha visto como, de forma interesada, se ha ido asimilando España y los españoles con el modelo del PP.

Sabemos que existen dos Españas desde hace siglos. Una ganó la guerra civil e impuso su modelo de Estado, reprimiendo las diferencias y pretendiendo un país homogéneo, pero bajo su modelo ideológico. Esa es la España de la idea única, del clero y el dogma, del nacional-catolicismo que persiste solapado y surge en cuanto se levanta una piedra o aparece un beato mártir de la religión mientras siguen en las cunetas los cuerpos de los demócratas vencidos. La de los Reyes Católicos expulsando a todo el que no comulgara con ellos. Del yugo y las flechas que le son propios a sus majestades católicas.  Aragón y Castilla imponiendo su credo, aunque  en ese momento se respetara la segregación de los reinos. Por un lado, una España absolutista cultivada después por Felipe V tras la guerra de sucesión y por otro la España de los fueros, que fue borrada de un plumazo por el Decreto de Nueva Planta del primer rey Borbón. De aquellos polvos vieron estos lodos.  

Esa España intransigente, que defiende Rajoy y su partido, es resistente a cualquier argumentación lógica que cuestione los acuerdos de la transición que, por cierto, fueron muy ventajosos para los herederos del régimen. Pero tampoco veo yo al señor Oriol Junqueras avenirse al diálogo. Tal vez, el President Más sí esté en una situación más receptiva si se reorientan las cosas. En todo caso, muchos no comprenden que las cosas cambian, que los pueblos evolucionan y que las normas, que están para servir a los pueblos y no los pueblos a las normas, también se han de adaptar a ese proceso evolutivo para poder mantener la convivencia. Ciertamente, la ley es imprescindible en el desarrollo de la vida normal y sosegada de los estados, pero, reitero, la ley ha de responder a las necesidades y los problemas reales de esos pueblos, en nuestro caso, ha de facilitar el encuentro entre esas dos Españas que se resisten a convertirse en una sola, a fusionarse, porque cada cual quiere hacerla a su imagen y semejanza.

Uno de los males que ha abonado esta situación compleja es el desprecio que se ha potenciado desde las filas del PP a las demandas de una parte mayoritaria de los catalanes, que cristalizó en la propuesta de estatuto que surgió del Parlament Catalán, además de la política de la confrontación, que han ido atizando desde los extremos nacionalista de uno y otro bando. Esto ha sido utilizado por los partidos nacionalistas catalanes para constatar su desapego. Pero es que se han dicho verdaderas imbecilidades por parte de gente de escasa inteligencia, cosas que le dejan a uno de piedra; prejuicios estúpidos donde cayeron hasta los presidentes de comunidades, incluido el señor Pujol.

Yo me siento muy dolido por estas cosas. He sentido vergüenza ajena muchas veces al ver como un indocumentado mediocre sentenciaba en el tema desde la intolerancia y la falta de empatía, arremetiendo contra lo catalán. También me he sentido muy mal cuando alguien me ha metido en un “totum revolutum” con los planteamientos intransigentes del PP, al identificarme con esa España que no comparto. Yo creo que los catalanes saben que hay otra España distinta, que pretende gestionar de forma enriquecedora esa diversidad, como una complementariedad que algunos ceporros entiende como todo lo contrario, que queremos un país más justo y libre, sin las diferencia de clases, donde el capital esté al servicio de la ciudadanía y no al revés, donde los políticos sirva para unir, aglutinar y organizar un sistema de vida donde todos ganemos y no para confrontarnos desde la terquedad. Y yo me pregunto: ¿para qué están, si no, los políticos? Su obligación es solucionar problemas no crearlos. Sin embargo estamos asistiendo a un flujo continuo de problemas de la mano del mundo político, máxime cuando se enquistan, pierden su perspectiva holística y miran la realidad con un canuto que ellos mismo se han fabricado para defender a ultranza sus posturas irreducibles e intransigentes, su grupo de intereses e ideas, buscando su acceso al poder para luego ver lo que está pasando… y aquí sálvese quien pueda, que pocos se salvarán a la vista de lo que hay.

Toda crisis es una oportunidad para cambiar hacia algo mejor. En las crisis se cuestiona todo, el modelo de Estado, la interrelación, las estructuras y leyes, etc. Al ser todo cuestionado es todo revisable y al ser revisable es modificable. Yo creo que ahora se abre un tiempo de diálogo, de acercamiento y de establecer sinergias que confluyan en unos objetivos satisfactorios para todos. Sigo pensando lo mismo que cuando escribí sobre el nuevo rey en mi artículo de mi blog: “Yo, si fuera Felipe, pediría un referéndum”.

Concluyo. Ayudemos a desmontar muros de Berlín, no a crearlos, eso es lo inteligente en un mundo que debe marchar hacia el encuentro, un mundo sin “ismos” encorsetadores, que rompa fronteras mentales y reales. Un nuevo marco, un nuevo tiempo, una nueva generación en un mañana en común bajo una verdadera justicia social. A mí ya me coge mayor y ese mañana se me escapa entre los dedos como si fuera agua, tal vez lo mejor es dejar que sean los demás, los que deben fraguarse ese mañana para ellos, los que se impliquen, los que digan podemos caminar hacia adelante juntos… pero, mientras estemos aquí, es bueno pensar y mejor expresar, luego cada cual allá con sus conclusiones y sus dudas.


5 comentarios:

Eastriver dijo...

Siempre es tan sosegante leerte... Respetas y piensas, y desde esa doble vertiente, opinas. Nada que objetar.

Pero sí matizar: cuando decimos independencia no nos referimos a levantar muros, no llevemos las cosas a ese terreno porque tú sabes que decir quiero ser independiente no implica irte a vivir solo a una isla desierta. Implica que, con ayuda, colaboración mutua de todos, etc etc uno se va a vivir a su propia casa. Pero ni corta con nadie ni deja de hablarse con nadie.

En el caso político independencia significa una sola cosa. Sólo una. Una administración propia para poder decidir esos asuntos sobre los que constantemente el Madrid del poder nos enmienda la plana y que para nosotros son importantes. Punto. No hay más. Independencia en realidad es sólo eso.

Un abrazo.

Modesto Reina dijo...

Profunda, sería y real la entrada, Antonio, la comparto. A mi también me pilla mayor. Un abrazo amigo.

Antonio dijo...

Amigo Ramón,East River), ante todo gracias por reflejar tu comentario. Suelo estar bastante de acurdo contigo en muchas cosas, pues creo que estamos en el mismo barco social, con las mismas ideas de justicia, con reivindicaciones y exigencias para que la ciudadanía sea lo importante. Rechazamos modelos de gobierno como el que nos gobierna y su defensa de las clases dominantes en contra de los más desfavorecidos, a los que defendemos y nos identificamos con sus intereses. Incluyo en ese rechazo las políticas sociales del PP y de CIU, que vienen a ser lo mismo en ese sentido. Creemos que la ciudadanía ha de formarse y educarse en un nuevo mundo donde no quepa la alienación porque la libertad responsable y crítica no le deja opción... y otras muchas cosas que me llevaría mucho tiempo y espacio. De ahí se desprende la lucha que propongo en mi análisis, ir juntos para cambiar esos gobiernos, para establecer una era donde los seres humanos encuentren y forjen un sistema de convivencia sin el dominio de una clase sobre otra, donde las diferencias se diluyan, donde no haya fronteras que dividan a la gente para diluir su poder. Donde la madurez de los pueblo deje en la cuneta viejos anacronismos de viejas sociedades para enfocar su vista al frente sin complejos. Para alcanzar los niveles justo de autogobierno y extender su soberanía más allá, en lugar de restringirla. El hombre del futuro deberá ser soberano del mundo y no de la tribu…
Amigo Ramón, yo entiendo que cuando se pide independencia, y no se regula la interdependencia, se está manifestando que no se quieren tener unas mismas leyes, un mismo gobierno, unas mismas normas, unos mismos intereses, un mismo proyecto… en suma, una misma sociedad. Que se quieren establecer los límites o fronteras que determinan la capacidad de influencia o dominio sobre algo, y que, ese algo, no se quiere compartir con determinados otros, en este caso con el resto de los españoles.
Pero si ese rechazo al dominio de Madrid se presenta como el rechazo a este gobierno, que yo comparto, por su concepción de la política, de la economía y del modelo social, lo que se ha de hacer es luchar para cambiarlo y que todos nos beneficiemos de esa lucha; pero también se puede entender como el rechazo a lo que representa Madrid como símbolo de España, o sea, el rechazo a España. Y ahí es donde digo que España no es Madrid ni el gobierno que nos desgobierna, que también es un conjunto de gente que tiene otra concepción distinta donde pueden encajar todas las diferencias entendidas como enriquecedoras, donde cabe un proyecto ilusionante para cambiar la sociedad. En este sentido se ha de reconocer que Cataluña ha sido siempre, junto a otros puntos de España, un referente de lucha obrera, de vanguardia en el desarrollo social y cultural. (Sigue)

Antonio dijo...

(Cont.)
Para mí, amigo Ramón, independencia es no querer compartir un proyecto común con muchos de los que estamos luchando para cambiar esto, es ir por otro camino distinto al que vamos los otros. De todas formas, en Cataluña hay un importante colectivo que ve las cosas de otro modo y hay que ser conscientes de ello, tanto como de la existencia de los casi dos millones que fueron a votar por la independencia. Ahora toca articular esa convivencia, no solo con España sino dentro de la propia Cataluña, donde corre sangre y cultura muy diversa, pero sobre todo del resto de España…
Yo creo que el PSC no es plato de tu gusto, al menos por ahora, pero, bajo mi punto de vista, se está abriendo una posibilidad de encuentro, desechando a Rajoy, a través de las propias propuestas de la nueva política que veo en el PSOE y en Podemos, aunque no sean comparables, donde pueda neutralizarse la intransigencia de ambos nacionalismo, de los que yo paso olímpicamente, pues me parecen alienantes en tanto refuerzan su concepto grupal para eludir el verdadero problema social que está en la dimensión del modelo económico y de diferencia de clases. En todo caso, puede que al final se halle un punto de encuentro, al menos eso espero porque de lo contrario el conflicto está servido en España y más aún en Cataluña.
Creo que me he extendido mucho en mi respuesta, pero esto es lo que yo pienso, con todas las dudas y limitaciones que se desprende de un análisis no carente de la subjetividad de todo sujeto.

Un abrazo con mi afecto personal

Antonio dijo...

Modesto, te pilla casi con la misma edad mía, pues compartimos pubertad, además me presentaste a Loli, no sé si le te lo perdonaré algún día, jajaja
Un abrazo