miércoles, 25 de noviembre de 2009

Vámonos por la calzada cogidos de la mano.



Dragón hace un comentario en mi post anterior remitiéndonos a la obra de José Ingenieros. Al amparo de esa oferta desarrollo esta otra entrada como colofón a mi ocurrencia nº 14.

El Hombre mediocre es un libro del sociólogo y médico argentino José Ingenieros, publicado en el año 1913. La obra trata sobre la naturaleza del hombre, oponiendo dos tipos de personalidades: la del hombre mediocre y la del idealista, analizando las características morales de cada uno, y las formas y papeles que estos tipos de hombres han adoptado en la historia, la sociedad y la cultura.
Tuvo gran influencia en la juventud latinoamericana de su tiempo y en especial en el movimiento de la Reforma Universitaria iniciado en 1918.

El mediocre.El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. "Cuando la mediocracia encuba pollipavos no tienen atmósfera los aguiluchos".

El idealista.El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre. Sin los idealistas no habría progreso: su juventud y renovación son constantes. El idealista tiene su propia verdad y no se supedita a la de los otros; no se mueve por criterios acomodaticios, sino según ideales más altos. En cuanto a las circunstancias, su medio, la educación que recibe de otros, las personas que lo tutelan y las cosas que lo rodean, se levanta por encima de ellos: piensa por sí mismo. No busca el éxito, sino la gloria, ya que el éxito es solo momentáneo: tan pronto como llega se va.

La reflexión personal que me provoca es la siguiente:Visto lo visto y leído en nuestras publicaciones blogueras, creo que la mayoría nos encuadraríamos en el hombre y la mujer idealista. Eso me gusta, pues aún sintiéndose mediocre en algunos aspectos de la vida, el proceso evolutivo lo realizamos en huída de la mediocridad, salvo el estancamiento acomodaticio a esa vaguedad ideológica y entreguista que muchos practican.

Existe una masa social mediocre, entregada, nada idealista ni racionalmente crítica, que solo se ocupa de su bienestar egoístamente, que se somete a axiomas y principios tradicionalmente establecidos, nada cuestionables por ser dogmáticos, amparada y sostenida en la seguridad, parsimonia, despreocupación, etc. que le llevan a una vida tranquila y sosegada, sin conflictos por reflexiones inquisitoriales de la mente, que crean cuestionamientos, disquisiciones, controversias e inseguridades. Esta actitud social es un excelente caldo de cultivo para incautarse del poder los espabilados de turno, que mediante el sostenimiento de esa imagen de seguridad y satisfacción de las necesidades básicas y de las tradiciones, bloquean el desarrollo del idealismo, que acompaña a toda evolución, mediante el apoyo sistemático de esa mediocridad entregada.

La maleabilidad de esta masa es manifiesta. Desde un punto de vista sociológico está demostrado que, tocando los puntos y motivaciones adecuados, se puede dirigir esa multitud hacia los fines más disparatados, incluida la guerra. Es más, necesita líderes que les dirijan, que piensen por ellos, que sean capaces de gobernar y encauzar la solución de los problemas sin causarles quebraderos de cabeza. Son sujetos capaces de renunciar a su soberanía y entregársela a dictadorzuelos, o líderes de tres al cuarto, que son menos mediocres que ellos, para evitar pensar y preocuparse de los asuntos de la comunidad. Por tanto, como decía en mi ocurrencia anterior, con el dominio de los medios de comunicación se crea opinión, se consiguen adeptos y se aliena a la gente para obtener su consentimiento y entrega a la causa que defiende el líder.

Lógicamente, al poder establecido tradicionalmente no le interesa crear o potenciar los idealismos, o el idealista, puesto que ello conlleva el cuestionamiento sistemático de lo existente y la búsqueda de alternativas más justa, humanas y coherentes en la solución de los problemas y en la creación de estructuras de gestión más adecuadas a los intereses comunes de la sociedad y, por ende, a debatir el entramado que le sostiene en el poder. Seguirán practicando su adoctrinamiento, basado en los principios elementales que los sustentó siempre, y acusarán a los otros de adoctrinar en otra dirección al ciudadano, negando que ellos lo hagan dado que solo trasmiten lo existente, la tradición.

Pero, claro, el adoctrinamiento es básico en la ciudadanía. Se han de tener unos valores y creencias que lleven a actitudes y conductas que generen una sana convivencia. La convivencia mediante imposición de principios y valores es negativa, puesto que es coercitiva y castrante de la libertad. Entonces, lo lógico es definir esos principios que sean aceptados por todos y respetar las diferencias sin que se impongan creencias excluyentes y descalificadoras, haciendo que el ciudadano los asuma y practique, para el bien de la coexistencia.

¿Se podría llegar a un acuerdo de cuáles son estos valores? En todo caso, serían valores que ayudaran a salir de la mediocridad y llevar al desarrollo del idealismo social con posiciones de compatibilidad y no de enfrentamiento sistemático. Valores de receptividad y respeto, de tolerancia y aceptación de los demás, de rechazo a lo impuesto injustamente, el culto a la diversidad enriquecedora y a la soberanía del sujeto ciudadano sobre el Estado, entendiendo este como el resultado de una alianza de voluntades en lugar de una imposición de las mismas; de unas sinergias constructivas y sumatorias en lugar de la confrontación anuladora de energías y voluntades comunes. Creo que el camino, la calle, es un Estado laico, dónde se respeten las ideas de todos y cada uno, sus creencias y valores, pero que estas sean respetuosas que los principios generales. Que los adoctrinamientos religiosos se hagan en las iglesias, mezquitas, sinagogas o demás, y el adoctrinamiento social se haga en las escuelas, puesto que la escuela es el nexo común que une a todos los niños en el proceso de formación, sean de la religión que sean. La formación en la convivencia social es común mientras las creencias religiosas son personales y cuestiones de fe y no de razonamiento, bajo mi punto de vista.

Por tanto, propongo circular por la calzada, por en medio de la calle, acercándose más a una u otra acera en función de las circunstancias, buscando el solecito en los días de frío y la sombra en el calor, pero siempre por decisión propia y razonada, sin que nadie me obligue a ir por su acera y a comulgar con ruedas de molino. Establezcamos unas normas comunes de circulación para hacer compatible el tránsito por la calle de la vida, respetando la diversidad y los ritmos, pero enfrentándonos a aquellos que circulan en dirección contraria, a los que nos quieren parar u obligar a circular por la acera de sus intereses condicionando nuestra marcha. Al final de la calle está la realización personal, la consecución de los objetivos individuales y colectivos, vayamos juntos y en armonía.

Eso sí, para evitar ser “atropellados”, hagamos la calle peatonal, evitando que el poderoso, con su coche, nos haga subir a una de las aceras y no podamos comunicarnos con los que piensan de forma diferente. Por otro lado, siguiendo con el símil, el poderoso está acostumbrado a circular en vehículo ostentoso del poder, envidiable y causante de admiración. Ese vehículo deja muchos muertos en la cuneta, muchas diferencias e insatisfacciones, muchas injusticias distributivas, mucha insolidaridad... ¿Nos vamos todos andando y cogidos de la mano?


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lunes, 23 de noviembre de 2009

Ocurrencia 14 (La mediocridad)


Como sabéis, suelo colgar de cuando en cuando una ocurrencia. Le llamo ocurrencias a pensamientos de mayor o menor ingenio, que afloran de forma inesperada como respuesta a un estímulo casual, dónde la reflexión singular pretende plasmar una idea de cierta originalidad y de especial trascendencia en el proceso de razonamiento o asimilación de las vivencias personales. Toma ya explicación!!! Pido disculpas...

“La mediocridad siempre está en la acera de enfrente”.
En este caso, esta me surge tras ver las diferentes argumentaciones que se sustentan, sobre todo en política, para defender el posicionamiento personal respecto a las ideas. Se suele observar que, según la tendencia ideológica del sujeto, el calificativo de mediocre se coloca en el rival. Zapatero es un mediocre... Rajoy es un mediocre... etc. O sea, en la acera de enfrente, sin entrar en las connotaciones de orientación sexual que también se le dio a la referida acera.

Obviando las disquisiciones sobre estas valoraciones personales, sí pretendo reflexionar sobre el porqué se suele despreciar al rival, calificarle de mediocre y no darse cuenta de la propia mediocridad.

Según la RAE, mediocre es: “De calidad media”. “De poco mérito, tirando a malo”. Ser mediocre es el final de la inmensa mayoría de la sociedad, es lo normal, la calidad media. O bien, mediocre es quien se encuentra en medio, tirando para abajo. Esta última acepción es la que domina en estos descalificativos que usamos, en plan peyorativo, con respecto al rival político: la mediocridad tirando a malo.

La congruencia argumental, y por ende cognitiva, lleva, en muchas ocasiones, a la defensa a ultranza de nuestras ideas, sin fisuras ni aceptación de crítica. Esa posición de prepotencia, en consonancia con ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, específica de mentes cerradas, conlleva una actitud defensiva y de reafirmación rayando en el infantilismo o la inmadurez psicológica. Nada existe absolutamente bueno o malo. No valorar al otro implica la pérdida de la ocasión de aprender algo al conocerlo.

Los seres humanos funcionamos mucho por comparación. Se establecen unos baremos donde predomina el hecho comparativo. Yo soy más alto, más guapo o lo que fuere, que el otro. Por tanto, lo importante nos es, únicamente, que yo sea guapo, sino que el otro sea feo. En este sentido, el mundo de la política, por sus connotaciones especiales, es un buen ejemplo de ello. Ya no se trata de presentar las cosas en positivo, sino de hacerlo en el menor grado negativo. Es decir, el programa del otro, la actitud del otro, su honradez, etc. son malísimos... Yo soy malo, pero tú eres peor... ¡Pues anda que tú! Elige, pues, entre el menos malo.

Esa estrategia se forja en dos frentes, en mostrar mis bondades y en resaltar los defectos del otro. Hasta ahí la cosa está bien. Lo malo es cuando la estrategia se establece en denostar al otro prioritariamente, para evitar comprometerse en el programa propio. En pedir un cheque en blanco, basado en la confianza, porque el otro es muy malo y no se puede confiar en él, pero en mí sí, en lugar de hacer una oferta atrayente desde el punto de vista político. Por tanto, no me dedicaré a esclarecer mis propósitos, sino a maquillarme la cara y, si es posible, a rompérsela al contrario, así se me percibirá más guapo. Luego, hay que denostar al otro, acusarle de mediocridad, crear el convencimiento de su incompetencia, no reconociendo sus logros y exhibiendo sus errores, en convertirlo en un sujeto pusilánime, patético, inepto, torpe e ignorante. Incapaz de tomar las decisiones que fueran necesarias para dirigir un gobierno.

Así pues, el objetivo principal se centraría, cuando hablamos de los procesos embaucadores, en vilipendiar al contrario hasta crear una opinión generalizada de ineficacia y rechazo al adversario. ¿Cómo se puede hacer eso? Lógicamente, machacando con mensajes en esa dirección, mediante los medios que se tengan al alcance. En este caso los medios de comunicación de masas y la participación activa de los afines, de los de esta acera, para hacer ver la mediocridad en la acera de enfrente.

El papel de los medios requiere un análisis aparte, pero quien domina los medios crea opinión, sobre todo en gente de bajo perfil crítico y discernimiento limitado. Y quien domina los medios siempre es el dueño. El dueño es el dinero, el interés y el negocio... eso de la libertad de prensa es una utopía que, al menos yo, no me la trago sin hacer una amplia digestión de cada caso. Berlusconisss vendrá que nos abrirán los ojos, o nos los cerrarán llevándonos a la estulticia y a la sumisión, si no andamos alerta.

Y yo me pregunto: ¿No es más mediocre el que ve la mediocridad en la acera de enfrente sin ver la suya propia? Mucha gente no sabe bien donde está la acera de enfrente. Valga este chiste para dejar buen sabor de boca, relajar el debate y poner el colofón a la reflexión con una sonrisa (en este caso, el mediocre creo que es quien pregunta):

Se cuenta que un sujeto preguntó a un transeúnte dónde estaba la acera de enfrente.
El transeúnte le respondió:
- “allí”.
El sujeto sorprendido le respondió:
- ¡Pero si acabo de estar allí y me han dicho que está aquí!



domingo, 22 de noviembre de 2009

Viaje a Madrid


Madrid es una espléndida y maravillosa ciudad donde se conjuga la historia, el arte y la buena vida. Eso sí, en construcción continúa, en obras por doquier, pensando en las frustradas olimpiadas y en no sé qué más cosas… eso lo sabrá el señor Gallardón, su alcalde. Mi visita de tres días ha sido de relajo, ocio y disfrute de familiares, amigos y entorno.

Desde hace dos años tenemos la oportunidad de hacer un recorrido en dos horas y media desde Málaga a Madrid con el AVE. El AVE (Alta Velocidad Española), para quien no lo conozca, no es un pájaro volador, sino un tren de alta velocidad que circula a unos 270 Kms/hora, llegando en momentos, según el caso, a los 300 Kilómetros/hora. La suavidad con la que circula da sensación de ir a 90. Para allá nos fuimos en preferente, donde nos dieron el desayuno, la prensa y bebida, amén de la comodidad de los asientos. La vuelta la hicimos en clase turista que es casi lo mismo salvo el servicio de restauración, atención y precio.

Pensaba que encontraríamos lluvia y frío en la capital, pero nos sorprendió un noviembre primaveral, cálido, incluso caluroso en determinados momentos. Ello nos permitió hacer las visitas programadas, tanto para el día como para la noche.

A destacar la visita al museo Reina Sofía, donde presentaban la exposición “Definiendo el constructivismo” de Rodchenko y Popova, que nos situó en los años post-revolucionarios rusos, mostrando los cambios sufridos por el arte en su adaptación al proceso revolucionario. A parte de la visita al Guernika, pulular por el museo siempre es sorprendente, pues descubres nuevas obras no observadas antes. El edificio en sí, es una magnífica obra arquitectónica, dedicada a hospital en su creación por el rey Carlos III, modernizada y adecuada a su atividad actual.

Otra visita obligada para los amantes del arte, es el Museo del Prado, sobretodo después de su ampliación con los Jerónimos. Tuvimos la suerte de celebrarse el 190 aniversario de su inauguración, con entrada libre, televisión, radio y medios de comunicación en general, bullendo por allí. Visita, también obligada, a la exposición sobre la obra de Maino que se daba en el recinto ampliado. No se tiene perdón si no pasamos a saludar a nuestros amigos Velásquez, Goya, Murillo, Rubens, El Greco, etc… Un sinfín de obras pictóricas, soportadas en una excelente arquitectura, que hacen del museo uno de los mejores del mundo.

Descubrí algo que en mis visitas anteriores no había visto, como es el llamado “Tesoro del delfín”. Es una impresionante muestra de obras de orfebrería, cristalería y ornamentación que heredó Felipe V de su padre Luis, el Delfín de Francia, fallecido de viruela antes de llegar a suceder a su padre Luis XIV (el rey Sol), por lo que, al morir el rey, reinó en Francia Luis XV, su nieto, que escapó de la viruela que se había llevado por delante a su padre, su madre y sus hermanos mayores. Ocupando al trono de España Felipe de Anjou, llamado Felipe V, al morir sin descendencia Carlos II, desplazando la casa de Borbón a la casa de Austria, tras una larga y cruenta guerra civil donde sacaron la mayor tajada los ingleses. Siendo Gibraltar una de sus secuelas históricas.

Bueno, no todo va a ser arte pictórico y orfebrería. Existe otro arte que alegra la vida, como es el arte culinario, de la copa de vino y la tapa. Por cierto, la palabra tapa surge, precisamente, en Madrid, allá por el siglo XIX, cuando para que no cayeran moscas en el vaso de vino se tapaba este con un trozo de pan a modo de tapadera, pasando luego a comerse el pan después de beber el vino. Pues bien, nos fuimos de tapeo, de picos pardos, de pardeo, a echar unas cañas, a tomar copas, etc… existe un amplio abanico de expresiones para definir el acto social de tomar vinos con los amigos.

Madrid es una ciudad especial para el tapeo. Tiene infinidad de lugares donde encontrar diferentes ofertas y variedades de todo tipo, tanto de procedencia nacional como internacional. De todas formas hay lugares clásicos, con solera, que por sí mismos son un reclamo. Aparte de tomar un excelente bacalao y unas exquisitas croquetas en el Labra, de degustar el vino y las gambas de El Abuelo, los mariscos de la Ría, o estupendas cervezas, adornadas de paté y embutidos, en la plaza de Santa Ana, además de otros muchos y maravillosos sitios de nutrientes para el cuerpo y cultivo de la amistad, un buen paseo por sus iluminadas calles cosmopolitas, repletas de gente variopinta, es una experiencia saludable.

La sorprendente cálida noche otoñal, hace que disfrutes de ella con más ahínco y empeño. Es una alianza con la diosa Gea que controla el meteoro y nos ofrece el disfrute y gozo del contacto con un entorno bullicioso y afable para el deleite de los valores que sustentan y promueven el encuentro social en armonía.

No podemos olvidar su rica gastronomía. Nosotros, llevados por el famélico instinto, buscamos los placeres gastronómicos que ofrecía la villa y corte. Avanzando por la Avda. de Barcelona, disfrutamos de El Segoviano y su cochinillo, de la Chelito y su cocidito madrileño, del Royal y su codillo, etc… En suma, de los deleites de la cocina madrileña que rayaba en el puro hedonismo de la gula.

Desde aquí homenajeo a mis cuñados Antonio y Carmen, a los amigos Pepe y Adeli, a Pepe Arjona y Amparo, en cuya compañía todo fue más saludable y reconfortante. Cogidos, simbólicamente, de su mano deambulamos por la noche madrileña y solo nos faltó acudir al teatro para ver Bodas de Sangre, que por falta de tiempo se quedó fuera del programa.

Queridos amigos, Madrid es una de las ciudades que siempre vale la pena visitar, a pesar de las obras que dificultan el tránsito por sus calles. Os dejo un Slide con algunas fotos de la visita.
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viernes, 20 de noviembre de 2009

La poesía (humor)


Bueno, me fui a Madrid dejando un chiste para reír un poco, según el caso. De vuelta, para conectar de nuevo, me permito colgar otro.
La verdad es que nos lo hemos pasado de maravilla con la familia y amigos madrileños. Hemos tapeado, visitado el Reina Sofía, el Prado, la noche y el día madrileños, comido el cocidito y otras lindezas, contado chistes a mogollón y reído en demasía. Ya os contaré…

Dada la afición de la mayoría de los visitantes blogueros a la poesía os cuento este.
El caso es que había una señorita haciendo una entrevista para la TV (supongo que el Intermedio o similar) sobre lo que sabía la gente de la poesía.
La chica le pregunta a un joven con aspecto de algo limitadillo intelectualmente:
- ¿Me podría decir usted algo sobre la poesía?
El joven, sorprendido, se queda pensando y empieza a decir:
- A poesía… a poesía… a poesía llama a puegta, a poesía entra a casa, a poesía registra habitación de hegmano, a poesía encuentra drogga, a poesía se o lleva a cagcel…
La entrevistadora al ver que no había sido comprendida su pregunta le dice:
- Disculpe no me refería a la policía, me refería a…. a la poesía, “al poema”.
El otro responde:
- Ahhhh! Pedón, no había antendio… al poema… al poema… Al poema va seg cómo sacamos a mi hegmano de a cagcel…

A la próxima entrada le daré más seriedad, pero sin pasarse, que el mundo con una sonrisa es mucho mejor…

domingo, 15 de noviembre de 2009

El borracho y el cura (humor)


Como me iré unos días a Madrid y no podré colgar nada nuevo, os dejo un chistecillo que me ha mandado una amiga, religiosa ella, para que os riáis un poco, si os parece adecuado para ello:

Un borrachito olía a caña pura por los 4 costados, se sube a un autobús con su roñoso bolso y un periódico viejo, se sienta al lado de un Cura. Saca una botella con aguardiente barato y se toma todo lo que queda de un solo trago. Satisfecho, hace hip y eructa, agarra el periódico y se pone a leer. El Cura finge que el borracho no existe y disimula su incomodidad.
Al rato, el borracho se le queda mirando al Cura y le pregunta:
-'Oiga Padre, ¿Puede decirme qué carajo causa la artritis?'
El cura molesto, le responde en tono sarcástico:
-'Ciertamente la artritis es causada por llevar una vida profana, el andar frecuentando mujeres mundanas, los excesos con el tabaco y la bebida, en especial el alcohol; esas borracheras que terminan en noches de putas y muchas más de esas basuras y porquerías....'
-pa'laaaaaa mieeeeerda' responde el borracho volviendo a su lectura.
El Cura al rato, pensando en lo que le dijo al pobre infeliz, se conduele y decide disculparse y le dice en tono comprensivo:
-'Disculpe usted, no quise ser tan rudo hijo mío pero ¿desde cuándo sufre de artritis?'
-'¿Yoooo? Noooo.... nunca Padre!!!... sólo estaba leyendo este artículo del periódico que dice:.. 'El Papa sufre de artritis desde hace varios años....'

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El cura debería ser Monseñor Camino...

sábado, 14 de noviembre de 2009

Conclusiones.


Queridos/as amigos/as blogueros/as, gracias por tantas, amplias y acertadas aportaciones a mi post anterior. Vuestros comentarios han ido enmarcando y completando el mío. Esa es la idea y el sistema para compartir y reflexionar en compañía.

A parte de las respuestas o contestaciones que he hecho a vuestros comentarios a mi post anterior, he querido, a modo de resumen, plasmar una serie de puntos con las ideas, que yo considero básicas, para posicionarse en el tema y su trascendencia en la gestión de nuestra vida; por tanto, querría hacer algunas puntualizaciones a toro pasado, si bien estoy convencido de que se pueden ampliar de forma considerable, llegando al puro matiz, incluso. Son estas:

1.- El razonamiento contrafáctico es pernicioso cuando es escapista.
2.- Siempre es una falacia hipotética que manipulamos fuera de contexto.
3.- La ideación fantasiosa es necesaria para la salud mental, al igual que hacen los sueños cuando dormimos, pero sin sacarnos de nuestra realidad.
4.- Vivir, sistemáticamente, en la fantasía es signo de inmadurez psicológica.
5.- Lo que nos ha ocurrido es el resultado del camino elegido, y este era el mejor que se pensaba en el momento de la decisión.
6.- El resultado que tenemos es consecuencia de cómo hemos gestionado la situación que se creó con esa decisión y su evolución posterior.
7.- En la evaluación de nuestra vida ha de prevalecer el criterio intrasujeto. Es decir, cuales son las decisiones, actitudes, conductas, etc. que yo he ejecutado y dónde me he equivocado, para tomar buena nota.
8.- La felicidad no nos la da nadie, la forjamos nosotros. Los demás nos pueden allanar el camino, pero somos nosotros los que cultivamos en su conjunto la compleja relación hacia la felicidad.
9.- Ciertamente, hay contextos que dificultan sumamente la consecución de la felicidad, pero es nuestra actitud y la sistemática de afrontamiento que ejercemos la que nos facilita o complica las cosas.
10.- La felicidad no consiste en hacer lo que los demás esperan de mí, sino de compaginar lo que yo quiero hacer con lo que la sociedad me exige, siempre que sea asumible.
11.- Ante la duda, el conflicto interno es más perjudicial para el sujeto que el externo. Mi decisión siempre estará en preservar mi identidad y coherencia interna.
12.- Como dice Sabina en El pirata cojo, querremos vivir mil vidas, pero solo tenemos una y hemos de priorizar y decidir como la enfocamos.
13.- Elegimos lo que creemos que vale la pena. Vale la pena, entendida como que “el placer que recibiremos con la decisión es superior a la pena que nos producirá renunciar a las otras alternativas”.
14.- Un solo proyecto de vida, sujeto a las revisiones que se tengan que hacer en función de la evolución que se dé, pero solo cabe un proyecto, por muy complejo que sea.
15.- Las decisiones para cambiar nuestro futuro no pasan por el pasado, sino por el presente.





miércoles, 11 de noviembre de 2009

Razonamiento contrafáctico


Hace algún tiempo que quiero compartir con vosotros una reflexión sobre el llamado “razonamiento contrafáctico”… ¡Toma ya! La gente tiene la mala costumbre de ponerle nombres raros a las cosas. Bueno, se trata de ese razonamiento hipotético que hacemos cuando decimos ¿Qué habría sido de mí, o habría pasado en mi vida, si en lugar de esto hubiera hecho lo otro en aquel momento? Es decir, si en lugar de casarme con mi esposa o esposo lo hubiera hecho con aquel o aquella chavala tan maja que me andaba a la zaga, por poner un ejemplo. Por tanto es un razonamiento contra un hecho determinado, que podría haber sido diferente si hubiera tomado otra decisión o actitud, si se hubiera producido otro hecho, que tenía como alternativo en ese momento.

Nuestra vida está cargada de cruces de caminos en los que hemos tenido que decidir cual de ellos tomar. Nos casamos con una persona, estudiamos o no una carrera, resolvemos coger un trabajo u oficio, optamos por vivir en una ciudad, nos rodeamos de amigos, etc. En suma, diseñamos y elegimos un proyecto de vida que a la largo nos gratifica, o no lo hace, estamos contentos con la evolución de las cosas, o no lo estamos, nos sentimos felices con nuestra existencia o desgraciados… o, en todo caso, podemos estarlo a medias tintas.

Ciertamente, cuando nos hacemos esa pregunta sobre como habría sido nuestra vida si tal cosa… nos podemos imaginar una evolución de los hechos que vamos controlando, puesto que nuestra mente es la encargada de montarse la película que nos interesa, partiendo de la situación ideal que se daba en ese momento. Somos nosotros los dueños y gestores del pensamiento y lo modulamos y orientamos hacia donde nos pueda interesar. Asunto falaz, pues no es objetivo ni puede serlo. Aunque podamos valorar otras informaciones. Por ejemplo, en el caso del novio o la novia que se quedó en la estacada, podemos recabar información y analizarla, cruzándola con nuestra propia evolución, y deducir cómo hubieran ido las cosas. Volvemos a idealizar el asunto, sobre todo cuando la vida no nos va todo lo bien que quisiéramos, aunque también puede ser un sano ejercicio comparativo inducido y producido por la curiosidad, sin más.

El hecho es que ese razonamiento es totalmente falso e imaginario y, por ende, escapa a la realidad que pudiera haberse dado. Parece como si, anclados en aquel momento, diseñemos y manipulemos nuestra hipotética historia para llevarla a donde nos interesa colocarla y satisfacer esa curiosidad. Pero no la sometemos al contacto del día a día, a la necesidad de confrontación de ideas, de evolución personal, de resolución de conflictos… en suma a la convivencia diaria, a la prueba del nueve. Y es ahí donde está la clave, en la gestión de esa convivencia diaria.

Lo curioso es que solemos recurrir, por lo general, a ese ensayo imaginario cuando las cosas no van bien, cuando esa gestión no ha dado sus frutos y parece que buscáramos en nuestro interior otra oportunidad fantaseada para, inconscientemente, escapar de esa situación inventando alternativas falaces o ficticias. Craso error. Si nuestra vida empezó a fraguarse en el ayer, ese ayer ya no existe, ni somos los que éramos, ni estamos donde estábamos, ni las otras personas siguen esperándonos. Nuestra vida es la actual, con nuestras bondades y miserias, con los resultados obtenidos a lo largo del tiempo, nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestros errores y nuestros aciertos; en suma, nuestra evolución personal en el entorno que nos fue dado.

Mirar para atrás en plan anhelante es puramente ilusorio. La clave, bajo mi punto de vista, está en saber valorar lo que se tiene, donde se está en este momento y cuales son las alternativas que se pueden estimar en la toma de decisiones, si de ello se trata. En todo caso, cualquier buena evaluación de una situación pasa por apreciar lo positivo y como reconducirla hacia el lugar adecuado. Hacer hipótesis de fantasías ilusorias es contraproducente, pues, en todo caso, lo que hará será separarnos más de la realidad que nos rodea y situarnos en un mundo irreal, ficticio y carente de solidez para resolver el conflicto o la cuestión que nos planteemos.

Es cierto que la fantasía es una forma de vivir la vida en plan sueño despierto. Es decir un sistema íntimo de llenar los espacios vacíos, que nuestras vivencias nos han ido dejando, después de haberse abierto la puerta a esa experiencia. Es bueno porque hay que matar el deseo y satisfacer esa fantasía para abolirla, pero el riesgo está en que no la dominemos y nos lancemos a una búsqueda imaginaria de situaciones idílicas que nos separe de nuestra vida real, con su cierto nivel de insatisfacción y descontento.

Por tanto, piensa en tu viejo amor si quieres, pero no fantasees con que las cosas te habrían ido mejor, pues no tienes ni idea de cómo habrían resultado las interacciones que la convivencia te hubiera deparado. Valora lo que tienes y obra en consecuencia, porque puede que sea tu incompetencia, en el devenir diario, la que te ha llevado a esta situación de insatisfacción personal o fracaso. Si es así, también fracasarás en el próximo intento y solo te resultará satisfactorio el imaginario y fantasioso, el inventado, porque tú dominas tu pensamiento y lo diriges hacia el resultado que te apetece, y eso es jugar con trampa. No mires para atrás, salvo para aprender. Desde el presente, mira hacia delante, que es lo que te espera…

lunes, 9 de noviembre de 2009

Miopía


He vuelto a las andadas, del verbo andar, claro... Paseando, como siempre, por mi ciudad (algún día os la presentaré en un paseo virtual en el que me acompañaréis), meditando durante el tránsito, conjugando las vistas de sus hermosas, luminosas y espléndidas calles con ese borboteo continuo que surge en nuestras mentes, con ese flujo mental que nos hace cavilar sistemáticamente, me retrotraje a mi post anterior y, si bien hablaba de la orientación de nuestro sentidos y su disposición para percibir el entorno lo más acertadamente posible, no dejo de pensar que existen infinidad de alteraciones que complican las cosas, que nos hacen menos objetivos y que nos ciegan o impiden ver la realidad.

Reconozco que tengo un intelecto rumiante y que es esa forma de ensimismamiento la que me permite elaborar mis pensamientos, abstraído en un proceso deliberado de repensar, hilando e hilvanando las ideas hasta desembocar en las reflexiones o conclusiones finales, que luego os presento, para compartirlas con todos los lectores de mi blog. Ahora, otra semana más, en mi bodeguilla, en la soledad de la noche otoñal, al amparo de la chimenea, estructuro el pensamiento apuntalado en mi paseo urbano.

Ante todo quiero hacer algunas precisiones. El ser humano es egoísta por definición, mejor dicho, por necesidad. Su primer objetivo y responsabilidad es velar por su propia vida e integridad y buscar los nutrientes para sostenerla. Su inteligencia es una herramienta que usa para computar los elementos externos y obrar en consecuencia, siempre actuando, de una forma u otra, en el propio beneficio o en el de la colectividad a la que pertenece, puesto que de ello también sacará el suyo. Por tanto, como ya he dicho en otras ocasiones, conjuga tres instintos, el de nutrición, el de reproducción y el de socialización. Todos ellos están enfocados y abocados a la conservación de la especie. El de nutrición porque si no come muere, el de reproducción porque es el que garantiza la trascendencia de la especie en el tiempo y el de socialización porque sabe que solo no puede enfrentarse a los avatares de la vida, a los depredadores y a los enemigos potenciales que le rodean. La inteligencia hace el resto, establece conductas de acoplamiento, beneficiosas para conseguir lo que pretende, para modular el egoísmo que actúa como motor y centra en sí mismo el eje de su actuación.

Es de vital importancia, bajo mi punto de vista, el equilibrio entre estos tres grandes instintos para mantener la armonía existencial. Nutrirse, crecer en interrelación para mejorar la especie y desarrollarse hasta la utopía de la autorrealización. Para poder trascender al mañana mediante el mensaje genético, que proyectamos en nuestros propios hijos y el aporte educacional, o formativo, en cuanto a sus conductas y valores. Al mismo tiempo es nuestra aportación a la mejora de la sociedad, que nos acoge, otra de las obligaciones u objetivos básicos del ser humano. Por tanto, no podemos obviar la trascendencia del hombre a través de su obra personal y su genética, los dos elementos que conforman al individuo, su estructura física y su componente formativo, educacional, que modulará su esencia psicológica. El más allá, lo que resulte después de nuestra marcha, será, en parte, responsabilidad nuestra, la herencia que dejemos a nuestros descendientes, el aporte que hagamos a la perpetuación y el sostenimiento de la especie.

El hedonismo irresponsable, la búsqueda del goce sistemático, del placer sin más, es un acto irreflexivo cuando se fragua en la destrucción y el ataque al entorno que nos sustenta. Yo soy un defensor del goce y me rebelo contra la idea de sufridor, dolor y martirio que nos han ido imponiendo a lo largo de nuestra cultura judeo-cristiana. Yo creo en el goce hedonista, pero en el constructivo, en el compartido responsablemente, en el que respeta a los demás, al entorno y siembra en entendimiento y el encuentro entre el conjunto de la creación.

Digo conjunto de la creación porque veo a la naturaleza como madre sustentadora y nutriente de toda la vida vegetal o animal que nos rodea. Ella está dispuesta a darnos su fruto, pero de forma ordenada, formando parte de un todo cósmico, universal, que es nuestra casa y la de nuestros hijos y nietos, de nuestros descendientes que garantizan la especie. Los antropólogos saben perfectamente que existen culturas apegadas a la tierra, en armonía con ella, a la que veneran como madre. Quechuas, aymaras y otras etnias andinas americanas la consideran la Pachamama, la madre tierra, a la que aman y cuidan, en justa reciprocidad, por sus aportaciones a su sustento.

Sin embargo en nuestra cultura no se da esa simbiosis. Nosotros hemos entendido que Dios nos colocó aquí como reyes del universo y que tenemos derecho a todo. La tierra es nuestra, los animales que la pueblan están a nuestro servicio, y somos dueños de sus vidas, la naturaleza debe producir para nosotros, aún sometiéndola a sobreexplotación. La perforamos hasta sus entrañas para sacar su energía y revertimos en el medio ambiente nuestras toxinas del “progreso incontrolado”. Somos unos inconscientes que andamos mordiendo la mano que nos sustenta, pero hemos tenido la habilidad de establecer unas creencias que nos dan carta blanca para hacer lo que estimemos conveniente. Hemos creado una religión, unas convicciones, en la que somos el centro del universo y lo demás está sometido a nuestra voluntad.

Todo esto se da por la MIOPÍA que estamos mostrando. No vemos más allá de la rentabilidad inmediata. El mundo político sigue siendo el más miope de todos, saben que los votos se consiguen con resultados inmediatos y que nuestra ceguera de ciudadanos votantes, no nos deja ver más allá, queremos lo inmediato. A largo plazo puede que no estemos, que no existamos y… quien venga detrás que arree. Entonces se antepone el instinto de nutrición al que me refería, por encima de los otros y olvidamos la trascendencia. Impera el egoísmo y la codicia sobre lo racional y solidario. Lo importante es estar bien, sin mirar las consecuencias que nuestro bienestar pueda acarrear al ecosistema. Por tanto somos miopes, no vemos más allá del día a día. ¿Para qué se nos han dado dos ojos, para mirar a derecha e izquierda, sin no vemos hacia el frente, hacia el mañana? ¿Cómo somos tan miopes que no vemos la trascendencia que llevamos en nuestros genes?

La gran culpable es esa cultura ancestral que nos sitúa en el centro de la creación, que potencia el egoísmo y la codicia a que me he referido. El sistema socioeconómico que establece el poder del dinero sobre cualquier otro, que subyuga el ciudadano al capital y a la producción, entendiendo que el progreso es tener más, en lugar de SER más. Cuando volvamos nuestra mirada a la naturaleza, al entorno connivente y cómplice que nos ayuda a crecer en armonía, sin la avaricia y el egoísmo que subyacente en nuestro instinto básico, podremos volar en paz y concordia con el entorno, sin guerras de intereses económicos y energéticos de multinacionales ladronas y esclavizantes que piensan en sí mismas antes que en el ciudadano y su provecho.

Este mundo requiere un cambio radical. Un cambio en el que las sociedades multinacionales que usan las estrategias mafiosas, sátrapas, que solo pretenden el beneficio individual o de grupo, dé paso a una sociedad más justa, equitativa, donde el ser humano esté por encima de cualquier otra preferencia, dónde se priorice lo importante para la humanidad en su conjunto, ante los intereses de colectivos económicos de poder, dónde se extienda el entendimiento y no la confrontación por los bienes y riquezas de esa tierra, que es de todos.

Cuando se forja un gran capital o es producto del latrocinio, de la especulación o de la explotación del trabajo y producción ajena, salvo raras excepciones. La historia está cargada de casos que lo demuestran. Me sonrojo ante salarios astronómicos, aunque sean en empresas privadas, de banqueros codiciosos y usureros, ante fichajes de figuras galácticas que saben dar patadas magistralmente, pero nada más, ante las actitudes de sujetos que piden se les ponga donde haya dinero, que ellos ya sabrán que hacer para enriquecerse. Me entristece ver como la mayoría de los ciudadanos han trabajado duramente, a lo largo de su vida, para poder pagar una casa, formar un hogar, criar unos hijos, sustentar a la familia y, al final, no tienen nada por nacer fuera del cauce del dinero, porque la suerte no les acompañó o porque forman parte del colectivo de la masa. Pero lo que más me entristece es que esos ciudadanos no se percaten y rebelen contra esa injusticia, que acudan al campo de fútbol y defienda a la figura de turno, que se contenten con las migajas que caen de la mesa del señor sin denunciar sus abusos. El capital es miope, cuando no ciego, pues solo ve el beneficio a corto plazo y se cree dueño de todo, todo lo compra, todo lo puede, todo le pertenece… hasta la vida de los seres humanos cuando se interponen en el camino de sus intereses.

Nos han hecho miopes. No vemos más allá de nuestras narices y seguimos atrapados en un mundo injusto, dónde la miseria nos la han colocado en otro lugar, para, mediante la comparación, no darnos cuenta de la nuestra, de la propia. Un mundo donde se arremete contra la naturaleza, que es el garante del futuro. Un mundo donde los seres humanos forman parte de los mecanismos de producción que enriquece a unos pocos, en lugar de ser el eje de nuestra cultura. Un mundo donde la picaresca y la especulación se premian con el éxito, mientras el trabajo y desarrollo personal se castiga con la indiferencia, salvo excepciones blanqueadoras de conciencias. ¿Quién nos trajo e implantó estas ideas? ¿Quién se beneficia de todo esto? ¿Quién creó esta cultura del poder y el sometimiento en beneficio de unos pocos? …

He saltado de la mesa y abandonado la bodeguilla. He dejado el ordenador y me he salido al patio. No puedo seguir escribiendo. Vuelvo por mi copa de vino dorado y observo la luna entre las hojas de la parra, escondiéndose al trasluz de los jazmines y jugueteando tras las nubes. Un coro de estrellas la arropan, cantando un aria celestial, mostrando la inmensidad del cosmos. Yo, tomando conciencia de mi insignificancia, me siento impotente y solo me queda un consuelo: pensar que mi misión está en aclarar mi mente, en discernir y procurar que este pequeño grano de arena aporté la máxima calidad posible para cambiar esta injusta sociedad… y decido mostrar lo que pienso. Es como regalar mi energía mental para compartir mis reflexiones en pos de un mundo mejor.

Entonces brindo con la luna y su comparsa, porque tras la oscura noche, donde ella me presta su luz para ver más claro, vendrá la mañana cargado de sol que ilumine el día, que traiga esperanza, donde todo cambie y desaparezca la penumbra oscura que nos acompaña, que nazca de nuevo un mundo más justo, donde la codicia, con el egoísmo, ya no pinten nada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mi color preferido


Ahora que ando en mi bodeguilla, al calor de fuego de la chimenea, con la voz de soprano de Sarah Brightman de fondo, rodeado de mi obra bricolajera, en franca meditación y reflexión con mi interior, a las tantas de la noche y degustando una copa de vino dorado y cargado del dulce sabor de mi tierra, me viene a la memoria que os debo un relato sobre la reflexión a que me indujo mi compañero y amigo en la dirección del hospital, cuando me dijo aquello de: “En el fondo estás resultando un rojillo”. Sinceramente, me marché pensando en eso de los colores y si realmente tenían algo que ver con el posicionamiento ideológico o no. Es evidente que desde hace tiempo se identificó a la izquierda con el color rojo y a la derecha, sobre todo en España, con el color azul.

A mí me indujo a una reflexión sobre eso de “en el fondo”, pues hice una introyección e intenté deslizarme por mi interior buscando cómo era yo en realidad, en el fondo, a ver si descubría que elementos podían dilucidar mis pensamientos e ideas y cual era mi disposición anatomofisiológica para afrontar las experiencias y vivencia del subsistir. En suma, intenté buscar mi esencia, desvestido de prejuicios e ideas preconcebidas. Esas ideas que desde pequeñito nos van metiendo en el coco y van calando hasta condicionar nuestra vida, nuestra existencia. Son ideas que nos pueden hacer esclavos de tendencias, posicionamientos, convicciones o fidelidades a principios ajenos que nos fueron colocando en el proceso de socialización. Normas o creencias que debimos acatar y asumir como condicionantes para integrarnos en una sociedad injusta, discriminadora y arbitraria que nos obliga a competir para tener más y colocarnos por encima de los demás, en plan ostentoso, incluso vejatorio para con el semejante. Esas son las reglas del juego que metódicamente te enajenan y llevan, de forma inconsciente, a un combate que puede resultar interiormente displacente, pero que extrínsecamente es reconocido como exitoso. Por tanto, me desvestí de esos prejuicios para intentar hacer un análisis aséptico y limpio, aunque original.

Bien, pues en ese ejercicio de introducción en mí mismo, que te invito a realizar, fui intentando ver como estaba predispuesto mi organismo y cuales eran los acomodos estructurales que me orientaban en la percepción de mi entorno, en el proceso vital que daba razón a mi existencia.

Entonces vi que el sustento básico de todo mi cuerpo se canalizaba a través de mi sangre. La arterial, de color rojo por la hemoglobina, a caballo de mis hematíes, transportaba los nutrientes y el oxígeno que requería mis células para subsistir y cumplir con su cometido. El color azul, o algo más azul y menos rojo, se reservaba a mi sangre venosa, cuando venía cargada de toxinas y detritus procedentes de la metabolización celular y la combustión energética, cuando ejercía la limpieza de CO2 o anhídrido carbónico. Es decir, el rojo llevaba el nutriente y el livianamente azul retiraba las excreciones. Pero mirando el motor, es decir el corazón que bombea la sangre nutriente y purificadora, vi que estaba ligeramente situado a la izquierda.

Entonces me decidí a ahondar un poco más y pensé que, si la base de la comunicación y comprensión del mundo estaba en el análisis de los estímulos que recibimos del entorno, era imprescindible analizar la disposición de los receptores de esos sentidos, que nos informaban de lo que sucedía a nuestro alrededor.

A la sazón vi que tenía dos oídos, uno para oír a la derecha y otro a la izquierda con lo que podría poseer una información bastante precisa de lo que se emitía a ambos lados. Pensé, entonces, que había gente sorda de los dos lados, resultando sujetos que no escuchan a nadie, que se creen en posesión de la verdad absoluta y por tanto se cierran en sus propias creencias, sin contrastarlas con el estímulo que llega desde el exterior. Otros, aquejados la mayoría de las veces de hipoacusia unilateral, solo escuchan por un lado, al que le dan toda credibilidad y al otro lo obvian o no lo atienden, con lo que difícilmente podrá rebatirlo al no comprender su posición o empatizar con él. Suelen ser sujetos intolerantes, que tienen su beneficio en ese lado que escuchan, percibiendo a la gente del otro como enemigos, en lugar de complementos informativos dignos de analizar para sacar unas conclusiones de la vida, y de las cosas del devenir, de forma más precisa. Luego hay gente que escucha atentamente a ambos lados, sin importarle las burradas que pueda escuchar, salvo para rebatirlas y aclarar sus propios pensamientos consolidando sus ideas. Estas son las mentes abiertas a que tantas veces aludo.

También tenía dos ojos, uno a la derecha y otro a la izquierda para ver todo lo que me envolvía; de esta forma podría tener una visión completa de mi entorno. Mi nariz, donde albergaba el sentido del olfato, también tenía dos fosas nasales, a derecha e izquierda, para poder oler los efluvios que emanaban de ambos lados (no agradables en muchas ocasiones). Mis manos, una a la derecha y otra a la izquierda, intentaban saludar y tomar el pulso a ambos lados y, con el tacto adecuado, poder conjugar la harmonía de mi contexto. Lo mismo que pensé para los oídos, apliqué a los ojos, el olfato y las manos. Siempre había quien no lo usaba, quien solo usaba un lado y quien le sacaba el máximo jugo utilizando ambos lados.

Toda esta comunicación fluía a mi cerebro. Un único órgano que, aunque tuviera dos hemisferios, computaba, de forma coherente y centrada, la información. Era el encargado de darle sentido a todo, de conjugar todos los informes para estructurar un pensamiento constructivo que me ayudara a comprender el mundo y, por ende, a desarrollarme libremente y en armonía con mi entorno. El cerebro, pues, es el gran forjador de las ideas. Para que estas sean lo más cercanas a la realidad deben percibir la máxima información posible.

Pero mi entorno requiere comunicación, interacción para desarrollar la interactivación que permite el intercambio y flujo de nutrientes enriquecedores, que permitan el acercamiento y compartir experiencias y vivencias entre los sujetos que lo componen, que transmita esas ideas que elabora el cerebro. Si las ideas se quedan en el interior todo el proceso y el trabajo, desarrollado por la mente, solo servirá para el sujeto, sin trascender al exterior para que otros las conozcan, analicen y compartan

Entonces tendría que darle protagonismo a esa comunicación, con la que formular los mensajes que nos permitieran el flujo de las ideas, pensamientos y argumentos para entendernos y complementarnos los unos a los otros. Para eso esta la voz, el verbo que fluye, o debe fluir, libremente manifestando el resultado de esa computación cerebral. Solo tengo una boca, una laringe para modular mi voz y decir aquello que debo expresar. Ello indica que he de ser asertivo y veraz, convencido de lo que pienso y capaz de comunicarlo con respeto y consideración hacia los demás, compartiendo sus propios pensamientos y abierto a entender y comprender sus mensajes en base a la razón que los sustentan. Ser libre implica no dejarme avasallar por los sonidos de uno u otro lado, sino ser capaz de discernir por mis propios medios, sin dependencia a consignas externas establecidas por otros.

Mi cuerpo me acaba de dar una soberana lección. Su disposición me ha enseñado que todos mis sentidos están orientados hacia la comprensión del entorno, sea cual sea la procedencia del estímulo y que debo aprovechar esa disposición para sacar la máxima información que me permita un análisis coherente y veraz con la que fraguar mis principios y valores humanos. Que el color predominante de mi interior es el rojo de mi sangre nutriente, que porta la vitalidad. Finalmente he de reconocer que mi corazón, como motor de la vida está ligeramente inclinado a la izquierda.

Si mi cuerpo, fraguado a lo largo de siglos y milenios, se ha dispuesto así, llevado por los avatares y las vicisitudes de la existencia de mis antepasados… ¿No me estará orientando en mi actitud ante la vida?