jueves, 24 de noviembre de 2016

La importancia de 1 minuto


Hola, permíteme un minuto. Bueno, algo más en este caso, eso sí de silencio, si es posible, para poder leer y compartir esta reflexión.

Por lo que se ve un minuto es más importante de lo que pensaba. Y debe ser así, pues la vida se pierde en menos de un minuto y las grandes decisiones se toman, también, en menos de un minuto… claro, siempre que previamente se haya elaborado y valorado la argumentación que las justifican. En todo caso no estaría de más que todos y cada uno de nosotros dedicáramos, al menos, un minuto diario a pensar y valorar nuestras conductas y las de los demás, la información y los avatares de la vida cotidiana. Creo que ese minuto, libre de prejuicios, con mente abierta y usando la lógica y el razonamiento, nos podría ayudar mucho a comprendernos mejor el entorno, las amistades y a nosotros mismos, y a corregir errores y establecer conductas que no fueran autolesivas desde el punto de vista de la salud mental, como son aquellas que nos llevan a la incongruencia y al conflicto interno por dejarnos llevar de emociones, afectos y desafectos y cuantos elementos distorsionan el normal discernimiento; o sea, las que nos producen una disonancia cognitiva. Es bueno, pues, dejar algún minuto para pensar, tiempo que tiene su relación con la retroalimentación, o el llamado feedback en el mundo anglosajón, o tal vez debería hablar en este caso del biopsicofeedback puesto que hablamos de conductas sanas en nuestra forma de pensar y actuar. Pero como no quiero enredarme en términos técnicos y en planteamientos teóricos más o menos elevados, retorno a la cuestión del minuto, su importancia y función.

El asunto del minuto ha tomado su protagonismo con la cuestión del fallecimiento de Rita Barberá. Es cierto que cuando se siente dolor por la pérdida de un ser querido se hace ese minuto de silencio como forma de dedicarlo a su memoria, de pensar en ella y en la huella que dejo en nosotros. Hay gente a las que uno no les dedicaría un minuto de silencio en ningún caso, pero yo creo que es un error, porque ese tiempo no tiene por qué ser de homenaje sino de cuestionamiento y análisis de lo que fue el sujeto para nosotros. Luego están los factores sociales, las normas culturales y las conductas de la sociedad y de los grupos donde nos movemos que, de alguna forma, condicionan nuestra actitud de respeto.

Es aquí donde muestro mi desacuerdo con la conducta de Podemos en el caso Barberá. Comparto la crítica que, desde un punto de vista político, se hace a la forma, estilo e ideas de practicar la política de esta señora, pero, sin entrar o no en si el Congreso es el sitio adecuado para guardar ese minuto de silencio, yo no me hubiera marchado. En todo caso, después, habría criticado la hipocresía del PP que la aisló y despidió del partido tras tantos años y servicios en los que se jugó la cara y el prestigio participando, supuestamente, de “fechorías” en beneficio de su partido con el blanqueo de dinero y otros asuntos no menos graves.

Entiendo que la torpeza de Podemos ha servido para que vuelva al ataque el cinismo del PP y su hipocresía, haciendo recaer sobre los demás el peso de la culpa. Tal vez deberían escuchar al cuñado de Rita cuando dice: «Ha muerto de pena, y la fundamental aportación la han tenido los suyos». Lo lamentable es que pretendan que con un minuto de silencio se redima todo esto, que ese minuto limpie sus conciencias, y que ahora vengan a maximizar la importancia de un gesto simbólico, de un minuto de silencio, sobre una estrategia de aislamiento desde su propio partido. No estoy de acuerdo con la actuación de Podemos, lo repito, pero que no vengan con monsergas; eso es de orden inferior, pero muy inferior, al sentimiento de atropello que debió sentir ella por ese aislamiento de los suyos, de sus amigos y correligionarios por los que hizo tanto, incluso, presuntamente, delinquir. En un minuto de llanto no se palia el mal hecho durante tantos meses. Esa idea celestial del perdón divino ante el arrepentimiento y confesión aquí no cabe, Dios perdonará solo con el arrepentimiento, pero el ser humano no es Dios y menos si se siente dolido, y exigirá cumplir la penitencia.

Pero es más, esas alocadas argumentaciones de manos, o de la mente, del portavoz del PP en el congreso esparciendo culpas y reproches, esa forma visceral de culpabilizar a los medios y los otros por parte de la señora Villalobos y otros afines, ese estupor transformado en acusaciones hacia los demás sin la más mínima autocrítica, salvo casos muy aislados, muestran la incompetencia de un grupo que se muestra incapaz de hacer un análisis racional de las circunstancias cuando ellos están afectados, por lo que prima más su autodefensa que la racionalidad. Es difícil apoyar y otorgar el gobierno a sujetos que ejercen esa forma de hacer política, con acciones de este perfil actitudinal y conductual. Dogmatismo, prepotencia, descalificación hacia los demás, arrogancia o el sentimiento del señor sobre sus súbditos al estilo de la ética del amo y el esclavo ¿de qué hablamos?

Pero en fin, un minuto, siendo un minuto, da para mucho, hasta para levantar y confrontar a los pueblos cuando se pierde el sentido de la orientación y se va alienando a la gente, quedando sin pensamiento propio e ideas racionales con que valorar los distintos argumentos que nos ofrecen estos maravillosos ideólogos de la política y la convivencia humana.

Y como el minuto de silencio lo planteaba yo como tiempo de reflexión, aquí la han cagado, bajo mi modesto punto de vista, los señores de Podemos, al no darse cuenta, o valorar en su justa medida, la incidencia de conductas descorteses en una gran mayoría del pueblo español. Las culturas de los pueblos, y eso deben saberlo tan doctos señores profesores de universidades y politólogos, tienen sus ritos y forma de expresión. Están tan caladas en la sociedad que esta rechaza cualquier agresión al protocolo ritual y, por ende, a quienes lo practican. La bisoñez de sus líderes les ha llevado a caer en una trampa estúpida en la que le han dado al PP argumentos de peso ante la ciudadanía, mayoritariamente proclive a estos rituales, para quedar como los canallas del circo mediático… Una vez más la política canalla vuelve al ataque, y cuidado con eso, que esas cosas envenenan y contagian a los pueblos, como se puede ver en los comentarios que se van escribiendo en el mundo twitero y facebookiano. Cuando la dinámica política es “y el tú más” el riesgo del encanallamiento es evidente y puestos a “encanallar“ lo hará mejor y será más eficaz el que tenga más experiencia y más medios o armamento para usar en esa guerra… ¿Adivinan dónde está la fuerza y los medios?

Entiendan, pues, señores de Podemos, que en la política también juegan los gestos y hay que saber gestionarlos para llegar a la población que se pretende. El gesto y la palabra definen el mensaje, y si quieren llegar algo más lejos de a donde han llegado, dado que el PSOE les ha dejado el campo libre, consideren mi sugerencia que va más en la línea errojoniana que la del señor Iglesias. Qué buena oportunidad han perdido para guardar el minuto de silencio y después declarar que lo han empleado en analizar la vergonzosa política del PP, tanto con Rita como con la ciudadanía. De esta forma ustedes tendrían la iniciativa, ahora les andan acorralando y descalificando por no respetar la memoria de los muertos, de los recientes, aunque tengan más razón que un santo cuando denuncian que a Labordeta no le guardaron ese minuto de silencio siendo congresista, mientras a Rita sí, siendo senadora. Entonces la política canalla estaría sobre el tejado del PP y serían ellos los acorralados incluso por parte de sus fieles, aunque de esto último yo no me fiaría mucho pues al señor Rajoy se lo perdonan todo por la Gracia de Dios.


Hay que ver lo que da de sí un minuto, aunque esta reflexión requiera más de un minuto para leerse y muchos más para escribirse y todavía más para argumentarse.


2 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

La única manera de que te escuchen es escribiendo. Te leerán incluso más de un minuto.

Antonio dijo...

Cuanta razón tienes amiga Mª Angeles. Al escribir perdura la palabra, no se la lleva ni tergiversa el viento y perdura y trasciende a la propia existencia. Escribir es el sumo arte de comunicar.
Un abrazo