miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre Andalucía (I)


Mezquita catedral de Córdoba (2011)

Quisiera iniciar un nuevo bloque de entradas a mi blog dedicado a Andalucía, mi tierra, tocando de soslayo a mi otra tierra de adopción temporal, como fue Cataluña en su día. Son algunos apuntes de su historia empezando con su incorporación al reino de Castilla, por los Reyas Católicos y al Estado español. No soy experto en el tema, pero lo que pretendo con estos pequeños apuntes es abrir una reflexión para comprender mejor a esta tierra.

Andalucía, en concreto el reino Nazarí, fue el último reducto árabe en la península, siendo sometida por las armas. Ya se venían expropiando amplias extensiones de las tierras conquistadas y entregadas a los nobles batalladores, que apoyaron a los reyes cristianos, y a sus vasallos guerreros, desde las ocupaciones que se fueron prodigando al amparo de la ruptura del poder de Al-Andalus en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. Ciertamente, el reparto de las tierras usurpadas fue desigual en función del momento de la conquista y de las alianzas entre nobles y reyes, amén de la disponibilidad y criterio de las levas para reclutar la soldadesca para la guerra, y el sistema de recompensa y pago por los servicios prestados. En todo caso el vasallaje seguía siendo el elemento de referencia para regular la relación entre la nobleza y la plebe bajo su dominio. Andalucía fue, pues, conquistada y rendida por las armas, dando escarmiento final en ciudades como Málaga, sitiada durante tres meses, devastada y reducida a esclavitud la mayoría de sus 8.000 habitantes (los que no reunieron un rescate de 20 doblas). 

Tiene su lógica, dado que los Reyes Católicos pretendían formar un Estado o Reino confesional de componente Cristiano, como puede vislumbrarse con la expulsión de los judíos no conversos en 1492. No cabían, por tanto, pactos o acuerdos en la línea de los que ellos fueron fraguando mediante la política de enlaces matrimoniales. Había que desmontar y sustituir la estructura social de clases y el control religioso para que fraguara esa unión de forma definitiva. La guerra, pues, no solo era conveniente, sino imprescindible para poder conseguir estos objetivos de soberanía.

El caso Andaluz es, por ende, una integración forzada, una rendición final con condiciones que luego no se cumplieron, condiciones que recoge el tratado de Granada de 1491, por el cual se renunciaba a la soberanía musulmana del Reino de Granada a favor de los monarcas cristianos. El tratado ponía fin a la guerra, garantizando una serie de derechos a los musulmanes, incluida la tolerancia religiosa y su justo tratamiento en compensación por su rendición. Todo fue bien durante el mandato de Fray Hernando de Talavera, pero tras el cambio a una política de mayor firmeza por parte del Cardenal Cisneros, su sucesor, se provoca una revuelta del Albaicin granadino y las Alpujarras, que dieron pie a que en 1502 se publicara una Pragmática obligando a los musulmanes a convertirse al Cristianismo o a exiliarse; lo que nos lleva a cuestionar la intencionalidad del maquiavélico Cardenal con su presión que, posiblemente, buscaba forzar la situación para poner la pelota en el tejado de los musulmanes, acusándolos, tras los hechos mencionados, de romper el tratado de Granada, quedando Cisneros libre de manos para actuar sin la losa de las capitulaciones. Una excelente estrategia, dado que en el reino no se podía admitir una zona de práctica religiosa diferente, de continua tensión y conflicto.

Más tarde, tras la rebelión de los moriscos en las Alpujarras granadinas y la Axarquía malagueña  (1568-71) y su aplastamiento por las tropas reales de Felipe II, se da un periodo de tránsito donde el miedo a que estos hicieran de quintacolumnistas del Imperio Otomano, lleva a la expulsión final de los moriscos por Felipe III en 1609. Una vez más España sufre una sangría humana que empobrece su potencial, sobre todo en Valencia y Andalucía Oriental, perdiendo expertos agricultores, campesinos y artesanos, lo que obliga a repoblar población con gente del norte, menos experimentada en los cultivos de la zona, sin arte ni oficio y desarraigados, que empobrecen la región y consolidan el sistema latifundista que refuerza a la nobleza propietaria, mayoritariamente, de las tierras conquistadas.

Por tanto, la semilla de la burguesía, que era el artesano, queda muy debilitada en Andalucía y, por ende, condicionará su desarrollo social y económico en los siglos siguientes, hasta dar el mayor protagonismo a los emprendedores de otras regiones como lo demuestran los nombres y procedencia de los grandes inversores y dinamizadores de la economía de la región. En cierto sentido y bajo mi modesta opinión, Andalucía, al ser tierra conquistada, fue tratada más como colonia que como Estado, observándose, en la actualidad,  reminiscencias de ese sometimiento. Véase el propio texto del himno andaluz, con letra de Blas Infante, en su segunda y tercera estrofa:

¡Andaluces, levantaos!,
¡Pedid tierra y libertad!,
Sea por Andalucía libre,
España y la humanidad.

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos:
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos.

Si bien esta conforma el himno oficial, en la Asamblea de Ronda de 1918 se cambiaba la palabra España por la de Iberia, mientras que el nacionalismo andaluz propone suplir España por “los Pueblos”.  En todo caso, denota el grito reivindicativo de la libertad ausente, la demanda de la tierra labrada por el campesino y entregada a los terratenientes por el arte de la guerra, y la nostalgia por aquello que se fue y ya no se es, una zona de esplendoroso pasado que, culturalmente, dio luz a la humanidad … el pueblo andaluz fue sometido y “analfabetizado”, siendo usado como herramienta de trabajo de los campos del señorito, “desculturalizado” y denostada su cultura popular hasta el patetismo de los tópicos que tanto daño le han hecho.

Málaga a principios del siglo XX

(Continuará)

21 comentarios:

Eastriver dijo...

Y luego su cultura fue asumida por la causa castellana en un intento de incorporar la parte más lúdica al acerbo cultural español.

Seguré leyéndote pues la cosa está interesante.

Cayetano dijo...

Muy buen recorrido por la historia de Andalucía.
Sobre la expulsión de los moriscos por Felipe III, decir que el motivo que apuntas fue uno de los pretextos, pero detrás había otras razones más vergonzantes y mezquinas. El Duque de Lerma, por ejemplo, obtuvo grandes beneficios con la venta de las posesiones de los expulsados.
La expulsión significó en el plano moral un acto de barbarie e intransigencia, a nivel demográfico un retroceso histórico, al perderse población y mano de obra especializada y eficiente en un país poco poblado, de ocho millones y medio de habitantes, y desde el punto de vista económico un desastre, una mala operación. Una parte considerable de la agricultura española estaba en manos de este colectivo, en especial los regadíos de las zonas levantinas o de las vegas de Granada, y la mayoría de los agricultores españoles no conocían las técnicas que se aplicaban en esos cultivos. La expulsión también supuso una merma en la recaudación de impuestos.

España tardará tiempo en recuperarse económica y demográficamente, moralmente aún no se ha recuperado.
Un saludo.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

¿Sabes? no llego a entender que cada vez que Andalucia me roza, soy plenamente feliz... guay tu idea, Antonio... besotes

Myriam dijo...

Un serie interesante, te sigo. Qué terrible fue la conversión forzosa y la expulsión de judios 1492 y moriscos 1506m cuando España era multicultural.

Un abrazo

emejota dijo...

Apoyo la moción, Antonio, luego voy y me leo el comentario del profe historiador y aprendo cantidubi y tan contenta. Bs.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Seguiré esta nueva sección dedicada Andalucía, un saludo desde la provincia de Cádiz.

Antonio dijo...

Ramón, el problema de castilla era su pobreza intelectual. Al-Andalus seguía siendo más refinada y culta, aunque estuviera en decadencia. Adoptaron la “pandereta” andaluza como folclore, pero la sumergieron en los tópicos para dejarla marginada en otros aspectos.
Un abrazo

Antonio dijo...

Cayetano, comparto tu comentario. Ya sabes que yo tampoco soy defensor de la unicausalidad, por lo que entiendo que eran muchas y variadas las causas que llevaron a la expulsión de los judíos y los moriscos, con gran peso específico la codicia de sus bienes y sus tierras. La miopía de estos actos en el sentido económico llevó al país a una situación de bancarrota que solo salvó el otro de América.
Un saludo

Antonio dijo...

Gracias, Mª Ángeles. Creo que Andalucía tiene un componente universal que la separa mucho de la exclusión. Es acogedora e integradora. Habría que pararse un poco a ver cuales son los hechos y causas históricas que la han hecho así.
Besos

Antonio dijo...

Myriam, bajo mi opinión, la conversión forzosa fue producto de la miopía y del integrismo religioso de los católicos reyes y su entorno. La convivencia y el encuentro de las tres culturas que tanto se defendía en el Toledo de los siglos anteriores se fue al garete con esos integrismos. Ahora bien, ellos, en su alianza con la iglesia, marcaron los objetivos de dominio militar y religioso.
Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, emejota, tu sabes que yo también te quiero y me encanta compartir reflexiones contigo. Besos

Antonio dijo...

Mamá Valdés, siempre serás bien venido a esta casa y tus comentarios también agradecidos. Un abrazo para ese Cádiz que ya debe estar en plan chirigotero.

Antonio dijo...

Lo siento Mamé, me salió mamá con esto del corrector automático.
Un saludo

Terly dijo...

Sabes, amigo Antonio, que los extremeños nos sentimos medio andaluces medio castellanos, a pesar de tener una fuerte identidad como extremeños. Me gusta el andalúz, su gente, su tierra, su cultura y cómo no, sus grandes poetas.
Un abrazo.

Antonio dijo...

Gracias Terly. La sensibilidad y la poesía es tu mejor divisa.
Un abrazo

JUAN dijo...

Me encanta esta nueva serie, Antonio.Todo lo que significaba aprender sobre mi tierra, que es la tuya, ha sido siempre una de mis prioridades a la hora de elegir lecturas y documentales.
En una de ellas leí que los judíos financiaban la corona no solo con sus impuestos sino también con sus continuados préstamos, y uno de los motivos que impulsaron a los reyes a expulsarlos fue para no tener que devolverlos. En un libro que leí el pasado año sobre la fundación de la Casa Medina Sidonia y su trayectoria hasta la Duquesa Roja de nuestros días también detalla profusamente la manera en que los reyes repartían las tierras entre los nobles que le servían, y todo concuerda con lo que tú nos dices en tu excelente artículo. Ya estoy ansioso de leer la continuación. Un abrazo

Antonio dijo...

Gracias, Juan. Es cierto que se argumenta esa como una de las causas que determinaron esa expulsión, aunque deben considerarse otras relacionadas con la avaricia y codicia de los poderosos. De hecho se compraron a precio irrisorio las propiedades de los expulsados.
Hay otra historia cargada de sospechas sobre los asuntos financieros, como es la eliminación de los templarios, que eran unos excelentes banqueros para su época, a los que debían dinero el papado y algunos reyes, sobre todo Felipe el bello de Francia.
Un abrazo

Anna Jorba Ricart dijo...

Interesantisimo repaso a la historia de una tierra que me gusta.
Recibe mi saludo y seguire esta serie en su continuacion.

Antonio dijo...

Anna, tengo pensado tocar un poco mi segunda tierra que es Cataluña. De todas formas no dejará de ser mi visión personal sobre el asunto, basada en el bagaje que lleva uno dentro después de tantos años a la espalda.
Un beso

José A. García dijo...

Antonio ¿cuándo se cumplieron los término de cualquier rendición? ¿Cuándo un vencedor cumplió lo pactado con el vencido? Nunca en toda la historia de la guerra (o del hombre, como quieras decirle ya que para el caso es lo mismo) se ha visto cosa semejante. Ni siquiera griegos y romanos, tan nobles ellos, lo hicieron.

Mucho menos se puede esperar de un reino como el castellano que, como bien decis en tu texto, iba usurpando cada vez más y más tierra a un estado en descomposición, valiéndose de las armas y de una supuesta e inexistente superioridad religiosa.

Seguro que de haber leído realmente la biblia no hubieran expulsado a los judíos ni obligado a los islámicos a convertirse...

Pero bueno, no todos podemos ser Sánchez Albornoz y saberlo todo del pasado español...

Saludos

J.

Antonio dijo...

Efectivamente José A, a lo largo de la historia se vio el incumplimiento de loa acuerdos. Eran como una salida digna para concluir la guerra pero el vencedor al final hace lo que le da la gana. En este caso el hábil Cisneros fue provocando hasta que surgió la rebelión, entonces la culpa era de los otros, de los oprimidos y vencidos, quedando las manos libres para actuar sin la losa de los compromisos pactados.
Un saludo