Opinión
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 05 SEPT 2026 7:00
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/09/05/dialogo-mesa-133959671.html
El autor
utiliza la metáfora de compartir mesa y mantel para ilustrar cómo se nutren el
cuerpo y el intelecto a través de la alimentación y las ideas
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| Comida con fundamento. / GREGORIO TORRES |
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En nuestra cultura tenemos
algunos hábitos que son muy
saludables. Me refiero a esos encuentros que realizamos entre amigos y/o
familiares donde se disfruta de mesa y mantel, compartiendo viandas o manjares
de elaboración propia, acompañados de caldos y bebidas que siempre le dan un
toque especial. Digo de elaboración propia porque sobre la mesa se ponen los
diferentes platos que cada uno de los participantes aporta con su mejor arte
culinario.
El buen yantar y beber en compañía
permite un excelente contacto entre el grupo. Compartir las cosas permite un
mayor acercamiento. Aparece la desinhibición y el abierto diálogo con un toque de franqueza cercano al
hermanamiento y profunda amistad.
Una mesa de manjares
Es un buen ejercicio poner sobre la
mesa los mejores majares elaborados por cada uno, o una, de los y las participantes.
Luego, en los diálogos, se intercambian recetas y alabanzas a los diferentes
platos, con lo que enriquecemos nuestro conocimiento sobre todo tipo de guisos,
salsas y aderezos, o sea el arte culinario al que aludía. En este trance se
suele crear un estado placentero y sosegado donde fluye el verbo y afloran los
afectos. Ello permite un mayor contacto donde el estímulo del espíritu del vino
ayuda bastante.
Yo suelo decir que el alcohol
diluye el superyó. Obsérvese cómo discurre la conversación con una copa de
vino. Tomado con mesura, suelta la lengua, agiliza la mente, desinhibe al
retraído y facilita el diálogo permitiendo una mayor expresividad. Insisto en
lo de tomarlo con mesura porque sin ella las consecuencias pueden ser las
contrarias a lo que aquí planteo; la expresividad pasa a descaro y la
desinhibición a falta de respeto, cuando no al insulto. Sobre este asunto, el 3
de enero de 2024, en este mismo diario, publicaba un artículo titulado: ‘Viva el vino, dijo el ello’ del que dejo el
enlace, pues puede ser interesante releerlo.
En todo caso, con esta introducción
solo pretendo recrear un interesante
escenario donde se comparten los nutrientes corporales, los
alimentos que aportan energía a nuestro cuerpo, además de las afinidades que
pudieran darse entre los participantes. Cada uno contribuye con su singularidad
a través del plato que aporta.
La metáfora del caso
Este escenario me da pie a usarlo
como metáfora para otra situación. Porque «no solo de pan vive el hombre»,
aunque se dieran, también en este caso, aportaciones emocionales y espirituales
concomitantes o concurrentes. El ser humano es un ente integral donde cuerpo
y mente se conjugan. Pudiera decirse también, cuerpo y alma o espíritu,
incluso intelecto al que define la RAE como: «Entendimiento, potencia
cognoscitiva racional del alma humana»; en todo caso sometido a la capacidad de
elaboración del pensamiento mediante el discernimiento.
La aprehensión de ideas y su
elaboración cognitiva forman parte del proceso de desarrollo de nuestro
pensamiento y, por ende, configuran el marco de referencia que determina
nuestra forma de ver y razonar las cosas, matizado por los valores y principios
que impregnan nuestra singular
personalidad.
Bien, pues ya tenemos dos mesas
nutrientes. Una donde se alimenta el cuerpo, como es el ejemplo dado, y otra
donde se alimenta el alma a través del intelecto. La primera es física y trata
de la alimentación que requiere el organismo para obtener su energía y
vitalidad. La otra, el intelecto, además de una combinación de nutrientes
físicos para el cerebro, se alimenta con estímulos cognitivos y culturales, que
no son tangibles en el sentido material, sino emociones, experiencias,
pensamientos e ideas, que se van instalando mediante el estudio, por la
lectura, el diálogo, etc… todo ello desde una actitud de curiosidad
intelectual.
¿Podríamos intentar establecer el
diálogo como una forma de compartir
mesa y mantel en la que se ubican las nutrientes ideas que
cada cual aporta? Es complicado. En realidad nuestra cultura se acerca más al
uso del debate. Pretendemos convencer a los otros de nuestras ideas, a veces de
forma vehemente y, hasta entre amigos, aflora la fogosidad y alteración
impetuosa que, más que convencer, pretende vencer e imponer, sobre todo por
sujetos dogmáticos de ideas enquistadas. Ello podría llegar a la ruptura de la
amistad desde la premisa de que «un amigo es aquel con el que puedes pensar en voz
alta».
Las ideas sobre la mesa
Llegados a este punto sería
interesante practicar la comida en grupo, recurriendo a la mesa del diálogo.
Usando el símil anterior, en esa circunstancia, debería cada cual exponer,
sobre una bandeja imaginaria, sus ideas con plena libertad. La idea elaborada
por cada comensal es el plato ofrecido al grupo con base argumental; que se
estructura y organiza cognitivamente aplicando la lógica clásica con estos tres
elementos básicos: concepto, juicio y razonamiento.
En todo caso, es innegable que
nuestra visión de la realidad y
del entorno viene matizada por nuestros principios y
valores, por las conclusiones previas a las que hayamos ido llegando a través
de nuestras experiencias y vivencias en el más amplio sentido de la expresión,
de donde no se puede excluir la incidencia de las influencias de aquellas
personas a las que dotamos de credibilidad.
Ello quiere decir que no todos los
platos puestos sobre la mesa han de ser apetecibles. Encontraremos ideas
rechazables o tóxicas que tendremos que apartar de la cata, entendiendo que el
pensar es un privilegio del ser humano que le compromete a ejercerlo desde
la responsabilidad y el compromiso
social. Al compartir e intercambiar ideas, desde el respeto y la
empatía, pero con un espíritu crítico constructivo, estamos alimentando el
crecimiento de nuestro nivel intelectual y el de nuestra sociedad.
Digo espíritu crítico constructivo
porque, como dice el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, hemos de respetar
el derecho a opinar, pero no todas las opiniones son respetables. Marina
distingue entre la persona (que siempre merece dignidad y respeto) y las ideas
o argumentos que esta expresa (que deben ser evaluados críticamente). Para él,
las ideas que no son respetables son aquellas que carecen de una base racional
o causan daño, tales como: opiniones falsas o carentes de rigor, opiniones
estúpidas o absurdas, opiniones agresivas o violentas y opiniones injustas,
racistas y calumniosas. Son aquellas ideas a las que yo catalogué como tóxicas.
La actitud en el diálogo
A un intercambio de ideas prefiero
llamarle diálogo antes que debate, porque el diálogo busca el entendimiento
mutuo y el acuerdo, mientras que el debate busca convencer y ganar imponiendo
una postura. Por desgracia eso es lo que vemos en los medios audiovisuales con
los tertulianos, en la barra del bar o entre contertulios. El intento de
convencer al contrario de que tengo la razón, puede que sea una tendencia
cultural propia de sociedades sometidas a dogmas, ya sean religiosos o políticos, donde la razón parte del
convencimiento y aceptación del dogma.
En este sentido me permito recurrir
a una frase del gran escritor y pensador portugués José Saramago, premio Nobel
de Literatura en 1998: «He aprendido a no intentar convencer a nadie. El
trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del
otro». Para mí es una convicción propia de la madurez psicológica, de la
sabiduría adquirida con el tiempo y la elaboración del pensamiento.
Se impone el relato político
El relato político, en su intento
de colonizar el pensamiento y otorgarse credibilidad y legitimidad, recurre,
dentro de su estructuración, a despertar emociones planteando una visión
dicotómica de la realidad para atrapar a las mentes sencillas que centran
su atención en lo inmediato,
sin ver más allá de lo que observan o les presentan. Mientras más emociones
despierten más atrapado queda el sujeto mirando por su canuto en esa visión
limitada. El ruido detrae la atención de lo principal, que es el meollo de la
cuestión.
Hoy, por desgracia, se han
convertido espacios de posibles encuentros en lugares de confrontación, como
los grupos de WhatsApp y demás redes sociales. Hay integrantes de esa mesa
virtual que dinamitan el espacio como lugar de encuentro y diálogo al colocar
sobre ella nutrientes tóxicos, insultos e ideas políticas controvertidas que
dinamitan el lugar diseñado como encuentro para el diálogo de determinadas
materias ajenas a la política, por ejemplo culturales.
Reivindico la aportación
intelectual como forma de neutralizar a los agentes tóxicos. Los verdaderos
nutrientes intelectuales, condimentados con el pensamiento filosófico de las
mentes preclaras, deben ser la base del mejor diálogo que se dé en la mesa.

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