domingo, 15 de septiembre de 2013

Defiendo la política, a pesar de los políticos…

El genial Forges siempre da en el clavo...


Ando leyendo en estos días un interesante libro, al menos para mí, titulado Revolución sin enemigos, de Daniel Gabarró y Jaume López, editorial Boira, que se puede bajar sin coste de internet en formato PDF (aquí), tras leer, hace algún tiempo, otro sobre la actualidad política y social titulado “Hay alternativas” que me pareció, también, muy interesante. Si bien dejan sobre la mesa un sinfín de argumentos, ideas y sugerencias para ponerse  a pensar, con las que podríamos llenar infinidad de páginas y realizar interminables reflexiones, he querido resaltar una que últimamente me llena de preocupación.

Veréis, tengo total y absoluta convicción de que el deterioro del mundo político solo sirve para dar poder a las fuerzas ocultas, o poderes facticos, que van gobernando el planeta, como son aquellas que hacen del dinero el principal valedor de toda nuestra sociedad. Son los que dominan la economía, las transacciones monetarias, los que manejan las empresas multinacionales, la banca, la bolsa, los créditos, el flujo económico en general… los que han atrapado al sistema bajo su dominio con el juego del mercado y están sometiendo a los estados a sus propios designios. Los que anteponen el valor del dinero a las personas… Han globalizado su poder e influencia en el mundo mediante el mercado, pero seguimos con gobiernos separados, incluso enfrentados entre sí, por lo que la ciudadanía está semihuérfana ante ello.  Podríamos pensar que la religión, que busca en teoría unos fines humanistas, es una aliada, pero visto como se mueve la economía en el denostado y nada ejemplar Vaticano, y su trayectoria histórica, más bien son un opositor que un compañero… En todo caso, los adeptos y creyentes tendrían la potestad de criticar y reconducir su propia organización religiosa hacia la congruencia de sus ideas y credo, salvo que el credo dogmático sea, sobre todo, sumisión al papado por su ministerio divino.

Los únicos que podrían poner coto a tanta ignominia son los legisladores, los que tienen el poder de hacer e instaurar las normas y leyes. En un sistema democrático, esos legisladores, emanan de la voluntad popular y el afecto entre el pueblo y el político tiene como resultado que la voluntad popular sea la que determine las leyes, siempre que el político responda al programa por el que se le ha votado y con el que se ha comprometido a gobernar ante el pueblo que le eligió. Esto no es plausible si no existe esa connivencia, ese entendimiento, entre la sociedad y su gobierno, a la vez que una capacidad de exigir responsabilidades a los gobernantes por parte de quien los votó, de dar y retirar el voto en función de los resultados del programa aplicado. Ahora bien, para ello la ciudadanía tiene que tener una serie de valores que conformen una línea ideológica elemental, donde el ser humano sea la base de la misma y considere al dinero como mero instrumento para procurar el desarrollo de las personas y no al revés. Donde el progreso se entienda inherente a la evolución de planteamientos humanistas, a la realización del individuo en consonancia y equilibrio con su entorno, y no como un mero poseer más medios materiales, más tecnología innecesaria invadiendo el mercado, más consumismo irracional. Si queremos un sistema sostenido de desarrollo debemos atenernos a lo que la tierra da como recursos y gestionarles equitativamente, para que alcance al conjunto de la población y no se mantenga el despropósito que tenemos en la actualidad… inmensos ricos versus inmensos pobres.

Y, claro está, al mundo económico desalmado que piensa antes en el dinero que en las personas, que cultiva los valores de la competencia salvaje, y para el que la gente solo tiene valor si sirve a sus propósitos de desarrollo económico, le interesa dominar la política de todos los países, cosa conseguible al dominar a la clase política. Este dominio puede ser directo o indirecto. Es decir, sometiendo a los políticos a sus deseos para que ejecuten la política que les interesa a ellos, o sea, hacerlos sus lacayos mediante el chantaje, la compra o la corrupción; o bien, desprestigiarlos a todos ante sus propios votantes, la ciudadanía. El desprestigio es un proceso simple, pues se les acaba responsabilizando de todo lo nefasto que ocurre, dado su poder, aunque sea la banca y sus adláteres quienes provoquen la crisis, o bien se les corrompe, cosa relativamente fácil cuando llega a la política gente de bajos valores morales y éticos aupados por una sociedad poco exigente, partidista a ultranza e ideológicamente mediocre. La alternativa es la liberación de la mente del clientelismo político e ideológico, la educación para pensar y discernir, el ejercicio del libre albedrio implicándose responsablemente en la gobernanza mediante el voto. Es un proceso educativo que libera al sujeto de los dogmas y lo dota de criterio, que lo hace más libre a la vez que más comprometido con la propia sociedad, respondiendo y haciendo responder a los gobiernos.

Hay un trabajo subliminal que se realiza desde los propios medios de comunicación, dominados por el capital y aliados con grupos políticos poco democráticos, que va alienando al ciudadano hasta jugar con ese libre albedrio y hacerles ver verdad donde hay mentira. En ello incluyo valores morales y éticos, la adoración al dios dinero, los nacionalismos exacerbados, ideologías totalitarias, partidos políticos nada democráticos en sus propias estructuras, y a todos aquellos que entiende, o quieren, al individuo como súbdito y no soberano.

En todo caso, para conseguir el desafecto entre el pueblo y la política, solo basta con generalizar e incluir a toda la clase política en un grupo dominado por la corrupción, bajo la expresión: “Todos los políticos son iguales”. Así acabaremos no creyendo en la política, sin diferenciar la política del político, que son, a mi entender, dos cosas bien distintas, aunque deberían ser complementarias. Yo creo en la política como forma de gobernar una sociedad y en la democracia como forma de controlar, regular y determinar la política. Reclamo la dignificación de la política y condeno a los políticos y a los grupos de poder que la deterioran, utilizan y manipulan en el propio beneficio.


Pero, en fin, dije que quería resaltar una reflexión para compartirla con vosotros y no la he mencionado aún. Es la siguiente: “NO HABLEMOS MAL DE LA POLÍTICA: RECUPERÉMOSLA Y ECHEMOS A QUIENES ABUSAN DEL LUGAR QUE OCUPAN”.  La política, como decía, es necesaria e imprescindible para gobernar una sociedad, para ello hacen falta políticos de calidad, implicados y solventes, que cumplan su papel adecuadamente y sean democráticos respetando la decisión soberana de los pueblos. Si eliminamos la política democrática  aparecen las dictaduras, que consideran al ciudadano como un súbdito obediente, al servicio del sistema, y se amparan en su opacidad para gobernar a su antojo. 

15 comentarios:

Cayetano dijo...

Interesarse por la política es una actividad humana que nos diferencia de los animales. Es interesarse por la "cosa pública", por los asuntos de la "polis". El que diga que "pasa" de la política no sabe lo que está diciendo, salvo que sea una oveja o totalmente imbécil.
Un saludo.

emejota dijo...

Abundando en las palabras de Cayetano, la vida es pura política, ahora bien, hay vidas y vidas y la mejor suele acabar siendo enemiga de la buena, muy a mi pesar. Bss.

Darío dijo...

La política es hermosa. Pero los políticos son el reflejo de una sociedad, quizá la síntesis. Los "políticos" no son un elite o una raza surgida de un repollo, somos nosotros, y cuando los cuestionamos de esa forma tan general, debemos cuestionarnos como sociedad.
La conclusión del perrito es perfecta: "eso es lo que ustedes quieren". Claro que sí, los grupos de poder necesitan políticos desprestigiados, sociedades desprestigiadas para hacer sus chanchullos sin un Estado que los controle. Y la derecha recalcitrante, suele jugar un importante papel en esos intereses. Un abrazo.

Modesto Reina dijo...

Antonio, seguimos haciendo o por omisión pasando, lo que los politicos quieren. Todos nos definimos aunque digamos lo contrario por una opción política, el sólo hecho de comprar una camisa ya determina tu posición. Pero bueno, me parece acertada el no rechazar la política, y sí a los políticos sin idea. Alguien tiene que gobernar. Mientras tanto las injusticias y desniveles sociales campan por sus respetos, el rico más rico y el pobre aún más pobre. Y que decir de los más olvidados de la sociedad, cuanto sufrimiento se está produciendo en los últimos años. En fin, que los dioses, ( que deberá de haberlos) bajen del olimpo y tomen tierra.

Camino a Gaia dijo...

Son los políticos los que están para hacer lo que nosotros queramos y que no nos vengan con aquello de "No he cumplido lo que prometí, pero hago lo que debo".
La política también puede corromperse y llevar a una deriva totalitaria. Son los que reciben los beneficios de la corrupción política los que nos dicen que todos los políticos son iguales.
Un saludo

Antonio dijo...

Yo creo, amigo Cayetano, que interesarse por la política es un acto de solidaridad social.
Un saludo

Antonio dijo...

Emejota, tal vez podríamos definir la política como la forma de enfocar y resolver los problemas que nos va presentando la vida. Luego vienen los principios y valores que la sustentan.
Besos

Antonio dijo...

Dario, por eso hablo de educación y formación de la ciudadanía para que sea capaz de ejercer su papel en la política, implicándose y exigiendo a los gobiernos que cumplan con su función. Un país de borregos solo podrá ser dirigido por un pastor, otro de elementos pensantes tendrán dirigentes por delegación.
Un abrazo

Antonio dijo...

Pues sí, amigo Modesto, los actos del ser humano, quiera o no quiera, conlleva una actitud política.
Un abrazo

Antonio dijo...

Camino a Gaia, creo que cuando un partido no cumple su programa, por el que ha sido elegido, comete fraude electoral y está deslegitimado para gobernar, por lo que debe volver a convocar elecciones y presentarse con otro programa que se ajuste a lo que quiere hacer ahora.
Un abrazo

María A. Marín dijo...

Siendo todo lo que aquí dices y a lo que haces referencia más verdad que "l'evangelio" ¿qué se puede hacer?
Los que defendemos la política (me incluyo, faltaría más) somos los mismos que vamos a votar, los que acudimos a las manifestaciones, los que, en fin, defendemos unas ideas o unos ideales...en resumen: ¡¡los mismos de siempre!!
Lo malo de todo esto es que las nuevas generaciones y los "ostrogodos" no tan nuevos, no tienen interés alguno por la política y piensan lo que la viñeta del genial Forges: ¡Todos los políticos son iguales! luego no me gusta la política, luego no acudo a manifestarme, luego no voto.

¡Buena reflexión Antonio!

Antonio dijo...

Querida María, siguiendo con tu acertado comentario, después de ¡Todos los políticos son iguales! luego no me gusta la política, luego no acudo a manifestarme, luego no voto, la cosa degenera en: que decidan por mi, que me someto al poder del caudillo y sigo siendo un borrego. Por desgracia el franquismo creo escuela de sujetos que no se meten en política para dejar al poder las manos libres, si bien, con su no me meto en política, andan haciendo lo contrario, dando el poder el dictador. La democracia conlleva forzosamente implicarse en política desde el punto de vista crítico y constructivo. Ajora andamos criticando por si implicarse la mayoría de los que critican.
Un abrazo

AURORA dijo...

Hola Antonio, como siempre muy acertado en tus reflexiones y propuestas. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que hay que prestigiar la política. Los que hacen mal su trabajo que los quiten de sus puestos y pongan a quienes lo hagan bien. La política, como dices, es necesaria e imprescindible para gobernar una sociedad. Si queremos democracia, pluralidad de ideas y diversidad pero democracia hay que estar activos políticamente, no dejar que hagan lo que quieran, exigir que cumplan los programas que prometieron. Necesitamos personas de ideas y honestas en la política. Y estas personas necesitan nuestro apoyo también, nuestra participación social y nuestros votos. Ojalá no caigamos en la desgana porque TODAS LAS Y LOS POLÍTICOS NO SON IGUALES.
Un abrazo Antonio, y gracias por regalarnos tus reflexiones.

Antonio dijo...

Aurora, es un placer verte por esta casa y disfrutar de tus comentarios, sobre todo por coincidir en nuestros planteamientos, como viene siendo habitual.
Un abrazo afectuoso

Anna Rossell dijo...

Buen artículo, Antonio, y buena conclusión. Mira tú qué casualidad: yo ando estos días también con estos dos libros que mencionas al principio. Hay que renovar la política, sí señor. Hay aquí en Cataluña una propuesta muy interesante impulsada por Arcadi Oliveres (Presidente de Justícia i Pau) i la monja benedictina feminista, Teresa Forcades, una mujer increíble con mucho carisma, que intenta esto. Lo llaman "Procés constituent" ("Proceso constituyente"). Hace ya al menos medio año que empezaron y de momento funciona muy bien: empezaron con una propuesta de programa de regeneración política de valores humanos, que presentaron en Internet y al que podían adherirse quienes estuvieran interesados/as en apoyarlo. Han conseguido muchos miles de seguidores y organizan reuniones sectoriales de base en las que se discute sobre cómo debería estar organizado cada sector (sanidad, educación, etc.). Convocan a todos/as sus adheridos/as. No sé en qué va a acabar la cosa. Supongo que, cuando se acerquen elecciones, la plataforma se concretará en algún partido político o pedirá a partidos políticos ya existentes si desean suscribir un programa avalado por X número de adheridos/as. Yo más bien imagino que se hará esto último. Es una iniciativa maravillosa y verdaderamente democrática.Si quieres puedes informarte en: http://www.procesconstituent.cat/

Un abrazo, nos vemos en Madrid, espero.

Anna