domingo, 29 de abril de 2012

Homar el Monfí (la otra cara de la leyenda del diablo de la cueva Belda)


Cueva Belda

Existe una leyenda en mi pueblo que sustenta la tradición de atar el diablo en la romería de San Marcos, su patrón. Esa leyenda la podéis ver en una entrada anterior en mi blog donde la transcribo. Es una de aquellas historias increíbles que debió tener un fundamento real, pero desvestido de esa parafernalia milagrera que caracteriza a las leyendas de contenido religioso. Yo, trascurrido el día de San Marcos y su romería (25 de abril), vengo a escribir este relato que pudiera acercarse más a la lógica de los hechos, pero desde la elucubración de mi propio pensar libre y mi fantasía más o menos racional.

He intentado hacerlo en prosa rítmica, aunque no métrica, o algo que se la parece, pues su pretensión no es el ritmo sino el contenido del relato. Eso sí, puede que ese ritmo ayude a hacer más amena su lectura. Al fin y al cabo no deja de ser un ensayo en este aspecto.


La historia de Homar el Monfí

Moriscos en lucha
En la cueva Belda, asomado a un risco viejo, anda Homar ben Zegri, apellidado el Monfí, vigilando con denuedo por si viene el enemigo, por si pretenden prenderlo y llevarlo a la justicia por ser monfí y guerrillero, que defendiendo su tierra lucha contra el extranjero. Ya han sido muchas andanzas de confrontar y degüello en batallas con cristianos que le salieron al medio.

No ha pasado tanto tiempo, pues lo recuerda su abuelo, que lucharon contra huestes que de Antequera vinieron y destrozaron sus casas, campos, haciendas y prendieron a su pueblo. Le sometieron por fuerza, a sangre y fuego lo hicieron. Arrasaron todo al paso hasta dejarlos hambrientos, pobres y desesperados sin comerlo ni beberlo. Les destrozaron sus huertas, les talaron sus almendros, les quemaron las cosechas, les robaron sus becerros y hasta sus caballerías se las llevaron con ellos. Fueron tropas de Narvaez, el mal nacido guerrero que derramó tanta sangre, que inmolando a la inocencia mató a niños y mujeres, sin olvidar a los viejos. Por eso juró venganza, por eso sigue sufriendo el acoso del cristiano que le arrebató hasta el sueño.

Su astucia le ha protegido y Alá, en su sabiduría, con vida le ha mantenido para luchar contra ellos. Les tendió muchas celadas, trampas y mil emboscadas donde le fueron cayendo hasta hacerles mucho daño, hasta pasar a degüello. Ya puso por las calzadas las cabezas bien cortadas, clavadas sobres sus picas, de tanto y tanto guerrero que se atrevió a provocarlo y adentrase en su terreno. Desde Osuna, de Carmona, desde Castilla vinieron tropas para reforzar a las hueste de Antequera, que formando sus patrullas vienen en acometerlo.

Y ahora a sus sesenta años, rey de la sierra y su pueblo, sigue mostrando batalla al que se atreva a prenderlo. A lo largo de su vida dio muerte a tanto guerrero que le pusieron por nombre “el diablo del infierno”. Sabe que los campesinos, musulmanes sometidos y cristianos que vinieron, le tienen terror y miedo y se santiguan al acto de mencionar su recuerdo. “Sálvenos Dios del diablo que en la cueva Belda habita y nos proteja de él llevándolo al mismo infierno” suelen decir a la par en petición a los cielos.

Pero no todo es violencia, ni maldades y crueldades propias de los desencuentros. A veces surge una parte del humano corazón que ablandando la razón hace brotar la emoción cuando se tiene un encuentro. Ya conoció a mucha gente entre cristianos y moros que le causaron respeto, aunque el ambiente cargado de tanto y tanto tormento no condujo en ningún caso la relación a buen puerto. Y es verdad que encontró gente, gente buena, caballeros, con los que pudo entenderse si no fuera por aquello, porque la guerra es la guerra y ha de ponerla primero, desechando sentimientos que ablanden al buen guerrero.

Aparecieron amores que, por prohibidos, murieron como deben de morir los sentimientos que amarran el deber y lo hacen preso. Aún recuerda con ternura a la hermana de Lomana, capitán no pendenciero, de la Castilla del norte que luchaba en otro ejército, sintiéndolo su enemigo por razones que vienen muy bien al cuento. A la vista de sus ojos de un azul no descubierto, le arrebató el corazón inundando el sentimiento. Noches en vela pasaba, bloqueado el pensamiento, sin saber por donde ir ni dar salida a tal acontecimiento. Al final se impuso el hombre y el deber de su camino que le fue a marcar su sino sin hacer reparo en ello. Mató el amor que sentía rompiendo su corazón, haciéndose más violento a base de frustración. Hoy hace ya tanto tiempo que debiera de olvidarlo pero le persigue en sueños a la menor ocasión. Luisa Fernanda se llama en el caso de que viva, pues se marcho a Carrión donde tenía su familia, casada con caballero natural de aquella villa.

Ahora que ya le conocen y se descubrió su engaño, que saben que no es quien dicen y su disfraz desvelado, entiende que ya está muerto pues se la tienen jurado. Huestes guerreras se acercan dispuestas a condenarlo y arrebatarle la vida compensando así su daño. El diablo del infierno que en la cueva se ha instalado tiene los días contados. El capitán Benavides delante de sus soldados, acompañado de un fraile, viene por él, a buscarlo. Sus leales hacen piña y se aprestan a presentarles combate como hicieran el pasado. Mas lo que tienen delante no son ya cuatro soldados sino todo un regimiento de pertrechos bien dotado.

Hoy la cueva es fortaleza que ofreció desde hace año la propia naturaleza como se vio en el pasado. Por el frente no entrarán, ni tampoco en el costado. Tenemos piedras bastantes hasta para destrozarlos. Preparad fuego y azufre, que quemaremos con ello a quien pretenda asaltarnos. Gritad y haced gran ruido y al final acobardarlos que sepan quien manda aquí: El diablo del infierno que ellos mismos han creado.

¿Qué ha pasado? ¿Decidme por donde entran si está todo controla? Se descuelgan desde arriba con cordeles del diablo que les dejan en la puerta y nos van acuchillando. Ya dan muerte a los que encuentran, sean mujeres o niños, viejos, heridos o mancos. La sangre corre a raudales y Homar así es capturado. En ese momento, tras el jefe Benavides, entra un fraile que, con capucha, viene rezando un rosario y con el agua bendita la cueva va santiguando. Homar henchido de ira, su santuario profanado, grita con fuerza de rabia que se escucha en el poblado. La gente canta contenta, admirada del milagro. El agua bendita, arrojada por el fraile, a Homar ya ha derrotado, con una jaculatoria amarró al mismo diablo. Ha dejado de testigo, para que pueda la gente amarrarlo cada año, un jaramago trabado en señal de la victoria sobre el moro dominado. Y a Homar, que sigue gritando, le atraviesa el corazón el capitán Benavides y le lanza al precipicio sin la menor compasión.

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Esta historia me la invento desde el uso de razón, pues no acabo de creerme la leyenda a la ocasión, que se cuenta por la iglesia que todo lo aprovechó para difundir leyendas sin la menor precisión.

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A mí me parece más verosímil que la leyenda que existe, sin ser pretencioso, claro, pues, al fin y al cabo, no deja de ser una invención mía, como ya dije, sin saber de quien es la otra. Nuestra tierra, Cuevas de San Marcos, fue nido de monfíes y bandoleros durante muchos años, al amparo de esa sierra y su alejamiento de los caminos importantes. La cueva es un excelente refugio que dio cobijo al hombre primitivo y, por ende, a todo el que tuviera que aislarse y defenderse de agresiones o persecuciones. 

Para quien no sepa que son los monfíes diré que la RAE los defines como: Moro o morisco que formaba parte de las cuadrillas de salteadores de Andalucía después de la Reconquista. Pero para los moriscos, su gente, eran guerrilleros luchadores por defender a su pueblo y su libertad, musulmanes huidos a los montes como consecuencia de los desórdenes y la represión. (Ver) hipervínculo para quien quiera mayor información.

9 comentarios:

Eastriver dijo...

No tenía ni idea de qué era un monfí, palabra. Un bandolero sí, obviamente, que también mi tierra fue nido de bandoleros y que además recuerdo tu reciente entrada dedicada al tema. Lo único que siento es que, de la forma que está escrita la leyenda, con esa cadencia que está a medio camino entre el poema en prosa, el recurso mnemotécnico y la prosa rimada, es una pena haberla tenido que leer. Era como para escucharla, porque la retórica me llevaba ahí: a escuchar, a oír, que es la verdadera esencia de la leyenda, cuyo origen está efectivamente en la oralidad, en las largas noches de invierno al lado del fuego...

Antonio dijo...

Ramón, el mayor número de monfíes se produjo con la rebelión de las Alpujarras granadinas y la Axarquía malagueña, donde se echaron al monte gran cantidad de hombres dispuestos a luchar contra los cristianos desde su refugio en las montañas. Estaban siendo maltratados y oprimidos, vejados sus derechos y obligados a la conversión.
Me das una idea interesante sobre su lectura. Ya sabes que no soy experto en lingüística, eso os lo dejo a los filólogos y demás, que lo mío es autodidacta y afición, casi de ciencia infusa, jejeje, pero creo que le daré lectura, en el próximo encuentro de las jornadas culturales de mi peña, a modo de juglar. Me lo penaré.
De todas formas pensé escribir sobre esto cuando en una romería de hace dos o tres años, aparecía una carreta con el nombre de "Con la iglesia hemos topao". Esa fábula, leyenda o cuento interesado de la religión, que todo lo roba con sus milagrerías, buscando influir y controlar al ciudadano y sus hábitos, habría que desmontarlo o, al menos, cuestionarlo de forma más clara. Eso pretendo con este otro cuento, tal vez, más verosímil.
Gracias como siempre por tu visita y comentario.
Un abrazo afectuoso

JUAN dijo...

Muy interesante relato, Antonio. Yo también recompuse una leyenda malagueña:la del bandolero Zamarrilla,que clavó una rosa en el pecho de la virgen.
Leí sobre los monfies en esa novela que me recomendaste y tanto me gustó:La mano de Fátima.
Últimamente estás escalando puestos en el mundo de la Poesía, estás entre los mejores de los grupos de poetas que compartimos en la red.Mi enhorabuena, amigo. Yo,simple aficionado, me siento fuera de lugar entre ustedes,como una cabra en una discoteca, por eso apenas participo.Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, Juan. Tus palabras me alagan sobre todo viniendo de ti que eres avezado en estos menesteres de la pluma a pesar de lo que digas en tu modestia.
Un abrazo

JUAN dijo...

¿Esa cueva no es la misma que sale en la serie de Antena 3 "Bandolera"? A
veces sale una panorámica muy parecida.

Antonio dijo...

No veo esa serie, Juan, por tanto no sé si esa.

Myriam dijo...

Interesante esta leyenda que da origen a toda una tradición, que vencido el demonio, parece ser muy alegre.

Un abrazo

Myriam dijo...

Pd- me gustó tu ejercicio literario de prosa rítmica.

Antonio dijo...

Gracias, Myriam. No deja de ser eso, un ejercicio, como bien dices.
Besosss