lunes, 30 de agosto de 2010

Viaje a EE. UU. (V) (New York, New York...)



La visita a Nueva York, como las anteriores y serían las posteriores, fue muy especial. Los prejuicios sobre la gran manzana orientaban las expectativas hacia un orden determinado. Esperaba una macrociudad difícilmente comprensible y habitable, como un gran espectáculo de magnitud y diversidad, con sus grandes avenidas y el bullicio de una urbe que crece en verticalidad y hace que sus habitantes se derramen por las calles, desde los rascacielos.

Días terriblemente calurosos, de sudor y hastío, de fatiga y cansancio por el avaricioso caminar, amparado en el tiempo recortado para conocerla. La primera impresión es de insolvencia. Insolvencia para conocer tanto en tan poco tiempo, para comprender un conglomerado de razas, idiomas y culturas que la condicionan, para abstraerse de la realidad europea e introducirse en un nuevo mundo que las películas no pudieron plasmar con esta vivencia de los cinco sentidos. Lo vivido con la vista (bidimensional) y el oído no da pábulo a la realidad de esta macrociudad. El olfato, el tacto y el gusto, amén de todo lo relacionado con la propia cinética que transmite el movimiento por sus calles, hacen que sean indescriptibles las emociones que despierta. La primera es la sorpresa, el ooohhh!!! que se desprende de su visión imponente; la segunda es la nimiedad de uno mismo ante tanta dimensión y grandiosidad, ese complejo que generan las grandes cosas que nos dejan pequeños e insignificantes; luego está la confusión, la desorientación producida por sus macroedificios y grandes avenidas, que solo un buen mapa y la capacidad de interpretarlo pueden neutralizar. Vivir el orden del caos es complicado, hasta que le encuentras sentido al propio caos y su orden.

New York, New York… Sí, porque hay dos New York. El New York pudiente, de los rascacielos y las grandes avenidas, de la teatralidad y las limusinas, del poder económico y Wall Street, de los yuppies y su grupo social con su propia subcultura dentro de la dominante. Luego hay otro New York de la periferia, donde es más abundante la miseria, la suciedad y la marginación, con viviendas deficitarias en comodidad, donde habitan las clases más pobres y discriminadas. En estos casos existe un cambio sustancial de imagen y arquitectura. Los edificios son más bajos, de diseño imaginativamente pobre, a veces las viviendas se ubican en naves industriales reconvertidas y la confortabilidad brilla por su ausencia.

Ambas están unidas por el metro, en una entramada red, que permite un movimiento continuo bajo tierra, para comunicar todo el espacio urbano. Nosotros, dado nuestro poder adquisitivo, optamos por alojarnos en un hotel de Brooklyn. Era cómodo y estaba bien comunicado, aunque aconsejaban el acceso siempre por la parte delantera, sobre todo por la noche. Pasar por debajo del East River para llegar a Manhattan, a caballo de un metropolitano cargado de gente, de distinta raza, credo, idioma y procedencia, es un ejercicio de universalidad. Indios, paquistaníes, asiáticos, caucásicos, afroamericanos, iberoamericanos y europeos en un mismo vagón recorriendo la vida cada día, con un mismo destino, o similar, el final del viaje… En este punto se da una extraña contradicción entre solidaridad y desconfianza, entre compañerismo de la vida y reticencia ancestral.

Todo queda en la memoria, pero lo que más impresionó toma protagonismo y se implanta con más fuerza. Visto lo dicho, quedan otras cuestiones que se fueron viviendo a la par del tórrido día. Times Square de día con el bullicio y de noche con sus luces de neón, Central Park con su arboleda que la trasmuta a otra dimensión, Rockefeller Center con su ostentosidad esplendorosa como ejemplo de lo pudiente del dólar, sus cementerios urbanizados e integrados en la urbe, sus grandes avenidas y colosales edificios que no te dejaban ver con soltura la luminosidad del cielo. Luego está la vista impresionante de esa inmensa ciudad postrada a tus propios pies, para ello has de subir al Empire. Desde el piso 86 New York parece de juguete, una ciudad construida como para jugar con ella. Es una fantasía que nos eleva y vuelve a dar el poder del hombre sobre la materia. Se siente uno superior y admirado a la vez. El giro de los 360 grados, que nos ofrece la terraza, nos permite una visual de la totalidad desde una perspectiva increíble. Las máquinas de fotos disparan como ametralladoras, todo parece y merece ser retenido. Entonces aflora la fantasía de King Kong en su titánica resistencia a la civilización y sus máquinas.

Luego hay otro sector de New York que tomó y tiene su propio protagonismo. Con su trauma de agresión y sinrazón que quedará para siempre en los anales de la historia. Se trata del entorno de la zona cero con sus otros rascacielos, Wall Street, Battery Park y sus jardines cargados de recuerdos a los norteamericanos muertos en II Guerra Mundial. El barco que nos acerca a la estatua de la Libertad (Mis Liberty) y al museo de la Inmigración en Ellis Island. New York desde el mar tiene otra perspectiva. Un horizonte artificial, modelado por infinidad de edificios mastodónticos, reta a la lógica del ecosistema y lo convierten en una inmensa masa donde se conjuga arquitectura humana con la arquitectura de la propia naturaleza en pugna desigual.

Y sobre todo, la gente, tan diversa, tan polifacética y heterogénea, tan extravagante y poliédrica… rara para el viejo mundo. Ese deambular anárquico por las calles, como obnubilados por la presencia de la urbe, como atrapados en un mundo irreal que nos llevan a otra realidad desconocida. Sujetos solos, subgrupos, grupos y gente diversa caminando por las calles al amparo del deseo de conocer la ciudad, de comprar y de disfrutar de esa visión incomparable que proporciona. Un mundo de contraste que lleva su carga de venenillo, de droga que engancha y te transporta a otra dimensión. Y es que esta ciudad de obesidad y anorexia, de blancos y negros, de altos y bajos, de infinidad y nimiedad… es un señuelo sugestivo para saltar a otro lado, a otra dimensión de la vida, donde se conjugan contrastes, injusticias, riqueza y pobreza, convivencia y desavenencias, en un ordenado caos que atrapa como un conjuro ritual de reto a lo desconocido. ¿Qué bello espectáculo! Pero a mí no me gustaría vivir aquí, al menos eso pienso de momento…

Mas el turista tiene su forma especial de ver las cosas y puede que no sea como lo describo, aunque yo lo viera así y procesara cognitivamente los estímulos que fui percibiendo, llevándome a esta visión. Lo visto y vivido es poco, los prejuicios de las informaciones previas muchos y el conflicto entre lo habido y lo esperado es conveniente digerirlo. Fueron dos días para la memoria y el conocimiento de la ciudad, poco como ya decía, para tener una visión concreta.

Finalmente, hay otro último aspecto a reseñar. Una suculenta comida a base de costillar (ver foto), la necesidad continúa de agua para combatir el impresionante calor, el paseo con el Bus Turístico, la cena en un restaurante italiano con piano de fondo tocando baladas, el paseo por Central Park, las compras en Times Square y la calle 14, junto a la cervecita reparadora a la que se recurría de cuando en cuando y las fotos intentando plasmar las imágenes para que la memoria no nos traicionara más tarde. El musical de rigor, en Broadway, se quedó para otra ocasión.

Y ahora la vuelta. Mañana nos espera un día más relajado, iremos a visitar los estudios de TV donde trabaja Richard y un recorrido por Lancaster para ver como viven los amish y su campiña…Para distraeros os dejo un Slide con mis fotos y un video de You Tube con New York, New York, por Frank Sinatra.










30 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Eso se llama sacarle partido al viaje.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Viajando por EE.UU. desde casa y gratis, poco a poco vamos descubriendo sitios y lugares desde tus textos sin movernos del portátil, un saludo.

Antonio dijo...

Sí, María Jesús, el tiempo apremia y a los 60 tacos uno anda diciendo que la vida se puede escapar en cualquier momento, pero que antes aprovecharemos cada instante para llevarnos por delante todo lo vivido, jejeje...

Antonio dijo...

Mamé, la descripción que hago no deja de ser consecuente con lo que sentí en esa visita. Cuando conjugamos visión y la fantasía interpretativa de los escrito, viajamos más en profundidad...
Un saludo

Peter Pantoja Santiago dijo...

...Son muchos los factores que con el tiempo influyen cuando viajamos, nos gusta quizás conocer un poco más del entorno, antes quizás eso no sucedía pero ahora es vital para poder aventurarnos, por ejemplo, en mi caso, Google Earth es lo mejor que nos han facilitado a los viajeros, pues puedo ver calles, restaurantes, distancias de Hoteles a los centros Turisticos etc, asi que estos textos ayudan y aportan un poco de más luz a los viajeros!!

Eastriver dijo...

Definir NY como una fantasía es seguramente la mejor manera que he leído yo: estoy totalmente de acuerdo. Para mí fue fascinante. Brooklyn me acojonó, evidentemente una vez visto no propuse de subir a Harlem y menos al Bronx. El Harlem lo crucé en bus, un día ocntaré en mi blog el raro motivo de esa excursión. Es cierto, NY son, desde ese punto de vista, dos ciudades. La de la isla y la periférica. De que manera cuando decimos NY decimos en realidad Manhattan, olvidando lo demás.

Cuando yo estuve no hizo calor, o al menos no tanto. Llegué de noche. Agotado. Y a la mañana siguiente, soñoliento, bajé a la calle y como quien dice, abrí ahí los ojos. Broadway. Así, de repente. Lo que sentí (un flash) no creo que pueda sentirlo en ninguna otra parte. No fue fascinación. Fue haber entrado en una peli o en un documental o en una foto. Porque todo estaba ahí, como tantas veces lo había visto, pero ahora yo estaba dentro.

Gran crónica. Pero leyéndolo he descubierto que yo no fui a la calle 14. Siempre queda algo. Yo también, como tú, amo NY (graciosa foto en el Rockefeller). ¿El costillar estaba poco hecho, no es cierto?, jeje.

emejota dijo...

Leer tus entradas sobre el viaje a USA me está haciendo recordar el mio, aunque en circunstancias bien diferentes y edad muy juvenil 16-17. Ahora bien, la impresión que ofreces sobre la grandiosidad, mezcolanza de razas e impresionantes mundos y submundos divididos en espacios vecinos, lo aprecié entonces. Cuando volví a los 30 años, ya no me chocó tanto, es como si una parte invisible de mi se hubiera quedado allá esperándome y cuando pisé aquella tierra volví a sentirme en casa y embutida en mi uniforme de norteamericana. Todavía me confunden con una cuando me oyen hablar en su idioma.
No he querido volver, aunque puede que no tarde mucho en hacerlo debido a las ofertas que me hace mi hijo el "platillo volador". De todos modos tengo emociones encontradas y no se por donde saldría, prefiero emociones más tranquilitas. ¡Será cosa de los 60!Un abrazo y gracias por traerme a colación estos recuerdos.

emejota dijo...

Acabo de leer el comentario de Eastriver y menciona el Rockfeller ¿Quereis ver la foto de una "vaquera" en Nueva York ante el Rockfeller Centre? Porque la tengo y con dedicatoria y todo.

Antonio dijo...

Google Earth es un gran invento, amigo Peter. Yo lo uso para visitar previamente el lugar donde voy a ir y para recordar por donde pasé.
Un saludo

Antonio dijo...

Ramón, a mí me falto tiempo para conocerlo mejor. Me hubiera gustado pasear tranquilamente por Central Park, conocer mejor el mundo del espectáculo musical, disfrutar de sus calles y su gente con tranquilidad, ir a mayoer profundidad en su conocimiento, pero el tiempo era escaso y solo pude ver lo que vi.
Un abrazo

Antonio dijo...

Por lo que veo, debes ser una excelente compañera de viaje. Dominas el idioma, conoces el país y tienes mucho mundo corrido. En suma, experta cicerone y guía para los recien iniciados en estoas artes de viajar al extranjero, jejeje...
Un abrazo y celebro que te gusten los relatos

Antonio dijo...

Oye, lo de la foto, mándamela por e-mail. que me has dejado intrigado, jejeje...
Besos, vaquera

Eastriver dijo...

Por cierto, se me olvidó preguntar maravillado... a vista de tus fotos, ¿todavía ponen el Mamma mia en Broadway? Qué fuerte...

Myriam dijo...

Fenomenal viaje han hecho y en companía de tan buenos amigos. Como me estoy poniendo al día con todos los blogs, después de las vacaciones, te comento aquí sólo esta serie de entradas.

A mí me pasó igual en mi primer viaje a USA, tenía una serie de prejuicios previos que nada que ver.

La orquidea es fabulosa. No estuve en Longwood Gardens, pero estuve en el Jardín Botánico de Montreal, que me pareció imponente.

Besos

Myriam dijo...

PD y por si no quedó claro, las leí a las 5. jejejeje.

Antonio dijo...

Ramón, al parecer, y según se desprende la foto, aún la ponen. Son muchos los visitantes que acuden a verla.
Un abrazo

Antonio dijo...

Maryan, bienvenida de nuevo y espero que hayas tenido una excelentes vacaciones.
Me consta que tú eres una estupenda viajera, que vas de un sitio a otro y eres, digamos, bastante internacional, jejeje...
Yo solo soy aficionado y, para más inri, no domino idiomas, salvo en plan indio de "mi querer esto". Lo que no impide que me esté encantando el turismo internacional que inicié hace algunos años de forma controlada por mi economía y mi tiempo, jejeje...
Besos y gracias por leerme

Antonio dijo...

En mi comentario anterior, donde dice Maryan debe decir Myriam, claro está, pero los dedos y el coco no siempre se articulan para poner una cosa... Disculpa Myriam.

Maripaz Brugos dijo...

Antonio, todo un placer acompañarte en tu viaje a traves de tus relatos y bellas fotografias.

Me está gustando muchisimo.

Mil gracias por compartirlo.

JUAN dijo...

Antonio, una crónica genial, nos haces ver realmente cómo es esa gran urbe, con sus enormes contrastes arquitectónicos, étnicos y culturales. Una pasada de viaje, gracias por compartirlo.
Abrazos.

ana dijo...

Alucinante viaje, un sueño para muchos. Tienes mucha suerte.

saludos.

Antonio dijo...

Gracias, Maripaz. Es un honor.

Antonio dijo...

Gracias, Juan. Para mí este viaje ha sido genial, como bien dices.

Antonio dijo...

Es curioso, Ana, pero ha sido producto de un encuentro y descubrimiento casual. No sé si sabes la historia. Hice un PPs de Málaga, llamado Málaga la nut, le llegó a una gente de EE. UU. les gustó, me contactaron, vinieron por Málaga el año pasado y nos conocimos y este año nos han invitado a su casa. No es increíble el juego que puede dar esto de Internet?
Ha sido como, eso, un sueño que no lo puedes cumplir con una agencia de viajes.
Saludos

maria rosa dijo...

Hola Antonio, después de tanto tiempo rodeada de "gente menuda", ha sido un verdadero placer leer tu. experiencia de este estupendo viaje.
Hace tiempo que estuve en New York y me quedaron ganas de volver.
Es una ciudad que sorprende y llena de contrastes.
Recuerdo uno de los viajes que hice a EE.UU., hace unos quince años, fuí a visitar a una de mis hijas, estudiando allí, en Plano-Dallas, alquilamos un coche y atravesamos el pais hasta Minneapolis-Minesota a visitar a unos amigos. Fantastico y sorprendente viaje.
Gracias Antonio por tu estupenda descripción, espero tu proximo viaje.

un abrazo,

maria rosa dijo...

Hola Antonio, después de tanto tiempo rodeada de "gente menuda", ha sido un verdadero placer leer tu. experiencia de este estupendo viaje.
Hace tiempo que estuve en New York y me quedaron ganas de volver.
Es una ciudad que sorprende y llena de contrastes.
Recuerdo uno de los viajes que hice a EE.UU., hace unos quince años, fuí a visitar a una de mis hijas, estudiando allí, en Plano-Dallas, alquilamos un coche y atravesamos el pais hasta Minneapolis-Minesota a visitar a unos amigos. Fantastico y sorprendente viaje.
Gracias Antonio por tu estupenda descripción, espero tu proximo viaje.

un abrazo,

Ana Márquez dijo...

¡Qué suertudo, Antonio, qué suertudo! :-) ¿Puedo guardarme algunas de las fotos?

Antonio dijo...

Lo que me sorprendió, María Rosa, fue la valentía de la gente al acometer grandes distancias. Se pasan horas conduciendo para ir a un lugar que a nosotros nos parece lejísimos y a ellos les parece cerca. Como todo es relativo y es un país tan grande…
En el próximo hablo de Niágara y sus cataratas.
Un abrazo.

Antonio dijo...

Ana, celebro que te guste; por supuesto, puedes coger las fotos que quieras así te acordarás más de mí.
Besos

Camino a Gaia dijo...

Antonio, nos llevas de viaje sin movernos de casa. Es todo un lujo.
Un abrazo