miércoles, 18 de abril de 2018

Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873)



Abriendo puertas en el XIX

Hoy quiero compartir en mi blog la presentación que el pasado martes hice de la figura de la escritora y poeta, representante del romanticismo del siglo XIX, Gertrudis Gómez de Avellaneda, dentro del programa que organizan María Isabel Castro y Roberto J. Martín, y que tiene lugar en el salón de actos del Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MUPAM). Lo hago como forma de reivindicar la figura de las mujeres del siglo XIX que lucharon y triunfaron a pesar de las limitaciones que encontraron en el mundo machista y misógino de la época. El siglo XIX, por sus peculiaridades y avatares históricos, fue un campo interesante de desarrollo y debate de la sociedad entre las rompedoras ideas liberales y el anacronismo absolutista.


============================




Buenas tardes, permitidme que en primer lugar dé las gracias a Maribel y Roberto por haberme invitado a participar en este ciclo dedicado a las voces olvidadas de mujer. Y también, cómo no, a vosotras y vosotros, presentes en este acto.

No conocía yo en profundidad la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda y esta circunstancia, teniendo que preparar su presentación, me ha permitido acercarme a ella y a su biografía. He de reconocer que me ha sorprendido su personalidad, su sensibilidad poética y literaria, su intensidad vital, su pasión y rebeldía ante una estructura social que condicionaba el desarrollo personal de las mujeres del siglo XIX.

María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga, ese era su nombre completo, nació el 23 de marzo de 1814 en Santa María de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en la entonces provincia española de Cuba. Fue la hija mayor del matrimonio formado por Don Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada, un oficial naval español de Constantina de la Sierra, Provincia de Sevilla, y Francisca María del Rosario de Arteaga y Betancourt, una criolla cuyos antepasados provenían del País Vasco y las Islas Canarias. Su padre había llegado a Cuba en 1809 y tenía dos hijos anteriores al matrimonio, y en común tuvieron cinco hijos, pero sólo ella y su hermano Manuel sobrevivieron a la infancia.

Dicho esto y para contextualizar la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda en la España del siglo XIX, me voy a parar unos momentos en aquella realidad social, política y económica, que, en cierto sentido, deriva del llamado Siglo de las Luces, de la Ilustración y el Enciclopedismo, con un lema de este tiempo, según sugería Kant: “Atreverse a conocer”. Y Tula es atrevida, y se atreve a conocer y a vivir.

El siglo XIX es, tal vez, el más convulso de nuestra historia reciente.
  • Una guerra de la Independencia, que pierde España. Ese año (1814) nace Gertrudis en Cuba.
  • El rey Fernando VII el deseado que acaba siendo el rey Felón.
  • Una Constitución de Cádiz, liberal y moderna que sirve de ejemplo en otros lugares, que al final es aparcada
  • Una confrontación entre liberales y absolutistas que convulsiona España, y que queda claramente patente en las expresiones: Viva la Pepa Vs Vivan las caenas.
  • Un trienio liberal (1820-23) y después la década ominosa (1823-33), guerras carlistas fratricidas (1833-40) (aquí llega ella a España), convulsión social, golpes de mano, nepotismo sistematizado, etc. etc.
  • Independencia de las colonias americanas, salvo Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.…

En estas circunstancias de confrontación entre lo nuevo y lo viejo, ¿dónde se ubica la mujer?

La mujer sigue siendo marginada y sometida al rol clásico que tiene asignado, aunque hay indicios que permiten ser algo optimistas. Corren nuevas ideas: La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana es un texto redactado en 1791, texto fundamental de la revolución francesa, que sostiene que “La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Pero no se olvide que Francia perdió la guerra y quien sostenía estas ideas eran los afrancesados, a los que había que ejecutar como traidores a la patria, en un país regresivo y absolutista como era el nuestro.

En este contexto se da un importante movimiento literario, donde la mujer toma más protagonismo. Para confirmarlo nos iremos a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde relacionan a los autores fundamentales de la Literatura castellana, a su criterio. En base a ello, donde he extraído estos datos, os diré que:

Siglo
Hombres
Mujeres
%
Nombres de mujeres
XI-XV
12
0
0

XVI
17
1
5%
Santa Teresa de Jesús
XVII
21
0
0

XVIII
13
1
7%
María Rosa de Gálvez
XIX
20
5
20%
Tula Avellaneda, Concepción Arenal, Rosalía de Castro, Rosario de Acuña y Emilia Pardo Bazán.
XX
26
4
13%
Carmen Conde, la primera mujer en la RAE, Carmen Laforet, Soledad Carrasco y Ana María Matute


En fin, no me quiero ir por los cerros de Úbeda, vamos a centrarnos en nuestra Gertrudis. Pero para hablar de ella y de su obra me voy a remitir, en una primera fase, a un video de la UNED que nos da una visión bastante amplia y más autorizada que la que yo os pudiera ofrecer. En él, la catedrática de Historia de la Literatura, Ana María Freire nos presenta una amplia visión de su vida y obra, que espero sea de vuestro agrado.




Bien, ahora me gustaría hacer alguna reseña sobre lo que ya se ha comentado:

Empecemos por decir que Tula, tal como se le conoce en el Madrid de su época, es el hipocorístico habitual de las mujeres que se llaman Gertrudis. Se usa como diminutivo eufemístico o familiar y parece ser que proviene del alemán. Hay otra Tula famosa, personaje de ficción, la Tía Tula de Unamuno que también se llamaba Gertrudis.

Pero hablemos de ella aunque, en algunos casos, reitere parte de lo que ya se ha comentado en el video.

Su infancia

Su padre, que es oficial naval, muere cuando ella tiene 9 años, no sé si habría superado el complejo de Electra dada su edad, pero debió ser un gran golpe, porque lo cierto es que cuando su madre se vuelve a casar a los 10 meses con otro militar español, ella no lo ve con buenos ojos, y no tiene buena relación con el padrastro, que la llega a calificar de atea.

Ya se nos ha dicho que creció pensando en el teatro, interpretando con sus amiguitas, leyendo obras dramáticas como si fuera una adicción. Al prohibirle su madre que siguiera leyendo… y, al no leer, las escribió.

De pequeña debió ser una niña difícil, segura de sí misma, con un indudable talento y ella lo sabía. Por tanto debió plantear problemas de discusión con los padres.

Su abuelo materno, quizá para meterla por vereda, a los 13 años le arregla un compromiso de matrimonio que ella rompe a los 15 años y el abuelo la excluye del testamento.

Y debió conocer el mundo de la esclavitud bastante bien, tal como se desprende de su obra SAB, de la que hablaremos más adelante.

Cuando tiene 22 años, viene con su familia a España.

Viaje y llegada a España

El viaje a España, en 1836, lo hacen en un velero durante algunas semanas. Y es ahí donde escribe su poema, tal vez el más significativo, titulado Al partir. Es un soneto marcado por el desgarro existencial y que encabezará su producción en el futuro.

Llegan a Burdeos, pasan allí 18 días visitando algunos lugares de su interés y, finalmente, en España se establecen durante dos años, aproximadamente, en La Coruña, donde viven los familiares del padrastro, Gaspar Isidoro de Escalada. Allí escribe seis composiciones: A la poesía, A las estrellas, La serenata, A mi jilguero, etc. Y aquí tiene una relación amorosa con el hijo del Capitán General de Galicia, Mariano Ricafort Palacín, (algunos sostienen que lo conoció en Burdeos) pero el noviazgo se rompe porque el joven no quiere que su novia se dedique a la poesía. Primer novio, primer problema. ¿Poesía o yo? Pues… ¡POESÍA!

Estancia en Sevilla

Posteriormente, dado que Sevilla era la tierra de su padre, que nació en Constantina de la Sierra como ya hemos dicho, allá se fue a vivir en torno a 1838-9 con su hermano Manuel. Allí se integra muy bien de la mano de Alberto Lista y Manuel Cañete, y publica en periódicos de Cádiz y Sevilla bajo el seudónimo de La Peregrina.

Conoce a su primer gran amor, Ignacio de Cepeda y Alcalde, que, tal como se nos ha dicho, estudia humanidades. (Una relación amorosa de la que hablaremos). Para él escribe una autobiografía, que, junto a la gran cantidad de cartas que le remite, nos facilita un amplio estudio de la personalidad de Tula Avellaneda.

Estancia en Madrid

Su llegada a Madrid en 1840 le permite establecer amistad con literatos y escritores. Allí empieza a publicar con gran éxito su obra, tanto poesía, como teatro y novela. Por entonces conoce al poeta Gabriel Garcia Tassara con el que mantiene una relación amorosa complicada, como se ha comentado. En 1847 se encuentra embarazada y soltera, abandonada por este en un Madrid del siglo XIX. En su soledad, amargura y pesimismo escribe “Adiós a la lira” a modo de despedida de la poesía, pero al final no es así, porque vuelve a escribir.

Tiene una hija, María, que fallece a los pocos meses sin conocer a su padre, a pesar de las cartas escalofriantes con los ruegos de ella para que viniera a conocerla y darle su calor.

Por este tiempo, sigue siendo Cepeda su paño de lágrimas, y seguirá siéndolo hasta que éste contraiga matrimonio en 1854. Le escribe: “Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.” Y debía de estar fastidiada, porque ese mensaje de “si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo” cabría hasta especular que deseaba la muerte… ¿Yo me pregunto, si no habría pensado, incluso, en el suicidio?

En 1846 se casa con Pedro Sabater, gobernador civil de Madrid, aficionado a la literatura y adinerado, pero padece una grave enfermedad y fallece al poco tiempo en un viaje, por Burdeos. En su desespero se retira a un centro espiritual y allí escribe el Manual del Cristiano y posteriormente compuso dos elegías que son de lo más destacado de su obra poética.

Elegía I
(Después de la muerte de mi marido)

   Otra vez llanto, soledad, tinieblas...            
¡Huyó cual humo la ilusión querida!              
¡La luz amada que alumbró mi vida               
      Un relámpago fue!                

   Brilló para probar sombra pasada;           
Brilló para anunciar sombra futura;              
Brilló para morir... y en noche oscura           
      Para siempre quedé...            

En 1853, a la muerte de su mentor, Juan Nicasio Gallego, y movida por el éxito de sus producciones, presenta su candidatura a la RAE, pero el sillón Q mayúscula fue ocupado por un hombre, rechazando su candidatura los misóginos académicos de entonces, que se lo otorgaron a Antonio Ferrer del Río. Si dice que Juan Valera, nacido en Cabra, que fue seminarista en nuestra ciudad, y que sería académico en 1862, puso como excusa que “su enorme culo gordo no cabría en ninguna de las sillas”, curiosa misoginia para un sujeto que vivía con su madre. Incluso, al escritor José Zorrilla, se le adjudica una frase más contundente donde dice que la mujer que escribe era “un error de la naturaleza”. Y no fue hasta 1979 que una mujer pudiera entrar en la RAE, Carmen Conde. Antes había quedado también desechada Emilia Pardo Bazán. Y María Molinier, lexicógrafa y autora de su diccionario, tampoco lo fue, pues optando a la letra B mayúscula, se la otorgaron a Emilio Alarcos en 1973. En la actualidad son 8 las mujeres de 44 miembros (18%)

Curiosamente, Tula, escribe con posterioridad en Cuba (Revista El Álbum Cubano, que ella dirige) en una serie de artículos englobados en “La mujer” (1860), en los que se plantea la igualdad intelectual entre el hombre y la mujer, e incluso la superioridad intelectual de las mujeres: “No ya la igualdad de los sexos, sino la superioridad del nuestro”. 

La marcha a Cuba

En 1856 se casa con un político influyente, el coronel Domingo Verdugo. En 1858 se estrena en el teatro “Los tres amores”, otros dicen que fue Baltasar. Alguien tira un gato negro al escenario, se lo achacan a un tal Antonio Riber, y su marido se enfrenta con él en la calle y es herido de gravedad. Para curar las heridas marchan a Cuba, en 1859, donde es acogida con todos los honores y en el Liceo de la Habana es nombrada poetisa nacional. Su marido muere 1863 y se acentúa su espiritualidad y entrega mística a una severa y espartana devoción religiosa.

Regreso y muerte

En 1864 vuelve a Madrid, tras pasar por Nueva York, Londres, París y Sevilla. Muere en 1873, a los 58 años, enferma y sola, ordenando en su testamente sea enterrada en el panteón familiar de Sevilla, y que sean traídos los restos de su esposo desde Cuba para que reposen con ella.

Su personalidad

Creo que es importante destacar algunas características de su personalidad:

Fue una de las mejores expresiones del movimiento del romanticismo. Pero se le identifica también como precursora del feminismo, abolicionista y rebelde, crítica con la sociedad imperante. 

Es de temperamento vehemente, arrolladora, apasionada, entusiasta y tal vez invasiva. Inteligente, segura, asertiva y en muchos aspectos transgresora. Dado su carisma, su personalidad, su belleza física y su pasión desbordante, provocó tal fascinación entre hombres y mujeres que no necesitó más que ser ella misma para lograr el éxito. Sufrió y gozó mucho porque tenía una sensibilidad acusadísima, unida a un carácter dominante y egocéntrico (necesitaba atenciones y ser el centro), tal como se nos ha indicado en el video. Logró el éxito empleando buenas armas: tesón, creatividad, audacia...

En todo caso, ese carácter y temperamento le ocasionó muchos problemas en un mundo machista y misógino.

Sus amores

Respecto a sus amores hay cuatro hombres importantes en su vida, de los que ya hemos hablado, obviando otros de menor trascendencia como Antonio Romero Ortiz, por ejemplo, y son:

Ignacio de Cepeda. Un amor frustrado, entre el Si y el No, que no llegó a cuajar en matrimonio porque Cepeda “la quería tanto como la temía”. Pero viven una atormentada relación amorosa, nunca respondida de la manera apasionada que ella le exige, pero que le dejará indeleble huella. Aunque sí cuajó en una gran amistad y afinidad que permitió que Cepeda fuera su paño de lágrimas, su confidente y soporte en los malos momentos, incluso estando casada, véanse las cartas que se intercambian. Curiosamente esto se acaba cuando él se casa.

Gabriel García Tassara. Poeta, del que deduzco un ego superior. Tassara desea conquistarla para ser más que toda la corte de hombres que la asedian, pero tampoco quiere casarse con ella, solo quiere cobrar la pieza deseada para enaltecer su ego. Está enfadado por la arrogancia y la coquetería de Tula, escribe versos que nos hacen ver que le reprocha su egolatría, ligereza y frivolidad. Pero la Avellaneda se rinde a ese hombre y poco después casi la destroza. Lo curioso es que tras su marcha y abandono de ella y de la hija, a los 7 años aparece y se constata una relación como si no hubiera pasado nada. Se intercambias libros, etc.  Yo me pregunto: ¿Es el orgullo de ambos el que entierra el pasado?

Pedro Sabater. Gobernador civil de Madrid, que se convierte en su primer esposo en 1846. Era un hombre con aficiones literarias, adinerado y algo más joven que ella. Sin embargo, éste padece una grave enfermedad, y los recién casados viajaron a París en el intento por buscar una cura a la dolencia del enfermo, pero el 1 de agosto, regresando, don Pedro Sabater muere en Burdeos en brazos de su esposa.

Domingo Verdugo, su segundo esposo (se casa en 1856), que muere en Cuba en 1863, como ya hemos referido, dejándola sumida en una crisis existencial  

Sus obras

En Madrid se codeó con escritores como José Zorrilla, Fernán Caballero, José Espronceda y Alberto Lista; pero también sufrió las críticas de intelectuales como Marcelino Menéndez y Pelayo, uno de los que influyó para impedir su ingreso a la RAE. Conoció también, en sus viajes por Europa, a Víctor Hugo, Chateaubriand y Lord Byron.

Su poesía manifiesta su análisis de los estados emocionales derivados de la experiencia amorosa. Fue tratando cada vez más asuntos religiosos, especialmente a raíz de la muerte de Pedro Sabater y su enclaustramiento en Burdeos. Esta temática procuraba dar respuesta al vacío espiritual, a la inquietud y el anhelo insatisfecho, ya expresado en un poema anterior a su boda con Pedro Sabater:

Yo como vos para admirar nacida,
yo como vos para el amor creada,
por admirar y amar diera mi vida,
para admirar y amar no encuentro nada.

En este sentido destacan los poemas:
·        «Dedicación de la lira de Dios»,
·        «Soledad del alma» o
·        «La cruz», cuya métrica incluye un acertado cambio del endecasílabo al eneasílabo.

En cuanto a la métrica, en la obra de Avellaneda se encuentran versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta; de quince y de dieciséis sílabas, poco frecuentes en la poesía en español. También utilizó un verso alejandrino (de catorce sílabas) cuyo primer hemistiquio es octosílabo y el segundo hexasílabo, o donde el primero es pentasílabo y el segundo eneasílabo.

También cultivó los géneros narrativo y especialmente el dramático. En España escribió una serie de novelas, la más famosa, Sab (1841) que trata la temática esclavista y de amores no correspondidos, considerándose la primera novela antiesclavista de la historia. “Dos mujeres” que supone una invectiva contra el matrimonio y la defensa del divorcio ante una unión no deseada. Su cuarta novela, Guatimozín, reúne una gran cantidad de erudición histórica y se sitúa en el México de la etapa de la conquista. En sus restantes obras narrativas, si bien carecen del vigor de las tres primeras, sigue presente la decidida crítica a la sociedad convencional.

En cuanto al teatro, su obra ocupa un lugar importante en la escena española del periodo 1845-1855, cuando el drama romántico había decaído y aún no había surgido la alta comedia. Leoncia fue estrenada en Sevilla en 1840, tuvo una buena acogida y poseía cierta originalidad. Su primera obra estrenada en Madrid, en 1844, fue Munio Alfonso, ambientada en la corte de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona, con una producción de dramas históricos de los que son muestras representativas El príncipe de Viana (1844) y Egilona (1846).

Pero sus mayores éxitos en el teatro los obtuvo con dos dramas bíblicos: Saúl (1849) y, sobre todo, Baltasar (1858), considerada su obra cumbre en el ámbito dramático. Los dos muestran aspectos distintos del Romanticismo. Saúl representa la rebeldía, mientras que Baltasar escenifica el hastío vital, la melancolía del «mal del siglo» que será sentida en la segunda mitad del siglo por los poetas simbolistas franceses (Paul Verlaine) y en el modernismo hispánico (Ruben Dario).

Entre sus comedias, cabe destacar La hija de las flores (1852). En 1860 escribe La mujer (conjunto de artículos), a la que ya creo que hemos aludido, donde plantea la igualdad intelectual entre hombres y mujeres.

Y ya se han mencionado en el viedo sus leyendas, de las que destacan: El aura blanca, La dama de Amboto y El Cacique de Turmequé…

Para finalizar, es de justicia acabar esta exposición con una lectura de sus poemas. Por tanto, por mi parte, muchas gracias por vuestra atención y damos paso a esa lectura.



1 comentario:

Myriam dijo...

Antonio un millón de gracias por recuperar la voz de Gertrudis Gómez de Avellaneda,
de la que yo nunca había oído hablar ni leído.

Podría decir mucho pero baste decirte que ese Juan Valera
era un contundente cabrón. Y hasta podría inferir que era
un homosexual reprimido. Vele, Vale, me callo.

El vídeo me lo veo a la noche, gracias por ponerlo.

Abrazo gigante