sábado, 19 de septiembre de 2026

El día en que la tecnología nos robó la inteligencia

 

Opinión

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado por el diario La Opinión de Málaga el día 19 SEPT 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/09/19/dia-tecnologia-robo-inteligencia-134440738.html

Un usuario consulta ‘apps’ de chatbots de IA en su terminal de teléfono. / JAIME MEJÍAS AFP vía EP
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En estos días se habla con bastante asiduidad de la Inteligencia Artificial (IA) y la influencia que ejercerá en nuestro futuro, cada vez más inmediato. De hecho es un tema recurrente al que ya aludía sucintamente en mi artículo del pasado sábado.

No soy experto dada la complejidad de la materia, aunque en mi entorno tenga referentes cercanos que sí lo son. Ellos muestran la inquietud que les genera el asunto. De hecho un extendido debate sobre la IA va calando en la población. Tal vez provocado a conciencia por intereses de diversa y contrapuesta índole y procedencia desde su propio entorno empresarial, o sea las grandes empresas que dominan su desarrollo.

 

La crítica de Bernie Sanders y otros

Desde el punto de vista político surgen severas críticas y preocupaciones por la influencia que pudiera tener la IA en el desarrollo intelectual del ciudadano y en su propia capacidad en la libre toma de decisiones. Es evidente que la IA es una excelente herramienta, que puede hacer más fácil la vida del ser humano poniendo sus capacidades a disposición del mismo. Ello implicaría la necesidad de una normativa y estrategia, que permitan el control evolutivo de su desarrollo bajo la supervisión de unos principios que lo enmarquen en el humanismo. Hay, incluso, quien propone una desaceleración de su proceso evolutivo hasta redefinir estos aspectos.

Determinados planteamientos políticos, sobre todo en el Partido Demócrata de EEUU, tanto del progresista Bernie Sanders, como del propio Obama, más conservador, muestran su preocupación por la evolución de la IA. Sin embargo, Trump publicaba en su red @realDonaldTrump, el pasado día 14: «El único control o ‘mecanismo de seguridad’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡con un alto coeficiente intelectual!) y Estados Unidos lo tiene de sobra». Como decía el humorístico dúo Cruz y Raya: «ahora vas y lo cascas».

En junio de este mismo año, el senador Bernie Sanders, publicaba un artículo titulado: «La IA pertenece al pueblo, no a los multimillonarios», defendiendo ese planteamiento. Tras expresar cómo influirá el uso de la IA en la vida de la gente, refería, así mismo, que: «existe un temor muy real de que, a medida que la IA se vuelva más inteligente que los humanos, pueda llegar a funcionar de forma independiente, con consecuencias potencialmente catastróficas».

Posteriormente plantea una serie de interesantes cuestiones: «¿Quién poseerá y controlará ese futuro? ¿Quién se beneficiará de él y quién se verá perjudicado? ¿Se utilizará la IA para mejorar la vida de la gente trabajadora? ¿Enriquecerá nuestra calidad de vida? ¿Nos ayudará a erradicar la pobreza, aumentar la calidad de vida y resolver la crisis climática? ¿O el futuro de la humanidad estará determinado por un puñado de multimillonarios que han promovido y desarrollado la IA, prácticamente sin participación democrática, y que están a punto de volverse aún más ricos y poderosos de lo que son hoy?». Yo añadiría: todo ello dentro de un sistema plutocrático de gestión del Estado al que nos pretenden arrastrar.

 

El riesgo de una IA desbocada

También Bill Gates advierte: «La IA se desarrollará para los más ricos si no hay reglas», reivindicando la necesidad de articular un control sobre la misma, no solo por el desajuste sobre la economía social, sino por el poder sobre la humanidad que genera su dominio.

El propio Stephen Hawking alertó, en 2014, que el desarrollo de una inteligencia artificial completa y avanzada podría significar el fin de la raza humana. Las máquinas inteligentes podrían rediseñarse a sí mismas. La evolución biológica de los humanos es muy lenta frente al avance de la tecnología. Tal vez aquí radique el gran hándicap que tiene la sociedad ante el reto. Hawking temía que la tecnología creara una nueva forma de vida capaz de superar y reemplazar a la humanidad.

 

El concepto de inteligencia

Referirse al concepto inteligencia y desbrozarlo es complejo, dado el gran número de autores que pusieron sobre la mesa sus diferentes teorías. Para los interesados en conocerlas con mayor profundidad, pueden centrarse en: Teoría de Piaget, Teoría bifactorial de Spearman, Teoría de la inteligencia de Raymond Cattell, Modelo Jerárquico de Vernon, Teoría de las aptitudes primarias de Thurstone, Teoría de la estructura del intelecto de Guilford, la triárquica de Sternberg, Inteligencia múltiples de Gardner y otras, como la inteligencia emocional planteada por Daniel Goleman, que es un concepto cada vez más empleado entre la población general.

Ya que estamos hablando de la IA, me he permitido solicitar a la propia IA (Gemini) una definición de inteligencia humana. Su respuesta ha sido la siguiente: «Es la capacidad mental multidimensional que nos permite aprender de la experiencia, adaptarnos a situaciones nuevas, comprender conceptos complejos, razonar, resolver problemas y aplicar el conocimiento para manipular nuestro entorno». Continúa ampliando el concepto y refiere que, a diferencia de la inteligencia puramente lógica o computacional, la humana destaca por integrar factores que van más allá del procesamiento de datos: Pensamiento abstracto y simbólico, inteligencia emocional y social, creatividad e innovación, meta-cognición y flexibilidad cognitiva…

 

Nosotros alimentamos a la IA

En realidad la IA bebe de nosotros, se alimenta con nuestras aportaciones y publicaciones en las redes sociales y va aprehendiendo y asimilando, a través de los algoritmos instaurados en su software, cuanta información ponemos a su disposición en esos medios. Podemos decir que la IA nos está robando la inteligencia. Nosotros trabajamos para ella mientras se va formando con ciertas ventajas que le ofrece su perpetua progresión. Para los seres humanos esa progresión es limitada, acaba con la muerte y con ella se pierde su capacidad intelectual, de la que solo perdura lo que trasciende a otros sujetos. La IA mantiene la progresión salvo que ocurra una catástrofe.

El proceso evolutivo, por tanto, es diferente. El niño nace sin saber y va aprehendiendo y asimila del entorno conocimientos, conductas, actitudes, principios y valores, etc. para fraguar su intelecto e interactuar con su medio desde la sabiduría que le otorga la experiencia. Desarrolla, así mismo, una capacidad creativa donde la emoción y sensibilidad son determinantes. Ese proceso es individual, aunque tenga influencia en la sociedad y pueda proyectarse, incluso, en lo que algunos autores llaman la «supraconciencia», que define una dimensión de la conciencia no limitada al cerebro físico, la cual, supuestamente, perdura tras la muerte del cuerpo; concepto que podría considerarse como una entelequia por su dificultad explicativa.

 

Un mundo distópico

Dado que nuestro futuro podría construirse como determinan los relatos de inimaginables distopías, a la que nuestra maravillosa RAE define como: «Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana», me permito fantasear. Si le apetece, sígame en esta locura de divagación: Supongamos que el principal objeto de nuestra existencia es la producción de una energía inteligente de componente cósmico, cuyo objeto es retroalimentar el universo; o sea, nosotros seríamos el árbol plantado en la tierra cuyo fruto sería la inteligencia que nutre al ENTE cósmico, siendo este una especie de dios, o demiurgo, que va ejecutando su labor en el tiempo infinito ajustando el equilibrio universal. Si le damos algún sutil toque puede aparecer una religión; el ENTE es Dios y la energía el alma.

Esa energía o inteligencia tiene muchas y variadas formas de desarrollarse, por lo que según el material disponible se fraguará de una u otra manera. En todo caso, lo importante es generarla. Nosotros somos el resultado de una interacción de determinados elementos integrados en una estructura bioquímica perecedera que se dan en la Tierra. Mas en otros lugares del espacio podrían articularse otros elementos distintos para obtener semejantes resultados, que es lo importante. Por tanto podría haber inteligencia en otros lugares del espacio, sustentada por estructuras materiales diferentes.

Si la inteligencia humana, en su afán por sacar provecho de todo para su desarrollo, inventa y/o crea una alternativa que pueda suplirla en la mayoría de sus tareas, procurando hacerla lo más parecida posible a sí misma, podría mimetizar su existencia entrando en competitividad con su creación, cuyo objetivo final sería el mismo. Si la IA, que inicialmente ha requerido de su creador, alcanza niveles autónomos de funcionamiento que pudieran no hacerla depender del amo, podría, como cualquier colonia habida en la historia, plantearse la manumisión con su independencia de la metrópolis, e incluso plantearse su eliminación física.

He ahí el problema y el riesgo que corremos con el descontrolado desarrollo de la IA, si solo se somete al codicioso deseo de las oligarquías dominantes en futuras plutocracias. ¿Se imaginan a la IA plantearse en plan hamletiano ante un cráneo humano: «Ser o no ser, esa es la cuestión»?

 

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