Opinión | Tribuna
Publicado
en el diario La Opinión de Málaga el día 25 ABR 2026 7:01
Enlace: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/04/25/o-129498948.html
La
polarización ideológica se intensifica, deshumanizando al oponente y fomentando
una dicotomía de 'todo o nada' perjudicial para la democracia
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| Aplausos en la bancada socialista. / José Luis Roca |
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Desconfía
de quien dice: “O estás conmigo o contra mí”, pues solo pretende arrebatarte la
libertad.
(Antonio Porras)
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Creo recordar que la expresión:
«estás conmigo o estás contra mí», la escuché por primera vez en una prédica
religiosa, siendo niño, cuando el cura aludía al Evangelio de Mateo 12:30,
donde pone en palabras de Jesús: «El que no está conmigo, contra mí está; y el
que conmigo no recoge, desparrama», que viene a ser lo mismo o parecido. Pero
no es solo en este caso, son muchos y variados las ocasiones en que se nos ha
expuesto a esa dicotomía. Pongo algunos ejemplos, como Vladímir Lenin cuando
dijo: «Cada hombre debe elegir entre nuestro lado o el otro lado»; George
Orwell: «El que no está conmigo está contra mí»; George W. Bush: «O estás con
nosotros o estás con los terroristas». Incluso Darth Vader, en Star Wars, la
saca a colación: «Si no estás conmigo, eres mi enemigo».
Una trampa dicotómica
En realidad es una trampa
dicotómica, dado que solo ofrece dos opciones para posicionarse: «yo, y todo lo
demás», una distorsión cognitiva de «todo o nada» muy propia de quien se siente
en poder de la fuerza coercitiva o la verdad absoluta. El blanco y negro son
dos extremos con un sinfín de tonalidades grises entre ambos. Si solo vemos los
extremos nos perderemos un impresionante abanico de posibilidades. Ciertamente,
el contexto puede definir un momento especial que exija tomar partido en
situaciones dramáticas, como en estados de guerra abierta donde la
supervivencia de la nación esté en peligro, con todos los matices que se le
quiera introducir.
En estas circunstancias, se ha
criticado la neutralidad desde esa expresión, cuando se usa como excusa para no
solucionar un conflicto, aludiendo a que ser neutral es estar en contra del
lado correcto de la historia por omisión, cuando, esa historia, en ese momento,
se está escribiendo. Dante, en La Divina Comedia, dice: «El infierno tiene su
rincón más oscuro reservado a aquellos que, en tiempos de crisis, se declararon
neutrales». Pero no es neutralidad oponerse a la guerra, sino tomar partido por
la paz como solución a los conflictos, calificar el «no a la guerra» como
neutralidad es pura manipulación ejercida por los armados desalmados.
Aunque George Orwell usó la frase
en un sentido de compromiso moral contra el fascismo, esta estructura de
pensamiento también ha sido utilizada por diversos líderes políticos para
forzar polarización, como es el caso de la cita de «O estás con nosotros o
estás con los terroristas» de George W. Bush, donde ese compromiso moral era
más que cuestionable. No es de recibo que se pida alineamiento a otros para
defender nuestros propios intereses específicos, como puede ser el caso de Trump
y Netanyahu, el primero por su marcado interés en las fuentes energéticas y
desarrollo de su política encuadrada en el movimiento MAGA (Make America Great
Again), y el segundo por su guerra expansionista y genocida. En ambos casos el
valor del ser humano ajeno a los suyos, dada su visión supremacista, pasa a
segundo orden. Bajo mi opinión, no es ético ni moral, apoyar la política
antimigratoria de Trump que criminaliza y deshumaniza al inmigrante con su
trato vejatorio, siendo, por tanto, rechazable. Gaza es otro claro ejemplo de
discriminación. Israel llega, incluso, a legalizar la ejecución mediante
ahorcamiento de palestinos ante un delito que califican como terrorismo,
castigo no aplicable a los ciudadanos judíos del mismo Estado de Israel. Difícil
resulta, desde el punto de vista moral, alinearse con estas políticas que,
desde la exclusión, desprecian el humanismo y siembran el apartheid con un
sistema político-social de segregación racial.
La polarización ideológica
En nuestro país se viene observando
una deriva hacia esta dicotomía, una polarización ideológica, cada vez más
intensa ―que yo califico de antidemocrática por su perversión manipulativa―
mediante la descalificación sistemática del oponente y su deshumanización, para
llevarlo a la cosificación e identificación como enemigo a eliminar, en lugar
de contrincante a batir en buena lid. Buena muestra es el caso de Feijóo que,
al incorporarse a la política nacional, dijo: «No vengo a insultar a Pedro
Sánchez, vengo a ganarle», pero la polarización ha invertido sus términos.
Por otro lado, estamos perdiendo la
libertad personal, la capacidad de crítica racional y razonable al sentirnos
gregarios de grupos y líderes que abducen y colonizan el pensamiento desde la
manipulación emocional. El manejo de la ventana de Overton, como estrategia
manipulativa, está cada vez más presente. «Esta teoría nos explica como lo que
antes se consideraba absurdo puede, a la larga, ser aceptado por el público
hasta poder instalar a una sociedad en el esperpento». Por tanto, el riesgo de
acabar en una indeseable distopía es cada vez más amenazante.
Hoy, lamentablemente, se sigue
practicando, cada vez con más insidia, esa distorsión cognitiva de «todo o
nada». Este tipo de afirmaciones no dejan de ser una forma de forzar a otros a
participar en un conflicto en el que, supuestamente, nadie puede darse el lujo
de la neutralidad; o bien pretende reconducir a quien exprese oposición,
buscando someterlo.
Netanyahu acusa de aliado con los
terroristas a quien no apoye, o critique, su política expansionista y
devastadora. Es un puro acto de chantaje en boca de un señor alienado por el
odio y su iluminado proyecto expansionista, que amenaza con graves represalias
a quien lo repruebe o se oponga a las terribles actuaciones que venimos
observando, por las que tiene una orden de detención de la Corte Penal
Internacional. La amenaza y el grito no te otorgan la razón, aunque pueden
infundir miedo y sometimiento.
Se está cultivando un ambiente
prebélico
En realidad se está cultivando un
ambiente prebélico, para una contienda que va más allá de una guerra o
conflicto puntual. Se trata de un cambio radical del orden mundial para lo que
se están alineando países, bien por voluntad propia o por inducción coercitiva
o chantaje. Los BRICS+ conforman su grupo. La irrupción de Trump y su forma de
ejercer la política y gestionar los conflictos, aboca a la entropía social, que
es la tendencia natural de las sociedades hacia el desorden, la desorganización
y la desintegración, con la posible intención de redefinir todo para ajustarlo
a los intereses de ese nuevo orden.
La entropía social se combate
mediante el establecimiento de unas leyes justas, aceptadas y respetadas por
todos, en las que se fundamentan el orden estructural de la sociedad y las
interacciones de los estados entre sí y sus ciudadanos. Sentirse en un entorno
seguro es clave para el progreso, pues se basa en la confianza y la convivencia
en paz y armonía de los pueblos. En estos momentos todo ha saltado por los
aires y asoma la ley del más fuerte, aplicada al conjunto de las relaciones
humanas, ya sean derechos y libertades del ciudadano o el propio derecho
internacional. En las relaciones comerciales el neoliberalismo pregona una
especie de darwinismo social, donde los fuertes ven aumentar su riqueza y
poder, mientras que disminuye en los débiles.
La lucha por el poder en beneficio
propio
En estas circunstancias se
vislumbra, entre bastidores, una lucha descarnada por ostentar el gobierno, por
ejercer el mando que maneja el timón de la historia en beneficio de los grupos
de poder a los que representa cada partido. El periodista y escritor falangista
Emilio Romero, en un alarde de sinceridad, dijo: «La derecha gobierna para
doscientas familias y eso no da para votos suficientes». Da qué pensar esta
aseveración, porque, en algún lugar de la política, alguien ha de polarizar y
manipular a la opinión pública para que le otorguen el voto sin que se percaten
de que, al final, sus políticas irán contra el votante.
En esa polarización, todo vale: la mentira,
el bulo, la desinformación, el insulto y la mala fe, conforman una política
canallesca que pretende idiotizar al ser humano llevándolo a una guerra de
bandas a la que se ha de adherir para sentirse integrante del grupo. Ser
independiente resulta caro, molesto o, a veces, preocupante, incluso,
peligroso.
En todo caso, ante el dilema de
«Estás conmigo o contra mí», siempre cabe el depende del lugar que ocupe el
demandante con respecto a donde uno está. Para el escéptico crítico, esa
propuesta, no tiene sentido si antes no se ha dado la suficiente información
del proyecto al que pretenden sumarlo, para valorar y posicionarse según su
sano y propio criterio no exento de algún sesgo inevitable.

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