sábado, 11 de abril de 2026

Confrontando guerra y paz

 

Opinión | Tribuna

Por: Antonio Porras Cabrera

Publicado en el diario La Opinión de Málaga el día 11 ABR 2026 7:01

Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/04/11/confrontando-guerra-paz-128968963.html

La paz impuesta no es paz, sino sumisión del vencido. La paz verdadera es la que consensua la convivencia en libertad.

President Donald J Trump and Prime Minister Benjamin Netanyhu of Israel, / Europa Press/Contacto/Jim LoScal / Europa Press

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En estos días de Semana Santa, huyendo de la ciudad y de su agobiante histrionismo procesional, decidí retirarme a un lugar sereno y tranquilo para encontrar el sosiego que demanda el mundo que nos atenaza. La Alpujarra granadina fue el lugar elegido para iniciar este texto.

A la falda de la sierra

Sería bueno que nos plantáramos y dijéramos: ¡Basta! Sería bueno sentarnos en la falda de la sierra, con la vista en lontananza, como yo estoy en este momento, y nos dejáramos llevar por el sentido de la lógica para ubicarnos en esta realidad existencial que, muchas veces, pretendemos esquivar. Sería bueno que nos diéramos a la meditación, a la reflexión como seres pensantes, que nos desprendiéramos del amargo influjo de un entorno que nos atosiga.

Nuestra estupidez nos impide ver la realidad del gozoso ecosistema que nos envuelve y que puede desaparecer a manos de perversos dirigentes. Desde aquí, se observa, en panorámica, la caprichosa morfología de la tierra, los árboles que conforman el bosque y el perfil de la sierra de la Contraviesa o del Cehel, que delimitan un horizonte frustrado, que se oculta tras de ella, generando la eterna curiosidad que alimenta la fantasía del ser humano allende la mar. El cielo, mientras tanto, gesta un teatro etéreo donde las nubes, empujadas por el viento, dibujan caprichosas figuras que marchan rutilantes, bebiendo de la luz del sol que declina, con su ocaso diario hacia el oeste, en un ciclo de eterno retorno.

Aquí, al amparo de este bucólico espacio, parece que estamos a resguardo de la vida hostil que se nos va imponiendo por infames sujetos que perdieron su esencia humanista junto a su sensibilidad. Ya no se busca la eterna alianza del bien, la simbiosis entre todos y cada uno de los elementos que conforman el cosmos en que habitamos. Los malvados solo pretenden sembrar la confusión. Procuran un profundo y destructivo caos que diluya el presente, el orden que nos vio nacer sustentando el equilibrio y la esperanza en un mañana de progreso y desarrollo del ser humano en su sentido más integral. Trabajan en favor de otra disposición asimétrica donde ganan unos pocos y pierden unos muchos. El dios dinero se impone y amenaza con la plutocracia.

El poder sin escrúpulos

El espacio donde habitó la tolerancia, el respeto a los demás, a la diversidad y al derecho internacional, se está dinamitando. Han alcanzado el poder, o se lo hemos otorgado, lo que es peor, a gente sin escrúpulos, sin madurez psicológica y social, sin los sentidos y valores humanos que requiere cualquier gobernante. Integristas, pendencieros, insultadores, belicosos y sociópatas están colonizando los espacios de gobierno, entre libros sagrados o motosierra en mano. Amenazan y chantajean desde la fuerza y el grito, desde el puro histrionismo, amparados por el aparato militar que les avala con su fuerza, o de la cohorte de hooligans enfervorizados y adeptos acérrimos que les siguen. Su calaña es desalentadora, su prepotencia es frustrante, su insidia desesperante, su chulería infantiloide es perturbadora.

Cuesta, ante estas circunstancias, mantener la cordura y el sosiego para comprender lo que ocurre y, lo que es peor, aquello que se avecina. La inseguridad y la duda habitan en nuestra mente mientras observamos amenazantes nubarrones negros que siembran el temor y el miedo ante el mañana. El mundo y su orden se están rompiendo y el caos va ganando terreno como determinante de una nueva era que pretenden gestionar los «sin-alma», los deshumanizados, los sociópatas que no diferencian entre el bien y el mal, pues para ellos el bien y el mal tienen como referente su propio beneficio.

La amenaza disuasoria

Sus actitudes y conductas belicosas, irracionales y carentes de ética y escrúpulos, usan la amenaza como arma de disuasión ante los que ellos califican como enemigos de sus intereses. Se sienten con derecho a imponer su orden, a someter a los pueblos y arrebatarles lo que es suyo, a pretender globalizar los recursos para adueñarse de ellos desde el poder de sus empresas y fuerza bruta. Si alguien se opone a sus designios lo estigmatizan. Buscan el apoyo de los vendidos políticos, de falsos patriotas, que secunden sus planteamientos usándolos de quita columna en países soberanos para someterlos. Se autoproclaman defensores del orden, de su orden plutocrático, cuando lo que buscan son los recursos petrolíferos y naturales. Designan el bien y el mal a su antojo y conveniencia y, con un verbo infantiloide, de bravucón de patio de colegio, se permiten la amenaza y el chantaje. Es vergonzoso escuchar a todo un presidente de la primera potencia mundial decir, con un tono chulesco y amenazante: ¡Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno!

Es sobrecogedor enfrentar las amenazas apocalípticas de Trump sobre una destrucción a gran escala de la población civil, cuando expresa: «esta noche morirá toda una civilización y nunca volverá». Es una advertencia perversa que amenaza con un crimen de guerra, de lesa humanidad, de forma descarada sin que nadie se atreva a pararle los pies ante tales bravatas. ¿Será capaz EEUU de volver a destruir otra Hiroshima?

Amnistía Internacional

Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, ha señalado: «El mero hecho de que el presidente Trump lance semejantes amenazas apocalípticas, incluida su advertencia de que acabará con `toda una civilización´, revela un nivel sobrecogedor de crueldad y de desprecio por la vida humana, que se vuelve más aterrador aún al ir acompañado de amenazas explícitas de atacar directamente infraestructuras civiles iraníes provocando `la total destrucción´ de las centrales eléctricas y los puentes del país.»

«El derecho internacional prohíbe estrictamente los ataques contra la población civil y objetivos civiles. Con su amenaza de exterminio y de destrucción irreparable, el presidente de Estados Unidos pisotea descaradamente el derecho internacional humanitario, con consecuencias potencialmente catastróficas para más de 90 millones de personas. La declaración puede constituir una amenaza de genocidio, un crimen que la Convención sobre el Genocidio y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional definen como la comisión de uno o más actos definidos ’con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal’.» (Fin de la cita)

Cinismo de Netanyahu

Por otro lado, el cinismo alcanza cuotas sorprendentes. Netanyahu, acertadamente, define como crimen de guerra el ataque a la población civil, pero se refiere al ataque a los suyos. Mientras él, con su poderoso ejército, machaca y asesina al pueblo palestino y, ahora, a otro país soberano como es Líbano. Marco Rubio dice con ironía que Irán debería gastar en sus ciudadanos y ‘no en armas’, mientras Trump propone aumentar un 40% el gasto en defensa hasta niveles récord a cambio de recortar programas sociales. ¡Qué tremenda paradoja e incoherencia!

Ese es nuestro mundo actual. Unos sujetos irracionales y deshumanizados asaltaron el poder y, sembrando el odio desde su prepotencia, nos abocan a un futuro oscuro. Sentarse a la falda de la sierra y meditar no deja de ser un acto de impotencia, pero un buen ejercicio de introspección para buscar el equilibrio interno y los valores de esta sociedad que hemos de defender como mejor se pueda. Las consignas siguen siendo un «no a la guerra» y un «sí a la paz» consensuada y no impuesta por las armas.

Tal vez estemos ante la guerra de unos dioses dogmáticos manipulados por el integrismo religioso de los hombres: judaísmo, cristianismo e islam, las tres religiones del Libro o abrahámicas siguen a la gresca, se llevan a matar. Habrá que meditar sobre ello.

 

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