viernes, 27 de abril de 2018

La manada y otros animales



Hoy, como es natural, internet es un hervidero donde afloran los cabreos y el rechazo a la sentencia del juicio de la manada. Hay repulsa, enfado, rabia, enojo, cólera, repugnancia e, incluso, amargura ante la sentencia. La justicia, para un importante grupo de españoles y españolas, ha quedado en entredicho y ha dejado de tener el prestigio y la solvencia que debería suponérsele. Tal vez el recurso que, según parece, se va a presentar puede desfacer tal entuerto, pero lo hecho, hecho está. Yo quiero ir algo más lejos, porque lo que está ocurriendo en este país ya pasa de castaño oscuro…

Hay cosas en esta sociedad que chirrían… que chirrían cada vez más, porque siguen siendo anacrónicas, ancladas a ideologías del pasado, incapaces de acoplarse a la evolución social y al desarrollo intelectual de los pueblos. La democracia está obligada a abrirse a las nuevas ideas, a diferentes actitudes, a la evolución de las sociedades, al tránsito sistemático hacia la justicia y la igualdad… La democracia ha de ser dinámica, un sistema articulador de las diferentes sensibilidades, para hacerlas confluir en un mismo sentido, orientado al bien común, no al de unos pocos que ejercitan el poder desde la imposición, el miedo, el chantaje o la coacción; parece que estamos ante una democracia secuestrada y en manos de una mafia política que la laminará.

La ley, aquella que emana del ejercicio de la verdadera democracia, ha ser justa, responder al bien y al sentido común. Las leyes, por desgracia, no son signo inequívoco de justicia, sino el producto de legislar desde la injusticia que conlleva el poder, cuando este no se ejerce como respuesta a la voluntad popular y su mandato.

En estos días estamos asistiendo a los más esperpénticos actos de nuestras clases dirigentes, dentro de los tres poderes que conforman el Estado, el poder legislativo, el judicial y el ejecutivo. Empecemos por el último:
·        El poder ejecutivo tiene un tufo a podrido, a corrupción, a mafia y especulación, que tumba al más pintado. ¿Cómo confiar en políticos que mientes, que trafican con sus influencias, que roban hasta cremas, que esconden los delitos de sus propios compañeros como armas arrojadizas para cuando surja el conflicto, o que usan la hacienda pública para comprar voluntades desde el nepotismo? ¿Qué vileza identifica a un sujeto que se pasa por el forro cualquier acto delictivo, si lo comete alguien de los suyos, pero lo guarda para amarrar a su propio compañero y extorsionarlo, si, dado el caso, fuera necesario?

·        Pero… ¿Dónde está el legislativo? ¿Cómo se entiende que aquellos elegidos democráticamente para representar al pueblo tengan conductas tan antidemocráticas e irrespetuosas con sus rivales, a los que en lugar de verlos como oponentes a los que hay que respetar, los tratan como a enemigos a los que hay que eliminar? ¿Cómo es posible que tantos electos, supuestamente de alta competencia, no legislen de acuerdo a la realidad social y cultural del momento, y debamos someternos a leyes trasnochadas que acaban avalando la conducta criminal de violadores por estar tipificada como abusos, según ellos? ¿Es que una mujer tiene que ser reducida por la fuerza, dejarse pegar, maltratar violentamente e, incluso, asesinar para dejar patente que ha sido violada, forzada al sexo…? ¿No vale, acaso, para evidenciar la violación, que ha habido coacción, o la intimidación de cinco energúmenos, la paralización por el miedo, incluso la reflexión de que es mejor no oponerse para no sufrir más aún y evitar pagar con su vida o el sufrimiento físico si no se deja? ¿No es más lícito pensar que la lógica le ha llevado, racionalmente, a ceder el objeto del deseo del agresor, aunque le esté matando el alma, traumatizando su mente, y violando su mayor intimidad y libertad en el derecho sobre su cuerpo, sus deseos y voluntades, antes que poner en riesgo su propia integridad?
¿A qué esperan esos ineptos legisladores para dejar meridianamente claro, mediante leyes explícitas y rotundas, que es violación sin paliativos cuando una muchacha, en el estado en que se encuentre (esas es su voluntad) es introducida en un portal, penetrada y usada como mero objeto de placer sexual por sujetos que, previamente, han dejado de manifiesto que van de caza y luego se vanaglorien de su proeza? El legislador, que está obligado a legislar justamente, puede cometer injusticia con sus leyes, como puede ser el caso. Entonces son culpables subsidiarios por no haber legislado correctamente para evitar el crimen. Esto se puede dar por omisión, incompetencia o posicionamiento ideológico y a ellos les ha de pedir el pueblo cuentas, puesto que el pueblo es quien los ha puesto ahí.
Y cómo no, cabe preguntarse también: ¿Qué energúmenos hemos formado que en lugar de respetar y proteger a una chica indefensa, aunque pudiera estar o no bebida, cosa que desconozco, la usen como objeto y la dejen abandonada, tirada y sin móvil para denunciar o pedir ayuda tras los hechos, y, además, alguno de los componentes, sean servidor pública encargado, precisamente, de poner ante la ley a los sujetos que comenten esos mismos actos?

·        Y en estas circunstancias viene la aplicación de esta legislación torticera, con unos jueces que deberían ser ejemplares a la hora de interpretar el texto y el espíritu de la ley desde la protección a las víctimas, a los indefensos, a los sometidos por acciones de violencia real o potencial según su percepción, neutralizando el abuso de poder. ¿Cómo es posible que, tras debatir y analizar los hechos entre los jueces, haya tal disparidad de criterios por parte de uno de ellos, que ya no ve ni abuso, sino el goce compartido entre cinco energúmenos de 30 años y una chica de 18 cuyo cuerpo es sometido? ¿Dónde está la empatía que debe ejercitar todo juez para comprender la situación de las víctimas? ¿Tanto le cuesta ponerse él, o a alguna conocida de su entorno, en tal situación para comprenderla? Entiendan todos que la manada no respeta, la manada busca la presa, acecha y ataca cuando la ve vulnerable, por supuesto, sin ser condescendiente, sino que va a lo suyo a cazarla y devorarla, salvo que alguien la descubra y ahuyente a base de violencia o amenaza; si la presa se queda paralizada por el miedo, mejor para el depredador. El propio apelativo “Manada” implica connotaciones de agresividad, de grupo cerrado, de identificación con los instintos animales que hacen funcionar la manada, como es la propia satisfacción de sus impulsos más primarios, entre ellos, y en el caso del hombre, el sexual. Cada vez hay más gente que no cree en la justicia, bien porque entiende que no se legisla adecuadamente y la ley es injusta, desequilibrada y sectaria; bien porque su aplicación es de dudosa equidad con interpretaciones tan divergentes que sonrojan, o porque el cumplimiento de las penas es bastante arbitrario.  A veces da la sensación que no se te juzga por lo que has hecho, sino por lo que eres… si eres un “Tuu” cualquiera vas dado, pero si eres un “Noos” la cosa cambia.

Nuestro país está en un momento crucial: con gobernantes bajo sospecha, con un legislativo incompetente por su incapacidad de entender y obrar de acuerdo a la dinámica democrática y con una justicia muy criticable. En este contexto afloran los desencuentros, la disgregación y la entropía social que nos hace perder la fe en nuestros gobernantes y en todo el sistema político, social y económico que nos rige. En estas circunstancias es dificultoso establecer sinergias que nos hagan converger en un proyecto común, tal vez porque, durante estos cuarenta años, que deberían haber sido de educación política y social para tomar conciencia de una sociedad democrática, su estructura y funcionamiento, no se han educado sujetos involucrados, críticos, pensantes y libres, sino hooligans que aplauden a su equipo “manque pierda” y defienden a los “suyos” aunque sean corruptos.

Mi fe en el futuro pasa por un mal momento, a no ser que seamos capaces, desde el sentido común, de poner en marcha una catarsis social para encontrar y articular el sistema que permita convivir con garantía de justicia, equidad, solidaridad y todos los valores democráticos que ha de defender un Estado de derecho.



2 comentarios:

Jesús Herrera Peña dijo...

Antonio, estoy al 100% de acuerdo con este tu artículo. Y yo llevaría la temática un poquitito más lejos:
¿Qué país de democrático y moderno es el a los agentes de policía se les emplea como perros agresivos de dehesa o cortijo para atacar a los muertos de hambre que llegan a pedir un cacho pan a la puerta de la finca privada?
¿Qué país de democrático y moderno es el que a los agentes de policía se les azuza, se les consiente y se les premia para espantar al ciudadano pacífico y desarmado que está pisando el césped de una calle, para que se le zurre con duro palo en cualquier parte del cuerpo (como dicen que antiguamente hacían con los animales)?
¿Y los que te dan de patadas, de 'ostias' y puñetazos? ¿Les pasa algo, pagan algún precio?
Este país (antes llamado España) está demasiado violentado y preñado de violencia. Violencia gratuita, abusiva, innecesaria, que reparten los tres poderes del Estado: LEGISLATIVO, EJECUTIVO y POLICIAL... digoooo...: JUDICIAL.

¿¡Qué te parece!?

Antonio dijo...

Jesús, para mí lo que está pasando es que la democracia ha perdido su sentido cuando la controla gente que no la ejerce. Nuestro políticos no tiene el valor democrático ni el respeto que requiere el pensamiento ajeno. El pueblo, tampoco tiene sentido de la responsabilidad en la elección y no exige que se cumplan las normas democráticas y los compromisos adquiridos y ética política. La ley y la justicia no van de la mano y estamos asistiendo a la proclamación de leyes injustas...