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“Ahora, según la Tradición, una nueva guerra va comenzar. Una guerra todavía más sofisticada, de la que nadie puede escapar, porque a través de sus batallas se complementará el crecimiento del hombre. Veremos los dos ejércitos, de un lado, aquellos que todavía creen en la raza humana, que creen en los poderes ocultos del hombre, y saben que nuestro siguiente paso está en el crecimiento de los dones individuales. Del otro lado estarán los que niegan el futuro, los que creen que la vida termina en la materia e, infelizmente, aquellos que, aunque tengan fe, creen que han descubierto el camino de la iluminación y quieren obligar a los demás a seguirlo.”
Paulo Coelho
Hace unos días, mi amiga Marga, me regaló el libre de Paulo Coelho, Valquirias. Reconozco que no es uno de mis escritores preferidos, pero lo leí, como siempre que alguien me regala un libro, hasta el final. No es pesada su lectura, aunque lo encuentro bastante críptico, lo que siembra un aliciente para ello. El hecho es que en el epílogo, encontré este texto tan interesante, que nos lleva a la reflexión.
En el blog “Grito de lobos” publicó una interesante entrada, como todas las que suele hacer, el amigo Camino a Gaia, titulada “La guerra de los mundos”. Este título tiene bastante similitud con la idea de Paulo y mi reflexión sobre el tema la establezco como complemento a estas posiciones, que cada vez toman más fuerza en una sociedad que atraviesa por una crisis estructural y busca un nuevo orden.
Estoy de acuerdo con las tres posiciones que establece Paulo. Por un lado la que cree en el ser humano y sus capacidades individuales como aporte al colectivo, entendiéndolo como un elemento de un sistema que influye, desde su propio desarrollo, en la evolución de la sociedad; los que buscan el SER. Esta posición, la enmarco en la relación constructiva entre los seres humanos, que busca sumar y establecer sinergias, que sean beneficiosas para todos, desde la implicación de cada uno de los sujetos del sistema.
Por otro los materialistas, los que pretenden la satisfacción de las necesidades corporales sin preocuparles otra cosa que no sea el dinero y el comercio de lo material. El hedonismo egoísta y el desprecio a los demás, que solo tienen sentido si sirve a su causa, a sus intereses. Su miopía no les permite razonar más allá de lo inmediato, y no pretenden el desarrollo del ser humano en un sentido íntegral, sino su uso como herramienta para un falso progreso que centran en el tener más.
Luego hay otro importante colectivo, que es digno de temer, que se refiere a los iluminados, a aquellos que se siente en posesión de la verdad absoluta y quieren imponerla, incluso, por la fuerza de la sangre. No siguen un razonamiento que se centre en lo material, ni en el desarrollo de las potencialidades del ser humano, sino que se fundamentan en principios anacrónicos que fueron freno a la evolución del mundo y que se sustentan en dogmas y creencias, en muchos casos irracionales, que son indiscutibles para ellos. No admiten, por tanto el proceso evolutivo del ser humano, sino su sometimiento a los principios, bíblicos, coránicos o de sus libros sagrados, que pretenden regir la convivencia desde su incuestionabilidad, desde la entrega a un orden de poder y de prelación donde el ser humano está sujeto a normas y principios estancos, donde la individualidad queda subyugada, en gran medida, a estos viejos valores.
Pero hay otro punto en lo que no estoy de acuerdo con Paulo. Esa guerra no va a empezar, esa guerra es la guerra de los tiempos, la eterna guerra que enfrenta a los hombres. Pero no se trata de una militancia definida perfectamente, sino de una confusión de militancia, pues en cada sujeto se libra una batalla interior donde juegan estas posiciones de forma innata. Todos somos militantes potenciales de cada posicionamiento, solo hace falta nacer en un lugar donde prevalezca uno u otro planteamiento, y someterse al proceso de socialización que establece esa sociedad, del que es tremendamente difícil escapar, salvo cuando tienes uso de razón y has evolucionado desde la capacidad crítica y el libre discernimiento, como librepensador.
Las armas, tal vez, estén en la aplicación de la teoría de la motivación que estable Maslow, con su pirámide. En el primer caso, el ser humano tiende a la autorrealización de forma ascendente, hacia el vértice, en función de que haya cubierto o no las necesidades inferiores. La dimensión y valor de esas necesidades depende del nivel consumista de su sociedad y de su integración en ella. Ya no se trata de alimento, agua, oxígeno, etc. sino de autos, casas, chalets, etc que manifiesten su posición social desde la ostentación de lo material. A esto podríamos llamarle lastre para el desarrollo personal intelectual, o espiritual para muchos… Yo entiendo que la principal misión del ser humano, como ente pensante, es el desenvolvimiento de la espiral de potencialidades que trae consigo, como individuo singular. No debe emplear más energía de la necesaria para conseguir lo material, pues lo material solo actúa como higienizante, dejándolo en posición adecuada para volcarse en su propio desarrollo.
En el segundo caso, si sometemos al pueblo a la pobreza, sin capacidad de conseguir la totalidad de los nutrientes para satisfacer sus necesidades básicas, que son las que le permite mantenerse con vida, haremos que su esfuerzo no se centre en el desarrollo personal, sino en servir a aquellos que pueden darle a cambio lo que necesitan, siendo, estos, los dueños de los recursos materiales que demandan. Pero si, además, le inoculamos que el progreso no es el llegar más lejos en sus capacidades e individualidad, sino en tener más cosas y disfrutar más de lo material, amén de imbuirles la competencia y la ostentación como armas de confrontación en el reconocimiento de su valor social, tendremos un perfecto idiota, miope y con alta dosis de alienación.
Como decía antes, la socialización es la forma en que uno se integra en su grupo social; es decir, cómo y qué hay que hacer para que se te acepte en ese grupo del que tienes necesidad social por definición. Por tanto, es la cultura, las formas, principios, valores, héroes, mitos y leyendas, los que definen el modelo a seguir en cada sociedad. Estos, digamos héroes, consolidad y modulan la estructura social del grupo desde conductas del pasado, que se siguen manteniendo como válidas en el presente, si bien hay distintos tipos de culturas que hacen más o menos dinámica a cada sociedad, como es evidente. Aunque una cultura haya demostrado su obsolescencia, siempre habrá resistencia al cambio, en función de las pérdidas que sufran los sujetos o grupos de poder, por lo que la lucha tendrá más o menos éxito en función de la cohesión o coherencia del entramos social.
Las religiones, a lo largo de la historia, han actuado como catalizadores o garantes de las culturas que sujetan y consolidad el poder, pues desde el mando se intentan siempre cultivar culturas afines a sus intereses. El contar con la alianza divina para justificar las actuaciones terrenales de los grupos, es una garantía de éxito. Los faraones, emperadores, y reyes, cuando no se definían como encarnación de los dioses, sí planteaban ser reyes por la Gracia de Dios, incuso algún caudillo, paseado bajo palio, lo colocó en sus monedas. Estas alianzas, entre lo divino y lo terrenal, solo consiguen que los sujetos pensantes cuestionen esta realidad y se aparten, en gran medida de los principios que defienden los integrismos religiosos, pero también el sometimiento de las masas de creyentes que asumen esos principios. Por tanto, las religiones en general y las más cerradas en especial, son los oponentes más grandes para el desarrollo personal de la espiritualidad del ser humano, al intentar encorsetarla desde sus dogmas. No pretendo entrar en mi concepción personal de la espiritualidad, que merece una reflexión aparte, y que es posible la plasme más adelante.
En conclusión: Busco el desarrollo de mis potencialidades personales que me lleven a la autorrealización. Necesito, para sostener y mantener mi cuerpo como continente de mi mente, satisfacer mis necesidades básicas corporales y materiales. Mi espiritualidad, mi búsqueda de la verdad, también me condiciona. Por eso, tal vez, ande preguntándome qué cosas son las realmente necesito sin ser consumista, dónde está la verdad de la vida sin caer en el dogmatismo e integrismo, cómo encontrarme conmigo mismo y mis potencialidades para aportar todo mi saber y conocimiento a la sociedad en la que vivo, a la vez que bebo de mis semejantes. Esa guerra interior ya está en marcha, depende de quien gane será el resultado de la otra a la que alude Paulo Coelho.
Os dejo esta reflexión que quiero compartir con todos, pues puede que subamos más de uno al mismo carro, el de la victoria final del ser humano sobre la barbarie depredadora y mercantilista del sistema en curso.