sábado, 5 de septiembre de 2026

Diálogo sobre la mesa

 

Opinión

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 05 SEPT 2026 7:00

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/09/05/dialogo-mesa-133959671.html

El autor utiliza la metáfora de compartir mesa y mantel para ilustrar cómo se nutren el cuerpo y el intelecto a través de la alimentación y las ideas

Comida con fundamento. / GREGORIO TORRES

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En nuestra cultura tenemos algunos hábitos que son muy saludables. Me refiero a esos encuentros que realizamos entre amigos y/o familiares donde se disfruta de mesa y mantel, compartiendo viandas o manjares de elaboración propia, acompañados de caldos y bebidas que siempre le dan un toque especial. Digo de elaboración propia porque sobre la mesa se ponen los diferentes platos que cada uno de los participantes aporta con su mejor arte culinario.

El buen yantar y beber en compañía permite un excelente contacto entre el grupo. Compartir las cosas permite un mayor acercamiento. Aparece la desinhibición y el abierto diálogo con un toque de franqueza cercano al hermanamiento y profunda amistad.

 

Una mesa de manjares

Es un buen ejercicio poner sobre la mesa los mejores majares elaborados por cada uno, o una, de los y las participantes. Luego, en los diálogos, se intercambian recetas y alabanzas a los diferentes platos, con lo que enriquecemos nuestro conocimiento sobre todo tipo de guisos, salsas y aderezos, o sea el arte culinario al que aludía. En este trance se suele crear un estado placentero y sosegado donde fluye el verbo y afloran los afectos. Ello permite un mayor contacto donde el estímulo del espíritu del vino ayuda bastante.

Yo suelo decir que el alcohol diluye el superyó. Obsérvese cómo discurre la conversación con una copa de vino. Tomado con mesura, suelta la lengua, agiliza la mente, desinhibe al retraído y facilita el diálogo permitiendo una mayor expresividad. Insisto en lo de tomarlo con mesura porque sin ella las consecuencias pueden ser las contrarias a lo que aquí planteo; la expresividad pasa a descaro y la desinhibición a falta de respeto, cuando no al insulto. Sobre este asunto, el 3 de enero de 2024, en este mismo diario, publicaba un artículo titulado: ‘Viva el vino, dijo el ello’ del que dejo el enlace, pues puede ser interesante releerlo.

En todo caso, con esta introducción solo pretendo recrear un interesante escenario donde se comparten los nutrientes corporales, los alimentos que aportan energía a nuestro cuerpo, además de las afinidades que pudieran darse entre los participantes. Cada uno contribuye con su singularidad a través del plato que aporta.

 

La metáfora del caso

Este escenario me da pie a usarlo como metáfora para otra situación. Porque «no solo de pan vive el hombre», aunque se dieran, también en este caso, aportaciones emocionales y espirituales concomitantes o concurrentes. El ser humano es un ente integral donde cuerpo y mente se conjugan. Pudiera decirse también, cuerpo y alma o espíritu, incluso intelecto al que define la RAE como: «Entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana»; en todo caso sometido a la capacidad de elaboración del pensamiento mediante el discernimiento.

La aprehensión de ideas y su elaboración cognitiva forman parte del proceso de desarrollo de nuestro pensamiento y, por ende, configuran el marco de referencia que determina nuestra forma de ver y razonar las cosas, matizado por los valores y principios que impregnan nuestra singular personalidad.

Bien, pues ya tenemos dos mesas nutrientes. Una donde se alimenta el cuerpo, como es el ejemplo dado, y otra donde se alimenta el alma a través del intelecto. La primera es física y trata de la alimentación que requiere el organismo para obtener su energía y vitalidad. La otra, el intelecto, además de una combinación de nutrientes físicos para el cerebro, se alimenta con estímulos cognitivos y culturales, que no son tangibles en el sentido material, sino emociones, experiencias, pensamientos e ideas, que se van instalando mediante el estudio, por la lectura, el diálogo, etc… todo ello desde una actitud de curiosidad intelectual.

¿Podríamos intentar establecer el diálogo como una forma de compartir mesa y mantel en la que se ubican las nutrientes ideas que cada cual aporta? Es complicado. En realidad nuestra cultura se acerca más al uso del debate. Pretendemos convencer a los otros de nuestras ideas, a veces de forma vehemente y, hasta entre amigos, aflora la fogosidad y alteración impetuosa que, más que convencer, pretende vencer e imponer, sobre todo por sujetos dogmáticos de ideas enquistadas. Ello podría llegar a la ruptura de la amistad desde la premisa de que «un amigo es aquel con el que puedes pensar en voz alta».

 

Las ideas sobre la mesa

Llegados a este punto sería interesante practicar la comida en grupo, recurriendo a la mesa del diálogo. Usando el símil anterior, en esa circunstancia, debería cada cual exponer, sobre una bandeja imaginaria, sus ideas con plena libertad. La idea elaborada por cada comensal es el plato ofrecido al grupo con base argumental; que se estructura y organiza cognitivamente aplicando la lógica clásica con estos tres elementos básicos: concepto, juicio y razonamiento.

En todo caso, es innegable que nuestra visión de la realidad y del entorno viene matizada por nuestros principios y valores, por las conclusiones previas a las que hayamos ido llegando a través de nuestras experiencias y vivencias en el más amplio sentido de la expresión, de donde no se puede excluir la incidencia de las influencias de aquellas personas a las que dotamos de credibilidad.

Ello quiere decir que no todos los platos puestos sobre la mesa han de ser apetecibles. Encontraremos ideas rechazables o tóxicas que tendremos que apartar de la cata, entendiendo que el pensar es un privilegio del ser humano que le compromete a ejercerlo desde la responsabilidad y el compromiso social. Al compartir e intercambiar ideas, desde el respeto y la empatía, pero con un espíritu crítico constructivo, estamos alimentando el crecimiento de nuestro nivel intelectual y el de nuestra sociedad.

Digo espíritu crítico constructivo porque, como dice el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, hemos de respetar el derecho a opinar, pero no todas las opiniones son respetables. Marina distingue entre la persona (que siempre merece dignidad y respeto) y las ideas o argumentos que esta expresa (que deben ser evaluados críticamente). Para él, las ideas que no son respetables son aquellas que carecen de una base racional o causan daño, tales como: opiniones falsas o carentes de rigor, opiniones estúpidas o absurdas, opiniones agresivas o violentas y opiniones injustas, racistas y calumniosas. Son aquellas ideas a las que yo catalogué como tóxicas.

 

La actitud en el diálogo

A un intercambio de ideas prefiero llamarle diálogo antes que debate, porque el diálogo busca el entendimiento mutuo y el acuerdo, mientras que el debate busca convencer y ganar imponiendo una postura. Por desgracia eso es lo que vemos en los medios audiovisuales con los tertulianos, en la barra del bar o entre contertulios. El intento de convencer al contrario de que tengo la razón, puede que sea una tendencia cultural propia de sociedades sometidas a dogmas, ya sean religiosos o políticos, donde la razón parte del convencimiento y aceptación del dogma.

En este sentido me permito recurrir a una frase del gran escritor y pensador portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura en 1998: «He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro». Para mí es una convicción propia de la madurez psicológica, de la sabiduría adquirida con el tiempo y la elaboración del pensamiento.

 

Se impone el relato político

El relato político, en su intento de colonizar el pensamiento y otorgarse credibilidad y legitimidad, recurre, dentro de su estructuración, a despertar emociones planteando una visión dicotómica de la realidad para atrapar a las mentes sencillas que centran su atención en lo inmediato, sin ver más allá de lo que observan o les presentan. Mientras más emociones despierten más atrapado queda el sujeto mirando por su canuto en esa visión limitada. El ruido detrae la atención de lo principal, que es el meollo de la cuestión.

Hoy, por desgracia, se han convertido espacios de posibles encuentros en lugares de confrontación, como los grupos de WhatsApp y demás redes sociales. Hay integrantes de esa mesa virtual que dinamitan el espacio como lugar de encuentro y diálogo al colocar sobre ella nutrientes tóxicos, insultos e ideas políticas controvertidas que dinamitan el lugar diseñado como encuentro para el diálogo de determinadas materias ajenas a la política, por ejemplo culturales.

Reivindico la aportación intelectual como forma de neutralizar a los agentes tóxicos. Los verdaderos nutrientes intelectuales, condimentados con el pensamiento filosófico de las mentes preclaras, deben ser la base del mejor diálogo que se dé en la mesa.

 

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