martes, 6 de agosto de 2013

Réquiem


Espantosa imagen de Hiroshima
Hoy se cumplen 68 años de la masacre de Hiroshima. Ante estos hechos y todos los que se desprenden de las guerras y la vileza del ser humano, acabamos con un sinfín de preguntas incontestables. ¿Hasta dónde es capaz el ser humano de llegar en su violencia? ¿Cómo puede buscar argumentos que justifiquen estos actos y encima queden como héroes los asesinos que los perpetran? ¿Dónde y quien dirige la conciencia del hombre? ¿Con qué cara se invoca a Dios ante la guerra? ¿Cómo es posible que pueda vivir en paz consigo mismo quien ha tomado parte en estas vilezas, bien dando la orden o bien ejecutándola?

No, no es posible creer en la bondad del ser humano cuando se observa su recurso a la guerra para dirimir conflicto o desencuentros. La guerra, que siempre fue producto del ejercicio del poder y la rapiña de un grupo sobre otro, responde a la codicia de estos grupos. Desde los tiempos más pretéritos la confrontación fue por los bienes y el poder, por el dominio de la zona y sus recursos,  por la imposición y explotación de unos sobre otros, por la obtención de un botín y el sometimiento del vencido. La paranoia, la desconfianza, la locura de un líder trasladada al colectivo fue el motor… Los actos heroicos de la historia están cargados de ejemplos. Los grandes y despiadados guerreros fueron héroes, ejemplos de patriotismo según el resultado de la contienda, pues la historia la escribe el vencedor. Su instinto asesino se entendió como salvador, su conducta criminal como ejemplar.

Desde ese poder se ejerce el dominio sobre el pueblo y se le fuerza a actuar y hacer de carne de cañón en el conflicto, mientras sus verdaderos responsables y beneficiarios se esconden tras la estructura dominante. Hoy, hace 68 años, fue masacrado un pueblo, la ciudad de Hiroshima, después vendría Nagasaki. No sé si le tembló el pulso al asesino de niños, mujeres, ancianos y gente indefensa, pero lo que quedó claro es que la masacre indiscriminada pretendía la rendición de un señor que no fue atacado… ¿Por qué no lanzaron la bomba sobre el palacio del emperador? ¿Por qué eligieron a un mundo de inocentes ciudadanos? Ese es el juego… El poder respeta al poder y busca su rendición pero no su exterminio, sino su sometimiento. El emperador siguió siendo emperador en Japón y los muertos de Hiroshima y Nagasaki siguieron siendo muertos e incrementándose… Como curiosidad diré que el nombre del avión que soltó la bomba en Hiroshima, era el de la madre del piloto, el coronel Paul Tibbets (Enola Gay) ¡¡¡Qué bonito ponerle el nombre de la madre al bombardero que segará tantas vidas!!! Mientras el Enola Gay se alejaba a toda velocidad de la ciudad, el Capitán Robert Lewis, copiloto del bombardero, comentó: «Dios mío ¿Qué hemos hecho?».[ El presidente de los EE. UU. era Harry Truman, a él le correspondió dar la honrosa orden del bombardeo y amenazar con más si no se aceptaban los términos de la Declaración de Potsdam.

Mientras tanto, el juego del miedo sigue amenazando al mundo. Los arsenales nucleares desafían la paz, aunque digan que la mantiene a través de ese miedo, de ese escarmiento visto en Hiroshima y Nagasaki. El trauma social persiste. Pero, en el fondo, no tenemos ninguna garantía de que un día cualquier loco que llegue al poder, cosa bastante factible como se  está viendo, pueda apretar el botón porque piense que es necesario y patriótico ese acto en defensa de los intereses de su grupo, olvidando que el gran grupo es la humanidad y debe ser el elemento prioritario en toda decisión. El hombre es universal mientras que los grupos de poder se han fraguado desde el dominio y la imposición por la fuerza…


Hoy, en este aniversario, canto un réquiem por esas víctimas y condeno sin paliativos a quienes tomaron la decisión y la ejecutaron, produciendo tanto dolor, tanta muerte y desespero, tanto sufrimiento y destrucción mostrándonos hasta donde es capaz de llevar la vileza humana…


1 comentario:

Prudencio dijo...

Tiene aun mås sinsentido esas bombas porque Truman sabía que Japón estaba acabado. Se rendiría en dos semanas a mas tardar.
Ni Hiroshima ni Nag azaki tenían un solo soldado.
EE.UU. no ha pedido perdón aún por estos actos tan criminales y cobardes. La vergüenza y la vileza se extiende sobre ellos.
Un abrazo, Antonio.