martes, 26 de diciembre de 2006

¿Y si nos jubilamos?

Hoy me permito colgar en mi blog la disertación que realicé en el Colegio de Enfermería, a petición de mi buen amigo Juan Antonio Astorga, presidente del mismo, el día en que se nos ofreció un homenaje a todos los profesionales que nos habiamos jubilado el año 2005. Es posible que muchos os veáis reflejados en ella.
También podéis encontrarlo en la siguiente dirección:
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¿COMO AFRONTAR LA JUBILACIÓN?

Queridos compañeros/as y amigos/as, permitidme primero que salude especialmente a D. José Luis Marcos y a Dña. Agurtzane Escalera, Delegados de la Consejería de Gobierno y de Salud de la Junta de Andalucía, respectivamente, que nos honran hoy con su presencia. En ambos casos nos podemos sentir orgullosos de que dos profesionales de la Enfermería, tan cualificados como ellos, ostente esa importante representación. Yo, por mi parte, quiero manifestarles, como ellos ya conocen, mi admiración y personal aprecio, fraguado en el ejercicio de la profesión, donde hemos compartido experiencias y vivencias hace algunos años.

También quiero agradecer a nuestro presidente, D. Juan Antonio Astorga, el que me haya propuesto para hacer algunas reflexiones en nombre de todos los jubilados del pasado año y, por supuesto, la deferencia que el Colegio tiene con nosotros al hacernos este homenaje. Siempre ha sido nuestra casa y hoy lo es más que nunca.

Evidentemente, hablar en nombre de todos los jubilados puede resultar una osadía. Somos y pensamos de forma variada, diferentes en muchos aspectos, en ideas y opiniones, lo cual nos enriquece, pero nos sentimos unidos en un único cuerpo profesional que nos distingue y orienta en la misma dirección. En esto sí que somos todos iguales. Somos profesionales de la Enfermería y a ello hemos dedicado nuestra vida laboral durante muchos años. Por tanto, solo querría hacer algunas reflexiones para compartirlas con vosotros. Una visión retrospectiva de lo que hemos aportado a esta sociedad, que se completa con otra visión, en este caso, prospectiva del devenir que nos espera como jubilados.

Nuestra generación
Pertenecemos a una generación de la que debemos sentirnos orgullosos. Una generación peculiar y singular que ha transitado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Nos hemos visto envueltos, de una u otra forma, en los hechos y circunstancias que han conformado el proceso evolutivo de mayor envergadura que se ha conocido en los últimos siglos con relación, no solo a Europa, sino a todo el mundo. La transición democrática, como referente específico, fue fruto del esfuerzo de esta generación. Política y sociológicamente hemos conseguido una “sociedad del bienestar” donde la asistencia sanitaria y la protección social son elementos claves a considerar. Ahí hemos estado nosotros. En suma, hemos participado activamente para ubicar a España y Andalucía en las estructuras europeas, en igualdad de condiciones con el resto de países que la integran. Hemos trabajado duro, con deficiencias en recursos humanos y materiales, que han sido suplidos con esfuerzo, entrega, imaginación y creatividad.

En esta línea, muchos sufrimos las penurias de nuestra infancia, ayudamos a nuestros padres en la juventud, compaginamos estudio y trabajo, y posteriormente nos volcamos en ayudar a nuestros hijos para que no sintieran las necesidades que nosotros habíamos tenido. Una generación esforzada, donde la empatía y la entrega han sido una constante.

Yo recuerdo, con cierta nostalgia, no por desear aquello tiempos, sino porque era joven, mi escuela de ATSs en Barcelona, ciudad a la que marché a trabajar con mi familia, en plan emigrante y a lo que saliera. Era una escuela masculina (¿Os acordáis de la separación de sexos?), nocturna, pensada para los que trabajamos en jornada laboral normal y estudiábamos por la tarde-noche. ¡Qué duro era aquello! ¡Cuanto costaba estudiar a las clases menos favorecidas!

Pero, en fin, así era la vida y así tuvimos que afrontarla. Tal vez eso nos dotó de unos principios y valores que nos hicieron madurar prematuramente. Posiblemente, ello me empujó a licenciarme en Psicología más adelante y entender la vida como un continuo aprendizaje, como un camino de superación y autorrealización que te lleve a estar contento contigo mismo, satisfecho con la realidad que te has fraguado tras analizar de donde vienes y donde estás. Mi culminación personal fue la titularidad como Profesor de Escuela Universitaria, antes de que la enfermedad me apartara de ese camino.

Nuestro trabajo
Por otro lado, ¡Cómo ha cambiado nuestro trabajo! ¿Quién no recuerda, aunque ya sea un tópico, aquellas jeringas de cristal y agujas metálicas, que teníamos que esterilizar para poner un inyectable? El material de un solo uso, ese de los fungibles, era un lujo. La primera vez que vi un Drum quedé alucinado: ¡Qué maravilla! Fuera venotomías, subclavias, yugulares y demás, podíamos llegar a la aurícula derecha con un pinchazo y desenroscando aquello… Eso sí, ¡cuidado con las flebitis…!

El nuevo material, la tecnología y el incremento de recursos permitió ir mejorando, poco a poco, nuestras condiciones de trabajo. Aquellas camas, con las manivelas inoperantes por exceso de uso, que resultaban difíciles de posicionar para situar al paciente de la mejor forma posible, hoy se mueven con motor y mando manual que maneja el propio usuario o su familia en muchos casos.

Y… ¿qué me decís de la informática? Lo ha revolucionado todo. Nos hemos adaptado, dentro de lo posible, al uso de unos artilugios con los que hemos tenidos serias discusiones y peleas, que no siempre hemos sabido ganar. La informatización de las historias, la gestión de recursos humanos, los planes de cuidados, los GDRs, los protocolos, etc. han cambiado la sistemática del trabajo. Nos ha sumido en un proceso que, en muchos casos, nos ha venido largo. Ver como esos chicos jóvenes se desenvolvían con las nuevas tecnologías, su desparpajo y soltura natural y familiar en su manejo, era un acicate para enfrentarnos a ello.

El uso racional del material fungible nos ha permitido, también, facilitar nuestra labor profesional, trabajar con mayor asepsia y precisión y menos iatrogenia. Hemos pasado de una situación paupérrima en recursos a la disposición de medios insospechados unos años antes. Mientras, la Enfermería, en otros países, iba por delante en cuanto a recursos y preparación teórica, desarrollando modelos que más adelante deberíamos asumir nosotros.

Nuestra profesión
En este sentido, también la Enfermería en España ha sufrido una importante transformación de la que somos artífices. Hemos pasado de ATS a Diplomados en Enfermería, entrando en la Universidad por la puerta grande. Ahora estamos a las puertas de la homologación con el resto de Europa, con una ampliación del campo de estudio. El desarrollo de las especialidades y el enfoque al Grado, Master y Doctorado, nos dará una mayor autonomía profesional y más posibilidad de desarrollo.

Pero… ¿de donde venimos y hacia donde vamos? Estudiamos materias propias de medicina, puesto que éramos Ayudantes Técnicos Sanitarios a las órdenes del facultativo, bajo cuya tutela aplicábamos las técnicas que se nos indicaban. Nos formaron médicos básicamente. Más adelante, con la inclusión en la Universidad, cambio el programa de estudios, se incluyeron materias más propias de la Enfermería y se desarrolló una nueva filosofía con un cuerpo doctrinal específico basado en modelos propios. Ello nos obligó a una “puesta a punto” o reciclaje, que culminó en el curso de nivelación de la UNED, donde adquirimos los conocimientos teóricos y la titulación universitaria correspondiente.

Mientras tanto, nuestros centros de trabajo también cambiaban. Las Jefaturas de Enfermería se convertían en Direcciones de Enfermería. Se realizaba un esfuerzo importante en el reciclaje de los profesionales y en la formación continuada. Se introducían procesos de atención y planes de cuidados, diagnósticos de Enfermería, la NANDA. Se protocolizaban y normalizaban actuaciones y técnicas de enfermería. Se abordaba la Atención Primaria desde una perspectiva integradora. Se intentaba potenciar la cultura del cambio hacia una nueva concepción. En suma, aparecen conceptos holísticos, con orientación “biopsicosocial” del sujeto y su entorno. Se empieza a sembrar la inquietud por la evidencia científica, los NIC y los NOC y otros muchos aspectos que todos conocemos y no podemos reseñar por falta de tiempo y para no cansarnos. Ahí esta, sobre la mesa, nuestro campo y nuestro reto.

De todas formas, cuantas penas y alegrías nos ha dado la profesión. Cuantos miedos, dudas e inseguridades hemos sentido en su ejercicio. Cuanto esfuerzo por adaptarnos a las nuevas demandas. Cuanta satisfacción por el trabajo bien hecho, por el agradecimiento de los pacientes y sus familiares, por el compañerismo y el desarrollo de amistades con los colegas. Cuantas anécdotas graciosas podríamos contar. Cuanto nos hemos enriquecido humanamente con nuestra actividad profesional.

Desde la madurez las cosas se ven distintas, con otra perspectiva. Ahora nos toca dejar nuestro legado a los jóvenes que vienen empujando con nuevos bríos. Algunos, como es mi caso, tenemos entre nuestros hijos sustitutos en la profesión, hemos sembrado en casa.

Nuestra jubilación
Pero si miramos hacia atrás podremos colegir que merecemos un descanso, un reconocimiento y una jubilación llena de plenitud. Unos se jubilaron por que llegó su hora, con su edad reglamentaria, otros por causas ajenas a su voluntad, por enfermedad o causas mayores. Los que nos hemos visto sorprendidos por la enfermedad lo tenemos más difícil para asimilarlo. Nuestro proyecto de vida se ha visto truncado, pero analizando la situación desde esa madurez a la que me refería, debemos positivar lo negativo e intentar disfrutar, dentro de lo posible, de esta nueva etapa.

Hace algunos años participé en el Aula de Formación Abierta para mayores de la Universidad. Parece premonitorio, pues el tema de mi conferencia fue: La Jubilación: El Reto de una Nueva Etapa. Hoy quiero retomar algunas reflexiones que mantenía entonces. En primer lugar, cabe plantearse algunas cuestiones que nos posicionen con respecto a la idea que socialmente se pueda tener del jubilado. Entre otras, un jubilado puede ser:
1. ¿Un premiado por su labor?
2. ¿Una persona inútil para la sociedad?
3. ¿Un sujeto reciclable?
4. ¿Un estorbo social?
5. ¿Una fuente de conocimiento por su experiencia, a la que se ha de cuidar?

Yo me quedo con los apartados 1, 3 y 5. Es lo optimista, lo racional y lógico. Tiene derecho a un merecido premio (descanso) y es reciclable en cuanto se enfrenta a una nueva etapa del ciclo vital, puesto que debe afrontarla positivamente, con garantía de éxito personal y social. Esto entronca con la consideración de fuente de conocimiento por su experiencia a la que me refiero en el último punto.

Pero estamos inmersos en un proceso donde la tecnología está introduciendo elementos desestabilizadores del sistema cultural. El “abuelo” ha dejado de ser un puente entre el pasado y el presente, un cronista en sentido humano. No se viven sus experiencias como enriquecedoras ni su conocimiento aplicable a nuestro futuro. Ha quedado “obsoleto” ante las nuevas tecnologías. El respeto y veneración por su reconocida autoridad ha desaparecido en gran medida, en función de la microcultura familiar. Los medios de comunicación superan ampliamente sus crónicas, aunque de forma deshumanizada, sin sentido y afecto. Por tanto, debemos retomar la función de cronistas o trasmisores culturales y de experiencias que enriquezcan a los jóvenes y a nuestros nietos. Hacer un poco del abuelo cebolleta, sin pasarse, cargados de bondad, ternura, comprensión y cariño. En suma, trasmitir emociones y sentimientos junto a la información. Eso es trasmitir cultura en un sentido amplio.

También querría resaltar, pensando en nuestra salud física y mental, algunos aspectos positivos que pueden orientar nuestras ocupaciones y/o preocupaciones, a la par que presento los negativos como posibles sucesos de crisis.

Entre los aspectos positivos de la jubilación podemos destacar:
- Segunda aspiración. Tercera carrera. Interés en pasatiempos.
- Compartir sabiduría de la experiencia.
- Evaluar el pasado/satisfacción con la vida.
- Disfrutar razonablemente de comodidad física y emocional.
- Mantener suficiente movilidad.

Posibles sucesos de crisis
- Dificultades financieras.
- Conflictos interpersonales con los hijos.
- Conflictos interpersonales con semejantes.
- Indiferencia por parte de los adultos jóvenes.
- Conciencia de soledad
- Enfermedad e incapacidad.
- Dificultad en la adaptación a la jubilación.

Pero, sobre todo, cada uno debe tener la capacidad de análisis suficiente para sacar sus propias conclusiones y adaptarse a sus nuevas circunstancias, compartir esta etapa con sus seres queridos y permitirse ciertas licencias que hasta ahora no podíamos permitirnos. Ahora se nos ofrece la posibilidad de hacer aquello que no pudimos hacer, de llevar a término “asignaturas pendientes” y de buscar actividades que nos enriquezcan. Posiblemente descubramos valores insospechados en las personas con las que convivíamos. Nos sorprenderán nuestras parejas y será de inteligentes acoplarnos en una nueva dimensión relacional que permita disfrutar de estos años que se avecinan, acompañando y acompañados de nuestras familia.

Por todo ello, yo os exhorto a disfrutar de vuestra jubilación, a compartir amablemente vuestra vida con amigos y familiares, a hacer brotar esa bondad que nos ha acompañado siempre en el ejercicio de la profesión, a soplar sobre las brasas de viejas amistades y recobrarlas, a estar dispuestos a compartir experiencias y enriquecernos con los demás, pero sobre todo os invito a SER FELICES hasta el final.

Un abrazo para todos y todas los que hemos entrado en este nuevo ciclo vital, que es la jubilación.

Antonio Porras Cabrera

Málaga, 8 de Marzo de 2006

1 comentario:

Abuela Ciber dijo...

Me encanta el planteamiento de la jubilacion y las reflexiones del mismo.

Saludos