domingo, 26 de febrero de 2017

Carta a Pablo Ráez: Luchador por la vida hasta la muerte…


Querido paisano Pablo:

Yo no te conocía, salvo por los medios de comunicación, por internet y sus redes sociales. Sabía de ti por esa lucha que planteaste, ese reto con cierto descaro propio de la juventud, a la siempre amenazante parca. Todos tenemos esa guerra perdida y lo sabemos, pero también sabemos que nuestro ser se fragua en un campo de batalla donde el enemigo, que intuimos triunfador, nos irá permitiendo sentir la vida hasta el propio momento de su éxito, cuando nos segará con su guadaña de este huerto, donde se nos vino a sembrar para crecer y morir, haciéndonos notar esa nimiedad que somos, a pesar de nuestro orgullo y soberbia tan propia de los seres humanos. Todo tiene su tiempo y es justo que a cada cual se le de ese tiempo que el dios Cronos le otorga para lidiar con la parca, para burlarla y engañarla, hasta que nos gane el combate final. Eso sí, el final tiene sentido cuando ya hemos crecido, aprendido, procreado y dejado justo testimonio de nuestra existencia y trascendencia, que, en cierto sentido, es una forma de burlarla, pues nos morimos cuando queda de nosotros un testimonio de vida, cuando tras nuestra partida dejamos un legado, a modo de notario, que da fe de nuestra existencia pasada.

A veces y a traición, la parca no respeta nuestro tiempo y, urdiendo mil engaños o trapisondas, con sus artimañas, nos tiende celadas para arrebatarnos de este infausto mundo, robarnos nuestro tiempo y llevarnos a Hades de la mano de extraños Carontes que, en su barca, nos trasladen al inframundo donde habita. A ti, amigo ausente de cuerpo y presente de espíritu, te envió a un Caronte singular, que enmascarado en la Leucemia, quiso aprisionarte en sus garras, subirte en su barca y diluirte en los brazos de Hades, ese dios mitológico hijo de Cronos y de Rea que reina en el inframundo, mientras sus hermanos Zeus lo hace en los cielos y Poseidón en los mares.

Pero no se percató de que eras un rebelde, de que querías bailar en los cielos de Zeus y navegar en los mares de Poseidón, junto a tu Marbella querida.  Te infravaloró sabedor que el poder del inframundo es omnímodo y que al final todo acaba allí mediante el eterno contrato existencial que firma el ser humano cuando nace. La Leucemia entró en tu vida queriendo rescindir ese contrato, como suele hacer a su antojo en tantos casos. No supo, en el tuyo, con quien se la jugaba y en lugar de encontrar a un joven sumiso y resignado, se topó con un luchador, con alguien que le exigía su tiempo, que injustamente querían arrebatarle.

Le plantaste cara, sí. En plan amenazante procuraste burlarla y dejar escuela para que otros la burlaran. Aliado con la medicina buscaste soluciones que desarmaran a la parca, que le privaran de su pérfida guadaña. En un acto sobrehumano comprendiste que a la muerte, aunque no se le pueda vencer definitivamente, se le puede pedir y arrebatar el derecho que tenemos a vivir hasta que el dios Cronos nos lleve a la senectud que da la sabiduría de lo vivido, hasta recorrer el camino que nos llene de vida en un tránsito enriquecedor que nos haga dignos de una muerte sosegada, al amparo del cansancio y la fatiga de los cuerpos que fueron soportando tanto avatares en el tránsito. La muerte, aunque nunca le encontremos sentido, lo tiene por agotamiento, por haber transitado el camino de la vida en todo su recorrido experimental y haber acumulado y desarrollado nuestro saber dejando testimonio de nuestra existencia.

Luchar contra un espíritu joven, marcado por las ansias de la vida, no le es fácil ni a la parca. Te revolviste como una fiera acorralada por la injusticia del cazador asesino, y te rebelaste contra sus designios. Es más, sabedor del riesgo que conlleva la batalla, formaste un ejército de afectados y amenazados de leucemia y, en un clamor solidario, pediste a la gente su ayuda para acometer la lucha y ganar la batalla o, al menos, ayudar a que otros la pudieran ganar si tu caías en el combate.

Hoy, a esta hora, deben estar dando sepultura a tus restos. Tu cuerpo ha muerto. Las células de tu organismo, tocadas por el pérfido veneno de tu cáncer, han claudicado y no darán soporte ya a ese espíritu de lucha que mostraste, la parca ha vencido y Caronte en su tétrica barca, te hace cruzar el río hacia el inframundo lejos de los cielos celestes que iluminaron tus ojos y de los mares azules que te embelesaron con sus olas y brisas cargadas de perfume marinero. Caronte está contento, cobrará su moneda y te entregará al insaciable Hades como símbolo de su poder sobre la vida.

Él, Caronte, en su terquedad y obtusa mente, no comprende que solo lleva la nada en su bajel, que tú no has muerto, que solo te has desprendido de lo material que soportaba tu esencia y te has quedado libre en los pensamientos y el recuerdo de la gente. Miles y miles de ciudadanos se han aliado contigo, se han hecho donantes de vida mediante sus médulas, para que la batalla, que tú perdiste ahora, se convierta en la victoria de una guerra de cara al futuro. Un ejército de gente se ha implicado en esa lucha y los otros afectados, los que deberán batirse en primera fila en el futuro, podrán contar con más recursos para afrontar esa batalla y poder ganarla. Tu fuerza, tu decisión y combatividad han sembrado escuela y estarás presente en todos y cada uno de los luchadores, de los que se rebelan contra la injusticia de un dios que no respeta el contrato existencial y pretende yugular el proyecto de vida al que todo ser humano tiene su derecho.

Tal vez tu batalla y tu guerra, aunque la hayas perdido, te ha convertido en un dios menor que, desde ese poder acumulado en la experiencia vivida y la solidaridad y apoyo recibido del conjunto de la ciudadanía, sea la que te otorgue la capacidad de enfrentarte a ese otro dios del inframundo que no respeta el tránsito sosegado y constructivo del ser humano por el largo camino de la vida. Tú, pequeño dios, no has muerto, vives en la memoria de los vivos como ejemplo de tesón y lucha contra el sino inmisericorde que nos amenaza a caballo del cáncer, de la enfermedad y la miseria. Tu fuerza ha estado en aglutinar la energía de los demás, en establecer sinergias que confluyan en la batalla definitiva contra la injusticia de la temprana muerte.

Descansa en paz, que en tu lucha hay relevos para coger esa antorcha del derecho a la vida contra lo injusto de la prematura muerte.

Autor: Antonio Porras Cabrera
Psicólogo y enfermero, profesor jubilado de la UMA

3 comentarios:

Carmen Hernández Rey dijo...

DAR MÉDULA-DAR VIDA

Escucho tu voz -No te rindas-
-dar vida… vivir la vida-
Eran tus mensajes, mientras con un hilo
de voz, nos empujas amar, abrazarnos
a querernos por encima de todos los egoísmos
que arrastramos en nuestras vidas.
Médula Ósea, apenas unos mililitros de sangre
pueden salvar vidas como las tuyas,
mientras en mis venas ese tejido conectivo
líquido y sólidos…
El cielo hoy llora la teoría grecorromana
de los cuatro humores, y está: colérico, melancólico,
sanguíneo y flemático…
flemático delante de tanto despropósito
por tu ausencia Pablo Raez.
Colérico el cielo se cuadra delante de las estrellas
esperando una cuadriga de salva y honores
en tu llegada.
Melancólico el sol se oculta en este bosques
de despropósito y lluvia acida.
Flores sanguinas doblan sus pétalos,
en mitad de un conjuro de predicciones
de las cuales tú eras todo sonrisa.
Dar médula, dar vida… dar…
Así fuiste Pablo, así eres y serás: Amor,
abrazos, besos, vida.
26.2.2017
Carmen Hernández Rey
©® autora extremeña
todos los derechos de autora

josep estruel dijo...

Antonio, no tengo ninguna palabra nueva para ofrecer, tu lo has dicho todo y como siempre muy bien. Dar las gracias a Pablo, no me cabe ninguna duda que su lucha ha despertado y despertará muchas más conciencias acerca de la donación de Médula Osea. En el 2003 me hicieron el primer transplante en el Clínic, hubo un rechazo y en el 2004 me hicieron el segundo. Tengo que decir que como principio en la aféresis todo el recuento de células se dividió en tres partes, para que una fuese como donante (después de curarla) A los 6 años del segundo trasplante el Mieloma se presentó de nuevo, y a partir de entonces siempre me he prestado voluntariamente para Nuevas Terápias. A veces no han funcionado conmigo y enseguida me han retirado de aquella terápia.
Te cuento esto para que veas que estoy bastante involucrado en este tema porque además hace años que colaboro con la Fundación Carreras. Antonio, una preguntas si eres tan amable.
Porque con lo fácil que es ser donante de Médula no se consiguen resultados por parte de las Autoridades?
Ahora no, pero hubo un tiempo que a través del blog empecé a difundir este tema pero no para España sino en Argentina y Méjico. En Argentina tenia la ayuda de Isabel D'Mayo, y el Méjico a una chica que tenia un Linfoma no hopkins (afortunadamente a través de un trasplante hace años de está curada) Solo nosotros con nuestros blogs conseguimos más de más de 100 personas se hicieran donates. Yo mismo entregaba los datos a la Fundació Carreras.
No quiero alargar mucho este comentario, solo insistir que se hace muy poco para conseguir donantes. Y más contando que es muy posible que una persona que se haya hecho donante nunca lo será porque no será complatible con nadie. Es 1 entre 40.000, es complicado.
Muchas gracias por todo.
Y a Pablo donde esté darle mi agradecimiente eterno. EPD
Un abrazo.

Antonio dijo...

Yo creo, amigo Josep, que hay mucha gente dispuesta para ser donante, de lo contrario no se entendería la respuesta que ha tenido la llamada de Pablo y cómo se han multiplicado esos donantes. Tal vez, respondiendo a tu pregunta, los gobiernos y responsables de la sanidad no se hayan volcado en explicar el nulo riesgo y las muchas ventajas que tiene ser donante. No es como donar un riñón u órgano, que puede crear cierta resistencia en algunos, sino más cercano al donante de sangre que de órganos.
Eso creo yo..

Un abrazo y suerte tambien en tu lucha