jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Por qué no partiendo almendras?



Almendras
Hoy no quiero escribir sesudas reflexiones, profundos pensamientos que te atrapan y atenazan. Hoy no quiero escribir sobre las cosas “importantes” de la vida social, de la política o de la economía, de la injusticia y del atropello que sufrimos, de la iniquidad del ser humano, de su codicia, de la avaricia que nos oprime, de la maldad del egoísta que acaba pisoteando al semejante, de la perfidia del mentiroso que nos engatusa para arrimar el ascua a su sardina. No, ya hay otros que lo hacen mucho mejor que yo y abundantemente. Hoy quiero escribir sobre lo simple y llanamente humano, sobre las cosas nimias de la vida, sobre la belleza de la paz interior y el encuentro con las cosas triviales, esas que, con su simpleza, nos recuerdan lo poco que somos y, a la vez, lo mucho que nos acompaña.

Un contexto. Mi patio, la sombra entretejida de una parra amenazada por el otoño, un jazmín goteando sus flores y perfume, un entorno de verdes plantas que me miran intrigadas como a un desconocido. Colgadas de un alambre sábanas limpias, recién lavadas, retando al sol en un envite que busca su perfume a límpida fragancia. Todo amenizado por el canto de un pájaro al que no identifico, pero que me crea una sosegada sensación de paz interior.

Hoy he decidido volver a la esencia de la vida campestre y me propuse partir una amplia remesa de almendras, sacar sus exquisitas pipas y prepararlas para alimento. Me gusta el ajoblanco, la salsa de almendras, fritas, garrapiñadas, saladas o acompañando a la repostería; el turrón, polvorones y mantecados enriquecidos con ese preciado fruto. El arte culinario del mediterráneo, en todas sus orillas, está plagado de recetas con este ingrediente tan sabroso.

Mi vecina tuvo la brillante idea de regalarme una buena dosis de almendras cosechadas en las laderas y los llanos del entorno de mi pueblo. Son el fruto que prometen, en enero, esos almendros a los que he cantado poemas en más de una ocasión y que deleitan y embellecen el campo con su colorido. Paisaje bucólico que el mismo Abderramán III creó en su Medina Zahara para que su amada, con la floración, no echara de menos las nevadas cumbres de su Sierra Nevada. La almendra es el fruto de la muerte de una preciosa flor que anuncia la imparable primavera.

Pues bien, dispongo un banco metálico a modo de yunque,  una sillita infantil de recio olivo y asiento de anea, martillo y recipiente. Refugiado bajo la sobra de la parra, entre sábanas relucientes, arrullado por el canto de los pájaros y evadido del mundanal ruido entro en éxtasis y, siguiente con la pura mecánica del golpe y descascarille me doy al pensamiento, a la reflexión simple y mundana. No sé por qué Rodín no puso a su pensador a partir almendras, creo que hubiera tenido un pensamiento más constructivo, más positivo. La mente se libera de culpa cuando estás ejerciendo una actividad productiva que no te atenaza y te permite rentabilizar el tiempo material, a la par que va dilucidando un pensamiento, una idea, una reflexión paralela que completa la producción del material cuerpo con la espiritualidad o el desarrollo mental.

Estando en ello pensé en mi hijo y nuera de viaje de novios en México, en los almendros en flor, en la sombra protectora, en que tenía que compartir con mis amigos blogueros la experiencia; en el propio Mendel al ver dos pipas en una misma almendra y en la génesis humana y de la propia naturaleza; en la música que calma el espíritu y la simpleza de las cosas bellas de la vida, en la mecánica metódica de Taylor y sus sistemas productivos, en Charlot y sus Tiempos Modernos. Y luego apareció mi infancia y sus recuerdos, un patio con higuera, una gran piedra y un martillo agarrado con fuerza por una frágil mano de niño que se empeña en descascarillar almendra a base de golpes imperfectos que acaban rompiendo, cuando no destrozando, las pipas o los infantiles dedos. También me viene a la memoria la imagen de mi suegro ejerciendo el mismo proceso que yo hacía…

Me acordé de la exquisitez del ajo blanco y todos los manjares que la almendra me aportaba… y, cómo no, de las plantaciones de almendros floridos… Entonces empaticé con el hombre del campo. Con esa filosofía ancestral que puebla el Mediterráneo y su gente. Con esos Sénecas rurales que sentencian, desde la experiencia y la tradición, con total certeza y asertividad, dándole sopas con honda a muchos catedráticos. Y comprendí a mi pueblo. A ese pueblo marginal que fue labrando su saber desde la nada para hacerse catedrático de vida, para ejercer de filósofo vital en conjunción con la naturaleza que le envuelve, para fusionarse con la tierra en un todo majestuoso suprahumano que está muy por encima de banqueros y políticos de codicias excesivas y avaricias desmesuradas. Su ilusión es una buena cosecha, que el campo le dé el fruto de su trabajo en justo equilibrio entre lo hecho y lo deseado…

Sabedor de sus limitaciones, ve con desprecio al usurero, al mezquino que le priva de más bienes para enriquecerse sin mesura, y sigue manteniendo la fe en un mesías que le ayude a sacudir el yugo, a ser más, a liberarse del desprecio del pudiente y poderoso que le atenaza su vida. El desencanto con el político y con el sistema es evidente. Una vez más se siente pueblo marginado y explotado, sometido, oprimido y estrujado por gentes, de no sabe que entidad, que le succionan la esencia de la propia vida.

Toda esta vivencia se va fraguando en torno a una actividad mecánica como es partir almendras… tal vez el hecho signifique el cierre de un proceso de vida fructífera, que partió de la floración del almendro para desembocar en el puro alimento que nos da su fruto. El pensar, al fin y al cabo, no deja de ser un proceso similar, florece una idea, que se fragua mediante la reflexión, para dar como fruto un pensamiento estructurado. Sí, tal vez, Rodín debió esculpir su pensador partiendo almendras…

Flor de almendro

16 comentarios:

ana dijo...

Muy buenas tus reflexiones de hoy, creo que voy a partir un motón de almendras a ver si se me ocurre un buen poema o algo bonito para olvidar un poco los problemas propios y los nuestro país que el país de todos.

UN ABRAZO.

Antonio dijo...

Ana, es un buen ejercicio para evadirse y pensar sin demasiadas interferencias.
Un abrazo

Eastriver dijo...

Como te he dicho en fb esto también forma parte de mi vida. Yo, que siempre he sido torpe para todo lo manual, y por tanto siempre he huido de ello, partir almendras me parecía muy agradable, no sabría decirte por qué, quizá porque me encantan. En catalán, curiosamente, no decimos partir atmetlles, que sería la traducción literal, sino esquitllar atmetlles, un verbo rarísimo que no me preguntes qué significa, debe englobar quitar la piel verde esa que tienen y partirla, supongo.

La almendra es mediterránea, desde luego. Y es muy mora, al menos todo postre con almendras es moro. Me gusta mucho ese concepto dulce de lo árabe (frente a otros conceptos más amargos), me siento identificado con él. Supongo que genéticamente todos tenemos algún gen árabe que se nos remueve cuando partimos almendras.

Cómo me ha gustado esta pequeña lección de vida. A veces hemos de recordarlo... Viajamos a la otra punta del mundo y nos olvidamos de partir almendras, que igual nos llena más que el Louvre en alguna ocasión. Cuando lleguen los tuyos de México ponlos una tarde a partir almendras, jaja, ya verás como opinan igual que yo.

Un día iré a visitarte a tu pueblo, porque me parece cada día más encantador. Con la única condición de que tú vengas a visitarme al mío.

Antonio dijo...

Tienes razón, Ramón, en eso de la cultura mora dela almendra y sus riquísimos dulces, su repostería. En Málaga los puedes encontrar en el mercado de la Merced hechos artesanalmente y en muchas panaderías y pastelerías. La almendra es un elemento de unión en las culturas mediterráneas.

Lo de esquitllar-se lo traduce mi diccionario de catalán por escabullirse, colarse, deslizarse, escurrirse, aunque debería hacer alusión a descascarillar, que en catalán debería ser "esclofollar". En fin, de estos tu sabes mucho más que yo, claro está...
Tú me debes una. Ya te vi en Barcelona hace algún tiempo...¿recuerdas? De todas formas te tomo la palabra y el compromiso de compartir un buen rato o días en mi pueblo y en el tuyo. solo es cuestión de ponerse de acuerdo, ya sabes de mi afecto personal.
Un abrazo y gracias, como siempre, por tu comentario


emejota dijo...

Ay "niño", que sigo liadísima, pero no he podido evitar asomarme al ver esas apetitosas almendras.... y me he pegado un atracón de ellas.... sabrosísimas....
Pues nada, lo dicho, a seguir en ello para compartir y disfrutar de esta estupenda entrada tan íntima al tiempo que gozosa. Bss. familiares.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Esquitllar ametlles se refiere a quitarles la cáscara más exterior, ésta verde que se abre y se seca. Lo que has hecho tú hoy lo llamamos en mi tierra "trencar ametlles" y lo hacemos para sacar la almendra y hacer els panellets, para tostarlas o para garrapiñarlas.
Esquitllar tal vez sea un localismo propio de las tierras de Lleida que antaño estaban plagadas de almendros y olivos.
Nada hay más hermoso que el paisaje poblado de almendros en flor, por aquí en febrero. Y ¡qué casualidad! ayer estuve pelando almendras y mientras lo hacía recordaba a la abuela a la que le gustaba mucho ponerse en la entrada de la casa y hacer lo mismo a mano, antes cuando aún las máquinas no abundaban o no existían y los concursos de a ver quién llenaba antes el balde de almendras peladas. Las almendras recien cogidas huelen a otoño, a la vuelta al cole, a la marcha de las golondrinas alineadas en los hilos eléctricos, al fresquito de la mañana y de la noche y al calor durante el día.
Son aromas siempre presentes en mis recuerdos: otoño para las almendras, invierno para el olor especial de las aceitunas recién cogidas.Ahora ya casi no quedan olivares: poco rentables y un clima demasiado frío que periódicamente los aniquilaba.
Un abrazo.

Maria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maria dijo...

Antonio con solo esta frase(Hoy he decidido volver a la esencia de la vida campestre y me propuse partir una amplia remesa de almendras, sacar sus exquisitas pipas y prepararlas para alimento. Me gusta el ajoblanco, la salsa de almendras, fritas, garrapiñadas, saladas o acompañando a la repostería; el turrón, polvorones y mantecados enriquecidos con ese preciado fruto. El arte culinario del mediterráneo, en todas sus orillas, está plagado de recetas con este ingrediente tan sabroso.) me pusistes la boca hecha agua me encanta leerte gracias por tus escritos un beso para los dos

escribes conmigo dijo...

De las actividades cotidianas y de las cosas simples, vine la paz interior.

Hasta pronto Mario

Mercedes dijo...

Interesantes reflexiones, Muy buena forma de dejar libre la mente, en otras tendríamos que aprender a callarla. Saludos

Modesto Reina dijo...

Amigo Antonio, por momentos me han venido a la mente recuerdos de mi infancia en Cuevas, ya sabes que te quiero decir.
Del escrito en el que tan bien desbrozas situaciones que ocurren en la vida y a todos los seres humanos, sin comentarios, ya sabes como pienso, es casi hermano y paralelo al tuyo.
Por lo demás, como siempre, vamos a ganarle el pulso a la vida y a las situaciones infames y desagradables que se presentan,la mayoría de las veces sin buscarlas.
Bueno,Antonio, no quiero ser pesado.Como siempre te deseo lo mejor para tí y los tuyos.
Un abrazo.A sequir partiendo almendras.

Isolda dijo...

Tus reflexiones son una lección de vida. parece que te hayamos seguido mientras partías esas almendras. El ajoblanco es delicioso, tus pensamientos también. Y las leyes de Mendl se cumplirán y la vida seguirá. Algunos tienen la suerte de poder retirarse al campo a pensar. Decididamente, Rodin debió esculpir a su hombre, partiendo almendras.
Besos mediterráneos.

Prudencio dijo...

Amigo Antonio, sobre lo que dices y cómo lo dices es de lo más bonito que he leído hace tiempo. Un abrazo.

Myriam dijo...

Me has llenado de almendras y de campos andaluces. Y sí, quizás Rodin debió esculpir a un partidor de almendras, que ni siquiera pensara, pero que solo estuviera partiendo almendras con atención plena.

(Guárdate algunas para cuando yo ande por ahí, por fa)

Besos

l dijo...

Antonio, estoy segura, el contacto y observación de la Naturaleza, nos lleva a la inspiración más verdadera.
La felicidad la encontramos en las pequeñas cosas que nos rodean. En ese patio mágico, encuentras la paz y te comprendo perfectamente,yo también en mi jardín a la sombra de la higuera,o cuidando: hortensias,geranios, rosales, la madreselva y el limonero, me olvido por momentos de tantas injusticias.
Hoy has escrito de las cosas más importantes.
un abrazo.

Antonio dijo...

Gracias, como siempre, a todos y todas por vuestros comentarios.
El proceso que se sigue para la obtención de la pipa del almendra limpia tiene tres fases distintas en el tiempo y a voluntad. A la primera se le llama en mi tierra, según creo, descapotar, que consiste en quitar la piel de la almendra y dejar la cubierta dura para que seque libremente; también he encontrado por ahí que le llaman despelonar. La segunda es partir (trencar en catalán, como dice Antonia) o cascar la almendra, que consiste en romper la piel dura, esa especie de cobertura rígida que tiene la pipa o semilla, y liberar el fruto. Si se hace a martillazos, como yo suelo hacerlo, se acaban rompiendo muchas pipas y pierden su estética aunque sigan sirviendo igualmente para la cocina. La tercera es pelar la pipa de almendra. El proceso es simple si se hace escalfando la pipa en agua hirviendo durante un minuto, después sale la piel suavemente y sin esfuerzo.
De todas formas la almendra recién cogida se ha de esparcir por el suelo para que se seque y salga bien el proceso del descapote y dejarla después un tiempo antes de proceder a partirlas y pelarlas…Esto es lo poco que yo sé de la almendra.
Bueno también hay dos tipos de almendras básicos como son la dulce y la amarga, sin entrar en otros tipos según procedencia y morfología. La que solemos usar es la dulce, claro está, pero en Portugal se hace un licor con almendra amarga al que denominan Amarguina por su sabor. Este sabor amargo le viene de su contenido en cianuro que, como bien sabéis, es tóxico y letal, pero tolerable por el ser humano a muy bajas dosis. Lo que no tengo muy claro es el nivel de cianuro que tenga la amarguita o el tratamiento que se le dé para neutralizarlo.