jueves, 29 de abril de 2010

Qué mundo dejaremos a nuestros hijos… Qué hijos dejaremos a nuestro mundo…




Creedme amigos si me planteo esta cuestión en sentido bidireccional. Siempre se habla del mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos, pero nunca de la cultura y la actitud que vamos a sembrar en ellos para conservar ese mundo. Del ejemplo que les vamos dando y de la responsabilidad y compromiso que debemos asumir en su formación para hacerlos responsables, racional y razonadamente, de la preservación del entorno.

Es cierto que cada generación se encuentra un mundo diferente, el mundo que fraguaron sus mayores con la argamasa y la materia transmitida del pasado inmediatamente anterior. Pero ese mundo heredado pasa a ser de ellos y, en función de su actitud y conducta, empieza a ser modificado bajo su influencia. El ajuste que se vaya haciendo, el enfoque de los objetivos y de la interacción con el medio, lo determinará. En esa herencia va incluida su cultura, los principios y valores que sustenta los comportamientos sociales, aquellos que define cuales son los aceptables y cuales no. Ahí podemos encontrarnos con la transmisión de conductas agresoras con el entorno, egoístas y miopes, faltas de respeto hacia la naturaleza, que nos nutre desde tiempo inmemorial. Es un proceso de modulado y modelado en el que nuestro ejemplo es básico para definir cuales serán los actuaciones de nuestros propios hijos en relación a su hábitat.

Nuestra generación, y hablo de los que estamos entorno a los sesenta años, recibió una herencia de posguerra, cargada de injusticias sociales, de dictados políticos y producto del triunfo de una ideología facistoide, de un integrismo religiosa del nacional-catolicismo, que primó sobre la concepción de soberanía popular. La patria la definían las fronteras y no la voluntad de los pueblos. Tuvimos el protagonismo en un periodo muy significativo, como fue la transición, la ruptura con el viejo régimen y la creación de un nuevo orden constitucional. Nuestros padres vivieron otro mundo de guerra civil, de guerra mundial y de confrontación, represión y sumisión según su militancia ideológica. Nosotros les dejamos a nuestros hijos el de las tecnologías, el de la comunicación y el intercambio de conocimientos, el de la globalización económica; pero también el de las grandes diferencias entre los países, el del desajuste social entre la riqueza y la pobreza o miseria, el de las injusticias potenciadas por el sistema capitalista, el de las agresiones al medio ambiente buscando el beneficio inmediato, el de la falta de respeto a la senectud y sus experiencia vital, el de la reverencia a lo material, el del deslumbre ante los avances tecnológicos… Ahora, desde la senectud, cuando el protagonismo es de ellos, solo podemos ver como fraguan su propio mundo. Nuestra responsabilidad o implicación en el futuro está en decadencia. Son ellos los actores. Depende de como los hayamos formado así será todo.

No obstante hay un elemento de especial significación, como es su potencial, que se acrecienta desde la comunicación y el conocimiento y que eleva el rango de libertad que pueden gozar los ciudadanos, siempre y cuando se desarrolle el libre albedrío y su capacidad de discernimiento desde lo racional y justo. Ese potencial es de ellos. Tienen los conocimientos y la capacitación para desarrollarlo, al menos en teoría. Es el valor de su era. A ver que hacen de él.

También hay algo muy importante a considerar, bajo mi punto de vista. Es el control de los instrumentos que van conformando al sujeto, que le forman y dan personalidad, principios y valores sociales, para que conviva en sociedad. Antes eran los padres, los maestros y el entorno inmediato el que tenía el protagonismo en esa formación. Ahora se han roto fronteras y son otros los medios que interfieren e intervienen en ello. Hay demasiadas cosas que se escapan a la intencionalidad formativa de los padres y de su control. No son ellos, ni la escuela, los que forman al sujeto. La televisión, la informática, Internet y ese amplio mundo virtual ha tomado un protagonismo inusitado. El modelo social resultante dependerá de la incidencia que esos medios tengan en la formación de los sujetos. Si esta sociedad se plantea el puro materialismo consumista, en contraposición al desarrollo de la esencia del sujeto de forma integral, y tiene los recursos para influir en la formación de los individuos, estamos perdidos, seremos pasto de ese consumismo, alienados e idiotizados; pero si transmitimos un espíritu crítico, cuya orientación esté en el desarrollo de las potencialidades humanas de nuestros hijos, donde la curiosidad por lo desconocido y el espíritu investigador prime, la cosa cambia. Habremos creado sujetos cualificados, con criterios propios, difícilmente alienables y capaces de saber distinguir entre lo importante y lo efímero o superfluo.

No olvidemos que el mundo es un sistema, donde la interacción entre todos y cada uno de sus elementos produce un proceso evolutivo, dinámico, de resultados imprevisibles, como respuesta a esa compleja interacción. El entorno está cargado de elementos y todos y cada uno de nosotros somos, también, otros elementos de protagonismo singular en cuanto a la incidencia en el entorno, por la potencialidad y capacidad intervencionista.

Concluyo, pues, que: “Preservemos la naturaleza, pero eduquemos a nuestros hijos para que la sostengan”. Tan importante es el mundo que damos a nuestros hijos, como los hijos que damos a nuestro mundo. ¿Estaremos creando Belenes Esteban o Eduardos Punset?
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39 comentarios:

Peter Pantoja Santiago dijo...

...¡Saludos Antonio!

En el 2004, mi primo se graduaba para ya entrar a la Universidad, yo siempre le acompañaba a todas sus premiaciones especiales, y en una de esas premiaciones en una Fraternidad Universitaria, la persona clave en la actividad de cocktail era una conocida Periodista y Motivadora de Puerto Rico. Jamás se me olvidarán cuales fueron sus palabras de comienzo, cuando fue presentada por el Maestro de Ceremonias de la actividad, ella tomo su micrófono en mano y dijo la siguiente expresión: "PERDON" Si, PERDON, perdon a nombre de los de mi generación por haberles entregado y legado un Puerto Rico difícil a ustedes, hoy invitamos a la prensa para que vinieran a ver cuanta juventud entrara con las mejores calificaciones de la isla a las diferentes universidades, y saben que, no vino la prensa de mi pais, si hubiese sido que un joven en este salon se hubiese enfurecido y hubiese tiroteado a sus compañeros de estudios, de seguro la prensa internacional tambien hubisese llegado...

...Realmente ella solo estuvo 45 minutos hablando, y en repetidas ocasiones pidio perdón por legar y dejar un Puerto Rico mas duro para los que hoy dia se levantan.

Es una realidad que nos preguntemos que le estamos legando a los peques que crecen, como les ayudaremos a que no repitan errores y sepan como defenderse de los males que de seguro tocaran a sus vidas.

Asi que tu entrada es una que nos lleva a reflexionar al máximo!!

Un abrazo,


Peter Pantoja

Txema dijo...

Estoy de acuerdo. Es fundamental que nosotros hagamos todo lo posible por preservar el planeta pero, tan importante como eso, es que inculquemos a nuestros hijos esa misma actitud.

Y es aquí donde surje el problema, porque, si ellos no ven en nosotros el ejemplo digno de seguir, difícilmente tomarán el camino correcto.

En esto soy, como en otras muchas cosas, pesimista y veo el panorama muy confuso.

un abrazo

P e r f i l dijo...

Desde el Centro Guadalinfo de Alhama de Almería, también ratificamos vuestra opinión al respecto.

Un artículo de la página web:
http://firgoa.usc.es/drupal/node/19476

«El mundo de nuestros hijos será mucho peor que el actual»
Rick Bissell afirma que la mejor medida para tratar de mantener la vida es reducir la población humana
El mundo está mal diseñado, mal mantenido y peor dirigido. Al menos ésta es la conclusión que se extrae tras la aseveración «veo un futuro muy difícil en los próximos 15 ó 20 años». Además, cuando el firmante de esta frase es Rick Bissell, profesor de Emergencias en la Universidad de Maryland, en el Condado de Baltimore (EE. UU.), la quimera se convierte en presagio poco halagüeño: «De apostar por una medida para conseguir algo más de tiempo y tratar de mantener la vida, yo me inclinaría por reducir el tamaño de la población humana».

Protagonista de la ponencia 'Grandes catástrofes', perteneciente al curso 'El cambio climático y la medicina', Bissell aseguró «que el mundo futuro que les espera a mis hijos adolescentes es mucho peor que el que yo estoy disfrutando», aludiendo a las condiciones climáticas, la carencia de las materias que nos proporcionan energía o la falta de perspectiva para la resolución de conflictos.

¿Soluciones? «Es mucho más fácil ver los problemas que aportar las medidas para paliarlos», reflexiona. «Lo que sí está claro es que hemos de dejar a un lado el comportamiento del pasado y ver las nuevas vías». Y puso ejemplos: «Saber que no se podrá disponer de petróleo barato y abundante», porque se acaba. Por tanto, hasta entonces, habremos de buscar nuevos caminos: «energías renovables, no contaminantes y económicamente viables».

Para eso será necesario introducir nuevos conceptos en la sociedad, como el de la localización de la energía: «Tenemos que cambiarnos el chip de que el entramado eléctrico debe abastecer a todo un país o, incluso, a varios estados. Porque no sirve de nada estudiar los beneficios de energías que no van a poder dar abasto».

Queda claro que el tiempo es una variable que corre más de la cuenta. «Las nuevas energías en las que se está trabajando, como puede ser el hidrógeno, tardarán un mínimo de 30 años» y, según Bissell, el tiempo que nos queda son 15 ó 20 años. Insuficiente a todas luces.

Saludos desde el Centro Guadalinfo de Alhama de Almería.

emejota dijo...

Efectivamente siento exactamente igual que tu y no lo podría haber expresado mejor. Husmeo bastante por ciertos círculos en los que lo que asevera Perfil, resulta sobradamente confirmado. Desde mi punto de vista, una pena y un dolor, pero ¿quien dijo que la vida fuera fácil?. Dada la velocidad que ha tomado la actual evolución es más que probable que se produzcan grandes catástrofes por los mas diversos motivos. Ello no significa que se acabe la vida, ni mucho menos, sino que se depure y quizás los que quedan, puedan reorganizarse mejor siendo un número menor y disponiendo de técnicas de las que en el pasado no se disponía.
Eso sí, como siempre sufrirán justos por pecadores, porque una vez mas, recordemos "nos somos nadie" y no existe un Gran Benefactor capaz separar la cizaña del trigo. Un abrazo.

Antonio dijo...

Hola Peter.

Interesante historia la que cuentas. No sé si habrá que pedir perdón o decir lo siento no lo supe hacer mejor. El hecho es que a lo largo de la historia se han hecho muchas cosas mal y otras bien. Yo sostengo que debemos de actuar haciendo bien las cosas para que el mundo que dejemos sea mejor y educar a nuestros hijos para que ellos sigan ese planteamiento. No creo que debamos decir yo cojo lo que pueda y el que venga detrás que arree.
Por otro lado, mientras los medios de comunicación busquen lo espectacular, lo que llame la atención para vender más, y se olviden de lo que educa y forma, estamos condenados al fracaso.

Un abrazo

Antonio dijo...

Pienso, amigo Txema, que todo cambio tranquilo y pausado, que lleve a la evolución de los valores sociales, pasa por la formación de los jóvenes en una línea adecuada. El problemas es quién define los valores que se deben inculcar y qué medios tiene a su alcance para hacerlo.
Soy pesimista mientras la globalización no sea crítica y pretenda el desarrollo del ser humano en lugar del incremento del comercio y las ganancias empresariales.

Un abrazo y gracias por tu comentario.

Antonio dijo...

Amiga Felisa, puede que tenga razón este señor en su discurso, pero todo depende de dónde se ponga el énfasis para la solución. Reducir la población humana o repartir mejor los recursos. Si pretendemos mantener el nivel de vida occidental deberemos seguir explotando y llevando a la miseria a los pueblos pobres e incrementar las diferencias. En todo caso pediremos, por puro egoísmo del primer mundo, que la reducción de habitantes la hagan ellos. Pero si estamos en condiciones de ajustar nuestra vida a las necesidades reales de subsistencia, aunque ello implique renunciar a muchas cosas, estaremos hablando de la posibilidad de un mejor reparto de recursos. Claro que para eso habría que redefinir el sistema de producción y enfocarlo a esos productos de necesidad más básica, pero las multinacionales tienen interés en lo que más le renta.
Interesante debate el que planteas y las soluciones o actuaciones que se proponen. Es buen momento para reflexionar sin mayor dilación, antes de que el mundo se canse y nos elimine.

Saludos

Antonio dijo...

Gracias, emejota. El mundo es un sistema en interacción y cuando algo cambia, cambia el todo, en mayor o menor medida. Ya conoces esa teoría del efecto mariposa, donde un aleteo de una mariposa aquí, puede desencadenar un huracán en Japón.
Resumiendo, el mundo es un ente vivo que reacciona a los estímulos y se va modificando caiga quien caiga. Lo ideal es hacer caer a los agresores y nosotros somos los agresores. La cuestión es que nosotros también somos mutantes y la lucha puede ser a muerte entre la inteligencia del hombre y la ley natural del mundo, de hecho ya lo está siendo. Pienso que el primer desencuentro entre el hombre y la tierra fue cuando se empezó a sobrexplotarla con la agricultura.
Un abrazo

mariajesusparadela dijo...

De acuerdo entero: ayudemos a nuestros hijos el valor del esfuerzo y el respeto a la naturaleza.
Creo que les hemos hecho, hasta ahora, un flaco favor a ambos, mimando a los unos y destrozando a la otra.

Antonio dijo...

Yo creo que surgimos de la nada camino al infinito, que descubrimos la energía eléctrica en casa, el coche y los electrodomésticos, viajar, el aire acondicionado y un sinfín de cosas que consume energía, que nos hicieron la vida más agradable, pero no nos dimos cuenta del precio real que tenía para la naturaleza. Esa inercia nos situó aquí y ahora, en la revisión, nos damos cuenta de que estamos montados en un caballo desbocado que no hay quien pare.
Un abrazo

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

me en en tus reflexiones antonio cuando aún no tengo la cabeza quemada...
Un besote mi querido amigo y buen finde

JUAN dijo...

Yo soy muy pesimista, y al paso que suceden los acontecimientos creo que nuestros hijos y nosotros veremos los cambios nefastos para el mundo y sus habitantes muy pronto.
¿De qué sirven todas las medidas de ahorro de gases contaminantes si en cualquier momento ruge un volcán y lanza millones de toneladas de gases y cenizas ácidas?
¿De qué han servido las medidas de conservación de la naturaleza en las costas del Caribe con esta marea negra que tardará más años de los que nos quedan para recuperarse?
La solución sería no extraer petróleo; pero quién se atreve a ponerla sobre el tapete.

Vivimos bajo el yugo del capitalismo salvaje, y los padres se ven obligados a trabajar muchas horas para poder mantener su familia y su nivel de vida, dejando a sus hijos en el colegio como coches aparcados, dejando que sean otros quienes le enseñen lo que deben hacer y cómo deben actuar.Por mucho que queramos educarlos en el amor y respeto a la naturaleza, a sus semejantes y a los animales, lo que ellos ven en todas partes es violencia, guerras reales o virtuales, diferencias de clases y competitividad.
Incluso ven que se está poniendo de moda que los adultos, para relajarse, se apunten a juegos de aventuras y guerra los fines de semana, donde manejan verdaderas armas que disparan contra otros, aunque sean bolas de pintura o agua.
Yo creo que hemos llegado a un punto de no retorno, en que la educación de nuestros hijos y nietos se nos ha ido de las manos; que el mundo se nos ha ido de las manos, que la competencia entre las naciones, los gobiernos y los partidos políticos entre ellos, hacen el mundo ingobernable y nos conduce a velocidad vertiginosa hacia la catástrofe.
El egoísmo humano acabará enterrándonos.
Un abrazo.

Belkis dijo...

Estupendo el análisis que haces Antonio sobre la importancia de el mundo que dejaremos a nuestros hijos, pero también de los hijos que dejaremos al mundo. Es una tarea muy ardua la que tenemos los padres para cultivar en ellos no sólo conocimientos, sino virtudes, valores y sobre todo el aprender a discernir que es lo verdaderamente importante para desarrollar la esencia para que no se pierdan en los vericuetos del materialismo y crear así personajillos que sólo quieren brillar con la luz del signo €.
Un abrazo muy grande y gracias como siempre por tus interesantes artículos.

Antonio dijo...

Ciertamente, Mariángeles, las buenas reflexiones se hacen con la mente fría y el corazón caliente, pensando pero comprendiendo a los demás.
Besos y buen fin de semana

Antonio dijo...

Yo también soy pesimista, Juan. Quien dirige el mundo busca su propia conveniencia, le ciega su egoísmo y no le importa la incidencia que tengan sus actos en el futuro o en otros países. El que venga detrás que arree, pensarán. Algunos piensan que la ciencia resolverá...
Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, Belkis. La tarea es tan ardua que a veces resulta desalentadora. Sobretodo cuando ves que tus influencias se neutralizan por la TV y los medios que intervienen en la formación del niño a todos los niveles. Entonces tienes que redoblar el esfuerzo.
Un abrazo

Mercedes dijo...

A pesar de que pudiera parecer que el futuro pinta negro, yo estoy convencida de que también hay mucha gente de buena voluntad luchando por un futuro mejor. Tal vez todo esto pase pronto.
Tengamos esperanza.
Interesante entrada. Un abrazo.

Antonio dijo...

De momento, Mercedes, creo que la balanza se inclina de parte de más de lo mismo. La crisis económica producida por los medios financieros ha acabado fortaleciendo a los que la produjeron. Gana la banca.
Siempre hubo gente de buena voluntad muy bien tolerada por el poder, siempre que no intentaran removerlos de sus poltronas. De todas formas la esperanza es lo último que se pierde, y si no fuera por ella no se lucharía.
Un abrazo

Alma Mateos Taborda dijo...

Cuánta razón tienes, amigo. Los padres a veces y por razones económicas suelen estar demasiado tiempo afuera del hogar, en sus trabajos y los hijos tienen demasiada libertad para recibir influencias de los medios de comunicación y por el momento no hay mucho para aprender de bueno. Ojalá que esto se revierta para que sepan cuidar el mundo que les dejaremos de herencia y que todos juntos podemos cambiar. Un abrazo grande.

Antonio dijo...

Ojalá tengas razón, Alma. Pero si no cambiamos los valores que se están transmitiendo por los medios de comunicación, básicamente TV, el asunto está bastante feo.
Un abrazo

Rita dijo...

Hola, soy nueva aquí, ya sabes, pasando de un sitio a otro y llego a tu blog, me encuentro con un post cuyo tema me preocupa mucho, me hago tantas preguntas como tu y me contesto en algunas cosas como tu, es cierto que si les enseñamos a nuestros hijos la responsabilidad que tienen para los demás y para si mismos, les estaremos enseñando a respetar la naturaleza.
Y creo que lo que se está creando mayoritariamente son Belenes Esteban, ojalá fueran todos Eduardos Punset, me temo que no.
Encantada, un saludito

Eastriver dijo...

A veces es fundamental darle la vuelta al tópico (y todo se acaba convirtiendo en tópico a fuerza de ser dicho, por verdadero que sea) y mirar el problema desde otra perspectiva. Tienes razón en tu argumentación y además es absolutamente original: no solo el mundo que dejaremos a los hijos sino los hijos que le dejaremos al mundo. Pero seamos positivos, amigo Antonio. Es lo que me he propuesto esta primavera.

MAJECARMU dijo...

Buen post para comenzar mayo de forma consciente y en aras de mejorar interiormente..!
Renovar la educación,centrarnos en la sabiduría de la naturaleza para dar lo mejor a nuestros hijos..
..Y así ellos también aprenderán,sin duda alguna,con el ejemplo.
Mi felicitación y mi abrazo de mayo-madre.
M.Jesús

Antonio dijo...

Bienvenida, Rita, a esta casa. Lo lamentable es que nos han abierto una ventana mediante la que entran en casa las Belenes Esteban, como es la TV, mientras nosotros intentamos sembrar en nuestros hijos otros valores. En estos momentos hay un importante colectivo humano que intenta transmitir la cultura del valor de la sinergia con la naturaleza mientras otros quieren crear sujetos alienados y consumistas.
Un saludo

Antonio dijo...

Amigo Ramón, la primavera siempre nos lleva a lo positivo. Nos muestra la esenia de la vida y la fuerza de la naturaleza, por lo que acaba uno creyendo en que esa fuerza se acabará imponiendo, pero no siempre es primavera.
Un abrazo

Antonio dijo...

Hola Majecarmu. Tenemos una doble responsabilidad, cuidar de la naturaleza y enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo.
Un abrazo

Circe La Hechicera dijo...

Querido Antonio, coincidencialmente el tema que has expuesto, ha sido centro de atención entre mi grupo de amistades,quienes tenemos esa inquietud. Tenemos que revisarnos, en nuestras posturas, nuestra coherencia, creo que muchos tenemos conciencia de lo que sucede, pero quizás no sabemos como materializar nuestras intenciones para ser mas amables con el mundo, la tecnología que podría ser aliada, muchas veces es una amenaza porque va más rápido y más contundente que nuestras enseñanzas y valores, pienso que hay que tener más límites, pero el medio atenta contra eso y hace que caigamos sin querer en contradicciones. Me atrevo a decir, que abunda la falta de criterio por las ligerezas con que se manejan los asuntos sin medir las consecuencias a largo plazo. Un excelente tema, magistralmente expuesto. Que tengas una linda semana, te mando un super beso!!!

Abuela Ciber dijo...

Estupendo como lo has planteado, pero como veo a los jovenes y niños estamos dejando bastante mal parada a la raza humana.

Cariños

Antonio dijo...

Querida Circe, yo creo que tenemos un problema, podríamos decir, de tipo cognitivo. Nuestra cultura y sociedad nos ha ido mostrando que somos el centro del universo y que todo nos pertenece, por lo que podemos usarlo a nuestro antojo. Ahora vamos percibiendo que la naturaleza es más importante que nosotros mismos, que nuestra vida depende de ella y su estabilidad nutriente de nosotros. Esto crea problemas de conciencia pero también de confrontación con hábitos a los que no estamos muy dispuestos a renunciar por ser ventajosos para nosotros. ¿Cómo transmitir hábitos saludables y “ecológicos” si no somos capaces de mantenerlos y practicarlos?

Un beso trasatlántico

Antonio dijo...

Ciertamente Abuela. Estamos, como ya he comentado anteriormente a otros contertulios, atrapados por un entorno nada sugerente e incapaz de dar respuestas adecuadas a este problema.

Cariños

roxana dijo...

Excelente no podrias decirlo mejor. lo comparto totalmente. Buen enfoque!

Antonio dijo...

Gracias, Roxana. Un placer compartir ideas.

Maripaz Brugos dijo...

Antonio, muy buena la idea que has planteado. Está muy bien argumentada y es algo tan real, que casi se estremece uno.

Las dos cosas son de capital importancia: la primera para poder dejarles un lugar donde vivír con calidad de vida, y la segunda,porque solo trasmitiendo valores a las nuevas generaciones, ellas mismas seran capaces de trasmitirlo a los que vendran despues de ellas, haciendo este mundo mas habitable.

Antonio dijo...

Maripaz, lástima que no todo el mundo tenga las ideas tan claras como tú.
Gracias por tu por tu visita y comentario.

AROBOS dijo...

Pues parece que estamos dejando a nuestros hijos un mundo poco habitable; y unos hijos a este mundo -sin generalizar- que no creo que lo hagan mejor. No me gusta ser pesimista, pero de una visión del estado de cosas que vivimos parece que no puede sacarse otra conclusión que esa. Nos queda la esperanza.

Antonio dijo...

Estoy de acuerdo Arabos. La formación en este mundo tiene tantas aristas que resulta bastante difícil poder formar a los propios hijos en una dinámica distinta la que nos van colocando en los medios. De todas formas pienso que algo de conciencia se está despertando y puede que trascienda a las generaciones venideras, aunque necesiten un impacto fuerte para darse cuenta. Esa es la esperanza.

Ana Márquez dijo...

Escalofríos me da este tema. Hoy mismo he recibido un catálogo de productos de la tienda Tipo, una tienda especializada en artículos y moda para jóvenes. Me lo envían porque yo me suscribí a un catálogo de libros de la misma tienda, y ya me los envían los dos sin pedirme permiso ni nada. Te diré, ojo al dato, que el catálogo de libros me lo envían cada dos meses y éste otro de discos y artículos de consumo para jóvenes (y no tan jóvenes supongo) me lo envían cada dos semanas. Pues bien, desde que abres el catálogo lo único que ves en portadas de discos, en camisetas, en puzzles, en todo tipo de ropa, son imágenes que, al menos a mí, me resultan escalofriantes: sangre, cabezas cortadas, cementerios, espadas chorreantes, tarántulas gigantescas, armas de todo pelaje, serpientes amenazantes, muertos vivientes que se caen a pedazos mientras comenten alguna atrocidad, chicas atadas con cadenas y la omnipresente calavera o esqueleto completo que está por todos lados en todas las actitudes posibles (desde montada en moto hasta enarbolando un rifle de cañones recortados) y sangre, y sangre y más sangre.

Yo entiendo que la estética Gothic está muy en boga y que es sólo eso: un modo de entender la moda. Pero, hay algo tan violento, tan agresivo detrás de este estilo que me produce bastante desasosiego. ¿Por qué a los chicos actuales les interesa tanto todo lo que esté relacionado con la muerte y la violencia que la rodea? ¿Por qué ese placer en autolesionarse (peercigns, tatoos, cortarse la lengua en dos y demás salvajadas...) ¿Por qué ese placer en regodearse en lo oscuro cuando se supone que somos buscadores de luz? Todos hemos sido jóvenes y todos hemos gustado de enarbolar actitudes rebeldes de una u otra forma (yo, por ejemplo, fui bastante hippy en mis años mozos :-)), pero, esto de ahora... no sé, me asusta y creo que algo se nos está escapando de las manos, o que las tenemos atadas y ellos van en un camino que ya nos es imposible alcanzar. Y también me pregunto hasta qué punto nosotros somos culpables de esto. Los niños suelen acomodarse a lo que ven fuera de casa y no dentro. Quiero decir que esos críos que van por ahí con calaveras en las orejas , la lengua hendida y adorando la muerte no es eso lo que han vivido en casa. Sobre todo si son hijos de la generación hippy que proclamábamos justo lo contrario: la luz, los colores alegres en las ropas (y no ese negro constante de los chicos actuales), las flores, la paz, la alegría de vivir, el repudio de la violencia en cualquiera de sus formas, la hermandad entre todas las naciones.

Cabe preguntarse por qué este abismo generacional que nunca lo fue tanto como ahora. Cabe preguntarse, sí, qué podemos hacer para que la cosa no siga torciéndose. Pero yo, como Juan Pan, soy pesimista :-( por mucho que debatamos la cosa seguirá este rumbo actual. Las grandes empresas, desde las armamentistas a las creadoras de videojuegos ofrecen lo que el público pide, y el público pide violencia, hay algo muy feo y oscuro dentro del ser humano que le empuja hacia la competitividad y la agresión y eso, amigo Antonio, no lo vamos a arreglar por mucho que nos duela :-( Y si mostramos violencia hacia nuestros hermanos, imagínate lo que nos importará la salud del planeta.

Un beso grande, tu entrada, como siempre, me ha hecho pensar, que es al final, lo que importa. Ta pronto!

Antonio dijo...

Hola Ana. Interesante catálogo al que te refieres. Parece que lo que llama la atención de esta generación es el ejercicio de la violencia, aunque sea virtual. La verdad es que es una expresión de dominio y de poder. Poder es agredir, herir, quitar la vida, vencer… Eso quita frustración aparente, pero provoca conflicto interno y crea adicción. Es un reto que te va haciendo crecer, pero en un crecimiento más cercano a la perversión y al desarrollo de los peores instintos. No se potencia la bondad, la educación y el bien hacer, que es, al fin y al cabo, lo que provoca esas mismas conductas en los demás y genera convivencia pacífica.

La educación de nuestros hijos se escapa de nuestras manos y se va por todos los aspectos de la vida, por el juego, por la tele, por la lectura, por la escuela, por los amigos, por las películas, por los dibujos animados, por…. ¡Por Dios! ¿Dónde vamos?
Están ganando ellos, los que quieren a gente insolidaria, de instintos bajos, competitivos y depredadores; gente que sea capaz de desarrollar el mundo sin tener escrúpulos cuando se tope con la miseria ajena. Ese es un futuro que se está fraguando desde la tele y la tele tiene dueños. Los dueños buscan el dinero y vender aquello que les de pasta, aunque se lleve por delante los valores de toda una generación.

Puede que haya algo de la ley del péndulo. Se dio el mundo hippy, cargado de flores y amor y ahora, en contraposición, aflora uno de violencia. Las generaciones parece que se muevan por efecto rebote.

Bueno, gracias por tu amplia e interesante aportación.
Un beso

Anónimo dijo...

justo esta madrugada pensaba eso mismo... que mi vida no tiene el menor sentido, mi razón de vivir es mi hija. Me voy. Pero no sin ella. Ella es demasiado preciosa para este mundo podrido lleno de mentes retorcidas y corazones inhertes