viernes, 3 de abril de 2015

¿Semana Santa?

 
Amigo lector, decir lo que uno ve y siente es una forma de ofrecer a los demás, abiertamente, una visión de las cosas desde otra perspectiva, con el ánimo exclusivo de constatar que existen diferentes formas de entender las realidades de la vida y su interpretación. No pretendo otra cuestión, sino expresar mi pensar con el mayor respeto hacia quienes tengan otra forma de ver las cosas. Cada uno estamos en un proceso mental evolutivo personal y cada cual ha de evolucionar desde ese punto de partida según su buen criterio y raciocinio y sus propias capacidades de análisis. El camino se hace al andar, pero tomando conciencia de los pasos y del propio progreso personal en ese camino que se ha de recorrer con la paciencia necesaria para ir creciendo en sabiduría y lucidez. Yo hago este análisis desde mi situación personal, tú puedes estar más o menos cerca de este punto del camino, en todo caso solo expongo lo que veo desde aquí. Lo importante es que, ya que vamos haciendo el camino todos, no acabemos pisándonos… lo que equivaldría a imponer nuestras ideas a la fuerza.

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Estamos en plena Semana Santa y he de reconocer que estas fechas no son agradables para mí. No entiendo, desde mi filosofía y credo actuales, la exaltación del dolor, de la tortura y la muerte aunque sea en sentido figurado. Ello me produce desasosiego, tristeza, pesimismo, aflicción y sinsabor… la muerte siempre es un drama, aunque sea solo escenificada. Me recuerda la incomprensión y el estupor que me producía cuando era niño. Me asombraba la maldad de los hombres, que mataron a Jesús incomprensiblemente, siendo un hombre bueno y santo. Hoy, con una mentalidad más racional, ver a todo un pueblo celebrando la muerte de un presumible Hijo de Dios, viviendo pagana y “folclóricamente” ese recuerdo, chirría en mi entendimiento, pues hay una extraña mezcla entre paganismo y religión que desvirtúa a la propia religión y que nos la presenta como fagocitadora de toda tendencia social con objeto de someterla a su propio control y administración sin reparos.

Nuestra vanidad debió de subir muchos enteros, pues, para salvarnos, Dios se ha humillado y ha permitido que su hijo sea torturado, muerto vilmente, con extrema violencia, desde el más puro sadismo. Además, con el abandono del pueblo judío, su propio y bíblico pueblo, que eligió la libertad de un ladrón, Barrabás, antes que la de su propio hijo salvador. Ese Dios Omnipotente, Omnisciente, debió sentirse, si ello cabe en su entidad, confundido por tan desagradecido pueblo que Él mismo había creado y mimado a lo largo de los siglos. Algo debió de salirle mal. Por otro lado, cualquier padre se horroriza ante tal decisión de sacrificar a su propio hijo, salvo a los integristas islámicos que los envían a la inmolación, aunque sea con otro sentido.

Lo curioso es que cada año, ese mismo pueblo que cree en Él, sigue matándolo figuradamente, porque no sirvió de nada su martirio; porque la miseria sigue estando por doquier; porque la violencia, las guerras y la muerte del hombre por el hombre sigue patente; porque la maldad anida en los templos; porque los templos de culto son los bancos donde se adora al otro dios menor, el dinero y la riqueza; porque su mensaje ha sido manipulado y tergiversado por los poderosos que se han adueñado del mismo para reorientarlo en su propio beneficio; porque el reino que Él decía predicar no se ha instaurado. ¿No será esta procesión la escenificación real y patente de ese pueblo que le dio la espalda, de esa religión que le condenó a través de sus farisaicos sacerdotes? ¿No será que necesita, aún, que cada año se repita el acto de liberación mediante la muerte del Hijo de Dios, garantizando así lo inamovible?


Puede que no se haya andado nada desde entonces. Puede que todo esté igual por los siglos de los siglos. Puede que este pueblo no sea muy distinto del pueblo judío que lo crucificó, pues se siguen crucificando a los innovadores y críticos del orden establecido. Para mí, todo esto, solo me demuestra que este mundo sigue siendo una puñetera mierda donde el egoísmo y el protagonismo de la gente está por encima de la razón y de la conciencia social y humana que vino a despertar aquel Cristo, al que ajusticiaron por ir contra el sistema.

No, yo no quiero participar de esta semana llamada Santa a la vista de este análisis personal, pero he de reconocer que este espectáculo pagano es esplendoroso, impactante, un gran reclamo turístico, que llenará las arcas de algunos, que dará trabajo temporal, que traerá beneficios materiales. Hasta ese punto se llega para justificar la escenificación de esta terrible muerte, de este martirio cargado de la morbosidad que produce su puesta en escena. La muerte del Hijo de Dios se ha convertido en un importante reclamo turístico…

Es evidente la majestuosidad de los tronos, el oro, la plata, los metales y piedras preciosas, la riqueza y ostentación, esos miles de seres humanos que desfilan y procesionan sus cristos y sus vírgenes, tan diversos en sus formas y sus nombres, porque cada cual tiene su Cristo. Y para demostrar que ese dios es del poder establecido o, al menos, connivente con él, participan las autoridades, representantes del pueblo y parte de ese pueblo, el ejército (a mí siempre me dio la sensación que iban para que Cristo no se escapara) y sus novios de la muerte, que ahora, desde mi casa, se escuchan cantando ese himno guerrero que alaba la muerte obtenida “matando” al enemigo (mientras yo me imagino a Cristo, en el huerto de los olivos, pegándole la oreja al soldado romano y amonestando a Pedro por habérsela cortado), y aplaudimos a rabiar y nos identificamos con ellos y encontramos nuestra propia identidad en esta simbiosis social que nos facilita la pertenencia al grupo cultural que nos han marcado como nuestro.


Soberbios tronos, soberbias imágenes de gran belleza plástica y soberbio despliegue de gente. Y me pregunto: ¿El desagravio por el sufrimiento de ese pobre Cristo mortificado se ha de hacer desde esta ostentación procesional de soberbia?...  soberbia exhibición propia de los hombres, que utilizan a un dios para implementarla. Como diciendo: “No te preocupes, nosotros, agradecidos por tu dolor salvador, te colmaremos de oro”. Mucha gente, cuando vuelve de la procesión, se siente satisfecha, feliz y contenta… dios ha muerto para salvarles a ellos, ya pueden seguir igual, pues el próximo año volveremos a su sacrificio para volver a la salvación en esa eterna espiral que lleva a ninguna parte.

Mi evolución personal se separa de ese credo y rechaza el sufrimiento como forma de acercarse a Dios, a ese “dios” que, para mí, se han inventado los hombres a su imagen y semejanza. En esto del rechazo al sufrimiento, como en muchas otras cosas, parece que coincido, en parte, con el nuevo Papa… eso promete. La iglesia ha cultivado, erróneamente bajo mi punto de vista, el sufrir como forma de lavar el placer de la maldad, hasta el punto de inventarse el eterno castigo del infierno para el pecador. Para ella, esa especie de neutralización del gozo que genera el ejercicio del mal, del pecado, es yugulado mediante el sufrir… Cilicios, flagelación, penitencia agresiva contra el propio cuerpo y ente causante de ese pecado. No, no comparto este sentir, pues no soy conductista, en todo caso contextualista. El pecado, a lo que yo llamo el error, se corrige y reorienta con la razón, con el ejercicio del análisis personal sobre los actos y su repercusión en el entorno, con la toma de conciencia de la mejora que se ha de hacer para evolucionar y no repetirlo, sin tener que ponerse en manos del cura o pastor para que te lleve donde él estime, reconduciéndote al redil que aprisiona tu libertad de pensamiento y credo, bajo mi opinión.


En todo caso, desde un punto de vista psicológico, es digna una reflexión sobre esa dicotomía entre el gozo del pecado y el sufrir. Si el pecado es dejarse llevar por el placer de la tentación, y la corrección de ese pecado se hace mediante el sufrir, habremos entrado en un oxímoron perfecto (Oxímoron: Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido) pues con dos palabras opuesto definiremos las salvación de las almas. Por tanto, en este caso, no hay placer sin dolor, ni dolor sin placer. La flagelación produce el placer de la liberación de los pecados… y eso, desde un punto de vista psicológico, lleva al riesgo de engendrar una tendencia sadomasoquista, ese es el peligro: disfrutar del placer del pecado, caer en el dolor de la culpa, para luego entrar en el gozo del castigo liberalizador de esa culpa.

Entiendo que cada cual está donde está y que las emociones, sentimientos y credos son muy personales, por eso digo lo que digo, porque yo también los tengo, aunque sean divergentes de un gran colectivo que se dedica a la potenciación y desarrollo de estas procesiones y culto. Yo, aunque las respete como tradición, no las defiendo, porque me parece que hay tradiciones que atan al ser humano a dinámicas de valores y cultivo actitudinal que bloquean su desarrollo. Es cierto que la sinergia en las masas emociona, pero las emociones por identificación sociológica con el grupo de pertenencia se pueden orientar de muchas formas y esta, al menos para mí, no es de mi agrado.

Yo, parafraseando a Machado, lanzo al viento sus versos:

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

El de la mar, el sosegado y apacible, el que disfrutaba con su gente durante la pesca, el que sembraba el amor y el entendimiento, el de las bienaventuranzas, el que curaba a los enfermos, el que ayudaba a los pobres, el amable y no violento… Su muerte, a manos de los hombres, fue el fracaso de ese proyecto. Y ese fracaso sigue siendo patente, porque cada año se le vuelva a matar.





2 comentarios:

Jesús Esteve Yagüe dijo...

La verdad es que si intentamos buscar explicaciones razonables a la religión no las vamos a encontrar... jejeje La religión para mi es otra forma que tiene la gente de ilusionarse, como un pasatiempo, al igual que otras muchas cosas. Ademas la fe consiste en creer sin pruebas ni racionalidad, por lo que mi opinión es que debemos respetar a los creyentes y evitar juzgarlos.

Me gusta tu blog, yo tambien tengo uno donde escribo articulos de opinion. Me gustaria que intercambiasemos enlaces, yo ya te añadí a mi blogroll. Este es:

http://deacuerdoqueno.blogspot.com/

Un saludo!!

Antonio dijo...

Hola Jesús.
Gracias por dejar tu comentario. Visitaré tu blog y compartiré.

Alguien dijo que FE es creer en algo que se sabe no existe... (supongo que quien dijo est excluiría a los que creen)

Un saludo