viernes, 2 de diciembre de 2016

Y entonces llegó Fidel

  

Entrada en la Habana
Ahora, en retrospectiva, podría costarle a mucha juventud entender y comprender las inquietudes de los años 60, la combatividad, el apoyo a las guerrillas sudamericanas y el idealismo de justicia social que en aquellos tiempos impregnaba a la sociedad progresista, donde se incluía la mayoría de la juventud militante y concienciada con la lucha y reivindicación política. El mito del Che, con su barba y fusil, guerreando contra el ejército boliviano en nombre de los explotados y contra los intereses del capitalismo y sus gobernantes, parece que ha pasado a la historia. La muerte de Fidel Castro es una buena ocasión para intentar recordar el pasado y ver cómo ha evolucionado el mundo en esa guerra de intereses, que siempre se dio, entre la clase dominante y la clase currante o trabajadora, entre la oligarquía y el pueblo llano. Pero hubo unas fechas, un pretérito, en que fue diferente al espíritu de los tiempos que hoy se maneja. Para comprenderlo habría que desvestirse de prejuicios y analizar las cosas desde una dimensión más reflexiva y abierta. Tal vez haya que puntualizar algunas cosas como:

El siglo XIX fue una etapa de convulsión y lucha social, ideológica y de grandes cambios en Europa, de la mano de varios elementos que, bajo mi consideración, son determinantes: La Ilustración o siglo de las luces (XVIII) con sus planteamientos revolucionarios, la Revolución Industrial, la independencia de los EE. UU., la Revolución Francesa y la filosofía marxista y alguna otra cosa más vaga…

Todo esto convulsionó la Europa de los imperios y explosionó, definitivamente, a principios del siglo XX, con una I Guerra Mundial que trastocó todo el sistema geoestratégico e ideológico, hasta desembocar, tras la humillante derrota alemana, en una espiral de fascismo que llevó a la II Guerra Mundial, intentando zanjar una paz mal fundamentada, tras dicha derrota, con la venganza hitleriana y su megalómano III Reich, mientras se consolidaba en Rusia la revolución de Octubre de 1917 de la mano de un Stalin  implacable.

Tres tendencias políticas se confrontan en esa II Gran Guerra: el fascismo y/o nacismo, la democracia capitalista occidental y el comunismo soviético. Ya sabemos como acabó el envite, con la derrota de Hitler y Mussolini y sus planteamientos ideológicos y una paz ficticia entre el mundo capitalista y el comunista, que llevó a seguir la lucha, solapadamente, entre esos dos sistemas resultantes por el dominio mundial que, ante la aparición de armas de destrucción masiva, como la bomba atómica, los campos de batalla se trasladaron a dos frentes diferentes: uno era el ideológico con los movimientos obreros reivindicativos contra el sistema de explotación, que se ubicaba en el mismo territorio de las democracia occidentales capitalistas y que fueron combatidos en los EE. UU. desde la filosofía del macartismo; otro el militar como forma de imponer la influencia de uno u otro bando en los diversos países que no habían quedado alineados tras la gran contienda, y qué mejor caldo de cultivo que las desigualdades sociales en los Estados del tercer mundo o América  Latina.

Estos dos pilares, la injusticia que acarrea todo sistema capitalista en cuanto a la distribución de las plusvalías de sus medios de producción, y la concepción mesiánica de una ideología como el comunismo que presentaba aspectos de justicia social, de igualdad, solidaridad y, sobre todo, el otorgamiento del poder al pueblo, hizo que durante decenios se enfrentaran las dos tendencias o ideologías en una guerra sucia entre las dos potencias más importantes del mundo, allende sus fronteras, que fue sembrando el planeta de conflictos y  guerras locales y de guerrillas donde se buscaba el cambio mediante una revolución violenta, entendiendo que solo así se podría despojar al capitalismo de su poder. Dada la imposibilidad de conjugar las dos tendencias y el persistente enfrentamiento entre ambas, se fueron implantando dictaduras amigas de los EE. UU. por un lado o de la URSS por otro. No había medias tintas, o estabas con unos o con los otros, a pesar de desarrollarse el Movimiento de Países No Alineados que pretendían la neutralidad.

La democracia quedaba reservada para el primer mundo, para los que tenían un buen nivel educacional, una “renta per cápita” adecuada y suficiente, una historia ya fraguada en ese sistema político desde antes, que eran fieles seguidores del mercado libre con las matizaciones pertinentes. En el resto de países prevalecía el dictador como forma de imponer y controlar la política que interesaba al grupo dominante. La dictadura del proletariado tenía una visión más romántica, más de justicia social, más de revolución que diera al pueblo lo que este entendía que era suyo. Pero cuando el sistema capitalista veía que se le escapaba de su control algún país de los suyos para derivar hacia el comunismo, procuraba instalar una dictadura contraria que controlara la situación. Aquí no se hablaba de derechos humanos, de respetar la ciudadanía y de justicia social, sino de orden y patria, del imperio de la ley, como si la ley fuera justicia. De los veinte países que conforman Latinoamérica, catorce experimentaron dictaduras, la mayoría militares impuestas tras golpes de Estado, durante la guerra fría. Se dice, como ejemplo del apoyo que los EE. UU. daban a sus dictadores afines, que Cordell Hull, secretario de Estado de Roosevelt, dijo: «Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», lo que viene a dejar claro que los derechos humanos y el respeto a la democracia se lo traían al pairo.

Varias guerras de importancia se dieron entre los EE. UU. y la URSS y sus afines ideológicos por dominar el mundo mediante una política geoestratégica que le otorgara ese poder. China y la revolución comunista de Mao Zedong que se instala definitivamente en el poder tras vencer a los nacionalistas de Chiiang Kai-shek, que se pliega a la isla de Formosa fundando la República China, más conocida como la China Nacionalista en contraposición a la República Popular China. La terrible guerra de Corea que acaba en un armisticio (no hay firma o tratado de paz y siguen en guerra teóricamente) con las dos Coreas, la del Norte de marcado signo dictatorial comunista y la del Sur bajo un régimen democrático, como ya sabemos. De esta tensa situación se derivaron varios conflictos o guerras, como la del Vietnam, las de los países árabes de la esfera soviética con Israel, Angola y Mozambique, las guerrillas latinoamericanas, etc.

Existe un caso que merecería dedicación específica como es el de Afganistán. Pero ese asunto requiere más tiempo y dedicación del que le quiero dar a esta entrada. Solo diré que de aquellos polvos vienen estos lodos, pues la URSS, en un intento de controlar el país mediante un gobierno de corte comunista, se metió en un “fregao” que acabó convirtiéndolo en su propio Vietnam, siendo derrotados por los integristas y los señores de la guerra apoyados por los EE. UU. que no podían permitir la expansión soviética y a los que, después, se les escapa el control de la zona con la irrupción de los talibanes en el gobierno, hasta el extremo de tener que intervenir en la guerra actual tras los atentados de aquellos a los que apoyaron para luchar contra los rusos.

El caso de Cuba es singular. La revolución cubana se inicia contra Fulgencio Batista. Este tiene en su haber dos golpes de Estado, uno en 1933 conocido como Revuelta de los Sargentos, contra el autoritario Gerardo Machado, estableciendo una Junta de Gobierno, conocida como la Pentarquía, que controlaba la actividad política. En 1940 se proclama una nueva Constitución, se realizan elecciones y Fulgencio las gana agrupado en la Coalición Socialista Democrática, gobernando hasta 1944.  Su otro golpe es en 1952 cuando ante la perspectiva de una derrota democrática dio otro golpe de Estado antes de las elecciones y se aupó en el poder estableciendo un gobierno cada vez más corrupto y represivo, y comenzó a enriquecerse de manera sistemática explotando los intereses comerciales de Cuba y realizando lucrativos negocios con la mafia estadounidense, que controlaba los negocios de drogas, prostitución y juego de La Habana. En ese momento cabría también aplicarle el calificativo de Cordell Hull, al que me he referido, por su servicio y connivencia con los intereses espurios americanos.


Discurso en la Habana

En este contexto se inicia la Revolución cubana, liderada por Fidel, su hermano Raúl, el Che Guevara y otros, como una reacción al golpe de Estado de Batista llamado “El cuartelazo”. Hasta entonces, y desde la independencia formal de España en 1898, Cuba había estado bajo la influencia política y económica de Estados Unidos, incluyendo una ocupación militar (1898 y 1906). Finalmente, la revolución gana la batalla por el desprestigio, corrupción y tiranía de un Batista que, aun teniendo un importante ejército para combatirla, ve como sus propios soldados se van pasando al enemigo por convicción. El mensaje de justicia social, regeneración, ética política, etc.  va calando y Fidel y los suyos triunfan e imponen un idílico sistema revolucionario impulsando varias medidas de carácter popular algunas de las cuales, como la Ley de Reforma Agraria, afectaron intereses estadounidenses en la isla. En un principio, este movimiento, no era de corte comunista o marxista leninista, y pretendía, según algunos autores, reinstalar una república exenta de corrupción que regenerara la vida y la política cubana. Tras la derrota de Batista, y a lo largo de 1960, se producen conflictos y actos de confrontación violenta entre partidarios de Batista y los revolucionarios ya en el poder, que provocan una fuga masiva de los partidarios de Batista y su régimen a EE. UU. y desde allí se organizan para la resistencia en su centro de poder en Florida. El régimen de Castro ejerce su autoridad imponiéndose férreamente en toda la isla y dejando que se fueran los opositores a Florida

Como respuesta, y en ayuda de los disidentes, la administración de Eisenhower inició una agenda política dirigida a derrocar el régimen popular recién instaurado. Ésta comprendía el bloqueo económico, propaganda contrarrevolucionaria, fomento y apoyo de grupos armados dentro de Cuba contrarios a Fidel Castro, sabotajes a instalaciones económicas y civiles, filtración de espías, ataques piratas, quemas de campos de caña de azúcar, intentos de asesinato a sus principales líderes (se calculan en torno a 640 atentados los planificados contra Fidel). Y, finalmente, poner en marcha un plan para invadir militarmente a la isla utilizando exiliados cubanos y mercenarios latinoamericanos que acaba en el desastre del desembarco en Bahía Cochinos y echa a Cuba, definitivamente, en manos de la URSS con quien firma tratados de defensa, que amparaban la instalación de los misiles soviéticos en la isla, por lo que se está en un tris de iniciar la III Guerra Mundial, llegando, Kennedy y Jrushchov, al acuerdo de desmantelamiento a cambio de que EE. UU. no invadiera o agrediera a Cuba dejándola en la esfera soviética.

Los EE. UU. temían, así mismo, que Cuba se convirtiera en una plataforma revolucionaria para asaltar Latinoamérica, como así fue. Las revoluciones de la zona fueron apoyadas por el régimen cubano, sobre todo la boliviana donde el propio Che Guevara fue ejecutado sumariamente (1967) por las fuerzas militares bolivianas del general René Barrientos, con el apoyo de la CIA, que había derrocado al presidente Víctor Paz Estenssoro y puesto fin a la Revolución de 1952, de tendencia nacionalista-popular, impulsada por el MNR (Movimiento Nacional Revolucinario).

Cuba, tras los acuerdos entre EE.UU. y la URSS, se vio aislada por los primeros, pero no amenazada de guerra o invasión. Su protectora garantizaba su supervivencia. Pero con la caída del Telón de Acero y el comunismo en la URSS, se ve más aislada y con las dificultades propias de una deficitaria relación comercial. El capitalismo vence al comunismo en nuestra esfera. La URSS se descompone y surge la Rusia actual, con sus satélites a caballo entre uno y otro lado. Cuba queda como un grano en el trasero de los EE. UU. y de la ideología neoliberal, que la ven como algo a extinguir con el tiempo, tras la muerte de Fidel y, con él, su intransigencia revolucionaria, esperando un apertura racional que vuelva  a permitir a los EE. UU. sus inversiones e influencia en el país, que ya se han fraguado en parte, con la proliferación de negocio a los que no es bueno poner en riesgo.

De Fidel se podrán decir muchas cosas denostándolo o alabándolo. Ya se sabe que la historia es interpretable en función de opiniones y posicionamientos de quien la interpreta, pero no se podrá negar que en Cuba se ha producido un cambio impresionante en lo referente a Educación, Sanidad, Solidaridad social, etc. a pesar de estar sujeta a restricciones económicas y comerciales desde el mundo capitalista. El problema mayor que se le presentó fue el aislamiento tras la desaparición de la URSS, quedando sola ante el gigante americano.

Hay otro factor innegable a considerar, como es el proceso evolutivo de las ideologías, tras ganar el capitalismo la guerra fría contra la URSS. Al fin y al cabo ese hecho es evidente, ya que el gigante ruso se pasó de bando cuando Borís Yeltsin acaba montado en un tanque en Moscú certificando la defunción de la URSS y afloran los gobiernos que van privatizando, de forma poco ortodoxa, por no decir fraudulenta y amiguista, las empresas de la antigua Unión Soviética. Desaparecido el poder de contrabalanceo al capitalismo que significo la URSS dentro de la lucha de clases y reivindicaciones de la clase trabajadora desde la perspectiva de la lucha obrera, pierde, para la sociedad de consumo y del espíritu neoliberal que nos atrapó definitivamente, su sentido revolucionario quedando la democracia de régimen capitalista como el referente político principal, mientras se cuestiona sistemáticamente cualquier ideología que pretenda cambiar el sistema y desvestir al mundo del mercado y las finanzas del poder que han ido adquiriendo: “Malos tiempos para la lírica”. Gana la democracia, pero no es menos cierto que la democracia no implica los valores sociales de solidaridad, justicia distributiva y libertad, al basarse en Constituciones que la encorsetan, más bien resulta un sistema de elección representativo manejable mediante el uso de la información y la comunicación, creando estados de opinión, en muchos casos artificiosos, a través de la manipulación… Pero esto es otro tema que merece una profunda reflexión aparte.

Resumiendo: Fidel tuvo su tiempo heroico, cuando la lucha de clases estaba en pleno apogeo y era aceptada como forma legítima de reivindicación, incluso, mediante la guerrilla, con un héroe nato como el Che a la cabeza. La juventud de mi generación se identificó con su lucha y compartió, en gran medida, su revolución, eso es innegable. Además ha mantenido a su país, en mayor o menor medida, aunque sea en declive, a caballo de su línea ideológica hasta el final, si bien, paulatinamente, se fue diluyendo a la par que las ideologías comunistas sucumbían ante el avance de la filosofía de las democracias capitalistas. Ello se manifiesta en las dos Cubas, la interior más impermeable a los influjos del capitalismo y valedora del concepto de Patria libre, justicia social y dignidad del pueblo, defensora del “socialismo cubano”; y la otra Cuba, la del exilio, que se fue por el desacuerdo y la falta de respeto a la diversidad y garantías de los derechos humanos en la isla, que es defensora del sistema democrático burgués que se caracteriza por tres rasgos fundamentales: propiedad privada de los medios de producción, competencia electoral entre bandos políticos y garantías ciudadanas, componentes que en Cuba no se encuentran en la proporción que tenemos aquí.

Finalmente, nadie podrá negar que fue un sujeto trascendente en la historia de la segunda mitad del siglo XX; para honor y gloria de sus adeptos, para deshonra y descrédito según sus críticos. A nadie dejó indiferente. Creó fobias y filias, con sus luces y sus sombras. Cuba lo llora, mientras Miami danza de alegría. Pero lo hecho no se puede borra de un plumazo. El reencuentro de los cubanos será complicado de hacer. Solo espero que no vuelva el derramamiento de sangre y que se orille a los intransigentes para confluir en entendimiento. De todas formas, cualquier cosa que se diga sobre este histórico líder está sujeto a la controversia. Las posiciones están aún demasiado encontradas y los afectos, emociones y partidismos nublan el pensamiento y la razón para sacar conclusiones válidas y asépticas. Este es mi pensamiento y mi homenaje a la historia que nos ha tocado vivir, aunque sea desde este lado del charco, pero en América las cosas eran diferentes. Hasta la propia religión tomó partido por los más necesitados y luchó, incluso con las armas, por la revolución, por ejemplo la Sandinista de Nicaragua. Luego cayó en desgracia y también se diluyó definitivamente con el papa que vino del este. Tal vez, para conocer o tener una visión desde los planteamientos de aquellos sujetos que sentían la necesidad de luchar contra los intereses norteamericanos en toda América Latina, venga bien leer el libre de Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina. Yo lo aconsejo…

Homenaje póstumo
  
Disidentes en Miami celebrando la muerte de Fidel



2 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Menuda lección de historia!!!! Eres el profe perfecto

Antonio dijo...

Gracias, Mª Ángeles. Te diré un secreto. Yo, cuando escribo, lo hago por dos razones: una, lógicamente, para comunicar; pero hay otra de más peso, es para estudiar y comprende mejor ese algo sobre el que escribo obligándome a prepararlo y disfrutando del flujo de esa información que me va calando. Un problema es la selección de la documentación digna de crédito para beber de ella.

Un abrazo